A mediado del siglo XIX se abrió en Madrid el Gran Salón Macabro. Estos comercios, que fueron el origen de los centros comerciales o de tiendas multimarca, correspondía a unas tiendas donde se vendían trajes y ropa de los fallecidos. Por menos de dos duros se podía disponer de la levita o de la chaqueta de un gran artista, puesto que en ocasiones los familiares, y otras muchas veces, los mangantes de la ciudad, acudían raudos para disponer de la ropa de los recientes fallecidos.Lo más salvaje de esta historia nos habla de los “asaltatumbas”, gentes que sabiendo de que se trataba el negocio, acudían a los entierros para fichar la ropa con la que se procedía a enterrar a los muertos. Una vez terminaba el sepelio, estos desalmados desenterraban los cuerpos y procedían a despojarles de sus trajes elegantes. Te cuenta esta historia Alfonso Javier Ussía.