Hervir o no Hervir. Esa es la Cuestión. Transformación Hacia la Verdadera Vida.
¿Qué significa hervir? ¿Cuál es el proceso para hervir? No… No estoy hablando de cambio climático, ni todas las farsas asociadas. Quizás la frase con imaginación podría extrapolarse a diferentes interpretaciones, como asociación con el proceso de ponerse de mal genio, de explotar en ira, de excitarse eróticamente, de calentar los músculos previamente a un esfuerzo físico, de vibrar de entusiasmo con «fuego» en medio del fragor de una contienda, de una labor, etc. Igualmente podría relacionarse con conceptos de dinamismo, presteza, diligencia y similares. Y sin duda que hay semejanzas con el concepto de hervir (digo yo). Sin embargo, hay diferencias. Pues en todos los ejemplos citados, el proceso de duración o catalizador de arder, rebosar o de ebullición es diferente. Podría ser inmediato por estimulación o podría tener requisitos de tiempo más exigentes.
Pues ésto es precisamente lo que quisiera disertar. Pasa desapercibida la reflexión, y sin embargo hay gran enseñanza detrás. Y además muy sencilla de comprender… Todo lo contrario a poner el concepto en ejecución. Todos hemos visto por experiencia propia el proceso de hervir agua. Es el ejemplo más común. Ponemos el agua a hervir para hacer un café, cocinar y muchos más usos. Toma tiempo el proceso. Depende de la potencia del fuego usado la duración. El proceso aplica para cualquier líquido. Hay aquellos que requieren mayor temperatura de ebullición. Son especificaciones propias de cada líquido. La temperatura de ebullición del agua es de 100 grados centígrados.
Se debe poner el agua sobre el fuego a calentar y esperar que poco a poco la temperatura del agua vaya subiendo hasta que la misma llegue a 100 grados. Sólo cuando llegue a 100 grados, el agua empieza a hervir. Y cuando empieza a hervir, empieza a transformarse el agua en vapor. El agua va perdiendo su condición inicial de agua y se vuelve vapor que se eleva, se vuelve más sutil. El agua empieza a «volar» si se permite la expresión. De permanecer el agua sometida al fuego, se seguirá transformando hasta que se evapore toda… Y ahí, se nos empieza a quemar la olla. Jeje. Cuando la transformación es total, el agua desaparece como líquido. Ya no la vemos; pero aún así, continúa existiendo en otro estado de manifestación.
La sabiduría de la Torá nos permite saber y afirmar que toda manifestación física, no sólo proviene de las predefiniciones y realidades espirituales, sino que también es espejo de las mismas. De esta forma la observación inteligente en todo sentido de nuestra realidad física con énfasis comparativo de asociación entre lo material y lo espiritual con conocimiento de la Torá, nos abre infinidad de puertas de aprendizaje de nuestra Neshamá (alma cuya dimensión y grandeza menospreciamos), de la voluntad divina, del propósito de la vida y de la misma creación.
Con esta premisa en cuenta, se debe concluir que al igual como sucede el fenómeno de trasformación del agua en vapor (y todos los líquidos para transformarse en gases), así de forma paralela y por alegoría metafórica sucede con nuestras almas y cuerpos. Y sucede en analogía con todo proceso físico. Tal como cuando estudiábamos química en el colegio con los estados y trasformaciones de la materia… De sólido a líquido y de líquido a gaseoso, y viceversa, para cada elemento de la tabla periódica. Y como tal para cada posible manifestación de nuestros cuerpos y estados existenciales.
Nos podemos calentar y nos podemos enfriar. Nos podemos trasformar hacia arriba y hacia abajo… Cada uno acorde a su particular especificación, pero también todos y cada uno sometidos a las leyes físicas y espirituales subyacentes. Y lo dicho (digo yo) se infiere debe considerarse una ley universal. Podemos trasformar el líquido en sólido (que se llama solidificación en química) o como se plantea el énfasis de este artículo, pasar de líquido a vaporización. Las posibilidades desde la perspectiva física son cambios que se producen cuando varía la presión y/o la temperatura. Aquí en nuestro planeta (y supongo en todo sistema solar similar al nuestro), se manifiestan de forma natural los estados sólidos, líquido, gaseoso y plasmático. Los cambios de estado que se dan entre estos son: vaporización, fusión, solidificación, sublimación, sublimación inversa, ionización y desionización.
Una pequeña clase de física o química de bachillerato como recordatorio o insinuación de las posibles extrapolaciones a nuestro ser, para subrayar y destacar que las definiciones de los misterios de nuestra vida, NO son los postulados de costumbre infantiles interpretados religiosamente o humanistamente. Sólo una introducción para resaltar el concepto de hervir y la transformación. Hay trasformación si se llega al punto de ebullición. En el caso del agua llegar a los 100 grados. Y el requisito es obligado. Si usted calienta el agua a 20 grados, será sólo una calentadita. Agua tibia. Y se volverá a enfriar si se saca del fuego. Igual si calienta el agua a 50 grados, 70 grados, 90 grados, e incluso 99.9 grados. El fuego debe seguir ardiendo para llegar a los 100 grados. Si usted apaga la estufa antes, el agua NO hierve y se enfría. Lo podrá repetir todas las veces que quiera, por miles de veces… Y sin embargo NO va a hervir el agua. No habrá transformación de agua en vapor. Seguirá siendo agüita tibia y fría.
Siendo este proceso análogo con nuestra alma y cuerpo, es evidente se va iluminando el sentido de la parábola y enseñanza. Se puede asemejar el proceso de mantener el fuego encendido hasta llegar a la temperatura requerida, como la disciplina y compromiso de esfuerzo en una persona para lograr un objetivo. Y ésto NO es novedad en lo absoluto. Todas las prédicas de superación personal, de motivación, de coaching, liderazgo, psicología, empoderamiento y similares tratan el asunto. Y se podría concluir… ¿Para qué todo este «carretazo» de física? Ya se sabe todo ésto. Nada revelador que valga la pena. Tengo que decir que NO estoy seguro de que sea cierta la conclusión. Pero sí que estoy seguro que todo intento en este sentido a nivel masivo de paradigma, está equivocado, no es confiable, no es efectivo y cada vez menos deseable planetariamente.
Hay detalles que aquí no son del todo evidentes. Comprometerse con una tarea o un objetivo de vida, tal como se enseña en todas estas prácticas, filosofías y tendencias de superación personal, no necesariamente se ajustan a la descripción del proceso físico de evaporación. Y lo digo con conocimiento de causa. He sido conferencista sobre el tema por varias décadas como actividad paralela a mi profesión de ingeniero. Conozco a profundidad toda la enseñanza, teoría y práctica del asunto. Hay una condición que bien puede pasar desapercibida y que hace los paralelismos no exactos. Y el detalle está en que el proceso de transformación de agua en vapor exige sea constante, segundo a segundo en la exposición del agua al fuego. No se trata de períodos de dedicación a una meta.
Claro que cualquier formulación de esfuerzo continuo es válida y produce resultados asociados a lo que aquí se expone. Se verifica con la obtención de un título universitario, con la experticia de una profesión, con funciones especializadas, con éxito empresarial y muchísimo más. Funciona con probabilidad de éxito en cualesquiera de las metodologías de superación personal cuando se ejecutan con el requisito de esfuerzo y tiempo. Hay tendencias de éxito en líneas generales. Aunque toca decir que NO hay garantía en los cálculos. Así NO funciona el sistema operativo de la realidad divina. La ley tiene tendencias que se cumplen por voluntad divina en apariencia inexpugnable en la naturaleza (pero no obligan, pues son potestad operativa segundo a segundo de la Voluntad de Dios); mientras que dicha tendencia en el libre albedrío humano es menor. También depende de la aprobación divina. Pero también Dios honra y respeta tendencias y el libre albedrío humano.
No siempre los resultados son directamente proporcionales a los esfuerzos y nunca nada es blanco y negro para concluir. Las «ecuaciones» no son simples. El esfuerzo se recompensa sin duda de muchas formas, pero no siempre. El justo sufre y el malvado prospera. Y sin embargo la justicia de Dios es perfecta. Hay tontos que triunfan sin esfuerzo y hay inteligentes que fracasan trabajando como burros. El cumplimiento de estas sentencias no son aplicadas en una sola área de la vida. Todo depende en dónde, o en qué área de la vivencia humana se desarrollen y ejecuten. El progreso puede ser espiritual o material. Y puede haber muchos diferentes aspectos a considerarse para clasificar y analizar la ley de la Torá como sistema operativo. Si se quiere profundizar un poco más sobre estas disertaciones del sentido de la vida acorde a la estructura funcional se recomienda estudiar mi artículo al respecto en el siguiente enlace.
Mente a Favor del Cuerpo o Cuerpo a Favor de la Mente.
He dicho lo anterior referente a los postulados de la superación personal para aclarar que NO se trata de una metodología infalible de causa y efecto. Funciona como tendencia, pero NO es garantía. No es una predefinición tipo ecuación o proceso tipo el ejemplo de la evaporación del agua. Y por ello NO es exacto decir que la analogía de hervir es lo mismo que las enseñanzas de compromiso con metas y objetivos como consecución inexpugnable de resultados.
Parece confuso que se hagan estas aclaraciones… ¿Para qué? ¿Qué sentido tienen? ¿De qué me sirve? Respuesta: Pues como siempre… En las sutilezas está lo fundamental, el secreto y lo valioso. ¿Y qué es lo valioso de toda esta palabrería?… El entendimiento preciso. Conviene verlo y formularlo de forma precisa nivel por nivel. Y también en cada aspecto seleccionado. Y si se trata de transformación trascendental, que mejor aspecto que el de la mente. Y ésta se transforma principalmente con estudio.
Siempre que se persiga un objetivo específico, debe ser sin interrupción alguna. En realidad, es mejor estudiar una hora seguida que dos horas con interrupciones. Las interrupciones rompen nuestra concentración y limitan nuestra habilidad de retener información. Le quitan el poder a nuestro estudio. Ideal determinar algún espacio de tiempo en el que se deje todo lo demás afuera, en el que uno mismo NO se desvíe de la actividad en la que se esté concentrado. Que no ocurra que te sientas, e inmediatamente te paras a abrir la ventana. Y luego vas por un vaso de bebida. Y luego te paras nuevamente a cerrar la ventana. Y después enciendes la radio.
Vale la pena aplicar el concepto a todo. Por ejemplo… Fija la idea en tu cabeza: «voy a hacer la actividad ‘X’ por una hora seguida. ¡Sin interrupciones!». Por 15 minutos completos, no te detengas. No te cambies de lugar, no tomes ninguna bebida, ¡no interrumpas ese momento a menos que sea algo de vida o muerte! Puedes practicar esto mientras vas en el autobús, o cuando estás esperando en el consultorio del dentista. Establece un objetivo de 15 minutos para enfocarte exclusivamente en una sola cosa. Puede ser un problema que estás teniendo en el trabajo, una meta personal, o algún problema amoroso.
Por ejemplo, te puedes decir a ti mismo, «los siguientes 15 minutos voy a emplearlos para pensar en mi familia, en cómo puedo ayudarlos, en por qué los quiero y en el placer que siento por tenerlos en mi vida». Luego, al final de los 15 minutos, aprecia cuán bien empleaste el tiempo. De otra forma, éste hubiera sido perdido…Poco a poco, incrementa el tiempo. Primero 15 minutos, después 30 minutos, después una hora y después dos horas. Una vez que hayas llegado a cuatro horas, ya estarás del otro lado. El Gaón de Vilna, un gran estudioso judío del siglo 18, decía que las primeras tres horas con 59 minutos son como preparar el horno. Para la cuarta hora, la olla estará hirviendo. Y no te detengas. Porque si remueves la olla del fuego (aunque sólo sea por algunos minutos) tendrás que recalentarla otra vez desde el principio.
La sutileza de esta enseñanza está en el proceso continuo. No se puede hervir si se interrumpe el proceso. Y la diferencia entre hervir o no hervir está precisamente en la transformación. En el caso del estudio, la mente empezará a funcionar a partir de allí con mayor agudeza y capacidad de retención de la información, capacidad de análisis, de comparación, de profundización, etc. La mente y el cuerpo se fusionan para posibilitar el entendimiento de forma perdurable tal que se haga parte de uno y sin olvido completo. Pues como se dice en ámbitos de Torá… Estudiar y no recordar es como tener un hijo, pero muerto. Y lo estudiado debe considerarse como si fuese un hijo… Debe mantenerse vivo y presente. Es un fruto que se debe sembrar, madurar y recoger. Cuando ésto sucede, nos vamos transformando poco a poco. Igual que el agua se va convirtiendo en vapor poco a poco.
Se va creando una nueva vasija de recepción. O como se dice en lenguaje kabbalista, un nuevo keli. Como se anotó, llegar a las 4 horas, como en el caso de sugerencia de estudio, como aconseja el Gaón de Vilna, quizás no se logre de la noche a la mañana y se deberá trabajar en ello como un proceso. Tal cual como cuando los deportistas entrenan para su especialidad, como por ejemplo si se quiere correr una maratón, hacer 100 flexiones, levantar pesas, aumentar la masa muscular, adquirir resistencia, rebajar peso, etc. Siempre hay un proceso de por medio. En el caso de los ejercicios físicos, por ejemplo, para obtener resultados de mejora de salud, los médicos recomiendan períodos mínimos continuos que obliguen sudar… Por ejemplo, recomiendan mínimo 30 minutos seguidos. No se obtendrán beneficios notables con rutinas de 5 minutos, ni con 10, ni con 20 minutos. Sin embargo, para llegar a los 30 minutos, si la condición física es deficiente, se deberá empezar con 5 minutos, 10, 20, hasta llegar a los 30 minutos como mínimo. De ahí para arriba es mayor ganancia.
Las cifras aquí citadas no son para que sean interpretadas como fórmula. Cada aspecto en el que se quiera aplicar la técnica será único y acorde a cada individuo. Pero el objetivo de este artículo sí es hacer énfasis y hacer explícita la cifra recomendada por uno de los más grandes sabios de Israel, el Gaón de Vilna; la cifra de 4 horas seguidas de estudio sin interrupción. Pues sin dudarlo ni un segundo, debe ser una cifra exacta de revelación celestial. Los grandes de Israel cuando afirman algo, es porque es revelador, verdad, trascendente, conveniente, importante, vital y hay que escucharlo… Y ponerlo en práctica cuando hay sintonía. Y que NO se malinterprete mi afirmación. No hablo de infalibilidad en los sabios para que se extrapole a muchos asuntos dialécticos que se pueden debatir y desafiar. Una dimensión de discusión infinitamente más compleja, como para simplificarla en blanco y negro. Por ejemplo, para asociarla con el rechazo del judaísmo oficial al Mesías de Israel.
Así que, sin complicarnos, la cifra de las 4 horas y la enseñanza asociada vale la pena aceptarla, por muchas razones evidentes y demostrables. El tema es susceptible de ampliarlo con mucha argumentación. Algo de ello es lo que aquí se presenta. Pero se puede ir más lejos y con mayor contundencia… Póngalo usted mismo en práctica y verifique resultados. Y valga la pena hacer la advertencia. No espere resultados inmediatos, ni simplifique la metodología a ejecuciones mínimas o esporádicas. Se trata de hacerlo costumbre. Sólo mire la correspondencia paralela con el mantenimiento constante del estado físico o la forma. Debe ser constante, pues de lo contrario se pierde. Y no obstante el paralelo NO es exacto completamente, aunque lo inmediatamente anterior dicho sí lo es, en caso de que interprete como un asunto puntual de un par de veces.
La importancia de realce sobre el matiz en el estudio, el esfuerzo mental y concentración continua de ejercicio periódico, a diferencia del paralelo físico, radica en que en la dimensión mental en este sentido no hay desgaste, ni límites, como si lo hay con la resistencia física, que se restringe y condiciona en la capacidad de resistencia del cuerpo, de su estado, de la edad y similares. Se dirá que sucede igual con la mente, y ello no es completamente cierto. Pues tal semejanza efectivamente sí ocurre cuando la mente es producto o consecuencia de postulados, motivación o cálculos con premisas de arranque mundanos, materialistas, frívolos, codiciosos, preocupantes, afanosos, fatigosos, forzados, gravosos, demandantes bajo presión etc, etc. En estos casos la mente y cuerpo se ven sometidos a la fatiga del estrés con sus respectivas consecuencias de tensión, ansiedad, angustia y agotamiento. Incluso la enfermedad y el colapso. Así que es claro que NO es de ésto que estamos hablando. Todo depende de la premisa de motivación de inicio.
En las sutilezas de definiciones exactas está la exquisitez de frutos. Y la definición exacta aquí es la meta de estudio, por qué y para qué. No estoy diciendo que las sutilezas que producen buen fruto sean sólo provenientes del estudio. El concepto aplica para toda la infinita gama de posibles escogencias para abordar un tema, una necesidad, un objetivo, etc. Y en todo el posible espectro, incluyendo el estudio, las escogencias se nos presentan siempre con su dualidad de elevación y degradación; de escogencia correcta o incorrecta; de paz o caos; de conveniencia o inconveniencia; etc. Nunca se trata de temas en blanco o negro con una sola postulación de entendimiento. Cuando simplificamos la vida en ese sentido de facilidad, ignorancia y negligencia, el fruto cosechado siempre será el error. De ahí la importancia de las exactas predefiniciones con anticipación y conocimiento correcto.
La exhortación aplica para todo. Cada caso según su particularidad. Pero aquí hablo de estudiar lo correcto… Y lo correcto es la transformación. Es decir, hervir, acorde a la sentencia del Gaón de Vilna. Y se hierve para trascendencia estudiando la Torá. Esta afirmación no debe presuponerse se fórmula como dogma académico rígido y literal. La Torá es una dimensión desconocida de muchas caras. Se habla de las 70 caras de la Torá. Aquí se incluyen todas las posibilidades de entendimiento de este mundo. Y por supuesto incluye la literalidad académica. Si no se sabe nada de ello, pues es deber conocerlo. Es decir, por ejemplo, leer la biblia literalmente. Por lo menos hay que conocerla, de tapa a tapa (incluyendo el nuevo testamento).
Y habrá que leerla muchas veces y familiarizarse con su narrativa, aún a sabiendas que toda ella es una metáfora y que tiene niveles de interpretación, incluyendo la literal. Significa también acceder a enseñanzas que hablen de ella, así no se tengan certezas sobre cuán correctas sean las enseñanzas. Hay que dejar que el conocimiento vaya madurando para ser capaz de analizar, comparar, separar y concluir por uno mismo de manera continua en forma de retroalimentación constante. Luego se podrá ampliar más y más los campos de estudio de la Torá a todo tipo de textos y exponentes de la misma.
Ahora bien, si se habla de Torá como lo importante para la transformación, NO se excluye cualquier otro tipo de conocimiento que aporte mayor entendimiento, pues la Torá no son sólo textos, la Torá es la misma creación. Los textos sagrados nos dan pautas de decodificación. La realidad y su observación nos aporta todo. Y hay que hacer la conexión entre los dos aspectos. Esto bien puede tomarnos no sólo una vida, sino innumerables existencias. Y digo esto último, no para dramatizar la tarea como algo imposible, sino para dar contexto de lo que se debe hacer sensible a la consciencia, tal que sepamos la importancia de nuestro trabajo, nuestras posibilidades, tranquilidad y premura al mismo tiempo del significado del esfuerzo y la necesidad de tener los pies bien puestos sobre la tierra con sensatez y esperanza.
Debemos hervir aplicando la técnica recomendada, enfocados en la dirección correcta… El estudio de la Torá como objetivo de entendimiento de la vida y nuestra existencia. Ello implica consciencia de responsabilidad trascendental. De ahí la importancia de la definición de la dirección correcta. Pues de ser una dirección contraria, a pesar de aplicar la técnica, no nos dirigiremos a la transformación hacia la vida y lo celestial, sino quizás a lo opuesto en muerte y perdición. No sería vaporización del agua, sino congelación. Rigidez de esclavitud y destrucción. Ya se dijo… En las sutilezas está el fruto como trigo o como cizaña. Hacia arriba o hacia abajo. Tanto si se usa la técnica recomendada, como si no se usa.
Se puede ser practicante de la técnica para convertirse uno mismo en un gran científico como Albert Einstein e ir más allá de los conocimientos de la teoría de la relatividad, trabajando en ello 20 horas diarias. El fruto será más que visible; y además de gran magnitud. Pero no será fruto de transformación de vaporización, sino de congelación. Claro, ésto en la definición más fría y rígida del ejemplo sin ningún tipo consideraciones adicionales reflexivas filosóficas y de vida misma del individuo. Igualmente, sin esfuerzo de aplicación de la técnica… Pues no habrá ningún fruto ni siquiera. No habrá congelación, pero tampoco habrá nada. ¿Qué califica el estado final como peor? Bueno… Eso ya depende de las condiciones particulares internas del individuo. Pero transformación de vida, no hay.
La vida simple con ausencia de percepción trascendental que nos rodea masivamente, y que todos vivimos y conocemos de alguna forma, por más compleja y demandante que se viva en actividades, protagonismos en cualquier área, liderazgos, aportes al desarrollo y al conocimiento humanista, por más reconocimientos obtenidos y superación de retos vivenciales materialistas que se califiquen como excelencia, éxito y demás, NO califica per sé como transformación hacia la vida y el entendimiento de elevación (denominado en el nuevo testamento Metanoia en griego). ¿Cómo se califica entonces la vida de todos nosotros, de todo el planeta? Pues la gran mayoría hemos vivido bajo tales circunstancias adaptativas. Yo diría que excepto las pocas excepciones, la totalidad de habitantes del planeta hemos vividos con sufrimientos, con fracasos, en consecuciones de resultados de supervivencia, éxitos particulares pequeños, éxitos notables (así sea la minoría), etc.
¿Cómo se califican nuestras vidas? Respuesta… Ausentes de vida. Nuestra existencia es obligada, impuesta, hace parte de un proceso de prueba de rectificación, es una consecuencia, es una responsabilidad trascendental, es una demanda muy exigente y a la vez una oportunidad de misericordia inmerecida que se debe agradecer y afrontar, y mucho más que debe conocerse aquí. Dicen los sabios de Israel «contra tu voluntad naces y contra tu voluntad mueres». Y que no se traiga como argumento de descalificación el suicidio… Algo que tiene su explicación en sintonía, por supuesto, y que no se va a explicar aquí. Pero la pregunta persiste. ¿Y entonces todo lo vivido qué? ¿Es mi culpa? ¿Y si nunca supe de ésto? ¿Y si no es verdad? ¿Y si no tengo acceso a la instrucción? ¿Y si nunca tuve tiempo? ¿Y si no tengo tiempo? ¿Y si no entiendo nada de ésto?, etc, etc.
Realmente se pueden ampliar este tipo de preguntas, objeciones, incógnitas y disculpas por miles si se quiere. Y todas y cada una de ellas deben y pueden ser respondidas. Y con seguridad que tienen respuestas explícitas y profundas. No lo digo por imaginación… Ha sido parte de mi experiencia personal por más de 30 años con asociación a la Torá. Es un proceso que se sufre. Si no es así, NO califica como fuego de encendido sobre agua que se evapore. Y precisamente encontrar todas estas preguntas y respuestas posibles es de lo que se trata la materia prima con la cual podemos calificar nuestras vidas. No se trata de un aspecto académico, aunque el mismo sea parte del proceso.
La vivencia particular en su intensidad interior con nuestras adhesiones, preocupaciones, anhelos, luchas, incógnitas, búsquedas y demás en sintonía será lo que nos califique como zombies autómatas o no. La experiencia con todas sus alegrías y sufrimientos, decepciones y esfuerzos, logros y fracasos, etc, etc, en sus más íntimas sutilezas guardará en verdad la realidad de nuestra esencia, así como la evolución o involución del alma en nuestro tránsito específico en vida.
Sucede con todos con muchos aspectos adicionales que a la gran masa les es desconocido. Es lo que se debe encontrar. Pues las rectificaciones son de todo tipo. El proceso largo de rectificación es posible… Este proceso nos allega al conocimiento esencial hasta cierto punto, pero es el camino demasiado largo. Es el camino del sufrimiento a las malas. Y esto podría tomar miles y miles de reencarnaciones y muchos más estados del alma que toman quizás eones de tiempo (incluyendo la posibilidad de perdición). Todo lo vivido cuenta en la ecuación del alma. Y es una ecuación de mucha complejidad. Aquí no convienen las fantasías y simplezas en la ignorancia. Por lo tanto, conviene el conocimiento esencial. Es el camino corto a través de la Torá que es el antídoto al reto del mal y enfermedad que por defecto nos define en todo y nos captura en la muerte y los ciclos circulares de tiempo al infinito, disociados de la eternidad de vida.
Oportunidades para allegarse al trabajo del alma, del entendimiento y la rectificación, a través de la transformación (lo que aquí he llamado hervir para vaporizarse), son muchas, y es un camino largo; pero a la vez cada oportunidad es única, pues cada oportunidad pérdida, cada involución experimentada en cada vida por falta de interés, pérdida por negligencia en el uso del libre albedrío, nos enfrenta al sufrimiento presente y futuro, y con el riesgo de no superarlo por deficiencia cada vez mayor de conciencia o fruto de vida. Así que NO es un tema menor para desestimar.
En algún momento hay que percatarse de esta importancia. Por ejemplo, si usted ha leído este artículo y le da un mínimo de credibilidad. Podría ser la motivación de arranque necesaria. Pero si se deja todo pasar, pues la causa, efecto del «karma» quizás le esconda las oportunidades en el futuro, quedándose sometido al destino escogido por negligencia y desinterés, confirmando vidas cada vez más zombies o autómatas (en el mejor de los casos, pues hay muchos destinos del alma con menos posibilidades de expresión del alma).
Es aconsejable y apropiado saber de qué se trata la vida y los procesos que nos constituyen. Y por eso se requiere no sólo vivir, sino también estudiar. Vivir, conocer y sentir… Tres requisitos mínimos para ser integrados a nuestra existencia en el uso correcto de escogencias de vida en el uso de nuestro libre albedrío, que nos direccione hacia los procesos de rectificación de nuestra alma. Y esto se debe entender a través del conocimiento. Es un proceso continuo consciente elegido por voluntad propia y esfuerzo comprometido. No es algo puntual, no es un producto de una vida (aunque excepcionalmente podría serlo si el esfuerzo es el apropiado), no es un mérito exclusivamente propio y no es algo para simplificar en ignorancia e imaginación. Es un conocimiento preciso multidimensional que nos atañe a todos y los más minúsculos aspectos de nuestras vidas, en todos los sentidos (conocidos y desconocidos).
Por ejemplo, en el aspecto primario de entendimiento de proceso de la rectificación del alma, la Kabbalá Luriánica nos explica de forma detallada, cómo está compuesta nuestra alma y los requisitos de rectificación de cada parte de la misma. Pero más aún, nos revela secretos inimaginables e imposibles de concebir, a menos que se acceda a dicho conocimiento, sobre las cualidades del alma y la interrelación que existe entre todas las almas en sus diferentes niveles. Conocimientos éstos que, al ser absorbidos en entendimiento por nuestro intelecto, impacta nuestra esencia significativamente. No entender es lo mismo que morar en una prisión con esclavitud. El entendimiento nos libera a dimensiones sublimes desconocidas.
Así que NO acepte la simplificación de su existencia con todo tipo de justificaciones a su actual condición de esclavitud confortable, no porque usted sea feliz necesariamente; quizá esté sufriendo y no sea su vivencia para nada confortable. Pero de eso NO es lo que hablo. Usted así sufra, se siente confortable con la percepción de la realidad que ya ha aceptado. Usted sufre y las sus formulaciones de superación de su sufrimiento las plantea desde su ignorancia aceptada y condicionada. De eso es que hablo.
Su alma en el mejor de los casos se encuentra fragmentada en 125 partes o tiene el potencial de adquirir dichas 125 partes fundamentales de composición que en unidad significan la vida eterna. Dichos fragmentos se clasifican por mundos, por partzufim (caras, según lenguaje kabbalista), por niveles de emanación, etc. Cada fragmentación se corresponde a paradigmas y manifestaciones de vida muy específicos. Se rectifica parte por parte. Y también se malogra parte por parte en árbol sefirótico espejo al de la vida en ascenso, con un «árbol sefirótico» del mal, en sentido opuesto. Todo lo que se deja al azar, no va hacia arriba en principio, una vez agotadas las provisiones de gracia y misericordia que de arriba se nos otorga un y otra vez… Va hacia abajo cuando el desprecio a la gracia se apodera de nuestra consciencia y alma.
Y esto que acabo de citar por muy complejo que sea, aun así, puede complicarse mucho más… Muchísimo más. El alma se puede fragmentar mucho más, más y más. En fin… Todo con sus consecuencias, por supuesto. Por difícil que sea comprender toda esta sabiduría, en algún momento hay que empezar. El objetivo debe ser hervir, en algún momento, en alguna vida (quizás no en ésta). Pero todo depende de que usted tenga es voluntad de inicio sea como sea que pueda posibilitarla, desde ya. Hay mucho que se puede empezar a corregir desde ya, con los principios y definiciones correctas. Ya se dijo anteriormente de forma enfática. Hay que empezar bien. ¿Pero cómo a mi nivel desde ahora? ¿Cómo saber mi punto de inicio?
La vida no es unidimensional. Debe ser estudiada desde cada ángulo y analizada al revés y al derecho. Pero recuerde y tenga siempre presente… Aborde cada meta de forma fragmentada, pero no olvide que la vida no se trata de fragmentación, sino de integración. No califique la fragmentación como meta alcanzada única. Hay que ir por partes, pero todo debe intentarse ver de forma integral. Y lo integral es la visión de largo plazo aquí señalada de rectificación del alma y transformación de la mente. Así entonces, nos tenemos que abocar siempre a una dualidad de enfoque en lo individual y lo general al mismo tiempo. Lo que sea relevante parte por parte, cada vez que sea identificado.
Por ejemplo, con la Torá (de forma fragmentada e integral al mismo tiempo), esto como un fragmento; y, por otro lado, otro fragmento de percepción de vida en cualquier otro tópico de vida en sintonía. Igualmente, con dualidad en lo específico y lo general. Una doble dualidad a ser conciliada e integrada. Quizás no se entienda aún. Pero si en algo se puede ilustrar, significa avanzar por partes, pero nunca idealizando la parte. Lo único que se debe idealizar es la rectificación y su perspectiva futura multidimensional. Por ejemplo… Ni diga: Ahhhh, mi vida es perfecta. Ya lo logré… Tengo casa, carro y beca. Así que a continuación voy a enunciar algunos tips de inicio.
Defina el tema de mayor importancia y preferencia con relevancia. No se confunda con los hobbies o pasatiempos. Estudie un mismo tema por un largo período de tiempo. No esté saltando superficialmente de un tema a otro. Como actividad de vida pragmática (no trascendental), escoja un tema que le guste y hágase experto por lo menos en un aspecto. Cualquiera que sea el tema que escoja, siempre habrá más para aprender. Inclusive cuando se mueva hacia otras áreas del conocimiento, tiene que estar alerta para tomar información pertinente a los temas previos. Esto permite hacer referencia cruzada y, como consecuencia, genera un entendimiento más profundo. Que la especialización NO sea impedimento de abordar otras facetas o áreas de actividad. El pragmatismo debe ser inteligente, pero no camisa de fuerza.
Es de suponer que quien lea estas líneas, ya tendrá una carrera o actividad de especialidad de vida encima desde hace mucho. Pareciese que el tip está de sobra. Ideal iniciar la vida con este conocimiento. Algunos dicen que «todo nos llega tarde». Pero eso es falso… Mejor tarde que nunca. Cuando hay sabiduría y las condiciones obligan o ameritan, el consejo aplica. Y además siempre es válido. Consejo útil y efectivo para tener en cuenta con cualquier iniciativa que se califique importante, sea cuando sea que se tome. La especialidad, al igual que todo concepto, tiene su interpretación o faceta dual. Puede ser beneficiosa y provechosa (y así se debe procurar); pero al mismo tiempo puede ser un impedimento de apertura hacia otras áreas de comprensión, limitando las capacidades de expansión de la mente, aprendizaje y adaptación de convivencia y creatividad. Y mucho más si se trata de trascendencia.
Respecto a cualquier cosa que estudie, asegúrese de no olvidarla. ¿Cuántas veces entró un pensamiento en su cabeza con una increíble claridad y al día siguiente ya se había ido? El pensamiento quedará en el aire si no se captura de alguna forma. Tiene que meterse en sus huesos y penetrar su mente. Esto significa repasar constantemente lo que uno aprende de una forma u otra. La repetición verbal es muy poderosa. Clarifica una idea y la trae a la realidad. Esa es la razón por la cual en el judaísmo repetimos dos veces al día el Shemá, y por la que repasamos la Torá año tras año. Los Sabios del Talmud repetían 40 veces cualquier pensamiento innovador, y una idea vital 101 veces.
Hay sabios de la era moderna que también aconsejan lo mismo. Por ejemplo, como el Rabash, que aconseja leer su libro Shamati 200 veces. Es un libro de 800 páginas en letra pequeña. Yo a duras penas lo habré leído unas 15 veces. Me falta mucho. Para eso, puedes resumir las ideas en algún lema que recuerdes; por ejemplo, con una frase como “haz que cada segundo cuente” o “vive al máximo”. Cualquier cosa que te mueva y te llene de energía, repítela una y otra vez. Hazlo tu refrán, tu música de fondo. Cuando ya hayas agotado una frase, inventa otra. Cualquier cosa que funcione tiene poder.
Por supuesto, postulados como «vive al máximo» y exhortaciones de vida de mucha seducción deben ser consideradas con sabiduría y con cautela. El mundo está lleno de dichos refranes y postulaciones que se interpretan en el mundo de forma disociada de la Torá. El engaño dual siempre estará presente. De ahí la necesidad del conocimiento de la Torá. Pero recordemos… Toda definición es siempre dual. No se descalifica porque sí. Vivir al máximo no necesariamente se interpreta como vivir en farra. La conexión al bien siempre será el reto de decisión.
Nuestros Sabios dicen: «Haz del estudio de la vida tu ocupación primordial, y de tu profesión algo secundario». La pregunta no es «a qué te dedicas para mantenerte», sino «a qué te dedicas en la vida». Si te ves como un ‘pensador’, entonces pensar se convierte en una prioridad. Por lo tanto, actualiza tu definición de ti mismo. Descubre cuál es tu razón para vivir y vívela plenamente. Imagina que alguien te pregunta: ¿Qué haces? Tú probablemente le contestarías: «soy abogado», o «soy ingeniero», o «soy contador». ¡Pero eso es un error! Imagina que ves a alguien preparándose para ir a dormir, y le preguntas: ¿qué haces? Él te responde: «Soy un dormilón». ¿Eres un dormilón? ¿Cómo te mantienes haciendo eso? ¿Quién te paga por dormir?
Exactamente, ese es el punto. Cuando se suman las horas de una vida, resulta que se gasta más tiempo durmiendo que siendo un abogado. El tú esencial no es el abogado. Es el que piensa, el que busca, el que vive, el que respira, el que ama, el que crece constantemente, el que desea excelencia, el que está hambriento por saber más. Hay que Identificare con esa parte de uno. Ese eres uno realmente. Pregúntale a una mujer con cuatro hijos: ¿Quién eres? Ella te contestará: «Soy una madre». Pero, ¿ese es el único aspecto de quién ella es (aunque sea el más importante)? Ella también es amiga, educadora, cocinera, enfermera, psicóloga de niños, pensadora, buscadora de información y de la verdad, y mucho más. Desafortunadamente, desarrollamos este problema de identidad a muy temprana edad.
A todo niño se le pregunta: ¿Qué quieres ser cuando seas mayor?». Esta pregunta tiene sutiles implicaciones que pueden dañar una personalidad en desarrollo. El niño está pensando: ¿Cuál es el problema con ser yo? ¿Mi yo es tan terrible que debo convertirme en algo diferente cuando crezca? Nuestros Sabios dicen: «Haz del estudio de la vida tu ocupación primordial, y de tu profesión algo secundario». La pregunta no es «a qué te dedicas para mantenerte», sino «a qué te dedicas en la vida». Si te ves como un ‘pensador’, entonces pensar se convierte en una prioridad. Por lo tanto, actualiza tu definición de ti mismo.
Descubre cuál es tu razón para vivir y vívela plenamente. Contesta la pregunta ¿para qué vives? Porque si no sabes para qué vives, entonces ¿para qué vives? Más aún… Quien NO sabe para qué vive, no ha vivido aún. También podríamos formular las preguntas de otra forma. ¿Estarías dispuesto a morir por un ideal? ¿Sabes por qué estarías dispuesto a morir? Si nos sabes por qué estarías dispuesto a morir, entonces no sabes porque vives. Y si no sabes porque vives, entonces, ¿para qué vives?
Al final de cuentas, tienes que decidir: ¿la vida es buena o no? Esto nos lleva a una pregunta aún más básica: ¿la vida tiene un propósito? Si no lo tiene, entonces no hay razón para no perder el tiempo, porque de cualquier forma nada importa. Se puede perder todo el tiempo posible, pues nada vale la pena. Pero si crees que existe un propósito en la vida, ¿por qué querrías perder, aunque sea un poco de ella?
Deberías querer entender cada aspecto de la vida, para hacer lo máximo con el limitado tiempo con el que cuentas. El judaísmo dice que el peor crimen es el asesinato. El peor asesinato es aquel que es premeditado. El peor asesinato premeditado es el de un familiar. El asesinato de uno mismo, es decir, el suicidio, es aún peor. El suicidio espiritual es peor que el suicidio físico. Matar el tiempo es un suicidio espiritual.
Somos lo que pensamos. Nuestras ideas determinan la realidad. Si alguien piensa que hay personas persiguiéndolo, entonces no importa si esto es verdad o no, él estará asustado. O si un niño inteligente piensa que es tonto, ésta se convertirá en su realidad. Pureza intelectual significa elegir tus ideas. Distingue cuáles son verdad, y cuáles son falsas; cuáles hacen sentido, y cuáles son tontas. Y luego, limpia tu mente; saca la “basura”, de forma que no se mezcle con el resto de las ideas que hay en el interior de tu cerebro. Hay que limpiar la mente… Pero, ¿cómo se hace eso, si no sabemos diferenciar lo negro de lo blanco?
Y hoy sí que se vive dicha confusión de manera psicótica. Para la muestra un botón… El progresismo y la invasión del marxismo cultural y la tiranía comunista, socialista y de izquierda. Todo torcido y criminal. Y aceptado como bueno. De aquí la importancia de la educación. La mente no se puede dejar libre al viento para que sea direccionada por cualquier influencia externa maligna. Limpiar la mente NO significa dejarla en blanco y vacía. Limpiar la mente significa alimentarla con el conocimiento correcto. Sólo así se podrá distinguir el bien del mal, y eliminar la confusión con que torcemos toda decisión.
Entra en contacto con tu mente. ¿En qué estás pensando? Cuando articules una afirmación, pregúntate a ti mismo… ¿Realmente creo eso? Si una idea falsa es repetida muchas veces, puede convertirse en tu realidad, incluso si en un principio no creías en ella. Clarifica tus ideas. Por ejemplo, todos están de acuerdo que es malo dañar a otros. Pero, ¿es verdad que uno nunca debería dañar a alguien? “Bueno, nunca deberías dañar a alguien sin una buena razón”. ¿A qué te refieres con nunca dañar a alguien sin una buena razón? Si él te daña primero, ¿la venganza es una buena razón? ¿Ves la confusión? Clarifícalo.
Otro ejemplo: Todos quieren ser buenas personas (toda persona decente, pues también hay muchos que no lo quieren ser). Y tú probablemente también quieres ser una buena persona. Entonces, ¿cuál es la definición de bueno? Los terroristas islámicos, comunistas, socialistas y similares piensan que hacen lo correcto al intentar deshacerse del imperialismo occidental asesinando a diestra y siniestra. Tienes que obtener claridad, para que de esta forma realmente sepas lo que ya sabes. Haz una lista de las 100 cosas de las que estás convencido. Mis padres me aman. Tengo 10 dedos en las manos. La tierra es redonda. Bueno… La estupidez terraplanista será para muchos hoy día su verdad inobjetable. No pongas estas cosas en las que tienes certeza en el mismo cesto junto con ideas que no están claras, porque si lo haces, las ideas que no están claras contaminarán toda la cesta.
Escríbelas y ordénalas. Pregúntate a ti mismo, ¿cómo sé que mis padres me aman? Porque tengo evidencia en base a la forma en que me tratan… Pero tienes que ser sincero y objetivo. No te auto victimices como hacen muchos hijos con sus padres, a quienes les manifiestan infame ingratitud inmerecida con inculpaciones y falta de reconocimiento de sus sacrificios y amor. ¿Cómo sé que la tierra es redonda o plana? Aborda el tema con profundidad y seriedad honesta. Aborda cada tema con esfuerzo, investiga, usa la lógica, las evidencias. Si no sabes del tema, ni sabes de matemáticas, si no tienes la información, por lo menos reconoce tus limitaciones y no te mientas a ti mismo, ni te dejes llevar por el fanatismo y preconcepciones. Es una cuestión de actitud inteligente. Cuestiona a quién o qué le crees… Y ésto es vital y relevante hoy más que nunca, pues el panorama de mentira y manipulación a nivel global es completamente infernal.
Antes de aceptar una idea o una información clasifícala por orden de importancia. ¿Existen extraterrestres? A menos que hayas visto uno personalmente, pues NO consideres que tu opinión inmediata al respecto es la verdad incuestionable. No es inteligente deducir que porque NO los has visto, entonces NO existen. Hay un infinito de cosas, seres, eventos, etc, que no ves; y no por eso no son reales. La presunción es estúpida. ¿Cuántos estudios e investigaciones has hecho al respecto para emitir tu opinión como axioma? ¿Acaso tu opinión salida de la nada por creencia te avala? Es respetable que cualquiera emita su opinión (por ignorante que sea). Todos tenemos derecho a expresarnos. Pero NO toda opinión es respetable. De la mente y de la boca puede salir cualquier dictamen, parecer, juicio, criterio, convencimiento. Cualquier sentir, ya sea inteligente o estúpido, con argumento y sin ningún tipo de conocimiento, prudente o atrevido, etc.
Aprende a pensar con coherencia. Uno de los mejores parámetros o escalas de medida para calificar la asociación con la verdad es la coherencia. El descarte del absurdo nos aleja de la mentira y las definiciones erradas. Nos purifica y nos permite aumentar nuestra capacidad de discernimiento. No hables en automático con los primero que se te venga a la cabeza. Mucho menos con arrogancia y presunción. Cuando tengas abundante información y autoridad sobre un tema, pues estarás en capacidad de defender tu conclusión con audacia, lógica e inteligencia. No seas como el periodista, que, al aire con absoluta seguridad y arrogancia, concluye con su opinión ignorante que no existen los extraterrestres. Sabrán de eventos cotidianos, pero ciertamente que no serán autoridad sobre el tema.
Creo que entendiste la idea. Finalmente, relaciónate con las ideas como si fueran reales. Una vez que decidas que cierta idea es correcta, tradúcela a una idea concreta. Por ejemplo, toma el sentimiento de “no quiero perder mi tiempo”, y transfórmalo en la idea de “la vida es preciosa”. El siguiente paso es llevarla desde tu mente a la acción. Ignorarla y seguir adelante con tu vida es una actitud esquizofrénica. Interésate en la verdad, independiente de adonde te lleve. Si encuentras que algo es verdad, y esto está en conflicto con tus creencias previas, deshazte de tus prejuicios. Sé implacable en tu búsqueda por la verdad. “¿Debo cambiar toda mi vida? Está bien, no tengo miedo”.
No contamines tu objetivo. Enfocarte en lo que quieres es el primer paso para alcanzarlo. “Confuso es lo mismo que difuso”. Si no sabes hacia dónde vas, nunca llegaras a ningún lado. El sentimiento de falta de propósito suele venir por no tener claros los objetivos personales. Debes saber cuáles son tus metas y prioridades en todo momento, y tener un plan sobre cómo alcanzarlas. Lo más importante es que sepas por qué estás viviendo, es decir, cuál es tu objetivo principal. Si estás dispuesto a morir por algo, eso es bastante decir.
¿Quieres ser una buena persona? Toda persona está dispuesta a morir con tal de ser una buena persona. ¿No es cierto? Una vez que tengas una meta, necesitas enfocarte. Todos necesitan alguien que les dé ánimo, y no hay mejor persona para eso (que esté disponible de inmediato) que tú mismo. Intenta darte a ti mismo una charla de motivación, como si fueras un entrenador de fútbol: “Voy a lograr cosas hoy. Voy a concentrarme. Voy a ir en búsqueda de la verdad y nada me detendrá. La próxima vez que alguien comparta conmigo una pieza de sabiduría, voy a escucharla, apreciarla, pensar sobre ella y aplicarla”. Haz de tus metas algo real. Tienes poco tiempo para lograr todo lo que quieres en la vida. Comienza ahora y entrégate por completo. La concentración total es un camino a la sabiduría.
Desconcentrarse es muy fácil. Y antes de empezar cualquier actividad importante, la clave es enfocarse. Se puede uno preparar con una declaración… Por ejemplo, decir: «estoy listo para hacer la actividad». Es una declaración de que enfocaremos nuestra mente, por determinado período de tiempo, a dicha actividad, y de que bloquearemos los pensamientos y emociones extrañas a ésta. Intenta decir en voz alta “ahora voy a estudiar”, o “ahora voy a honrar a mis padres”, etc.
Establece qué vas a hacer, cierra el resto de los compartimentos y concéntrate. Tu mente está aquí, y no en otro lugar. Si el cuarto está muy caluroso o muy frío, no importa. No te interesan los deportes, la política o las finanzas en este momento. Estás concentrado solamente en la tarea que tienes frente a ti. Cuando tomas la decisión haz de cuenta que estás «muerto» para el mundo.
Imagina al dueño de un local comercial, quien apenas tiene un momento libre para respirar. A él le gustaría tener una vida más significativa, pero su negocio le demanda atención constante. Los clientes simplemente no lo dejan tranquilo. Una noche, él sueña que muere por causa de su duro trabajar. El sueño es tan sobrecogedor, que cuando se despierta, se levanta de la cama, mira el espejo y ve a un hombre anciano y con el pelo gris.
Inmediatamente se va a la sala de estar y comienza a leer libros de filosofía. Su esposa se da cuenta que él no está en la cama. ¡Son las 3:30 de la mañana! ¿Qué estás leyendo a esta hora que es tan importante? “Querida… ¿te das cuenta que podría morir en cualquier momento, y habría gastado los mejores años de mi vida en la tienda? He decidido que desde hoy no voy a ir a trabajar sino hasta el mediodía. Voy a dedicar mis mañanas a estudiar sabiduría”. ¿Estás loco? ¡No puedes hacer eso! exclama su esposa. ¿Qué le voy a decir a los clientes? El esposo contesta… ¿Qué le vas a decir al ángel de la muerte cuando venga por mí? ¿Que los clientes están esperando? Por cuatro horas cada mañana, ¡considera que estoy muerto!
Por supuesto que no es simple tomarse un tiempo libre. Pero lo que sea que hagas, cuando sea que lo hagas, hazlo estando completamente inmerso y envuelto en ello. Actúa como si estuvieras “muerto para el mundo”. Por ese período de tiempo, que nada te aleje de la significativa tarea en la que estás enfocado. Nada más existe.
Sólo utilizamos una pequeña fracción de nuestra capacidad mental. Aprende a concentrarte y a evadir las distracciones. ¡Alcanzarás todas tus metas más fácilmente! El atleta olímpico está allí, totalmente inmóvil, repasando el salto una y otra vez en su mente: comienza a correr, se aproxima, se impulsa, vuela por los aires y aterriza. Él está 100% enfocado. La meta está definida. La mente está pura. El tiempo se detiene. Cuando nos concentramos completamente, alcanzamos gran pureza intelectual y emocional. Todos lo hemos experimentado… Un momento de concentración total en el que logramos concretar todo nuestro potencial. Estás en la universidad, el examen final es mañana y de repente tomas conciencia. Te quedas despierto toda la noche, sin comer ni beber. Nadie te puede hablar. Nada más entra en tu mente. Estas en un 100% allí.
El judaísmo dice que la mente tiene 70 “caminos”. Esto puede sonar extraño, pero la realidad es que todo el tiempo estamos utilizando múltiples caminos de forma simultánea. Para desarrollar la concentración, elige un pensamiento, enfócate intensamente, y trabaja en él. Obviamente el prerrequisito para que puedas concentrarte completamente en una idea es que ésta debe ser interesante e importante para ti. Una vez que hayas dominado el uso de un “camino”, entonces podrás expandirte hacia los otros 69 caminos de tu mente.
¿Recuerdas cuando aprendiste por primera vez cómo manejar un automóvil? No podías concentrarte en nada más. Si alguien comenzaba a hablar, tú le pedías que se mantuviera en silencio. Todo tu foco estaba puesto en el camino. Ahora, piensa en todas las actividades que eres capaz de hacer hoy en día mientras manejas: enciendes la radio, planeas tu día, hablas por teléfono, disfrutas del paisaje, buscas estacionamiento – ¡y también manejas el automóvil! Al controlar distintos “caminos” puedes incrementar de forma exponencial tu poder para vivir.
Es sabido que Rav Iehoshua Leib Diskin (siglo 20, Israel) podía escribir dos cartas, una con cada mano, mientras mantenía simultáneamente una conversación; y eso sin contar lo que estaba pasando por su mente. Esta habilidad no es algo que viene de la noche a la mañana. Al igual que el malabarismo, antes de que puedas tener la coordinación necesaria para hacer malabares con tres bolas y lanzarlas hacia arriba, primero tienes que saber cómo agarrarlas cuando caen. En el judaísmo decimos “shiviti Hashem lenegdi tamid”, “Pongo a Dios frente a mí, siempre”. Uno de estos “caminos” debe estar reservado para Dios de forma constante. Es como cuando estás casado y enamorado: no quieres ir a algún otro lugar y olvidar a tu esposa. Asimismo, no es bueno que olvides a Dios. Ve por la vida con Él en todo momento.
Limpiar la mente es prerrequisito para obtener claridad y discernimiento. Pero no es lo único que debemos purificar. También debemos procurar purificarnos emocionalmente. La emoción nos influye de muchas formas. Es una fuerza que nos empuja, muchas veces de forma inconsciente. En un partido de fútbol, por ejemplo, hay 22 jugadores detrás de un balón y un objetivo de juego. Lo mismo puede decirse de los espectadores y que pueden ser millones. Todos hemos visto cómo corre un equipo de fútbol al campo de juego luego de escuchar una charla motivadora. Ellos están frenéticos. ¡Muévanse del camino!
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David Saportas Liévano