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Or


“Siempre que oramos por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Colosenses 1:3).
Pablo siempre enfatizó la necesidad de orar unos por otros.
Orar por tener discernimiento de la voluntad de Dios; es decir, oramos para saber, para ser llenos del conocimiento de la voluntad del Señor, para ser sabios e inteligentes.
Orar por poder para cumplir la voluntad de Dios; es decir, oramos para hacer, para andar como es digno del Señor y agradarle en todo.
Orar por mejores y más frutos; es decir, oramos para fructificar, por mejores frutos en la vida del que ora, y por frutos de nuevas vidas llevadas a Jesús.
En todo el territorio de la División Sudamericana se realizan todos los años los 10 días de oración, un programa especial de oración intercesora. En 2020, el énfasis estaba en el rescate de quienes necesitan volver al sendero del Señor. Centenas de milagros ocurrieron en respuesta a la oración intercesora. Esto escribió Felipe Lemos en el portal de Noticias Adventistas:
“Todo parecía felicidad, pero, poco a poco, se distanciaban de Jesús, la iglesia, la fe y los principios. Milagros pensaba en aprovechar sus años de juventud junto a su enamorado. Parecía que ese Dios del que tanto había escuchado desde niña se había ido lejos. ‘Ya no tenía paz en mi corazón y olvidé mi comunión con Cristo’, afirma Milagros.
“Así pasaron cinco años. En su mente retumbaban aquellos gratos recuerdos de su niñez, cuando asistía a la Iglesia Adventista junto a sus padres y su abuela materna.
“Milagros asistió a la Escuela de Misiones, que entrena a jóvenes para ir a servir en algún lugar del mundo, y se graduó como misionera. Al final de 2019, acudió a su chequeo médico de rutina, y descubrieron la presencia de una enfermedad delicada. Ese fue el detonante para volver a la iglesia y recuperar su relación personal con Dios. En febrero de 2020, Milagros Villanueva asistió a la semana de Rescatados, en la Iglesia Adventista, y se entregó por completo a Cristo a través de una emotiva ceremonia bautismal. ‘He prometido a Dios servirlo y no volver alejarme de él’ ”, indicó.
Elena de White escribió lo siguiente: “Hoy está más cerca el día del Señor que cuando primero creímos, y deberíamos ser más dedicados, más celosos y fervientes que en aquellos primeros días. Los peligros que encontramos son mayores que entonces. Las almas están más endurecidas. Ahora necesitamos ser imbuidos por el espíritu de Cristo, y no deberíamos descansar hasta no recibirlo” (La oración, p. 31).
“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Colosenses 1:1, 2).
Pablo se consideraba el padre espiritual de los cristianos de Colosas. En general, en esta carta, Pablo refuta el legalismo judaizante, pero enfrenta también ciertos elementos paganos que buscaban degradar o eclipsar el ministerio de Cristo.
En el capítulo 1 hay cuatro secciones. En la primera, Pablo felicita a los hermanos de Colosas por la fe que tienen en Cristo, y cómo esto se demuestra en el amor que ellos manifiestan. Un detalle importante: El misionero Epafras tenía un papel importante en eso; fue él quien enseñó a los hermanos de Colosas los rudimentos de la fe cristiana.
En la segunda sección del capítulo, Pablo ora por los hermanos, para que sean fortalecidos en Cristo.
En la tercera sección, Pablo exalta la divinidad de Cristo: él es plenamente Dios, nos redimió, nos reconcilió con Dios y es la Cabeza de la iglesia.
En la cuarta sección, Pablo recuerda que es ministro instituido por Dios y su papel es colaborar a fin de que los hermanos sean presentados maduros ante el Padre.
Pablo había establecido a Éfeso como el centro de sus actividades misioneras durante unos tres años. Por la pasión que siempre caracterizó sus movimientos evangelizadores hizo que Lucas declarara que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús (Hech. 19:10) y hasta Demetrio afirmaba que Pablo había predicado en casi toda Asia con mucha persuasión apartando a muchos del paganismo (Hech. 19:26).
Se cree que dos colosenses alcanzados por el evangelio en Éfeso, Epafras y Filemón, llevaron el mensaje a Colosas. Por lo tanto, aunque Pablo pudo no ser el fundador de la iglesia de Colosas, fue, en sentido muy real, su padre.
Colosas había sido una ciudad colosal, extremadamente grande y extraordinaria en el pasado. El mensaje llegó a los colosenses para que estos no permanecieran como cristianos inferiores, sino que llegaran a ser colosales, extraordinariamente grandes por la plenitud de la divinidad, la redención y la reconciliación obrada por el único Grande de verdad: nuestro Señor Jesucristo.
Él nos hizo colosales y el pecado nos dejó en Colosas, pero la obra de Cristo en nosotros nos restaura a nuestro estado original; hoy, a través de la fe, y en breve de manera plena y definitiva por la eternidad.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
Google es uno de los buscadores de Internet más importantes. Líder indiscutible en todo Occidente, solo ha encontrado cierta competencia en China (con Baidu) y Rusia (con Yandex).
En Google se realizan más de 3 billones de búsquedas diarias. Gana un 5% de usuarios nuevos cada año. Hay más 450 millones de cuentas activas de Gmail. Tiene unos beneficios de 30.000 dólares cada minuto; el 90 % proviene de la publicidad.
El nombre Google proviene de “googol”, que es un término de origen matemático creado por el matemático estadounidense Edward Kasner. Significa un 1 seguido de cien ceros. Es un número gigante, que representa una cantidad de información aparentemente infinita. De hecho, no existe ningún elemento del Universo en una cantidad tan grande: ni estrellas, ni partículas, ni siquiera átomos.
Google organiza una gran cantidad de información, y la hace accesible y útil para todos. Hay quienes no hacen nada sin consultar a Google, el gran gigante poderoso. En él, los usuarios encuentran un amigo, un confidente, un pastor, un médico y un guía.
Si de fuente de sabiduría, amor, amistad y poder se trata, nada mejor que Cristo y su Palabra. Él es un Gigante poderoso de verdad. En él, todo lo podemos ya que nos da fortaleza para cumplir el deber, poder para resistir la tentación, fuerza para soportar la aflicción, paciencia para sufrir, gracia para crecer, valor para luchar y energía para servir.
A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo, que me fortalece.
Todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas.
Puedo enfrentar cualquier situación porque Cristo me da el poder para hacerlo.
Puedo salir airoso de toda suerte de pruebas, porque Cristo me da las fuerzas.
Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones.
Separados de Jesús, nada podremos hacer. Pero con él todo lo podremos. “Nunca se olviden de que su fuerza y su victoria consisten en trabajar juntamente con Cristo como su Salvador personal. Esta es la parte que le toca realizar a cada uno” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 41).
Te propongo un verdadero negocio con implicaciones eternas. Mucho menos de Google, y mucho más de Cristo y su Palabra.
No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11).
Había aprendido a contentarse, no en el sentido de dejarse estar, sino en el sentido de bastarse a sí mismo, pues Cristo estaba con él. El apóstol no se limita a las situaciones. Aprender a contentarse no significa falta de interés o compromiso con el progreso y el crecimiento. No son las situaciones las que iban a definir su temperatura; era Pablo el que impondría la temperatura del ambiente.
El termómetro es un instrumento que sirve para medir la temperatura del ambiente que lo rodea, de manera que se adapta a su entorno. El mercurio o el alcohol se contraen o dilatan, marcando el frío o el calor, pero el termómetro no hace absolutamente nada para cambiar las cosas a su alrededor. Solo tiene la capacidad de medir, pero no incide ni modifica nada. Se conforma con contemplar los eventos y las circunstancias, como simple espectador. Su principal virtud y propósito es informar.
Por su parte, el termostato es un dispositivo que, conectado a una fuente de calor como radiadores, aires acondicionados y otros, tiene la capacidad de regular la temperatura de manera automática, impidiendo que suba o baje del grado adecuado. En otras palabras, tiene la virtud de transformar la temperatura de su ambiente hasta alcanzar el nivel necesario y suficiente para que todo a su alrededor funcione perfectamente. No es un simple espectador sino activo protagonista. Su principal virtud y propósito es mantener la temperatura o transformar el ambiente.
Muchos son como el termómetro. Solo opinan, hablan, informan, y no hacen nada para cambiar la historia.
Muchos son como el termostato. No están sometidos a las circunstancias del ambiente, siempre están contentos, se bastan por sí mismos en Cristo y son instrumentos para transformar el ambiente.
Son como la sal, que da sabor; o como la luz, que ilumina la oscuridad. El creyente termostato según Pablo nunca se deja trastornar ni transformar por el mundo; más bien él transforma y, si es necesario, trastorna, siempre para bien.
Elena de White se refiere a estos creyentes termostatos de esta manera: “Los que aman a Dios tienen el sello de Dios en la frente y obran las obras de Dios [...] son una influencia poderosa sobre la vida y el carácter de los que los rodean [...]. Relacionados con la Fuente del poder, nunca perderían su influencia vital, sino que crecerían siempre en eficiencia, abundando continuamente en la obra del Señor” (Hijos e hijas de Dios, p. 53).
Como Pablo, sé un termostato protagonista, activo y transformador.
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).
Orar. El apóstol se refiere a la oración, la súplica y la acción de gracias. La oración incluye la adoración a Dios. La súplica es la presentación sincera de nuestros problemas y necesidades. La acción de gracias es una muestra de gratitud. Para adorar se requiere sincero reconocimiento, para suplicar se necesita sumisión y para agradecer se necesita humildad.
Daniel es un ejemplo de oración, al adorar, suplicar y dar gracias a Dios. Por eso, aun en el foso con los leones, estaba en paz; mientras que el rey, aun en el palacio, no podía dormir.
Pensar. Los pensamientos incorrectos producen sentimientos incorrectos. Solo Cristo puede llevarnos a pensar de manera correcta. Si sembramos un pensamiento, cosechamos una acción. Si sembramos una acción, cosechamos un hábito. Si sembramos un hábito, cosechamos un carácter.
Pablo nos dice en qué pensar. En todo lo que es verdadero; es decir, lo que se origina en Cristo. En todo lo honesto y justo; es decir, lo que es digno de respeto y correcto. No podemos permitir que mentiras o falta de respeto controlen nuestra mente. En todo lo puro, porque un corazón limpio es el que tiene motivaciones limpias. La acción puede hasta parecer decorosa a la vista, pero el motivo tiene que ser limpio. Ser amable es ser atractivo.
Como cristianos, debemos pensar en lo más elevado y noble del cielo y no en lo más bajo y corrupto de esta Tierra. Si hay virtud alguna, si hay algo digno de alabanza, nos motivará a ser mejores; y si es digno de elogio, es recomendable para el otro.
Actuar. No hay cómo separar lo exterior de lo interior. La mayoría de los frutos que cosechamos son el resultado de las semillas que sembramos y de las plantas que cultivamos. No alcanza con llenar la cabeza con conocimiento; es indispensable practicar, hacer, actuar.
En el pensamiento griego, conocer una silla es poder definir los materiales que la componen. Yo conozco si puedo describir.
En el pensamiento hebreo, conocer una silla solo es posible si nos sentamos en ella y nuestra espalda y nuestro cuerpo encuentran descanso.
Un viejo folleto de una institución secular como la ONU decía: “La oración es la manifestación del amor. Usted puede llegar a cambiar el mundo con sus oraciones y su accionar consecuente”.
“Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).
Si alguien tenía motivos para preocuparse, ese era Pablo: Desavenencias en la iglesia de Filipos y posible y cercana ejecución. Por eso, él explica cómo vencer las preocupaciones. La palabra “preocupación” viene de la raíz “estrangular”. Sí, las preocupaciones pueden ahorcarnos porque nos estiran en la dirección opuesta de la esperanza.
El pastor Daniel Belvedere, un hombre de Dios, igual que Pablo fue un apasionado por la predicación del evangelio y fue nuestro profesor inspirador del evangelismo. El “colocó en mis venas” pasión por la salvación de las personas. Él decía que para vencer las preocupaciones necesitamos cuatro cosas:
1-Tener un plan de acción.
2-Vivir el presente con sabiduría, de un día a la vez.
3-Colaborar con lo inevitable.
4-Confiar y depender del Señor.
Muchas canciones que son significativas nacieron de la adversidad humana. Lindsay Terry cuenta la historia de “Un día a la vez”. Marijohn Wilkin, a los cinco años, podía tocar el piano de oído. Cuando tenía catorce años, su padre contrajo cáncer, y tres años después falleció. Con dolor y con esfuerzos, ella cuidó a su madre y avanzó con éxito en sus estudios universitarios y musicales.
Con poco tiempo de casados, su esposo piloto perdió la vida durante la Segunda Guerra Mundial. A los 37 años era una de las principales compositoras de la industria de la música country. Se volvió a casar, tuvo un hijo y escribió más de cuatrocientas canciones.
En medio de la aclamación y el dinero, Marijohn dejó de asistir a la iglesia y se volvió alcohólica. Varias veces intentó suicidarse. Pero Dios, en su gracia, le salvó la vida. A los 53 años, Marijohn escribió su canción más famosa: “Un día a la vez”. Este tema musical es mucho más que eso; es una oración:
“Ayer ya paso, mi Cristo.
Mañana quizá no vendrá.
Ayúdame hoy, yo quiero vivir
un día a la vez”.
Rápidamente, este canto se esparció por todo el mundo. Ella había regresado al Señor. Ahora era una cristiana fiel y feliz.
Aunque cada día puede traer desafíos aparentemente insuperables, siempre ten en cuenta que Dios nunca nos dejará ni nos abandonará. Prepárate para el cielo viviendo un día a la vez.
“Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados” (Filipenses 4:1).
En el capítulo 4 de Filipenses, Pablo responde ciertas preguntas escondidas:
1-¿Cuál es el secreto de la victoria? Permanecer firmes en el Señor.
2-¿Qué actitud debemos cultivar incluso en situaciones desafiantes? Alegrarnos en el Señor siempre.
3-¿Cuál es la mejor manera de vivir nuestro estilo de vida? De modo moderado, íntegro y gentil.
4-Hay tantas cosas que me preocupan, ¿qué hago? No dejemos que la preocupación se haga cargo de nuestra vida.
5-Estoy angustiado, ¿qué hago? Ora a Dios, pidiéndole su paz.
6-Estoy en la duda de cómo tomar las mejores decisiones, ¿qué hago? Debemos escoger todo lo que es verdadero, todo lo que es respetable, todo lo que es justo, todo lo que es puro, todo lo que es bueno, todo lo que es de buen nombre, todo lo que es loable.
7-A veces pienso en la prosperidad y también en la falta de recursos. ¿Cómo debería proceder en relación con esto? Debemos aprender a vivir en la pobreza o en la riqueza.
8-¿Qué hago con las tantas cosas buenas que he aprendido? Vive y compártelas con las demás personas.
En atletismo existen las carreras de relevos. Son carreras a pie para equipos de cuatro o más competidores, en las que un corredor recorre una distancia determinada y luego pasa al siguiente corredor un tubo llamado “Testigo”, o “Testimonio”. Así, hasta que se completa la distancia de la carrera.
En la carrera de 4 x100, el récord mundial masculino es del equipo nacional de Jamaica, con una marca de 36,84 segundos, realizada en los Juegos Olímpicos de Londres 2012; y el de las mujeres es del equipo nacional de EE. UU., con un tiempo de 40,82 segundos en los mismos Juegos Olímpicos.
Cada corredor debe ceder el testimonio, o testigo, al siguiente corredor. El testigo es una barra cilíndrica. Tiene una longitud de 30 centímetros, un diámetro de 12 milímetros y un peso mínimo de 50 gramos. Es liso y hueco. El testigo ha de entregarse de mano a mano. Llevar el testigo es necesario para poder ganar la carrera.
Cuando Dios nos salva, opera una transformación total en nosotros. Coloca en nuestras manos el testigo, o testimonio, de nuestra salvación para que lo coloquemos en manos de otro. Nadie llegará solo al cielo. Alguien fue nuestro testigo para que nosotros seamos testigo de otros.
“Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).
La información identificaba a Orlando como una ciudad soñada. Entre las causas de su permanente atracción, se destacan los estudios Universal, el Walt Disney World, el Centro Espacial Kennedy, las playas, los museos, los parques, la pesca deportiva y los deportes de aventura. Miles de visitantes buscan descanso y placer en algunos de sus entretenimientos. Se necesitan 67 días de 8 horas para participar de los más destacados. Desde luego, visitar esta ciudad no es algo accesible para todos.
En contraste, hay otra ciudad realmente soñada, y disponible para todos. Cuando Pablo se refirió a esta ciudad, dijo que es allí donde esta nuestra ciudadanía, prometida por aquel que dijo irse a preparar un lugar para nosotros (Juan 14:1-3).
Se trata de una ciudad única, con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Es una ciudad limpia, segura, sana, perfecta, eterna y accesible para todo aquel que cree en él. La distracción, el sano entretenimiento, el descanso, la búsqueda del conocimiento, los viajes espaciales y especiales no serán esporádicos y solo para unos pocos. Todo será permanente y para todos.
Esa ciudad y esta vida soñadas son la razón de nuestra esperanza. Sabemos que, al decir de Aristóteles, “la esperanza es el sueño del hombre despierto”. Una esperanza que no está basada en poemas, filosofías o suposiciones, sino en la segura y poderosa palabra de Jesús.
Esta ciudadanía nos hace nuevos habitantes de un nuevo hábitat. Dios restaurará lo que Adán y Eva perdieron. Es la misma ciudad que los patriarcas antiguos anhelaron y nosotros esperamos conforme a sus promesas. Se barrerán y borrarán todos los recuerdos y las cicatrices de un mundo de pecado. Disfrutaremos de cuerpos perfectos y energía ilimitada para explorar las maravillas del Universo de Dios.
“Y, a medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo. Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán en aumento” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 738). Una nueva vida, una nueva ciudad, una nueva ciudadanía en la ciudad soñada por Dios: La Nueva Jerusalén
¿Te estás preparando? ¿Estas dedicando tiempo, recursos y compromiso? ¿Estas invitando y comprometiendo a otros para el viaje? La ciudad soñada está lista, la visa está aprobada, la reserva está hecha, el precio está pagado y el Arquitecto nos está esperando.
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13, 14).
Una cosa hago. A veces pretendemos estar en muchas cosas y, al final, no estamos en nada. “Una cosa te falta”, le dijo Jesús al joven rico (Mar. 10:21). “Una cosa es necesaria”, le dijo el Señor a Marta (Luc. 10:41). Cuando, como María, elegimos hacer la cosa indispensable, es la parte que nadie podrá quitarnos. Necesitamos vivir para lo que realmente importa.
Olvidando lo que queda atrás. Olvidar, en la Biblia, quiere decir no estar ya más influenciado o afectado por. Cuando Dios promete que nunca más se acordará de nuestros pecados y transgresiones, no significa que tiene mala memoria. Lo que dice es que no tomará en cuenta nuestros pecados y que no van a afectar nuestra relación con él. No podemos borrar el hecho histórico, pero sí su significado. Para Pablo, su pasado no fue un obstáculo para impedir, sino una inspiración para realizar. Algunos corren mirando hacia atrás, y por eso se caen. Tenemos que reemplazar lo de atrás por lo que está adelante.
Prosigo. Un hombre no se convierte en atleta triunfador escuchando discursos, ni viendo películas o leyendo libros, ni animando con gritos al equipo. Lo hace luego de un esfuerzo intenso. Vamos por la meta y alcanzaremos la recompensa. Proseguir es un trabajo en equipo con Dios. Él no corre en nuestro lugar y nosotros no podemos correr solos. Corremos juntos.
La historia nos dice que cuando Napoleón planeaba invadir Rusia llamó al embajador para decirle que si ofrecían resistencia serían totalmente destruidos. Con serenidad, el embajador respondió: “El hombre propone, pero Dios dispone”. Entonces, Napoleón agregó: “Dígale a su emperador que yo soy el que propone y el que dispone”.
Poco después, los hechos desvirtuaron la pretensión napoleónica. La soberbia del que cree que puede solo es necedad, mientras que sabio es aquel que prosigue por la gracia y las promesas del Señor. Dios propone y dispone.
“Permitamos que los grandes propósitos que indujeron a Pablo a proseguir rumbo a la meta frente a los problemas y las dificultades los induzcan a ustedes también a consagrarse plenamente al servicio de Dios. Todo lo que les llegue a la mano para hacer, háganlo según sus fuerzas. Sea esta la oración cotidiana de cada uno de ustedes: ‘Señor: Ayúdame a hacer todo lo mejor posible. Enséñame a hacer mejor mi tarea. Dame energía y alegría’ ” (Elena de White, Cada día con Dios, p. 372).
"Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. Para mí no es molestia el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es útil” (Filipenses 3:1).
El capítulo 3 de Filipenses nos presenta al menos siete ideas:
1-Debemos vivir teniendo como base la alegría de Cristo, que consiste en vivir a la luz de la voluntad de Dios.
2-Estemos atentos a los malos líderes religiosos, que quieren desviarnos del camino de Dios, enseñando doctrinas que no son correctas.
3-Nada de lo que hagamos o conquistemos personalmente puede contribuir a nuestra salvación.
4-Todo lo que conquistamos con Cristo es mejor y más grande que todo lo que podamos conquistar por nosotros mismos.
5-Necesitamos vivir enfocados en la salvación, caminando firmemente hacia el blanco, dejando todo lo que nos distrae.
6-Nuestra patria no es esta; nuestra patria es celestial.
7-Por su gracia y su poder, Dios transformará nuestro cuerpo imperfecto en un cuerpo de gloria.
En los primeros días de agosto de 1945, las bombas nucleares casi acabaron con las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. O’Donnell fue el hombre que capturó –dentro de tantas imágenes– a un niño de aproximadamente diez años, que llevaba en su espalda a su pequeño hermano, en Nagasaki. Cuando le preguntaron al niño si no le pesaba aquella carga, este respondió que no se trataba de una carga sino de su hermano. Desgraciadamente (como vemos en la foto), el hermanito llevado en la espalda estaba muerto y siendo llevado a la cremación. Cerca de ciento cincuenta mil vidas habían sido arrebatadas por el terror de la guerra. Pero esta historia de los hermanitos de Nagasaki calaría hondo en el corazón de la humanidad. Cuánto dolor y tristeza hay en este mundo por causa del pecado.
Jesús es nuestro hermano mayor, que nos lleva en su espalda. No para depositarnos en el crematorio de la muerte y del pecado, sino en el paraíso de la perfección y de la vida. Él vino a deshacer las obras del enemigo, para que no permanezcamos en este cuerpo de pecado, sino que seamos transformados y trasladados a una vida y una Tierra nuevas.
Vivamos agradecidos y comprometidos con aquel que nos lleva del crematorio del pecado al paraíso de la vida.
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