“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.” Deuteronomio 18:18
Dentro de la profecía de la venida del Mesías y su rol como profeta, estaba el hecho de que él tendría una serie palabras o mensajes que solo él podría dar. El rol de profeta es ser el portavoz de Dios a su pueblo, pero el Mesías sería más que eso, será la palabra encarnada, él no solo traería palabras o mensajes de Dios sino sería “la Palabra” y él sería el mensaje encargado.
En el libro de San Juan 8:28-29 nos dice “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.” Jesus vino a manifestar el amor del padre por cada uno de nosotros y su deseo de reconciliación. Su vida y obra era la manifestación tangible del carácter del padre. Cada palabra que Jesus pronunció era un testimonio de su divinidad, de la misma manera cada obra suya era una garantía de las obras del Padre. En Cristo, Dios padre estaba siendo representado. Cuando nosotros estudiamos la vida de jesús en los evangelio podemos tener la seguridad de que tenemos el testimonio más claro del Dios del Universo, no a través de una serie de testimonio verbales oscuros sino a través de una manifestación clara, contundente e inequívoca de que Dios nos ama y que desea darnos la vida eterna.