Jesús no solo nos muestra la voluntad del Padre, sino que Él es la voluntad del Padre y así mismo; no solo nos muestra un ejemplo claro de cómo vivir el propósito perfecto de Dios en nuestras vidas, sino que ÉL es el propósito perfecto en nuestras vidas. Al aceptar y conocer a Jesús nuestra existencia toma sentido por completo porque se nos es revelado quiénes somos y para qué estamos aquí. Él nos garantiza una transformación desde adentro hacia afuera.
Como vimos en episodios anteriores a través de claros ejemplos, como el encuentro con la mujer samaritana, el maravilloso Jesús nos muestra claramente que tanto la felicidad, la plenitud, el sentido de la vida, no son conceptos, etapas u objetivos a conseguir, sino que son una persona, es Jesús mismo y al conocerlo, al hallarlo a Él, todo vacío y crisis existencial es saciada de forma íntegra.