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“Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros” (Colosenses 3:13).
Ser un soporte es ser un apoyo, una base sobre la cual los demás puedan construir y crecer. Pablo dice, en el texto de hoy, que debemos soportarnos unos a otros. Esta no solo es una tarea de edificación mutua, también es un deber que tenemos como cristianos.
El perdón que Dios nos da nos inspira y compromete para perdonar a los demás. Hemos recibido un perdón tan grande; ¿cómo no perdonar a quienes nos ofenden? La manera, la cantidad, la profundidad con que perdonamos establece la sinceridad de nuestra petición al Señor: Perdónanos como perdonamos a nuestros deudores. Perdonar es el puente que nosotros mismos tenemos que atravesar para alcanzar el perdón de Dios.
“Aun para los que pretenden ser seguidores de Jesús, es dificilísimo perdonar como perdonó Cristo. Se practica tan poco el verdadero espíritu de perdón, y se aplican tantas interpretaciones a los requerimientos de Cristo, que se pierden de vista su fuerza y su belleza. Tenemos una visión muy incierta de la gran misericordia y amante bondad de Dios. Él está lleno de compasión y perdón, y nos perdona gratuitamente si realmente nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados” (Elena de White, A fin de conocerle, p. 180).
El político y escritor cubano José Martí publicó, en Versos sencillos (Nueva York, 1891), el poema titulado “Cultivo una rosa blanca”, con énfasis en el valor del verdadero amor y la amistad.
“Cultivo una rosa blanca, //en junio como en enero,
para el amigo sincero // que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca, // el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo, // cultivo la rosa blanca”.
Es fácil entregar una rosa blanca a aquel que vive dándonos rosas blancas; lo difícil es darle una rosa blanca a aquel vive llenándonos de ortigas. Lo primero puede ser una transacción o intercambio comercial; lo segundo es transformador. Solo la presencia de Cristo en la vida lo hace posible.
La vida es muy corta como para vivir enemistados. Por eso, escribe el nombre/nombres de aquellos con quienes estás distanciado por alguna razón:
Ahora, ora por este o estos nombres.
Luego, en lo posible, hazle una llamada o envíale un mensaje.
¡Cultiva una rosa blanca!
“De entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12).
La base del cristianismo son las relaciones. La religión es comunidad: comunión con Dios y comunión con nuestro prójimo. Vivir y convivir. Comunión y relaciones.
Cuando Pablo escribió esto, el sufrimiento de los animales y el de los enfermos no era tenido en cuenta. A los enfermos y a los heridos se los dejaba morir; nada importaba. La forma en que trataban a un demente o a un minusválido era totalmente discriminatoria y despiadada. La mujer era simplemente un objeto. Los ancianos no tenían cabida en la sociedad. El apóstol los desafía a tener misericordia, piedad, consideración y afecto entrañable.
También los desafía a cultivar la bondad. Esto es cristianismo en estado puro. El historiador judío Flavio Josefo utiliza esta palabra cuando describe la actitud de Isaac haciendo pozos en busca de agua y luego se los daba a otros para que los aprovecharan y disfrutaran. Una cosa es convidar agua y otra cosa es hacer pozos de agua para otros.
Además, pide humildad. No se trata de considerarse menos como persona o de servilismo. La humildad está basada en el sentido de criatura. El ser humano es una criatura del Dios creador. Frente a él, no podemos sentir otra cosa que humildad. Y, considerándonos todos criaturas y dependientes del Creador, debemos expresar humildad frente a los demás, porque somos todos hijos necesitados y dependientes por igual. No hay lugar para la arrogancia.
Por otra parte, solicita mansedumbre. Esta es una característica particular que combina extrañamente la firmeza con la dulzura. La persona se controla porque Dios la controla. “Mansedumbre es la ausencia de justificación propia, lo opuesto a agresividad. Es una ecuanimidad dulce y bondadosa. Nuestro Salvador fue el ejemplo perfecto de verdadera mansedumbre” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 682).
Por último, aconseja tener paciencia. Solo pensar en la forma paciente en que Dios nos ha tratado nos compromete a ser más pacientes con los demás.
Gerson, un destacado teólogo francés del siglo XIV, solía decir: Dios tiene en cuenta en nuestra vida los adverbios más que los verbos. ¿A qué se refiere con esto? Es simple. Los verbos indican acción y los adverbios señalan el modo en que la realizamos.
Dios no solo mira la acción, mira también aquello que nos mueve a realizarla.
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados” (Colosenses 3:12).
Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo.
Está claro que las cosas no están funcionando bien en nuestra sociedad. La familia, como su base, atraviesa su crisis más profunda. Algo tenemos que hacer. Ese algo tiene que ser distinto de lo que hemos hecho hasta aquí. El propósito de Dios para la familia cristiana no es que termine bien, sino que dure para toda la vida, por toda la eternidad. No podemos conformarnos con luchar un año, o muchos años; tenemos que luchar toda una vida, para ser parte de una gloriosa eternidad con los nuestros y con el Señor.
Ahora bien, ¿cómo fortalecer los vínculos de nuestra familia? Pablo nos desafía a vivir como E.S.A.; es decir, como escogidos de Dios, santosy amados. Estas tres palabras eran las preferidas del pueblo judío. Se consideraban el pueblo escogido, la nación santa y los amados de Dios. Pablo, el hebreo entre los hebreos, toma estas tres palabras y las aplica a todos los seres humanos. El amor y la gracia de Dios se han extendido hasta lo último de la Tierra.
La elección es siempre una iniciativa divina. El punto de partida es la soberanía de Dios. Su propósito es la santidad; es decir, la separación del elegido para vivir una vida diferente. Separados por él y para él como hijos y pueblo peculiar.
La santidad es la manifestación de una vida en perfecta concordancia con Dios. Él nos ha creado y redimido para que nuestra vida tenga propósito.
El célebre violinista italiano Nicolás Paganini pidió que, después de su muerte, su violín fuese colocado en una vitrina de su casa en Genova, a fin de que nunca más fuese tocado. En desuso, el instrumento quedo carcomido, arruinado, y llegó a ser una vieja reliquia sin utilidad. Aquel violín de madera solo podría mantenerse en el tiempo si hubiese estado en uso constante.
La vida que no es gastada en el servicio a Dios y al prójimo apenas sí sirve como reliquia en la vitrina, pero aquella que se gasta en el testimonio cristiano emite una música cuyos acordes se proyectan por la eternidad.
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1).
Colosenses 3 es un documento precioso y motivador para la verdadera vida cristiana. El apóstol Pablo comienza desafiando a los hermanos: Si ustedes resucitaron espiritualmente en Cristo, entonces vivan como él quiere. Es decir, piensen en las cosas celestiales y no en las cosas de esta Tierra.
Y ¿cómo es vivir pensando en las cosas celestiales? Es huir de toda inmoralidad sexual y los malos deseos. Es huir de la ira, de la maldad, de las blasfemias, de lenguaje obsceno. Es no mentir.
Pero, vivir pensando en las cosas celestiales no es solo no hacer cosas. También es tener un estilo de vida pautado por la compasión, la bondad, la humildad, la paciencia, la mansedumbre, el perdón. Es vivir en la práctica el amor de Cristo.
El apóstol Pablo tiene orientaciones claras para la esposa y el marido (amen de verdad y dependan el uno del otro), para los hijos (obedezcan a sus padres) y para los siervos (obedezcan y sean sinceros). El principio para las relaciones es este: todo lo que hagan que sea de corazón, como para el Señor. Eso mismo: no debemos hacer las cosas pensando en agradar a la gente, al jefe, al amigo. Debemos hacer todo pensando en agradar a nuestro Dios.
El empresario alemán Oscar Schindler, durante la Segunda Guerra Mundial, dedicó la mayoría de sus recursos para rescatar a judíos de los campos de concentración. Salvó así a mil cien personas durante el Holocausto nazi. Su cuerpo está sepultado en Jerusalén, en memoria de estos actos de compasión en favor de los demás. Fue homenajeado con una placa con la siguiente inscripción: “Aquel que salva una vida salva al mundo entero”. Pero él, más que sentirse elogiado por los mil cien salvados, se repetía a sí mismo: “Tal vez podía haber salvado a uno más y no hice lo suficiente”.
Está claro que lo que Dios planeó para nosotros no es este mundo lleno de pecado y de muerte; si no un mundo transformado. Tenemos que caminar en este mundo con los ojos mirando hacia el cielo.
¿A cuántas personas más puedes salvar por el testimonio fiel de tu vida?
“Nadie está inactivo en el cielo, y en las mansiones de los bienaventurados no entrará nadie que no haya manifestado amor a Cristo, y que no se haya esforzado por la salvación de los demás” (Elena de White, Testimonio para los ministros, p. 207).
“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:13).
Stephen Hawking murió el 14 de marzo de 2018. A los 21 años comenzó a enfrentar una larga y penosa enfermedad degenerativa: esclerosis amiotrófica. En principio solo le daban tres años de vida, pero fueron 55 años más con un cuerpo cada vez más deteriorado pero una mente cada vez más brillante. Se doctoró en Física. Fue astrofísico, cosmólogo y divulgador científico. Se casó, tuvo tres hijos y escribió decenas de libros. Al principio usaba dos bastones; después necesitó muletas. Posteriormente, se resignó a una silla de ruedas.
El mayor sueño de Stephen Hawking era estar en el espacio. “Es hora de explorar otros sistemas solares. Extendernos puede ser lo único que nos salve de nosotros mismos. Estoy convencido de que los humanos necesitan abandonar la Tierra”, decía.
Hawking anhelaba volar al espacio. En parte pudo y cumplió su sueño. Si bien nunca pudo viajar al espacio, el 26 de abril de 2007 fue un día glorioso para él. En esa ocasión, logró liberarse de la silla de ruedas en la que llevaba décadas confinado debido a su enfermedad, y durante dos horas voló a bordo de un Boeing 727-200 (adaptado para la ocasión) de Zero Gravity Corp. Durante 120 minutos, Hawking saboreó la ingravidez. El costo del paseo fue de 250.000 dólares.
Hawking soñó, deseó y planeó ir a vivir al espacio y llevar a la humanidad. Quiso, pero no pudo. Felizmente, hay otro que quiso, quiere y puede. Nos dio vida estando muertos en nuestros pecados. Las profecías bíblicas se están cumpliendo inexorablemente, las naciones se han llenado de ira, el Juicio Final es inminente. Es tiempo de recompensar a los santos y destruir a los que destruyen la Tierra.
Cuando el Señor regrese, todos los tesoros del Universo se abrirán ante los redimidos de Dios. “Libres de las cadenas de la mortalidad, se lanzan en incansable vuelo hacia los lejanos mundos; mundos a los cuales el espectáculo de las miserias humanas causaba estremecimientos de dolor, y que entonaban cantos de alegría al tener noticia de un alma redimida [...]. Soles y estrellas y sistemas planetarios que en el orden asignado circuyen el Trono de la Deidad” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 736).
El dueño de la física, de los astros, del cosmos y del Universo ha firmado su promesa con su propia sangre. La hora de la partida está muy cercana. El viaje está pago, y no es por poco tiempo; ¡es para toda la eternidad! ¡Vamos!
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2:9).
Según un estudio del Instituto de Estudios Religiosos de la Universidad de Baylor, en Texas, EE. UU., para los encuestados, Dios tiene cuatro facetas: autoritario, benevolente, crítico y distante.
El Dios autoritario es el que está enojado por los pecados de la humanidad. Es un Dios vigilante de nuestros actos y castigador de nuestras faltas. Un 34 % de los encuestados cree en este Dios y están convencidos de que los huracanes, los tsunamis, y otras tragedias naturales, son la manifestación de la furia divina en retribución a nuestras debilidades.
El Dios distante es un artífice sin rostro, una fuerza cósmica que nos ha creado pero que no se involucra en nuestra vida. Un 26 % reconoce esta cara de Dios.
El Dios benevolente es a la vez exigente y misericordioso. Establece códigos, reglamentos, leyes, pero es a la vez comprensivo de nuestras falencias. Un 24 % cree esto.
El Dios crítico conoce todo, pero no interviene en nada. Ni castiga, ni consuela. Un 16 % reconoce así a Dios.
La imagen de Dios que nosotros tengamos clarifica qué clase de persona somos. Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, y el pecado ha llevado a que el hombre pretenda hacer a Dios a su imagen y semejanza.
En Cristo habita la suma total de la naturaleza y de los atributos de Dios. Los alcances de este término son ilimitados en tiempo, espacio y poder. En Cristo se encuentra todo lo que Dios es, cada cualidad de la Deidad: dignidad, autoridad, excelencia, poder para crear y ordenar el mundo, energía para sostener y guiar el Universo, amor para redimir a la humanidad y previsión para suministrar todo lo necesario a cada una de sus criaturas.
“Recordad que en él habitaba toda la plenitud de la Deidad corporalmente. Si Cristo habita en nuestro corazón por fe, al contemplar su conducta procuraremos ser como Jesús: puros, pacíficos e incontaminados. Revelaremos a Cristo en nuestro carácter. No solo recibiremos luz y la absorberemos, sino también la difundiremos [...]. La simetría, la belleza y la benevolencia que había en la vida de Jesucristo relucirán en nuestra vida” (Elena de White, A fin de conocerle, p. 179).
“La verdadera educación no desconoce el valor del conocimiento científico o literario, pero considera que el poder es superior a la información, la bondad al poder y el carácter al conocimiento intelectual. El mundo no necesita tanto hombres de gran intelecto como carácter noble, necesita hombres cuya capacidad sea dirigida por principios firmes” (Elena de White, La educación, p. 225).
“Quiero pues, que sepáis cuán grande lucha sostengo por vosotros, por los que están en Laodicea y por todos los que nunca han visto mi rostro” (Colosenses 2:1).
En el capítulo 2 de Colosenses, el apóstol Pablo hace una seria advertencia: Cuidado que alguien los engañe con argumentos falsos y persuasivos de falsos maestros. Y ¿qué engaños serían estos? Los engaños que llevan a la gente a vivir un cristianismo lejos de lo que Cristo enseñó.
Jesucristo debe ser el patrón según el cual los colosenses deben andar. Él es la raíz de donde deben extraer la savia y la nutrición. Él es la Roca viva, el Fundamento firme sobre el cual también los judíos y los gentiles edifican. Y ¿por qué Cristo es todo eso? Porque él es plenamente Dios, según Colosenses 2:9.
Por ser quien es, Cristo nos da vida. Él perdona nuestros pecados porque él pagó nuestras deudas del pecado.
En los versículos 16 a 18, Pablo vuelve a los falsos maestros, y advierte a los hermanos de Colosas: No dejen que los falsos maestros los lleven de vuelta a las ceremonias judías. Estas ceremonias, que incluían comida, bebida, y fiestas, ahora eran sombra de la plenitud de lo que Cristo había logrado con su muerte en nuestro favor.
Pablo decía que no tenía sentido volver a los rudimentos del judaísmo, porque la muerte de Cristo había eliminado todos los ceremoniales. Lo que quedaba eran los mandamientos morales. Además, los ceremoniales en nada ayudan en nuestra lucha contra las inclinaciones de la carne, nuestra naturaleza pecaminosa.
Cuando vivimos en Cristo, nuestro foco no es vivir de ceremonias. La vida en Cristo nos lleva a vivir lo que es esencial: amor a Dios y amor a las personas.
Se cuenta que Napoleón se encontraba mirando hacia el mar, mientras estaba cautivo en Santa Elena, donde murió en 1821. Allí le dijo a su fiel colaborador, el general Bertrand, lo siguiente: “Jesucristo no es hombre. Su nacimiento, la historia de su vida, la profundidad de su doctrina, su evangelio, su imperio, su marcha a través de los siglos, todo esto es una maravilla, un misterio inexplicable. Alejandro, César, Carlomagno y yo fundamos imperios basados en la fuerza y el poder. Solo Jesucristo fundó un imperio basado en el amor, y millones de personas estarían dispuestas a dar la vida por él”.
Napoleón tenía razón. Mientras los demás se movían por el amor al poder, Jesucristo se movió por el poder del amor. Solo Cristo puede realizar una conquista de tal manera
¿Qué mueve tu vida? ¿El amor al poder o el poder del amor?
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles [...]. Todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:16, 17).
Los conceptos acerca del origen de la vida son como una guerra entre dos jardines. El Jardín del Edén representa a los que creen que el ser humano fue creado por Dios a su imagen y semejanza. Y el jardín zoológico representa a los que creen que el ser humano es resultado de un largo proceso evolutivo. Los primeros sostienen que la criatura ha involucionado por causa del pecado, los segundos afirman que ha evolucionado de un ser inferior a uno superior. Lo paradójico es que algunos piensan que la última posición es refrendada totalmente por la ciencia, mientras que la primera requiere de fe para darle sustento.
Sin embargo, es digno de notar que la verdadera ciencia apunta hacia la existencia de Dios y valida la fe en él.
Arthur Compton, Premio Nobel de Física en 1927, declaró: “La fe comienza con la comprensión de que una inteligencia suprema dio el ser al Universo y creó al hombre. No me cuesta tener esa fe, porque el orden y la inteligencia del cosmos dan testimonio de la más sublime declaración jamás hecha: ‘En el principio creó Dios’ ”.
Ernst Boris Chain, Premio Nobel de Medicina en 1945, expresó: “La probabilidad de que el origen de las moléculas de ADN haya tenido lugar por pura casualidad es sencillamente demasiado minúscula para considerarla con seriedad”.
Arthur l. Schawlow, quien compartió el Premio Nobel de Física en 1981, aseveró: “Al encontrarse uno frente a frente con las maravillas de la vida y del Universo, inevitablemente se pregunta por qué las únicas respuestas posibles son de orden religioso [...]. Tanto en el Universo como en mi propia vida, tengo necesidad de Dios”.
Derek Barton, quien compartió el Premio Nobel de Química en 1969, aseguró: “No hay incompatibilidad alguna entre la ciencia y la religión [...]. La ciencia demuestra la existencia de Dios”
Albert Einstein, Premio Nobel de Física en 1921, sostuvo: “Apenas sí calco las líneas que fluyen de Dios”.
Pablo declara que en Cristo fueron creadas todas las cosas. Y él es antes de todas las cosas y todas las cosas en él subsisten.
“La mano que sostiene los mundos en el espacio, la mano que mantiene en su disposición ordenada y actividad incansable todo lo que existe en el Universo de Dios, es la mano que fue clavada en la Cruz por nosotros” (Elena de White, La educación, p. 118).
“Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15).
Ser un primogénito implica no solo ser el primer hijo, sino también la superioridad en rango o fortaleza. Entre los antiguos hebreos, el primogénito tenia derechos, deberes y bendiciones especiales.
Cristo aparece, en sentido literal, como el primogénito de María y, en sentido figurado, como el primogénito entre muchos hermanos, o el primogénito de los muertos. No fue el primero en morir, pero si el primero en su clase. Tiene un sentido de preeminencia. Al ser llamado “el primogénito de toda creación”, se destaca su superioridad sobre todos los seres creados.
Algunos interpretan que fue el primer ser creado. Otros dicen que él creó todas las cosas y por él todas las otras cosas fueron creadas.
El mismo Pablo lo explica, como para no dar lugar a malentendidos. El Creador de todo no puede ser al mismo tiempo una criatura. Una criatura no puede ser el Creador. Cristo no es una emanación, ni la más exaltada de las criaturas. Pablo dice que es la imagen del Dios invisible. Es Dios revelado y manifestado ante los hombres.
“Cuando Cristo es llamado el ‘primogénito’ (Heb. 1:6; Rom. 8:29; Col. 1:15, 18; Apoc. 1:5), el término no se refiere a un momento cronológico. Más bien enfatiza un sentido de importancia o prioridad (ver Heb. 12:23). En la cultura hebrea, el primogénito recibía los privilegios familiares. De este modo, Jesús, como el primogénito entre los hombres, rescató todos los privilegios que el hombre había perdido. Se convirtió en el nuevo Adán, el nuevo ‘primogénito’ o cabeza de la raza humana” (Asociación Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día [Florida, Bs. As.: ACES, 2018], p. 78).
Ser primogénito de toda la Creación es ejercer el gobierno supremo sobre ella. Es un título mesiánico; es exaltarlo, concederle honores supremos, reconocerlo como Rey legítimo del Universo, colocarlo por encima de todo el mundo creado, y establecer su soberanía y preeminencia. El primogénito es siempre el principal heredero.
Tenemos el riesgo de hacer un análisis tan solo teológico de este tema. Necesitamos ir más allá. ¿Es Cristo nuestro primogénito, nuestro superior, exaltado, honrado, soberano y preeminente en nuestra vida? Si nosotros lo permitimos, el pecado nos deforma, la investigación nos informa y el Primogénito nos transforma.
“A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio” (Colosenses 1:5).
Paraguay es un país de gente cordial, situado en el corazón de América del Sur. Además, es el único país bilingüe de la región, ya que allí se habla el español y el guaraní en prácticamente todo su territorio.
Don Carlos Antonio López fue el primer presidente constitucional de la nación, y también una figura de gran capacidad académica y cultural. Fue elegido en 1844 y reelecto tres veces, y se mantuvo en el poder hasta 1862. Gobernó su país por 18 años y murió el 10 de setiembre de 1862.
Fue un gran emprendedor, con conquistas en las áreas judicial, administrativa y educativa. Creó más de trescientas escuelas, y declaró la educación gratuita y obligatoria. Soñaba con el desarrollo de su pueblo. Una de sus frases más famosas es: “Las escuelas son los mejores monumentos que podemos ofrecer a la libertad”. Hoy, las becas de estudio posgraduación concedidas por el Gobierno paraguayo, para estudios en el exterior, tienen el nombre de Carlos Antonio López, como homenaje a su liderazgo visionario.
Además, él trabajó para dar oportunidades iguales a todos los ciudadanos y las etnias. Invirtió en los valores éticos y morales, animando la formación de familias sobre la base del casamiento, y dándoles propiedad y fuente de trabajo tanto con el ganado como con la agricultura.
Cuando se conmemoran las fiestas patrias del Paraguay, en el corazón de América del Sur, vamos a celebrar juntos, pero también aprovechar para reafirmar nuestro compromiso con la patria superior, que está en el cielo, donde las conquistas de grandes líderes quedarán pequeñas ante el Rey de reyes y Señor de señores; una Tierra renovada y purificada de todo pecado y que será el corazón de todo el Universo. Celebren las conquistas de la Tierra, pero coloquen sus ojos en el cielo, lugar de esperanza viva y de herencia incorruptible.
Por eso, Elena de White nos exhorta:
“El cielo debe llenar nuestro corazón y nuestra vida diaria” (Cada día con Dios, p. 318).
“El Señor está por venir. Oímos los pasos de un Dios que se aproxima” (El evangelismo, p. 163).
“¡Oh, cuán glorioso será verlo y recibir la bienvenida como sus redimidos! Largo tiempo hemos aguardado; pero nuestra esperanza no debe debilitarse. Si tan solo podemos ver al Rey en su hermosura, seremos bienaventurados para siempre” (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 257).
“Siento deseos de exclamar: ¡Vamos rumbo a nuestro hogar!” (Review and Herald, 13 de noviembre de 1913).
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