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El régimen tributario especial que por 20 años ha amparado inversiones en la zona fronteriza debe depender de una evaluación de resultados concretos para esas comunidades.
Comprobar que las concesiones que restan ingreso al Fisco se han traducido en la real creación de más empleos. Se alega que el impacto ha sido pobre y en algunos casos, ninguno, lo que significaría que deban crearse condiciones más favorables a los emprendimientos, que no necesariamente se basen en más exenciones fiscales.
Y sin que se pretenda mover más la economía regional y el ingreso a sus habitantes solo haciendo sitio a grandes proyectos empresariales. Los mayores creadores de puestos de trabajo siempre han sido los negocios pequeños y medianos. De otro lado, vale escuchar a defensores de los incentivos actuales.
Vale Tomar en cuenta que el cooperativismo puede ser una de las columnas del desarrollo y multiplicador del ahorro regional para cientos de miles de familias. Por demás, el hecho de que una o varias fábricas se instalen en equis sitios por estar libres de impuestos no quiere decir que los beneficios que arrojan quedan en el mismo lugar, y menos si se instalaron en provincias sometidas a una disminución de habitantes y de calidad de vida. Sus operaciones mayores de almacenamiento, distribución y contratación de personal podrían tener mucho más presencia fuera de sus sedes aparentes. Una función social trunca.
Barreras a la tranquilidad
La contagiosa incertidumbre disparada por el virus SARS-CoV-2 recae mucho sobre los adultos mayores, como bien reconocen autoridades sanitarias, aunque el pánico por un enemigo sigiloso, invisible, circula por todas las edades. Contraponerse a las alteraciones emocionales no es fácil. Tanto porque el factor asistencial no es tan accesible como debiera, como porque los tratamientos farmacológicos son de difícil adquisición, no solo por los precios. También por rigidez sobre sustancias controladas.
Las vías por las que deben transitar las personas atormentadas de pocos ingresos deben estar más abiertas, si ya existe plena comprensión oficial de lo que la pandemia representa para la salud mental. Además, debería andarse a prisa por los medios de comunicación con mensajes que motiven a asistir a consultas de psiquiatría y psicología.
No debe estar pospuesta indefinidamente la decisión de explotar la riqueza aurífera de la provincia de San Juan.
Sería irracional seguir indiferentes, y en medio de la pobreza de siempre, mirando sin reaccionar los suelos que contienen casi tres millones de onzas del precioso metal.
Establecer si conviene hacer provecho o no de la excepcional reserva confiere máxima importancia a un estudio de impacto ambiental que se ha quedado en mera intención.
La voluntad del Gobierno está del lado de acogerse al parecer de los sanjuaneros, libremente expresada en alguna encuesta confiable y de amplio espectro, preferiblemente después que expertos al servicio de la nación, no de intereses particulares, establezcan que las técnicas de extracción del oro disponible o en oferta serían amigables con los humanos y la naturaleza, vista en todos sus valiosos aspectos.
Aun cuando exista el propósito de obtener el mineral principal y los asociados con prácticas subterráneas que respeten la superficie del terreno que lo cubre y sin derivar efectos contaminantes hacia los entornos habitados, o bajo producción agrícola y ganadera, debe garantizarse que no habría infiltraciones que conspiren contra otras riquezas del subsuelo como el agua asociada a ríos y pozos imprescindibles para múltiples fines provechosos. Con la verdad en mano se sabría qué hacer con el oro en uno u otro sentido.
Que el Estado duela a todos
De urgencia es erradicar de manera generalizada la errada suposición de que los bienes que llamamos públicos no tienen dueños.
Una invisibilidad o falsa ausencia de propietarios de las que se han valido destructivamente círculos políticos que logran con cierta regularidad tener la sartén por el mango.
Desde ellos ha existido poco interés de montar controles institucionalizados para efectiva protección de los patrimonios nacionales.
La consigna de hacerle fiesta a lo que nada nos cuesta ha presidido muchos actos de poder. Contratar y comprar para el Estado con movimientos bajo la mesa para el excesivo lucro particular.
Subirse sueldos inmoderadamente y crear cargos supernumerarios y una particular y costosa preferencia por los pasajes de primera y los hoteles más caros en el exterior. Abusos que contribuyeron a un enorme endeudamiento.
Ante la realidad de factores alcistas relacionados con mermas de producción y de mayores costos de materias primas importadas, los efectos pueden ser peores para los consumidores si en algunos tramos de la intermediación de los productos de primera necesidad el afán de lucro triunfa sobre el sentido de los límites.
Es inaceptable que en medio de tensiones por la crisis económica, se pretenda ensanchar los márgenes de beneficios.
Las autoridades deben estar alerta a la posibilidad de que en medio de las pérdidas experimentadas en la cuarentena por los distribuidores de artículos esenciales, venga ahora una ola de encarecimientos para recuperar el terreno perdido.
La irracionalidad por afán de lucro haría más prohibitivos los precios para gente de bajos recursos, en perjuicio también de la clase media.
El problema estructural más perjudicial a los destinatarios finales de bienes es el exceso de participantes en la distribución.
El viaje de mano en mano hasta llegar a las ciudades convierte, principalmente, a los renglones de la agropecuaria en fuentes de excesivos beneficios para proveedores a costa del comprador.
El Estado ha fracasado en influir con mecanismos de mercadeo propios para que el agio no se pase de la raya. No basta con medidas de emergencia de corto alcance. La ansiada estabilización es quimérica.
La falta de regulaciones de mercado perjudica por igual a productores y consumidores.
El mimetismo de los colmadones
La falta de reglas ineludibles que definan con claridad sus fines, permitió que muchos establecimientos para la venta en general de comestibles y bebidas, entre otros artículos de consumos hogareños, devinieran en bares demasiado abiertos al público, casi siempre ruidosos, y con espacios para bailar que ahora las autoridades tratan de ponerles un «pare ahí» en atención a la pandemia.
Ha sido una desviación por permisividad de consecuencias contrarias a la convivencia social con contaminaciones sonoras y exhibición de excesos en ingestas alcohólicas adversa al interés de preservar a la niñez y a la adolescencia de acceso a sustancias que el propio Estado estima dañinas y les fija normas de moderación. Otros países restringen tales expendios subordinándolos a llenar requisitos para impedir daños físicos y morales a los entornos.
La actividad económica, generadora de utilidades y empleos, se manifiesta en escala de mayor a menor, desde el empresariado grande al mediano y pequeño.
Todos son importantes pero las mipyme constituyen las que generan, globalmente, más puestos de trabajo.
Bienvenido sea todo nuevo esfuerzo estatal para el relanzamiento y mitigación de efectos de pandemia en unidades de producción y comercio de poca envergadura. El accionar de los negocios ha declinado por las restricciones conocidas. Llevados a cierres provisionales o definitivos.
La calidad de vida de quienes dependen de ellos desciende peligrosamente. Fabricantes y vendedores de cara a la extinción total o parcial de sus ingresos. Su disminución de movimientos no parece determinante para la contención al virus SARS-CoV-2.
Lo que había hecho hasta ahora la cuarentena, flexibilizada desde ayer, es poner entes de sustentación de familias e inversiones en «toque de quiebra», mientras tirios y troyanos coinciden en que los contagios se deben, más que a otras causas, a comportamientos colectivos de indisciplina.
Que mucha gente actúa sin restringirse de contactos arriesgados que se consiguen aunque se apliquen restricciones al discurrir empresarial a todos los niveles, con graves repercusiones sobre patrimonios y múltiples desempeños ciudadanos por ausencia de un esquema a favor de la salud y el trabajo al mismo tiempo.
El poder emana de los votantes
No cesan las voces que, desde el propio partido que ganó las elecciones presidenciales pasadas, reclaman cargos públicos para numerosos activistas como reparto ineludible, razonable y obligado.
La adhesión a la cultura que pretende al Estado como botín para usufructos más allá de los puestos clave, expresa un vicio añejo de la realidad vernácula que es necesario superar. Se otorga el solio por un ejercicio universal que sobrepasa las etiquetas partidarias.
A las urnas acude un amplio porcentaje de ciudadanos sin afiliación alguna, que no hay derecho a encasillar con exclusividad en el emblema del candidato ganador, que allí llegó más que nada por aceptación de sus argumentos por una mayoría silente, que esta vez renegó de estilos de Gobierno atados a vicios de la política, como ese de facturar victorias.
Como sacada del más recóndito lugar del ya alejado pueblo de Macondo que nos describe Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, llega Cómo agua para Chocolate, de la escritora mexicana Laura Esquivel. Esta novela es otra muestra del hermoso y tan bien logrado realismo mágico de América Latina que por varias décadas ha contribuido poco a poco a definir una identidad literaria con sello latinoamericano.
Escrita en el año 1989, esta novela gira en torno a lo que podemos llamar un amor imposible que juega a la par con el arte culinario y doce de los platos más emblemáticos de la cultura mexicana. Esquivel nos muestra una historia en forma de entregas por partes, en el libro son tratadas estas partes una por mes para un total de doce y cada una de ellas inicia con las instrucciones e ingredientes para un plato en particular. Una vez se supera la parte de las instrucciones, da paso al intenso drama que estaremos viviendo de inicio a fin de la trama.
Tita es la más pequeña de sus hermanas, viven en un típico rancho mexicano con su madre y las sirvientas. Pedro está enamorado de Tita y se decide a pedir su mano, petición rechaza al instante por la madre de ésta y que en consecuencia, le propone a Pedro que se case con otra de sus hijas, Rosaura. Tras esta decepción, Tita decide darse refugio en la cocina y así empezamos a vincularla con cada platillo que da inicio a los capítulos, sin que ella abandone en ningún momento la lucha por el amor de Pedro, aún mostrándole el destino el refugio en los brazos de otro hombre. Con esta novela caemos en cuenta de una hermosa manera de que no tendremos siempre a mano los ingredientes necesarios para ser felices.
Entre el desarrollo del matrimonio de Rosaura y Pedro, se transcurre en la historia una cantidad hilarante de situaciones cotidianas en el rancho y fuera de él que en combinación con el drama propio de la historia, forman la partida perfecta para querer devorar página por página el libro.
Laura Esquivel, sin lugar a dudas, marcó un antes y un después en la literatura mexicana moderna con esta magnífica obra que se ha convertido en una novela con peso, con trascendencia, una novela universal, o como muchos se atreven a llamarla, un clásico moderno del imaginario mágico colectivo. ¡Se las recomiendo!
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1984, por George Orwell
Distopía: Sociedad imaginaria bajo un poder totalitario o una ideología determinada, según la concepción de un autor determinado, que sería lo opuesto a la utopía. Así define la Universidad de Oxford esta interesante palabra que marca una enorme característica en una de las obras de George Orwell, 1984.
No en vano he considerado a 1984 como uno de los mejores libros que me haya leído en toda mi vida. O más bien, debo decir releído, ya que en más de una ocasión he recorrido sus páginas de inicio a fin.
Esta magnífica obra de George Orwell, escrita y y publicada entre 1948 y 1949, nos coloca en medio de una sociedad distópica bajo el control de un gobierno autoritario y totalitario. Un gran representante de la opresión y la privación de la libertad vigila a la población, si es que podemos llamar vigilancia al uso de tantos mecanismos para el control de las masas. Ese representante es el Gran Hermano, máximo líder político del partido gobernante.
Por otro lado, se encuentra la Policía del Pensamiento, que viene a ser una especie de mano ejecutora, de representación directa del Gran Hermano y que tiene la capacidad de escuchar y conocer los pensamientos de las personas, de aquellos que forman parte de la plebe de Londres. Winston Smith forma parte de este grupo de personas, un trabajador del Ministerio de la Verdad y cuyo trabajo (al que no puede rehusarse de hacer) es alterar noticias pasadas con nuevas informaciones para manipular de esa manera a los ciudadanos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Winston va cayendo en cuenta que más allá del control que ejerce el Gran Hermano, hay una posible esperanza de cambio y una resistencia que persigue abolir al Gran Hermano y toda su maquinaria autoritaria, o al menos eso es lo que Winston cree.
1984 es uno de esos libros que continúa ganando cada vez más y más lectores, y no es para menos, puesto que la trama que nos narra Orwell en esta novela distópica es de fácil extrapolación a muchos panoramas políticos y sociales que le siguieron a la década de 1940 en todo el mundo, desde Rusia, China, Estados Unidos y varios países de América Latina.
Junto a Un mundo feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y El cuento de la criada de Margaret Atwood, 1984 viene a formar parte de los pilares del universo distópico en la literatura universal.
Hace 70,000 años al menos seis especies de humanos habitaban la Tierra. Hoy solo queda una, la nuestra: Homo Sapiens. ¿Cómo logró nuestra especie imponerse en la lucha por la existencia? ¿Por qué nuestros ancestros recolectores se unieron para crear ciudades y reinos? ¿Cómo llegamos a creer en dioses, en naciones o en los derechos humanos; a confiar en el dinero, en los libros o en las leyes? ¿Cómo acabamos sometidos a la burocracia, a los horarios y al consumismo? ¿Y cómo será el mundo en los milenios venideros?
En este magnífico ensayo que lleva por nombre Sapiens: De animales a dioses, Yuval Noah Harari traza una breve historia de la humanidad, desde los primeros humanos que caminaron sobre la Tierra hasta los radicales y a veces devastadores avances de las tres grandes revoluciones que nuestra especie ha protagonizado: la cognitiva, la agrícola y la científica.
La obra se encuentra dividida en cuatro partes, en la primera Harari nos habla sobre los orígenes del mundo y las diversas evoluciones del género Homo hasta llegar a Homo sapiens y de cómo esta especie se impuso ante otras similares.
La revolución agrícola es parte esencial de la segunda parte del libro. En esta podemos apreciar con bastante detalle como las sociedades pasaron de ser recolectores y cazadores nómadas a pastores ya con cierto nivel de sedentarismo hace 10,000 años con la normalización de la agricultura. De igual forma, en este capítulo se abre espacio para reflexiones del orden natural de las cosas, predominio del hombre sobre la mujer y el dominio histórico de los más fuertes sobre los más débiles.
En la tercera parte del libro ya nos adentramos en la edad moderno y el papel de las religiones, tanto monoteístas como politeístas, guerras santas y cruzadas en el curso de las sociedades.
El cuarto y último apartado está dedicado a la revolución científica, abarcando un período de 500 años, considerando por supuesto el concepto y contexto tecnológico para aquellos avances y herramientas que nos han facilitado la vida desde antes de la revolución industrial hasta la ingeniería genética de hoy en día.
Sapiens es, sin lugar a dudas, una lectura altamente recomendada en estos días, para lectores habituales y aquellos que no tienen la lectura como actividad en su vida diaria.
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En 1856 el escritor Gustave Flaubert escandalizó los ánimos franceses con una historia que muestra a una joven esposa ávida de cariño y en constante aburrimiento de su esposo, la cual se ve necesitada de placeres carnales fuera del matrimonio.
Siendo en esa época Francia y toda Europa mayormente conservadora fue alarmante que Flaubert no condenara en su novela las acciones de esta protagonista, todo lo contrario, estas acciones son puestas de manifiesto durante todo el libro, de inicio a fin. Y es que a pesar de todo esto, Madame Bovary es hoy en día una de las novelas francesas más importantes y que marca una pauta importante en el Realismo literario que surge justamente en Francia a mitad del siglo XIX tras la revolución burguesa de 1848, solo 8 años antes de la publicación del libro.
A Emma, nombre real de Madame Bovary, no sé si podemos llamarla heroína o villana, o verla simplemente como un retrato impersonal de una circunstancia, de una realidad miserable que no tiene muchas esperanzas tras el propio aburrimiento de estar casada con un doctor que poco o nada le interesaba el tacto con su esposa más allá de lo estrictamente necesario y más enfocado en el que dirán que en su propia vida matrimonial y profesional.
Tras el éxito rotundo del libro se acuñó con el tiempo el término bovarismo para referirse a la confusión de la realidad con la ficción de las novelas, justo como vivía Emma en la historia. Interesante, ¿no?
Sin lugar a dudas Madame Bovary es un libro que recomiendo a voces.
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