¡Rechaza las promesas de “Sí” y luego “No”!
Un padre comenzó a observar con preocupación cómo el corazón de su hijo se alejaba más y más de él. Usualmente, el joven de 15 años gozaba de la presencia de su padre, pero ahora parecía que tenía toda clase de excusas para mantenerse alejado de él. El padre trató varias veces de volver a edificar su relación, pero nada obraba para bien.
Cuando yo hablé con el hijo, se hizo obvio que estaba amargado contra su padre. La profundidad de su amargura me sorprendió. Resulta que años atrás, su padre le había prometido llevarlo a pasear un fin de semana, pero esto nunca se realizó. Después, al hablar también con el padre descubrí que había hecho esa promesa a medias, no de todo corazón, algo que no creyó que tenía que cumplir. Al hacer esto, violó este mandamiento de Cristo:
Mandamiento ocho: “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:37).
La gente espera que nosotros cumplamos lo que prometemos. Los fariseos en los días de Cristo, habían desarrollado una manera astuta para librarse de los compromisos. Al hacer una promesa, ellos juraban por algo, y las intenciones y el sentido de obligación se reflejaba por la importancia de aquello por lo cual juraban (Mateo 23:16-20).
Por lo tanto, Jesús dijo: “No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello” (Mateo 5:34-36).
Cuando nosotros prometemos hacer algo, debemos estar absolutamente comprometidos en nuestra mente de que lo queremos hacer y podemos hacerlo. Nosotros debemos cumplir nuestras promesas aun cuando esto requiera más sacrificio de lo que inicialmente pensamos, como se describe en el salmo 15:
“Aquel…que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia;…el que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmos 15:4–5).
Una promesa “sí, sí” significa que nosotros estamos absolutamente decididos a hacerla. Y una promesa “no, no” significa que no lo vamos a hacer. Note la importancia de esto en Santiago 5:12: “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”.
Tenemos un comentario importante sobre las promesas de “Sí y No” (no sinceras) en 2 Corintios 1:19-20: “Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”.
Una promesa “Sí y No” viola la misma naturaleza de Dios, nos trae condenación, y puede causar amargura a aquellos que reciben la promesa. Propongámonos desde este día en adelante, darle seriedad a lo que decimos y cumplir lo que prometemos a los demás, aun cuando esto nos requiera más sacrificio.