Meses de pataleo y llanto le costó al sector frutícola del Alto Valle de Río Negro y Neuquén conseguir fondos para algo básico pero que ponía en riesgo las exportaciones y la inocuidad de las peras y manzanas en general: la sanidad.
En el verano, siete camiones de fruta de esa región argentina eran rechazados en la frontera por Brasil, mercado más que importante para esta actividad, por constatarse la presencia de carpocapsa. Ante esto, Brasil cerró por poco más de un día ese mercado.
Con ese riesgo latente y una situación que llevó al cese de producción en decenas de chacras, el sector reclamó durante meses fondos al Gobierno nacional para asegurar esta pata clave de su producción. Se reunieron más de una vez, hicieron un frutazo en la Plaza de Mayo, y dispararon fuerte contra la administración Macri asegurando que “terminaron de destruir a los productores” y que “eran un grupo de insensibles”.