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¡Sé pérfécto én la fé!
Nadie sería exitoso en la vida, sin fe. Por fe, se logran desarrollar las grandes obras de Dios, y “…sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Por la fe, Noé edificó el arca. Por la fe Moisés rehusó los tesoros de Egipto, escogiendo mejor ser maltratado y sufrir aflicción con el pueblo de Dios, considerando las riquezas de Cristo como más valiosas que todos los tesoros de Egipto (ver Hebreos 11:24-29).
Hay diferentes niveles de fe. La Escritura identifica “un poco de fe”, “aumentar la fe” y “grande fe” (Mateo 6:30; Lucas 17:5 y Mateo 8:10). La fe aumenta por la Palabra y es perfeccionada al ser probada y puesta en acción; una fe sin obras está muerta.
La prueba de nuestra fe produce paciencia: “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos [teleios] y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:4).
¿Cuál es la obra perfecta de la fe y la paciencia? Dios describe el proceso. Nosotros somos justificados por la fe, y por fe tenemos acceso al trono de gracia de Dios dentro del cual estamos; también “… nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (Romanos 5:3-5).
“La fe viene por el oír y el oír la Palabra [rhema] de Dios” (Romanos 10:17). Un rhema es un verso o porción de la Escritura que el Espíritu Santo nos trae a la atención con una aplicación para una situación especial o necesidad de dirección.
La fe es perfeccionada por obras que son motivadas por rhemas de la Escritura.
Un domingo en la mañana, estaba sentado en la iglesia escuchando a un orador hablar sobre la importancia de repartir Biblias a los niños de escuela. Estas palabras de la Escritura claramente vinieron a mi mente: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21).
Fue entonces cuando rendí mi cuenta de banco al Señor. Conforme lo di todo, no quise dinero de regreso; lo que quise fue más fe. Yo sabía que con fe, podía obtener lo que fuera necesario para desarrollar las obras de Dios. Los resultados no fueron inmediatos. Es así como debe tener la paciencia su obra perfecta; sin embargo, en retrospectiva, todo el programa del ministerio del IBLP* es la recompensa de esa pequeña fe.
Cuando Dios nos da un rhema para actuar conforme al mismo, muchas veces nos lo confirma con otro rhema, dando cumplimiento a que: “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto [rhema]” (2 Corintios 13:1). ¿Qué rhemas te ha dado Dios en los cuales quiere que actúes, para que tu fe sea perfeccionada por medio de obras y por la paciencia?
¡Sé pérfécto én discérnimiénto!
Cuando Dios le dijo a Salomón que le iba a dar lo que pidiera, Salomón podría haber pedido riquezas, fama, poder o una larga vida, pero en lugar de eso pidió una sola cosa importante que traería después todas las demás: “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo” (1 Reyes 3:9).
Los creyentes maduros existen en medio de un mundo de bondad o maldad, porque han ejercitado los sentidos para discernir lo bueno y lo malo.
La escritura describe a los creyentes inmaduros como bebés recién nacidos, los cuales han de desear la leche espiritual de la Palabra, para que por ella puedan crecer hacia la madurez (1 Pedro 2:2). Conforme maduremos en sabiduría y fe, no sólo vamos a comprender las profundidades de la Escritura, sino que también entenderemos todo aquello que Dios considera bueno y malo.
La relación entre la madurez espiritual y el discernimiento entre el bien y el mal, se explica claramente en las Escrituras. Pablo anhelaba siempre compartir las verdades profundas de la sabiduría de Dios a los nuevos creyentes, pero muchas veces se veía imposibilitado porque eran espiritualmente inmaduros: “Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez [teleios], para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:13-14).
Los cristianos inmaduros viven en un mundo entre la luz y las tinieblas. Ellos consideran las cosas grises como “amorales”.
La vida inmadura conduce a tomar decisiones inmaduras y a las consecuencias de hacer elecciones necias. El dueño de un laboratorio dental tenía necesidad de un asistente. Por tanto, entrevistó a una mujer que tenía todas las destrezas técnicas que se requerían y concluyó que era la persona ideal; sin embargo, su esposa le advirtió que tomara precauciones al emplear a esta mujer. Ella no podía explicarle las inquietudes que sentía con referencia a la mujer que iba a emplear, especialmente cuando todo parecía correcto exteriormente, pero aún así, ella urgió a su esposo a que empleara a otra persona.
Como el esposo necesitaba a un asistente inmediatamente, desechó las inquietudes de su esposa (discernimiento) y empleó a la mujer que había entrevistado. Conforme transcurrió el tiempo, el negocio comenzó a perder dinero. Un día, el dueño recibió una llamada telefónica de la policía, preguntándole si había perdido oro. El hombre fue a examinar inmediatamente el inventario de materiales dentales y descubrió que su asistente le había estado robando oro y vendiéndolo para su propio beneficio.
Este fue un hombre de los muchos que han pagado un precio muy alto por su falta de discernimiento. Un gran paso hacia la madurez es reconocer que Dios dará a tu esposa el discernimiento que a ti no te dará, para reconocer así, cuán necesaria es ella para tu éxito.
¿Cuántas veces has tomado una decisión en la cual tu esposa ha tenido serias dudas? Dios te dio a tu esposa para tener balance en tu vida, lo cual se manifiesta claramente en el discernimiento. Ahora podría ser un buen día para expresar agradecimiento a tu esposa por su rol vital en tu vida de éxito.
¡Sé pérfécto én buénas obras!
Una de las preguntas más dolorosas que puedes hacer a los adolescentes es: “¿Qué es lo que planeas hacer con tu vida?” Para muchos de ellos, escuchar esta pregunta es como una descarga de realidad combinada con el temor a fracasar; entre tanto responden sin vacilar: “No, yo no sé”.
La mayoría de estos jóvenes a quienes planteo esta pregunta, son creyentes que desean seguir al Señor. Sin embargo, cuando se trata de conocer “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” para sus vidas, ellos son inmaduros. No están conscientes de la maravillosa realidad que hay detrás de su nacimiento.
Cada persona fue primeramente creada en el corazón de Dios para hacer grandes cosas, y luego es formada en el vientre de su madre para desarrollar esas obras.
Esta maravillosa verdad fue revelada a Jeremías cuando Dios le dijo: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jeremías 1:5).
La palabra hebrea “conocer” es una expresión de conocimiento íntimo y de interacción. Esta es la misma palabra que se emplea para describir la unión de un esposo con su esposa en la relación de una misma carne, por ejemplo: “conoció Adán a su mujer Eva” (Génesis 4:1).
La palabra “formé” es la misma palabra para describir la formación del “…hombre del polvo de la tierra…” (Génesis 2:7). En otras palabras, Dios escogió, en su corazón y en su mente, aquellas grandes obras que nosotros haríamos, y luego nos diseñó en el vientre de nuestra madre con las características precisas y con las capacidades perfectas para lograrlas.
Este es el mensaje de Dios en Efesios 2:8-10. Somos salvos por gracia por medio de la fe para buenas obras, las cuales preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. Nota cómo estas buenas obras están relacionadas con nuestra perfección.
“Y el Dios de paz…os haga aptos en toda buena obra para que hagáis su voluntad, haciendo Él en vosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo…” (Hebreos 13:20-21).
Hay cinco grandes propósitos que Dios quiere que cada uno de nosotros cumplamos o ayudemos a otros a cumplir. Estos fueron desarrollados en orden en la vida de Adán.
El primero y más importante es establecer y mantener una relación inquebrantable con el Señor. El segundo propósito es demostrar el amor de Dios y su poder a través de nuestra manera de vivir. El tercero es desarrollar un mensaje especial en nuestras vidas basado en nuestra obediencia a los mandamientos de Cristo. El cuarto, es experimentar el éxito de la unidad en el matrimonio y el quinto es edificar las vidas de nuestros hijos para que sean poderosos en el Espíritu.
Las recompensas por amar los mandamientos de Dios, se nos describen en Salmos 112:1-2: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita”.
Busquemos las buenas obras que Dios nos predestinó antes de nuestra formación, con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerzas, para lograrlas y así alcanzar nuevos niveles de madurez.
¡Sé pérfécto én él amor!
A través de los años, he preguntado a muchos jóvenes si aman al Señor, y ellos me aseguran que lo aman. Luego les pregunto si ya han rendido totalmente sus vidas al Señor, y es ahí cuando me responden “no”. Todavía los detienen tesoros, planes, metas, deseos o pasiones, las cuales tienen temor de ceder a Dios.
Su amor por el Señor es solamente en palabra, porque cuando verdaderamente se ama a los demás, se tiene el deseo ardiente de darles todo lo que tenemos, aun hasta llegar a poner nuestra vida por ellos.
La evidencia de un amor imperfecto es temor, porque “…el perfecto amor echa fuera el temor…” (1 Juan 4:18).
¿Qué es entonces a lo que le tememos? ¡En muchos casos tememos perder el control! ¿Te has preguntado alguna vez por qué la nación de Israel conquistó a las naciones paganas con el poder de Dios, pero luego se volvieron y adoraron a los dioses paganos de esas naciones? ¿Por qué iban a servir a dioses que eran incapaces de libertar a las personas que confiaban en ellos?
La respuesta es significativa: a nosotros nos gusta adorar a dioses a quienes podemos controlar. Un dios conquistado entra en esta calificación. Nosotros tendemos a crear dioses que nos permitirán hacer lo que nosotros queremos.
Sin embargo, las cosas que nuestra antigua naturaleza deseaba, nos traen desilusión, aburrimiento y destrucción. El dilema tiene sus bases en la enseñanza de Cristo:
“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, y del evangelio, la salvará” (Marcos 8:35).
Ayer mencioné de una joven que encontró una libertad nueva al rendir su vida totalmente. Pero unos días después de su entrega total, me contó que estaba experimentando una disminución de la libertad que había tenido al principio. Le expliqué que tan pronto como rendimos nuestras vidas al Señor, Dios comienza a obrar en áreas específicas, tratando con ellas una a una. Ella me sonrió y me dijo: “Eso es exactamente lo que me está pasando”.
Este es el punto en el cual los compromisos estarían en orden. Dios quiere que le entreguemos nuestros amigos, dinero, agenda, ambiciones, reputación, matrimonio y posesiones. Pablo confiadamente dice: “…porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).
Dios me pidió que le diera cada una de estas áreas de mi vida, y fue una lucha el dejarlas ir. Sin embargo, conforme lo hacía, mi fe crecía. Al tiempo, el Señor me devolvió las cosas que le había entregado, pero de maneras inesperadas. Por ejemplo, yo le entregué mi dinero, y el Señor comenzó a proveer para mis necesidades en cantidades de dinero exactas en respuesta a mis oraciones. Cuando le cedí mis amigos, ellos me abandonaron, pero fue así como me enseñó a hacer discípulos. Sin embargo, lo que fallé en entregarle al Señor, al tiempo lo perdí de todas maneras, lo cual me causó tristeza.
Mi apelación a ti es que rindas totalmente cada área de tu vida a Dios como una expresión de amor perfecto.
¡Da el paso ma s importante!
Mi mayor satisfacción es observar a jóvenes y adultos madurar espiritualmente. Mi mayor tristeza es mirar a cristianos que en un tiempo estuvieron dedicados, pero que ahora rechazan los compromisos bíblicos. ¿Qué es lo que ocasiona que un creyente le dé la espalda a aquello que ha aprendido y recibido de Dios?
Los compromisos son buenos, pero estos tienden a no permanecer, a no ser que estén basados en decisiones fundamentales.
Una de las razones ocultas del por qué los compromisos no se pueden sostener por mucho tiempo la tenemos en la historia del joven rico. Este hombre tenía fuertes compromisos con relación a los mandamientos de Dios. Cuando el Señor Jesús le mencionó algunos de ellos, el joven inmediatamente afirmó: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud” (Mateo 19:20).
El Señor Jesús, fijando sus ojos en él, “lo amó” y le dijo: “Si quieres ser perfecto [teleios], anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mateo 19:21). Estas instrucciones constituían una rendición total e incondicional.
Cuando el joven escuchó este requisito, “…se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Mateo 19:22). Este hombre estaba dispuesto a hacer compromisos, pero no estaba dispuesto a rendir total e incondicionalmente su vida y todo lo que tenía a Jesucristo.
Los compromisos están basados en nuestro control y bajo condiciones. Una entrega total e incondicional está basada en el control de Dios.
Cuando Jesús escogió a sus discípulos, Él no les pidió que hicieran un compromiso para abandonar todas las cosas y le siguieran por los próximos años. Él les requirió que dejaran todo, tomaran su cruz, y lo siguieran el resto de sus vidas, sin importar el precio.
Inclusive, los requisitos que Jesús le dio al hombre rico, tenían una base razonable, ya que por ser miembro de la nación de Israel, estaba dentro del pacto que lo obligaba a “amar a su prójimo como a sí mismo”. Este fue uno de los mandamientos que Jesús le mencionó y al que el hombre contestó haber guardado (ver Levítico 19:18).
Esta misma instrucción se nos da a nosotros. Se nos urge a rendir totalmente nuestros cuerpos como sacrificios vivos, y luego somos retados a “distribuir para las necesidades de los santos” (ver Romanos 12:1-2, 13).
Recientemente le pregunté a una joven de 22 años acerca de cómo iba su caminar con el Señor. Ella respondió: “No muy bien, no recibo mucho de mi lectura bíblica diaria, y estoy ansiosa acerca de mi futuro”. Ella había establecido varios compromisos, pero no había rendido totalmente su vida al Señor. Ese día ella lo hizo. Cuando le pregunté al siguiente día cómo se sentía, exclamó diciendo: “¡Tengo una nueva libertad!”
¿Has hecho algún compromiso que no has podido guardar por razón de que no has entregado toda tu vida al Señor Jesucristo? Te insto a hacerlo ahora, ya que es solamente por medio de nuestra rendición total, que experimentaremos éxito.
¡Sé pérfécto!
¡El mandamiento de ser perfecto suena imposible! A veces cuando hacemos algo incorrecto, razonamos diciendo: “Bueno, nadie es perfecto”; aún podríamos emplear la Escritura para apoyar nuestra conclusión: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8). Así que, ¿Qué es lo que Jesús quiso decir cuando nos dio el mandamiento?
Mandamiento once: “Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).
Sin duda, nuestra dificultad con este mandamiento es por causa del entendimiento que tenemos de la palabra perfecto. La palabra en español significa: “estar sin errores o desperfectos”. Por ejemplo, nosotros decimos que una persona ganó una calificación “perfecta” al responder a todas las preguntas correctamente.
La palabra griega para perfecto, que el Señor Jesús empleó en este mandamiento, tiene un significado diferente. Es la palabra teleios, que significa: “completo” o “terminado”. Esto viene de la palabra telos, la cual incluye el significado de alcanzar la meta, cumplir el propósito de uno, llegar a ser un adulto maduro, en vez de permanecer espiritualmente inmaduros como niños.
Pablo emplea esta misma palabra cuando explica a los creyentes que Dios ha establecido a varios líderes en la iglesia para: “…perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto [teleios], a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:12-13).
Crecer en madurez se logra cuando nosotros somos conformados a la “imagen misma” de Jesucristo a través de Sus mandamientos.
El término “imagen misma” es una traducción de la palabra griega “ charakter” (Hebreos 1:3). El Señor Jesús nos revela su carácter y verdadera naturaleza por medio de Sus mandamientos. Por lo tanto, Él nos promete: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).
Cada uno de los mandamientos de Cristo contiene una sabiduría infinita y un gran poder. Cuando comencé a memorizar muchos de ellos a través del Sermón del Monte y a aplicarlos a mi vida, muchas cosas sorprendentes comenzaron a ocurrirme. Mis calificaciones escolares comenzaron a mejorar sorprendentemente. Dios me proveía dinero en cantidades exactas en respuesta a muchas de mis oraciones. Experimenté una limpia conciencia y logré perdonar a mis ofensores.
Conforme compartí estas y otras recompensas con algunos jóvenes que fueron parte de las pandillas en las calles de Chicago y con grupos de jóvenes cristianos, comencé a ver resultados permanentes en sus vidas.
¿Qué compromisos has hecho ante el Señor? ¿Has podido mantener esos compromisos? Si no, entonces serás animado por el devocional de mañana.
MANDAMIENTO 11: SÉ PERFECTO
CUALIDAD DE CARÁCTER: SINCERIDAD
Sinceridad vs. Hipocresía
La sinceridad es ser tan auténticos en el interior como lo que parecemos ser en el exterior.
La palabra sincero viene del Latín sincerus, y significa “entero, puro, genuino.” Es muy probable que se derive de la raíz sem-, que significa “uno”, y cerus, de un verbo que significa “crear.” Ser sincero es ser sin doblez ni hipocresía, lo cual fomenta decepción. La máxima expresión de hipocresía es Satanás y sus mensajeros, los cuales se muestran como ángeles de luz pero que en realidad son oscuridad y muerte. (Ver II Corintios 11:13-15.)
La palabra hebrea para sinceridad es tamiym. Esto significa “íntegro, completo, entero, en perfecto estado; tener integridad; estar completo o en completo acuerdo con la verdad y realidad.” La palabra Griega heilikrines se traduce como sincero y se compone de dos palabras Griegas: heile, que significa “el rayo del sol”, y krino, que significa “juez”. El significado literal de sincero puede ser traducido así: “nuestras vidas y acciones sean halladas puras cuando seamos juzgados por la luz del sol.” Jesús explicó, “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:20).
La recompensa de la Sinceridad
Dios busca corazones sinceros y perfectos a través de los cual es pueda demostrar Su sabiduría y poder. “Porque los ojos de Jehová contemplan, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (II Crónicas 16:9). Esta declaración fue hecha hacia el Rey Asa, quien ganó una gran victoria cuando confió en el Señor, pero sufrió una gran derrota cuando confió en un aliado militar.
Pablo descubrió que cuando él confiaba en el Señor con todo su corazón, a pesar de que era débil, él experimentaba la fuerza de Dios. El Señor le dijo, “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (II Corintios 12:9).
La llave a la sinceridad
Otra palabra del Nuevo Testamento traducida como perfecto es katartizo, que significa “acabar algo completamente, esto es, reparar, ajustar; poner en orden.” Pedro escribió, “El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione [katartizo], afirme, fortalezca y establezca” (I Pedro 5:10).
Dios lleva a todos los creyentes a través de pruebas ardientes que exponen sus defectos ocultos e imperfecciones. Cuando los creyentes dan gracias a Dios por estas pruebas y se regocijan en los propósitos para los cuales Dios los ha preparado, Dios otorga una medida correspondiente del poder del Espíritu Santo y una perfección del fruto del Espíritu en la vida de los creyentes. (Ver I Pedro 4:12-13.)
Evaluación personal: ¿Qué tan sincero eres Tú?
• ¿Eres igual en el exterior a lo que eres en tu interior?
• ¿Ocultas de la luz de Cristo pecados secretos?
• ¿Juzgas a los demás en cosas de las que tú también eres culpable?
• ¿Eres alguien que obedece externamente, pero interiormente resistes a la instrucción?
• ¿Buscas al Señor con tu corazón entero?
• ¿Haces buenas obras para recibir alabanza de los hombres, o para la Gloria de Dios?
• ¿Permites que la fuerza de Dios brille a través de tus debilidades?
¡Clasifica a tus enemigos!
Una guerra civil se desató en la nación de Israel. Un hijo arrogante se levantó en contra de su famoso padre: el rey David. Conforme David huía de la capital con un pequeño ejército, un hombre airado, maldiciente y burlesco comenzó a vituperar y a maldecir a David, y aun le tiraba piedras. Esas acciones irrespetuosas causaron gran ira en uno de los generales de David quien le dijo: “¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza” (2 Samuel 16:9).
La profunda respuesta de David claramente explica la primera clasificación de nuestros enemigos: aquellos que hacemos por nuestras propias faltas. David contestó: “Si él así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David. Quién, pues, le dirá: ¿Por qué lo haces así?” (2 Samuel 16:10). David reconocía que las acciones de este hombre y las de su hijo Absalón eran parte del castigo de Dios por causa de su pecado personal con Betsabé. Sin embargo, Dios nos ha dado una hermosa promesa con respecto a nuestros enemigos:
“Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7).
Hay una segunda clasificación de nuestros enemigos: aquellos que están en contra de Dios y Sus propósitos. Estos enemigos nos atacan por causa de nuestra relación con el Señor Jesucristo y por nuestro potencial de dañar al reino de las tinieblas. David también tuvo su parte con esta clase de enemigos, comenzando con sus hermanos mayores quienes le despreciaron cuando llegó al campo de batalla, luego Goliat quien desafío a los ejércitos de Dios, y también el rey Saúl quien se llenó de temor por la fama creciente de David.
La respuesta de David a estos enemigos se menciona en varios salmos: “Todo el día mis enemigos me pisotean; porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Todos los días ellos pervierten mi causa; contra mí son todos sus pensamientos para mal” (Salmos 56:2-5). Luego empleó su arma poderosa:
“Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí” (Salmos 56:9).
Cuando clamamos a Dios, le estamos diciendo: “Señor me rindo incondicionalmente a ti y a tu voluntad para mi vida, y yo desesperadamente te necesito; necesito tu intervención en este momento”. Con este espíritu de humildad, confianza y dependencia, Dios es poderoso no sólo para tratar con nuestros enemigos, sino que también obra poderosamente a través de nuestras vidas, en maneras que muchas veces no nos imaginamos (ver 1 Pedro 5:6-7).
En este día, en tu diario, haz una lista de todos tus enemigos y clasifícalos al escribir “míos” y “de Dios” en cada uno de sus nombres. Luego podemos darle gracias a Dios por los beneficios que Él tiene en su mente
al permitirles que se nos opongan; entonces podremos dar pasos apropiados para responderle a cada enemigo.
¡Sé má s qué véncédor!
Pablo alzó triunfante el estandarte de la victoria al declarar: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). Las “ cosas” a las que Pablo se refería son: tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada (Romanos 8:35).
Siguiendo a esta lista, el apóstol Pablo menciona un pasaje significativo que se encuentra en Salmos 44:22: “Pero por causa de ti nos matan cada día; somos contados como ovejas para el matadero”. Es en estas cosas en las que nosotros somos más que vencedores. ¿De qué manera?
El arma más poderosa del mundo es el amor genuino. Al usarlo con nuestros enemigos, nos convertimos en más que vencedores.
Si nosotros conquistamos a nuestros enemigos, seremos conquistadores; pero si ganamos a nuestros enemigos basándonos en la verdad de Dios, a través del amor de Jesucristo en nosotros, nos convertimos en más que vencedores. Cuando el pastor Tson estaba en aquel cuarto de interrogación, entró un hombre que un tiempo atrás lo había interrogado y golpeado. El Dr. Josef Tson le dirigió unas palabras sorprendentes diciendo: “Te pido que me perdones por los gritos que di la última vez que me golpeaste”.
El oficial sorprendido le preguntó que por qué pedía perdón y el Dr. Tson le respondió: “porque cuando comprendí que esa era la misma semana en la que el Señor Jesucristo fue azotado, abofeteado y crucificado por mis pecados y Él no abrió su boca, fue para mí un honor haber recibido tan pequeña cantidad de sufrimiento, y así puedo demostrarte el amor de Jesucristo”. Estas palabras conmovieron tanto al oficial que dejó en libertad al pastor por el fin de semana para que atendiera la iglesia.
Durante los siguientes meses de interrogación diaria, los captores del pastor Josef Tson, le dijeron: “Todos los demás a quiénes hemos interrogado nos aborrecen; ¿Por qué tú no nos aborreces? El pastor respondió: “porque cada mañana antes de venir aquí, me pongo de rodillas y le pido a Dios que te bendiga y bendiga a tu esposa e hijos; te amo y por tanto no puedo aborrecerte”. Después de los seis meses de interrogación, cuando quedó en libertad, uno de los oficiales comunistas le dijo con profunda emoción: “Señor Tson, lo voy a extrañar”.
Cuando nosotros miramos el potencial en nuestros enemigos como creyentes e invertimos en ellos, aumentará nuestro amor a ellos; ya que donde esté nuestro tesoro, ahí estará nuestro corazón.
Piensa en tu mayor enemigo, e imagínalo como un creyente. Con el mismo fervor con el que los enemigos atacan al evangelio y a los creyentes, con ese mismo fervor pueden funcionar para la expansión del evangelio de Jesucristo, como en el caso del apóstol Pablo.
Si nosotros queremos ser más que vencedores, hemos de usar el arma suprema del amor ágape que el Señor Jesús describe: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13) ¿Estamos poniendo nuestras vidas por nuestros enemigos al demostrarles el amor incondicional de Dios?
¡Sé má s podéroso qué tus énémigos!
Un pastor muy reconocido en Rumania miraba hacia fuera a través de la ventana y de pronto vio un carro militar que se detuvo enfrente de su casa; con paso seguro fue al frente y abrió la puerta—ellos lo arrestaron y lo llevaron a una estación militar donde fue interrogado; el pastor se llama Josef Tson.
Ellos le estaban exigiendo de una manera áspera y con palabras violentas que se retractara de las palabras que había escrito en un artículo cristiano acerca de la fe cristiana; amenazaban con matarlo si no se retractaba, pero el pastor los miraba con una sonrisa. Ellos le preguntaron: ¿Por qué te sonríes cuando te decimos que te vamos a matar?
Él respondió: “Su arma suprema es matarme, pero la mía es morir por mi fe; como ustedes pueden ver, mis sermones están por toda Rumania; si yo muero rociaré cada una de mis grabaciones con sangre y las personas las oirán con más dedicación. De esa manera conquistaré Rumania con el evangelio de Jesucristo por mi muerte y además me iría más pronto a la gloria de Dios”. Sus enemigos comprendieron la verdad de sus palabras y le respondieron: “no te podemos dejar morir como un mártir”.
Las personas más poderosas sobre la faz de la tierra son aquellas que no le temen a la muerte.
El temor a la muerte puede causar un efecto paralizador en nuestras mentes, voluntades y emociones. Puede disminuir nuestro potencial para tener éxito. Pero gracias a Dios que el Señor Jesucristo murió para conquistar este temor: “…él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).
Pablo aplicó a su vida esta poderosa verdad cuando escribió que él ya estaba “llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida” (2 Corintios 4:10-12).
La gran paradoja de la vida cristiana es que nunca estaremos tan vivos como cuando nos rendimos en muerte al Señor Jesucristo.
Tiene que llegar el momento cuando nosotros debemos rendirnos totalmente al Señor, ya que ésta es la base del amor genuino y del poder para vivir la vida cristiana (Juan 15:13). El momento en el que me rendí incondicionalmente sucedió una tarde cuando era adolescente. Estaba leyendo el libro de Los Mártires de Fox y fui fuertemente retado por el ejemplo de estos cristianos, quienes experimentaron terribles muertes por su fe. Incliné mi cabeza y dije: “¡Señor, viviré por ti y moriré por ti!”
Una cosa maravillosa sucedió. Ya no estaba preocupado por qué tanto placer obtendría de la vida. Más bien, estaba preocupado acerca de qué tanto podría yo hacer por el Señor antes de morir. La vida se convirtió en una emocionante carrera contra el tiempo. Este compromiso me ha dado significado y propósito para cada
día, sin temor a la muerte. Si no lo has hecho aún, te apremio a que te unas a mí en este día en esta emocionante carrera al rendirte incondicionalmente al Señor.
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