Jesús aconseja a sus discípulos a estar siempre atentos. Como guardias vigilantes. E, implícitamente, les exhorta contra la pasividad, el inmovilismo, la negatividad y miedo al futuro. Es el sentido de nuestra espera de la venida del Señor, que vivimos de un modo especial en el Tiempo de Adviento: una espera segura, no incierta, vivida plenamente, pues lo esperado ya está ocurriendo. ¿Y qué es, concretamente, lo esperado? Es lo que esperamos encontrar en esta reflexión.