El perdón va y viene, de mí hacia los otros, de los otros hacia mí. Ahora bien, resulta que me intereso en la autoestima, mas no en el autoperdón. Un mundo insólito que tengo por descubrir y conquistar.
Entro en mí mismo y me encuentro con que en mi corazón hay no pocos sentimientos que me hacen mal. Rabia, odio, amargura, pesimismo, desconfianza, envidia, venganza. Es decir, me ofendo de múltiples modos, aun sin darme cuenta. Necesito perdonarme a mí mismo, pues esos sentimientos son decisiones mías que pude no tomar. Al tomarlas, hubo autoofensa. Necesito autoperdón.
El autoperdón debe tener un puesto de honor en mi vida. Que puedo hacer superfluo si, por cultivarme, me hago inmune a todo sentimiento destructor.
Junto a la autoestima, que tanto nos importa, necesitamos hacer campañas masivas de autoperdón. Perdonándome me vuelvo diestro en el arte de perdonar a los demás.
Padre Hernando Uribe Carvajal