En el ayuno, los adipocitos hidrolizan
lípidos almacenados por efecto de las
lipasas sensibles a hormonas
(glucagón, tiroideas, cortisol y
catecolaminas).
Los ácidos grasos libres se unen a la
albúmina que los lleva a los tejidos
periféricos para convertirse en fuente de
energía. El estrés, el frío y el ejercicio
también activan la lipólisis.