Arturo Rubinstein, el gran pianista, explicaba en cierta ocasión
que quienes no saben tocar el piano “no conocerán nunca la energía y el trabajo que hay que desarrollar en los planísimos”.
Un buen silencio es siempre más difícil que un buen sonido
y amar sin estridencias es mucho más arduo
que lo que la gente llama “hacer el amor”.
Todo verdadero amante sabe que lo mejor de su historia de amor
fueron siempre, precisamente esas pequeñas cosas “intrascendentes” que habrían pasado inadvertidas para quienes no supieron preparar su paladar: aquella sonrisa, aquel tono de voz
con el que se dijeron aquella tarde las palabras de siempre,
aquel apretón de manos…, es decir,
todas esas cosas fundamentales que la mayoría
acaba dejando de hacer como secundarias,
pero que son el mejor jugo de la vida humana.
Autor: José Luís Martín Descalzo