Fantasías y Utopías – Si no os arrepentís igual todos pereceréis. Parte 5.
Ligerezas, arrogancias y prejuicios deductivos. ¿Mitzvot o pensar? ¿Fe o conocimiento?
Se hace conveniente empezar este artículo parte número cinco de la serie con algunas reseñas de lo ya expuesto a manera de resumen contextual. Reseñas seleccionadas que considero importantes alinear de forma explícita que permiten consolidar énfasis e ideas que se quieren abordar sobre la importancia del entendimiento, así parezca obvio y que no lo es, sus relaciones con la Torá y la obediencia de los mandamientos, cómo se verifica, cómo se vive y cuál es su trascendencia. Básicamente a partir de las conclusiones que se plantearon al final, tanto de la parte tres y la parte cuatro, sobre ¿qué es más fácil de dominar por nuestra voluntad? ¿La mente o el cuerpo? ¿Qué es más fácil para las huestes de mal derrotar? ¿Nuestra mente o nuestro cuerpo? ¿Quién domina en nuestro cuerpo? ¿Nuestra esencia o las fuerzas del mal? ¿Qué es más fácil, cumplir o pensar? ¿Cómo es ese proceso que define nuestras decisiones y acciones?
Dicho lo anterior, se dijo en los anteriores artículos que Dios NO les otorga sabiduría a los necios porque no hay coerción en la espiritualidad. Los necios no se esfuerzan por la obtención de sabiduría, siendo la misma definición de sabiduría la comprensión del camino espiritual; defienden lo que consideran su tesoro que es su visión materialista de sus vidas y la realidad. No están dispuestos a trascender su entendimiento. ¿Pero qué es un necio? Son aquellos reseñados con caretas de falsificación, de maquillaje, de búsqueda de sus deseos e intereses personales. También toda la gama de mediocres, indiferentes, perezosos, negligentes, etc. No están dispuestos a “nacer de nuevo”, a menos que les prometan un “pase mágico”. En la necedad puede haber maldad como componente en alguna medida. En ese sentido todos somos necios, pues creo que no tenemos los niveles de los grandes sabios de Israel. Pero también es cierto que la misericordia divina nos permite acercarnos a la sabiduría medida por medida con honestidad tal que dejemos nuestra condición de necedad; y por supuesto de maldad.
Mientras tanto, mientras no alcanza dicho nivel de compromiso y sentimiento devocional y amor por Dios y por la Torá, el hombre (siempre) está cerca de fracasar en la observancia de los mandamientos, pues siempre corre el riesgo de transgredirlos; está lejos del éxito o ganancia, y por lo tanto debe observarlos sin discusión alguna, tal como está establecido. Pues así es como lo hace un enamorado. No siente carga alguna. Pero ahí donde está permitido elegir, el hombre debe luchar y observar la Mitzvá (Mandamiento) por medio de su libre albedrío. Y esta es una acción libre (no un mandamiento); Esta lucha farisea la vemos en que cuando observamos la Torá y las Mitzvot lo hacemos de manera coaccionada, pues nuestro cuerpo se rehúsa a ello y debemos sobreponernos a su inclinación. Esto se debe a que no siente placer del Trabajo. Y la razón de esto radica en el hecho de que no percibe la espiritualidad en él, pues como hemos dicho, la espiritualidad es la fuente de vida y de placer; y como dice el Santo Zohar: “Donde hay Labor, está el Sitrá Ajará (el otro lado-la inclinación al mal)”.
Este es el motivo por el cual solamente los sabios pueden adquirir sabiduría, ya que los necios no tienen necesidad de ella. Sucede que sólo los sabios pueden recibir sabiduría por causa de su naturaleza. Esto quiere decir que aquel que es sabio, ama la sabiduría, ¡y ésta consiste en su único deseo! Y, de acuerdo con la máxima, decimos que “no hay prevenciones ante un deseo”, pues, en este caso, es capaz de realizar cualquier esfuerzo para obtener sabiduría. Ponga cuidado a lo dicho… Realiza cualquier esfuerzo para obtener sabiduría.
Quien está dispuesto a realizar cualquier esfuerzo para obtener sabiduría, en última instancia habrá de ganar sabiduría. De este modo, a fin de cuentas quien ama la sabiduría habrá de ser llamado “sabio”. Pero respecto de los necios está escrito que “un necio no se deleita en el entendimiento”. Y de nuevo valga la repetición… Un necio no se delita en el entendimiento. Entienda bien las palabras y sus significados. No dice que se enorgullece en sus conocimientos, o que se deleita en el mismo como saber enciclopédico, con su capacidad de memoria, con sus interpretaciones literales de este mundo. Se trata de entendimiento más allá de tiempo y espacio; más allá de los condicionamientos físicos. Más allá de los dogmas de la tradición; más allá de las preferencias culturales. Se trata de aceptar la verdad una vez vista sin reparo porque se entendió.
El trabajo lo tiene que hacer usted. No pida todo “mascadito” de forma ordenada y literal. Así no se accede a la comprensión. El versículo que dice “les otorgará sabiduría a los sabios” viene a decirnos que aquel que ama la sabiduría no quedará desanimado por el hecho de no haber ganado sabiduría a pesar de haber realizado grandes esfuerzos. En cambio, continuará con su trabajo y ciertamente terminará adquiriendo sabiduría, porque ama la sabiduría. Por eso se dice: “Sigue por esta senda y ten certeza de que has de triunfar”. Sin embargo, debemos entender lo siguiente: ¿qué podemos hacer si “la cría de un asno ha de nacer como hombre” por naturaleza? ¿De dónde habrá de sacar el deseo para procurar sabiduría? Para esto se nos dio el consejo de trabajar de acuerdo con “cumplir Su palabra” y de “procurar escuchar la voz de Su palabra”. Esto significa que uno siempre intenta alcanzar lo que desea. Por ende, aquí, cuando no se tiene deseo alguno por sabiduría, vemos que lo que le falta es el deseo por la misma. Por causa de esto comienza a tratar de obtener el deseo de sabiduría, puesto que ésto es lo único que necesita. Y la regla indica que uno debe dedicarse a la Torá y al Trabajo, aunque su deseo no esté volcado hacia ellos. Por eso mismo se llama “esfuerzo”.
Quiere decir que uno puede hacer ciertas cosas aunque no sienta ningún deseo por aquello que está haciendo. Así lo declararon nuestros sabios: “lo que sea que tu mano alcance hacer a través de tu fuerza, eso has de hacer”. Y gracias al esfuerzo invertido, se formarán en uno el deseo y el ansia por sabiduría. Y de este modo, el versículo que dice “le otorgará sabiduría a los sabios” habrá de volverse cierto para uno, y adquirirá “poder escuchar la voz de Su palabra, de su Verbo”. De esta forma, aquella acción que previamente era meramente un acto sin una intención, ahora ha adquirido el deseo que le faltaba. Por lo tanto, si deseamos saber quién ama la sabiduría, debemos mirar a aquellos que se esfuerzan por conseguirla, aunque aún no hayan sido recompensados con estar entre aquellos que aman la sabiduría. La razón para esto es que, como ya hemos dicho, a través de su esfuerzo se volverán merecedores de estar entre aquellos que aman la sabiduría. Y después, una vez que ya tienen el deseo por la sabiduría, adquieren sabiduría.
De esta manera, vemos que el deseo por la sabiduría representa el “Kli” (la vasija o deseo), y la sabiduría en sí representa la Luz. Y este es el sentido de la máxima que dice que “no existe coerción respecto de la espiritualidad”. En cuanto al “Trabajo” (estudio de Torá y Mitzvot) debemos entender esto como en el caso de quien se rebaja a sí mismo, achicándose. El estado de pequeñez e insignificancia aplica cuando uno procura evitar ser orgulloso, cuando desea estar en Gadlut (Grandeza). Esto significa que desea comprender cada cosa, que su alma ansía ver y oír todo, pero que aun así se rebaja y accede a andar con los ojos cerrados y a observar la Torá y las Mitzvot con total sencillez. Entiéndase bien lo enunciado. Cerrar los ojos no significa ignorar la realidad, ignorar el estudio, desechar el conocimiento, desinteresarse del entendimiento, aceptar robóticamente con credulidad todo lo que se veamos y escuchemos, no cuestionar, quedarnos en nuestra burbuja de adaptabilidad, conformarnos con nuestros paradigmas aceptados ya sea con arrogancia o con justificación negligente, etc.
Significa exactamente todo lo contrario. Es cerrar los ojos a todo aquello que confirma nuestras falsas presunciones con las cuales de manera soberbia concluimos y nos posicionamos en un pedestal de orgullo y suficiencia con pedantería e ínfulas de sabiduría y confirmación de todos nuestros paradigmas. Es un cambio de actitud y accionar direccionado al reconocimiento de nuestra condición enferma, de nuestra maldad interna y externa. Es una renuncia a uno mismo buscando humildad y empequeñecimiento de lo que es vanidad, petulancia, altivez, falsa dignidad, suficiencia, endiosamiento y demás rasgos afines. Cerrar los ojos no se puede interpretar como desecho de la sabiduría, cuando es estrictamente lo opuesto y se está afirmando que quién ama la sabiduría es justamente aquél que se esfuerza por conseguirla. Y la misma se comienza a obtener con humildad. Es el mismo postulado mesiánico neo testamentario cuando se dice que alcanzar la mente de Mashiaj requiere “negarse a uno mismo” y “bajar al infierno”.
No querer, ni ansiar la sabiduría es rechazar a Dios mismo ya sea con presunciones de humildad o de manera arrogante. Es manifestación de rebeldía y egolatría para empezar. Es fragmentar la realidad y vivir de forma negligente, perezosa y sin compromiso con las dimensiones superiores. Es el énfasis de los dos anteriores artículos de esta serie de fantasías y utopías con la explicación de Mateo 23 y decodificación de quienes son los fariseos destinatarios de las denuncias de Mashiaj de forma profética como sepulcros blanqueados a lo que se ha verificado con el cristianismo, el dogmatismo, la imaginación, la jactancia en la interpretación literal de textos bíblicos de curas, pastores, religiosos y demás. Es lo que se ve por todo el planeta ahora e históricamente, ya se sea religioso o secular. El conocimiento no es una premisa simple. No es una sola rama de investigación, ni se circunscribe a una sola realidad sensorial e interpretativa. La búsqueda del conocimiento material de la realidad física en todas sus posibles manifestaciones, incluyendo las humanistas en filosofía, psicología, antropología, sociología y similares, NO es sabiduría.
La sabiduría tiene una definición exclusiva aplicada a la comprensión del sistema operativo espiritual de la realidad. Pero más todavía… Las definiciones de acceso a la misma requieren de un nuevo lenguaje. Uno diferente al que estamos acostumbrados con nuestro habitual involucramiento con la percepción física sensorial. Nuevas definiciones y comprensiones son requeridas tan sólo como introducción a la sabiduría con nuevas herramientas de lenguaje y entendimiento. Empezando con el correcto discernimiento de la palabra “espiritual”, así como de la palabra “realidad”. Ni siquiera sabemos de qué se tratan los significados de las mismas. Pero de ninguna manera se debe concluir que son temas separados el conocimiento de la realidad física y la sabiduría o conocimiento de las realidades espirituales. Se deben complementar. La crítica de Mashiaj a los fariseos cristianos en todas sus modalidades y similares de sectas dogmáticas, estriba precisamente en este énfasis de disociación entre la condición de ignorancia de la sabiduría y la aplicación incorrecta de interpretación del conocimiento condicionado autómata de la realidad física extrapolada a la dimensión desconocida de la Torá con jactancia e ignorancia, sin siquiera conocer el lenguaje requerido de acercamiento a la misma revelación espiritual divina.
Palabras más, palabras menos, esto quiere decir que difícilmente alguien entiende la biblia para empezar. Y esto es demostrable de manera explícita redundante. Pero no será una demostración simple, como todo inepto y perezoso desearía. Usted se puede aprender la biblia de memoria y aún así no entenderla en lo absoluto. No entender nada. Por supuesto, esto incluye todos los textos sagrados de la Torá. Es decir Torá Oral y Torá Escrita. Incluye Talmud, Zohar, Kabbalá, Hagadá, Midrash, Mishná, Sabios de Israel, Jasidismo, Mekubalim, etc. Se darán explicaciones explícitas más adelante, no obstante advirtiendo que es imposible una explicación completa. Es una tarea de toda la vida en entendimiento de la infinita decodificación de la Torá. Y sin embargo, todo empieza y debe empezar desde lo más simple a lo complejo, sin cesar. Estudiar la biblia en su literalidad, así sea con traducciones, distorsionadas o no, es necesario y obligatorio. Todo es parte del proceso. El viaje de mil millas empezó con un paso.
La Torá no se entiende sólo leyéndola. Mucho menos leyéndola en cualquier idioma, con cualquier traducción, pues con las mismas se ha falsificado y distorsionado la letra original. Además que sin el concurso del lenguaje original del hebreo (caso de los textos judíos) no se revelan los secretos codificados de la letra. Lo mismo puede inferirse con los textos en griego del nuevo testamento, aunque más con énfasis en la fiabilidad de cada palabra. Con dicho argumento, muchos advenedizos a la Torá en hebreo, creyéndose kabbalistas o eruditos (cuando en realidad no lo son), descalifican cualquier traducción de la misma, y al mismo tiempo dejan por fuera de posibilidad de entendimiento de la Torá a todo el planeta, argumentando que el que no sabe hebreo, no puede entender la Torá. Generalmente hacen esta afirmación burladores. Y lo hacen con arrogancia y presunción de conocimiento.
Dirán lo mismo de mí… Pues yo estoy de acuerdo en la necesidad de ir al idioma original (el hebreo) para complementar y verificar el estudio, cuando se hace obligado. Tema muy largo para aclarar. Sin embargo, dicho énfasis es incompleto y bajo dichas premisas, impurifica cualquier intento de discernimiento (por más erudito que se sea en el hebreo). Usted puede saber hebreo y leer toda la Torá escrita y oral en hebreo y sin embargo, no entender nada. Estudiar la Torá no debe ser una actividad abordada con frialdad. Tal característica debe intentar eliminarse. No se puede amar la Torá sin estudiarla, y no se debe estudiarla sin amarla. Esto parecería un bucle sin salida. Una condición de atasco. Es obvio que si no se sabe nada de Torá, no se le puede amar. Se ama lo que se conoce… Y así sucede con toda relación humana. Pero si no hay interacción anticipada al conocimiento, pues nunca se accederá a dicho conocimiento. Sucede con todo obviamente. Es la forma como nos acercamos a la información y el entendimiento.
Y al igual a como sucede con todo acercamiento, para amar algo antes de conocerlo, se requiere actitud. En cuestiones doctrinales bíblicas se le llama fe. Y, sin embargo, NO es para nada un aspecto doctrinal superficial. La fe es el fundamento de la existencia. Pero no es el tema a tratar aquí. El realce a destacar es la actitud… Aunque es mucho más. Es un sentimiento genuino y honesto por buscar la verdad y el sentido de la vida. Por lo menos esa sería la actitud para acercarse a la Torá. Y para ello el idioma NO es impedimento, ni la erudición, ni la etnia, ni muchas más presunciones que podrían inferirse. Pero tampoco significa lo contrario. Se requiere un mínimo de preparación y de sentimiento por la vida que obligue a un compromiso con la investigación y el estudio.
No se trata de solo estudio académico. Se trata de integración de un sentimiento de urgencia por adquirir la sabiduría divina para vivirla y sentirla. Y esto no se consigue con frialdad académica, así la misma sea parte de la ecuación. No se consigue con metodología estricta, aunque la misma sea requerida con disciplina. No se consigue con erudición anticipada, aunque con ignorancia sea imposible si quiera intentarlo. No se consigue siendo experto en hebreo, pero de ninguna manera sin tener conocimiento del mismo. No se consigue sólo con lectura bíblica traducida, pero sin su entendimiento primario en su lengua natal y los rudimentos literales de la biblia, jamás se accederán a los niveles más profundos de entendimiento.
Estudiar Torá ciertamente NO es una actividad académica de un solo texto (por ejemplo, decir que es solo conocer la biblia de memoria de tapa a tapa). Tampoco lo es con igual asociación al estudio del Talmud y sus más de 70 tomos enciclopédicos, entre el de Babilonia y de Jerusalén. Mucho menos se podrá considerar se entienden los textos sagrados con fragmentos de los mismos. Típico del cristianismo, por ejemplo. También puede extrapolarse el comentario a los textos místicos y sagrados como el Zohar, el Tania y demás similares de la kabbalá. Bueno… ¿Y qué pasa con los miles y cientos de miles de textos de sabiduría procedentes de la Torá que durante más de 3300 años han dejado como testimonio los sabios de Israel? ¿Se puede decir lo mismo? La respuesta es que sí. Y si lo que afirmo aquí es cierto, entonces ¿qué significa estudiar la Torá? ¿Dónde queda la exhortación transformarse con el estudio?
Lo importante a comprender es que el estudio literal y lo que he expuesto hasta ahora son sólo un aspecto de la moneda. Una sola cara de la dualidad que nos define en todo, y que es obligada vivirla, enfrentarla y superarla. Claro que hay que estudiar académicamente lo que se pueda de tan maravillosos textos. Claro que hay que profundizar en ellos. Claro que hay que ir a la letra… Pero también hay que traspasarla. Eso significa integrar los dos lados de la moneda. Un solo lado de la moneda no sólo NO garantiza nada, sino que NO transforma. Esa es la limitación del fariseísmo. La moneda completa es la meta. Entonces, la pregunta obligatoria es ¿qué hay al otro lado de la moneda? ¿Qué hay al otro lado del fariseísmo? ¿Qué es el fariseísmo? Bueno… Sí ha leído mis anteriores artículos ya sabrá de qué se trata el mismo.
La Torá no sólo es una enseñanza multidimensional, sino una vivencia multidimensional igualmente. ¿Qué significa eso? ¿Por qué lo digo aquí? Hay todo tipo de énfasis de estudio y de propuestas. Desde los más literales hasta los más sofisticados. Ya se dijo… Por ejemplo con los supuestos eruditos, supuestos kabbalistas, supuestos gurús, que dicen que, si no se estudia la Torá en hebreo, no se ha estudiado Torá jamás. Otros (y los mismos) también afirman que igualmente sucede si no se dominan los niveles secretos del «sod» de la Torá. Y hacen elucubraciones y explicaciones que ni ellos mismos entienden. Y lo digo de nuevo… Lo cierto es que uno puede hablar hebreo perfectamente como lengua nativa, leer la Torá en hebreo, y aun así no entender un chorizo, creyendo que sí se sabe. Más dramático incluso, cuando no se integra con los mismos retos de diagnóstico de la realidad.
Pretender empezar por el secreto (el sod), es disociación de la mente. Un concepto que no se podrá discernir, sino se comprende todo lo anterior. No se entra al cuarto piso sin pasar primero por el primero. La Torá no debe interpretarse como un manual de instrucciones exclusivamente, pues la misma revela ser los planos de la creación, lo que es lo mismo que incluye todo lo conocido y lo infinito desconocido. De no ser así, no sería de carácter divino y difícilmente merecería mayor atención a la que merece cualquier otro libro interesante. Interpretar o asumir que la Torá es sólo un manual de instrucciones para ser justo, empequeñece el carácter infinito de la misma como planos de la creación y de la misma identidad y esencia de Dios como la palabra manifiesta. No sería grandioso afirmar que la Torá sólo nos direcciona o propicia el camino correcto de vida y nos aleja del camino errado y maligno. No sería justo calificar la revelación bíblica de creación del hombre a imagen y semejanza de nuestro creador, para interpretarla solamente en que Dios quiere que nosotros vivamos en la senda correcta. Eso sería dejar por fuera de la ecuación la infinita creación con infinitas consideraciones adicionales de menosprecio y subestimación de la misma y de Dios mismo.
Lo santo y lo eterno no pueden estudiarse desde nuestra perspectiva «lunar», desde este lado que exige se entienda la ley, pero que es incompleto si no conecta con el otro lado (el solar). Y no puede entenderse bajo nuestra presunción «lunar», por la misma definición de Santo y Eterno. Pretender llegar a una meta llamada Santidad y Eternidad de forma unilateral desde aquí, desconociendo lo que significa el otro lado, o suponiendo que se puede conocer por medio de estudio con jactancia orgullo o vanagloria de esfuerzo y mérito, NO es posible. Pues NO depende de nosotros como consumación o remate final de acceso a la salvación o al mundo venidero (Olam Habá). Se concluye que estudiar lo santo y lo eterno desde nuestra actual condición de percepción es una imposibilidad como objetivo. El fariseísmo piensa que así debe ser y por eso idolatran y nombran falsos mesías a quienes tengan prodigiosa memoria.
Según el rabinismo, si usted se sabe el Talmud de memoria, usted es candidato a ser mesías, pues «cualquiera puede ser mesías» (otra conclusión farisea y que además es verdadera, pero NO como la postula idolátricamente el fariseísmo). Cualquiera puede serlo, pero porque alcanza la estatura de Mashiaj, porque adquiere la mente de Mashiaj, porque nace de nuevo, porque alcanza la metanoia. Pero el unigénito es la divinidad de inicio. Somos lo que pensamos. Nuestras ideas determinan la realidad. Limpiar la mente es prerrequisito para obtener claridad y discernimiento. Pero no es lo único que debemos purificar. También debemos procurar purificarnos emocionalmente. Ser empujado hacia distintas direcciones causa parálisis. Hay un antiguo dicho que dice “el burro murió porque no podía decidirse entre dos fardos de heno”.
La Torá misma lo exhorta… «Pensarás en ella día y noche», «árbol de vida para quienes se acogen a ella». Y de ésto se trata todo y siempre. La diferencia entre el entendimiento posible de acceder y la falta del mismo en nuestras aceptaciones arrogadas sensitivamente como pretensiones arbitrarias de verdad, es la misma diferencia entre el bien y el mal. El entendimiento cuando es real y no imaginativo, su sustento es demostrable con extensa argumentación redundante; tal cual la misma naturaleza y la vida es igualmente redundante y exuberante en demostraciones y detalles duplicados para el que tenga ojos, oídos y cerebro.
Cuando hay certezas, hay sabiduría que la acompaña y la confirma; hay entendimiento y claridad diáfana en todos los sentidos posibles. No solamente es una vivencia sentida, como usualmente todo el mundo concluye al unísono en sus autoengaños y auto justificaciones con su ignorancia adaptativa, inmoral, embriagadora y engañosa, sino que a diferencia de la faceta recién señalada ficticia, figurativa y delirante, dicha sensación de seguridad y certidumbre, lejos de ser un fantasma o una entelequia, es minuciosamente detallada en fundamentos, lógica, evidencia, ingenio, agudeza, cimientos, razones, pruebas, principios y conexión con la realidad moral y trascendental. El patrón de medida de comprobación de lo dicho, sin duda es la sabiduría y conocimiento de la Voluntad Divina. Esto incluye las definiciones absolutas reveladas de la Verdad que sólo pueden ser entendidas en los términos de la Bondad, el Bien y el Altruismo Perfecto, y que sólo puede provenir y ser definido por Dios mismo.
Y por ser así, tal cual lo señalo, nuestra condición de ignorancia disociada de las revelaciones de la Torá, califican la confusión como una verdad relativa que justifica toda la corrupción que de allí se desprende. Corrupción que es camino de muerte, y que sea como sea, siempre se intenta disfrazar con fantasía y narcotización de la realidad. La claridad misma está sujeta a cuestionamiento e investigación. Este es el Camino de la Torá. Preguntamos, indagamos, buscamos pruebas y apoyo, y luego desafiamos y cuestionamos incluso eso. Al hacer esto, desarraigamos todas las confusiones, dudas, engaños y mentiras ocultas. ¡Perseguimos la verdad cruda! Llamamos a esta verdad cruda, PSHAT (literalidad). Y siempre nos hacemos la pregunta: ¿cuál es la verdad simple y directa de lo que buscamos saber?
El estudio de la Torá permite sobrevivir en medio de las contradicciones. Otorga la capacidad de abogar rectitud y favor por «el pueblo de Israel». Esto NO es para interpretarse de forma exclusiva literal. El arquetipo Israel y naciones son dos definiciones de relación con Dios. Usted decide a qué lado quiere pertenecer. Los mismos rabinos y textos judíos establecen que debemos percibir que existimos y vivimos entre dos mundos, dos procesos, se trata de una percepción en la que todos pueden confundirse. Dice la Guemará en el Talmud Babli Jaguigá 3b… Los maestros de las Asambleas son los grandes Sabios que se sientan en grupos y se dedican a estudiar Torá, pues sólo cuando se estudia Torá con otros, en grupos discrepantes, se puede adquirir su conocimiento. Hay extensas y muchas disertaciones de rabinos y eruditos al respecto de esta doble dimensión de existencia. Una pequeña mención de ejemplo para resaltar la idea.
Se enseña en el rabinismo que el judío puede vivir en ambos planos simultáneamente, sin sentir confusión; pero que no sucede así con el gentil (aquél disociado de la Torá), que no logra entender estos dos niveles como una misma unidad. El judío sabe vivir simultáneamente en estos dos estados: en la pobreza y en la salvación, como si fueran lo mismo. Se trata de dos aspectos: Por un lado, dice el profeta… «Ciertamente, tú eres Dios que te ocultas», y, por el otro: «El Dios de Israel, que rescatas». El ejemplo se trae como ilustración de las muchas facetas a las que nos enfrenta la dualidad; no sólo en los aspectos mencionados anteriormente de escogencias entre el bien y el mal de forma multidimensional, sino en los mismos terrenos elevados de estudio y conclusiones derivadas de la Torá. El hecho a destacar es que el judaísmo conoce muy bien el asunto dialéctico con todas las confusiones con que nos atrapa la dualidad.
La dualidad siempre nos acecha y avasalla, tal que se anhela la superación. Y cuando se percibe, se anhela el retorno a la estupidez y su felicidad. Hay que vivir con la mejor adaptación posible, pero dentro de los límites recomendados que la Torá enseña. Hay que intentarlo, pues igual NO hay garantía en la literalidad. Y si no me cree, pregúntele a toda la comunidad europea jasídica, ortodoxa, religiosa y obediente a la Torá que se preguntaron a las puertas de las cámaras de gases… ¿Qué pasó con Dios? El judío europeo fue casi totalmente aniquilado en la segunda guerra mundial de mano de los muy eficientes controladores de las circunstancias… Es decir, de mano de los nazis.
La dualidad nos condiciona obligatoriamente por defecto en la trampa de la escogencia. Que no se piense que es fácil entender el concepto y la vivencia. De ello depende el destino de nuestras almas, rectificación y salvación. Aislamiento y separación, conceptos y vivencias que al igual que todo concepto o definición de la palabra tiene aspectos duales, que según la exigencia direccionan a la vida o a la muerte. Las redefiniciones se deben hacer con esta sabiduría revelada de la havdalá, según jurisprudencia divina, en absolutamente todos los conceptos que definen la existencia. Es decir, en toda palabra. De aquí la importancia del conocimiento, pues es lo que nos direcciona en la escogencia. Trivializar todo lo que esto implica es perdición en lenguaje bíblico. Así de sencillo. Tristemente, no se sabe el significado de nada en nuestra actual condición como humanidad. ¿Acaso se sabe que significa perdición y salvación? No creo se tenga idea. Y se vive pensando que nada pasa en la potencialidad de trascendencia del alma… Pero resulta que si sucede. Sea como sea todos vamos a morir y vamos a enfrentar la hora de la verdad.
Todo es dual y por consiguiente de relevancia vital y trascendente. Conocer los detalles de esta dualidad es acceder a la sabiduría de la vida y los secretos existenciales del mismo sistema operativo que nos regula en todo. De no conocerse esta sabiduría en detalle somos veletas direccionadas y movidas por el viento sin voluntad propia, y por consiguiente sin libre albedrío. La ley se debe conocer, respetar y obedecer. Nos conviene… Pero no se debe distorsionar en esclavitud. Todo nos es dado para nuestro uso y debemos usarlo todo, interesarnos en todo lo que aparece a nuestros ojos… pero con sabiduría. Todo lo que es lícito es lícito, pero no siempre conviene. Depende de la jurisprudencia del evento. El camino es sabiduría halájica; es decir jurisprudencia diaria y rutinaria en acción. Es esfuerzo y compromiso en entendimiento y acción hasta donde nos es permitido entender, sin presunciones sabiondas de santidad y sin recetas mágicas por anticipado. La receta nos exime del esfuerzo de pensar. Se actúa condicionadamente. Y esto es cómodo para quienes deciden hacer caso como receta «perpetua» para justificarse.
La ley es absoluta porque ya se definió en su óptima expresión y de forma infinita en sabiduría por el mismo creador en el «Reshit» antes que todo. Las provisiones fueron predefinidas hasta el infinito con anticipación. Por eso es absoluta… Y dicha característica incluye las aplicaciones halájicas (jurisprudencial) de la misma. Es decir, sus infinitas variaciones de aplicación de acuerdo a las circunstancias. En infinita sabiduría predefiniciones dadas por el creador. Y por ello no es relativismo. Pues el relativismo corre por nuestra cuenta en corrupción y conveniencia ególatra, lo que es lo opuesto a las predefiniciones opcionales en ilimitado conocimiento que garantizan la belleza inconmensurable de la ley. Halajáh significa interpretativamente legislación, jurisprudencia.
Semánticamente en hebreo (lenguaje Matrix de la creación) viene de la palabra «lalejet» que significa caminar. Esto nos revela el verdadero sentido de la práctica de la Halajáh como instrucción divina de la Torá. Seguir la Halajáh es seguir un camino de sabiduría que se aplica a diario a cada circunstancia y situación específica personal en el tiempo y con cada individuo particular. Cada una de esas circunstancias se debe pesar con conocimiento y sabiduría revelada de tal forma que se tenga la certeza de escogerse la opción correcta que conecta con la vida, según instrucción. Es aplicación de la sabiduría a cada circunstancia; y por ello se le denomina un «caminar». No son fórmulas anticipadas blanco y negro. Y sin embargo la aplicación de la Halajáh tiene como requisito un conocimiento anticipado de la situación.
La Torá contiene esta complejidad dialéctica de modo exhaustivo por supuesto. Y cuando digo exhaustivo es referencia al carácter infinito, si se permite el término, de dicha complejidad. El judaísmo enseña el tema con mucha profundidad. Una enseñanza completamente desconocida por las naciones. Se trae todo ésto a colación como sustento (así sea ínfimo) de confirmación de nuestra muy deficiente condición de percepción y entendimiento de la realidad, como para empoderarse con certezas absolutas como sería el diagnóstico fariseo, aun siendo éste el nivel más alto posible de conseguirse lunarmente. Ni qué decir de niveles más bajos del mismo con tintes de dogma, fanatismo, religiosidad, sectarismo y similares. Mucho peor, ni qué decir de los niveles seculares o humanistas. ¿Será acaso necesario mencionar los niveles zombies y de ignorancia? Así que la pregunta obligada a seguir es… ¿Por qué está usted tan seguro de sus conclusiones, adhesiones religiosas y pontificaciones inexpugnables?
Los énfasis de estudio en estas facetas halájicas de la Torá se direccionan en superación de los malos rasgos de carácter, superación de los instintos malignos, del egoísmo, de la corrupción inherente y circundante, de la protección a la rienda suelta de nuestro instinto al mal, como búsqueda de placer a cualquier costa, rectificación de la codicia, rectificación de la envidia, robo, engaño, mentira, asesinato, falsos paradigmas de asociación con lo criminal, lo falso, lo incorrecto, freno a los deseos impuros, la búsqueda de servicio al prójimo, el cumplimiento de los deberes humanos y divinos, cumplimiento de mandamientos en acción y omisión, autocontrol, comer kosher, cumplir Shabbat, hacer oración, ayunos, santas convocaciones, etc, etc.
Todo esto se denomina rectificación, rechazo al mal, escogencia de la vida, obediencia, temor de Dios, amor a Dios, temor al castigo, búsqueda del bien y mucho más. Seguir esta constitución de vida tiene como requisito el conocimiento revelado de la Torá. Una confirmación de que el ignorante NO puede ser bueno. Vivir reactivamente sólo por medio de la intuición, el devenir de los acontecimientos y sometido a la influencia masiva de los paradigmas equivocados de este mundo y nuestro entorno, viviendo como robot y en completa oscuridad, definitivamente NO conecta con la vida y la perfección. Mucho menos con la trascendencia.
No conocer estos aspectos significa tener una vida animal en el mejor de los casos, y peor aún, es convertirse en un ser demoníaco. Es completamente demostrable de forma redundante y extensa esto que aquí afirmo. La falsedad del mundo con todo su rastro de miserias, destrucción, injusticias, mentiras, narcotización de percepción, disonancias cognitivas, justificaciones corruptas y demás nos avasalla por todos los frentes. Así que criticar dicha búsqueda de perfección no es lógico, no es coherente, no es justificable. Es la misma justificación del mal como única opción. Una justificación deseable y corrupta por conveniencia, deseos, apetitos, egoísmos, euforia y similares. A la misma vez es evidencia de diagnóstico del sufrimiento, hipocresía y evasión de la realidad que nos define. Se concluye que la hipocresía se vive más bien en el lado cristiano y no en el judaísmo fariseo.
Este Mundo es Mentira en su totalidad, mientras no lo unamos en nuestro corazón en completa la unidad. Y ésto sólo es posible a través de la FE… Emunáh en hebreo y cuyo valor guemátrico es 102. La fe, pues posee en sí misma la Fuerza KoaJ (en hebreo) de TRANSMUTAR la mentira de este lado (Árbol del Conocimiento del Bien y Mal (expresión 4 de la dualidad 2 en su máxima expresión 2×2) en la Verdad EMeT del Otro Lado Solar (Árbol de las Vidas 1 y 4 ya Unidos), como Fruto Eterno 1 que hace frutos (lo temporal).
SÓLO ENTONCES uno comprende la UNIDAD TOTAL o la Realidad Completa, UNIENDO ambos lados. Significado de la Cruz, cuando se une la realidad física lineal Horizontal de Este Lado Lunar y la realidad espiritual Vertical del Otro Lado Solar. Cuando sumamos el valor guemátrico de la palabra Emunáh (102) con el de la palabra KoaJ (28), obtenemos el valor de 130. Es decir 102 más 28 igual 130; valor este igual al Amor 13 o Unidad 13 expresado en decenas, es decir 130. El Amor en el Eterno Presente. En kabbalá las decenas representan el presente, mientras las unidades el pasado y las centenas el futuro. No descalifique lo que todavía no entiende y es susceptible de evidenciar maravillas de comprensión y estructura inimaginable, como sucede con la kabbalá. Es decir, no menosprecie, ni rebaje la metodología a su inexistente nivel de conocimiento en los cálculos guemátricos y estructuras de palabras y significados. Si usted no conoce las complejidades de las matemáticas, eso NO le da autoridad para descalificar los productos de la ciencia y la tecnología. Igual sucede con la Kabbalá.
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; “porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mateo 7: 13-14). Ciertamente no es con religión que se llega a la salvación. Tampoco con la interpretación distorsionada cristiana. Ni tampoco con la versión farisea del judaísmo. Ni mucho menos con fantasías románticas vengan de donde vengan.
La vida no es unidimensional. Debe ser estudiada desde cada ángulo y analizada al revés y al derecho. Pero recuerde y tenga siempre presente… Aborde cada meta de forma fragmentada, pero no olvide que la vida no se trata de fragmentación, sino de integración. No califique la fragmentación como meta alcanzada única. Hay que ir por partes, pero todo debe intentarse ver de forma integral. Y lo integral es la visión de largo plazo aquí señalada de rectificación del alma y transformación de la mente. Así entonces, nos tenemos que abocar siempre a una dualidad de enfoque en lo individual y lo general al mismo tiempo. Lo que sea relevante parte por parte, cada vez que sea identificado. Por ejemplo, con la Torá (de forma fragmentada e integral al mismo tiempo), esto como un fragmento; y, por otro lado, otro fragmento de percepción de vida en cualquier otro tópico de vida en sintonía. Igualmente, con dualidad en lo específico y lo general. Una doble dualidad a ser conciliada e integrada. Quizás no se entienda aún. Pero si en algo se puede ilustrar, significa avanzar por partes, pero nunca idealizando la parte. Lo único que se debe idealizar es la rectificación y su perspectiva futura multidimensional. Por ejemplo… No diga: Mi vida es perfecta. Ya lo logré… Tengo casa, carro y beca.
Se debe descubrir cuál es la razón para vivir y vivirla plenamente. Se debe contestar la pregunta ¿para qué vives? Porque si no sabes para qué se vive, entonces ¿para qué vives? Más aún… Quien NO sabe para qué vive, no ha vivido aún. También podríamos formular las preguntas de otra forma. ¿Estaría dispuesto a morir por un ideal en los términos de Dios? No en mis términos. ¿Sabe por qué estaría dispuesto a morir? Si nos sabe por qué estaría dispuesto a morir, entonces no sabe porque vive. Y si no sabe porque vive, entonces, ¿para qué vive? Al final de cuentas, tenemos que decidir: ¿la vida es buena o no? Esto nos lleva a una pregunta aún más básica: ¿la vida tiene un propósito? Si no lo tiene, entonces no hay razón para no perder el tiempo, porque de cualquier forma nada importa. Se puede perder todo el tiempo posible, pues nada vale la pena. Pero si se cree que existe un propósito en la vida, ¿por qué querría uno perder, aunque sea un poco de ella? Debería uno querer entender cada aspecto de la vida, para hacer lo máximo con el limitado tiempo que tenemos.
Se puede entender que la vida tiene propósito y aun así quedarse impávido y sin que a uno le importe un pepino. Sucede en múltiples facetas vivenciales en donde somos dominados por nuestras bajas emociones e instintos, no obstante se conozcan de antemano que las consecuencias finales no sean positivas o sean indeseables. Muchas personas están dispuestas a intercambiar un bien mayor por algo que no sea de bien, pero que satisface un rasgo negativo de nuestra personalidad, y que nos apetece más. Por ejemplo sucede mucho con la envidia. Valga la pena ejemplificar lo anterior con una parábola tipo anécdota en donde se le propone a dos personas recibir un regalo, se les promete otorgar lo que pidan, sea lo que sea, pero con la condición de que lo que pida el primero le será otorgado al segundo el doble. Ante la disyuntiva el primero dominado por la envidia pide que se le saque un ojo.
La forma en cómo opera el espíritu del mal en la estructura matrix de la realidad y en nosotros mismos, está ampliamente analizado y explicado en la Torá y en los textos sagrados de los sabios de Israel. El mundo no quiere saber nada de ello, simplemente porque odia la luz y sólo desea su satisfacción condicionada a una infinita influencia maligna y oscura de malos rasgos de carácter, entendimientos torcidos, odios gratuitos al prójimo y a todo lo que amenace nuestra propia percepción de grandeza. Queremos ser los únicos, los mejores, alabados, reconocidos y satisfechos en todo lo más vil que identificamos como poder y placer. Para la muestra simplemente constate el comportamiento de los nazis, de los genocidas, de los dictadores, de los hipócritas serviles y de todo ególatra (por citar sólo unos pocos ejemplos). El diagnóstico bien puede ser extensamente infinito y verificable. No es el tema a detallar aquí. Es el pan diario de nuestras vidas y la historia de la mal llamada “humanidad”.
Así que el asunto de la superación espiritual va más allá del querer. ¿Cómo se hace para querer la misma? Realmente es un milagro que ello suceda. Y precisamente de eso se trata la guerra espiritual y el papel de Mashiaj Ben Yosef como redentor y chispa de encendido. Llámelo siembra, como se revela en los textos neo testamentarios, toque del espíritu santo, pacto, etc. Pero incluso así, el milagro requiere de un proceso previo. Puede que se manifieste ante nuestros ojos como algo inesperado y repentino, tal que se concluya que no hay proceso previo. Y ello puede ser cierto desde la perspectiva y soberanía absoluta de Dios. Pero como siempre toca hacer la advertencia… Todo siempre tiene proceso previo, incluso los milagros; y también todo tiene su excepción. Como sucede con infinidad de posibilidades de toma de decisiones en nuestras vidas para cualquier actividad y camino de vida, todo lo anterior parecerá incluso interesante en el mejor de los casos. Pero a la hora de la decisión… Que pereza. ¿Para qué? Realmente no lo quiero o no lo necesito. Mejor me quedo en mi zona de confort. ¿Qué necesidad tengo de ello? De pronto es mentira. La gran mayoría, sino todos, concluirán así. No tengo necesidad… Punto. La verdad es que mis necesidades son otras.
La necesidad es la fuerza motriz de toda la creación. Sin necesidad no hay intención de movimiento; sólo hay inercia y quietud estéril. No hay necesidad, no hay deseo, no hay intención, no hay esfuerzo, no hay meta, no hay objetivo, no hay acción, no hay interacción, no hay satisfacción, no hay placer. La Creación introdujo algo nuevo en las definiciones absolutas de Dios; el deseo de recibir, el egoísmo, la necesidad fundamentada en la carencia. Algo nuevo y a la vez infinito, EXTERNO a Dios y que NO contradice ninguna definición previa de Absolutismo Divino. Vivimos en mundo que percibimos externo a nosotros mismos y como tal sentimos carencia que anhelamos desde que nacemos satisfacer. A partir de estos razonamientos podemos acercarnos a la respuesta de la pregunta trascendental de ¿qué es VIVIR? Hay dos premisas básicas para abordar la respuesta. Primero… Poder percibir que existimos. Ser consciente que existo y lo que soy. No lo que quiero. Es percibir el estado presente de “Aquí Estoy”. Segundo… A diferencia del punto uno, es NO darme cuenta de que existo, sino MI relación con el mundo en el concepto del vivir; de tener un contacto con el MUNDO. Es decir: Entender las necesidades que tengo. Percibir mis necesidades. Desear llenar esas necesidades. Percibir que las quiero llenar. Satisfacer el deseo y ser consciente de ello.
Estas últimas tres percepciones se encuentran POR FUERA de mi esencia. Aquí se encuentra la diferencia entre la primera y la segunda definición. La primera corresponde a percepción de mi esencia. La segunda es exterior a mi esencia. Se refiere al mundo. En éste caso, el deseo de querer llenar mis necesidades, así como el llenado mismo de éstas, no es mi esencia. Es exterior. O sea, en otras palabras, hay dos formas de entender lo que significa estar vivo. En relación conmigo mismo y en relación con lo externo a mí; en relación con mis necesidades. Son dos caminos de entendimiento: Lo que hoy soy con lo que necesito y puedo satisfacer y cumplir; lo externo.
Lo que quiero ser y el cuándo lo que quiero ser se convierte en lo que soy; lo interno (mi esencia). Los dos caminos producen placer cuando la necesidad es satisfecha. En el caso de satisfacción de un deseo exterior a mí, el placer es pasajero. Desaparece después de ser satisfecho. Siempre hay nuevas necesidades iguales y no iguales que llenar. Al contrario con la satisfacción de un deseo interno, de mi esencia, cuando llegó a ser lo que quería ser, y lo hago parte de mi esencia, el placer no desaparece. Es eterno. Y será sólo eterno, sí y sólo sí, cuando dichos deseos internos de cambio en esencia para un ser, son aspectos del ser que comparte atributos con la Divinidad. Sed Santos porque YO SOY Santo, Sed Misericordiosos porque YO SOY Misericordioso, dice la Biblia. Los atributos de cambio del ser esencial eternos son los Divinos. Esos son los que producen el PLACER ETERNO. Cualquier otro placer será pasajero.
Esta teoría del placer establece que lo importante en el aspecto interno sucede cuando llego a ser lo que quería ser. Produce placer. Obtener placer interno siempre es una sensación mayor que el placer externo. Obtener el placer interno de las Virtudes Divinas produce Placer Eterno e Infinito. Recordemos, placer es llenar lo que necesita ser llenado. A mayor dificultad de llenado mayor placer. A mayor esfuerzo mayor placer. Esto ya nos va dando luces del porqué de tantas dificultades para ver la Verdad y la Voluntad Divina. Esto nos va indicando por qué Dios está oculto en la definición Elohim de la naturaleza. En las leyes naturales y en Ley. Vivimos en la realidad Elohim; la realidad de la Justicia, de la Ley. Las realidades celestiales, las del Reino de los Cielos se viven al final como recompensa. La realidad de la Misericordia es la recompensa y que es al mismo tiempo la del pago por el esfuerzo. La Misericordia es la realidad matrix del mundo venidero; no del actual, no obstante está presente de forma paralela de forma escondida.
Sea cual sea la definición de explicación de percepción de lo que significa estar vivo, sea cual sea de uno de los dos postulados señalados anteriormente, el que atañe a lo exterior físico a mí esencia o el que atañe a mí interior, a mí esencia, sea como sea, en las dos definiciones EL RETO es EXTERIOR a mí actual condición. Está fuera de mí. El reto trascendental existencial aún está externo a mí. El propósito es hacerlo interno. Y el propósito material, también externo a mí, no obstante es la herramienta formidable para poder entender la Ley. Es necesario y obligatorio también encontrar la aplicación correcta de la Ley; la satisfacción material y el placer material con fines de transformación del deseo egoísta en altruismo perfecto. Lo que ya es mío en mí ESENCIA no genera SENTIMIENTO de necesidad, ni de carencia. Lo que ya es parte de mí esencia ya adquirió el significado de YO SOY. En cambio, al nivel exterior de mi ser, al nivel físico material, lo que ya es mío cuando ya lo conseguí externamente, NO me produce placer cada vez que mi necesidad es satisfecha. Me sació o me acostumbro y pierdo el placer.
Por supuesto, en el nivel exterior, y más aún en una percepción física materialista desvirtuada y enferma acorde a la pérdida cada vez mayor de la conciencia y de la Divinidad, la ilusión del placer cada vez es más engañosa, falsa y desconectada de los aspectos espirituales que lo definen (el placer). Es así que se llegan a estados enfermizos de sentir placer por la acumulación material que no cumple objetivos evidentes de necesidad. Se han creado necesidades de fantasía irreales en honor, posición, estatus, apariencias, inseguridades, reconocimientos, esnobismos, patologías, adicciones, taras psicológicas, aberraciones, enfermedades psiquiátricas y psicóticas, etc, etc. Cuando uno tiene todo lo que quiere no hay placer. Esto se demuestra en evidencias en muchos ejemplos cotidianos conocidos. Hijos insatisfechos e infelices a pesar de tener todas sus necesidades satisfechas. Índices de suicidio altos en países con soluciones de todo tipo a la sociedad, como es el caso de algunos países nórdicos. Hijos y personas cercanas desagradecidas e infelices a pesar de todos los favores recibidos. Personas en constante búsqueda del placer imposible de saciar. Personas insaciables involucradas en todo tipo de adicciones y degeneraciones. Ni hablar de lo que ésto se evidencia y significa en términos de las agendas siniestras del nuevo orden mundial que nos inundan hoy por todos lados.
La esencia puede llegar a adquirir niveles divinos o demoníacos a través del libre albedrío. He aquí la importancia del conocimiento de la instrucción Divina. Es por este motivo que la influencia externa puede afectar tanto para bien como para mal a la esencia. Las correctas definiciones serán de vital importancia. He aquí la importancia del arte del pensar. El asunto es todavía más dramático. La esencia de casi todo ser humano, como hombre caído, es una esencia corrupta; es una esencia pérdida, caída, oscura, egoísta y malvada. Es una esencia materialista y depredativa. Y es a través de nuestro corazón y mente que decidimos con qué alimentarla; con la visión externa de relación con el mundo que sólo desea recibir, o con alimento para el alma que la eleve. El objetivo es cambiar la esencia interna de uno a los paradigmas celestiales. Esto no se logra con fantasías. Se requiere de mucho trabajo y la instrucción Divina.
Hechas estas aclaraciones, cabe resaltar que los postulados de placer también se aplican para interpretaciones de esencia corrupta. Lo que ya hace parte de mi esencia corrupta y por lo cual no siento necesidad alguna de cambio, significa que ya es mío. Por tal motivo ya no tengo lucha de búsqueda en su consecución y no hay posibilidad de placer alguno en ello. Este es un estado muy peligroso para el alma. Es el estado de inconciencia o conciencia cauterizada. Es frialdad espiritual inerte, muerte. Es la esencia malvada. Esto debería aterrorizarnos, pues es un estado de imposibilidad de búsqueda; no hay motivación de acción en dirección espiritual, pues no hay carencia que impulse a la sensación de alcanzar placer en este aspecto. Si mi esencia corrupta tiene todo lo que desea, ya se dijo, no hay placer, por lo tanto no hay posibilidad de cambio. Si ya hace parte de mí, entonces no hay posibilidad de conflicto interno. No hay posibilidad de crecimiento, pues sólo el conflicto genera el crecimiento. Ausencia de conflicto en estos términos de ninguna manera podrá considerarse la correcta definición de Paz. Muchos confunden este concepto y buscan una vida de tranquilidad que confunden con paz, pero que al mismo tiempo los cauteriza espiritualmente. Y todo esto bajo justificaciones erradas de placer y tranquilidad. Las sutilezas alrededor de ésto son de todo tipo y muy numerosas, así como engañosas y multifacéticas.
Lo que ya está integrado en mí no me puede impactar. No hay ni huella ni sensación emocional. Si no genera ninguna emoción, no hay placer y todo adquiere una connotación de normalidad. Lo normal nos adormece y nos engaña bajo el manto de la conformidad. Peor aún, se confunde dicha conformidad con virtud. Toda “mida” (rasgo de carácter) tiene siempre dos opciones de conexión: la correcta y la incorrecta, la buena y la mala. Sólo me puede impactar lo que está por fuera de mí. Lo externo. Sólo el esfuerzo genera el verdadero placer. Lo que ya es parte de mí esencia, de lo que Soy, no produce esfuerzo. Lo que está por fuera de mí son los medios para llegar a ser parte de mí; para llegar a ser parte de mí esencia, tanto para lo bueno, como para lo malo. Lo que es externo a mí, siendo lo que me impacta y lo que me cambia, es la herramienta de cambio. Y cambiar es obligatorio. Tanto lo queramos, como no lo queramos.
Tanto seamos conscientes o no de ello. De una u otra forma lo externo nos cambia. Pero también de una u otra forma podemos resistirnos a cambiar. De hecho oponemos resistencia justamente en donde no deberíamos y cambiamos gustosamente hacia aquello que no deberíamos. Todo a la inversa. Y así, es muy común escuchar consignas generalizadas como “así nací y así me muero”; “yo soy así y punto”; “ni usted, ni nadie me va a cambiar”. Decidimos entonces justificar todo lo errado de nuestra esencia en el “NO cambio”. Claro, eso produce “confort” que es muy distinto al placer. Tristemente la falta de definiciones correctas y sabiduría ha tergiversado los verdaderos significados de las palabras y hoy día (y siempre) se confunde confort con placer.
No percibimos que el cambio no sólo es obligatorio como fuerza externa que nos empuja, sino que desde el punto de vista del deber es una responsabilidad que debemos y nos conviene asumir en dirección al bien y el entendimiento de la gran tarea que tenemos en frente y que sólo podemos desarrollar con la única oportunidad de estar vivos como seres humanos en estos ámbitos de la dualidad. Que responsabilidad inmensa la de estar vivos; y sin embargo, cada día el desprecio por la vida es más generalizado en todo tipo de manifestaciones como el suicidio, la muerte asistida, la eutanasia, el aborto, el asesinato, el genocidio, etc. Cada día cuenta, cada hora cuenta, cada minuto, cada segundo. Como se conoce en un dicho judío que dice así: “mientras arda la vela”. Es decir, mientras haya luz para el trabajo, se debe aprovechar hasta la última oportunidad de luz. Un segundo de iluminación en la conciencia puede establecer la diferencia entre el abismo y el cielo.
Para que haya cambio debe haber conflicto (ya se dijo); pero que no se mal interprete esta sentencia. El conflicto debe ser interno. Por supuesto, en la medida que nos oponemos a nuestra conciencia, a la chispa Divina que mora en el interior de nuestra esencia, los conflictos aparecen ante nuestros ojos de forma externa. Muchas de estas batallas deben incluso ser libradas en el exterior, aún hasta llegar a casos extremos de guerra. De por sí, dicho diagnóstico no puede sino interpretarse como un protocolo de guerra en defensa de los valores y principios. De no darse está batalla, la única opción que queda es el Apocalipsis. Y ya estamos en medio del mismo sin siquiera percatarnos de ello, rodeados por todos lados de demonios con apariencia humana y que ya no lo son. Las personas que buscan toda su vida lo material, al final no habrán cambiado nada de su esencia para bien. Seguramente sólo para mal. Lo más probable es que a mayor edad, mayor refuerzo negativo de paradigmas materiales o de malos rasgos de carácter.
Quien no se esfuerza por cambiar, día con día, con conocimiento, con autorreflexión, con autoanálisis, con autoconocimiento, con compromiso, con esfuerzo denodado y con compromiso de cambio, simplemente nunca va a cambiar para bien y en dirección al “cielo”. Muchas veces la debilidad y el sufrimiento pueden obligarlo a uno a “cambiar” en apariencia. No obstante, no hay garantía. Puede llegar a ser sólo eso: apariencia. Pero que no nos engañen nuestros ojos, ni nos engañemos a nosotros mismos. Viejito no es sinónimo de rectificación persé. Debilidad no es sinónimo de humildad o alguna virtud persé. La enfermedad y la vejez son susceptibles de profundos análisis a la luz de la sabiduría. Por supuesto que tienen grandes enseñanzas escondidas. La negligencia por no querer cambiar tiene un precio muy alto. En el presente a usted quizás no le importe un pepino, pues tiene otras necesidades que satisfacer. Generalmente externas. Pero el final será trágico, así usted no quiera o no pueda percibirlo. Quedarse en estado zombie y autómata sin entendimiento, esclavizado a sus necesidades y deseos ególatras es muy grave al final. De eso se trata todo este drama cósmico llamado Tikun en hebreo (rectificación de nuestra alma).
El mayor acto descrito en la Kabbalá es el de Tikun, rectificación. Lo que está roto necesita ser arreglado. Pero lo que se rompe a menudo necesita ser derribado, llevado lejos y reconstruido desde cero. En la sabiduría de la Kabbalá se explica que cuando los “vasos primordiales” se rompieron, sus fragmentos cayeron junto con muchas chispas de luz atrapadas dentro de ellos. El Tikun es buscar y liberar las chispas caídas de luz. Una vez logrado esto, los fragmentos de “vasos” rotos que quedaron sin luz, serían reunidos y reconstruidos para formar una estructura mejor y más estable. Lo importante es que reconozcamos que este grandioso escenario místico, esta unión, es desconocido para nosotros y que se está llevando a cabo ahora mismo, ante nuestros ojos.
La razón por la que la sociedad se está derrumbando a nuestro alrededor es porque los acontecimientos actuales son parte de un mayor esquema cósmico. Esta es la razón por la que los kabbalistas están seguros de que todo lo que sabemos y (tal vez) amamos pronto va a llegar a su fin – tiene que ser así, porque esta es la promulgación del gran plan cósmico. No importa lo que le guste o lo que crea, el curso de Tikun será seguido hasta su final. Las chispas de luz surgen, y los fragmentos de la nave rota descienden. Cada uno de nosotros está unido a uno u otro. El gran Tikun es la prueba para ver qué es lo cada alma decide abrazar. Si usted hace su trabajo y se compromete con el entendimiento que lo acompaña, uno ascenderá con la luz, dejando atrás los vasos rotos, o se descenderá con los mismos, y perderá la luz para siempre.
Las elecciones son personales. Sí usted está sintonizado con lo antedicho, no se asuste por lo que está pasando ahora, y qué cosas peores van a suceder pronto. Esta es la forma en que las cosas deben ser. ¿Acaso está pasando algo? ¿Se puede inferir qu&eacut