Resultaba rompedor que nuestro Señor llamara a los pobres felices y además que de ellos era el Cielo,
pues entre los judíos un criterio de que Dios estaba contigo era precisamente que contabas con medios económicos.
Los cristianos que vivimos en medio del mundo tenemos que dar ejemplo de utilizar la cosas materiales para la gloria de Dios.
Lo nuestro no es separarnos del mundo sino de amarlo.
La pobreza no es tacañería. No se trata de ser roñosos sino virtuosos.
La elegancia, la limpieza, son virtudes, que hemos de cultivar.