Perdidos. Quizá en un bosque, en los campos,
o entre las calles de una gran ciudad. Perdidos.
En medio de los ruidos, la música, las fiestas y la gente.
Perdidos.
Una luz brilla en el horizonte, o encima del humo.
Algo, alguien nos dice que la vida es algo más
que inquietudes, placeres y fracasos.
Algo, alguien, nos susurra que no nacimos para rellenar papeles,
teclear ante una pantalla o ajustar clavos.
Quisiéramos salir, romper la monotonía de la falsa vida,
iniciar el camino hacia la Patria, dejar correr los sueños
y realizar los amores más profundos.
Quisiéramos romper con el pasado, con los miedos,
las traiciones y las mil cobardías que han deshecho
nuestros propósitos más bellos.
Si alguien nos tendiese una mano, nos indicase el camino,
nos diera pan para la marcha... Si alguien fuese luz y esperanza,
energía y sosiego, amistad y dicha, a pesar de las tristezas,
a pesar de las mil tentaciones de la vida...
El Padre, en los cielos, nos acompaña.
No hay noche cuando Cristo penetra en nuestra historia,
cuando sigue entre nosotros su presencia,
es un alivio sentir que Dios está cerca.
Autor: P. Fernando Pascual.