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La mejor manera de lidiar con un ataque de pánico es prevenirlo. Pero prevenir los ataques de pánico, o de ansiedad, no siempre es fácil porque aparecen de manera inesperada y pueden desencadenarse de manera rápida y con mucha intensidad. La definición de los ataques de pánico sería:
Los ataques de pánico son períodos en los que el individuo sufre de una manera súbita un intenso miedo o temor con una duración variable: de minutos a horas. Es un tipo de trastorno de ansiedad en el cual usted tiene ataques repetitivos de intenso miedo de que algo malo va a ocurrir.
Los ataques o crisis de pánico generalmente aparecen de repente y pueden alcanzar su máxima intensidad en unos 10 minutos. No obstante, pueden continuar durante más tiempo si el paciente ha tenido el ataque desencadenado por una situación de la que no es o no se siente capaz de escapar.
Soltar el ego o como mínimo dejarlo a un lado es una de las aspiraciones de muchos de los practicantes de meditación, mindfulness, yoga y disciplinas afines. Pero como podéis suponer no es nada fácil. La mayoría de las personas viven totalmente identificadas con su ego. Hemos de pensar también que la primera dificultad vendría de definir qué es el ego y además ser capaces de identificar eso en nosotros mismos.
No seré yo quien me arriesgue a definir el ego de un modo taxativo, pues eso también dependería de bajo qué teoría o escuela lo explicáramos. Pero a los efectos que nos interesan, podríamos decir que es nuestro Yo falso, nuestro personaje. Por debajo estaría el sentido del sí mismo, una entidad escurridiza y capciosa en donde estaría aquello que nos hace más auténticos, que nos conecta con nuestros más profundos anhelos, con quien verdaderamente somos. El sí mismo o Yo real sería aquella parte que no fue manchada por el guión de vida, que quizás se replegó sobre sí misma para protegerse del exterior. Todo aquello que de algún modo no pudo ser expresado ni manifestado. Lo que sí que pudo ser manifestado y es auténtico, sería también parte del Yo real. Y aún más profundo o más adentro, quien sabe, estaría ese estado de Conciencia pura en que ni tan sólo hay un yo, sólo un observador que observa.
Uno de los problemas principales que encontramos en las personas que han sufrido una depresión es la tendencia a presentar nuevos episodios depresivos en el futuro. Cuando la persona sufre un primer episodio depresivo y quiere salir de él tiene tres vías de actuación: la ayuda de psicoterapia sola, la de fármacos y psicoterapia o los fármacos solos. El tratamiento sólo con fármacos es el que tiene más posibilidades de recaída cuando se produzca la suspensión de los mismos. Las otras dos combinaciones, psicoterapia sola o psicoterapia con fármacos tienen mejor pronóstico, pero en ocasiones también se producen nuevos episodios depresivos.
Un reciente estudio publicado en The Lancet ha mostrado que la Terapia cognitiva basada en Mindfulness es tan efectiva como el tratamiento a largo plazo con medicación. Eso significa que la efectividad de ambos tratamientos es igual y puede ser por tanto la terapia cognitiva basada en Mindfulness un buen tratamiento de elección para aquellas personas que no quieren tomar medicación o no quieren hacerlo de manera continuada. Hemos de pensar que los medicamentos antidepresivos tienen además efectos secundarios que la terapia basada en Mindfulness no tiene.Y que la única manera de prevenir las recaídas en el largo plazo en lso tratamientos con medicación es continuar tomando la medicación.
Uno de los objetivos más perseguidos y principal causa de consulta terapéutica es dejar de sufrir. Dejar de sufrir por el motivo que sea. Motivos hay tantos como seres humanos. Pero lo común a todos ellos es querer dejar de pasarlo mal, sea física o psíquicamente. Poder afrontarlo.
Como dijo Buda: el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. El dolor es un mecanismo de gran valor que tiene nuestro cuerpo para avisarnos de que algo no va bien, de que estamos heridos, enfermos o en peligro. Las personas que sufren insensibilidad congénita al dolor, una extraña enfermedad que sucede en una de cada cien millones de personas, sufren múltiples lesiones y heridas al no avisarles su cuerpo de cuando se están haciendo daño. El dolor es por tanto una protección sin la cuál no podemos vivir. Pero otra cosa es el sufrimiento.
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