Permanecer
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  • Mandamiento 13 - Guarda Tesoros - Serie los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    MANDAMIENTO 13: GUARDA TESOROS

    CUALIDAD DE CARÁCTER: FRUGALIDAD (AHORRO)

    Frugalidad vs. Extravagancia

    La Frugalidad (ó ahorro) es multiplicar mis recursos a través de inversiones sabias de forma que tengo más para dar de regreso a Dios.

    La frugalidad es la base de una administración sabia. Por esta razón, la enseñanza de Jesús sobre la mayordomía nos proporciona una comprensión de la frugalidad.

    La palabra Griega para mayordomía es oikonomia; esta palabra identifica la administración por parte de un mayordomo de los recursos de su amo. Su fidelidad está determinada por cuán exitoso es en usar e incrementar sabiamente los recursos que tiene bajo su cuidado.

    Aspectos De La Frugalidad

    1. La frugalidad empieza con estar contentos.

    Una persona que cree que la felicidad se mide por las posesiones personales no será capaz de tener frugalidad verdadera. Él consumirá bienes costosos para tener cosas que no traen ganancia ni pueden satisfacer. Jesús advirtió, “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15).

    Por otro lado, una persona que está contenta con lo que tiene poseerá la habilidad natural de ser ahorrativo. “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (I Timoteo 6:8).

    2. La frugalidad usa la creatividad para incrementar los bienes.

    Al igual que los dos mayordomos fieles duplicaron sus bienes, de igual forma Jacob encontró maneras creativas para multiplicar los rebaños que se le habían confiado a él. Un hombre frugal entenderá cómo Dios diseñó las cosas, y usará este conocimiento para incrementar la productividad en el trabajo que realiza.

    3. La frugalidad guarda solamente cosas que tienen un propósito.

    Jesús es el máximo ejemplo de frugalidad. Él sólo poseía cosas que eran esenciales para la vida y el ministerio. Cuando Él envió a los doce discípulos, Él les dijo, “No toméis nada para el camino, ni bordón [bastón], ni alforja [bolsa], ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas” (Lucas 9:3).

    4. La frugalidad reúne los pedazos que sobran después de un proyecto.

    Cuando Jesús alimentó a los cinco mil, Él demostró frugalidad al no permitir que la comida que sobró se echara a la basura. “Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas” (Mateo 14:20).

    5. La frugalidad ahorra en tiempos de abundancia.

    Cuando los ingresos de una persona aumentan, su tendencia natural es incrementar también su nivel de vida, gastando en comodidades y en lujos personales. Esta tendencia es

    identificada en la Escritura. “Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?” (Eclesiastés 5:11).

    Cómo Se Diferencia La Frugalidad De La Avaricia

    Frugalidad es usar la menor cantidad de recursos posibles para mis propias necesidades de manera que tendré recursos para ser generoso con Dios y con los demás.

    La avaricia es dar la espalda cuando debemos dar a otros de manera que voy a tener más para mí mismo. Dios condena la avaricia. “Oigan cómo clama contra ustedes el salario no pagado a los obreros que les trabajaron sus campos. El clamor de esos trabajadores ha llegado a oídos del Señor Todopoderoso.” (Santiago 5:4, NVI).

    Evaluación Personal: ¿Qué tan frugal eres tú?

    • ¿Mantienes un registro detallado de tus recursos para saber cómo se están gastando?

    • ¿Ahorras todo lo que tú puedes de forma que puedas tener fondos disponibles para dar?

    • ¿Estás usando tus energías y recursos principalmente para ti mismo o para las necesidades de los demás?

    • ¿Estudias procedimientos y formas para ver cómo puedes llegar a ser más eficiente y menos costoso?

    • Cuando tus ingresos aumentan, ¿mantienes tu mismo nivel de vida de forma que tienes más para dar?

    11 min
  • Día 84 - Mandamiento 12 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Sé paciénté con réspécto a las récompénsas pú blicas!

    Un joven llamado Jorge se quedó impresionado con sus compañeros estudiantes en la universidad Oxford, quienes se reunían continuamente para tener un estudio de la Biblia y orar juntos. Ellos también hacían muchas buenas obras en la comunidad. Aunque otros estudiantes se burlaban de este grupo, Jorge decidió asociarse con éste y comenzó a aplicar ciertas disciplinas espirituales, incluyendo el ayuno.

    El problema de este grupo, sin embargo, era que ellos estaban confiando en las disciplinas para su salvación. En su obsesión por llegar a ser aceptable a Dios, Jorge comenzó a ayunar por más de seis semanas consecutivas hasta que una mañana descubrió que sus manos se estaban poniendo negras; eventualmente, por causa del ayuno no tuvo fuerzas ni para subir los escalones de su dormitorio y los demás estudiantes le hicieron burla ridiculizándolo diciendo: “¿A qué ha llegado su ayuno ahora?” Fue puesto en cama por varias semanas, durante las cuales comprendió que realmente la salvación es por medio de la fe en Jesucristo y no por medio de obras.

    Después de que Jorge comprendió que la fe y la confianza en Jesucristo era todo lo que necesitaba para ser aceptable a Dios, continuó practicando las disciplinas del ayuno y de dar ofrendas a los pobres.

    Lo que aconteció en su vida es legendario. Multitudes, muchas veces más de 20,000 personas, venían a escucharlo hablar al aire libre, preparando a América para establecer los fundamentos bíblicos e impactar a sus líderes. Este hombre fue Jorge Whitefield, un gigante espiritual en el mundo.

    Juan Wesley, quien impactó la historia dijo: “No vayan buscando ministerio, en lugar de eso anticipen el fruto de una vida disciplinada”.

    Pablo les suplicaba a los primeros creyentes que siguieran una vida disciplinada para que en años posteriores Dios pudiera obrar a través de ellos. Así les decía: “Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Timoteo 2:20-21).

    Cada persona que desee sobresalir, deberá abrazar las disciplinas que se requieren para alcanzar la meta.

    Durante los años de mi adolescencia, con sinceridad buscaba las cosas de Dios para mi vida. Dios me mostró que para obtener esto, necesitaba rendir muchas de las cosas que mis amigos cristianos gozaban. Es como si Dios me dijera: “Si tu quieres mi bendición en tu vida, entonces no compares tus libertades con las libertades de tus amigos, sino compara tus disciplinas con las de Cristo”. Yo adopté el título de un libro pequeño como mi exhortación personal: “Los otros podrán, pero tú no”.

    ¿Qué cosas has permitido en tu vida, sólo porque todos los demás lo hacen? Entre los libros más poderosos que se hayan escrito, están los relatos diarios de hombres y mujeres de fe, quienes describen sus victorias y

    sus fracasos en las disciplinas diarias. En este día, en tu diario, tienes una oportunidad excelente para escribir a las próximas generaciones tus experiencias de cómo desarrollaste en tu vida estas disciplinas espirituales.

    7 min
  • Día 83 - Mandamiento 12 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Goza de las recompensas del ayuno!

    ¡Las recompensas del ayuno son tremendas! Hay beneficios espirituales, mentales, emocionales y físicos al estar un periodo de tiempo sin comida. La duración de un ayuno puede ser desde una comida, hasta cuarenta días. El ayuno incrementa en gran manera el estar alerta y la autoridad espiritual. Cuando los discípulos le preguntaron al Señor por qué ellos no pudieron echar fuera el mal espíritu que atormentaba al niño, Él les respondió: “este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 17:21).

    El Señor Jesús entró al desierto para ayunar en la plenitud del Espíritu, pero regresó en el poder del Espíritu (ver Lucas 4:1-14).

    La primera vez que ayuné fue cuando era adolescente, mientras memorizaba el Sermón del Monte. Yo asumía que sólo porque el Señor Jesús había dado instrucción de hacerlo, lo podría hacer. El primer día se me hizo muy difícil, porque mis apetitos físicos estaban acostumbrados a recibir conforme a sus demandas. Sin embargo, entre más tiempo se prolongó el ayuno, comencé a descubrir más profundidad espiritual en las Escrituras. Ahí estaba experimentando las palabras del Señor Jesús: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

    A los meses, durante el tiempo en que comencé a trabajar con las pandillas del centro de la ciudad, observé que eran muy pocos los que estaban aceptando la salvación, hasta que dediqué un día de oración y ayuno. A la semana siguiente, muchos que se habían resistido, se hicieron creyentes, y Dios demostró Su poder para liberar a mucha juventud de la esclavitud del pecado.

    Una de las más grandes recompensas del ayuno, es encontrar descanso de las adicciones sensuales.

    El apóstol Pablo explica la secuencia de causa y efecto en la vida cristiana: si nosotros sembramos para la carne, de la carne segaremos corrupción, pero si sembramos para el Espíritu, del Espíritu segaremos vida eterna (ver Gálatas 6:8). Durante un ayuno prolongado los deseos sensuales se reducen dramáticamente. Aunque después del ayuno vuelven a aparecer, nosotros ya tendremos un nuevo nivel de control si ayunamos juntamente con la meditación de las Escrituras.

    También hay beneficios significativos en la salud por el ayuno. Durante el ayuno, las toxinas son eliminadas del cuerpo, y los sentidos físicos tales como el gusto, la vista y el oído son en gran manera refinados; el sistema inmunológico es fortalecido (muchas veces sanando enfermedades) y los factores que causan el envejecimiento son en gran manera reducidos.

    La persona más anciana mencionada en el Nuevo Testamento, es Ana. Hay varios factores que nos indican que ella continuó en su ministerio público hasta la edad de 110 años. Sin embargo, más de 80 años los empleó para ayunar y orar en el templo (ver Lucas 2:37). Estos beneficios físicos son aludidos en Isaías 58:8: “Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación [salud] se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de

    ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia”. ¿Por qué no planificar ahora un ayuno especial y gozar los beneficios maravillosos de esta disciplina?

    7 min
  • Día 82 - Mandamiento 12 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Conoce las funciones del ayuno!

    El Señor Jesús llamó a sus seguidores “discípulos”. Ser discípulo requiere ser disciplinado, y esto es todo a lo que se refiere este mandamiento. Las disciplinas bíblicas están diseñadas para traer nuestros deseos físicos bajo el control del Espíritu de Dios, ya que los deseos de la carne luchan contra el espíritu, y los deseos del espíritu son en contra de la carne. En ninguna otra área se nos da un reto tan urgente como en la disciplina del ayuno.

    El ayuno agrega intensidad a nuestra búsqueda de Dios, a nuestro estudio de su Palabra, a nuestra fe sincera, y a nuestra rendición al Señor Jesús.

    El rey de Nínive convocó al ayuno a toda la ciudad cuando buscaban la misericordia de Dios (ver Jonás 3:6-10). Esdras proclamó ayuno junto al río para apelar a la protección de Dios (ver Esdras 8:21). David ayunó en su apelación a Dios por la vida de su hijo (ver 2 Samuel 12:16). Ester ayunó juntamente con el pueblo en su preparación antes de apelar al rey (ver Ester 4:16). Nehemías ayunó por el favor del rey para venir a reconstruir los muros de Jerusalén (ver Nehemías 1:3-4), y Daniel agregó ayuno a su petición para que los judíos regresaran a la tierra prometida (ver Daniel 9).

    En cada uno de estos casos, había un objetivo espiritual muy importante qué lograr. Este enfoque es un contraste directo al espectáculo público que hacían los fariseos cuando ayunaban: “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:16-18).

    La meta de Dios para el ayuno “es desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo” (Isaías 58:6).

    Muchos cristianos se preguntan si todavía el ayuno es para practicarlo en nuestros tiempos. Es comprensible que se pregunten esto, ya que la iglesia dedica más tiempo a banquetes que a ayunos. Sin embargo, cuando al Señor Jesucristo le preguntaron los discípulos de Juan el Bautista, por qué sus discípulos no ayunaban, les explicó que mientras Él estuviera con ellos físicamente no iban a ayunar, pero cuando les fuera quitado, entonces ayunarían (ver Marcos 2:19-20). Muchos de los grandes cristianos que yo conozco han implementado el ayuno y la oración como partes vitales en su caminar con el Señor.

    En una ocasión, pregunté a unos jóvenes del grupo local de una iglesia, que cuántos de ellos habían pasado un día entero sin comida. Ninguno levantó su mano. ¡Qué respuestas tan tristes en la iglesia por falta de practicar esta disciplina en estos tiempos! Si se te preguntara, cuántas veces ayunas con propósitos espirituales, ¿Cuál sería tu respuesta?

    Un esposo ayunó la hora de la comida por un mes, durante este tiempo se dedicó a memorizar la Escritura, y con el dinero que se ahorró al no comprar comida, le pudo comprar un regalo especial a su esposa, el cual ella apreció. Si tú sigues su ejemplo, yo sé que Dios te recompensará públicamente.

    6 min
  • Día 81 - Mandamiento 12 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Descubre el poder en la oracio n “de clo set”!

    Un matrimonio se mantuvo orando a Dios por cinco años para que les bendijera con otro hijo teniendo una familia de tres. Pero nada sucedía. Sin duda que su hijo de siete años comenzó a preguntarse si realmente Dios contestaba la oración. ¿Verdaderamente Dios contesta la oración? El problema no consistía en la habilidad de Dios para oír y responder la oración, sino en la habilidad de ellos en comprender y experimentar el poder de la oración “de clóset”.

    El Señor Jesús mandó diciendo: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6).

    La oración “de clóset” es una oración ferviente, incondicional, íntima, sin distracción y urgente.

    La oración “de clóset” es poderosa, como lo describe Santiago: “La oración eficaz del justo puede mucho [genera mayor poder]” (Santiago 5:16).

    Cuando la esposa aprendió acerca del poder de la oración ferviente en un seminario de “ Resolución de la ira” (1), fue a su casa y la practicó. En una apelación ferviente, clamó a Dios por otro bebé, inclusive pidió una niña. Pocos días después ella concibió. En esos mismos días recibieron una carta de una clínica de fertilidad que habían visitado, en la cual se les informaba que basados en los estudios recientes, era imposible que ella concibiera, pero nueve meses después tuvieron su bebé: una niña.

    Dios contesta las oraciones fervientes, las apelaciones sin distracciones que son parte de las oraciones “de clóset”. Miramos esta intensidad en la oración poderosa de Daniel: “Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (Daniel 9:19). En esta oración encontramos otra clave de la oración “de clóset”:

    La oración “de clóset” también está basada en proteger el nombre de Dios y hacer avanzar Su reino, en vez de promover nuestra agenda personal.

    Cuando traemos nuestra petición a Dios, ¿Es para realzar nuestra reputación, o para realzar el nombre de Jesucristo? ¿Es para hacer avanzar nuestro programa, o es para hacer avanzar el reino de Dios? La oración se vuelve poderosa, cuando relacionamos nuestras apelaciones a las metas que Dios tiene para nuestras vidas en el mundo.

    ¿Cuántas de nuestras oraciones son basadas conforme al modelo de oración “de clóset” que Jesús nos dio? “Santificado sea tu nombre…porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria” (Mateo 6:9-13). De ahora en adelante, trata de presentar las necesidades por las que has estado orando, y evalúalas sobre la base de cómo se relacionan a la reputación de Dios, Su poder, Su reino y Su gloria. Después, ve y enciérrate en tu clóset de oración y haz una oración ferviente basada en esto. ¡Mira lo que Dios obrará!

    5 min
  • Día 80 - Mandamiento 12 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Aprende a redirigir la alabanza!

    El mandamiento de practicar disciplinas piadosas secretamente es con el propósito de enfocarnos en la aprobación de Dios y no en la alabanza de los hombres. Herodes falló en entender este principio y pagó un precio muy alto por violarlo. En la ocasión en la que dio un discurso a las naciones de Tiro y Sidón la gente comenzó a gritar: “Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:22-23).

    La grandeza no se mide por la cantidad de alabanza y reconocimiento que recibimos, sino por cuánto damos a quien servimos.

    Cuando el rey Nabucodonosor dio un ultimátum a todos sus consejeros para que le interpretaran su sueño o si no los mataría, Daniel oró fervientemente a Dios a quien servía. Cuando Dios le dio respuesta a su oración y le mostró la interpretación, Daniel inmediatamente bendijo a Dios y dijo: “Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría” (Daniel 2:20).

    Cuando Daniel fue delante del rey, él podría haberle dicho: “Ahora, yo puedo darte la interpretación del sueño”, pero en lugar de hacer eso, Daniel dirigió a Dios la atención del rey diciendo: “Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días… Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes…” (Daniel 2:28-30).

    Cuando hacemos obras dignas de alabanza, y redirigimos la gloria a Dios, la gente alaba la grandeza de Dios por obrar a través de nosotros.

    Nota lo que aconteció a Daniel cuando dirigió la alabanza a Dios: “El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio. Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia” (Daniel 2:47-48).

    El Señor Jesús nos enseñó este principio de redirigir la alabanza cuando otorgamos dádivas anónimamente. Cuando una persona recibe un regalo supliendo una necesidad, y el regalo tiene una nota en la cual dice que se está dando bajo la dirección de Dios y que toda honra y alabanza debe darse a Él, esa persona tendrá una gran motivación para adorar a Dios, y nosotros nos regocijaremos al saber que se le está dando una gran alabanza a Él por lo que hicimos (2 Corintios 9:12-15). Dios entonces nos recompensará abiertamente.

    Es un acto de fe el dar un regalo a alguien de una manera anónima. Sin embargo, cuando Dios recompensa esta fe, es la base de un gran gozo. ¿A quién puedes hacer un regalo en este día, de tal manera que la persona le dé gloria y honra a Dios?

    5 min
  • Día 79 - Mandamiento 12 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Evita los peligros que hay por robar gloria!

    El modelo casi siempre es el mismo y es muy común: miramos una necesidad especial en la vida de una persona, y nosotros con gozo tratamos de suplirla, pero el que la recibe, luego nos alaba por nuestra generosidad, nos sonreímos con satisfacción y luego seguimos adelante, y nos deleitamos en la atención y admiración que recibimos.

    Sin embargo, esta alabanza puede pronto convertirse en resentimiento y aun en amargura en la persona que hemos ayudado, y no comprendemos por qué sucede esto. ¿Por qué reacciona contra nosotros, especialmente considerando todo lo que lo hemos ayudado?

    Las palabras de esta pregunta nos revelan el problema: ambas personas pensamos en términos de lo que nosotros hicimos por ellos, en vez de pensar mejor en lo que Dios ha hecho por ellos a través de nosotros. Cuando la gente nos busca, en vez de buscar a Dios para suplir sus necesidades, nos ponen en un pedestal y nos dan la gloria que solamente le pertenece a Dios. Y cuando ya no podemos suplir nuevas necesidades, las personas se desilusionan de nosotros y destruyen su “dios fracasado”. Es por esta razón que Dios nos da la siguiente advertencia:

    “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas…Den gloria a Jehová, y anuncien sus loores en las costas” (Isaías 42:8-12).

    Para evitar que la gente nos busque para suplir sus necesidades básicas, en vez de buscar a Dios, el Señor Jesús nos dio el mandamiento: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos… Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:1, 3-4).

    Pablo y Bernabé reconocieron el peligro que hay en robar la gloria a Dios cuando la gente de Listra se estaba preparando para adorarlos como a dioses. Los apóstoles rasgaron sus ropas y corrieron entre la gente gritando: “Varones, ¿Por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros…” (Hechos 14:14-15).

    Si permitimos que las personas esperen recibir de nosotros lo que solamente Dios puede suplir, preparamos nuestra destrucción.

    Hace unos años, un hombre de negocios quiso involucrarse en el pequeño ministerio juvenil que yo dirigía. El ministerio estaba tan escaso de fondos que rechacé tomar un salario para mí, pero este hombre, quien estaba ansioso de participar en la obra cristiana, asumió que iba a recibir un salario del pequeño ministerio.

    En vez de dirigirlo a que pusiera su confianza en el Señor, le hablé de cosas que podríamos hacer juntos en el ministerio. Después, cuando descubrió que no teníamos la capacidad de proveerle lo que deseaba, su entusiasmo y expectativas se convirtieron en desilusión y en resentimiento. Tuve que ir a este hombre y pedirle perdón por haberle creado expectativas que yo no le podía suplir.

    ¿Habrá personas en tu vida, o aun en tu familia, quienes te están considerando como la fuente, en vez de considerarte el canal de bendición de Dios para suplir sus necesidades diarias? Si es así, ahora es un tiempo excelente para redirigir su atención a Dios y explicarles que Él es el dador de toda buena dádiva.

    5 min
  • Día 78 - Mandamiento 12 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Sé un discí pulo génuino!

    Dios no se impresiona con los cristianos tibios. Inclusive, le causan náusea; Él prefiere que mejor seamos fríos o calientes que ser tibios, porque si somos tibios nos vomitará de su boca (ver Apocalipsis 3:15-16).

    Por otro lado, si nosotros nos proponemos buscar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, Él se nos dará a conocer. Esta es su promesa: “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13). De la misma manera en la que Dios recompensó a Uzías, quien a la edad de 16 años se convirtió en rey de Judá, así Dios recompensa a aquellos que le buscan en serio.

    “Y persistió en buscar a Dios…y en estos días en que buscó a Jehová, Él le prosperó” (2 Crónicas 26:5).

    Sin embargo, Uzías descubrió los peligros que muchas veces acompañan a la prosperidad y al éxito: “…y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció [orgullo] para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios…” (2 Crónicas 26:15-16).

    Dios siempre está consciente de los peligros que acechan a nuestros corazones engañosos, los cuales se pueden volver orgullosos pensando que lo que tenemos o hemos logrado, lo hemos hecho por nosotros mismos, cuando en realidad Dios lo ha hecho por nosotros y a través de nosotros. El orgullo es el pecado que Dios más aborrece y al cual juzga inmediatamente; por lo tanto, el Señor nos dio tres disciplinas que nos ayudarán a enfocarnos en Él y depender de Su fuerza.

    Mandamiento doce: Da secretamente, ora secretamente y ayuna secretamente; “…y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:1-18).

    Si somos totalmente honestos con nosotros mismos, la mayoría admitiremos que el dar a los demás, muchas veces es motivado porque anticipamos que los receptores de nuestra dádiva van a demostrar gratitud; en vez de sólo hacerlo por generosidad, la cual es motivada por la obediencia a los impulsos de Dios para dar.

    Cuando oramos en grupo, es fácil preocuparnos de la manera en cómo nos escucha la gente, en vez de cómo nos escucha Dios. También, cuando ayunamos, es posible que estemos más atentos a la admiración de las demás personas que a la aprobación de Dios.

    El mandamiento de Jesús de practicar estas disciplinas en secreto, nos ayudará a evitar la tentación de buscar la aprobación pública y nos animará más a enfocarnos en buscar solamente la aprobación de Dios. Desde mi juventud, Salmos 27:4 ha sido una poderosa motivación y dirección en esta área de mi vida: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”. Una confirmación semejante se cita en el verso 8: “Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová”.

    ¡Hagamos de esta oración nuestra meditación en este día y en los años por venir!

    6 min
  • Mandamiento 12 - Dar, Orar, Ayunar - Serie los 49 Mandamientos de Jesús (Permanecer)

    MANDAMIENTO 12: PRACTICA DISCIPLINAS SECRETAS

    CUALIDAD DE CARÁCTER: FE

    Fe vs. Incredulidad

    La Fe es reconocer y actuar en base a la voluntad de Dios en un asunto determinado.

    La palabra Griega para fe es pistis. Viene de la palabra raíz peitho, que significa “ser persuadido, convencer con razón, estar de acuerdo con la evidencia, confiar con seguridad interna, estar convencido.” La fe se basa en las promesas de Dios, las cuales son tan ciertas de manera que esperar en las promesas de Dios no produce desaliento ó desánimo en nosotros, y actuar basados en ellas es natural. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

    ¿Cómo Obtenemos Fe?

    Cada persona recibe una medida inicial de fe para creer en Dios. Jesús elogió la fe de los niños diciendo, “De cierto os digo, que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Marcos 10:15).

    La fe para salvación viene por oír la Palabra de Dios. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Una vez que hemos sido salvos, la fe crece a medida que nos injertamos en la Escritura y actuamos en base a ésta. Antes de que la Escritura fuese escrita, los grandes hombres y mujeres de fe frecuentemente oían directamente de Dios. Noé fue advertido por Dios para que construya el arca, y Abraham fue llamado por Dios a dejar su país de origen. (Ver Hebreos 11:7-8.)

    ¿Cómo Es Que La Palabra De Dios Activa La Fe?

    La Escritura da a conocer dos palabras Griegas principales que se traducen como palabra en el Nuevo Testamento. La primera, logos, se refiere principalmente a toda la Palabra de Dios inspirada en su totalidad, y a Jesús quien es el logos viviente. (Ver Juan 1:1.)

    La segunda palabra es rhema; esta palabra describe pasajes específicos de la Escritura que el Espíritu Santo nos da para una aplicación personal. Cuando Jesús le dijo a Pedro que echara las redes de pesca al otro lado de la barca, Pedro respondió, “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra [rhema] echaré la red” (Lucas 5:5).

    Otros pasajes que explican los rhemas de Dios son los siguientes:

    • “Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra [rhema] que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

    • “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra [rhema] de Dios” (Romanos 10:17).

    • “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra [rhema] de Dios” (Efesios 6:17).

    • “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra [rhema]” (Efesios 5:25-26).

    • “Si permanecéis en mí, y mis palabras [rhema] permanecen en vosotros, pedid todo lo queréis, y os será hecho” (Juan 15:7).

    ¿Por Qué Es Importante La Fe?

    “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

    • Somos justificados por fe (hechos perfectos a la mirada de Dios). (Ver Romanos 3:28.)

    • Somos salvos de nuestros pecados por fe. (Ver Efesios 2:8-9.)

    • Somos santificados y limpiados por fe. (Ver Hechos 26:18.)

    • Nuestros corazones son purificados por fe. (Ver Hechos 15:9.)

    • Tenemos acceso a la gracia de Dios por fe. (Ver Romanos

    7 min
  • Día 77 - Mandamiento 11 - Serie Los 49 mandamientos de Jesús (Permanecer)

    ¡Sé pérféccionado a travé s dé la débilidad!

    El deseo de nuestro Señor Jesucristo para nuestra perfección se describe en su oración: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:21, 23). En cada creyente, Dios ha puesto debilidades que están diseñadas para hacernos uno con Cristo.

    Aquellos que desconocen sus debilidades personales, tienden a demostrar inmadurez y auto-confianza; pero aquellos que reconocen sus debilidades dependen los unos de los otros.

    La expresión máxima de madurez es demostrar el amor de Dios por el poder del Espíritu Santo. Esto sucede cuando Dios obra a través de nuestras debilidades. Pablo aprendió esto cuando le pidió a Dios que le quitara su debilidad. Jesucristo le respondió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9-10).

    La clave para amar a los demás, es reconocer nuestras debilidades y nuestra necesidad de unos por los otros.

    Las relaciones vitales están basadas en el reconocimiento de que cada parte se necesita una a la otra. Dios diseñó el cuerpo de Cristo para que ningún miembro fuera autosuficiente; inclusive, Dios atribuyó un honor especial a aquellos miembros que no tienen mucho atractivo (1 Corintios 12:24). Este también es el caso del matrimonio. Una esposa que busca ser independiente, daña la motivación más poderosa en su esposo, la cual es cuidar y proteger a su esposa.

    Un misionero en Etiopía se paró delante de un grupo de hombres de la tribu local los cuales se habían convertido en creyentes, y los retó a que alcanzaran a las demás villas alrededor de ellos. Uno de los hombres que escuchó, sintió que Dios lo estaba llamando para ir a una tribu salvaje que no había sido alcanzada con el evangelio. Cuando expresó esto al grupo de creyentes, ellos sorprendidos lo vieron con incredulidad. ¿Cómo era posible que hiciera ese viaje? Pues era paralítico de ambas piernas.

    Él les explicó: “Yo voy a ir al lugar en donde se encuentra esta tribu, usando mis brazos para arrastrar mi cuerpo”. Los demás le insinuaron que eso era imposible, pero él sintió tan fuerte el llamado de Dios de ir a esta tribu que una noche salió sin avisarle a nadie. Después de un año, el grupo pensó que había muerto, pero fue cuando recibieron noticias sorprendentes.

    Ciertamente el hombre casi muere en su difícil viaje, pero cuando la tribu a la cual iba, vio que estaba paralítico, lo recibieron y lo ayudaron a recuperarse. Era la costumbre en esta tribu de demostrar gran honor a las personas paralíticas, porque en una ocasión gracias a una persona paralítica la villa se salvó. Aquellos

    hombres escucharon su mensaje y muchos de ellos aceptaron a Jesucristo para salvación como resultado de ello. Su debilidad fue el único atributo que Dios empleó para alcanzarlos.

    7 min

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