Iba yo por la calle y alguien me paró para preguntarme la hora.
Debo tener cara de buena persona porque con frecuencia
me para la gente para preguntarme la hora o la dirección de alguna calle.
Miré mi reloj y le dije la hora. Luego le indiqué que mirase a su derecha.
Allí, muy cerca había un enorme reloj público que marcaba exactamente la hora.
Se sonrió. No lo había visto.
Estaba en la oficina y el compañero que estaba trabajando en su computador
me preguntó la hora. Le señalé el borde inferior derecho de la pantalla.
Allí estaba la hora con toda claridad. Me miró sonriendo.
Otro día un amigo estaba hablando por su teléfono móvil,
acabó la conversación y me preguntó la hora con el teléfono todavía en la mano.
Le señalé la pantalla de su teléfono.
Es el arte de no ver. Tener las cosas delante de las narices y no verlas.
Muchas veces, no vemos las gracias que recibimos
y los dones que tenemos por maravillosos que sean.
Las cosas que pasamos por alto son aquellas que hemos estado buscando.
No te pierdas las bendiciones de Dios simplemente
porque no están envueltas como tú quieres.
Autor: desconocido