Los recuerdos llegan a su mente y ahora le hacen esbozar una sonrisa. Y es que, cuando
Gilberto Gil Rivera piensa en aquellos primeros días de trabajo arduo y constante, no hace más
que enorgullecerse de que tanto él, como sus compañeros, hicieron oídos sordos a los
comentarios desalentadores de algunos vecinos que no creyeron en su proyecto.