Yo me cultivo. Vivo en relación. Soy relacional de la cabeza a los pies, pues sin relación no existe nada.
Me maravilla que la relación mía conmigo mismo esté esperando que yo le preste atención, pues de esta relación depende la calidad y nobleza de mi existencia.
Y mi relación conmigo mismo tiene el modo que yo le pongo, egregio o vulgar.
Escogiendo modos, caigo en la cuenta de que hay un modo de los modos que es el amor, que es unidad de dos. Dos que son uno, uno que son dos. Lo uno y lo otro a la vez.
La enseñanza de Jesús es perfecta cuando afirma que “yo y el Padre somos uno”. Lo que cada yo necesita, amarse a sí mismo con toda el alma.
Yo me cultivo. Soy sujeto y objeto de mí mismo. Será poco lo que haga por cultivarme, por amarme, por descubrir la maravilla, el milagro que soy.
Autor: Padre Hernando Uribe Carvajal