Permanecer
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Permanecer episodes

  • Día 58 - Mandamiento 9 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Ir la segunda milla con las actitudes correctas!

    Hay varias actitudes que pueden expresarse conforme obedecemos este mandamiento de Jesús de ir la segunda milla. Sin embargo, solamente una de ellas es la correcta, y esta es la que nos permite experimentar el gozo y la libertad que el Señor Jesucristo planeó que tuviésemos cuando impartió este importante mandamiento.

    Un día, yo estaba aconsejando a una pareja por teléfono. Me di cuenta que la esposa estaba a punto de separarse de su esposo, y traté de evitar esta tragedia por causa del Señor, por la misma pareja y por supuesto, sus hijos. Durante nuestra conversación, le pregunté al esposo si él creía que tenían un matrimonio feliz. Me respondió: “Absolutamente, yo creo que hemos tenido muchos años de felicidad matrimonial”. Su esposa sorprendida le contestó: “¡Un matrimonio feliz; ni siquiera tuvimos un año feliz!” El esposo no era consciente de las cosas que había hecho para causar infelicidad en su matrimonio. Como resultado, su esposa lo abandonó de todos modos.

    Durante el proceso de divorcio, el juez le requirió al esposo pagarles una cierta cantidad de dinero a su esposa y a sus hijos cada semana. Con el tiempo, cada vez que pagaba el dinero, una corriente de amargura se apoderaba de él; finalmente me llamó para preguntarme de qué manera podía deshacerse de esa amargura. Yo le aconsejé que diera más dinero de lo que el juez le requirió dar a su esposa y a sus hijos. Él al principio no miró de una manera obvia que esto pudiera ayudarle, pero cuando comenzó a practicar lo que le aconsejé, ¡Se sintió sorprendido! Su actitud de amargura desapareció y fue dominado por un espíritu de amor genuino. Aquí hay un principio bíblico:

    El amor continúa donde la obligación termina.

    Cuando este esposo comenzó a dar sacrificadamente más de lo que el juez le requirió, comenzó a sentir un nuevo amor por su esposa y por sus hijos. Esto es precisamente lo que Jesús dice que acontecerá cuando nuestros tesoros sean voluntariamente repartidos: “…porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).

    Después de esto, su esposa también comenzó a sentir que su esposo tenía un nuevo nivel de amor y sensibilidad. Esto comenzó a darle nuevas esperanzas de que su matrimonio se pudiera restaurar, y al paso del tiempo lo lograron al volverse a unir en matrimonio. Si el esposo tan solo hubiera comprendido la importancia del principio de invertir voluntariamente más de lo que se le requería en la vida de su esposa y de sus hijos desde el principio, se habrían evitado muchos años de dificultades y problemas.

    Cuando una lista de “cariño haz esto” se hace con obligación en vez de hacerse con amor genuino, tiene un sabor amargo.

    La actitud que hace que la segunda milla sea exitosa es una emoción y un entusiasmo al hacer algo con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma, como una expresión de amor por el Señor y por aquellos a quienes estamos sirviendo.

    Una mente de segunda milla es esencial para tener éxito diariamente. Ahora es el tiempo para implementarla en nuestra vida como una parte regular de nuestros pensamientos y acciones.

    6 min
  • Día 57 - Mandamiento 9 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Da ma s de lo que es requerido!

    Una de las causas más serias de fracaso en las áreas de las relaciones, finanzas y salud, es tener una actitud de resistencia hacia aquellos a quienes hemos ofendido, o hacia aquellos con quienes tenemos responsabilidad. Si se halla culpable a alguien de una ofensa o ha fallado en cumplir alguna de sus responsabilidades, subsecuentemente se le requiere hacer restitución, pero su espíritu de resistencia se hará manifiesto cuando solamente haga lo que la ley le requiere hacer. Después de todo, piensa que la ley de Dios está de su lado porque dice: “Ojo por ojo y diente por diente”, así que dice que no necesita hacer más restitución (Éxodo 21:24). El Señor Jesús retó esta limitación con cuatro mandatos.

    Mandamiento nueve: Pon la otra mejilla. Déjale la túnica y también la capa. Camina la segunda milla. Da a los que te pidan (Mateo 5:38–42).

    Todas estas respuestas de “segunda milla” relacionadas a las ofensas eran conocidas por la gente de Israel. Si un hombre insultaba a otra persona con palabras o acciones indecentes, podía esperar ser abofeteado en la mejilla. Esa acción habría satisfecho a la persona ultrajada, pero no iba a lograr cumplir los altos propósitos de Dios sino hasta que el ofensor pusiera su otra mejilla.

    Si un juez juzgaba que un hombre le había causado pérdida financiera a otra persona, Jesús dijo que no solamente iba a pagar lo que debía pagar, incluyendo la túnica, sino aun darle también la capa, la cual le servía como cubierta que le “protegía” según la ley de Moisés (Éxodo 22:26-27).

    Por causa de que el pueblo de Dios había desobedecido Sus mandamientos, Él lo sometió bajo el duro gobierno de los romanos. Una ley de los romanos era especialmente repugnante para los judíos. Se requería que un hombre judío, cuando se le demandara, cargara el equipo pesado de un soldado romano por una milla; el Señor Jesús les dijo que fueran cargando el pesado equipo la segunda milla.

    Todos los judíos estaban en un pacto unos con otros. Esto les requería dar a los que no tenían, aquello que satisfaría sus necesidades básicas de la vida. Para que una persona pobre llegara a pedir, significaba que las personas ricas no estaban alertas a las condiciones de sus demás miembros del pacto.

    Ir la primera “milla” satisface los requisitos de la ley del hombre, pero falla en cumplir la Ley suprema de Dios; esto es, el amor genuino.

    Conforme escribo este correo electrónico, Dios me ha dado una clara aplicación para este mandamiento. Desde hace tiempo una persona me ha insistido que le dé una cantidad específica de dinero, sin embargo me había resistido por dos razones. Primero, porque me había afirmado que no había deuda previamente. Y segundo, porque se me advirtió de la fuerte reacción de resistencia que iba a ocasionar a otro individuo, si yo daba el dinero.

    Conforme estaba en esta encrucijada, el teléfono timbró. Era la persona que yo sabía que podría reaccionar. Hablamos por un buen tiempo el asunto y los dos acordamos que era la voluntad de Dios que diera el dinero.

    Tengo un sentido de emoción porque, por un lado, esto va a ser un sacrificio personal significativo, pero por otro lado, esto provee una gran oportunidad para que Dios manifieste Su poder. Que Dios nos dé valor a cada uno de nosotros para obedecer Su suprema ley de amor al dar nosotros más de lo que se nos requiere.

    5 min
  • Mandamiento 9 - Camina la segunda milla - Serie los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    MANDAMIENTO 9: CAMINA LA SEGUNDA MILLA

    CUALIDAD DE CARÁCTER: DEFERENCIA (CONSIDERACIÓN)

    Deferencia es poner el bienestar de otros encima de nuestros propios placeres personales.

    Cuando Pablo instruyó a los creyentes acerca de preferirse los unos a los otros, él estaba definiendo la esencia de la deferencia. En Romanos 12:10, la palabra Griega prefiriéndoos es proegeomai, que significa “liderar el camino por los demás.” Es una palabra fuerte que indica liderazgo con autoridad oficial, ser el principal y poseedor de normas. De esta forma, cuando nos sometemos los unos a los otros, experimentaremos la paradoja de la que Jesús habló: “Y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:44).

    Deferencia es hacer sacrificios personales con el fin de ayudar a otros a ser exitosos y dejar a un lado actitudes, o acciones que podrían ocasionar que los demás se ofendan o se debiliten. Debemos tener una actitud de deferencia en cualquier momento que esto beneficie la causa de Cristo.

    Ejemplos de deferencia

    La Escritura contiene ejemplos significativos de aquellos que demostraron deferencia, y sus testimonios proveyeron precedentes para situaciones paralelas. Por lo tanto, se nos anima a meditar en estos testimonios de forma que podamos aplicar son precisión estos precedentes para nuevas circunstancias.

    1. Deferencia hacia el gobierno

    Cuando un recaudador de impuestos preguntó a Pedro si Jesús había pagado sus impuestos, Pedro dijo, “Sí.” Sin embargo, Jesús le preguntó a Pedro, “Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos o de los extraños?” (Mateo 17:25).

    Pedro respondió, “De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos” (Mateo 17:26). Teniendo muy claro el hecho de que Él tenía el derecho y la libertad de no pagar impuestos, Jesús dijo, “Sin embargo, para no ofenderles… hallarás un estatero [equivalente a 4 dracmas]; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17:27).

    2. Deferencia hacia los niños

    Jesús da una fuerte advertencia acerca de la ofensa hacia los niños. “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se lo hundiese en lo profundo del mar” (Mateo 18:6).

    La conciencia de un niño es muy sensible. Palabras y acciones vulgares con las cuales muchos adultos han crecido cruelmente, pueden ser muy hirientes y ofensivas para los niños.

    3. Deferencia hacia los creyentes

    Cuando los nuevos creyentes que habían renunciado a la adoración del templo vieron a los creyentes maduros comiendo carne ofrecida a los ídolos debido a su precio barato, estos nuevos creyentes se ofendieron, y estalló una gran controversia en la iglesia primitiva. En este asunto delicado, Pablo hizo un llamado hacia la deferencia en ambas partes de la controversia. Él hizo el llamado especialmente a aquellos que pensaban que estaba bien comer carne. “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino mas bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Romanos 14:13).

    La gran importancia de la deferencia se puede ver en la narración de este hecho. Pablo está de acuerdo con aquellos que dicen que no hay nada malo específicamente con la carne. Sin

    embargo, comer carne llega a ser dañino si otro creyente es ofendido por esto, o si se come a pesar de haber recibido una advertencia interior del Espíritu Santo de no hacerlo.

    4. Deferencia hacia la Palabra

    Después que Pablo afirma la necesidad de “no seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (I Corintios 10:32), él declara su propio compromiso con la deferencia: “Como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (I Corintios 10:33).

    12 min
  • Día 56 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Escoge un buen nombre!

    Dios llama a los creyentes a vivir un estándar más alto que el del mundo. En ningún otro lado es tan importante como en el área de guardar nuestras palabras o promesas. Aquellos que rechazan el evangelio buscan maneras para justificar sus reacciones, y ciertamente encontrarán también razones para justificar sus pensamientos y acciones en contra de alguien que no sigue las enseñanzas de Cristo.

    La tragedia es que el mensaje maravilloso de la vida eterna puede ser rechazado por causa de que aquellos que profesan seguir a Cristo no cumplen sus promesas. Al fallar en cumplir promesas, un creyente daña no sólo la reputación de su nombre, sino que también afrenta el nombre de Jesucristo, lo cual hace que las palabras sabias de Salomón sean aún más importantes:

    “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro” (Proverbios 22:1).

    Cuando el mundo observa a creyentes que cumplen sus promesas, especialmente cuando esto requiere hacer un sacrificio, los eleva como modelos a seguir. Tal es el caso de la familia Meloon, quienes son dueños de “Correct Craft, Inc.”, una compañía de barcos localizada en la Florida, USA. Su historia ha sido documentada en los libros de texto para enseñar ética.

    Durante la guerra en contra de Corea, esta compañía fue escogida por el gobierno de los Estados Unidos y se le dio un contrato para hacer 3,000 barcos. Ellos aceptaron surtir el pedido; sin embargo, un inspector sin escrúpulos les exigió un soborno antes de aprobar los barcos. Los dueños, quienes eran cristianos, no podían, con buena conciencia, hacer eso, así que más de 600 barcos ya terminados fueron rechazados después de ser inspeccionados, por lo que la compañía fue forzada a declararse en bancarrota.

    Debido a que eran hombres de palabra, la familia Meloon no consideró la bancarrota como una excusa a sus obligaciones. Ellos iniciaron el lento proceso de reconstruir la compañía pagando todas y cada una de las deudas que tenían. Les tomó más de 20 años de sacrificio personal, pero debido a su compromiso de sostener su palabra, fueron capaces de pagar a cada uno de sus acreedores lo que les debían. Dios ha bendecido esta compañía con renombre mundial como el líder en la fabricación de lanchas deportivas y también como un ejemplo inspirador de integridad.

    Las promesas que requieren de sacrificios inesperados para cumplirse, pueden resultar en la ganancia eterna más grande.

    Después de meditar en este mandamiento sobre la importancia de guardar nuestra palabra, sería vital para nosotros escribir aquellas promesas incumplidas que alguien nos ha recordado. Escribamos también los pasos que es necesario dar para cumplir nuestras promesas, y también anotemos las respuestas y los resultados.

    Escoger tener un buen nombre al ser hombre de palabra, no sólo será un testimonio poderoso sino que también será una herencia bendecida para tus próximas generaciones. Esto les proveerá con la instrucción más poderosa y práctica acerca de cómo pueden ellos también obedecer este importante mandamiento. Que Dios nos bendiga con sabiduría y entendimiento para ser siempre hombres de palabra.

    5 min
  • Día 55 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Evita impresiones distorsionadas!

    Si queremos tener vidas completas y exitosas, Dios tiene ciertos requisitos que debemos seguir: “¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (Salmos 34:12-14).

    Para cumplir con el mandamiento de guardar nuestra palabra, debemos identificar todo engaño en nuestras conversaciones y quitarlo. El engaño puede incluir aquellas exageraciones que se hacen, información parcial, verdades a medias, las cuales son diseñadas para dar una impresión falsa o incorrecta. Como se dice en Salmos 32:2, Dios recompensa al hombre que quita el engaño de su espíritu.

    “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.

    Un día, un joven fue atraído a una señorita a la cual le pidió que se casara con él. Se habían encontrado en el colegio bíblico; ambos planeaban ser misioneros. Ella se impresionó mucho por la aparente espiritualidad del joven y su dedicación a la obra cristiana, así que se sintió con confianza creyendo que él podría ser un buen esposo y un buen padre.

    Él le confesó a ella que anteriormente, en su vida, hubo una época en la que batalló “un poco” con la pornografía; sin embargo, le aseguró que ya el problema estaba bajo control y que estaba caminando en victoria. Esta información parcial la llevó a creer aún más que era realmente espiritual.

    La verdad era que continuaba con el mismo problema de lascivia como antes y que en realidad no lo había conquistado; solamente lo había dejado a un lado y no lo había solucionado. Después de muchos años de matrimonio en los cuales ocultó su problema, al fin salió a la superficie causando mucha angustia a su esposa y a sus hijos. Cuando fue descubierto abandonó a su familia por otra mujer. Si tan solo hubiera caminado a la luz de la verdad completa, hubiera experimentado la liberación de Dios y su bendición. También hubiera evitado la gran condenación de Dios con respecto a la hipocresía (Mateo 23:27-28).

    Hipocresía es aparentar exteriormente algo que en el interior no lo es.

    El dar falsas impresiones muchas veces es motivada por el temor al rechazo. Para poder conquistar esto, tenemos que experimentar la muerte a nuestro orgullo. Dios nos promete que si nos humillamos a nosotros mismos, Él nos dará más gracia, y con esa gracia tendremos el poder para desarrollar Su voluntad (Santiago 4:6).

    Si por alguna razón hemos dado una falsa impresión o hemos engañado, ahora es un tiempo excelente para humillarnos y explicar la verdad, para que aquellos creyentes maduros nos puedan fortalecer con sus oraciones y consejos. Esta es la instrucción de Santiago 5:16: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”.

    5 min
  • Día 54 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Guarda tu palabra hacia tu esposa!

    Estos mensajes de correo electrónico están diseñados para ayudarte a cómo experimentar éxito diariamente. Para lograr este objetivo, debemos tratar con todos los aspectos del éxito, aun aquellos que son difíciles y delicados, como las promesas que un hombre hace a su esposa.

    Como veremos en mensajes posteriores, el matrimonio no es sólo una promesa hecha a una mujer; es un pacto de sangre. El voto es hecho no sólo a la mujer, sino también a Dios, en la presencia de muchos testigos. Quebrantar este pacto, es causar serio daño al potencial del éxito. Inclusive, hay serias advertencias en las Escrituras por no guardar la promesa del matrimonio.

    Ante el altar, el hombre no dice: “hasta que el divorcio nos separe”, sino que dice: “hasta que la muerte nos separe”.

    Hace algunos años, invertí muchas horas tratando de ayudar a un hombre de negocios a resolver algunos de los grandes problemas que estaba enfrentando. Aunque clamaba a Dios por ayuda, parecía que Dios no lo estaba escuchando. Entonces compartió conmigo su “secreto”. Ninguno de sus amigos lo sabía.

    Treinta y cinco años atrás se había casado con su primera esposa, pero su matrimonio duró solamente un año y terminó en divorcio. Todos estos años había cargado con la culpabilidad, no sólo por haber quebrantado el pacto del matrimonio, sino por querer aparecer como alguien que realmente no era. Entonces lo conduje a leer el libro de Malaquías en donde Dios dice: “Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud” (Malaquías 2:13-15).

    Cuando este hombre le pidió a Dios que lo perdonara por haber quebrantado sus votos, Dios demostró su misericordia y gracia con bendiciones significativas. Dios también lo liberó de la culpabilidad.

    Después del fracaso moral con Betsabé, el tema principal de la mayoría de los salmos de David fue el de la misericordia y el perdón de Dios.

    Uno de los más grandes recursos que tiene el hombre para el éxito es una esposa amorosa que lo honra y lo respeta. El honor no es algo que se demanda; es algo que se gana. La mejor manera de ganarlo es recordar las promesas que hiciste en el pasado y tratar de cumplirlas. Si haz perdido tu “lista de promesas”, ¡No te preocupes! Tu esposa la tiene en su mente. Sólo pídele que te recuerde las promesas que le has hecho y no has cumplido. ¡Hazlo hoy!

    4 min
  • Día 53 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Cumple tu palabra a Dios!

    Si no cumplimos nuestras promesas a Dios, ¿Cómo podremos cumplirlas con las demás personas? Cuando el hombre se enfrenta con peligros físicos extremos, o se halla en situaciones desesperadas, usualmente hace promesas. Este escenario es lo que produce lo que comúnmente se conoce como “conversaciones de trincheras”. Soldados que son heridos en el campo de batalla y que saben que van a morir, claman a Dios: “Dios mío, si tú me salvas, yo te sirvo por el resto de mi vida”. Luego Dios los salva, pero cuando ya están bien físicamente se olvidan de sus promesas.

    “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes” (Eclesiastés 5:4).

    Esta advertencia acerca de cumplir las promesas, hizo un impacto en mi vida cuando era adolescente. Yo memoricé toda la advertencia: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?” (Eclesiastés 5:4-6).

    En el transcurso de mi vida he hecho varias promesas. A través de ellas, Dios me ha dirigido y me ha bendecido; sin embargo, Dios me ha hecho responsable por el cumplimiento de esas promesas. En la escuela preparatoria, escuché a un evangelista explicar con fervor la importancia de testificar de Cristo para ganar almas. Yo prometí en esa ocasión que les iba a testificar por lo menos a tres personas por día acerca del Señor.

    Esto lo logré hacer durante el tiempo de la preparatoria, pero después me ocupe tanto como director del ministerio de jóvenes, que poco a poco fui descuidando la promesa que había hecho. Un día, el Señor me liberó de la responsabilidad del ministerio juvenil y me volvió a recordar la promesa que le había hecho. Para poder alcanzar la meta que había prometido hacer, me dirigí a las calles de Chicago, buscando grupos de jóvenes pandilleros y comencé a hablarles de Cristo.

    Lo que aprendí a causa de estos encuentros se convirtió en el fundamento del Seminario Básico1. La meta de hablarles a tres personas por día, se ha hecho realidad por el resto de mi vida.

    Dios imparte grandes recompensas a aquellos que le hacen promesas y son fieles en cumplirlas.

    Muchos dudan de la sabiduría de hacer promesas a Dios; sin embargo, David fue un hombre conforme al corazón de Dios mismo quien hizo muchas promesas: “De ti será mi alabanza en la gran congregación; mis votos pagaré delante de los que le temen” (Salmos 22:25).

    Hay un padre que está criando a su familia de una manera sorprendente a quien he observado desde hace tiempo. Cuando le pedí que explicara su “secreto”, él identificó dos razones principales para su éxito: Primero,

    él había instruido a sus hijos e hijas para que hicieran promesas bíblicas, y segundo, habían estado unidos como familia obrando en un ministerio cristiano.

    ¿Qué promesas le has hecho al Señor? ¿Las has cumplido? Si no, ahora es el tiempo para determinar lo que se requiere y comenzar a dar pasos de acción para cumplir esas promesas que hiciste.

    6 min
  • Día 52 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡No te jactes del día de mañana!

    Nosotros podríamos hacer promesas con toda la intención de cumplirlas, sin embargo, si esas promesas dependen de condiciones inciertas corremos riesgo de quebrantar nuestra palabra. Dios nos advierte: “¡Vamos ahora! Los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:13-14).

    “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala” (Santiago 4:15–16).

    Nota que esta advertencia de no jactarse del día de mañana, se aplica a las propuestas de negocios. El no cumplir nuestra palabra con respecto a los compromisos financieros, es un área en la cual puede haber un gran potencial de daño.

    Un hombre respetable comenzó a construir un gran edificio, de tamaño impresionante. Como no tenía todo el dinero, pidió prestado para poder completar el proyecto. Tanto el banco como él mismo estuvieron seguros de que sí podría pagar el dinero del préstamo, ya que también tenía una gran huerta de árboles de naranja en el estado de Florida, USA, la cual puso como garantía del préstamo.

    Una noche, inesperadamente, comenzaron a suscitarse temperaturas demasiado bajas, las cuales afectaron los árboles de naranja y comenzaron a secarse. Este evento, por supuesto, redujo el valor de la propiedad considerablemente, y el banco reclamó el dinero del préstamo.

    La presión y la carga emocional y financiera fue intensa en la vida de este hombre; el edificio a medio construir permaneció así por muchos años como un monumento público de reprensión y vergüenza por haber hecho presunción del futuro. Al pedir nosotros un préstamo, asumimos que algunas cosas van a cambiar y que otras van a permanecer iguales, las cuales nos van a ayudar a pagarlo.

    Cuando nuestras necesidades o planes van más allá de nuestros recursos, es tiempo de ir a buscar a Dios, no al banco.

    Un consejero matrimonial reportó que la mayoría de los divorcios eran por causa de la mala administración financiera por parte del esposo. Si se necesitan cosas caras, hay varias maneras creativas para obtenerlas, tal como negociar un precio más reducido, vender posesiones sin uso en el garaje, o comprar cosas de segunda mano, pedir consejo a los padres o a otras personas, o seguir viviendo sin aquella cosa hasta que se obtenga el dinero, o también clamar a Dios para que supla esta necesidad demostrando su poder a ti y a tu familia.

    Una dificultad financiera que te hace pensar que se necesita hacer un préstamo, puede ser una tremenda oportunidad para desarrollar fe y creatividad. Nos robamos a nosotros mismos y a los demás la manifestación

    poderosa de Dios a través de la fe, cuando ponemos nuestra confianza en el “ buen crédito” en vez de confiar que Dios supla nuestras necesidades financieras. Apelo a ti para que te propongas salir de deudas, como una prioridad en tu vida, y también te decidas a no pedir más préstamos. Este compromiso es fundamental para el éxito diario.

    5 min
  • Día 51 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Háblate a ti mismo con la verdad!

    ¡Las conversaciones más importantes que tenemos todos los días, no son aquellas que tenemos con los demás, sino las que tenemos con nosotros mismos! Tu espíritu habla a tu alma, y tu alma (la cual incluye tu mente, voluntad y emociones) le responde a tu espíritu. Cuando tu espíritu está en comunión con el Espíritu de Dios, le habla la verdad a tu alma, pero usualmente tu alma le responde con resistencia, con ideas antibíblicas, o con desánimo. David dio testimonio de este diálogo interno:

    “¿Por qué te abates oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmos 42:5).

    Jamás podremos hacer promesas de forma correcta, ni cumplirlas, hasta que dentro de nosotros haya un acuerdo entre nuestro espíritu y nuestra alma. Por ejemplo, cuando Satanás nos tienta a mentir para escapar de las consecuencias de un mal comportamiento, la conciencia, que es función del espíritu, debería declarar al alma: “No mentirás”.

    En respuesta, nuestra alma buscará toda clase de razones para justificar la mentira o la verdad a medias, con la conclusión de que no podremos aceptar que nos equivocamos, porque los demás pensarán menos de nosotros. La verdad es que la gente piensa mejor de nosotros cuando confesamos nuestras faltas, porque comprenden que es difícil para ellos hacer lo mismo. Esta es una de las razones por las que Dios advierte: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

    David describe los requisitos importantes para andar cerca del Señor cuando dice: “Jehová, ¿Quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino” (Salmos 15:1-3). La verdad interna viene a causa de la meditación en las Escrituras.

    “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmos 51:6).

    La única manera en que podríamos hablar la verdad con nosotros mismos es asegurarnos que nuestra mente, voluntad y emociones están totalmente bajo el control de nuestro espíritu, quien al mismo tiempo está bajo el control del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios. Hasta entonces seremos capaces de resolver cualquier tensión interna y experimentar la sabiduría que Dios promete cuando la verdad reina en nosotros.

    Si todavía no has sometido tu alma bajo el control del Espíritu de Dios, te animo para que lo hagas ahora, orando: “Señor, someto mi mente, mi voluntad y mis emociones bajo el control de tu Espíritu Santo y bajo la autoridad de tu Palabra”.

    Con esta entrega, puedes esperar una nueva libertad en tu alma y tendrás armonía con tu espíritu.

    7 min
  • Día 50 - Mandamiento 8 - Serie Los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Rechaza las promesas de “Sí” y luego “No”!

    Un padre comenzó a observar con preocupación cómo el corazón de su hijo se alejaba más y más de él. Usualmente, el joven de 15 años gozaba de la presencia de su padre, pero ahora parecía que tenía toda clase de excusas para mantenerse alejado de él. El padre trató varias veces de volver a edificar su relación, pero nada obraba para bien.

    Cuando yo hablé con el hijo, se hizo obvio que estaba amargado contra su padre. La profundidad de su amargura me sorprendió. Resulta que años atrás, su padre le había prometido llevarlo a pasear un fin de semana, pero esto nunca se realizó. Después, al hablar también con el padre descubrí que había hecho esa promesa a medias, no de todo corazón, algo que no creyó que tenía que cumplir. Al hacer esto, violó este mandamiento de Cristo:

    Mandamiento ocho: “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:37).

    La gente espera que nosotros cumplamos lo que prometemos. Los fariseos en los días de Cristo, habían desarrollado una manera astuta para librarse de los compromisos. Al hacer una promesa, ellos juraban por algo, y las intenciones y el sentido de obligación se reflejaba por la importancia de aquello por lo cual juraban (Mateo 23:16-20).

    Por lo tanto, Jesús dijo: “No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello” (Mateo 5:34-36).

    Cuando nosotros prometemos hacer algo, debemos estar absolutamente comprometidos en nuestra mente de que lo queremos hacer y podemos hacerlo. Nosotros debemos cumplir nuestras promesas aun cuando esto requiera más sacrificio de lo que inicialmente pensamos, como se describe en el salmo 15:

    “Aquel…que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia;…el que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmos 15:4–5).

    Una promesa “sí, sí” significa que nosotros estamos absolutamente decididos a hacerla. Y una promesa “no, no” significa que no lo vamos a hacer. Note la importancia de esto en Santiago 5:12: “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”.

    Tenemos un comentario importante sobre las promesas de “Sí y No” (no sinceras) en 2 Corintios 1:19-20: “Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”.

    Una promesa “Sí y No” viola la misma naturaleza de Dios, nos trae condenación, y puede causar amargura a aquellos que reciben la promesa. Propongámonos desde este día en adelante, darle seriedad a lo que decimos y cumplir lo que prometemos a los demás, aun cuando esto nos requiera más sacrificio.

    5 min

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Permanecer es un podcast con un mensaje de ánimo, esperanza y guía para el diario vivir fundamentado en la siempre fiel palabra de Dios. En estos tiempos donde el caos se desata tanto en nuestro…