Argentina se fue a dormir el jueves a la noche con una noticia impactante: un hombre había gatillado dos veces un arma a centímetros de la cabeza de Cristina Fernández de Kirchner, vicepresidenta de la Nación.
Tras los primeros pronunciamientos de todo el arco político manifestándose en contra de un episodio de estas características, llegaron las dudas y las especulaciones. Mientras que desde el oficialismo argentino hablan de “discursos de odio” y personajes como Luis D`Elía señalan a los medios y periodistas, el expresidente Mauricio Macri expresó que el episodio del jueves pasado, “está siendo ahora utilizado por el kirchnerismo de forma partidaria para iniciar una cacería de enemigos simbólicos a los que les atribuye, sin ninguna racionalidad, la instigación a ese ataque”.
Una nota de Jorge Liotti en La Nación de ayer, titulada “Un país irremediablemente roto”, planteaba que “en uno de sus momentos más oscuros desde que se recuperó la democracia, la Argentina emergió con un déficit inédito: no hubo ningún espacio, ni tampoco actores dispuestos, para articular un mínimo consenso de convivencia pacífica”.