Estas no son las únicas pruebas del pleno conocimiento que tenía Rodolfo Hernández sobre este negocio chueco del que se beneficiaba su hijo y probablemente también él.
Y visitar a Susana Boreal para recetarle una buena dosis de cannabis que le permita recuperar la calma y, paradójicamente, acabar con las trabas: al menos las que pone a sus asesores en la contratación mientras contrata a su novio.
Permíteme decirte, sin embargo, que me apena tu muerte como a nadie; que me apena mi vida ante tu muerte; y no tengo palabras para explicarte nada o para dar consuelo a quienes quedan.
He resistido por años campañas de desprestigio y amenazas. El impune señor Luis Fernado Acosta Osío no va a silenciarme con sus maniobras. Seguiré haciendo públicas sus conductas.
El año pasado un médico español de setenta y siete años lanzó un berrido de protesta contra la exclusión tecnológica que sacudió a Europa. “Soy mayor, pero no idiota”.