HERMOSO RITO
La vida es tan frágil que el fuego la reduce, en
un abrir y cerrar de ojos, a un puñadito de cenizas.
La antigua costumbre establecía que los pecadores públicos
que desearan comenzar su período de reparación, debían
“vestirse con ropa de penitencia esparciendo ceniza sobre
sus cabezas” mostrando así su arrepentimiento. Al ir
desapareciendo la “penitencia pública” se fue remplazando
por la “penitencia privada”...
Autor: Hermano Fernando Fortunato