El tener una perspectiva positiva a las circunstancias diarias de la vida, es esencial para el éxito. Sin embargo, si nuestra percepción no da lugar al conflicto que hay entre el bien y el mal, triunfando al final el bien, nos sentiremos desilusionados; por esto, se nos da el tercer mandamiento de regocijarnos.
Mandamiento tres: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5:11-12).
Entre más meditemos en este mandamiento, mucho más descubriremos las riquezas que hay por vivir conforme a los caminos de Dios. Estos tesoros están basados en la promesa de que vamos a experimentar recompensas inesperadas, así como traer luz a los “aborrecedores de la luz”, si es que reaccionamos correctamente a sus ataques.
Cuando uno se convierte en un seguidor de Jesucristo y deja de hacer las cosas que los amigos impíos practican, esos mismos amigos se sienten culpables por sus caminos de maldad; en esa condición, sólo tienen una alternativa: o responden a los impulsos del Espíritu Santo por la convicción de su pecado y se arrepienten, o reaccionan en contra de los reglamentos establecidos por Dios demostrados en la vida de los creyentes.
Pedro describe este conflicto al declarar que los amigos impíos nos vituperarán: “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan” (1 Pedro 4:4). Isaías también habló de esta reacción cuando dijo: “Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho” (Isaías 59:15).
En medio de esta reacción de menosprecio, se nos insta a “regocijarnos, y estar sumamente alegres”. Así que, Dios conoce algo que nosotros ignoramos acerca del beneficio y de las recompensas de ser vituperados por hacer el bien, y esto es lo que queremos meditar en esta semana.
La reacción emocional de nosotros cuando el bien que hacemos es mal recibido, revela mucho de nuestro nivel de madurez en los caminos de Dios.
Cuando yo era un adolescente, observé Mateo 5:11-12 en acción. Mi padre era el director ejecutivo de una compañía de publicidad de ingeniería civil. Los papeles estaban en orden para que él llegara a ser el presidente de la compañía y gozar de un salario muy alto. Él era el favorito del jefe, que a su vez se convertía en el jefe principal de la corporación, hasta que mi padre se convirtió al Señor, y ya no participó de las actividades relacionadas a las promociones, tales como el alcohol.
Su posición favorable con el jefe, poco a poco fue disminuyendo, hasta que un día fue confrontado con un ultimátum: o violaba su conciencia o dejaba el trabajo. Cuando mi padre tomó la decisión de abandonar la compañía, con una esposa y seis hijos que alimentar y sin tener ninguna propuesta de trabajo, él experimentó más vituperio de parte de los demás y muchas veces de fuentes inesperadas. En el devocional de mañana, les diré qué fue lo que pasó por causa de su decisión.