“Nadie como Él de íntegro:
no han encontrado nada de qué acusarle y han tenido que inventar.
Nadie como Él de fuerte:
Getsemaní, la traición, la noche, los azotes, la cruz.
Nadie como Él de digno: `
A quién buscáis...?’. `Si he obrado mal, dímelo; y, si bien, ¿por qué me hieres?’
…Y Jesús callaba…
Aun humanamente, no podríamos haber elegido un jefe mejor.”
Jesús mío, que quisiste morir en la Cruz para salvarme a mí
y a todos los hombres, concédeme aceptar por tu amor
la cruz del sufrimiento aquí en la tierra y
ayudar a mis hermanos a cargar la suya,
de manera que podamos unirnos más íntimamente a Ti.
Desaparecer nosotros para que Tú aparezcas,
y gozar en el cielo los frutos de tu redención.
Autor: Cefid