Modernos de otros tiempos

Modernos de otros tiempos

By Carlos PlusvaliasHistory
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Modernos de otros tiempos episodes

  • Margaret Bonds 1. Modernos de otros tiempos (7x31). 13/6/2022
    Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 13/6/2022, trigésima primera de la séptima temporada y primera de las dedicadas a la pianista, compositora y activista negra norteamericana Margaret Bonds.
    Margaret Bonds (Chicago 1913-Los angeles 1972), que fue en 1933, con 20 años, la primera solista negra en tocar con la Sinfónica de Chicago. Nació en Chicago en una familia negra de gran cultura que se divorció cuando ella tenía 4 años. Su padre, Monroe Majors, era un prestigioso médico tejano que creó una asociación médica para doctores negros que, por ley, estaban vedados para inscribirse en el colegio de médicos. También fue periodista, escritor y editor de varias revistas, recopiló canciones infantiles y vidas insignes de mujeres negras en dos de sus libros. Tuvo que abandonar Waco (Texas) por las amenazas del Ku Kux Klan y se estableció en Chicago. Allí vivía desde la última década del XIX la que sería su segunda esposa y la madre de nuestra moderna, Estela Bonds, hija de una música y un cocinero ferroviario. La casa de Estella fue, desde la segunda década del siglo XX, lugar de encuentros, tertulias y conciertos para lo más florido de la comunidad negra de la ciudad. Era la sede oficiosa en Chicago, del movimiento de renacimiento culturale intelectual de la música, las artes y las políticas negras que supuso el llamado renacimiento de Harlem de los años 20 y 30. Su madre fue fundadora de la asociación nacional de Músicos Negros, la NANM, una organización a la que nuestra moderna pertenecerá desde niña y que alimentará su obsesión de dar a conocer como compositora, como directora de orquesta, como pianista, como editora y como profesora, no solo su música, sino la de los demás compositores clásicos negros.
    Se inició en el piano con su madre, que era organista y profesora de piano, y continuó con compositores de la talla de Will Marion Cook, William Dawnon o Florence Price. A los 16 años entró en la Universidad de Northwest en la que comprendió lo que era la segregación. Era una de las pocas estudiantes negras, esos que no podían vivir en el campus, comer en el comedor o nadar en las piscinas. Cada día tenía que pasar cuatro horas en el tren para estudiar en la Universidad. «Estuve en esta universidad llena de prejuicios, en este lugar terriblemente lleno de prejuicios… Estaba buscando en el sótano de la Biblioteca Pública de Evanston donde tenían la poesía. Conocí este maravilloso poema, The Negro speaks of rivers (de Langston Hughes), y estoy segura de que me afianzó, porque ese poema dice lo grande que es el negro. Y cuando tuve dudas, –algo normal cuando en los restaurantes no te sirven y tú vas a la universidad, te sacrificas, tratando de pasar la escuela– ese poema me salvó».
    Años después, terminada la Universidad, conoció a Langston Hughes, con el que estableció una gran amistad y una fructífera colaboración que solo concluyó con la muerte del poeta.
    La semana que viene continuaremos con la historia de esta mujer que revolucionó la forma de ver los espirituales, que triunfó en los teatros y participón como editora en el Tin Pan Halley y como música y activista en el movimiento por los derechos civiles.
    16 min
  • Nicolas Appert. Modernos de otros tiempos (7x30). 6/6/2022
    Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 6/6/2022, trigésima de la séptima temporada dedicada al cocinero Nicolás Appert.
    Las pildoritas radiofónicas de Modernos de otros tiempos son una forma de conservar a personajes que, por una cosa o por todas las que hicieron contra el espíritu de sus tiempos, nos fascinan o nos sorprenden. Es por eso que hoy vamos a dedicar el espacio al cocinero que desarrolló un método, la apertización, para conservar los alimentos sin alterar su aspecto ni sus cualidades organolépticas. Para ello, metió las cosas de comer en botellas, las cerró con corcho reforzado con cera y alambres, y las sometía a un baño de agua caliente a 100 grados científicos con los que destruía los microorganismos que hacían que los alimentos se estropearan. Appert no era científico sino cocinero que empleaba el método empírico prueba-error y no podía explicar por qué sus conservas funcionaban. Tuvo que esperar medio siglo para que Louis Pasteur explicara científicamente los descubrimientos de nuestro moderno.
    Nicolas Appert nació en 1749 en Chalons-en-Champagne en el seno de una familia que regentaba la célebre hospedería Le Cheval Blanc. Desde joven aprendió a manejar los fogones y a hacer champán. Montó una cervecería con uno de sus hermanos y pasó 13 años de cocinero de un duque alemán. A los 34 años abrió una pastelería en el corazón de París y fue muy activo en la revolución francesa. fue portavoz del tercer estado, participó en el asalto a las Tullerías y en el proceso y ejecución de Luis XVI. Luego, en los tiempos del terror fue acusado de moderado y, por tanto, de traidor. Estuvo preso tres meses y solo la ejecución del gobierno de Maximilien Robespierre le alejó de la guillotina.
    En esos años revolucionarios empezó a experimentar con éxito la conservación de los alimentos. Montó un taller en Ivry-sur-Seine, muy cerca de París donde cultivaba y envasaba sus alimentos. Luego las vendía en su obrador parisino. El éxito le llevó a ampliar su empresa en Massy, en el sur de París, y construyó un complejo formado por una casa, cuatro talleres y cuatro hectáreas de huerto. Appert, que empleaba a más de 50 operarios, controlaba el proceso de principio a fin: cultivaba las frutas y verduras, las embotellaba en los talleres y los vendía en su tienda. Los botes arrasaban en Francia y, mientras lo permitían las guerras, en el extranjero, especialmente en Rusia y en Baviera. Y también en los barcos. Fue el gran provedor de comida para los ejércitos napoleónicos, pese a ello, era tan mal gerente que pronto entró en una bancarrota que no abandonó en toda su vida.
    Con la derrota de las huestes napoleónicas, Appert perdió todas las ayudas estatales. Además, las tropas británicas y alemanas tomaron y destruyeron su complejo de Massy.
    Publicó sus descubrimientos para que el mundo entero se beneficiara de ellos y no los patentó, pero eso no impidió que otros los patentaran y se forraran con ellos. Además de las conservas, estuvo a punto de descubrir que la levadura era un organismo vivo. Mejoró la leche condensada e inventó los cubitos de caldo. Consiguió que el vino se conservara durante largos viajes al someter las botellas a un baño de agua a 70 grados. Lo mismo hizo con la cerveza que, tras calentarse a 100 grados, era tan rica un año después como el día de su elaboración. Vamos que a base de ensayo y error consiguió resolver los procesos de esterilización y pasteurización varias décadas antes no de que naciera Louis Pasteur, sino que se descubriera la microbiología y la enzimología. Pese a ello murió en la inopia en París en 1836. Tenía 91 años. Tuvo un funeral religioso, pero como no tenía pasta para pagar sus exequias, fue enterrado en una tumba para indigentes.
    16 min
  • Antoine-Augustin Parmentier. Modernos de otros tiempos (7x29). 30/5/2022
    Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 30/5/2022, vigésimo novena de la séptima temporada dedicada a Antoine-Augustin Parmentier.
    Parece que la patata se comió por aquí desde siempre, pero nada menos ajustado a la realidad. Cuando la patata, que llevaba consumiéndose y cultivándose en los Andes desde, al menos, 5000 años, llegó a Europa fue despreciada como alimento durante varios siglos. Al menos fue apreciada como flor ornamental o como curiosidad botánica, pero no triunfó como comida. Incluso algunos dijeron que causaba la peste y en muchos territorios se prohibió su cultivo.
    Hasta bien entrado el siglo XVIII solo se empleó para alimentar al ganado y, si sobraba, se le echaba un poco a los pobres, que si cogían la peste, no pasaba nada. Uno de sus grandes propagandistas fue nuestro moderno de otros tiempos de hoy, Antoine Augustin Parmentier, farmacéutico, agrónomo, químico, naturista e higienista francés, nacido en Montdidier, en Picardía, en 1737 y muerto en París en 1813.
    Parmentier se enroló como farmacéutico en el ejército francés y cayó prisionero varias veces. En una de ellas, solo se alimentó con las patatas cocidas que sobraban a los cerdos. Allí descubrió dos cosas: que las patatas estaban riquísimas y que su salud aguantó perfectamente pese a solo alimentarse de ellas. Cuando terminó la guerra, regresó a Francia con el objetivo de enseñar al mundo que las patatas eran ricas, nutrituvas, baratas y fáciles de producir y que podían ser un remedio perfecto para las hambrunas habituales. Con la patata en la mano, se presentó a un concurso de alternativas comestibles al cereal y lo ganó por goleada. Publicó un estudio sobre su adorado tubérculo y convenció al rey Luis XVI de que la patata era la solución a las hambrunas.
    Dicen que plantó en París un campo de patatas que protegían por el día miembros de la guardia real. Por la noche, dejaba que los ladrones descubrieran el preciado producto.
    Con la revolución siguió trabajando para encontrar alternativas alimenticias y mejorar la salud de la población. Mejoró sensiblemente la molienda del trigo para sacar una sexta parte más de harina para la panificación. De hecho, fue uno de los creadores de la escuela de panadería de Francia. Trabajó con el maíz, el opio y el cornezuelo del centeno. Desarrolló técnicas para sacar azúcar de la remolacha y la castaña. Preconizó el uso del frío para conservar las carnes y colaboró con Nicolás Appert, que pronto vendrá por aquí, en las primeras conservas en vidrio. Se encargó de vigilar el salazón para el ejército, de mejorar la higiene de los barcos y consiguió que los ejércitos napoleónicos adoptaran la vacunación antivariólica. El 17 de diciembre de 1813
    murió en París a los 76 años, pero su nombre permanece asociado a los platos de la cocina francesa que llevan a la patata entre sus ingredientes principales. Un hachís de Parmentier a su salud.
    17 min
  • El Pinturero (Luis Ríos Losada). Modernos de otros tiempos (7x28). 23/5/2022
    Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 23/5/2022, vigésimo octava de la séptima temporada dedicada a Luis Ríos Losada, El Pinturero, el primer torero paracaidista.
    Cuando Luis Ríos Losada nació frente a la muralla de Lugo el día de San Fermín de 1942, hacía tanta hambre que nadie imaginó en el rorro al Pinturero, el primer torero paracaidista de la historia. Lugo era milenaria en castro y en murallas, pero estaba en la inopia en lo que a afición a la tauromaquia y al paracaidismo se trataba.
    Ya de chaval se acostumbró a disfrutar de las aficiones a pares. Con apenas 15 años, Luisiño tenía, por separado, iniciativa y máquina de escribir. Un día conjugó las dos cosas y, gracias a ser presidente de un club balompédico Lucense que no existía, se hizo estrella y promotor de un fútbol local que, como no tenían campo, siempre se jugaba a domicilio y en domingo.
    Un día, la patria, que vivía en Alcantarilla (Murcia), le llamó para que fuera, que le iban a hacer un hombre y, para disgusto de su madre, allí que se fue. Como Luisiño ya iba hecho un hombre de casa, en la mili le hicieron paracaidista, y encima, a base de poner valor donde otros conocimiento, de los buenos. Pronto se le quedaron pequeños los cielos españoles y los militares, que estaban encantandos con él y deseando que se reenganchara, le llevaron a exhibirse en Francia y Canadá. Anda que no fardó. Pero un domingo que debían de estar cerrados los aeródromos, le llevaron a los toros y ahí se truncó su carrera marcial. Manuel Benitez «el Cordobés» triunfó apoteósicamente delante de las narices de Luisiño y a nuestro protagonista no le valió con ser paracaidista, mecánico de máquinas de escribir y presidente de un club de fútbol que no existía, Luis Ríos Losada quería ser torero. De poco le sirvieron las advertencias de sus amigos. efectivamente, él no sabía torear, no tenía ni idea, pero El Cordobés tampoco es que fuera un estudioso del arte de Cúchares. Es verdad que era valiente, pero ¿qué pasa? ¿acaso a él le faltaba el valor?
    Su vocación de torero le hizo abandonar la carrera militar. En el ejército se podía ser paracaidista, pater castrense con oficio de teniente coronel, comandante médico o capitán de ingenieros, pero inexplicablemente, las fuerzas armadas españolas no contaban con un cuerpo de toreros, con lo bien que le hubiera venido a él.
    En el mundo civil, Luis Ríos se hizo instructor de paracaidismo en una escuela particular y buscó diferenciarse del resto de los maletillas para encontrar una oportunidad en los ruedos y, a base de codazos, empujones y tremendismo, abrirse paso en el escalafón.
    Un día de agosto de 1965 decidió conjugar sus dos pasiones y saltó en paracaídas a la arena de Getafe. Aunque cayó a un kilómetro de la plaza y tuvo que volver andando con su casco y su paracaídas, estuvo a punto de ser el primer matador en entrar a hombros en una plaza de toros. Otra cosa era lo de salir, ante el entusiasmo del público, el novillo le revolcó dos docenas de veces y acabó corneado. No salió por la puerta grande, pero si en los papeles y hasta en el NODO.
    Perfeccionó su técnica taurina trabajando de camarero en Salamanca e intentó repetir su hazaña en la plaza de toros de la Serresuela, en Cartagena de Indias. Era diciembre de 1966. Esta vez no recibió ningún revolcón. El viento llevó su paracaídas dentro del mar y el Pinturero no pudo torear ante su público.
    15 min
  • Orélie Antoine de Tounens. Modernos de otros tiempos (7x27). 16/5/2022
    Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 16/5/2022, vigésimo séptima de la séptima temporada dedicada a Orélie Antoine de Tounens, Orélie Antoine I de la Araucanía y la Patagonia.
    Orélie Antoine de Tounens medía un metro y sesenta y ocho centímetros, tenía una cara grande, con ojos pardos, cejas negras, nariz afilada, larga melena y, aunque había nacido labriego, muchas ganas de ser rey. Vino al mundo en Aquitania en 1825 y no conocía de nada la Araucanía ni la Patagonia, pero como al mirar el mapa vio que nadie se había pedido esas tierras del sur, se soñó rey de un imperio en ultramar.
    Pero Orélie Antoine de Tounens, que había sido procurador ante los tribunales de Périgueux, era un hombre de derecho y no se soñó como tirano a gritos, sino, en silencio, monarca constitucional. Entre libros de exploraciones y libros de viajes trazó la aventura de su regio destino, un delirio que atravesó dos océanos, una franja de tierra y un país, Chile, que le serviría para aclimatarse primero y para despertarse con un cubo de agua fría después.
    En 1860 cruzó hacia el sur el río Biobío y, por primera vez sus pies pisaron el territorio en el que hace tiempo habitaba su cabeza. Ya antes de ser rey, Orélie Antoine tenía un séquito para él solo. Le convoyaban un intérprete deslenguado que había olvidado todas las lenguas siendo sargento en el ejército chileno; dos traficantes franceses que nunca se habían imaginado ministros ni de un reino que no existe, y una mochila que contenía los símbolos de sus planes secretos: una bandera, un himno y una constitución.
    16 min
  • Melchor Rodríguez. Modernos de otros tiempos (7x26). 9/5/2022
    Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 9/5/2022, vigésimo sexta de la séptima temporada dedicada a Melchor Rodríguez, el anarquista que salvó a sus enemigos.
    Melchor Rodríguez (1893-1972) fue un anarquista sevillano que en su juventud quiso ser torero antes que sindicalista, pero terminó convertido en una de las figuras más significativas del anarquismo ibérico en los años 20 y 30 del siglo XX. Su intensa actividad sindical como secretario del Sindicato de la Madera, sus arengas y sus artículos y versos en la prensa anarquista le llevaron constantemente a la cárcel. Su hija Amapola decía que la cárcel modelo era como su casa. De hecho, allí le llamaban el Decano. A lo largo de su vida estuvo encarcelado 34 veces, siempre por motivos políticos, daba lo mismo que hubiera monarquía, dictadura, dictablanda, república o, de nuevo, dictadura. Cuando no estaba en la cárcel dedicaba muchos de sus esfuerzos a la solidaridad con los presos.
    Cuando en julio de 1936 los militares felones dieron un golpe de estado que fue frenado por una revolución popular, Melchor Rodríguez se encontraba en Madrid. Con su grupo de la FAI, Los Libertos, se adueñó del palacio del Marqués de Viana que convirtió en un refugio para derechistas. Nuestro moderno era contrario a sus ideas y trabajaba duramente para construir el mundo nuevo que traía la revolución, pero este nuevo mundo no podía sostenerse sobre el asesinato de los enemigos. Como nuestro moderno decía, «se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas».
    Cuando la CNT entró en el gobierno y el anarquista García Oliver fue ministro de justicia, Melchor Rodríguez se convirtió en el Delegado de Prisiones. Su principal labor fue la de proteger a los presos, la de detener las sacas. Nadie podía sacar a los presos de las cárceles para fusilarlos extrajudicialmente, aunque los fascistas no pararan de bombardear Madrid. Además de asegurar el orden en las cárceles para acabar con las sacas, mejora las condiciones de reclusión, organiza una oficina de información de detenidos, crea un hospital penitenciario, denuncia la existencia de checas y acompaña a cientos de presos en los traslados para proteger sus vidas. En diciembre del 36, en Alcalá de Henares se enfrenta él solo a más de 200 milicianos armados que, tras un bombardeo fascista, pretenden asesinar a los presos de derechas y consigue evitarlo. Los estalinistas, con Carrillo y Cazorla a la cabeza, le acusan de protector de la quinta columna y consiguen su cese en marzo de 1937. Será entonces concejal de cementerios de Madrid. Desde este puesto permitirá que se cumpla la voluntad de su amigo Serafín Álvarez Quintero de ser enterrado con una cruz.
    Fue el último alcalde del Madrid que bien resistes, el que tuvo que pasar por el amargo trago de entregar la ciudad a los franuistas. Fue juzgado y, pese a que había salvado de la muerte a más de 10.000 enemigos y que muchos de ellos declararon a su favor en el proceso, fue condenado a la pena capital que finalmente fue conmutada por una de 20 años.
    Cuando salió en libertad, algunos de los que salvó le ofrecieron buenos puestos en sus empresas o en el sindicato Vertical, pero Melchor lo rechazó. Nunca renunció a sus ideas y siguió formando parte de la CNT y siendo detenido por ello.
    En su entierro, en 1972, envuelto en la bandera de la CNT, se escuchó el A las barricadas. No pasó nada. Allí estaban también muchos de los enemigos a los que salvó el pellejo.
    En un momento como éel presente, en el que comportarse abiertamente como un hijo de puta, parece que es la mejor forma de ascender en el trabajo o de convertirse en un líder político carismático de los que arrasan en las votaciones, hablar de un hombre honesto, honrado y humano, es casi un acto imprescindible y, por supuesto, moderno.
    Además, hemos escogido como banda sonora las Seis simpáticas danzas para fagor y orquesta de Javier López de Guereña interpretadas por John Falcone
    18 min
  • Andrew Crosse. Modernos de otros tiempos (7x25) 25/4/2022
    Sección del programa de Rpa "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 25/4/2022, vigésimoquinta de la séptima temporada.
    Hoy volvemos en Modernos de otros tiempos con la historia fascinante de Andrew Crosse (Fyne Court, Broomfield, 1784-1855), científico aficionado, republicano, poeta y terrateniente inglés que empleó su imaginación en el desarrollo de experimentos sobre la gran novedad científica, la electricidad. Por su cuenta, sin participar de ninguna institución, ni empresa, hizo interesantes estudios que le llevaron a ser parte del desarrollo de la primera pila eléctrica y de avances en el campo de la electromineralización; es decir, formar minerales mediante el uso de corrientes eléctricas.
    Precisamente, durante la realización de un experimento con elementos inorgánicos (piedras volcánicas), le aparecieron seres vivos, ácaros, en concreto. Andrew Crosse cometió el error de comentar lo sucedido con el periodista local Edward W. Cox, fundador del periódico comarcal, el Somerset County Gazette. Pese a que Crosse dijo al periodista que la conversación no saliera de allí, que no tenía ninguna explicación del hecho, Cox publicó, en 1838, que Crosse estaba haciendo experimentos para crear vida. El bulo corrió como la espuma, apareció en The Times y, después, apareció en toda clase de periódicos de Europa y América, y convirtió a Andrew Crosse en un hereje científico. De poco sirvió que dijera que lo publicado sobre él no tenía ningún rigor, que era un auténtico disparate. Crosse fue denostado y amenazado por ateo, materialista y blasfemo. Su laboratorio sufrió ataques. Empezaron a referirse a él como el Diablo Crosse e incluso le sacaron cantares.
    Crosse continuó en su casa natal de Fine Court, pero ya no
    comunicó más resultados a sus colegas. El escándalo y las amenazas frenaron sus interesantes aportaciones a la creación de baterías y a la electrocristalización, los campos a los que nuestro moderno dedicó su talento. Poco después del escándalo murió su primera mujer. La segunda, Cornelia, escribió las Memorias científicas y literarias de Andrew Crosse, el electricista. Crosse murió como un hereje de la ciencia el 6 de julio de 1855 en la misma habitación que nació.
    En 1979, el periodista británico Peter Haining publicó una biografía en la que, con el título El hombre que era Frankestein, afirmaba (sin mucho rigor, es verdad) que Mary Shelley se había inspirado en Andrew Crosse y sus experimentos para crear al Doctor Víctor Frankestein, el protagonista de su novela Frankestein o el moderno Prometeo.
    16 min
  • Jacques de Vaucanson. Modernos de otros tiempos (7x24) 11/4/2022
    Sección del programa de Rpa "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 11/4/2022, vigésimocuarta de la séptima temporada.
    Hoy traemos a Modernos de otros tiempos al ingeniero ilustrado Jacques de Vaucanson (Grenoble, 1709-París, 1782) cuya principal obsesión fue construir, por medios mecánicos, vida artificial. En 1738 presentó ante la Academia de las Ciencias Francesas una memoria científica sobre sus tres autómatas: un Flautista que tocaba 12 aires, un Tamborilero de tamaño natural que, según él, era mejor músico que cualquier humano, y el Pato que digiere, su obra más célebre, un ánade de cobre dorado formado por más de 400 piezas móviles, que no solo graznaba, aleteaba, bebía agua y engullía cereales con gran realismo, sino que digería y cagaba lo que comía. Antes de ser nombrado académico, Vaucanson exhibió con gran éxito sus autómatas en barracas de ferias. Voltaire le inmortalizó en un poema como mederno Prometeo
    El atrevido Vaucanson, rival de Prometeo,
    parece que, para imitar los resortes de la naturaleza
    y animar los cuerpos, toma el fuego de los cielos.
    El éxito de sus autómatas le hizo ganarse los favores de los poderosos. Federico Guillermo II de Prusia quiso ficharle para su corte, pero Vaucanson no quería servir a más rey que al francés. Éste le encomendó reorganizar la industria de la seda francesa en Lyon en 1743, Vaucanson vendió sus autómatas y dedicó sus talentos a crear el primer telar mecánico. Esto le llevó a enfrentarse con los tejedores de Lyon que ya veían en su organización industrial del trabajo textil la pauperización de su trabajo y la alienación de su vida. Los tejedores le apedrearon varias veces en las calles de Lyon, pero en vez de amedrentarle le reforzaron en su propósito. Vaucanson siguió trabajando en su telar mecánico hasta sus últimos días. Poco antes de morir, dijo a sus obreros: «No perdáis un minuto. Temo no vivir lo suficiente para explicaros mi idea completamente». Pero finalmente le dio tiempo. Antes de morir en noviembre de 1782 vió funcionar su telar.
    Sus autómatas se exhibieron por Europa durante el siglo XVII, pero solo sobrevivió a la revolución francesa el Pato que digiere, que llegó maltrecho al siglo XIX. Fue recompuesto y el mítico prestidigitador Robert Houdin se encargó de restaurar una de sus alas. Años después, se quemó en un museo polaco. Lo más espectacular del pato, su capacidad de cagar lo que comía, resultó ser un camelo. Un engaño que nos convierte al ingeniero ilustrado en un pionero de la prestidigatción.
    16 min

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Aunque parezca un oxímoron, la modernidad es algo que viene de antiguo.