“Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.” 2 Reyes 2: 6
En el relato de Elias encontramos un evento interesante antes de que fuese tomado al cielo. Él cruzó el río Jordán. Este río había sido cruzado por el pueblo de Israel antes de la toma de Jericó y de la tierra de Canaán. En la vida de los Israelitas representó un bautismo espiritual y lo mismo representó para Elias, quien siendo un tipo del Mesías, también nos deja una profunda lección.
San Juan 1: 28 nos dice “Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.” Juan, era el Elias que había de venir, y allí en el río Jordán se presentó el cordero de Dios para ser bautizado y así cumplir con toda justicia. El bautismo de Juan el Bautista era para arrepentimiento, pero Jesus no necesitaba ser bautizado. Él era el Santo de Israel, el Mesías, pero él lo hizo para dejarnos un ejemplo del camino que debemos seguir cada uno de nosotros. Todos debemos como lo hizo Elias, sombra de Jesus, cruzar el Jordán, es decir ser bautizados, como resultado de una experiencia transformadora en nuestras vidas. Pero muchos han postergado ese paso porque miran su condición y no se sienten preparados para el pacto. Nosotros nunca estaremos preparados en nuestra propia fuerza para un pacto con Dios, pero si podemos confiar en los méritos de Jesus, quien ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. En su fuerza podemos cruzar el río jordán y alcanzar la victoria.