Aunque a algunas personas les parezca
una prueba de agudeza y de madurez
mostrar una actitud de constante denuncia
de los males que padecen ellos o la sociedad,
es mucho más práctico dedicar una gran parte
de esas energías a descubrir buenos ejemplos
en quienes nos rodean, y procurar seguirlos.
No es que haya que ignorar o esconder lo que está mal,
pero es importante aprender a centrarse en tareas
que siempre sean constructivas.
Hay que esforzarnos por ver las cosas desde una óptica diferente, más positiva;
eludir los pensamientos autocompasivos;
vislumbrar lo positivo que –poco o mucho–
puede haber detrás de lo que en ese momento nos parece tan negativo; pensar que muchas otras personas saben sobrellevar bien situaciones que son objetivamente mucho peores; buscar el desahogo en alguien que,
al no estar atrapado por esa espiral de la tristeza,
pueda más fácilmente ofrecernos alternativas o remedios.
La vida es algo más que un libro de reclamaciones.
Alfonso Aguiló.