Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol. Leviticus 16: 27
El día de la expiación, era el día del juicio en el santuario, allí se presentaban varias ofrendas. En especial la del becerro como ofrenda por el pecado del sacerdote. Esta ofrenda era quemada fuera del campamento, y su sangre era introducida en el santuario para remisión de los pecados. Esto apuntaba al sacrificio expiatorio del Mesías quien sería sacrificado fuera de las puertas del campamento.
El apóstol Pablo reconoció esta profecía y el cumplimiento en Jesús, leamos en Hebreos 13:11-12 “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.” Jesucristo padeció en un lugar “llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,” (Mateo 27: 33) esto fue un cumplimiento de la sombra en los sacrificios del día de la expiación. También el apóstol Pablo nos invita a que “salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;” es decir que debemos salir con él, en símbolo de arrepentimiento porque el tomó mi culpa y mi vergüenza. De Jesús debo aceptar su humildad y amor al dejar todo por tomar mi lugar. No existe lugar para el orgullo en los que hemos aceptado la salvación en Jesús.