«Joshek, oscuridad en hebreo, es el lado opuesto de la creación. Es la fuerza que busca contrarrestarla, anularla. Es la fuerza que quiere aniquilar la creación, que quiere desarrollarse y desplegarse por sí misma en el espacio vaciado en el Tzimtzum, en el Reshit, y constituirse en un reino y ser rey por fuerza propia. Esta fuerza se opone a la reunificación y está decidida a conquistar su objetivo, o caso contrario, DESTRUIR toda la creación». Y por ello, también la oscuridad regala, da y promete felicidad, pero con segundas intenciones. Desea se le deba honor y agradecimiento.
Todos y cada uno de los «seres humanos» provenientes de Adam Kadmon a imagen y semejanza de Dios (eso espero en mí particularmente), vivimos de forma multidimensional en todos los «mundos» de la Creación. Esta afirmación bien podría estar asociada a las explicaciones psicológicas del consciente y el inconsciente. De hecho es una definición exacta con bastante certeza. Nuestro consciente es a duras penas una percepción muy limitada e infinitesimal de la realidad. Hay mucha literatura investigativa hoy día disponible que nos proporciona gran cantidad de indicios de ello.
Es así como realmente nos movemos y vivimos tanto en esferas de luz y de oscuridad que de una u otra forma se manifiestan también en nuestra percepción física de la realidad consciente. Pero muchas otras cosas y entidades están presentes en dichas dimensiones y en nuestro ser también. Esto aplica tanto para los seres humanos, como también para entidades no exactamente iguales en la apariencia de ser humano. Allí se encuentran todas las posibles potencialidades, afinidades, diferencias y «recuerdos» genéticos de cada esencia, ascendencia y descendencia… Raza, historia, pasado, presente y futuro cósmico en toda su infinita gama de posibilidades e imposibilidades dependiendo de quienes seamos realmente. Nada escapa de estas predefiniciones.
El recuerdo no es recuerdo de este mundo. Pero en este mundo es posible que el recuerdo pueda ser fértil. No necesariamente debe ser consciente. Pensemos en el recuerdo expresado biológicamente, en la forma de la masa hereditaria y los cromosomas. También en aquellos recuerdos inconscientes dentro del ser humano que, por los antepasados, viven en él. El ser humano los envuelve con su lado femenino, con su cuerpo. El recuerdo, seker en hebreo, corresponde a la sefirá jokmá (sabiduría). La mujer constituye el contorno, ella es aquello que delimita. También un juez es llamado Elohim. Porque constata los límites: tú hasta aquí, él hasta allá. Esto te pertenece a ti, aquello le pertenece a otro. Él constata los hechos que, a su vez, delimitan otros hechos. El atributo de la justicia siempre también está presente. El nombre de Dios en su manifestación de la sefirá de Biná (entendimiento) es Ha-Shem-Elokim, es decir, Elokim.
Cada persona y entidad, ya sea aquí y allá, debe distinguir entre luz y oscuridad. Siempre está presente dicha obligación, así como siempre está presente dicha condición de mezcla. No hacerlo, evadirlo, ser negligente, no esforzarse en ello, acarrea se manifieste el atributo de justicia. Joshek, oscuridad es el lado opuesto de la creación. Es la fuerza que busca contrarrestarla, anularla. Es la fuerza que quiere aniquilar la creación, que quiere desarrollarse y desplegarse por sí misma en el espacio vaciado y constituirse en un reino y ser rey por fuerza propia. Esta fuerza se opone a la reunificación y está decidida a conquistar su objetivo, o caso contrario, DESTRUIR toda la creación.
Joshek, la oscuridad reina sobre el tehom, el abismo, sobre ayin. Sucede en lo macro y en lo micro, en lo exterior y lo interior, en lo particular y en lo general, en lo individual y en lo masivo… En usted y los multiversos. La oscuridad siempre presente en todos y en todo, detesta la claridad, porque solo así puede dominar. Y se manifiesta de infinitas maneras. Empezando con su personalidad y rasgos de carácter. Es nuestro deber distinguir el drama infinito de estas manifestaciones en cada segundo de nuestras vidas. Allí está, lo sepa o no usted de forma consciente. No verlo, no sufrir el mismo infierno personal ya es señal manifiesta muy grave de su victoriosa constitución oscura. Seguramente esa es su condición como ser sin vida disociado del conocimiento de la Torá. Ese el default actual de la «humanidad en su gran mayoría. Los disfraces utópicos son de todo tipo e innumerables. La mentira, el engaño, la hipocresía y la falsedad pulula por todos lados como primera instancia y manifestación más benigna comparativamente con el rastro de muerte y desgracia que se deja como consecuencia.
También la oscuridad regala, da y promete felicidad, pero con segundas intenciones de que se le deba honor y agradecimiento. Sabe que el fruto será visible al final. Pero quiere que se le llame Mesías, se presenta como el salvador. La oscuridad todo lo falsifica y lo copia espejo. Falsifica al salvador, al Mesías. Falsifica la Luz… Y engaña a todos los incautos ávidos de apetitos afines de la oscuridad y sus muy sutiles y mortales descontextualizaciones e inversiones (materialismo, honor, seguridad, facilidad, placer, egocentrismo, etc). En su unilateralidad no sabe nada de la dicha del reencuentro y de la perfección. La oscuridad crea pseudo felicidades, el producto que vende es la embriaguez, la narcotización. Sabe que el placer que vende es a costa de la otra mitad, que está descuidada y apartada. Su reino se basa en esta premisa. Vive el momento y disfruta sobre el vértice de la ola. Más allá no quiere ni puede pensar, porque la insensatez de su propósito saltaría a la vista. A todo ser humano por tanto se le pide que distinga siempre entre la luz y la oscuridad.
La luz regala claridad y permite la distinción. La distinción entre el bien y el mal como requisito primario obligado. Es la separación de la noche y el día, la havdalá (la separación) entre lo santo y lo profano, la mentira y la verdad, entre lo puro y lo impuro, entre el olor fragante y el olor putrefacto. Es su mismo sistema digestivo separando lo bueno de lo malo, separando nutrientes y desechos de impureza que lo envenenan si no se separan y eliminan del cuerpo. Por ello usted produce excremento que huele mal. Pero no saque conclusiones anticipadas. En esta creación la «mezcla» es un default obligado. Si usted decide no comer para evitar tomar alimentos con impureza, usted perfectamente se va a morir de hambre. Sólo podemos a lo sumo involucrarnos con dichas realidades impuestas con instrucciones y acciones Kosher adaptativas. El paganismo tiene su razón y necesidad de ser. Dios mismo lo desea por ahora.No presuponga respuestas a las infinitas complejidades de la existencia que usted todavía NO conoce.
La luz lleva en sí la fuerza de ein sof. La oscuridad teme esa fuerza, porque sabe que ella (la luz) al final vencerá. La oscuridad persigue la luz para ahogarla. Por eso todo aquel que se aventura en este conocimiento sólo puede causar ira en los demás. Porque lo más seguro es que a todos los demás los esté definiendo la oscuridad en la actualidad, por más que se juren ángeles bajados del mismo cielo. Por ello en su contacto con la luz, usted ya no puede hablar con nadie; ni siquiera y peor aún con su familia, sus más íntimos parientes. Encuentra oposición en todo lo que le rodea. Oposición, crítica y odio gratuito en todos los aspectos de su anterior y «feliz» vida. Los «amigos» de antes, cuando tenía usted equivalencia de forma con ellos, se pierden. Ellos mismos se apartan. No soportan escuchar sus palabras. El orgullo y los celos en la oscuridad es la primera manifestación. Y es insoportable en ese lado unilateral de la existencia para todos «los demás» (así no identifiquen ni siquiera el rasgo conscientemente). Todo se pierde.
La agresividad e intolerancia de «los demás» hacia usted se vuelve la norma. Todo el mundo se confabula para defender sus zonas de confort y burbujas… Desde lo individual hasta lo general. En los términos de la vida conocida y la interacción social, ya no se puede hablar con nadie, si es que uno mismo va a ser luz y honesto en la defensa de la misma. Pues ya no se quiere ser partícipe de la banalidad y la mentira; de la conversación falsa y la intrascendencia agobiante. Para no caer víctima de aislamiento, se ve uno mismo obligado a participar en silencio en todo lo que lo rodea y abstenerse de opinar. De lo contrario la mecha se enciende, la explosión es inevitable en los demás; quizás el silencio también de la contraparte, pero con seguridad el resentimiento, el odio gratuito o la burla serán las semillas que fructifiquen en el otro lado. La espontaneidad, el intercambio de ideas, el debate civilizado, las líneas lógicas de conversación simplemente no existen y no son posibles (en el mejor de los casos). Es imposible hablar consigo mismo con palabras, por tanto, un buen amigo es un tesoro porque puede conversarse con él… Pero tristemente, esto es prácticamente imposible también. Sólo la oscuridad avala grandes multitudes de amigos y aplausos en su verdadera esencia. La soledad empieza a sentirse.
Ahora usted es percibido como un «bicho» raro. Los profetas son apedreados y asesinados. Todos salen ofendidos con la luz. La luz viene al mundo y el mundo la odia. Todas las narrativas bíblicas así lo enseñan. Es un código extraordinario, pero igualmente es una realidad vívida en todos los tiempos y en todos los sentidos. Si la verdad está con usted, si la claridad y el entendimiento es fruto de su vida porque usted ha sido inseminado con la luz, entonces usted será perseguido. Igual que Nimrod persigue a Abraham. Antes aun de su nacimiento, está ya buscando su muerte. Ese es el default del camino (así también el otro lado lo falsifique igualmente con falsos paradigmas e imaginaciones). El camino del mismo que dijo… «Yo Soy el Camino». Veremos que justo debajo de la posición de Abraham, en el lugar sefirótico del árbol de la vida llamado Netzáj, está Moisés. También en el caso de Moisés se intenta todo lo posible para impedir que exista. A todo ser humano por tanto se le pide que distinga siempre entre la luz y la oscuridad. Debe escoger la luz. Debe seguir a Abraham y no a Nimrod, ese cazador tan seductor. Debe elegir la fuerza que sale de ein sof, que constituye el núcleo de todas las cosas. Una y otra vez, ese rayo forma un Reshit, y ese punto es la semilla que contiene todo. No es demostrable, está oculto y como Abraham va de lugar en lugar. Sin embargo, es decisivo.
Abraham se decide por Dios y le encuentra a pesar de todos los obstáculos puestos en su camino. Abraham es perseguido, criticado, insultado durante toda su vida, porque también en él brilla el punto reshit, la luz desde ein sof. Gracias a la intervención de Dios desde ein sof, la creación irrumpe en el mundo de Yetzirá, un mundo enteramente diferente. Desde allí, Dios dirige el rayo de luz directamente hacia la meta. Es el modelo de cada salvación. También estando en Mitzraim (Egipto), Dios dice que nosotros no podemos hacer nada; Él viene desde su mundo para salvar. Siempre es válido el principio del rayo de luz desde ein sof. Lo mismo pasa con cada ser humano. La oscuridad intenta enredarle constantemente con promesas; la consciencia de sí mismo debería permitirle extender la mano y agarrar el reino, elevándose sobre toda la creación. Esa es la tentación de la magia, de la técnica, de la ciencia, de la hechicería, de la falsa espiritualidad y la falsa religión. Es la idolatría de siempre. Son promesas utópicas de salvación, de paraísos deseables, de bienestar y seguridad. Se ofrecen vacunas salvadoras y soluciones al instante para todo. La magia se presenta con infinidad de caretas y seducciones. Hay fuerzas que trabajan para nosotros y no sabemos lo que son, pero aceptamos sus servicios con gusto. Y ciertamente parece que se pueda tener éxito en ese camino, porque abre posibilidades insospechadas. La oscuridad no quiere permitir que la creación llegue a buen fin. Se aferra al poder que le ha sido dado, quiere dominar a toda costa, quiere reinar.
No hay antes ni después en la Torá. El ser humano está rodeado de exterioridades. Los seres humanos de la generación de Kaín, del diluvio y la construcción de la torre de Babel están en sus alrededores. Estuvieron antes y están actualmente aquí. Siempre han estado acechando. Acechan cualquier manifestación de luz. Enseñan técnica, magia y ciencias sistemáticas. Empujan a que se aprenda cualquier especialización, impidiendo la reunión y el alcance de lo más alto. Están al acecho por fuera y por dentro, porque el ser humano es el punto de referencia para todas esas fuerzas. El ser humano se hunde en caos y confusión. No entiende nada. La oscuridad lo rodea y lo envuelve; lo seduce y lo pervierte. Y el ser humano se cuestiona (si es que se cuestiona)… ¿Tiene la vida sentido o es un sinsentido total? Para soportarla ¿debo narcotizarme con la política, la ciencia, el estudio, la carrera? Todo ello puede ser opio para el pueblo, como dice Marx, no solo la religión. Juguemos al empresario, a la consecución de honor y reconocimiento, al status, al poder, a la religión (soy jasídico tengo todas las respuestas; o mejor soy cristiano y tengo todas las respuestas… lo que sea). El único fruto que se cosecha es la idolatría sin importar el disfraz que se use todos los días.
Todo aquel y sólo aquel que transita el camino de la luz confirma una sabiduría antigua, muy humana, que desaconseja enérgicamente buscar razones causales en la vida. Porque no son causales. Al bueno como al malo le va mal en algunas ocasiones, y tampoco ser bueno garantiza un buen destino, como tampoco ser malo, un destino malo. Muchos malos tienen buenísima vida y viven largos años, y buenos que tienen un destino severo y que mueren pronto. Cualquier cálculo fracasa. Dios sólo le habla aquel que se niega a aceptar explicaciones causales como única norma rígida inexpugnable. Es aquí de hecho, cuando Dios acude al buscador de respuestas en grandísima tormenta porque está escrito que está a imagen y semejanza de Dios, hijo del Rey, libre.
Quien ha entrado en conversación con Dios ha recibido las dos realidades (los dos ojos del pez), porque se rebeló, y porque ha seguido preguntando sin cesar. El ser humano no debe darse por contento con naderías, creyendo que eso de protestar no es conveniente. Debe preguntar. Lo que puede expresarse de muchas maneras: malestar general, cavilaciones, leer libros curiosos, entrar en la política etc. Significa que está buscando respuestas. Toda la vida se convierte en una conversación. Pero si cree que tiene la explicación, está dicho, entonces Dios no ha hablado aún. Si Dios habla con uno mismo, no da explicaciones, sino que uno mismo lo vive, lo experimenta. De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven (Job 42,5). Tal experiencia no puede nunca surgir de explicaciones exclusivamente. Al final sólo se puede con una vivencia imposible de plasmar en palabras, pero que de hecho, es la vida del ser humano. Y el gran sacerdote solo entra en el Santo Santísimo, tal cual como Job, porque ha seguido preguntando hasta el amargo final.
Es a través del sufrimiento que se percibe la luz. No hay otra forma y de manera opuesta a como la oscuridad nos embauca con engaños de nirvanas, iluminaciones y saltos cuánticos color de rosa. Las falsas espiritualidades están a la orden del día. Las vemos por todos lados muy seductoras con perfumes fragantes en la apariencia. Todas las redes están inundadas con promesas y consignas metafísicas y religiosas. El abanico de opciones da para todos los gustos, es la norma, es lo popular, es lo deseado de las naciones, es lo masivo, es lo aplaudido. Lo simple, lo fácil, el titular, el slogan; la apariencia es lo deseable. Todo el mundo cree que ya entendió, que ya encontró, que ya se justificó, que es poseedor de la «verdad, el camino y la vida»… le importe o no en su verdadera esencia. Es vital comprender el sufrimiento. Es la lucha dentro del ser humano, cuando un lado es enemigo del otro lado. No se aguanta uno a sí mismo, ni tampoco al mundo. Pero el ser humano es esa paradoja, y ese hecho ciertamente necesita una explicación. Porque nadie puede presentarse ante la faz de Dios, salvo que haya comprendido el significado del sufrimiento, de la injusticia y del destino en el mundo. Solo si se ha comprendido, al final se comprende y se es capaz de estar allí. Si no, no puede ni andarse el camino. Si no nos hemos preocupado por el sentido del sufrimiento, no puede haber ni paz ni salvación. Es por ello que para acercarse a Dios una vez al año, el gran sacerdote llega hasta el Santo Santísimo. En la víspera de Yom Kipur, como preparación, se le da a leer el libro de Job. En la noche previa a su camino al Santo Santísimo, se lee precisamente el relato de Job.
Dialécticamente hablando con referencia al sufrimiento, cuando en uno de sus lados de aspecto dual, este se manifiesta como voluntad de la divinidad hacia aquella persona amada que se quiere despertar por medio de una tormenta, como es el caso del profeta Jonas, la luz se direcciona por voluntad de Dios hacia el ser humano como misericordia de salvación y mecanismo de rescate. Cada persona a imagen y semejanza de Dios pasa por este trance, porque a todo el mundo se le quitan muchas cosas. El mundo en que vive es su casa, su realidad, y lo que piensa haber conquistado con su trabajo, puede derrumbarse. Nuestros logros e hijos representan el fruto que va madurando en la confrontación de la paradoja. Lo masculino y lo femenino, lo invisible y lo visible, lo claro y lo turbio se juntan en el ser humano, quieren hablar, desfogarse. La tormenta nos atrapa. Nos gusta hablar del microcosmos y del macrocosmos. En el átomo descubrimos todo un sistema planetario, y sabemos de las constelaciones estelares en distancias infinitas. Pero no nos atrevemos a seguir este pensamiento y miramos con incomprensión si oímos que todo ello existe también en el ser humano.
Entramos en la tormenta. Nos vemos de pronto dentro un movimiento grandioso; un viento fortísimo que viene de otro lugar. Ruaj (en hebreo) es viento y también espíritu, un mensaje, una comunicación, revolucionándolo todo, desarraigando árboles, destejando techos. Un acontecimiento brutal, un movimiento intenso dentro de la persona; y entonces habla Dios. Existe un mundo a tu alrededor, dice Dios, y es el mismo mundo que aquel al que tú llamas tu Yo. Tu Yo, tu personalidad, está extendido alrededor de ti en una multiplicidad. Por ejemplo, si temes los virus, recuerda que los virus están dentro de ti. O si tienes miedo de animales salvajes, de un león, un lobo, recuerda que estos animales están también en ti. Monstruos que no puedes ni mirarlos, también eso eres tú. El mundo muestra lo que tú mismo eres, también la infinitud que quisieras medir en espacio y tiempo. Tú mismo eres todo eso. Tú, sin embargo, crees que puedes contentarte solo con aquello que es tu forma, tu presencia, tu pensamiento y tus conocimientos. ¿Te has preguntado alguna vez, qué significa la crueldad en el mundo animal? ¿Cómo puede ser que Yo dé soporte a todo y también, que alimente a los animales salvajes? Si te ataca el espanto ante un monstruo marino, recuerda que tú también eres eso. Por el contrario, si te distancias de todo, si contemplas todo como algo que solo está fuera de ti, estás negando la realidad.
Cuando se recibe la respuesta de Dios en la tormenta, se comprende la unidad. Es ahí que se comprende, que en realidad, su Yo es idéntico al mundo entero. Entre las palabras “Yo” y “mundo” podría colocarse un signo de ecuación. No solo porque el cuerpo humano contiene minerales y vida de plantas y animales… va mucho más allá. El «ser humano» es el final de la cadena, y todo lo creado anteriormente existe en él. Cuando uno se abre a esta nueva comprensión, recibe devuelta doblemente todo lo que se nos ha quitado. Significa que uno se había forjado una imagen del mundo con un solo lado (el ojo de Horus… Ese que vemos en las simbologías iluminatis), con una sola posibilidad; ahora, sin embargo, se le está abriendo una nueva visión, que también contiene el otro lado. Si por ejemplo era una visión del mundo compuesta por verdades científicas, podía mostrar solo ese único lado, porque la ciencia no quiere ni puede ocuparse de lo misterioso. De tal forma encontramos al ser humano en “el primer día de la creación”. Vive en la sefirá jesed. Allí se encuentra, en germen, la posibilidad de irrumpir, de soltar la corteza y de alcanzar la libertad.
¿Por qué entra Satanás en juego? ¿No podría Job seguir siendo quien es, un hombre bueno y piadoso? ¿Para qué el juego de probarle torturándole si sigue siendo fiel? ¿No es algo bastante sádico? Sin embargo, surge otra pregunta de inmediato. ¿Por qué en el principio mismo del relato bíblico, viene la serpiente y amenaza a la hermosa creación? Según la tradición judía, Dios tiene toda la Biblia como palabra a su lado, creando con ella el mundo. En el principio era el Verbo, está escrito en el evangelio de Juan, significa que la totalidad está desde el principio. Y aquí se convierte en “carne”, es decir, sucede aquí. ¿Por qué pues el acontecimiento con la serpiente? ¿Y por qué mata Kaín a Abel? Siempre cuando las cosas parecen mejorar, algo comienza a molestar. Si se piensa haber encontrado el camino, llega alguna esquela de defunción y la reflexión: ¿cuánto tiempo me queda a mí? ¿Me volveré infantil y terminaré mis días en un hospital? Causa horror esa amortización, ese ser borrado de la vida. Si se comienza a pensar un poco, el día se estropea. Tampoco en la mitología encontramos muchos cuentos que terminan bien. Asesinatos y golpes mortales, cosas feas.
Podemos también decir: Satanás no nos deja en paz. Podemos camuflar los cementerios, haciendo que parezcan hermosos parques, podemos reemplazar el entierro por una cremación higiénica y a pesar de todo, la muerte está y la pregunta queda: ¿dónde están los muertos, y qué pasa con ellos? Cuando se habla de la salida de Mizraim (Egipto), significa como dice la tradición, la liberación del ser humano de la opresión, la salvación de la cautividad en la paradoja. En etapas, el camino irá desde esta liberación al país prometido, al paraíso, al mundo venidero. ¡Aunque sería hermoso, entrar en el paraíso justo después de la salida de Mizraim! Pero en su lugar comienza un largo camino fatigoso a través del desierto, con continuas caídas en pecado de Israel. Piensen en el becerro de oro (Éxodo 32), o en los relatos de los espías (Números 13 y 14). En el camino es golpeado, hay muertes, riñas, muchos episodios dolorosos. Y al principio mismo queda dicho que Dios no lleva al pueblo por el camino corto, sino por el camino largo: Que quizás no se arrepienta el pueblo cuando vieren la guerra, y se vuelvan a Egipto. (Éxodo 13,17).
¿Y por qué no el camino corto?, nos preguntamos, ¿por qué el camino largo, que al final, dura cuarenta años? Y cuarenta es la noción de tiempo, de tiempo sin fin, todo el tiempo. La letra mem significa agua, símbolo de tiempo. El agua fluye en nuestro mundo material, como el tiempo fluye en nuestra percepción. Estamos sumergidos en el agua y prisioneros en el tiempo. Pero si vinieron pescadores –pescadores de hombres, como está escrito en el Nuevo Testamento– y si nos pescaran, podríamos deshacernos de ese camino. Ahí se promete que la salvación vine pronto… y sin embargo eso sucedió hace ya 2000 años. Y con ello el muy perspicaz que cree tener respuestas a todo dice: «Eso es prueba de la falsedad del nuevo testamento». Deberíamos aplicar la balanza de medidas con honestidad y justicia. Allá y acá… Es un mandamiento de la Torá el no alterar las balanzas. El doble estándar es pecado. ¿Por qué se juzga con esa vara en un sólo lado convenientemente?
Es Dios mismo el que quiere el camino largo, Dios mismo provoca el encuentro con la serpiente, Él trae el diluvio y permite la construcción de la torre de Babel, que luego destruye. Y es Dios quien deja mano libre a Satanás contra Job. Hago el bien y creo el mal, dice Dios en el profeta Isaías 45,7. Vemos que la pregunta por el sufrimiento va mucho más allá. Siento que tiene un sentido, pero ¿cuál es? La respuesta dada en la antigua sabiduría, es curiosa. Está dicho que el sufrimiento que el ser humano soporta, es idéntico al sufrimiento de Dios, cuando sacrifica Su unidad, para que el mundo sea. El sufrimiento del ser humano es quedar astillado en millones de fragmentos; el sufrimiento es fundamento del mundo, porque Dios se sacrifica a Sí mismo, a su Unidad.
Con ello, la pregunta cambia: ¿Y por qué sacrifica Dios Su unidad? Podría dejarla intacta, y así nada de esto sería necesario. ¿Por qué lo hace? En primer lugar, se hace daño a Sí mismo, para luego decir: ¡Vosotros, a mi imagen y semejanza, vais a sufrir como Yo! Pero no es posible que uno solo lo lleve, sino todas las personas en todos los tiempos. El sufrimiento sumado de todas las criaturas daría lo que es el sufrimiento divino. ¿Qué significa ese sufrimiento? ¿Por qué tiene que ser? La unidad, está dicho, es la dicha, la alegría, el júbilo, todo está en relación y nadie puede malinterpretar al otro. Pero –está dicho– la alegría no es completa si no puede experimentarse esta alegría en el regalo de la unidad a otro que no la tiene. El regalo es la dicha mayor. Regalando, el dador se convierte en unidad con el receptor. Es hasta erótico, es la alegría del acercamiento, hasta sentirse en unidad. La unidad pues, consta de dos lados. De un lado la satisfacción y la dicha de la unidad, y de otro lado la exigencia de que se regale al que no tiene, porque en el camino hacia la unidad, se vive una poderosa felicidad.
Necesitamos que el otro se alegre, y nos alegramos de su alegría. Está dicho que eso es el fundamento del sacrificio. Dios sacrifica su unidad dividiéndose, podríamos decir, en un aquí y un allá. Y con ello comienza el camino de la reunificación. Desde la miseria más grande, el abandono completo, lleva el camino hacia la unificación. Es un camino del aprendizaje, de conversaciones, también de malentendidos, es un arriba y abajo, es obsequiar y ser obsequiado. Ese es el fundamento del sufrimiento. Porque deja que la paz, la totalidad, la unidad se rompa, y ése es el sacrificio. En el judaismo al contraer matrimonio, es costumbre romper una vasija, lo que significa que el camino comienza. La unidad queda rota, el camino comienza. Es la comunicación pues del largo camino en el que el ser humano, sufriendo, puede sentirse creativo. Porque hermosas obras de arte, grandes poemas han nacido por el sufrimiento. Soledad, decepción, locura, grandes escritores han sufrido y vivido mucho. Y, a pesar de todo, su vida también ha estado llena de grandes alegrías. Dios llama a Israel su hijo primogénito y le envía al exilio. Guerras continuas, casi hasta la exterminación. ¿Por qué trata Dios así a su primogénito, mientras que otros pueblos lo tienen fácil y bien?
Cuando el ser humano toma del árbol del conocimiento y come su fruto, lo hace toda la creación. Significa que para todo el mundo comienza el mismo camino. Cuando el ser humano debe nacer, es decir, entrar en este mundo, una antigua historia relata que un ángel le acompaña. Y durante el camino al mundo, el ángel le habla del sentido del mundo entero y también del sacrificio. Lo cuenta todo. Ahora, dice, vas a entrar en este mundo y todo lo que te he contado se borrará de tu consciencia; olvidarás todo, pero lo guardarás muy profundamente dentro de ti. Y como señal le da un golpecito bajo la nariz, del cual, como se dice, viene la hendidura en el labio superior. Lo que te he contado, sigue diciendo el ángel, por así decir fuera de tiempo y espacio, lo vas a vivir ahora en el tiempo y en el espacio. Y el alma que está a punto de nacer, comienza a llorar desgarradoramente: ¡No! ¡Por favor, no! ¡No quiero nacer!
Dios te lleva por el camino largo de la vida. Y al final viene la salvación, podríamos decir. Pero no solo al final, también cada vez que sientes que estás rompiendo el muro de tiempo y espacio. Y eso solo puede suceder sin intención, te viene a ti, como regalo. Ni drogas, ni ayunos ni meditaciones pueden provocarlo, porque la salvación no puede ser provocada. El sin sentido es la respuesta, cuando no puede darse ninguna relación. En la respuesta a Job, Dios le enseña: todo aquello que está contigo, está también conmigo. Si Yo divido la unidad para crear el mundo, para que la reunificación pueda darse, se crean monstruos. Cada unidad que se rompe, los crea igualmente, es un espanto también para Mí. A pesar de todo, son alimentados por Mí, porque sé que es la base para que desde allí, se vaya andando hacia la unión. La reunificación es la dicha mayor, solo comparable con la dicha de la unión en sí. Y solo unidos, el devenir y el Ser, forman la totalidad. En la separación, se encuentra el sin sentido. Después del nacimiento, cuando el ser humano ha entrado y experimentado el mundo, desarrolla rápidamente la inclinación de separar el devenir de la unidad. Ir caminando hacia la reunificación es hermoso, pero no se puede entender que el camino y la unión en sí, sea una ecuación.
Somos tan egoístas que solo nos vemos a nosotros mismos y por este motivo no comprendemos el drama del mundo. La vacilación de Dios termina en el momento en que su lado compasivo habla. Ahora puede comenzar. El hombre pecará, pero ahora el Señor puede ser compasivo. Dios regala este mundo y hace al ser humano, sin saber lo que pasará. Contrario a lo que afirman todos aquellos que juegan a la religión y tienen todas las respuestas, NADA está programado. Dios dice… Lo único que tengo es el amor; y con el amor va la gracia. La gracia es la sorpresa de recibir lo que no corresponde, lo que es inmerecido, lo que ni siquiera se espera, porque en verdad se espera todo lo contrario. Una persona condenada a muerte es indultada, se le regala la vida. Regalar lo inesperado, es la gracia que pertenece al amor. Aunque no hagamos nada se nos obsequia. Y aún así del otro lado de la moneda, está la paradoja que nos exije entender y ser responsables. Se nos regala la Torá y se nos exije compromiso ¿Pero para qué estamos aquí? ¿Qué es el sentido de la vida? Experimentamos múltiples acontecimientos en la vida: decepciones, alegrías, fidelidades, infidelidades, justicia e injusticias, todo mezclado, una gran variedad. Job ahora es molestado, Satanás está celoso. Dios lo permite.
Muchos dicen…¿Para qué la creación, si el ser humano está programado para ser bueno? También está escrito que Dios hace la creación porque está solo y anhela tener a alguien enfrente. Pero alguien que funciona con la ley, está como muerto. La ley mata; el amor y la libertad dan la vida. No distorsione las palabras con su ignorancia ¿Qué es Ley? ¿Es lo mismo que la Torá? Usted que tiene todas las respuestas por anticipado ¿alguna vez ha iniciado procesos de años y décadas de duración para intentar entender la diferencia? ¿Pero qué pasa si Dios en su soledad crea el mundo, si espera el regreso del que está enfrente y este no viene? Porque es libre y no tiene por qué regresar. Es el sentimiento: el mundo puede hundirse. Pero, está escrito, la gracia impedirá el hundimiento. ¿También si el antimesías toma el mando y juega a ser el señor del mundo durante un tiempo limitado, al final la gracia hará que el nuevo Jerusalén se construya, y que surja la vida nueva, el mundo nuevo?
La vida no va según el plan trazado. La sociedad está basada sobre la premisa de que todo debería ser bueno y bonito. Hay seguros, y los estados se preocupan de la ONU y otras muchas organizaciones. Y a pesar de todo, nada va especialmente bien. Una y otra vez esta mala suerte imprevista. Existía la Sociedad de las Naciones, y a pesar de ella vino Hitler y destrozó todo. Es como algo que viene del cielo que no permite que aquí las cosas vayan bien, que estemos contentos y que “engordemos”. La vida es demasiado preciosa, la eternidad y la relación con Dios demasiado importantes, como para que todo aquí pueda ir sobre ruedas. Queremos vivir bien, pero sentimos que se nos va escapando entre los dedos. Es el sentimiento de que todo es pasajero. Claro… Todo lo anterior aplica a personas con «alma». Quedan descalificados los zombies.
Abraham se decide por Dios y le encuentra a pesar de todos los obstáculos puestos en su camino. Esa es la eficacia del rayo de ein sof; así Abraham se convierte en núcleo. Y con Abraham, algo nuevo irrumpe. Esa irrupción puede darse en cada «ser humano». Como consecuencia del principio de la envoltura y de la delimitación, se produce una forma “exterior”. Pero lo que quiere ser exterior, es decir, afirmarse dentro de sus límites, sea lo que sea, está en contraposición con lo interior; su deseo es extenderse y separarse del núcleo. Javá (Eva) da nacimiento a un hijo y le llama Kaín (Génesis 4,1). El origen del hijo está en su propia esfera. Por esa razón, a Kaín le domina el principio del círculo exterior, que debe romperse para que vuelva a verse el núcleo, el rayo de ein sof. Así, desde la condición de Biná (la sefirá de Biná – Entendimiento) sale una humanidad, en primer lugar, que pertenece al círculo exterior. Kaín mata a Abel y Adán necesita 130 años hasta que aparezca otro hijo a su imagen y semejanza. Se trata de Shet. Después, cuando el mundo exterior desaparece y perece en el mabul, el diluvio, aquello que desciende de Shet, el núcleo, se salva con Noaj, Noé, en el arca y sobrevive. He aquí una aclaración a todas aquellas interpretaciones infantiles sobre el diluvio en donde se piensa que todo desapareció. Muchas entidades sobrevivieron. Los sabios de Israel mencionan a civilizaciones Intraterrenas por ejemplo. Pero lo que destaca la Torá es que sólo se salva como semilla la descendencia de Noaj en lo que se refiere al ser humano.
Significa que cuando el cuerpo del ser humano muere, su núcleo se guarda en el arca, tevá, y sigue viviendo. La historia en el libro de Génesis hasta Abraham es la historia de un mundo exterior, que desciende de la madre. De la misma manera, cada ser humano vive en primer lugar el nacimiento de lo exterior, de su cuerpo, y lo mismo vale para cada suceso y cada pensamiento. En un ser humano recién nacido, la diferencia con el mono es pequeña. Pero entonces el efecto de la voluntad de Dios surge en el ser humano, desde ein sof llama a la puerta, con el fin de que la neshamá pueda encaminarse y adentrarse en ese niño. En primer lugar, vemos un suceso exterior. Pero desde ein sof se oye la llamada, que dice que el propósito de la vida es la ulterior reunión con Dios. Que ese recién nacido no debe desarrollarse libremente porque, de ser así, querrá erigirse en rey, evitando que la finalidad de la creación pueda alcanzarse. Esa llamada de Dios se plasma en el ser humano en su descontento con los asuntos exteriores, mientras no sea capaz de seguir el hilo hasta su origen, hasta Dios.
El Egipto bíblico no tiene nada que ver con el Egipto en la historia del mundo. Podría encontrarse alguna leve correspondencia, pero en la historia del mundo, los egipcios son como todos los demás pueblos. Del Egipto bíblico, está escrito en Isaías 19,25: Bendito el pueblo mío Egipto… quiere decir que de ninguna manera es rechazado como malo. Egipto es el lado en el ser humano que se ve forzado de estar aquí, en lo concreto, que escoge el mundo de aquí, y con ello arrincona lo demás. Pero al ser arrinconado, el más allá se anuncia de otra manera: por presiones, depresiones y en muchas otras enfermedades. Egipto teme que alguna vez pueda manifestarse algo aquí, que no se comporte de acuerdo con la ley, es decir, que venga de otro mundo, en el que las medidas de la ley concreta de aquí, no tengan validez. Una dimensión tan diferente que todo cambie, que un nuevo ser humano vea la creación. Dentro del ser humano existe el conocimiento de que alguna vez, como sorpresa, nazca algo nuevo que venga de otro mundo, que hará que el mundo cambie por completo. Esta posibilidad causa miedo, porque arruinará la marcha habitual de las cosas.
Está dicho que en Egipto se mata a los niños por miedo a que pueda surgir ese algo nuevo. Herodes ordena la matanza de los niños en Belén y Faraón mata a los hijos varones de los hebreos. Recordemos que se trata de palabras santas que vienen de otro mundo. La matanza de los niños en la santidad, se corresponde aquí con la erradicación de la espontaneidad y la ingenuidad del ser humano. Mediante la educación y la formación, por ejemplo, se rompe lo espontáneo y se enseña a actuar solo por el pensamiento. Se mata al niño que existe en el ser humano. En la tradición existe el dicho siguiente: El mundo se basa en los niños de pecho en la casa de estudios. Desde un punto de visto mundano, sería algo bastante ridículo. El significado, sin embargo, es que el sabio en la casa de estudios es aquel que ha sabido retener lo espontáneo, la confianza y la fe, igual que los niños. ¿Como así? ¿Acaso no se dijo que la educación es obstaculo? ¿De qué educación estamos hablando entonces? Ciertamente NO de la Torá. El mundo no está basado en la gente inteligente, en las mentes con gran coeficiente intelectual, más bien está basado en las personas con rasgos infantiles, que tienen confianza, fe, amor, piedad. Como el niño obtiene su alimento del pecho de la madre, así el sabio obtiene su sabiduría del cielo. ¿Significa lo anterior ser tonto, negligente, mediocre, ineficaz, etc? No deduzca en blanco y negro. Por ello se requiere la instrucción de la Torá. Pueblo sabio todos aquellos que se cobijan bajo la sombra de la Torá.
La palabra hebrea de pechos, shadayim, es casi idéntica a la palabra de cielo, shamayim. Egipto tiene miedo de ese rasgo infantil del ser humano, de su espontaneidad, de su fantasía, de la intuición. Miedo de que pueda recibir algo por medio de una fuente diferente, que no sea el estudio programado y el pensamiento causal eficiente. Y a pesar de todos los obstáculos: nace un niño, Moisés, que permanece con vida. Porque los padres le colocan en una canastilla, echándole al río, como la imagen desde la santidad lo comunica. Moisés es aquel, que recibe la revelación de la palabra, está firme en la palabra, es la palabra, podría decirse. En el río, la hija de Faraón, la hija del rey, encuentra a Moisés. Grandes secretos se desprenden de esta sola frase contada como relato. Israel en el ser humano es lo oculto, el alma divina. Hasta qué punto este Israel en el ser humano pueda vivir, depende de si es odiado, perseguido para matarle, o no. Lo que tiene su consecuencia en la historia, es decir, en el comportamiento de la persona.
Todo lo anterior no viene ni obedece de la nada. Se nos ha revelado para que podamos entender acorde con el patrón de pensamiento de nuestro Creador. Así conviene conocer nuestros orígenes. El mundo del espacio vaciado, donde Dios va a crear al ser humano, el espacio que surgió del Tzimtzum, la retirada de Dios, ese espacio se llamado olam ha-briá. El mundo de la creación. Dios allí es Keter, la corona y lleva el nombre 1-5-10-5 Yo seré. En el olam ha-briá comienza la realización de Yo seré, con la irradiación divina de ein sof. Como consecuencia del Tzimtzum divino, Dios exige entrada a este mundo. Son las palabras mencionadas ya del Salmo 118, y también las palabras dramáticas del Salmo 24,7-10: Alzad, oh puertas, vuestras cabezas y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Dios quiere entrar al lugar vaciado para dar comienzo a la creación del ser humano. Y ordena a las puertas del espacio vaciado que se abran para Él, el único Dios de ein sof. ¿A quién le habla Dios y le exige que lo deje entrar? El espacio tiembla. ¿Cómo se atreve a entrar el Dios de ein sof? ¿No fue creado este espacio por Su retirada? ¿Ese volver a entrar, no significará su destrucción, su colapso? El espacio vaciado se opone. Pensémoslo: la vida ha visto un camino delante, un camino para su propia evolución, también el camino del regreso y de la ulterior reunión con Dios.
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David Saportas Lièvano
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