La observación de uno mismo
permite separarse un poco de nuestra subjetividad,
para así vernos a cierta distancia,
como hace el pintor de vez en cuando
para observar cómo va quedando su obra.
Observarse a sí mismo es como asomar la cabeza
por encima de lo que nos está ocurriendo,
y así tener una mejor conciencia de cómo somos.
qué nos pasa y cómo nos estamos comportando...
Alfonso Aguiló