Permanecer
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Permanecer episodes

  • Día 41 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Examina tu espíritu!

    La verdadera reconciliación nos demanda estar genuinamente arrepentidos, ser humildes y transparentes, sinceros delante de Dios y delante de la persona a quien hemos ofendido. Estas cualidades han de ser expresadas por medio de actitudes, acciones y palabras que usemos para pedir su perdón.

    La reconciliación abarca una comunicación de espíritu a espíritu en la cual nuestra sensibilidad y sinceridad sean claramente discernidas.

    Ya que pocas ofensas son 100% nuestra culpa, y ya que instintivamente buscamos maneras de justificar nuestras acciones, nuestro reto más grande en la reconciliación será enfocarnos en nuestra parte de la ofensa y sinceramente lamentarnos en ella. La falta de un arrepentimiento sincero será demostrado por expresiones tales como: “Si yo tuve la culpa, ¿Me perdonas?” O “Yo reconozco que tuve parte de la culpa, por favor perdóname” o “comprendo que te ofendiste por lo que hice, te pido disculpas”.

    Jacob sabía que la preservación de su vida y la de su familia dependían de que hiciera una reconciliación de la manera correcta. Esaú venía al encuentro de Jacob con 400 hombres, pero Jacob sabiamente le envió regalos antes de estar cara a cara con él. La Escritura declara: “La dádiva en secreto calma el furor, y el don en el seno, la fuerte ira” (Proverbios 21:14). Jacob se refirió a sí mismo ante Esaú como siervo y describió a Esaú como señor. Había luchado con el ángel de Dios por una bendición y se había postrado delante de Esaú siete veces antes de abrazar a su hermano ofendido.

    Cuando Esaú detectó evidencias de un arrepentimiento sincero, corrió a encontrarse con Jacob, lo abrazó y se colgó de su cuello llorando, y ambos se besaron llorando. Jacob demostró más sinceridad al decirle: “…yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido” (Génesis 33:10).

    El hijo pródigo escogió cuidadosamente las palabras que iba a emplear en la reconciliación: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado tu hijo; hazme como uno de tus jornaleros” (Lucas 15:18-19).

    Una petición de perdón debe ser lo más corta posible ya que es el espíritu de uno el que hará la verdadera comunicación. Debes explicar la manera en que Dios te convenció de qué tan equivocado estabas en ofender a la persona, y que has venido a pedir perdón. Explica también cómo sientes que tu ofensa lo haya lastimado. Entre más comprendas y “sientas” su herida, será más fácil para la otra persona perdonarte. Prepárate para hacer restitución financiera si los daños son tangibles.

    Antes de ir, pide a un amigo que ore por ti. Esto te fortalecerá y te motivará a seguir a través del acto de “negarte a ti mismo”, para poder experimentar así la profundidad de la experiencia de una vida verdadera.

    4 min
  • Día 40 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Discierne el tiempo correcto!

    Dios emplea una analogía muy significativa para describir a una persona que está ofendida: “El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar” (Proverbios 18:19).

    En los días en que las ciudades estaban amuralladas, había solamente tres maneras de conquistar la ciudad. La primera era asaltar los muros. Este método era muy sangriento y muchas veces no se lograba el objetivo. El segundo método, era tratar de derribar los muros. Este era una gran operación y requería gran maquinaria de guerra. El tercer método era el más efectivo, pero requería paciencia, esperando que alguien saliera de la ciudad y dejara la puerta abierta, y alguien entrara a través de la puerta y así la conquistaran.

    Encontrar el tiempo correcto requiere preguntar: ¿Cuándo puede estar esta persona más dispuesta y abierta a mi apelación por una reconciliación?

    Generalmente, cuando buscamos reconciliación, lo mejor es establecer una cita con la persona y encontrarse cara a cara. Pero cuando un encuentro personal puede causar problemas, entonces lo conveniente es una llamada telefónica. Ahora, llamar muy temprano en la mañana o muy tarde en la noche puede ser inapropiado. Tampoco es recomendable llamar en tiempo de comidas o en el tiempo en que se cree que la persona está más ocupada. Pídele a un amigo cercano de la persona ofendida, que te sugiera cuándo es el mejor tiempo para llamar o para hablar personalmente.

    Lo importante es asegurarnos que lo hacemos. David ciertamente ofendió a toda la familia de Betsabé cuando cometió adulterio con ella e hizo planes para matar a su esposo. Posiblemente, David tuvo muchas oportunidades para reconciliarse con los miembros de la familia de ella, pero parece ser que no lo hizo, como lo demuestra la reacción de Ahitofel, el abuelo de Betsabé (2 Samuel 11:3; 23:34).

    Ahitofel fue uno de los consejeros más sabios y de más confianza de David, pero posiblemente la ofensa de David con Betsabé su nieta, causó que en Ahitofel se desarrollara amargura y con el tiempo deseara su muerte. Cuando Absalón se rebeló en contra de David, Ahitofel se unió a la rebelión y le dio consejos precisos a Absalón de cómo destruir a David. Si Absalón hubiera seguido su consejo, sí hubiera podido destruir a David.

    Una vez que nos hayamos preparado con la restitución y después de haber luchado con Dios por la bendición, podemos anticipar la guía y el tiempo correcto de Dios.

    Ya que el mandamiento nos instruye a dejar la ofrenda en el altar e ir a buscar reconciliación, el tiempo más apropiado es el día y el momento en que Dios nos recuerda la ofensa. En los Salmos leemos: “¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?... Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (Salmos 34:12,14).

    ¿Te ha recordado Dios acerca de personas a las cuales has ofendido? Hagamos de este día, el día de reconciliación, para liberar a las personas de su amargura y que experimenten tanto ellos como nosotros la bendición de poseer una conciencia limpia.

    4 min
  • Día 39 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Lucha por las bendiciones de Dios!

    Un factor clave para lograr la reconciliación, es comprender que nuestros enemigos están bajo el control de Dios. Es en esta base que las Escrituras declaran: “Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7).

    Antes de que Jacob se encontrara con Esaú, Jacob había luchado con el Señor para obtener “poder con Dios y con los hombres” (Génesis 32:28).

    Luchar con Dios significa que nos desesperamos por lograr la reconciliación y que comprendemos que a no ser que Dios obre en la situación, las cosas irán de mal en peor. Significa también que escudriñamos nuestro corazón y nuestras vidas para ver por qué razón Dios levantó a nuestros enemigos. Por ejemplo, Dios bendijo a Salomón con un corazón sabio y entendido; sin embargo, cuando Salomón violó los mandamientos de Dios y permitió que su corazón fuera desviado por mujeres extrañas, Dios levantó enemigos significativos en contra del reino de Salomón, los cuales eventualmente causaron la división del reino de Israel (1 Reyes 11).

    Un día, un hombre se quedó sorprendido cuando su esposa le anunció que quería el divorcio. Él pensó que tenían un buen matrimonio y no miraba la razón por qué ella quisiera tomar tal acción. Ella también se sorprendió de que él pensara que tenían un buen matrimonio, lo cual sólo le confirmaba cuán insensible y egoísta era.

    En los siguientes meses, el trató de ganar su afecto al regalarle cosas. Pero esto sólo la convenció más de quitarlo de su vida. Fue únicamente cuando pasó un tiempo de oración y ayuno, que Dios le reveló su egoísmo y el control inapropiado de su esposa y familia. Cuando la esposa vio un cambio sincero en su vida, estuvo dispuesta a considerar el restaurar su matrimonio.

    Cuando Jacob luchó contra el Señor, algo muy importante sucedió. El ángel tocó el sitio del encaje de su muslo y se descoyuntó. Esto debió ser muy doloroso, y después de eso caminó cojeando. Sin embargo, esa misma postura fue lo que causó en Esaú un cambio de corazón, porque cuando Jacob se le acercaba, venía cojeando, y se postró en tierra siete veces antes de llegar a Esaú (Génesis 33:3).

    Cuando nosotros luchamos con Dios, Él pone su dedo en las áreas precisas que nos van a hacer humildes, lo cual nos va a ayudar a la reconciliación.

    El purificar la conciencia de ofensas e intentar cada vez la reconciliación, puede ser un proceso que nunca termine en la vida cristiana. Constantemente se me dice de alguien a quien ofendí por algo que dije, hice, o dejé de hacer. En muchos casos, una visita personal, o una llamada telefónica puede traer la reconciliación; sin embargo, en otras ocasiones parece ser que son humanamente imposibles. Estas situaciones requieren luchar con Dios para que su poder se manifieste en nuestras debilidades. ¿Estás enfrentado una lucha, y puedes decir como declaró Jacob, “No te soltaré hasta que me bendigas”?

    4 min
  • Día 38 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Haz restitución!

    Restaurar la relación con aquellas personas que hemos ofendido, no es fácil. Requiere que dejemos a un lado las razones que hemos empleado para justificar nuestras palabras, actitudes, o acciones y considerar seriamente la ofensa desde su perspectiva. Cuando una pérdida tangible se ha experimentado, es vital que hagamos una restitución completa para ganar una limpia conciencia.

    El costo de la restitución puede ser mínimo comparado al naufragio de nuestra fe por causa de no tener limpia conciencia.

    Pablo envió a Timoteo al campo de batalla con tan sólo dos armas: su fe y una limpia conciencia. Pablo le advirtió que aquellos que fracasan en mantener una limpia conciencia, naufragan de su fe (1 Timoteo 1:19). Pablo mismo afirmó la importancia de mantener una limpia conciencia cuando dijo: “Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16). El proponernos hacer restitución demuestra que ha habido un reconocimiento de haber obrado mal y una disposición de hacer lo que sea posible para restaurar la relación.

    Cuando un hombre de negocios volvió con su jefe anterior para pedirle perdón por haber tomado fondos de la caja registradora, trajo el dinero más los intereses.

    Hacer esto le fue un sacrificio, porque este hombre se hallaba en ese momento sin trabajo. El jefe quedó sorprendido por la acción del hombre y aceptó el dinero. Imagina la sorpresa de este hombre sin empleo cuando su jefe anterior le dijo: “Yo no sé lo que estás haciendo en este momento, pero estamos precisamente buscando a un hombre honesto para ocupar una posición importante en la compañía, ¡Y tú has calificado por lo que has hecho!”

    Ciertamente, no deberíamos esperar recibir siempre una buena respuesta como esta, al querer hacer restitución. Una mujer, después de haber oído la importancia de hacer restitución, se dirigió a las autoridades y confesó que años atrás ella había cometido un homicidio. Para hacer restitución, ella debería pasar tiempo en la cárcel. Pero mientras estaba en la prisión, experimentó la gracia de Dios e inició un próspero ministerio entre las demás prisioneras.

    La mayoría de las ofensas abarcan acciones erróneas de ambos lados, pero el que es más espiritual, iniciará la reconciliación.

    En algunas ocasiones el hacer restitución no va a ser posible, porque quizás no vayamos a tener los recursos, o porque quizás el daño fue más allá de lo que el dinero puede remediar. Hace unos años, la corte asignó a un joven a un programa de rehabilitación juvenil. Este joven iba a permanecer con nosotros hasta que se lograra la restitución. Ya que no tenía dinero, le enseñamos a que aprendiera la destreza de la carpintería y le pagamos por su trabajo. Actualmente, ya está casado, tiene dos hijos, un buen trabajo y está muy agradecido por el año y medio que duró haciendo restitución.

    Pidámosle a Dios que traiga a nuestra mente a todas aquellas personas que hemos dañado en el pasado y discernamos qué restitución es la apropiada.

    3 min
  • Día 37 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    Las fuentes de las ofensas más dolorosas no son siempre las acciones, sino las actitudes. Las personas que ofenden a los demás sin ninguna intención, son juzgados con menos severidad que aquellos que intencionalmente hieren. Aún en la ley, la intención detrás del crimen es un factor clave para diagnosticar la culpabilidad de alguien que está delante del juez.

    La ofensa de Jacob no solo incluía acciones, sino que fueron las actitudes las que causaron las acciones de su ofensa.

    ¿Cuál fue la ofensa principal de Jacob en contra de su hermano Esaú? Esaú acusó a Jacob de haberle robado su primogenitura y su bendición. Sin embargo, lágrimas de angustia salieron de sus ojos cuando Isaac su padre le informó que iba a ser servidor de Jacob su hermano. Isaac dijo: “He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos” (Génesis 27:37). Por causa de esto, Esaú se propuso matar a Jacob.

    Sabemos que este espíritu dominante era molesto para Esaú, porque Isaac le aseguró que en el futuro, las cosas iban a cambiar: “Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; y sucederá cuando te fortalezcas, que descargarás su yugo de tu cerviz” (Génesis 27:40). El fuego ardió en el corazón de Esaú por 20 años. Durante ese tiempo, Dios cambió el corazón de Jacob de querer dominar sobre su hermano, a mirarse a sí mismo como siervo de su hermano Esaú. Cuando Jacob al final se preparó para el encuentro con su hermano, le envió manadas de ganado como una restitución y les dio instrucciones a sus servidores acerca de qué decirle a Esaú cuando éste les preguntara de quién eran los ganados. Los servidores le iban a contestar: “Es un presente de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros” (Génesis 32:18).

    Jacob también trató el asunto de las actitudes equivocadas hacia Esaú con todos los miembros de su familia. Sabemos que este fue el caso, porque cuando Esaú le preguntó a Jacob acerca de la gente que lo acompañaba, Jacob le respondió: “Son los niños que Dios ha dado a tu siervo” (Génesis 33:5). Entonces toda la casa de Jacob se postró en reverencia ante Esaú. Esta acción de humildad es muy importante, porque aquellos que están cerca de nosotros muchas veces toman para sí las actitudes equivocadas hacia las demás personas.

    Las personas son lastimadas por causa de nuestras acciones equivocadas, pero más heridas por causa de nuestras actitudes ofensivas.

    El problema con las actitudes es que no podemos ocultarlas. Siempre aparecen. Los demás las miran en nuestras expresiones faciales, en el lenguaje de nuestro cuerpo, en el tono de nuestra voz, en la falta de una sonrisa sincera, en las palabras que empleamos y en nuestra falta de respeto.

    Si realmente estamos dispuestos a aplicar este mandamiento a nuestras vidas, necesitamos evaluar honestamente nuestras actitudes, especialmente con aquellos a quienes hemos ofendido, antes de buscar reconciliación con ellos. Recibe el beneficio de una perspectiva exterior al pedirle a un amigo cercano o a miembros de la familia, que te hagan saber si estás o no demostrando una actitud correcta y amable hacia los demás.

    5 min
  • Día 36 - Mandamiento 6 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Apaga los incendios!

    Cuando ofendemos a los demás, o sentimos que les hemos hecho algo malo, se enciende un fuego destructor en ellos. El calor del enojo atiza el fuego, y entre más le permitamos arder, más destrucción causa en sus vidas y en las vidas de los demás, ya que los incendios se extienden, se propagan. Por causa de esto, Dios nos da un mandamiento.

    Mandamiento seis: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23–24 ).

    Este es un sorprendente mandamiento! Dios está tan interesado en nuestra reconciliación que desea mejor que interrumpamos nuestra adoración a fin de restaurar nuestra comunión con un hermano ofendido. En realidad, la verdadera reconciliación es en sí un acto de adoración, ya que cualquier cosa que hagamos a los demás, la hacemos a Cristo (Mateo 25:40).

    Hay una segunda razón por la que este mandamiento es vital. El Señor Jesús lo presenta con una advertencia, de que si atacamos el carácter de una persona al llamarle fatuo, estaremos en peligro del fuego del infierno.

    Ciertamente no se refiere al fuego eterno del infierno, porque no vamos al infierno por causa de llamar a alguien fatuo, sino más bien porque rechazamos la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo.

    La palabra infierno que aquí se emplea, viene del griego geenna. El infierno es un lugar del tormento futuro llamado “el fuego del gehena”. Esto originalmente se refería al valle de Hinom, al sur de Jerusalén, en donde se arrojaban la basura, los animales muertos y se les prendía fuego; era un lugar que siempre ardía. Espiritualmente, es un símbolo del estado tormentoso que será experimentado por aquellas personas que sean condenadas al infierno. Santiago emplea la misma palabra cuando se refiere a que “la lengua es un fuego… inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3:6). Los incendios se propagan de una manera rápida y se pueden transformar en infiernos desastrosos, por lo cual, en cuanto se detecta uno, se debe hacer cualquier esfuerzo para controlarlo.

    El altar era el lugar que se empleaba para ofrecer holocaustos, un olor fragante a Dios. La reconciliación consiste en poner sobre el altar nuestros fuegos mal olientes de amargura, para que Dios pueda percibir y gozar el aroma de nuestra adoración.

    Al no tratar de arreglar las cosas, ¿Cuántos fuegos dejamos sin apagar en los corazones de aquellos que ofendemos? Usualmente, los conflictos familiares se inician con una ofensa, que a veces dura por generaciones y afecta a cientos de personas. Conforme meditamos en este mandamiento de la reconciliación, esperemos que Dios nos traiga a la mente aquellas personas que tienen algo contra nosotros.

    Conforme lo hacemos, propongámonos solucionar cualquier conflicto, como una expresión de nuestra adoración a Dios.

    6 min
  • Mandamiento 6 - Reconcíliate - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    Evaluación personal: ¿Cuán responsable eres tú?

    · ¿Eres responsable con la deuda de amor que tienes para con los demás creyentes?

    · ¿Has tomado la decisión de dejar a un lado cualquier placer personal que podría causar que un hermano más débil caiga o se ofenda?

    · ¿Cumples con todas tus responsabilidades en el matrimonio?

    · ¿Buscas formas prácticas de poner tu vida por los demás creyentes?

    · ¿Muestras tu responsabilidad por las necesidades prácticas de los creyentes?

    · ¿Eres partícipe en el sostén y apoyo de aquellos que ministran tu vida en la Palabra?

    • ¿Eres      responsable con tu propia salud y bienestar con el fin de servir mejor al      Señor?
    • 9 min
    • Día 35 - Mandamiento 5 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

      ¡Deléitate en la Ley de Dios!

      La promesa para tener un éxito completo y prosperidad, no consiste solamente en leer la Ley de Dios o de estudiarla, sino que también incluye el aspecto de deleitarnos en ella.

      “Sino que en la ley de Jehová está su delicia... y todo lo que hace, prosperará” (Salmos 1:2–3).

      Cuando sentí la necesidad de incrementar mi deleite en la Ley de Dios, leí el salmo 119. En este salmo, se eleva la Ley de Dios como un diamante ante la luz brillante Su sabiduría, y la dirige en varias direcciones, para que podamos gozar del esplendor de cada faceta, como se fue visto a través de los ojos de David:

      · Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová (1).

      · Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras (16).

      · Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley (18).

      · Quebrantada está mi alma de desear, tus juicios en todo tiempo (20).

      · Pues tus testimonios son mis delicias, y mis consejeros (24).

      · Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad (35).

      · Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado (47).

      · Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y plata (72).

      · ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación (97).

      · Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado mi alma (129).

      · Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo (140).

      · Me regocijo en tu palabra, como el que halla muchos despojos (162).

      · Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo (165).

      · He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia (174).

      El entusiasmo es contagioso. Aquello en lo que nos deleitamos, será de gran interés para quienes nos rodean.

      Si deseas un ejercicio desafiante en este día, toma un papel y en la parte izquierda, anota del salmo 119 aquellas cosas que Dios quiere que nosotros hagamos, y al lado derecho anota las cosas que te propones hacer. Descubrirás que estás intentando hacer lo que Dios ha prometido que hará; y que estás esperando que Dios haga cosas que son tu responsabilidad. Una de las cosas que debemos hacer, es deleitarnos en Él y en su Ley. Entonces, Dios promete darnos conforme el deseo de nuestros corazones (Salmos 37:4).

      A través de Cristo nuestro Señor, Bill Gothard.

      3 min
    • Día 34 - Mandamiento 5 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

      ¡Discierne la verdadera intención!

      Hay una percepción común de que en el Antiguo Testamento Dios se manifestó a sí mismo como un Dios áspero y duro; mientras que en el Nuevo Testamento se manifestó a sí mismo como un Dios amante y compasivo, quien perdona los pecados y cubre nuestras transgresiones.

      “Yo Jehová, no cambio” (Malaquías 3:6).En realidad, los mandamientos que Dios dio a la nación de Israel en la ley de Moisés, no parecen ser tan estrictos como los mandamientos que Dios dio a los discípulos en el Nuevo Testamento a través de las enseñanzas de Cristo. Jesucristo clarificó el verdadero intento de la Ley de Moisés.

      Ley de Moisés.

      1. No matarás. El que derramare sangre, su sangre será derramada.

      2. No cometerás adulterio.

      3. Ojo por ojo y diente por diente.

      4. Amarás a tu amigo y aborrecerás a tu enemigo.

      5. Cualquiera que menosprecia a su mujer, dele carta de divorcio.

      Enseñanzas de Cristo.

      1. Cualquiera que aborrece a su hermano sin ninguna causa, queda expuesto al juicio.

      2. Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, adultera con ella en su corazón.

      3. Cualquiera que te pegue en una mejilla, ponle la otra.

      4. Ama a tus enemigos, bendice a los que te maldicen, haz bien a los que te aborrecen.

      5. Cualquiera que menosprecia a su mujer hace que ella adultere.

      “…sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15).

      Para aquellos que tratan de tomar consolación en una actitud “pasiva” de parte de Dios para el pecado en el Nuevo Testamento, necesitan volver a escuchar las palabras del apóstol Pablo: “Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Efesios 5:6). Sin embargo, hay esperanza, porque “… la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Roman. 5:20).

      Abracemos la Ley de Dios, reconozcamos nuestra condición pecaminosa ante la misma ella y entremos confiadamente ante el trono de Su gracia, obteniéndola para nuestro diario vivir (ver Hebreos 4:15).

      5 min
    • Día 33 - Mandamiento 5 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

      ¡Experimenta un corazón ardiente!

      Muchas veces me pregunto si he experimentado la intensidad del deseo al cual se refiere David cuando escribió: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmos 42:1). Hace unos tres años, descubrí una clave para hacer esto una realidad, la cual está basada en el siguiente verso:

      “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

      Como a muchos otros, a mí se me había enseñado a dividir las Escrituras a partir de la cruz. Todo lo anterior a la cruz se le había asignado a la Ley, y todo lo que está después de la cruz, se le asigna a la gracia. La tragedia de esta interpretación es que pone la mayoría de las enseñanzas de Cristo bajo la Ley.

      Inclusive, aquellos que establecieron esta división, no sabían qué hacer con las enseñanzas de Cristo, así que muchas de ellas las asignaron para el reino futuro. Esto, por supuesto, quita el corazón de las enseñanzas del evangelio y el poder para vivir en el reino.

      Cuando finalmente comprendí que el mensaje central de la Escritura son los mandamientos de Cristo, que la ley y los profetas son el fundamento, y que las epístolas reflejan las aplicaciones de estos mandamientos, comencé a experimentar una pasión excitante por la Palabra de Dios en mi diario caminar.1

      Por ejemplo, Jesús mandó: “Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lucas 12:1). Así vamos a la ley y a los profetas para buscar el fundamento de este mandamiento. Allá encontramos acerca de la fiesta de los panes sin levadura: por siete días no debería haber levadura en las casas de los israelitas y nadie debería comer pan con levadura, porque si lo hacían “eran cortados de Israel” (Éxodo 12:15). De ahí nos vamos a las epístolas para encontrar la aplicación de este mandamiento. Pablo le dice a la Iglesia de Corinto que corten la comunión con el hombre inmoral, porque “Un poco de levadura leuda toda la masa… Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:1-8).

      Cuando observé esta conexión, experimenté la misma clase de gozo que los dos discípulos experimentaron en el camino a Emaús, cuando el Señor comenzó a hablarles desde la ley de Moisés y todos los profetas y les explicaba cómo se referían a Él. Ellos después declararon: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32). Estos discípulos conocían la Ley y habían escuchado enseñar a Jesús por tres años, pero nunca los habían relacionado entre sí.

      Para encontrar estos tesoros se requiere buscarlos, así como lo haríamos para encontrar la veta de plata en una mina, o como buscaríamos un tesoro escondido. Cuando los encontremos, es triple confirmación de la verdad, nuestros corazones “arderán” de gozo. Hagamos una búsqueda diligente de cada mandamiento, para que podamos así “trazar bien la Palabra de Dios”.

      4 min

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    Permanecer es un podcast con un mensaje de ánimo, esperanza y guía para el diario vivir fundamentado en la siempre fiel palabra de Dios. En estos tiempos donde el caos se desata tanto en nuestro…