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Karolina es una joven llena de energía que ha dejado toda su vida en Costa Rica para trasladarse a vivir a la República Dominicana. Decidió ser valiente y dejar su trabajo estable tras 8 años en la misma empresa, a su familia y emprender la aventura con su pareja. Dar el salto y empezar de cero ha sido una sacudida emocional.
Los primeros meses fueron como unas vacaciones infinitas, sentía que experimentaba su viaje más largo, llena de ilusiones y emociones. Sentía un chute de adrenalina en todo su cuerpo ansiosa por conocer lugares nuevos.
Hasta que tocó con los pies en el suelo y de pronto se vio en la realidad del lugar de acogida, ajena a su hábitat y a todo lo que estaba acostumbrada. Sabía que tocaba empezar de cero.
Define su experiencia tras los primeros seis meses como un proceso no reversible. Si lo haces, que sepas que haces algo que te va a cambiar la vida. Vaya bien o vaya mal, uno ya no vuelve a ser el mismo.
Cada uno es hijo de su padre y de su madre, y con los expatriados repartidos por el mundo ocurre lo mismo. Cada uno de los que un día decidimos liarnos la manta a la cabeza lo hicimos por muchas y variadas razones. Es probable que si un día nos juntáramos todos saldrían muchas historias que contar.
Así quiso hacerlo el pasado 30 de Julio 2018 la red social para expatriados Internations cuando publicó una extensa y completísima encuesta (Expat Insider) sobre los diferentes perfiles con resultados muy curiosos. Aunque, como toda encuesta, esté sesgada, se entrevistaron a 18 mil expatriados repartidos en 187 países.
Por ejemplo, llama la atención que la edad media del Expat sea de 44 años, lo que me sitúa –por los pelos- por debajo de la media. La mayoría son personas solteras sin pareja, por lo que resulta extraño que uno de los mayores problemas de los expats sea, precisamente, encontrar pareja.
Entre hombres y mujeres la cosa está equilibrada. Los países donde se concentran el mayor porcentaje de expats son Alemania, EUA y Suiza, por este orden. Y los campos profesionales mayoritarios son la educación, IT y la ingeniería y manufactura.
¡No quiero irme de México lindo! Repito una y otra vez después de nueve maravillosos días en el país que lo tiene todo. Mi marido me mira sonriendo mientras me increpa que digo lo mismo cada vez que regresamos de un viaje. Que me enamoro de todos los lugares que visitamos o de los países en los que hemos vivido. Me recuerda que incluso echo de menos Qatar. Se ríe.
No puedo pegar ojo, ya en mi cama, en la República Dominicana donde sé que me va a costar readaptarme otra vez. Esta vez es diferente, le digo, porque ya hemos vivido en México, no ha sido descubrir un lugar exótico, nuevo, diferente. De hecho hemos continuado nuestra ruta maya que iniciamos tres años atrás en la península de Yucatán.
“Hay una especiede magia cuando nos vamos lejos y, al volver, hemos cambiado” (Kate DouglasWiggin).
No puedo dejar de sentirme triste esta mañana, extraña en una casa que hace dos semanas llamaba “mi hogar”. Ni siquiera me apetece dar esos largos paseos por la playa que prometí recorrer todos los días por todos aquellos en los que no tuve la oportunidad y por los días futuros que no tenga la fortuna de vivir tan cerca del mar.
Este viaje a México ha sido más que una ruta por la región de
Luz es una joven costarricense que considera que dar el salto a la aventura expat es una oportunidad para conocerse, cuidarse y aprender a valorar el placer de las pequeñas cosas.
Ha ganado confianza en sí misma tanto en lo personal como en lo profesional. No es la misma que hace tres años cuando salió de su hogar familiar. Dice, “los miedos estaban en mi mente”.
Entre sus recomendaciones para adaptarse al lugar de destino cree que cuanto antes entiendas la cultura de acogida más fácil será la adaptación.
Para conocer gente te cuenta que es muy útil inscribirse en cosas que te gusten como ir a clases de salsa. También ha tenido la oportunidad de abrir el abanico a personas de diferentes edades y nacionalidades.
Su frase favorita ahora también es la mía “a veces regresar es mejor que nunca
La expresión carpe diem proviene del latín y significa, literalmente, disfruta del presente. Se utilizó en las mismísimas Odas de Horacio para aconsejarnos que no nos preocupemos por el futuro.
Del latín también nos llega la menos conocida beatus ille, con la que Horacio escribe un elogio a la vida retirada. Nos habla de la sencillez de la vida rural.
Ambos consejos los tomo muy seriamente, especialmente el segundo desde hace unos años puesto que el primero creo que es innato en mí. Para el poeta romano -hablamos del siglo I aC.- el campo era el marco ideal para conseguir la felicidad.
Y no lo decía sólo él, pues ya los griegos de hace dos mil años nos explicaban que el hombre no podía ser completamen
Hoy es uno de esos días en los que puedo pasar de la rabia al enamoramiento en cuestión de minutos. De hecho, así ha sido desde que me he levantado a las 6 de la mañana. Y sí, soy toda pasión.
Y ahora que me siento delante del ordenador, intentando poner en orden mis pensamientos para empezar a teclear, me doy cuenta de que ésta es la grandeza (o la miseria) de este país que me acoge. La capacidad que tiene la República Dominicana para despertar en mí lo peor y lo mejor en cuestión de minutos, horas, un día.
Paso de la emoción al borde de las lágrimas al ver un amanecer tras otro a cual más sangriento a las lágrimas de rabia al pasar por montañas de basura en las paradisíacas playas del Caribe.
Empecé a escribir este blog bajo el título de “Retratos de la vida” porque quería de alguna manera transmitir cada sensación y cada experiencia desde el primer instante que empecé mi segunda vida como expat.
Tras 38 años viviendo la vida para la cual hemos sido educados, todo se puso del revés: a nivel personal, a nivel de pareja, familiares y amigos y también en lo profesional.
Dar el salto a una experiencia como dejarlo todo y mudarte al extranjero para empezar de cero ha sido la decisión más importante, hasta el momento, que he tomado en mi vida.
Me
Si ya de por sí que un matrimonio o una relación funcione en el día a día es una tarea que requiere esfuerzo y dedicación, cuando se emprende la aventura de salir de la rutina para empezar de cero en otro país y en otra cultura, es como hacer una ginkana. Si se tienen hijos es como la guinda que corona el pastel. Y si la pareja es de diferente nacionalidad es ya como intentar un triple salto mortal con tirabuzón.
Almudena nos cuenta su propia experiencia. Ella es española y reside en Madrid. Conoció lo que es salir de la conocida zona de confort cuando decidió pasar del pueblo a la capital. Se siente desubicada en su lugar de origen, pero lo que no sabía entonces era que sólo era el principio de los muchos escenarios en los que iba a batallar.
Conoció a su actual pareja cuando ésta acababa de llegar de la República Dominicana. Estudiaron juntos, se enamoraron y para que la relación funcionara tuvo que abrir su mente para poder aprender la cultura de su pareja.
Si algo he aprendido en mi vuelta al mundo como expat, es que aún no he perdido la capacidad de sorprenderme. Lo cual es importante a medida que me hago mayor. Por eso me alegra cuando Gabriel, que lleva 38 años fuera de su Argentina natal y con quien coincidí en Qatar, me dice que cada cambio le provoca un chute de adrenalina e ilusión. Cada paso que ha dado le ha proporcionado más seguridad y confianza, y que ya no se reconoce en aquel joven que dejó su tierra de origen.
He aprendido que la felicidad no está en los lugares en los que te instalas, sino lo que vives en ellos y en las personas con las que te rodeas. Que la mayoría de las veces depende de nosotros mismos salir con éxito de cada mudanza. Son nuestras creencias, limitaciones, prejuicios o estereotipos los que nos impiden avanzar y a no apreciar lo que tenemos a nuestro alrededor.
Se supone que no está bien hablar de uno mismo, sobretodo hablar bien. Pero estas últimas semanas, en plena recta de fin de año, me siento realmente bien. Me siento bien conmigo misma y pienso que a mi manera, estoy poniendo mi granito de arena para hacer felices a las personas que me rodean.
Todos hemos querido en algún momento de nuestra vida hacer de este mundo un lugar mejor para vivir. Todos hemos soñado con dejar nuestra huella en el planeta. Y con frecuencia olvidamos que no es necesario haber inventado nada, ni salir en las portadas de las revistas, ni haber ganado un premio importante.
Las personas normales como tú y como yo somos las que realmente podemos cambiar las cosas sin que nos demos cuenta. Y no he sido plenamente consciente hasta hoy.
Los niños son felices porque no tienen un archivo en sus mentes llamado “todas las cosas que podrían salir mal”. Marianne Williamson
Hoy me he levantado cansada, muy cansada. Mi marido, a quien no se le escapa nada, me ha preguntado qué
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