Cuentan los Hechos de los Apóstoles que estando San Pablo en Listra, vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, para lincharlo. Y así fue, cogieron a san Pablo y lo apedrearon. Luego lo arrastraron fuera de la ciudad y lo dejaron medio muerto (Cfr. Hch 14, 19–28). Pero, y esto es lo asombroso, «él se levantó y volvió a la ciudad» (Hch 14, 20).
Después se fue a otras ciudades para seguir predicando: Derbe, otra vez Listra, Iconio y de nuevo a Antioquia. No tuvo miedo de volver al sitio donde le habían dado, donde casi lo matan.
No solo no tenía miedo sino que animó a los cristianos con los que se iba encontrando, y les decía que «hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios» (Hch 14, 22).