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Una de las cosas positivas de llevar asentada en un mismo lugar un tiempo, es que te da la oportunidad de descubrir grandes tesoros, en este caso en la República Dominicana. Mis tres experiencias anteriores no me daban para conocer a fondo los países en los que aterrizaba, pues a la que me había instalado de nuevo me tocaba hacer las maletas.
Como extranjera en el país, me intereso por las historias que me rodean. Soy de las que huye de las generalidades y de los estereotipos, cierto. Pero también sucede que cuando te mueves siempre en los mismos ambientes acabas creyendo que todos somos iguales.
Recientemente, y con motivo de un trabajo de investigación para la universidad, tuve la oportunidad de conocer la historia de una mujer que me inspiró escribir este post de hoy. Una de esas mujeres que lamentas no haber conocido.
Sonia Pierre, repito, es una de esas mujeres que hubiera querido conocer. Un icono en la lucha de los derechos humanos en la República Dominicana que supo dar visibilidad internacional a esta situación de marginación y exclusión social, administrativa y legal a miles de personas que no existen para el resto de la población.
Sonia Pierre fue la abanderada no sólo de los apátridas, sino del Movimiento de las Mujeres Dominico-Haitianas en la República Dominicana. Defensora de los Derechos
GTD es el acrónimo en inglés del sistema Getting Things Done. O dicho de otro modo, un sistema que te invita a vivir de manera organizada y con eficacia: el arte de la productividad sin estrés. Pero para mí, que creía vivir en un sistema de organización infalible, GTD era (y sigue siendo) sinónimo de Gana Tiempo para el Disfrute.
Cuando decimos que el mapa no es el territorio hacemos referencia a todas aquellas personas que creen que su mundo, tan pequeño y limitado, es el único. Tendemos a pensar que nuestra realidad es la verdadera, lo cual ha ocasionado no pocas guerras y conflictos. En nuestro día a día, cada uno opina desde su limitado conocimiento y desde su perspectiva, su territorio.
Vivir en Dominicana sin duda da para escribir un libro de anécdotas y experiencias sin fin. Al final voy a creer a los que dicen que podré llevar 20 años aquí y aún seguiré sorprendiéndome como ya conté la semana pasada. Y no es que acumule anécdotas para escribirlas al cabo del año, para nada. De hecho, un post semanal no es suficiente para todo lo que sucede. Las vivencias de esta semana pasan por
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