“¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas.” Salmos 2: 1-3
El salmo 1 nos hablaba de nuestro deber moral con nuestro Dios, el salmo 2 nos habla de nuestro salvador. Bajo el tipo o sombra del reinado de David, se nos habla del reinado del Mesías. Lo primero que se menciona es que hay una oposición contra Jehová de parte de las gentes, los pueblos, príncipes y reyes. Uno se imaginaría que la llegada del mesías recibiría una total bienvenida, pero fue totalmente lo contrario; porque el odio y rechazo era motivado por las fuerzas del mal.
Lucas hace una directa referencia al Salmo 2 en Hechos 4:25-28 “que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? 26 Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo. 27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.” Desde los paganos, quienes se airaron por el hecho que sus imágenes fueran destruidas, hasta los líderes tanto de los poderes civiles como de los religiosos, quienes sentían que el reino de Jesus interfiera con sus poder terrenales; Jesús experimentó oposición a su obra redentora. Pero la oposición no era meramente solo contra Jesús, sino contra Dios padre, amo y señor del universo. Cuando rechazamos a Jesus, no solo rechazamos sus enseñanzas y legado terrenal, sino que también rechazamos al dador de la vida. Hoy tenemos la oportunidad de darle la más calurosa bienvenida a nuestro corazón.