Tengo un amigo, memo el barrendero, vive en una casita
que él mismo se construyó de cartones y desechos.
Cuando a Memo se le pregunta algo
se limita a sonreír amablemente, y no contesta.
Simplemente piensa. Y, cuando cree
que una respuesta es innecesaria, se calla.
Pero, cuando la cree necesaria, la piensa mucho.
A veces tardaba dos horas o un día en responder.
Cuando memo barre las calles, lo hace despacio,
con paciencia y persistencia. En cierta ocasión me dijo:
"A veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga que nunca podrás terminar de barrer.
Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más a prisa.
Levantas la vista y ves que la calle sigue igual de larga.
Y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo,
al final te has quedado sin aliento.
Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.
Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes?
De memo aprendí que hay que pensar en el paso siguiente,
en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida.
De repente se da uno cuenta de que, paso a paso,
se ha barrido toda la calle: con-paciencia, con-pasión, con-com-pasión.
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