Los apóstoles dormían en la hora más triste de Jesús en esta tierra.
La excusa: tenían sueño. Pero Jesús moría...
Sólo un apóstol velaba: el traidor.
“Era de noche” había dicho Juan.
Desde ese momento sería eternamente de noche para él.
Otra alma estaba en vela: María.
Le habían arrancado el sueño.
Los corazones que aman, aunque no vean, saben.
Tú supiste que lo aprehendieron y lo llevaron al Sanedrín
y a Pilatos y a Herodes... ¡Horror! ... lo condenaron a muerte.
La espada entró casi hasta la empuñadura en tu corazón.
La hora tan largamente temida,
la hora que tú trataste de detener con tu amor,
rompió el dique y arrasó con todo, te arrastró a ti por la impetuosa corriente.
Eras una herida total que aún con el roce del aire,
el vuelo de una golondrina te hacía sufrir intensamente.
Ante tus ojos y entre tus brazos han depositado al hijo de tus entrañas y al Dios de tu vida entera.
- P Mariano de Blas