Podcast Arbol de Vida

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By david saportasReligion & Spirituality
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  • Revelaciones Sobre la Torre de Babel y su Relación con Nuestra Actual Realidad - Editado
    Revelaciones Sobre la Torre de Babel y su Relación con Nuestra Actual Realidad.
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/05/22/revelaciones-biblicas-sobre-nuestro-pasado-1/
    Hay mucho más en la historia bíblica de la Torre de Babel de lo que parece. La mayoría de los que lean estas palabras, considerarán ésto como ficción, imaginación o algo disociado de la «inobjetable» realidad pragmática que hipnotiza al mundo entero. Otros en su arrogante ignorancia con ínfulas de conocimiento bíblico, acostumbrados a su interpretación infantil y literal de la Torá, así como imposibilitados de ver más allá de sus narices, del código y todo el contexto correlacionado dado por los Sabios de Israel en los últimos 3500 años, dirán que además lo escrito aquí no está revelado en la Torá, haciendo gala de su condición. Acorde al relato bíblico, todo este extraño episodio de la historia humana no se registró en la biblia, ni en los escritos de los sabios de Israel para nosotros, simplemente para recordar el pasado, sino más bien para servirnos como una advertencia para el futuro. Y más específicamente para lo que sucede ahora con la plandemia del covid y todas sus agendas asociadas, como principio de «dolores» de la era mesiánica. El nuevo orden mundial está ejecutándose en sus etapas finales.
    El entendimiento trascendental de lo que sucede es vital para poder enfrentar lo que se nos viene encima. A la luz de los acontecimientos actuales, el mensaje de la Torre de Babel es tremendamente relevante. El futuro es ahora. La historia bíblica relata: “Y toda la tierra era de un sólo idioma y de un sólo habla. Y sucedió que mientras viajaban hacia el este, encontraron una llanura en la tierra de Shinar; y habitaban allí. Y se decían unos a otros: «Venid, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego». Y tenían ladrillo por piedra, y limo por mortero. Y dijeron: Venid, edifiquémonos una ciudad y una torre, con su cúspide en el cielo, y hagamos un nombre; para que no seamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Y HaShem (Dios) descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y HaShem dijo: ‘He aquí, son un solo pueblo, y todos tienen un solo idioma; y esto es lo que empiezan a hacer; y ahora no se les negará nada, lo que se proponen hacer. Venid, bajemos y allí confundamos su idioma, para que no se entiendan el habla del otro. Entonces HaShem los esparció desde allí sobre la faz de toda la tierra; y dejaron de construir la ciudad. Por eso se le llamó Babel; porque allí confundió HaShem el idioma de toda la tierra; y desde allí los esparció HaShem sobre la faz de toda la tierra» (Génesis 11: 1-9). Los versículos citados poco revelan traducidos al idioma español (o cualquier otro). Sin embargo en su texto original hebreo encierran innumerables secretos que sólo se pueden decodificar, no sólo en el idioma original, sino en asociación con los demás textos de Torá de la «tradición» (Talmud, Kabbalá, Zohar, Midrashim, Agadot, sabios de Israel, etc, etc). La historia se lee como uno de los muchos mitos antiguos. Los individuos religiosos aceptarán la historia como verdad de forma infantil y literal, mientras que el ateo la rechazará con un fundamentalismo igual y opuesto. Sin embargo, esta historia no es exclusiva de la Biblia. Existen narrativas correlativas en otras culturas mesopotámicas. Incluso hay una gran cantidad de evidencia arqueológica que sugiere que al menos había una ciudad de Babel y muy posiblemente una gran torre en ella que se elevaba hacia el cielo.
    Si la autenticidad de esta historia puede o no ser probada, sólo es relevante para los fundamentalistas de ambos lados cuyo trabajo es probar su punto. Valga la pena resaltar que usualmente los Kabbalistas verdaderos denominan las búsquedas y comprobaciones confirmadas pragmáticamente en la evidencia arqueológica, histórica, materialista, etc, como confirmaciones «demoníacas»… Al mundo generalmente sólo le interesa lo demoníaco; exhortación de mucha profundidad kabbalista que es plenamente demostrable en las alturas excelsas de la sabiduría y que sólo es comprendida cuando se conocen los significados de la “palabra oculta” y que se corresponde al lado opuesto de la faceta dual de nuestra realidad y existencia conocida popular e ignorantemente como “fariseísmo” acorde a la sentencia neotestamentaria dada por el propio Mesías de Israel. El mensaje de éste episodio bíblico es lo que es relevante y su verdad supera con creces el argumento para probar o refutar la historicidad. La historia comienza unas generaciones después del Gran Diluvio (la historia del arca de Noé), otro episodio antiguo del que se habla en culturas de todo el mundo y aparentemente verificable a través de numerosos registros geológicos.
    Obviamente, toca aquí también resaltar, que la interpretación literal e infantil sobre el diluvio de la mayoría de los conocedores superficiales del relato bíblico, desconoce infinidad de secretos sobre lo que realmente revela la biblia sobre los protagonistas de éste evento, las huestes celestiales involucradas, sobrevivientes intraterrenos y de la superficie, genéticas referidas y muchos detalles que incluso son parte de otras cultural. Por ejemplo los libros de Zecharia Sitchin de «crónicas del planeta Tierra», aportan detalles arqueológicos y relatos muy coincidentes. Le sorprendería saber cómo eran nuestros Sabios de Israel hace siglos. Los Kabbalistas más antiguos ocultaron en sus palabras tantos secretos y tan profundos, que la mayoría en los tiempos modernos aún no entienden sus escritos de hace siglos. Aunque los Kabbalistas fueron personas simples en apariencia, le sorprenderá saber cuán avanzados eran nuestros Sabios hace siglos. Nada parecido a lo que vemos hoy día y que se volvió norma en todo ámbito académico desde hace siglos, en donde se podría afirmar que sin excepción y desde entonces, todo «místico», erudito y filósofo moderno sólo lee libros. No obstante todavía hay unos pocos que practican las tradiciones más antiguas y han aprendido cómo desbloquear los códigos secretos de la Torá que la mayoría de los filósofos y místicos modernos ni siquiera saben que existen. Con respecto a la Torre de Babel y la misma ciudad de Babel, los verdaderos Kabbalistas prestan mucha atención a las palabras utilizadas que describen el incidente en el texto de la Torá. Con respecto a la Torre y Babel, debemos prestar mucha atención a las palabras utilizadas para describir el incidente. Debemos prestar igual atención a las palabras utilizadas en los comentarios Kabbalistas antiguos.
    Cuando prestamos atención a los detalles, podemos desbloquear mucho, podemos descubrir muchos secretos impactantes. En la Torá, el pasuk (versículo) dice: «Y sucedió que cuando viajaron desde el este, encontraron un valle en la tierra de Shinar y se establecieron allí; y se establecieron allí » (Génesis 11: 2). “Viajaron desde el este” tiene un significado codificado como frase completa; pero también lo tienen las palabras individuales. Hay entonces significados codificados tanto en versículos individuales y correlacionados con otros, pero también los hay en palabras y sus correlaciones con otras. Así tenemos un código y mensaje en la frase «desde el este» (en hebreo «mikedem»). Sin conocimiento de los mencionados «códigos mensajes», generalmente el ignorante entiende ésta simple frase como «encontraron un valle». Esto es lo que sucede cuando se asume que la biblia es solo un texto humanista que podría ser traducido (algo que por sí sólo distorsiona absolutamente la naturaleza trascendente y sobrenatural de la Torá). En su sentido más estricto de revelación exacta e infinita, la Torá como los planos de la creación, NO debería jamás traducirse. Debería siempre permanecer en el idioma matrix de todo… Es decir en hebreo. Pero dado precisamente este evento que se está analizando (la Torre de Babel), es que se eliminó el idioma hebreo de la boca de la «humanidad» a través de la «Haflagá» cuando se «confundieron las lenguas». De aquí surgieron los idiomas.
    Este término o evento se detallará un poco más en las posteriores explicaciones de este capítulo. El lenguaje lo da Dios (así como absolutamente todo). Nada que ver con las fantasías absurdas de especulación carente de todo sentido que proponen los antropólogos, lingüistas y demás «ciencias» humanistas que todo lo inventan acorde a sus mentes capturadas por la irracionalidad imaginativa. Es por esto que en el judaísmo (dada la Haflagá) se hizo necesario interpretar la revelación divina en hebreo con innumerables textos de sabiduría que se revelaron sólo al pueblo judío y que explican todo lo que permanece oculto en el idioma hebreo a toda la humanidad. Es por eso que la biblia debe ser entendida e interpretada de acuerdo a los Sabios de Israel y de textos antiguos tipo los Targumim, el Zohar, el Talmud, los Midrashim, la Guemará, la Mishná, textos apócrifos judíos, etc, para citar algunos ejemplos.
    Es casi imposible reconocer los códigos secretos y sus mensajes sin el conocimiento del hebreo original (Génesis 11: 2). «Viajaron desde el este» tiene un código que en nada se puede percibir con una traducción que dice «ellos encontraron un valle». El significado verdadero se empieza a develar interpretando un movimiento de viajar desde el «este» lejos de algo, en lugar de ser un movimiento hacia algo. Sólo este detalle ya en sí establece un entendimiento totalmente opuesto. Viajaban lejos del «kedem» (esto es lo que verdaderamente dice el hebreo). Kedem está relacionado con la palabra Kadmon y significa antiguo. Notablemente vemos hoy día como toda nuestra cultura actual pretende distanciarse de todo lo «antiguo». La historia se repite. Claro… ¿Qué es lo «antiguo» que no debe desaparecer y cuál si? ¿Cuál es esa senda antigua que siempre y eternamente debe permanecer? Pero ese es otro tema que demanda del concurso profundo de la sabiduría esencial exclusivamente revelada en la Torá. El viaje de la gente fue específicamente su distanciamiento de Dios y de su orden natural. La intención de la generación de la Torre de Babel era crear un entorno inmune a la ley natural y todos sus poderes «destructivos», como lo era en dicho momento. Hay que saber que las leyes naturales no obstante son leyes en apariencia absolutas para nosotros, pueden ser (y de hecho lo son) modificadas a Voluntad por Dios. No son intrínsecas de la «naturaleza» persé. Son simplemente una ilusión muy real para nosotros, pero de ninguna manera una imposición, ni mucho menos limitación para Dios.
    Las «leyes naturales» pueden ser modificadas por Dios a Voluntad y por los mismos «Justos» ya que la Torá ha sido dada al «hombre» (no imaginemos que hemos alcanzado el título de «hombre»). Este es precisamente el protocolo de batalla cósmico desde el inicio de los tiempos; es punto fundamental de entendimiento de los significados de la rebelión y guerra de las galaxias que se viven desde el Big bang. Viajar desde el «este» significa que se aleja de algo y a la vez significa también moverse (acercarse) hacia una «guerra». Viajaban lejos del «kedem», lo cual significa entonces, lejos de lo antiguo y específicamente distanciamiento de Dios. Un intento de alejarse del movimiento divinamente ordenado, alejándose de la Voluntad de Dios para crear un ambiente inmune a la ley natural y sus consecuencias según la soberanía celestial, como fue visto recientemente por la inundación en el diluvio universal. Su intención era evitar y desafiar los poderes destructivos del entorno natural que actúan en consecuencia de la Verdad y la Justicia como los que tenían. Para permitirles lograr esta formidable tarea, necesitarían algún tipo de energía que pudieran crear para ellos un entorno artificial y dotarlos de energía con el poder de las fuerzas naturales. Numerosas publicaciones midráshicas, incluido el Zohar, afirman que para permitirse llevar a cabo esta formidable tarea, necesitarían algún tipo de poder o energía que pudiera crear para ellos un entorno artificial y dotarlo con el poder de resistir las fuerzas naturales en su misma esencia. Afirman que dicha habilidad estaba secretamente enterrada y escondida en las arenas por miembros de la generación prediluviana antes del diluvio y que fue más tarde descubierta por la generación de Babel. Según el rabino Eliezer Ben David en su libro, «Out of the Iron Furnace» (fuera del horno de hierro), el descubrimiento del horno de hierro», fue el encuentro de tecnología prediluviana antigua muy avanzada. Acorde a éstos textos se relata que encontraron una «Bikia» y debido a esto se le llamó a la región también el «valle de Bikia».
    Es de resaltar la similitud del término con la conocida referencia bíblica del libro de apocalipsis que menciona la batalla de «Armagedón» y el valle de «Beeka». Esta palabra Bikia significa una apertura o un disco según el Zohar. La palabra hebrea Bikia también significa fisión nuclear. Tanto el texto de la Torá como los comentarios de nuestros Sabios parecen implicar que la tecnología antigua escondida por los miembros de la generación del diluvio y luego descubierta por los Constructores de Babel no era más que los secretos de la tecnología nuclear. Por más descabellado que pueda parecer, cuando miramos la literatura antigua y vemos cómo los Sabios describen a los constructores de Babel y sus intenciones, descubrimos que esto podría no ser tan descabellado e increíble cómo podríamos pensar inicialmente. Después del diluvio (sin entrar en detalles aquí de contexto), el Cielo dirigió a la humanidad a expandirse y poblar la Tierra, con cada unidad familiar siguiendo su propio camino, para desarrollarse, cambiar y evolucionar de acuerdo con lo que sea que sus experiencias individuales los hagan. Y, sin embargo, aquí nos encontramos con que en lugar de que todos siguieran su propio camino, todos se juntaron, no sólo con un acuerdo común, sino con un lenguaje singular. Sea o no una metáfora, y no obstante confirmando que igual aquí se esconden profundos secretos (como sucede con cada palabra, frase, evento, etc de la Torá), todavía revela un estado de unidad nunca vista antes o desde entonces en los descendientes de los relatos del «Genesis» bíblico conocido, aquí en este planeta que habitamos llamado tierra. Esto en sí mismo no parece malo en la superficie. Hay que saber que este plan es más antiguo que la misma edad del universo desde el big bang, e incluso desde antes; pero ese es otro tema a no tratar aquí y que efectivamente está revelado en la misma biblia de forma escondida.
    Era obvio que el cumplimiento de tan «elevado» objetivo se materializó en la forma de una rebelión contra el Cielo y por lo tanto contra el orden natural, sus planes eran malvados y necesitaban ser frustrados. Sin embargo en esta ocasión, el Cielo no los consideró dignos de destrucción. Después de todo, estaban «unificados» en su propósito. Su aparente unidad fue su bendición. Y también como fue obvio y siempre ha sido la misma agenda cósmica de rebelión, la intención de su unidad fue incorrecta y, en última instancia, autodestructiva. Esta fue entonces su perdición. Por lo tanto, el Cielo intervino y frustró su plan, esparciéndolos por toda la Tierra. Desde entonces, nunca hemos tenido una época de tanta unidad global como la que existía entonces. De hecho, todo el discurso moderno sobre el nuevo orden mundial conspirativo es simplemente el deseo de restaurar el orden global que alguna vez se disfrutó en la antigua Babel.
    Desafortunadamente, está profetizado que el nuevo orden mundial será introducido como consecuencia obligada a la condición ya irreversible de la humanidad en su relación con Dios. Se ve por todos lados y es inobjetable la conclusión. Nadie entiende nada y eso en sí, ya es una señal destellante irrefutable. Y será introducido por la reencarnación del mismo hombre que lo instituyó la primera vez. La leyenda dice que Armilus («anticristo» como lo llaman los cristianos) no será otro que el regreso del mismo Nimrod ben Cush. No simplifique esta revelación. Hay mucho detrás de éste conflicto cósmico y de nuestros orígenes, que está completamente olvidado por nosotros… Y es tan antiguo como la misma creación en muchos casos. Ahora, descartemos la mitología de tales creencias y entendamos lo que realmente significa. La gente de la Generación de Babel no eran místicos de «mentalidad celestial». Estaban fundamentados, con los pies en la tierra y, según nuestra definición, eran científicos. Sin embargo, su ciencia era mucho más avanzada que la nuestra. Su intención de crear un entorno como una «miniatura del patrón celestial» significaba que se suponía que era completo y perfecto, sin necesidad de nada externo, incluido el poder o la conexión espiritual con nada externo. Esencialmente, estaban tratando de crear una burbuja protegida sin aberturas al exterior. Nada estaba incluido en dicho diseño que pudiese entrar. Ciertamente nada físico y nada espiritual. Incluso estaban generando su propia energía de «fuerza vital» y buscaban desconectarse del flujo universal. Querían que las leyes de la física natural dominaran y excluyeran cualquier otro poder, especialmente los poderes espirituales o psíquicos, como los que consideraban responsables del diluvio. Básicamente, la intención de la gente de la Generación de Babel era «atar las manos de Dios detrás de su espalda» (como si se pudiese… ¿O sí?). Querían desactivar el poder que causó la inundación y evitar que todos éstos poderes naturales de mano de Dios y/o sus huestes angelicales tuvieran la capacidad de volver a causar tal destrucción.
    Esta intención es lo que los unió a todos. Se consideró como un acto supremo de rebelión contra la Autoridad Divina y esencialmente se consideró, en palabras de la literatura Midrashica, una declaración de guerra al cielo. Este es el significado del versículo (Génesis 11: 4) que dice: «Venid, edifiquémonos una ciudad y una torre con su cúspide en los cielos, y hagamos un nombre». La generación de la Torre de Babel logró un «primer» gobierno mundial; el buscado durante mucho tiempo… ¿Por qué? ¿Desde cuándo? ¿Desde dónde? Muchas incógnitas para simplificar el asunto y que requieren extensas disertaciones. No se tratarán aquí por el momento. La gran pregunta que debemos hacernos es qué demonios poseyó a todos para venir a vivir y trabajar juntos por una causa común.
    ¿Qué pudo haber sido tan abrumadoramente motivador que esta generación logró realizar una tarea sin rival en toda la historia humana antes o después de ella? Según los Sabios de Israel, citados a lo largo de las fuentes clásicas, la generación del diluvio fue motivada por dos factores distintos que sólo cuando se sumaron se materializaron en este extraño estado de unidad. El primer elemento compartido por todos fue un terrible recuerdo de la inundación. En estos días, Noé y sus hijos todavía estaban vivos. Sus hijos y los hijos de sus hijos fueron los que tuvieron que reconstruir el mundo (y presumiblemente otros sobrevivientes diferentes de la descendencia bíblica que siempre han influenciado la historia humana). Para ellos, el Diluvio ciertamente no fue un mito. Creían y sabían, tal como Noé y sus hijos les enseñaron, que el Diluvio fue enviado por Dios como castigo por los pecados de la humanidad. Esencialmente, estas generaciones posteriores vivieron aterrorizadas de que Dios de alguna manera buscara destruirlos a todos nuevamente. Concluyeron, por lo tanto, que hay fuerza en los números, y por eso decidieron unirse, lo que a sus ojos les dio una mejor oportunidad para defenderse en caso de que el Cielo decidiera atacarlos nuevamente. Dicho esto, todos estos temores e intenciones habrían quedado en nada si no fuera por la visión y el carisma de su líder, el infame Nimrod ben Cush. Nimrod es llamado en la Torá un gran cazador. De hecho, era un cazador de almas humanas.
    Usó todos los medios de persuasión para someter a otros a su voluntad. Aunque la generación de la Torre se movió junta como un solo cuerpo, Nimrod era su cabeza. Sin él no habría habido unidad, ni ciudad ni Torre. Nimrod era el fuego en el corazón de todos y la voz que se escuchaba colectivamente en el oído de todos. Nimrod personificó la generación de la Torre. Él fue su motivación e inspiración. Antes de que alguien llegue a pensar bien de Nimrod y sucumbir sutilmente a la imaginación creyendo que era un gobernante sabio y benéfico, recordemos que el nombre hebreo Nimrod se traduciría mejor como rebelde. Este rebelde no es del tipo benigno que se populariza en las películas de los medios occidentales. Este tipo de rebelde debe entenderse como un traidor y un peligro. Nimrod fue en teoría a partir de la historia del Genesis, el primer déspota, el arquetípico dictador y tirano. Entonces, ¿qué tenía de traidor Nimrod? ¿Qué de él era tan malvado? ¿Cuál fue su propósito al reunir a todos para construir Bavel y su Torre? La respuesta es, como se dijo anteriormente; era para «defenderse» de una mayor ira divina. Sin embargo, ¿cómo se iba a lograr esto en la práctica? Aquí ahora está el secreto.
    Los miembros de esa generación ciertamente no eran tontos primitivos. Sus padres vieron de primera mano el mundo anterior al diluvio con todo su esplendor y tecnologías avanzadas. Tecnologías que hacen palidecer lo que nosotros en la actualidad conocemos. Vieron a los «ángeles» que caminaban con los hombres y conocían los caminos del cielo. Si realmente querían protegerse de una repetición del pasado, tenían que saber cómo no repetir las imprevisiones que anteriormente con el diluvio los sorprendió. Según los Sabios de Israel, éste era el conocimiento que poseían. Los constructores de la Torre trabajaron con una intención muy específica y con un diseño preciso. Nuestros Sabios dijeron que los constructores buscaron crear en la Tierra una estructura que fuera paralela al diseño celestial del universo. Lo anterior sin duda es algo que a pesar que pensemos que entendemos mejor el mundo con nuestra «avanzada tecnología» actual, es algo que es improbable siquiera lo podamos imaginar. Lo que esto significa es que los constructores buscaron construir un entorno completamente artificial, uno completamente alejado de la naturaleza (la condición natural de soberanía y leyes de Dios) y, por lo tanto, de todos los elementos naturales, y lo más importante, alejado de todas las influencias naturales.
    Ahora, hay otro lado de esta historia. Esto nos llevará fuera del ámbito de la política y al ámbito de lo que posiblemente podría ser ciencia ficción; entonces de nuevo, tal vez no. Siga leyendo y podrá decidir. Se decía que la Torre estaba construida hasta los cielos y en la parte superior debían colocar la imagen de un soldado con un brazo en alto sosteniendo una espada mirando al Cielo. Como ya se mencionó, nuestros Sabios nos enseñan que otro propósito de la Torre era que la gente pudiera ascender en ella hasta el Cielo y así atacar el Cielo y vengarse del Diluvio. A la luz de lo que se ha descrito anteriormente, se entiende este Midrash de nuestros Sabios como una metáfora. El intento de apartarse de cualquier influencia «natural» dirigida por el Cielo (entendiendo todos sus significados implícitos) es el mayor ataque al Cielo que uno puede hacer. No en vano el líder de este proyecto se llama Nimrod, el rebelde traidor. Sin embargo, tal vez realmente si hubo una realidad más literal en esta historia. Es decir, si hay otra forma más interesante de entender este Midrash del deseo de la gente de ascender y atacar el Cielo. Como se mencionó anteriormente, el rabino Eliezer Ben David en su libro «Out of the Iron Furnace» trae evidencia del Zohar de que los constructores en realidad estaban usando tecnología nuclear para construir su entorno artificial. La verdad está ahí fuera y, de hecho, está muy dentro de nuestra Torá. Aunque escondida al profano y el ignorante, la verdad ha estado en la Torá desde el principio. Por tanto, ¿qué pasó realmente con Babel, su Torre y con Nimrod? Hay mucho más en esta historia que su mera interpretación superficial como un cuento de hadas. Considerar lo extraño y raro, siempre y cuando esté bien fundamentado en nuestra Torá y las palabras de nuestros Sabios, muy bien las palabras de nuestra Torá pueden revelarnos una verdad oculta, una escondida justo debajo de nuestras propias narices.
    Y podemos seguir profundizando y haciendo más preguntas inquietantes… ¿Babel tenía energía nuclear? ¿Era la torre una nave espacial? ¿Era la torre una nave espacial? ¿Era un portal estelar? Dejo al final links de otras publicaciones de contexto que incluyen fotos arqueológicas de lo aquí expuesto. El rabino Yitzhak D’min Acco escribe en su Mari’yat Ayin cómo la generación de Babel tenía un conocimiento experto tanto de la ley natural como de lo que él menciona allí, usando el término antiguo, el Shiur Komah (la medida de la estatura). Estas «medidas» son números simbólicos que fueron la primera forma utilizada para albergar secretos kabbalistas. La escuela de Kabbalá Shiur Komah es la forma más antigua con literatura que se remonta a la época del Templo e incluye secciones reales de la Escritura misma. Las «medidas» no fueron de ninguna manera la filosofía mística de las últimas escuelas de Kabbalá. Más bien, Shiur Komah a menudo incluía detalles en profundidad sobre la ley natural en lo que respecta al universo e información extraña y secreta sobre realidades sobrenaturales, cuyo significado, aunque conocido por los conocedores de Shiur Komah, sigue siendo un secreto desconcertante para todos los forasteros y generaciones posteriores. La mayoría de estas enseñanzas no fueron especulaciones, sino más bien revelaciones directas entregadas a un individuo por una o varias entidades angelicales. El rabino Itzjak analiza en detalle cómo la generación de Babel tuvo acceso a todo este conocimiento y lo utilizó para construir su ciudad y su torre «como una miniatura de acuerdo con el patrón celestial».
    Esto referido por supuesto que se expresa con lenguaje metafórico y no está a nuestro alcance siquiera poder imaginar o especular al respecto con nuestros paradigmas conocidos. Por salvaje que parezca, la Generación de Babel tenía la tecnología antigua para haber logrado esta tarea, y como dice el versículo (Gén. 11: 6), «¡nada de lo que planeen hacer será inalcanzable para ellos!» Crear un ambiente tan aislado y desconectado de todas las influencias externas es una cosa. Esto de hecho puede interpretarse como un acto de rebelión contra vivir bajo la Autoridad Divina. Sin embargo, la intención de la Generación de Babel no terminó aquí. El texto de la Torá lo establece de forma muy clara que había tanto una «torre» como una «ciudad». La mención de ambos implica una doble intención. Cada una era diferente y tenía su propio propósito. La «ciudad» iba a ser el lugar de protección defensiva insular. Pero la «torre» tenía un propósito más nefasto. Según fuentes del Midrash, incluido el Zohar, la Generación de Babel quería usar la «torre» como plataforma de lanzamiento para un ataque militar de represalia contra el Cielo. No sólo se estaban preparando a la defensiva para protegerse de la futura ira Divina; también se estaban preparando para lanzar una gran ofensiva militar. Una vez más, para aquellos que interpretan el Cielo como un «cualquier» lugar etéreo, no físico, espiritual en algún lugar «sobre el arco iris», tal intención sería considerada la cumbre de la estupidez primitiva (ejemplo muy patente en los terraplanistas). Pero recuerde con quién estamos tratando. No estamos tratando con primitivos antiguos que creían en los cuentos de hadas sobre realidades espirituales de la misma manera que se hace hoy. Estas personas tuvieron una experiencia muy diferente y sabían muy bien que el dominio que llamamos Cielo está lejos de ser imaginario o simplemente es un dominio espiritual no físico. Sabían muy bien que el poder que trajo el diluvio emanaba del dominio de cierto colectivo de ángeles. Sabían que éstos mismos ángeles, por etéreos que fueran, todavía tenían un hogar en este universo. La generación del diluvio sabía de dónde venían estos ángeles. Lo reconocieron como un planeta en algún lugar del espacio exterior.
    Sí… Los sabios de Israel de la antigüedad declararon desde hace mucho que los constructores habían deseado volar la «Torre» (o nave espacial) a través del poder de la «magia» hacia los Cielos para literalmente llevar la lucha en contra de los «ángeles» a quienes culparon por la inundación. El uso del término «magia» es siempre la forma antigua de referirse a lo que hoy llamaríamos formas de tecnología. Por lo tanto, si la Torre fuera realmente de propulsión nuclear y si de alguna manera fuera a usarse como un dispositivo de transporte para volar a las estrellas para iniciar o continuar una nueva y antigua “guerra de las galaxias”, ¿cuál habría sido su destino? Si deseamos contemplar esta línea de pensamiento, extrayendo esta historia del mito y contemplar dónde encaja en realidad, podemos encontrar algunos descubrimientos bastante interesantes. Según los Sabios, los constructores deseaban construir la Torre de acuerdo con el patrón del Cielo de arriba. De nuevo, esta es una metáfora de existencia y diseño integral en el servicio esperado, tal como lo proporciona el mundo natural de manera integral. Sin embargo, nuestros Sabios van un paso más allá. Afirman que la distancia entre el Cielo y la Tierra es de 236 mil rabboh parasangas y que ésta era la distancia que necesitaba ser cruzada para llegar al «cielo». Si bien este extraño número tiene su origen en la literatura kabbalista Merkava más antigua que se remonta a la época del Templo, su significado es casi completamente desconocido. Algunos lo interpretarán filosóficamente e interpretarán el número como más un mensaje moral. Sin embargo, la literatura original de “Shiur Komah” en la que aparecen éste y otros números similares no fue escrita en este género moralista. Estos números tenían significados y están perdidos para la mayoría de hoy, incluidos los Kabbalistas. Si bien no se puede ofrecer un significado a lo que nadie más puede tampoco, se puede estar lo suficientemente intrigado como para traducir al menos la distancia descrita en éstos 236 mil parasangas rabboh en medidas modernas de distancia. Siguiendo la fórmula de que una parasá equivale a 4 mil; que un mil es igual a 2000 amah; que un amah equivale a 6 tefaquim; que un tefaq equivale a cuatro dedos y que cada dedo mide una pulgada según los estándares modernos; ahora podemos calcular la distancia. Según éstas conclusiones, la distancia que se suponía debía volar la «Torre» de acuerdo con este escenario es de 7,150,800,000 millas.
    ¿Qué hay en el espacio exterior a más de siete mil millones de millas de la Tierra? El último planeta (micro planeta) de nuestro Sistema Solar es supuestamente Plutón y está a solo 4 mil millones de millas de la Tierra. ¿Qué hay ahí fuera a casi el doble de distancia? Aquí es donde las cosas se ponen un poco extrañas y posiblemente aterradoras. En numerosos círculos de pseudociencia y teorías de la conspiración se habla del famoso y misterioso décimo planeta del cual hablan los libros de Zecharia Sitchin y que acecha en algún lugar en el borde de nuestro Sistema Solar. Ahora, la ciencia moderna ha encontrado una serie de objetos del tamaño de un planeta girando alrededor del sol, algunos de los cuales incluso tienen sus propias lunas. Sin embargo, la ciencia moderna se resiste a llamarlos planetas. Ellos, como Plutón, ahora reciben el título de planetas enanos. Sin embargo, independientemente de cómo los defina la ciencia moderna, todavía están allí (así los terraplanistas nieguen toda la ciencia espacial en versiones ridículas, infantiles y muy ignorantes del cosmos). La multitud de la pseudociencia y la conspiración afirma que posiblemente uno de estos planetas identificados hasta ahora es el antiguo y legendario Planeta X, el ficticio (¿o no?) Nibiru. Si hay o no credibilidad en algo que surja de la pseudociencia o las teorías de la conspiración, sólo el tiempo lo dirá (tiempo muy corto en mi concepto). Sin embargo y mientras tanto, parece entretenido contemplar los «qué pasaría si». Siendo que la verdad es siempre más extraña que la ficción, y que la ciencia moderna claramente tiene una agenda antirreligiosa definida, no se puede aceptar completamente la palabra de los científicos ateos seculares como definitiva en cualquier asunto.
    Desafortunadamente, sus propios fundamentalismos y agendas filosóficas, han marginado a tantos científicos como seudocientíficos. Hoy en día es difícil saber qué es y qué no es científicamente cierto. Dicho esto, la tradición de la Torá no habla específicamente de un Planeta X en nuestro Sistema Solar. Por otra parte, la tradición de la Torá tampoco mencionó a Urano ni a Neptuno. No obstante ahí están a la vista de la comprobación de muchos en la actualidad. También está claro de los estudios serios de la Torá, que los Benei Elohim (hijos de Dios) en Génesis 6, que hay una creencia significativa de la Torá en la vida en el espacio exterior que de hecho han venido y han visitado la Tierra. Hay una muy extensa literatura antigua kabbalista sobre este tema y que hoy día está disponible en muchos sitios serios de estudios de Torá. Así que ahora, preguntemos algunos «qué pasaría sí». ¿Y si los constructores de la Torre realmente desearan viajar a las estrellas? ¿Qué pasaría si el destino de dicho viaje fuera como calculamos a unos 7 mil millones de millas de la Tierra? El destino de tal viaje sería entonces en el Cinturón de Kuiper alrededor del borde de nuestro Sistema Solar, donde residen estos llamados planetas enanos. ¿Y si este fuera de hecho el destino de los constructores? ¿Significaría esto que el hogar creído de los ángeles a quienes los constructores culparon de destruir la Tierra era uno de estos planetas enanos o algún otro cuerpo aún no descubierto o no revelado en esta área? Si es así, entonces ¿quizás los pseudocientíficos y los teóricos de la conspiración están en algo cierto? Las antiguas tablilla sumerias analizadas en los libros de Zecharia Sitchin abundan en detalles sobre este tema. Valga la aclaración que no es la única fuente disponible por fuera de la Torá. Hay más… Mucho más. ¡Esto asustaría bastante! Y además se corresponde bastante con las profecías apocalípticas. Lo que da más miedo es que los pseudocientíficos y los teóricos de la conspiración no se detienen en una discusión sobre planetas secretos. También hablan de que estos planetas son el hogar de los ángeles caídos de los que se habla en Génesis 6. ¿Podrían acaso ser los Anunaki?
    A juzgar por lo que se ha aprendido anteriormente, sin duda se puede considerar que tal vez sus creencias tienen alguna relación con las antiguas «leyendas» de la Torá. Más que esto, los teóricos de la conspiración creen que estamos siendo visitado nuevamente por estos mismos seres hoy. A juzgar por las historias que escuchamos sobre ovnis, secuestros y cosas por el estilo, uno debe considerar que algo realmente está sucediendo, sea lo que sea. Según el rabino Eliezer Ben David en su libro «Out Of The Iron Furnace» (página 50), citando la autoridad del gran sabio rabino Yonatan Eyebeshutz, la Torre tenía fuego saliendo de su base y estaba destinada a ser lanzada al espacio. Según esto, la guerra que planeaba la Generación de Babel no era meramente espiritual, sino física. Tenían la capacidad y los planes para lanzar una nave espacial de propulsión nuclear para librar una guerra intergaláctica contra una amenaza extraterrestre conocida y clara. No podemos imaginar a dicha «nave» con nuestros estándares actuales por sofisticados que sean. A sus ojos, esta guerra ya había comenzado con los extraterrestres (ángeles) tomando el primer «disparo». Culparon a estos ángeles intervinientes de crear las circunstancias que provocaron el diluvio. Ahora, era hora de vengarse. Y como dice el versículo (Génesis 11: 6) citado anteriormente, «¡nada de lo que planeen hacer será inalcanzable para ellos!» Su plan era formidable y sus habilidades poderosas. Había que hacer algo para frustrar sus planes sin tener que destruirlos por completo. Así, la Torá continúa relatando lo que sucedió después. Génesis 11: 7 dice claramente: «Venid, bajemos». Los poderes (en plural) bajaron a la Tierra de forma clandestina e invisible y lanzaron su propio ataque. Estos poderes se identifican más tarde en Daniel 4:14 como los ángeles Vigilantes (se sugiere leer mis anteriores publicaciones sobre éstos «ángeles»). Su método de ataque elegido, como hemos visto en numerosas ocasiones en las Escrituras, no es atacar el cuerpo u otras fuerzas físicas, sino atacar la mente individual. Estas entidades Vigilantes pueden telepáticamente y psíquicamente construir o destruir la mente humana.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/05/22/revelaciones-biblicas-sobre-nuestro-pasado-1/
    Escrito y Elaborado por David Saportas
    48 min
  • EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 8 - Simultaneidad y sucesión en el ciclo anual
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 8
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/04/04/estudios-de-tora-17/
    Octavo Capítulo.
    Simultaneidad y sucesión en el ciclo anual
    Sukot – examen del mundo al final del tiempo
    La suká como hogar en la vida
    Predominio de los pueblos
    La fiesta del vertido del tiempo
    La vida bajo el signo de Acuario
    La quema de los vestidos en Sukot
    El sacerdote en el ser humano
    Arba minim: palmera, sauce, mirto y fruto
    El Nombre y los nombres
    Shemini atséret: el octavo día
    La vida de David en la suká
    Vivir en la piel de Leviatán
    Hablemos ahora de los aspectos del ciclo anual. Es un ciclo en que todo está simultáneamente, pero que también muestra la sucesión de cada evento en el año. Es decir, todo existe en todo momento, siempre, porque simultaneidad y sucesión ocurren siempre en el mismo instante. Vds. conocen el principio del árbol de la vida, el principio del árbol, como dice la Biblia, que tiene fruto y hace fruto al mismo tiempo. Significa que todo está al mismo tiempo. En todo momento está el ciclo completo dentro de ti y alrededor de ti. Pero, además, se desarrolla en el tiempo, pareciendo a nuestros sentidos, como si sucediera una sola vez en el año, o en la semana, o en el ciclo del mes o del día. Así se muestra el tiempo y siempre tendemos a considerar como única realidad algo que aparece en el tiempo, olvidando que es una de las facetas nada más, y que la otra faceta es la presencia permanente, como fundamento de este mundo. Podríamos decir que ese fundamento es el otro mundo, aquí. Algunas veces rozamos la periferia y entonces suceden cosas que nos parecen raras, la telepatía, por ejemplo. O decimos: “Qué curioso que alguien pueda prever o soñar lo que va a suceder”. Aunque olvidamos estas cosas rápidamente, porque trastornan la imagen ordenada que tenemos del tiempo, en el sentido: “Puedo hacerlo por mí mismo, estoy dominando”. Y es cierto que podemos llegar a tener la impresión de que, en el tiempo, en el mundo de las apariencias, –cuando algo se desarrolla o crece– que de verdad estamos dominando.
    Al ser humano le gusta controlar, dominar. De ahí que le encantan las teorías de la evolución. También le gusta la idea del progreso, porque le da el sentimiento de que él participa, de que él lo hace. ¿No dice la serpiente, la najash en hebreo, en los primeros versículos de la Biblia: “Si tomas del árbol, ¿serás como Dios?” De eso se trata. Si yo ahora me meto en política, contra de Gaulle, por ejemplo, existe una posibilidad de que de Gaulle me tome en serio y cambie su política, que me tenga miedo. Puedes imaginarte su reacción y que tu actitud haya provocado el cambio. Tan pronto como el ser humano quiere convertirse él mismo en Dios, tiene esas visiones del mundo. Y se enfada y entra en cólera cuando alguien tiene otra opinión, diciendo, por ejemplo: “Y a pesar de todo, eso otro también existe. ¿De dónde si no, surgen estas cosas curiosas, estas casualidades, esta coincidencia de circunstancias, esta confluencia de sucesos en un único momento, cuando todo el largo tiempo está a nuestra disposición?” Sin embargo, no apetece oír cosa semejante. Se elimina de las lecturas habituales, de los conocimientos habituales, porque minaría la visión global. Es pues el principio del árbol que hace fruto, del árbol del conocimiento. “Voy a hacer un plan. Haré eso y aquello en esa y en aquella fecha”. Y parece de verdad que podamos cumplir con este plan y que se vaya realizando por la propia acción.
    Este es el peligro de pensar y hablar de los ciclos del tiempo así: hoy es miércoles y hasta el domingo tengo tiempo, entonces iré de nuevo a la iglesia o similar. Yo no, pero quizás ustedes van el domingo. Hasta el domingo pues está pendiente, como si el miércoles no contara, y solo contaran el domingo o el shabat. Todos los demás días dejan de contar. Actuando así, se tiene el sentimiento, por ejemplo, de estar en un lugar santo: ahora hay que pensar como un devoto, y si estoy en un estadio de fútbol hay que comportarse de otra forma diferente. La idolatría se refiere a eso. Avodá sará 70-2-6-4-5 7-200-5, idolatría. Avodá es servicio, sará es extraño, el lado exterior del círculo, nausea. Significa que te estás distanciando de la esencia. Te estás instalando en el borde exterior. Es la consecuencia ineludible, porque allí las cosas están una al lado de otra. El núcleo sin embargo es un punto invisible, fuera del tiempo y del espacio. Ni siquiera es un punto, es un cero, un punto solo imaginado; podríamos decir, que, de hecho, ni existe. Algo así no gusta. Así las cosas, la peregrinación al muro de las lamentaciones se ha convertido en moda. El muro, así visto, es algo bueno. ¿Y el muro que está delante de mí, no vale? ¿No es también una parte de la creación? ¿Por qué aquel muro sería diferente del de aquí? ¿Qué sabemos de todo lo que ha pasado en el muro de aquí? ¿Y qué lugar corresponde al muro de aquí y al lugar de aquí en la esencia?
    Quizás pueda percibirse algo, pero esperar, pensar o saber, no. Tan pronto como se señala a un lugar específico, surge la inclinación a la idolatría, a la superstición que afirma que una oración allí sea mejor que otra oración en otro lugar. Quizás sí y quizás no. No tiene nada que ver con la afirmación de que el lugar sea santo. Lo siguiente es la tontería de que a otros lugares en los que haya sucedido lo mismo, se les llame igualmente santos. Piensen en los lugares del nacimiento y del enterramiento en el cristianismo. Existe una especie de competencia: mi lugar es mejor que el tuyo. Algo así es paganismo, paganismo puro y duro, nada más. Es peligroso porque es seductor. ¡Cuán fácil es captar la atención con algo tan conmovedor! Lo mismo ocurre en el ciclo del tiempo. No puede decirse que este tiempo en particular es importante; o Pésaj, Pentecostés o Sukot sean momentos importantes. Ocurre en esta o en aquella fecha. Sí, pero ¿dónde está la suká ahora mismo? ¿Quizás expulsada del país? No. Ahora mismo está. Simultáneamente. El árbol que es fruto, el árbol de la vida está presente en ti permanentemente. A su lado existe por supuesto el árbol que hace fruto, el árbol en pleno crecimiento, y solamente si tienes los dos árboles juntos reconocerás el sentido de todo. Entonces también aquello que entra en el tiempo, el momento en que el tiempo lo deposita delante de ti, obtiene un significado especial.
    Tienes la relación con lo permanente, y con ello, un sentido completamente diferente. Recibes la verdadera vida, porque este fuego, esta llama, esta luz, están presentes siempre. Solo así eliminamos el peligro del paganismo. La idolatría es algo muy diferente de lo que –con, o quizás sin intención consciente– se suele llamar idolatría. Se dice que rezar ante las imágenes es una tontería, y se dice para eliminarlo del entorno, de la realidad que forjamos nosotros mismos. Y justamente ese es el punto importante. No se trata de las imágenes. Un idólatra es justamente aquel que da tal definición de la idolatría. Corre el riesgo de que se le conteste: escucha por favor, ¿cómo puedes decir semejante falsedad? Seguramente eres tú mismo un idólatra, porque de lo contrario, ¿cómo puedes pensar que haya personas que se arrodillen y tomen en serio las imágenes? Ciertamente existen personas curiosas, pero que toda la humanidad se haya comportado así durante miles de años ¡No! Se dice con intención, con mala intención, y su formulación se origina en un nivel más profundo que la consciencia, o lo que llamamos consciencia. Si hablamos del calendario corremos el gran riesgo de que se diga: “La última vez hemos hablado de Yom Kipur. Se trata del décimo día del séptimo mes. Dentro de poco lo tendremos de nuevo en el calendario, pero hoy aún no”.
    En su lugar quisiera que recordaran que el calendario es una realidad permanente. En el lado del árbol de la vida, el calendario es permanente y eterno, y por ello el ser humano vive con todos esos sentimientos, esperanzas, confusiones, fantasías. Si a alguien le falta todo eso, y si ha eliminado la fantasía también, entonces sus expresiones son puramente demoníacas. Su fantasía ya no está unida con la realidad. Por el hecho de aceptar tal forma de pensamiento, lo demoníaco se coloca en primer plano también en la fantasía. Está en estrecha relación con nuestro tiempo: en cierto tiempo surge cierta forma de fantasía. Es un signo del tiempo. Quisiera ahora hablar del tema de Sukot 60-6-20-6-400, la fiesta de las cabañas. En la tradición se dice que Sukot es aquello con que el mundo –los “pueblos”– son examinados al final de los días, cuando el árbol que hace fruto ha llegado a la madurez. Cuando se pueda decir: ahora el fruto va a caer. Está en plena madurez. El examen no es en Pascua, ni en Pentecostés: es en Sukot. Se habla ya en los profetas. En la tradición se explica con mucho detalle por qué es así con Sukot, por qué el examen es justamente en ese momento. Y con “momento” de nuevo no me refiero al momento en el año, más bien al momento en tu vida diaria, minuto a minuto, el momento como fuerza, como presencia. ¿Tiene el ser humano la posibilidad de saber que está de verdad siempre presente? Cuando se describe la suká, se menciona que su altura puede variar, pero en lo máximo es de 120 tefajim. Téfaj 9-80-8 es una medida y curiosamente, tiene el mismo valor que suká. Pensarás de inmediato en los 120 años con que se mide la vida. Se trata de “la altura” de tu vida, por así decir, la distancia de tu vida, de la tierra al cielo. Tu vida es la conexión entre los dos extremos, los dos mundos. Y esa distancia es 120. Curioso. La casa en que vives, es esa suká, es esta vida. Y la anchura de la suká es siete. También se dice que ese siete, la anchura de la suká, son los siete cielos y también los siete mundos terrenales, que muestran esa relación. Las medidas de la suká, por tanto, son también las medidas del ser humano y del mundo. La suká realmente, es el mundo en que vivimos. ¿Vives en un mundo que tiene bastante de sólido, según tus percepciones? Como, por ejemplo: ¿esto es lo que hay, y todo lo demás no me interesa? La vida en una casa así significa que todo lo demás me da igual. Afuera puede pasar eso o aquello, pero no es asunto mío. No hay que mezclarse, según una expresión muy burguesa, porque puedes quemarte los dedos. Si tu casa es así, estás limitando el cielo, el otro mundo. Solo lo conocido, a lo que tú mismo has dado entrada, parece ser asunto tuyo.
    Tu trabajo y todas tus actividades, todo lo demás, definitivamente no es asunto tuyo. Por ello se dice siempre que ciertamente, el mundo es esta casa, y todo lo demás queda excluido. Se dice así, porque un ser humano debería desear lo otro, porque debería darse cuenta de que está viviendo en el exilio. El exilio no es todo. Hay algo en mí que me empuja más allá de los muros y del techo de la casa. Me lleva mucho más allá. Por eso, esa casa se le da al ser humano. Y por eso se dice que la casa eterna es esa suká, esa construcción provisional, tambaleante, que se construye y se levanta sin problemas. Si construyes tu suká, tu cabaña, hazlo de tal forma que tengas el sentimiento de que pueda ser derribada sin mayor esfuerzo. Que sea fácil derribarla y que tampoco la construcción suponga un gran esfuerzo. Lo hago únicamente para que me proporcione algo de protección del mundo, pero que no me desfigure mi visión del mundo. Se dice que basta que tenga dos muros, y que el tercer muro esté, sin más; hay entonces dos esquinas, y no solo una. No son necesarias más. El resto puede estar abierto. El techo de la suká está compuesto por hojas. Hoja es sjaj 60-20-20 en hebreo, de allí el nombre de suká 60-20-5. El follaje procede del árbol, del tiempo, y se coloca de forma suelta, para que se puedan recoger de inmediato, si hace falta. Es diferente de la casa habitual, donde todo se organiza para sujetar el techo firmemente.
    La definición del techo de la suká es que se pueda ver a través de él, que se vea el cielo y las estrellas del firmamento. Tan transparente debe ser. Ante todo, no debes hacer una separación, de forma que el cielo sea algo fuera de tu realidad. Todo lo contrario, es algo que tiene que ver constantemente con tu mundo. De esta cabaña se dice que al final de los tiempos, ella examinará el mundo. Porque al final de los tiempos, todo está en el orden más perfecto. Tienes enormes posibilidades con solo apretar un botón. Tienes luz con una presión, aspirador con una presión, guerra apretando un botón… todo se hace presionando sobre un botón, y lo que quieras lo obtienes al instante. Si quieres leer aprietas, y obtendrás el libro deseado y el contenido del libro se te contará. No necesitas ni levantarte para cogerlo. Viene a ti sin más. El mundo es de tal forma perfecto, que tampoco tienes ya tiempo para nada más. Nadie habla ya del cielo, Dios nos proteja. Esa es la situación al final de los tiempos. Díganme, cuando la vida es tan perfecta y cuando casi todo el mundo es parte de los “pueblos” –no hablo de raza sino de actitud– ¿contestaría Vd. con un sí a la pregunta de si sigue habiendo alguien que pueda vivir en una suká? No para indicar que se pueda vivir tan modestamente.
    Solo sería pereza. La modestia no es algo que pueda exhibirse, no se debe ni ser consciente de ella. Pensar que se es modesto, es lo más peligroso que hay. Es mejor pensar que se es engreído o tonto. Si piensas: eso lo he hecho muy bien, ¡ten mucho cuidado! Es decir, no se trata de que nos presentemos como modestos. No es eso. Y tampoco tiene que ver con que tengas millones o no, aunque tenerlos puede ser muy peligroso. ¿Por qué no has regalado todo lo que tenías? La pregunta que se te hará es la siguiente: ¿Cómo puede ser que lo hayas retenido así y que no te haya quemado constantemente? Hay que ser consciente de necesitar la suká. No se trata de una demostración de modestia, humildad o ingenuidad, se trata de ser modesto y humilde. Esa pues es la noción del final de los tiempos, cuando los pueblos son examinados. Al final de los tiempos, solo quedan “pueblos”. Los pocos individuos que quedan, muy pocos, hace tiempo que se han marchado, viven ocultos, porque tal tiempo no es soportable. En esos tiempos es extremadamente peligroso llamar la atención. Existe un relato en el Talmud, en el tratado Yoma, que habla de dos tanaim, dos hombres responsables de la redacción del conjunto. Están hablando del final de los tiempos. Uno dice moviendo la cabeza:
    –¡Qué generación más pecaminosa allí, en el final de los tiempos! –Responde el otro después de unos momentos de reflexión: –Bueno, qué significa pecaminosa… si tú y yo estuviésemos allí, seguramente no tardaríamos ni un segundo en tirar por la borda toda la responsabilidad que llevamos y participaríamos. Mientras que ahora somos grandes maestros de la escritura y de la revelación, de la tradición hablada. Ese tiempo es tal, que incluso para los grandes es difícil aguantar. También participan, porque es muy evidente y porque es peligroso no hacerlo. Casi no queda elección. Se cuenta también que justamente entonces, la Torá es reencontrada en el Templo. Se había perdido, olvidado, pero es reencontrada como gran hallazgo. Hay gran fiesta para celebrar ese descubrimiento y que vuelva a estar presente. ¿Cómo es posible, dirán, si siempre ha existido? Por supuesto que siempre ha existido. No había imprenta, pero había sido escrita y copiada en muchos ejemplares. Pero solo la página exterior, la página del árbol del conocimiento. El lado interior, la poderosa energía de la revelación de la palabra, había quedado olvidada y es ahora reencontrada en el Templo. El Templo de nuevo sirve a su auténtico fin. Solo allí puede encontrarse la palabra verdadera.
    El final de los tiempos es un tiempo que pide una suká. Aunque la gente no la quiera. Quieren que se les deje en paz, vivir en abundancia, de vez en cuando hacer una pequeña concesión por amor a la paz, tan deseada. Pero por lo demás solo quieren bienestar, progreso. Y entonces nos topamos con el principio de la suká. Está frente a Pascua; recordarán que Pascua es el 15 del primer mes. Sukot es el 15 del séptimo mes. En el círculo, están frente a frente. Hay pues algo en el principio de Sukot que tiene que ver con Pascua. Pascua es una expulsión. De la misma forma que nacimiento y muerte son, muchas veces, expulsiones. Es una liberación de las ataduras. Sukot es lo mismo, pero pide otra cosa del ser humano. Pascua es un desarrollo como el nacimiento o la muerte. Poca es nuestra influencia; aunque pensemos que podamos hacer mucho, tomar medicinas, por ejemplo. Y se cree de verdad que es posible aplazar la muerte. Es un bonito ejemplo de la imaginación. Con el nacimiento es igual; pensamos poder planificar, tal número, tres y medio, por ejemplo, porque así está en concordancia con el salario, etc. Creemos tenerlo controlado. Pero Sukot es otra cosa. Sukot es el principio que dice: ahora espero de ti que actúes sin contrapartida, gratis. Las cosas ya no están en tu mano como antes.
    El ser humano está en un punto en el que no sabe nada del futuro. Puede suponer, esperar, pero no saber. Y en cada momento de la vida que llamamos “ahora”, está el ser humano y dice: ¿Y ahora qué? Y justo en este punto del y ahora qué, que verdaderamente debe darse en todo momento, se contesta: Ahora esto. ¡Sal de la casa y entra en la suká! El momento de suká consiste en que seas capaz de vencerte a ti mismo. Se cuenta que si al principio del séptimo día el ser humano pronuncia los tres versículos de Génesis –por supuesto no solo con la boca, sino con todo su ser– donde se habla del séptimo día, que Dios lo santifica y lo bendice, entonces es shitúf 300-400-6-80, colaborador de Dios en la creación, en el sentido de que el ser divino colabora, que el ser divino que Dios ha puesto dentro de cada ser humano colabora, está presente, activamente. Que esta divinidad se manifiesta. Es, por así decir, un apretón de manos, en el sentido de: aquí estamos, Dios y hombre, aquí estamos. Es la manera en que Dios crea al ser humano como adam, palabra que contiene el principio de “asemejar”, demut en hebreo 4-40-6-400. Ese es el concepto correcto de “ser humano”, desde la comprensión de la palabra. Allí está también el principio de la suká, porque entonces el ser humano sabe que el mundo está terminado, completo, perfecto.
    Que ya no se trata ni de la creación ni del desarrollo del mundo. Se trata ya exclusivamente de su actitud. Y también de que reconozca ese hecho y acepte las consecuencias. A eso se refieren las palabras “tener conocimiento de la suká”. Y por esta razón es la suká en el séptimo mes, una línea paralela a Pascua. Sabrán que Pascua comienza el día 10 del primer mes. Es el día de la preparación del cordero. Y el día 10 del séptimo mes, el ser humano comienza a construir la suká. El día 10 es Yom Kipur y por la noche, cuando ha terminado, lo primero que se hace es comenzar a construir la suká. Paralelamente, en los 5 días en que el cordero está preparado, se construye la suká. Siempre apartamos a este cordero a algún lugar en la historia o al firmamento, en todo caso, a un lugar muy lejano. Y de la suká se dice que es una fiesta bonita, muy folclórica. Con danzas populares que se graban: después, se ha cumplido con el deber y todo acaba. No. Todo lo contrario. Esos 5 días son la disponibilidad del cordero, del cordero del ser humano, al cual también se le dice: Y ahora construyes esa suká, y nada más. Solo puede hacerse después de Yom Kipur. Porque si has participado en todo –la llegada de las tablas que bajan a este mundo– cuando las tengas en tu mano, dices: ahora no puedo hacer otra cosa que construir la suká.
    Y es por eso que Sukot dura esos siete días, los mismos que Pascua, ese ciclo completo. Solo que Sukot tiene, adicionalmente, un octavo día. Es la única fiesta en el ciclo del tiempo –también en el absoluto– donde el octavo día toma un lugar auténtico e integral. No para decir que al final de la semana, al final del séptimo día, viene el octavo. Porque lo que sigue es el primer día. Ese octavo día, más bien, se sustrae al tiempo. Pero estar, está. Se le llama shemini atséret. Shemini viene de shemona, ocho. Ese octavo día solo existe si existe la suká. Por ello, Sukot es algo muy especial en el mundo. También es algo muy especial para el ser humano, siempre y cuando viva en ella. No en el sentido de que esté esperando hasta que llegue la fiesta de Sukot en el calendario, más bien teniendo en la consciencia que ahora mismo, en este momento, se debe vivir en ella. Te acompaña en todo momento. Te acompaña en todo momento, no puedes deshacerte de ella, de la misma forma que no puedes deshacerte de la eternidad, quieras o no. En la escuela se ha formado tu pensamiento lógico, has aprendido matemáticas, etc. Y a pesar de todo, por fortuna, de vez en cuando te “haces el loco”, porque también ese otro lado está en ti. Ya no soportas vivir únicamente con la lógica: ingresas en una secta, o te comportas de otra forma extraña.
    Actúas así porque no puedes vivir con el único lado de la lógica. Por ello, Sukot está siempre. Es el otro lado. Uno de los aspectos más importantes de Sukot –que no hemos tratado aún– es que en Sukot existe el juicio sobre el agua. ¿Qué habrá hecho el agua? El agua es juzgada, porque en el mundo exterior es la expresión de aquello que vivimos como tiempo. Significa pues que el tiempo es juzgado. Juzgar significa colocarlo en su verdadero lugar, en su sitio correcto. Nivelar las desigualdades, contestar a las preguntas. En el pasado, el agua, es decir el tiempo, jugaba un papel importante en tu vida. Todo lo clasificabas según lo sucedido en el tiempo. “Hace 35 siglos”, por ejemplo, “sucedía la salida de Mizraim (Egipto) ¡que estupendo!” Es posible, por qué no, todo puede ser colocado en el tiempo, también tu propia vida. Se hace, porque se piensa que el tiempo es algo donde mandamos, donde tenemos una especie de dominio. Podemos “hacer” el tiempo. Por ejemplo, se dice: “Vamos a comenzar a mejorar los tiempos, porque hasta ahora las cosas no andan bien”. Quien habla así, no conoce el juicio sobre el tiempo. El juicio significa ¡todo lo contrario! A partir de ahora voy a ver el tiempo de forma diferente. Voy a colocarlo en su verdadero lugar, donde pertenece. Por ello, en Sukot está también esta fiesta especial, del “vertido del agua”.
    Jag ha-shoevá 8-3 5-300-6-1-2-5. El agua se vierte. El agua que se juzga, es vertida. Forma un auténtico río. Se va a cierta fuente en Yerushalaim –no piensen en una ciudad situada en el mapa–. Ese otro Yerushalaim se encuentra, como he contado ya, en el cuarto cielo. Allí hay una fuente de agua. El tiempo corre desde allí. Y se va a ese Yerushalaim y se llevan grandes cantidades de agua al Templo, al punto central donde el tiempo y el espacio coinciden, donde hay eternidad. Y allí se vierte, sin más, con grandísima alegría y haciendo muchas bromas. Aquello que tú siempre has anhelado tener, se vierte. Porque el ser humano tiene sed de tiempo, como tiene sed de agua. Como el ciervo brama, así el ser humano siente que algo pasa con este tiempo que no puede seguir viviendo. Necesariamente se convierte en rebelde. Conocerán la rebelión durante la travesía del desierto, por la ausencia de agua (Éxodo 17,1-7). Vamos a morir, piensa la gente. ¡Queremos agua, queremos tiempo, necesitamos ver que algo suceda aquí, en este mundo! Y cuando Miriam muere, ya no fluye el agua (Números 20,1-13). Hay una única fuente, para esos 600.000 hombres, mujeres y niños. La tradición pinta así las escenas a propósito, para que de inmediato haya que distanciarse de la realidad del tiempo y del espacio. Porque está escrito: el pueblo de Israel bebe de una única fuente.
    Esta fuente se encuentra delante del tabernáculo. Por tanto, ¡No busques en la historia, no la busques en este mundo! Es imposible que no te des cuenta. ¡Termina con todas esas tonterías de buscar aquí, de reconstruir el edificio! Estuvo aquí y sigue estando, solo que no lo vemos. Delante de nosotros bajó la cortina y ya no somos capaces de ver lo que está detrás. Algunas veces suponemos algo, dentro de nosotros. En todo caso espero que haya alguien que sienta así. Pero ver, no se puede. Es decir, existe una única fuente de la que se bebe. Y esa única fuente nos acompaña en el camino. No se queda en un solo lugar, hay 42 estaciones de reposo en el desierto. El tabernáculo acompaña de un lugar a otro. En 42 lugares se levanta y es de nuevo abatido. Y esa fuente hace el mismo camino. ¿Cómo puede una fuente acompañar en el camino? Y cuando Miriam se muere, el agua de la fuente cesa de fluir. El tiempo ha dejado de existir. ¡Gran pánico! Porque se quiere tener tiempo, se quiere ver lo que sucede en el tiempo. ¡Pánico enorme, consternación! Y entonces viene de verdad aquella revuelta, y Moisés mismo retrocede y se sacrifica, para que haya de nuevo tiempo. Porque, si Moisés deja que el agua fluya, a pesar de todo, significa –es difícil de explicar, pero podría decirse así– que sabe que será a costa de su vida. Pero no tiene elección: es su vida, o la vida del mundo.
    Llegado a este peldaño dice: “¿Por qué tengo que dar mi vida? Era bueno lo que hice”. Sí, muy bueno, pero de otra forma no visible desde aquí. Aquí existe el bien y el mal. Aquí no deberías haberlo hecho y lo has hecho, a pesar de todo. Pero es absolutamente bueno, y por ello Dios le lleva al otro mundo. Es la muerte para ese principio en Moisés. Pero al mundo se le da tiempo. Se le da forma al mundo, cuerpo, vida, se le da al mundo por ese sacrificio. Esa es el agua de la que tenemos tanta necesidad. Y esa agua con grandísima alegría, se vierte en Sukot, se vierte sin más sobre la tierra. De lo que se trata es de que se deje de ver lo antiguo. Tantas cosas paganas se han acumulado. Pagano significa: ver solo el lado exterior, solo ese lado es importante. En el sentido de tú eres el rey aquí. Tú puedes decidir, pesar y medir y calcular, lo que quieres que suceda. Ahora sin embargo rige el principio llamado delí 4-30-10, “cubo o barreño” es “Acuario”. Así se llama al decimoprimer signo astrológico en el cielo, Acuario. El hombre con el barreño vertiendo el agua. El tiempo ha dejado de existir.
    Eso es Sukot. Solo en Sukot se vierte el agua, y solo en Sukot el agua es juzgada. Sucede en el bet din, en la corte de justicia. En el bet din shel má’la en el juzgado de arriba y en el betdin shel má’ta en el juzgado de abajo. Allí se juzga el agua. Porque algo ha cambiado en el tiempo. Algo está emergiendo que nunca hasta ahora ha podido entrar en la consciencia y que nunca pudo presentarse, porque el agua aún era necesaria. Pero ahora se vierte y se sabe el motivo. Por ello, Sukot es también la fecha de nacimiento de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Particularmente de Jacob porque de Jacob se dice que es el primero de los padres –¡no en el tiempo! – que vive en una suká. De él se cuenta que llega al lugar llamado Sukot: “Y Jacob partió a Sukot y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado; por tanto, llamó a aquel lugar Sukot”. (Génesis 33,17).La suká es una cabaña para el ganado, pero no para los caballos. Jacob es el primer hombre que habita allí. Y cuando muere, cuando sale de este mundo, sale también de una suká. En la Torá está escrito: “Y como Jacob acabó de dar órdenes a sus hijos, encogió sus pies en la cama…” (Génesis 49,33). Es morir en una suká. La tradición dice que eso significa que Jacob no ha muerto nunca. Si mueres en una suká, no mueres. Naturalmente que puede decirse que murió en el año tal. Y si tienes que hacer un examen, quizás tengas que apuntar el año concreto, pero no se trata de eso. De hecho, murió en el año 2255, según el conteo de la Biblia. Y a pesar de todo, la Biblia dice que Jacob no muere, porque estaba en una suká. Había nacido en ese día de Sukot.
    Es el primero que vive en una suká y también se ausenta en una suká. En una suká no hay diferencia real entre el cielo y la tierra, y de ahí, que tampoco puede morirse en ella. Quien viva en una casa firme y que no conoce la suká, tampoco se interesa por los que acontece en ella. Pero para aquel que vive en ella y conoce los hechos, para ese de verdad es así. Por ello se cuenta que, en esa grandísima fiesta del vertido del agua, también debía hacerse otra cosa: los sacerdotes toman sus vestidos viejos y los convierten en antorchas. Es su lado exterior, que ha quedado obsoleto, porque verter el agua significa también eliminar las ropas viejas. En una gran hoguera se quema todo. Las viejas ropas se queman con grandísimo júbilo. ¿Y por qué eliminar todo? El sacerdote ha recibido esas vestimentas porque en su vida tienen que ver y dominar ciertas condiciones humanas. Y el sacerdote no es esa u otra personalidad conocida que pueda servir en el Templo. Es el sacerdote que hay en ti, aunque si de verdad está o no, es otro asunto. Porque quizás lo has eliminado y el Templo en ti quedó devastado. Todo es posible. El sacerdote puede existir en cada ser humano, porque aquí existe esta simultaneidad.
    Está en el tiempo y en cada ser humano, de la misma manera que el calendario existe fuera de ti y también dentro de ti. Únicamente lo exterior, es usar una máscara, es un juego: me pongo ese vestido portentoso y camino con solemnidad, y entonces soy un sacerdote. Eso solo es teatro y pone enfermo. Pero si el sacerdote está, todo cambia. Entonces el otro lado puede expresarse también en el tiempo, pero nunca sin el sacerdote. Los sacerdotes, en la vida real, no son siempre hombres piadosos. Naturalmente que pueden serlo, no tengo nada en contra de las personas piadosas. Ante todo, son personas llenas de una gran inquietud, a las que no bastan las cosas de aquí: el estado del bienestar, el buen funcionamiento de la sociedad, autopistas nuevas, viajes de placer, progreso científico. No basta. Quieren ir a otras metas más altas. Sabrán que los hombres que acompañan a David en su huida, son personas que han cargado con grandes culpas, que las busca la policía, etc. Desde un punto de vista burgués, no son los mejores acompañantes. Ninguno de ellos podría presentar un certificado de buena conducta. David por supuesto que no. Y todos esos van con él. Son todos hombres intranquilos. En los comentarios se dice que simplemente son hombres que no pueden contentarse con que todo esté arreglado ya, vivir en una sociedad aparentemente paradisíaca.
    Por esa actitud se encuentran con dificultades y aquellos que tienen adentro un sacerdote vivo, son incómodos, intranquilos. Su vista traspasa, su visión es global y como consecuencia, reciben el vestido. Está escrito: si la deshonestidad no está en tu vida, recibes el vestido. Porque no verterás sangre, en el sentido de que no asesinarás ni siquiera atormentarás o molestarás a ninguna persona. Si tienes todo eso bajo control, es decir, si tienes el conocimiento de las medidas que determinan todo en ti y en el mundo, y que dan sentido a todo, entonces recibes el vestido. No digas que no quieres saber nada de toda esta literatura. Que no es tu asunto. Ten cuidado y sé consciente de que todo eso tiene mucho que ver contigo. Estás aquí por eso. Has sido creado a imagen de Dios y por ello, tienes que cumplir algo aquí en la tierra. Y cumpliendo, viene el vestido. Y en el momento de Sukot se recoge, se ata y se hacen antorchas que se queman. Porque el viejo vestido ha quedado obsoleto. Recibirás otro vestido nuevo, diferente. Viene entonces aquello llamado “darse la vuelta en el tiempo”. Ya no se está mirando solo a un lado, sino que se da la vuelta y se ve el otro lado. Es una vuelta completa. Sucede en cada persona, pero solo en el momento de Sukot.
    Nadie puede decir pues: Sukot no tiene nada que ver conmigo, sucedió alguna vez en el pasado; o que no está incluido en mi catequismo o que allí está escrito que haya que recordarlo solo una vez al año. Se trata de tomar consciencia de la importancia de Sukot en tu vida. Por ello existe el examen de Sukot, y el final. A todo eso se llama: Jag ha-shoevá, el momento del vertido del agua y del juicio sobre el tiempo. Y aún sucede otra cosa: la aportación de “los 70” como korbán. Los 70, la multiplicidad, es todo lo que el ojo ayin 70 ve. Los 70 pueblos, las 70 lenguas. Y las 70 unidades que son sacrificadas, son toros. El primer día 13 toros, el segundo 12, el tercero 11, el cuarto 10, el quinto 9, el sexto 8, el séptimo 7, en total 70. En Sukot, los 70 en el ser humano, se han convertido en korbán. De la misma forma que en el ciclo del tiempo, en el árbol “que hace fruto” son verdaderamente 70 congregados que regresan, cuando el korbán se entrega. Pero sé consciente de que ese método de cálculo se hará dentro de ti: trece… hasta siete. Otro aspecto de Sukot es aquello llamado arba minim 1-200-2-70 40-10-50-10-40, las cuatro especies. Es una noción bien conocida en la tradición. Los arba minim muestran algo que encontramos siempre de nuevo: un fogonazo del otro mundo, en las cosas de aquí.
    Una indicación. De la misma forma que el agua representa el tiempo aquí. La mikvé 40-100-6-5 el baño ritual, significa también sumergirse en el tiempo. Y así, un carnero es una cosa y un caballo otra. En Sukot se habla ante todo de ese toro, que es korbán (sacrificio). Les he contado ya que se toman 70 toros. En Sukot se dice con énfasis: fíjate, lo divino se expresa también en cosas del todo triviales, no hay nada sin importancia, de verdad hay algo que está detrás de todo. Pan, por ejemplo, significa la vida del cuerpo. Casi no puede creerse, pero es así. Solo la ciencia quisiera deshacerse de tales afirmaciones, porque llenan de perplejidad. Si tenemos que ocuparnos también de estas cosas, ¿dónde queda nuestro reino? ¿Dónde nuestro dominio? Todo sería muy diferente. Se requeriría una visión diferente: abrirse a otro mundo, aceptando la existencia de cosas negadas hasta ahora. Pero aquí, como lo hace el avestruz, lo que no se ve no existe. Vivir así pone enfermo. No querer ver cosas que están, de las que se sabe que están, tiene mal término. Y lo sabemos. También es así con esos arba minim. Tres de ellos están relacionados siempre, es una unidad, compuesta por tres especies. Por ejemplo, también las tres letras de la palabra amar 1-40-200, hablar, reúnen los tres elementos esh, fuego 1-300, maim, agua, 40-10-40 y rúaj, aire 200-6-8.
    Existen pues estas tres especies que ya están unidas entre sí, bajo la denominación de lulav palma 30-6-30-6. Lulav se compone, como está escrito en Levítico 23,40 de kapot tamarim, de las hojas de la palmera de dátiles, y forma unidad con las anaf ez-avot ve-arvé nájal, ramas de mirto y de sauce. Esas tres especies se atan entre sí. Luego se añade una cuarta, el pri ez hadar, el fruto de hadar, esplendor, magnificencia, es decir, el fruto de un árbol esplendoroso, hermoso. En verdad se trata del ez osé pri, del árbol que hace fruto, que se convierte en ez pri. Es el cumplimiento del tiempo, es el tiempo de recoger el fruto. En la terminología moderna, casi podríamos decir que es la cuarta dimensión que se convierte en espacio; el tiempo se ha cumplido. La cuarta rama se coge con la mano izquierda, mientras que las otras tres ramas están en la mano derecha. Y en Sukot se junta la cuarta rama con las tres restantes. Es la unificación que sucede en Sukot. De la misma forma que recibes la unificación por el hecho de vivir en la suká, que arreglas tu vida de tal forma que el cielo es una realidad constante en ti, así también debes añadir ese cuarto elemento a los tres restantes. Si quedan separados, el trabajo no está cumplido. El otro mundo y este mundo deben formar una unidad constante en ti. Por eso se dice que cada una de esas cuatro especies, es una letra del nombre del Señor 10-5-6-5. Las letras 10-5-6 las tienes en tu mano derecha y la última 5 en la izquierda.
    Por eso, en tu vida aquí, es tan tremendamente importante que estés uniendo lo uno con lo otro. Solo así, tu vida tiene sentido. Mientras que los dos mundos estén separados, se mantiene la dualidad. Y vives en unas condiciones inhumanas, en la confusión y el caos. Porque el estado auténtico del ser humano solo puede darse si los tres forman una unidad con el cuarto. También la akedá es la atadura de cuatro, como condición indispensable para la llegada de todo lo demás. En Sukot, pues, las cuatro especies son muy importantes. Significa que una ramita pequeña de sauce, no es solamente una ramita de sauce. Fíjate, en ella se expresa una letra del nombre del Señor. Hasta en lo más insignificante. También les he hablado ya de hoshana rabá, donde algo es destruido y se aleja de aquí. Se trata del mismo principio. El nombre del Señor, el nombre de Dios se concreta mediante una atadura. ¿Cuál era la fórmula? Sí, es una fórmula que murmuramos demasiadas veces, sin saber lo que quiere decir. Pero bueno, será una fórmula sin más. La fórmula es como sigue: “De la misma forma que juntamos esto de aquí, juntamos el nombre del Señor”. Se dice así textualmente. Y solo sabiéndolo, se dice: sí, ciertamente, así es. Nunca antes lo había pensado. Es que no prestamos atención. Se dicen las cosas sin saber lo que estamos soltando por la boca.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/04/04/estudios-de-tora-17/
    Elaborado por David Saportas
    51 min
  • EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 7 - Yom Kipur, la vivencia del lado opuesto
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 7
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/04/04/estudios-de-tora-16/
    Séptimo Capítulo.
    Yom Kipur, la vivencia del lado opuesto
    Los dos querubines
    La noción seir
    Un hombre del tiempo lleva al chivo expiatorio al precipicio
    El azar decide
    Asasel, pies y cuernos de macho cabrío
    La historia del rey que quiso conocer a Moisés
    Zaráat, la enfermedad del ser humano sin compás
    Por segunda vez viene la palabra al mundo, dando respuesta
    Astucia como fundamento de la existencia
    Morir en la vida – un día festivo, un día de ayuno
    Éguel, igul, el becerro dorado
    La rotura de las Tablas
    Tocar el shofar en el mes de Elul
    Creación bajo el signo de Virgo
    Hemos comenzado a hablar de Yom Kipur, del gran día de la reconciliación. Kipur 20-80-200 –reconciliación– es ponderar, pesar un lado con el otro, podríamos decir también cambiar, canjear, reemplazar. Significa que, de cada suceso, se nos muestra la parte contraria. Así, lo que antes era un disparate irreconciliable queda completamente conciliado. Cada suceso adquiere su sentido. Porque nadie puede pretender encontrar un sentido en lo que acontece aquí. Decimos que seguramente existirá, y, de hecho, lo decimos; libremente o no, es difícil de saber. Pero nadie puede pretender que al ver un platillo en la balanza sepa, lo que contiene el otro. Y tampoco es la intención que así sea, porque en este caso la creación perdería su sentido. ¿Dónde quedaría aquello que llamamos be-jinóm 2-8-50-40, “actuar por nada, gratis, sin ver”? Significa que la meta no es visible para nosotros. Todo lo que pasa tiene sentido. Que yo esté aquí, tiene su sentido. Podríamos decir que está incluido en la creación que nos hayamos reunido aquí. Pero yo no podía saberlo, solo me imagino haber tomado una serie de decisiones. En cierto momento en Ginebra decía que iría a Holanda. Ahora digo que es extraño que lo haya hecho, no debería haberlo hecho. Pero ciertas cosas nos inducen a tomar decisiones, aunque en el momento mismo no sepamos por qué las tomamos.
    Después decimos que seguramente debía de encontrarme con ciertas personas en Holanda. Antes no las conocía. A la mayoría las he conocido después de mi llegada a Holanda. Eran encuentros buenos y no tan buenos, pero he llegado a conocer a aquella gente y ellos a mí. ¿Quién puede saber las consecuencias? Nadie. Eso es kipur. Todo queda reconciliado porque se llega a conocer la parte contraria. Ahora queda claro por qué sucedió todo. Que aquel hombre resbalara y como consecuencia cayera a la cuneta rompiéndose la pierna y se intoxicara del agua en la cuneta, tiene su sentido. ¿Por qué ha sucedido? Por eso. Eso es kipur. El sentido queda revelado. Se muestra el otro lado. El lado del que ahora mismo no debemos saber nada, porque de lo contrario, ese “hacer gratis” no sería posible. Entonces inventaríamos actividades sin sentido, porque, de todas formas, todo está ya aclarado y firme. Aunque nos encantaría conocer aquello que está firme; vemos el horóscopo y miramos en bolas de cristal, intentamos explorar el futuro de muchas formas posibles y desearíamos saber algo más. Y a pesar de todo, nadie conoce el futuro. Nadie puede contar nada. Porque de alguna forma peculiar, a pesar de todo, nada está seguro para el ser humano. He dado ejemplos de lo que cuenta la Torá. Que aquello que pasó más tarde en el tiempo, puede determinar lo precedente. ¡Locura total!, dirán muchos.
    Les he contado de José, Adam Kadmón, que viene mucho más tarde y que rectifica cosas anteriores. El tiempo es una ilusión, es algo muy especial. Porque en el tiempo está jugando algo más. Por eso se dice que como ser humano, no puede saberse nada. Porque aquello que para ti aún es futuro, determina lo que sucede ahora mismo. Es puro sin sentido para nosotros, y nos preguntamos cómo puede ser posible. Todo ello muestra la gran expectación y la gran tensión ante la llegada del Yom Kipur, ese momento de la verdad. El ser humano llega al Santo Santísimo, al lugar detrás de la cortina, donde se encuentra el Arca de la Alianza. La cubierta del arca se llama kapóret 20-80-200-400, la cubierta de la reconciliación. ¿Qué debe cubrir o reconciliar la cubierta? La cubierta es algo muy especial. El día se llama igual que la cubierta. La cubierta cubre las tablas, las dos tablas de piedra del Sinaí. También en ellas está la reconciliación. ¿Por qué estas diez palabras –siempre se habla de diez mandamientos, que es incorrecto– no están escritas en una sola tabla? Sería mucho más cómodo. ¿Por qué se ha hecho así? Porque en la imagen de las dos tablas están los dos lados: un lado y el contrario. Sobre esta cubierta están los dos querubines. Keruv en hebreo 20-200-2, igual que barakh 2-200-20, bendecir. Son seres con alas. Ala es kanaf en hebreo, 20-50-80, esquina.
    También aquí hay dos frente a frente: un lado y el contrario. Se dice que estos querubines están hechos de una sola pieza de oro fino. Son como dos ángeles que se están mirando. Aquí en la tierra diríamos que el uno es el reflejo del otro. El reflejo es lo mismo que el original y, al mismo tiempo, no lo es. Es imposible convertirlo en igual al original. Todo está al revés y, a pesar de todo, es lo mismo, de la misma forma que tú te ves en el espejo al revés. De una manera muy particular eres tú mismo. Verán pues que el Yom Kipur es el día en que ese reflejo está presente, un lado y el otro. Al mirarlo se dice: sí, así es. Lo estoy reconociendo. Estamos aquí y nos hemos encontrado. Eso es kipur. Esa es la reconciliación. En general se piensa que la reconciliación sea otra cosa: has cometido errores, pero todo se te perdona y de nuevo todo está bien. Pelillos a la mar, todo está borrado. También es correcto, solo que el borrado sucede de forma totalmente diferente. No tienes que comenzar de nuevo por el principio. No se trata tanto de un borrado, se trata de recibir la respuesta, la explicación, del porqué de tus travesuras. ¡Ah! Por esa razón fuiste travieso. Reconoces ahora el sentido. Has recibido muchos golpes a cambio. También tiene su sentido. Porque aquel que te ha golpeado, fue creado para golpearte. Todo tiene su sentido. Eso es kipur.
    Recibir la respuesta a todo acontecimiento en la tierra. Por ello ahora comprenderán que es justamente en ese día cuando Moisés baja por segunda vez del monte Sinaí con las tablas. Esta vez permanecen enteras. Dirán que estas tablas están hechas del material de aquí. Es verdad, las tablas están hechas de nuestra tierra, pero arriba se pone la escritura. Las letras vienen de arriba, del otro mundo. La palabra viene únicamente de allí. El material, la forma en que se expresan estas palabras, son de aquí y suben hacia arriba. Las primeras tablas no, eran enteramente de arriba. Por eso se rompieron, el ser humano no es capaz de soportar tal cosa. En Yom Kipur aparecen pues estas tablas, que también son dobles, y que dan la respuesta. El sentido de todo acontecimiento se descubre de pleno. En Yom Kipur todo es doble, podríamos decir. Conocerán también los dos seirim, los dos machos cabríos. El país de Esaú se llama también Seir 300-70-10-200. Da la cifra conocida de 580, de la que he hablado extensamente en mi libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo. Esaú habita en Seir 580 y recibe 580 animales de Jacob. Como si Jacob le diese en lo corporal aquello que se expresa en el tiempo y en la geografía como Seir. El concepto 580 sin embargo, contiene mucho más. Es un concepto clave.
    Pero si no encuentras el ojo de la cerradura, la cosa se pone difícil. El ojo está, pero todo depende de la llave. También en el concepto del 1 y del 4, del 370, hay mucho contenido. Pero con el 580 tienes, por así decir, una llave universal. Es una noción especialmente significativa. La Torá tiene sus 5845 versículos y siempre de nuevo surge esta cifra. Cuando Dios da sus medidas, es decir, sus trece cualidades, es de nuevo esa 5800 y algo, siempre el mismo dibujo. No se trata de un juego y no es ninguna casualidad. No sería posible. Pero ¿quién ha contado todo eso? Tampoco nunca se han contado ni los átomos ni los electrones. Pero si los contáramos, tendríamos que admitir: ¡Qué milagro, que todo coincida! Y si contemplas las estrellas y los planetas dirás: ¡Qué milagro que funcione todo con tal perfección! Y sigue funcionando a las mil maravillas, aunque tú no lo reconozcas. Simplemente no estás mirando, pero sigue de igual forma. Y, por supuesto, siempre ha sido así. Solo si estás lleno de amor, miras, contemplas y aprendes. Si te falta el amor, pasas sin ver nada. Pero si tienes amor, la amada se te muestra. El Shir ha-Shirim, el Cantar de los Cantares, lo cuenta. Allí se describe la amada porque al amado le gusta contemplarla. Él la está mirando, ella le está mirando. Y se cuentan sus cosas, conversan, hablan de lo más profundo.
    Lo mismo sucede con ese 58. Es algo muy especial. Y estos dos seirim están en Yom Kipur. Se traduce como machos cabríos, o carneros. Y es correcto, se expresa así, pero aquí en la tierra es la seña de otra cosa. El carnero, además de ser importante para el labrador, es una seña importante. ¡Por fortuna está presente aquí como seña! Algunas veces, cuando se van buscando cosas substanciales, se encuentran cosas antiguas o aisladas, que no están en el orden del día. Porque un macho cabrío puede gustar o no. Pero aquí es la expresión de algo esencial, de algo que ya no tomamos en serio. Antes se decía que alguien tenía pies o cuernos de macho cabrío. Hoy suena anticuado, risible, en la frontera con la idolatría. Pero es que hemos perdido la relación con ese “otro lado”. Aunque en su interior, el ser humano sigue teniéndola. Sucede de vez en cuando, que alguien tiene una intuición como una ráfaga y comprende. Pero enseguida recoge sus antenas por el susto de haber notado algo. No es bueno buscar demasiado, porque entonces es posible que se tengan contactos mágicos. Seir es el animal, al que también se llama gedí 3-4-10.Gedí es entre otras cosas, el nombre del signo zodiacal Capricornio. Gedí tiene el valor 17, y 17 muestra siempre una fase que llega a su fin. 17 es también la palabra tov 9-6-2.
    Cada vez que Dios termina una fase en la creación, dice: “Es bueno”, tov, 17. Por ello, 17 es una unidad en el ritmo. En mi libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo he contado que las primeras diez generaciones, las primeras diez toldot 400-6-30-4-6-400, terminan en el siglo 17, exactamente en el año 1656. Y 3½ x 1656 dan 5800. Esa relación del 17 con el 58 es algo muy especial. También 3½ es una cifra muy particular. Están viendo pues que el gedí, el capricornio del 17 tiene relación con el seir del 580. El seir, o gedí, es el décimo signo zodiacal, en el fondo, el diez después. Y Yom Kipur es el décimo día después de Rosh ha-shaná, después de la creación del ser humano. Es el conteo posterior y es al mismo tiempo la dualidad: uno de los seirim va con Asasel, como está escrito. Puede leerse el relato en Levítico 16. Es llevado al desierto, se ve desde el Templo. Y en el mismo instante en que está delante del precipicio –delante del precipicio, porque existe uno solo– está con su cara desviada. Y el hombre que lo ha llevado allí, es un ish ití 1-10-300 70-400-10, un hombre del tiempo, del momento. Et 70-400, tiempo. Este hombre del tiempo lo lleva hasta el precipicio y lo empuja. En su caída, ya a medio camino como se cuenta, se desintegra en multitud de piezas. Ya es imposible reconocerlo. Queda desintegrado ya a medio camino.
    Y en ese mismo instante en que ese seir cae al abismo y se desintegra, se mata al otro seir que está dentro. Su circulación sanguínea se detiene, la sangre que corría en círculos, se recoge. Cuando corrías así en círculo, pensabas que eso era todo lo que había. Fuiste cautivo. Pero ahora, tu néfesh, tu sangre, se lleva a otro lugar. El gran sacerdote lleva la sangre del seir hasta detrás de la cortina, hasta la cubierta kapóret donde están los querubines. Lo uno y lo otro sucede al mismo tiempo. Es la respuesta en Yom Kipur: uno de los animales se desintegra en el abismo, el otro llega al Santo Santísimo. Y los dos son uno. ¿Y cuál de los dos va a un lado y cuál al otro? Queda decidido por el goral 3-200-30, la suerte. Son las mismas letras que la palabra réguel 200-3-30, pie. Recuerden los shalosh regalim, las tres veces que se sube a Yerushalaim. Pascua, Pentecostés y Sukot. Son las tres veces en el ciclo en el que cada persona se dirige hacia allí. Es decir, cada ser humano verdadero mira hacia aquel lugar y se dirige allí. Y goral es lo mismo que si decimos “vamos”. Nuestro andar es una especie de suerte. Pensamos que vamos de tal o de cual forma, pero en verdad, “somos andados”. Somos conducidos, mientras que pensamos que vamos. Y es natural que pensemos así, porque del otro lado no sabemos nada. Está oculto adentro, es nistar 50-60-400-200. También aquí un kipur.
    Lo uno va andando aquí, y lo otro, la palabra, está allá. Es lo mismo. Quién es eso y quién es aquello es un problema insoluble. El sacerdote no lo decide. Es siempre la suerte, podríamos decir. Pero se sabe que la suerte sigue la instrucción del cielo. ¿Por qué uno de los trocitos del papel de pergamino enrojece y el otro queda blanco? ¿Quién lo regula? Viene como viene; y viene así. En el Templo no hay nada que suceda según un plan. Todas las decisiones se dejan al azar. Si los urim y tumim se consultan (Génesis 28,30), es también una especie de suerte: los colores caen de tal forma o de tal otra. En nuestra imaginación, la palabra casualidad dice que nadie tiene que ver con ello, ni siquiera Dios. La tiza aquí se rompió en dos pedazos, uno cayó al suelo, el otro al lugar de allí. ¡Qué mal! pensé. A eso lo llamamos casualidad y dejamos a Dios de lado. Pero si estás en el Templo, todo está medido con precisión. Uno de los trozos debe caer exactamente aquí, y el otro allá, y ni un milímetro más lejos. No sé por qué es así, pero cuando viva mi Yom Kipur sabré por qué se rompió y por qué estuve pensando algo así y por qué cayó exactamente allí. Y así es con toda suerte, porque no hay nada que quede fuera de la perfección de la creación. En el momento en que colocas algo fuera de la creación, rompes la unidad de Dios, Su Unidad. No debes hacerlo. Por eso, en Yom Kipur hay esos dos seirim. El destino de uno está en oposición al otro. Uno llega hasta el Santo Santísimo, el otro se rompe la cerviz y muere. Y la respuesta es: uno de los dos llega al Santo Santísimo, cuando el sacerdote en el Templo ve que el otro ha sido empujado. Solo en ese momento corta la circulación sanguínea.
    En el fondo es el mismo acontecimiento. Sabe que llega a ese lugar y que cae hacia allá. ¿Quién es Asasel? Existen diferentes suposiciones. ¿Pero qué significa el nombre? La raíz del nombre es as 70-7, cabra, también fuerza. Podríamos decir, en un sentido muy amplio de la palabra, que Asasel es una fuerza aquí. La cabra, (Capricornio) es el décimo signo zodiacal. En todo es el décimo. El décimo es el último, es el fin, y todo aquello que se expresa como cabra, tiene que ver con la llegada del final. También aquí las cualidades de la cabra tienen que ver con las cualidades del final. Por eso, el ser humano a veces tiene temor y se dice que el décimo es el momento en que la fuerza explosiva en multiplicidad es grandiosa. Por eso se dice también que ese pie de cabra señala un tiempo peligroso. Si se descubre a alguien y se da cuenta de que anda sobre pies de cabra, significa que tiene a satanás dentro de sí. Porque al final es muy, muy poderoso. Al final viene el salvador y satanás está enfrente y dice: nos conocemos de tiempos anteriores. Nos hemos encontrado siempre de nuevo, y otra vez estoy aquí. Y entonces, en los dos lados hay un grandísimo espanto. No es un encuentro cordial de ¿cómo está usted? No, todo lo contrario, es un encuentro de pánico en los dos lados. Los dos ven que la dualidad existente no puede seguir; y el momento decisivo ha llegado. Ahora terminará. Es decir, hay miedo ante pies y cuernos de cabra. En ellos, se dice, reconoces al adversario. No sé cómo se reconocían estas características en la edad media y en tiempos anteriores, quizás la gente era tonta o quizás inteligente. No lo sé. Algunas veces tengo la sensación de que no eran tan locos y otras veces pienso que seguramente sí lo eran.
    Es incomprensible para mí, porque eran tiempos diferentes. Y pienso que tampoco es necesario comprender. Esos tiempos han pasado, dejémoslos en paz. Es mucho más importante reconocer los pies de cabra hoy que investigar cómo se reconocían en el siglo trece. Mejor sería aprender cómo se muestran hoy en día. Porque, quizás, estén también dentro de nosotros. Porque esa característica está dentro del ser humano. Lo terrible es que no sepamos nada de ella. Si fuese tan simple como que soy una buena persona y ahora viene de pronto ese satanás y está enfrente, y nos asustamos los dos. Fíjate, estás formulándolo de tal forma, que tú eres bueno y satanás no lo es. Nadie cree de sí mismo que sea satanás y que el otro sea bueno. No. Existe este miedo, también dentro de ti, ¿Cómo es posible que pensara algo así de ese o de aquel? ¿Cómo es posible que hiciera eso, queriendo hacer aquello? En el tiempo estamos siempre confrontados con la tentación, ante la cual retrocedemos, o no. Y siempre es un encuentro que vivimos dentro de nosotros. Y siempre hay que tener muchísimo cuidado si suponemos de otro que está poseído por un mal espíritu. Es posible, no voy a decir que no, pero ten cuidado, porque no se sabe cómo definirlo, ni dónde buscar su ubicación. Ese es Asasel, es el poder del mundo, del lado visible, fuera del Templo. El mundo, al parecer, va de mal en peor. Está hundiéndose, llega al borde mismo del abismo y un hombre del momento, ish ití le da el golpe definitivo. Es el sacrificio que se entrega a Asasel, podríamos decir. Significa, si tú te entregas al mundo, sucede eso contigo. Entonces la caída es inevitable e irreversible. Caes y en la caída te desintegras. Pero en el mismo instante, en el Templo se efectúa el kipur.
    Estamos de nuevo ante esta dualidad, de la que nunca comprenderemos nada mientras que no hayamos hecho el camino hasta el Santo Santísimo, hasta el lugar donde están las dos tablas, que en Yom Kipur bajan del cielo. Pero ya están, dirán Vds. Cierto, están, pero justamente en ese día llegan a su lugar. El décimo día, Moisés baja. Significa el ser humano verdadero, sacado del agua, el hijo, baja y las coloca allí. Y al mismo tiempo, ya están. Bajarlas y que ya estén, es lo mismo. Están. Es decir, es ese ser humano verdadero que da visibilidad a Asasel. Quizás puedan comprender ahora el relato del Midrash. Es el relato del rey que quiso saber cuál era el aspecto de Moisés. Voy a contarlo brevemente. Era una vez un rey que había oído de las grandes hazañas de Moisés: la salida de Mizraim, los milagros en el desierto, etc. Sabía que era un ser humano y el rey quiso conocer a esa persona. Mandó a un artista para que reflejara su personalidad. Un artista es un intérprete, puede ser escultor, pintor, poeta, psicólogo o medico; cualquiera que pretenda poder interpretar a otro. Ese artista visita a Moisés y vuelve con una imagen pintada de él. Es una imagen horrenda de un canalla. El rey dice que no es posible, que algo no concuerda. Envía a otro, que también estudia a Moisés durante cierto tiempo y vuelve confiado. Refleja otro malhechor.
    Finalmente van varios artistas y lentamente se va configurando una imagen completa de Moisés: un hombre débil, vividor, un burgués. Una imagen terrible, un dossier que da muy mala impresión. Y el rey siempre dice que no es posible ¿qué está pasando? Al final, él mismo va –es Yom Kipur– se acerca a Moisés y reconoce que verdaderamente, la imagen de su exterior no puede reflejar nada más que aspectos negativos. Solo si se llega a conocerle en su totalidad, se descubre el milagro que vive en el otro lado. Y el rey puede decir que ha llegado a conocerle. Son los dos lados de los que hemos hablado. Lo exterior es Asasel. Pero si tú mismo vas y te encuentres con él y llegas a conocerle, ves al Santo Santísimo. Moisés lo dijo: ¿Pensabas que era tan fácil? También Asasel es parte de mí, son los dos lados que tengo. Quizás no siempre se demuestre, porque alguien que no me conoce piensa: eso lo hace mal y aquello también, etc., porque se ha hecho una imagen de mí. Y toda imagen, ya sea dibujada, escrita o grabada, cada análisis lleva a la misma conclusión de que no concuerda con la esencia. Solo busca su propia ventaja, quiere mandar a toda costa, es un tirano, ha dejado a su mujer en la estacada. De todo ello se puede acusar a Moisés. Pero entonces es de nuevo Yom Kipur. Yom Kipur juega un papel importante en la vida de Moisés. Llega el día cuadragésimo, el día de la decisión.
    Y llega con esas dos tablas, con un lado y el lado contrario. Viene en Yom Kipur, en el día en que los dos lados son visibles. El rey había recibido de sus artistas, de sus informadores, de sus órganos sensoriales, un solo lado. Pero ahora ha podido conocer al otro lado, por sí mismo. Por esa razón se dice, si quieres conocer a algo o alguien, hazlo siempre por ti mismo. Otro no puede instruirte. Puede ayudar, pero nunca puede ni debe decidir por ti, cuando se trata de evaluar lo más valioso de un ser humano. No puede ser. Algo así tiene consecuencias terribles. El sacerdote no mata al animal, al korbán, ni corta su circulación sanguínea. Aquel que lleva el animal, debe hacerlo por sí mismo. El sacerdote puede mostrar cómo hacerlo, pero el otro debe hacerlo por sí mismo. De la misma forma que nadie puede decir voy a aprender la Torá por ti. Tú puedes quedarte en casa tranquilamente y seguir ganando dinero. No. Debes hacerlo por ti mismo. Lo más que puedo decir es que intentaré instruirte. Pero tú mismo debes aprender e integrar, porque tienes el mismo valor que yo. No hay diferencia entre un ser humano y otro, aunque parezca haber tantos. No hay diferencia, porque cada ser humano es todo un mundo. Lo único que se puede transmitir y el único bien que se puede hacer a otro, es decirle “hazlo tú mismo, por favor”. Nadie puede hacerlo por ti, sería puro paganismo. Y no me refiero al paganismo de los tiempos del oráculo de Delfos, etc.; no, se trata del paganismo que sigue viviendo en cada persona: yo hago solo eso y tú, solo aquello.
    Es decir, la tan querida especialización. Todo lo contrario, cada persona tiene el deber de conocer todas las setenta lenguas y las setenta ciencias. No pienses que tú no podrás, porque entonces has dejado de ser un ser humano, te destruyes como tal. Que puedas oír significa que tú debes recorrer ese camino también. Cuando hayas oído, debes actuar. El sacerdote es un levita. Leví significa “acompañar”. Él solo acompaña. Por ello no existe ninguna jerarquía en el sentido de que alguien valga más que otro. Es diferente, quizás muy diferente. Pero no vale ni más ni menos. En ningún pueblo, raza, casta o como quieras llamarlo, nunca puedes hacer ninguna separación. Cada persona tiene pulmones, un hígado, un corazón, riñones, un cerebro etc., y tampoco se puede vivir sin el intestino o sin la piel. Todo tiene su razón de ser, todo tiene su función. Todo debe estar. Y solo si todo está, el ser humano es tamim, completo, entero. Y solo el ser humano entero puede entrar en el Templo. Es aquel que sabe que toda persona del mundo es igual, ya sea un papúa, un negro, un esquimal o el presidente de los EEUU. Son diferentes, cierto.
    Es la multiplicidad de los acontecimientos, de la creación. Hay personas grandes, pequeñas, con ojos azules o negros. Todos somos diferentes, pero todo tiene su sentido y juntos formamos un conjunto que es el ser humano. Ese pues, es el principio de Yom Kipur. La dualidad y la certeza de que cada ser humano posee también a su lado Asasel. Está dentro, pero no necesariamente debe expresarse en actos propios de Asasel. Todo lo contrario. Debes saber que Asasel está, pero teniendo cuidado de no realizar sus actos. De la misma forma que no vas a cruzar la calle en medio de un intenso tráfico. Puedes hacerlo y aceptar las consecuencias, pero también, puedes tener cuidado. Tampoco es necesario que comas setas venenosas, solo porque tienen un color tan hermoso. Sabes lo que puede pasar. Cada ser humano tiene dentro de sí una especie de compás que le dice cómo debe comportarse. De la misma forma que sabe que no debe robar. Y bajo cualquier gobierno y en todo tiempo sabe que se trata de algo más profundo que lo puramente social. Aunque puede decir que no está permitido, porque en otro caso la sociedad dejaría de funcionar. Pero en el fondo sabe que hay más. Por ejemplo, yo robo algo a alguien. Pero esa persona tiene mucho apego al objeto robado, y lo que está en juego es mucho más que el derecho de propiedad.
    La persona siente y sabe que no está bien. Y por ello lo hace en secreto, para no ser visto. Siente vergüenza. Y cuando el ser humano siente esa vergüenza, y actúa según esa vergüenza, las cosas siguen estando bien. Pero si la desvergüenza se instala –no me importa porque me causa placer, y la única medida es mi disfrute– sucede que otras cosas también hacen su aparición. No hay excusa en el sentido de que es que vivimos en el tiempo del disfrute, etc. No. Sobre este punto no hay discusión. No es posible, es una falta contra el ser humano. Por fortuna, siguen existiendo personas que se avergüenzan. Quizás ya no muchas, pero siempre habrá quienes sientan así. Es el lado en todo ser humano, que dice: “Naturalmente tendré cuidado de no hacerlo”.*El glotón come y come y come, hasta que muere. Sabe bien que puede permitirse mucho, ir muy lejos en el disfrute, pero que llegado a cierto punto debe parar, para no explotar. Seguro que prefiere detenerse. Es el compás de dentro lo que le habla así. Y así es con todo en la vida. Sabemos también que, en ciertos casos, existen situaciones límites. Se actúa, pero se siente que no está bien. No se puede de otra forma, de ahí el remordimiento.
    Pero también puede convertirse en una pregunta sobre el derecho al disfrute, a la posesión o a lo que sea. Ese derecho nos hace enfermar. Esta pretensión al derecho convierte a nuestro mundo en neurótico, anormal, casi irreconocible. Se trata de zaráat 90-200-70-400, lepra. Es la enfermedad que se muestra cuando se ha perdido el compás y se van buscando cosas que no pertenecen al ser humano. Zaráat, la lepra, es muy contagiosa. Sin embargo, no se trata de la enfermedad que conocemos bajo la denominación “lepra” de la piel. La enfermedad de la que hablamos, es mucho más contagiosa. La gripe A, B o G, dolores aquí y allá, cálculo renal, cálculo biliar, todo el mundo tiene algo, así de contagiosa es. No se sabe cómo se produce, pero se sabe que traspasa los muros. Toda persona que tenga el equivalente de zaráat dentro de sí, enferma. Quien no lo tiene, no. Pero quien lo tenga, es golpeado en todo caso. Es por eso que se dice que el leproso no puede permanecer en la comunidad. Repetimos que no significa que toda persona que tenga tal o cual forma de lepra en la piel, tenga que ser expulsada. No. La lepra en la piel es solo una forma de esta enfermedad y, de hecho, es solo una traducción equivocada. Es una traducción que ha surgido por el transcurso del tiempo. Pero dejémoslo así.
    Con zaráat se expresa algo en el cuerpo del ser humano, que solo puede surgir porque no vive como verdadero ser humano. Si dice “tengo el derecho, y debo y quiero tener aquel objeto, porque aquel otro lo tiene también”, va directo a la enfermedad, a zaráat. Y el sacerdote es el único que puede constatarla. No sana, solo la comunica. Y entonces la persona enferma debe aportar un korbán, es decir, debe llegar a Dios. Así la salud quedará restablecida. Hoy en día se dispensan tranquilizantes y otras clases de píldoras. Es el método moderno de maquillar a zaráat. Por supuesto que es una especie de autodefensa y lo entiendo muy bien. El ser humano lo toma, para no ser arrollado o aplastado por la masa que se abalanza sobre él. Pero no es la salud ni el camino hacia la salud. Solo sanará mediante el korbán. Y es el sacerdote quien se lo comunica. Así pasa con el ser humano que pierde su compás. Y a pesar de todo, tiene la palabra desde siempre dentro de sí. Esa es la grandiosidad, que algo así le ha sido confiado, para que lo tenga y se lo lleve consigo. En nuestros tiempos modernos diríamos que lo tiene en el horóscopo, pero no puede expresarlo. Debería haber sido así o de tal otra forma, pero es diferente. Debería haber ido de viaje, pero no va. Te darás cuenta de que existe otra cosa también en el ser humano. Te darás cuenta si vas y conoces a ese ser humano por ti mismo.
    Por eso también se dice que nunca puedes emitir un juicio sobre un amigo o enemigo antes de conocerle a fondo. Pero nos negamos a conocernos, ante todo, para no ser molestados. Si te das cuenta de que el otro tiene problemas, dices: “Ante todo, no me cuentes nada. Ha sido una velada tan agradable y ahora vienes con eso. ¡Tantas dificultades! Prefiero no saber nada”. Nadie quiere meterse en dificultades y así, todo queda en una imagen artificial, exterior. ¿Se quiere conocer a alguien verdaderamente? Hay un cuento jasídico, contado por Buber, referente a dos campesinos rusos. El uno le pregunta al otro: ¿Iván, me quieres? Responde el otro: Naturalmente, soy tu amigo. ¿Me quieres de verdad? Por supuesto. ¿Qué necesito? ¿Cómo quieres que lo sepa? Entonces no me quieres.
    Es un relato muy profundo. Si quieres a alguien, sabes lo que le falta sin necesidad de que te cuente muchas cosas. Es la misma historia que la de Kipur. Se trata de conocer el otro lado. El lado exterior se presenta por sí mismo, es el lado agradable, social. Pero ¿quién quiere conocer el otro lado? Yom Kipur pues, es algo muy especial. Se piensa en general que es un día de ayuno y la sinagoga portuguesa está abierta para el turismo, se puede escuchar el kol nidréi en gramófono, etc. Es decir, un placer emocional. Pero Yom Kipur es la penetración al núcleo, con un amor muy grande, y es la contemplación de un lado y del otro. Uno de los machos cabríos va con Asasel, irrevocablemente, y el otro al Santo Santísimo. Y el sentido de Asasel se muestra en la cubierta, la kapóret, donde la dualidad se refleja. Había visto solo un lado del acontecimiento, pero ahora se me muestra el otro lado. Solo ahora veo la verdad completa. Por eso se dice que el ser humano se sostiene sobre dos piernas, porque existen dos fundamentos: el bien y el mal, el hombre y la mujer, la justicia y la injusticia, derecha e izquierda. Debe ser así. Los ángeles tienen también dos piernas, pero sus talones se tocan. Están fundidos en una unidad. Esa es la característica del ángel. La misma posición se adopta en el Santo Santísimo. Allí solo se puede estar si los dos pies se tocan, porque allí la dualidad es unidad.
    De la misma manera que las dos tablas están relacionadas. Aquí, alguien puede ir en una dirección y otro, en la contraria. Pero allí es diferente. Cada ser humano va tres veces al día y también tres veces al año al Santo Santísimo. No significa que debas esperar hasta que regreses, sino que esas tres veces constituyen una unidad. Quiere decir que en cada día hay unidad en el ser humano, una totalidad, por la cual está también en cada momento en el Santo Santísimo. No digas pues: voy a esperar hasta que venga un día santo, entonces podré concentrarme. Entonces comenzaré con mi meditación y así, finalmente, también llegaré a ese lugar. No, no es así. No te pierdas en tales simplificaciones. El que dice que este lugar es santo, y este momento es santo, tiene un bamá 2-40-5, un altar en las alturas y acaba de hacerse un nuevo dios. Porque si ese lugar es santo, otro lugar no lo es. ¿Y por qué un lugar debiera de ser menos santo que otro? Todos forman parte de la creación. ¿Y por qué este momento es más importante que otro? “Es que ahora toca trabajar y cuando tenga tiempo, leeré un buen libro”. Con ello rechazas buena parte de la creación. “Entonces dejaré de trabajar”. No, tienes que trabajar, pero une tu trabajo con el Santo Santísimo. ¡Haz que las dos partes sean una unidad!
    Kipur es la reconciliación de los opuestos, es la respuesta. Es la penetración hacia el fundamento, en el Santo Santísimo. Es el momento en que las segundas tablas llegan a este mundo. Es un día grande y decisivo, porque la palabra vuelve a este mundo. Y la llegada de la palabra es la reconciliación, porque la palabra contiene la respuesta. Son las diez palabras en las dos tablas. Como quizás sabrán, las “diez palabras” tienen, en total, 172 palabras. Pero se las llama las diez palabras, de la misma forma que en la teología se habla de los diez mandamientos. No son mandamientos. La palabra hebrea con el valor 172 es ékev 70-100-2, “en caso de que”, o también, “alternativa”. Siempre esa oposición: Si…, en caso de que hicieras… Ékev es también la raíz de la palabra Jacob 10-70-100-2. De él se cuenta que, al nacer, se sujetó en la ékev, el talón, de Esaú. El talón del ser humano es esa alternativa, porque, de hecho, está sobre él de pie. Es el punto donde toca la tierra en su verticalidad. Es el punto de la alternativa, porque aquí estás unido con la tierra. Ékev tiene que ver también con la astucia. No como lo pensamos, en un sentido completamente distinto. Y la astucia, de hecho, existe desde la creación del ser humano. El ser humano aquí en la tierra es astuto, porque viene bajo la apariencia de un animal.
    Solo así puede existir. Si viniera a la tierra como neshamá, como alma pura, no podría sobrevivir ni un segundo. Es lo mismo que la envoltura del grano de trigo. El grano está envuelto y así puede crecer. Con el ser humano es igual. Por así decir, es por la astucia divina por lo que lo otro puede existir aquí de verdad, en el rincón más alejado, en un lugar donde nos parecería que es imposible, que aquí no, en esta esquina no, en esta hierbecilla que está siendo pisada en este momento, no. Pero esa justamente es la casualidad; justamente un conejo acaba de pasar por encima. También allí está, de hecho, está en toda cosa. ¿Cómo es posible que Dios se exprese en todo, que esté presente en todo y en todo lugar, en todo tiempo y en todo espacio? Es ékev y es también la consecuencia de ese condicional: “si…”, o “en caso de que…”.Como he descrito en mi libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo, las diez palabras se componen exactamente de 620 letras. Constituyen la noción kéter 20-400-200, el primer punto de los sefirot, la sefirá más alta, aquella que no cuenta. De kéter se origina la palabra “Krone” en alemán, que es ‘corona’ en español. Quizás también la palabra “Cesar” o “Kaiser”, emperador. Se asemejan, ciertamente. Porque aquí, con ese ékev, con esas diez palabras, la corona baja a nuestro mundo. Es la respuesta, es la reconciliación.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/04/04/estudios-de-tora-16/
    Elaborado por David Saportas
    56 min
  • Estudios de Torá 15 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 6 - La realidad del final de los días
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 6
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/01/08/estudios-de-tora-15/
    Sexto Capítulo.
    Dominar al toro.
    El tentador en el camino hacia Moriá.
    Áyil ajar, el carnero como sorpresa inesperada.
    El shofar despierta el mundo.
    Nacimiento de Faraón, la creación en el desarrollo.
    La unidad de cabeza y mano, los tefilín.
    Escritura y palabra, el milagro que viene del negro.
    Los pueblos se unen para luchar contra Yerushalaim.
    La realidad del final de los días.
    El cuerpo eterno, la vida y el mundo en el Santísimo.
    El día del gran sacerdote, kohén gadol.
    Del pecado, en la imagen del asesinato de Guedaliá.
    Del sentido del azar y de las ciudades de refugio.
    Hemos hablado ya de Rosh ha-shaná, el 1 de Tishri, comienzo del año. Dije que es el día en que José sale de la cárcel. Quiero darles ahora algunos aspectos adicionales, esperando y confiando que ustedes mismos puedan hacer el puente entre ellos, de modo que no sea una comunicación vacía de eventos, sino que se convierta en algo muy vivo. Por ejemplo, existe una costumbre, cuyo significado deberíamos descubrir. Se dice, que el ser humano, en ese día, come la cabeza del cordero. Sabrán que el momento de la creación cae bajo el signo de shor “toro o buey”. También es la letra álef. El toro juega un papel muy importante en toda la historia, porque de hecho es el signo bajo el cual el mundo aparece. Esta aparición en el signo de Tauro dice que aquello que es el toro, es decir, uno de los cuatro fundamentos de los elementos del trono, es la manera en que el mundo se presenta. También la idea del toro que cornea juega un papel en la Biblia. Allí se dice que su dueño es responsable de los estragos que causa por sus escapadas. Debe ser dominado. Bajo la denominación del “toro corneando”, caen todas las catástrofes naturales, también las catástrofes en el ámbito personal. Alguien que no se domina a sí mismo, es alguien que no domina a su toro. Como ser humano debe asumir la responsabilidad de dominarlo. El ser humano aparece en el punto culminante de su desarrollo. Recibe el mundo como regalo: tómalo, así es. Y puede decirse que es responsabilidad del ser humano llegar al mundo como salvador, dar la vuelta a todo el asunto y devolverlo a casa.
    No para que diga: “lo he recibido, estupendo, ¿cómo puedo disfrutarlo?” Porque cada paso en esta dirección significa que tu toro se escapa. No hay posible concesión en este punto. “Sí, pero es normal que escape, le pasa a todo el mundo”. Entonces soy yo el único que no participa de esta normalidad. Significa que para el ser humano no hay otro camino que el regreso a casa, dar la vuelta de inmediato. Solo por este motivo viene al mundo. Y es un gran riesgo y una aventura importante, ese encargo del ser humano, porque no tiene por qué regresar. A este respecto, tiene completa libertad y responsabilidad. Todo está decidido de antemano, salvo su comportamiento en este punto. Cómo esta libertad y responsabilidad se concretarán en los acontecimientos sucesivos es un misterio, de momento. Porque por un lado existe una curiosa relación entre los sucesos y su comportamiento, mientras que por otro lado debemos decir: los sucesos están asegurados desde siempre. Es algo imposible de deshacer. Es inútil intentar deshacerlo mediante el camino de la causalidad, porque irá mal. Es un cálculo equivocado, un callejón sin salida. Quizás se acordarán de una conversación entre el lado masculino y el femenino de Dios. ¿No queremos que venga el ser humano?
    Vendrá, pero es una aventura espantosa, y un gran pánico se instala hasta en las regiones más altas. No es que Dios diga: “Conozco el juego y todo el desarrollo bastante bien, mientras que el ser humano lo desconoce. Ciertamente en primer lugar protestará, pero al final regresará a casa sano y salvo”. Nosotros podríamos acaso sacar estas conclusiones causales, pero no es así. Es un momento de la mayor oscuridad y de intensa desesperación. En el Nuevo Testamento se expresa en ese momento de total abandono: Todo ha desaparecido, ¿cómo podré seguir? Nada ya concuerda. Si concordara podríamos decir: “Las cosas van mal en el mundo, pero en el fondo es mejor”. Pero entonces por qué la pregunta ¿por qué me has abandonado? Sería un juego, una obra de teatro, para tomarse una taza de té después. Pero no es así. Es un drama que se desarrolla hasta sus últimas consecuencias, involucrando al creador. El ser humano recorre su camino y el mundo se pierde, solo queda destruirlo. Siempre estamos ante esta dualidad, que no tiene denominador común, es decir, la destrucción del mundo, y a pesar de ello saber que regresará a casa. ¿Cómo se sostiene eso? Si el mundo finalmente llega a casa ¿por qué entonces este miedo? Porque el miedo, de hecho, está. Y el regreso a casa es algo que está tan lejos que dirás “He oído algo, pero no lo vivo, no es para mí. Tengo miedo al futuro y no estoy tan seguro como aparento”.
    La famosa dualidad en el ser humano. Y esta aventura –si puedo llamarlo así– es la expresión del comienzo; del comienzo de ese toro que cornea y causa estragos, que puede llegar a matar. Si el toro se escapa eres responsable. No puedes decir que no lo sabías. Una vez quizás, pero no habrá segunda vez. En esta segunda y decisiva fase sabes perfectamente que eres capaz de dominarlo. Y que debes dominarlo, que ese es el sentido de todo. Si dices que no importa cómo vivas, que puedes hacer lo que se te antoje mientras que mantengas tu discernimiento, entonces estarás cometiendo uno de los mayores crímenes del pensamiento. Es falso creer que se pueda vivir con teorías y opiniones. Decir “comprendo bastante bien, pero el mundo me es muy necesario. No puedo vivir de otra forma”, es uno de los mayores pecados de la idolatría. Conlleva el peligro de que se busquen excusas: por ese motivo o ese otro, puedo hacer lo que me apetezca. Y se suele citar un versículo o un capítulo que lo permiten, obviando todos los demás que lo prohíben. Se olvida que se trata de un gran conjunto y no de una cuestión de poder o no poder. La Biblia no es un libro de recetas que enumera lo que se puede o no se puede hacer. La Biblia dice cómo están las cosas. Pero nos gusta dar citas, asegurando: “Tengo libertad y puedo hacerlo todo”.
    Sí, es cierto, pero aceptando las consecuencias que traigan tus actos. Pero el ser humano siempre busca excusas para escapar, pretextos tontos, porque sabe perfectamente que está arrinconando u olvidando algo. En su interior sabe si no obra bien. Independientemente de toda opinión o revelación, lo sabe. Cada ser humano, ahora mismo –hoy– está ante el panorama siguiente: vivo en un mundo que se está moviendo con una velocidad tremenda. Pero he llegado a un punto en que debo mirar –contra corriente, por así decir– al otro lado, para devolver todo a casa, cambiando de dirección. Es un viraje brusco. Y debo hacer este viraje de inmediato, sin demora, hoy y no mañana. Porque cada día se sucede la creación. No hay “mañana”; es una excusa nada más, un pretexto. Pero decimos: “No tengo tiempo hoy, tengo que hacer otras cosas urgentes, mañana lo haré”. Ese pues es el aspecto del shor, de ese toro. Frente a este panorama está esta otra noción, que existe desde antes de la creación, es decir, la noción del cordero, del cordero masculino, del talé. La palabra talé 9-30-5, indica de hecho una especie de sorpresa inesperada, que pone el secreto más cerca. No es necesario que comprendamos todo; aquí, por así decir, entra otro programa.
    Es la historia del áyil 1-10-30, también “carnero”, que juega un papel también en el caso de la akedá, de la atadura de Isaac. En ese relato se habla del camino que Abraham hace con su hijo Isaac, es decir, con su futuro; y que aparentemente está en flagrante contradicción con la promesa de Dios, de que ese hijo heredará el mundo, es decir, que vivirá aquí en el futuro, para siempre. Abraham dice: “No parecen ser verdad las palabras de Dios, porque he experimentado en la vida que todo envejece y al final se muere”. ¿Dónde pues queda la promesa? Es pura contradicción. Dios dice: “No tengas miedo del futuro. Todo irá bien. Te prometo que poseerás este mundo de aquí eternamente. No puede desaparecer y, de hecho, no lo hará”. Y, sin embargo, Abraham ve que está caminando hacia la muerte. La tradición dice que satanás, en su camino hacia Moriá 40-200-10-5, tiene una conversación con él. Porque Dios dice: “Vete. Solo hay que ir, ya comprenderás. Todo el mundo comprende al final”. Y satanás obstaculiza el camino de Isaac diciendo: “Yo no iría, porque algo no concuerda. No tiene lógica. Es esto o aquello, las dos cosas a la vez no son posibles. Es imposible morir y, al mismo tiempo, vivir eternamente. Tú mismo ves que no puede ser”. En todo lugar donde satanás aparece, señala pruebas según la percepción sensorial. La prueba auténtica ha desaparecido. Si esperas cien años, las personas de hoy habrán desaparecido. Y aquellas de hace cien años, están olvidadas.
    No se sabe ya ni sus nombres. Todo desaparece y mientras vives, te haces cada vez más consciente de esta verdad. Y satanás dice: “Tú mismo ves que el futuro no es posible. Por tanto, disfruta de esta vida. Disfruta de lo que está a tu alcance. No sigas el camino que has emprendido”. La historia sigue contando que satanás, al ver que todos sus argumentos no dan resultado, interviene con varios golpes de mano para evitar que Isaac siga. Cierra el camino, lo bloquea, lo desvía. Y si llega a cierto punto en el monte Moriá 40-6-200-10-5, la palabra Moriá tiene que ver con horá 5-6-200-5, que significa “enseñar, instruir” y también con Torá 400-6-200-5, es decir, cuando llega al punto de la instrucción, del conocimiento de Dios– la desesperación y el pánico alcanzan su punto culminante. Porque no hay salida. Satanás sabe de verdad cómo dar muerte. Mata a Isaac, al hijo prometido, porque debe morir. Y ahora la cosa se pone difícil. La tradición dice por un lado que ya estaba muerto, pero que revivió. Otro dice que solo desde la tierra parecía que estaba muerto, pero allí en lo alto de la montaña no estaba muerto. Para la tierra está muerto desde el instante en que se despiden de los nearim 50-70-200-10-40, de los “jóvenes” (Ismael y Eliezer), y que siguen solos. En este momento se bajan del burro y se despiden. Significa la muerte en esta tierra. Dicen que regresarán, como se suele decir tan a menudo. Y ninguno de los dos nearim puede creerlo.
    No se trata de dos jóvenes, en el sentido de juventud. Náar significa “despierto”. En esta despedida pues, para la tierra, está muerto. Y el relato sigue. En primer lugar, parece que sigue habiendo vida, pero la situación es desesperada, hasta que llega el momento de la verdadera muerte. Si es de verdad o no, en todo caso se cuenta que Isaac ha estado tres años en el paraíso, en el gan be-eden. Significa ciertamente que se ha alejado de este mundo. Y luego, en el momento decisivo, cuando según las leyes de la lógica nada parece ya concordar –¿no está dicho que vivirá, y yo veo que muere? – entonces de pronto aparece ese áyil, ese carnero, ese cordero masculino. Está de pronto detrás de Abraham. Sin haberlo visto antes. Áyil ajar está escrito en Génesis 22,13 (el carnero detrás de él). El carnero estaba detrás, no lo había visto porque había mirado al otro lado, pero todo el tiempo había estado allí. No era consciente del hecho de que detrás de él estaba ese áyil. La realidad dice que está antes del shor, de Tauro. Se trata de “Aries”, el primer signo del zodíaco, anterior a Tauro. Abraham no sabía que detrás de él estaba ese áyil, que precede al shor, a Tauro. Se trata de Aries, el primer signo zodiacal, anterior a Tauro. Ese es el motivo por el cual todo cambia y da un giro radical.
    ¿Por qué regresa el camino, de Tauro a Aries y luego a Piscis, Acuario, ¿etc.? Lo lógico sería que siguiese desde Tauro a Géminis. Sin embargo, regresa, porque el cordero está detrás. Está dicho expresamente, que está detrás de él. Ese cordero es, de hecho, la sorpresa que el ser humano necesitaría tener presente constantemente. El mundo del toro es solo comprensible si se conoce al cordero. Y, por tanto, en el año nuevo se come de ese cordero. No en el sentido “con cuchillo y tenedor”. No, así no. Se trata más bien del hecho de que, en ese día, el cordero viene al ser humano para ser integrado. Es un encuentro. “Comer” significa integrar, unir. El ser humano se da cuenta de que la vida solo es comprensible con ese cordero. Es como una contraposición: el toro a la izquierda, el segundo signo zodiacal y áyil, Aries, a la derecha, el primer signo zodiacal. Por ese motivo existe la costumbre de comer la cabeza del cordero. No la cabeza del toro, sino la del cordero. En la cabeza del cordero está también el origen de la costumbre de tocar el shofar. El mundo se despierta mediante el shofar, el cuerno del carnero. También el ser humano se despierta por el shofar. Se trata de esa otra fuerza que se presenta. Si se la conoce, todo es natural. Se come, se integra la cabeza de cordero, en el recuerdo a la atadura de Isaac. Ahora comprenderán. Pero si se lee sin más, es lógico preguntar qué tiene que ver lo uno con lo otro.
    Todo en este instante, y por así decir, cae en su sitio. Por eso les he presentado al año nuevo de esa manera, con respecto al mes de Nisán. Existen dos días de año nuevo, aquí y allá. De nuevo nos topamos con esa contraposición: Nisán y Tishri. También en Nisán viene el cordero, pero aquí en el mes de Tishri comienza otra cosa diferente. Aquí podríamos decir que comienza Libra. Vemos que existe aquí una consciencia de que esa oposición en realidad no es tan grande. Se dice que puede integrarse con suma facilidad, solo si se conoce a ese cordero y si se sabe integrarlo. Se añade entonces un dicho: “Que me sea permitido estar en la cabeza y no en la cola”. ¿Qué significa? Como acabo de decir: Se te coloca en este instante en el preciso lugar del que de ti se espera que regreses. La cola es siempre lo último en el desarrollo, del mismo modo que podemos decir que nos encontramos en la cola de la evolución. Somos el resultado final de todas las cosas que en algún momento han comenzado. Pero de hecho comienza contigo ahora. Tú eres la cabeza del cordero. Y tú cambias todo. No digas: Estoy aquí al final de todos esos miles de millones de años, consecuencia de alguna explosión en el universo, etc. No sé cómo puede probarse tal cosa, pero científicamente parece ser verdad. No. Aquí se trata de una condición enteramente diferente y tú eres la cabeza. Contigo todo da un giro radical.
    Por eso, se trata del gran día de la decisión. La creación es la decisión, y así en cada instante sucede de nuevo esa decisión, porque en cada momento, cada día, la creación se renueva. Entonces también comprenderás porque está escrito: Bet din shel má-lá, el tribunal de arriba, es sometido al bet din shel má-ta, al tribunal de abajo. Bet din significa “tribunal”, la casa del juicio, del equilibrio, donde hay lucha porque hay dualidad. Y del bet din se espera que dé una respuesta, un sentido a la lucha. Cuando se pide a Moisés que imparta justicia –en el relato de Yetro, poco antes de llegar al monte Sinaí– no es que esté ocupado durante todo el día con impartirla, y que deba ser juez en el juzgado municipal y en la audiencia provincial, es decir, en todas las instancias. Tendría demasiado trabajo, si tuviera que atender a todas las riñas de esas 600.000 personas, y, además, ¡él solo! He intentado ya en otra ocasión decirles lo que siempre se dice sobre este relato, es decir, que soluciona todo lo que para el mundo es un problema o un litigio. Por ejemplo, que a los buenos les vaya mal y a los malos bien, o viceversa. ¿Por qué un niño vive solo seis horas, y otros viven cien años? ¿Por qué lo uno y no lo otro? Y también las riñas entre la gente. ¿Por qué se roba? ¿Por qué se mata? Hay gran número de litigios y todos llegan a Moisés. Y lo que Yetro hace es establecer un orden, en el sentido de 1 – 4.
    Es una relación fundamental. Constituye cuatro instancias, es decir, crea los “cuatro mundos” y dice: “Fijaos, todo debe pasar por esas cuatro fases, esos cuatro mundos son los mil, los cien, los cincuenta y los diez. Y solo si ha pasado estos cuatro mundos, puede llegar a la unidad. Lo que queda llega a Moisés, que es el tribunal más alto. Y del tribunal superior se dice simplemente, que en realidad espera lo que haga el tribunal de abajo. Depende, por así decir, del tribunal de abajo. No en el sentido de que Dios se oriente en la manera de actuar de la persona. Naturalmente también, porque la vida del ser humano no es un juego. Es algo muy serio, y lo sabe. Sabe también que se le espera y que se le está mirando. Significa que en este día –y solo en este día, el día del giro radical– el salvador viene a la tierra bajo la apariencia de un ser humano. Y entonces se dice: ahora todo depende de ti. ¿Podrás devolverlo todo, lo harás o no? ¿Es tu bet din de tal forma que todo se puede devolver? ¿Das una respuesta o dices “Deja las cosas estar? Ya juzgaré según mis conocimientos del futuro, o según la sensación de mi estómago, y veré como va todo”. Lo tremendo es que el ser humano olvida que tiene tal importancia, que, de hecho, se le está esperando. Pensar que al mundo le irá bastante bien de todos modos, es negar el milagro de la creación, del principio primordial hasta hoy.
    ¿Para qué estás entonces? ¿Y por qué piensas de ti mismo que eres importante? ¿Para qué? Eres importante solo para este único fin. Es el punto decisivo de la creación. Por eso digo que el 1 de Tishri es el signo de Libra, mosnaim en hebreo. La dualidad de la balanza entra en acción. ¡Imparte justicia, da respuesta a esta contradicción! Quisiera escuchar que lo digas. No se te ha colocado en este mundo, en esta dualidad para que digas: “No me interesa, todo irá solo, no tiene importancia para mí”. ¿Para qué entonces se te ha colocado aquí? ¿Por qué ves flores, montañas, animales? ¿Seres humanos amables y otros malos? ¿Alegres y amargados? ¿Por qué ves todo eso? ¿Por qué se te ha colocado en medio? ¿Solo para que eches una mirada breve y que luego olvides todo? No. En todo momento se te espera. Eso es lo que quiere decir esta historia. Y por ello es tan importante respecto a todas las cosas. Otra faceta. El 1 de Tishri termina la esclavitud avdut 70-2-4-6-400, en Egipto. Del todo lógico, dirán –espero que lo puedan decir con propiedad– porque la esclavitud existe en Egipto mientras que el salvador no ha llegado, mientras que el ser humano no ha llegado al mundo. En el momento que llega, termina. En ese momento, verdaderamente termina. Eso quiere decir “La creación del ser humano”.
    Tan pronto como el ser humano llega, toda actividad que produce esclavitud y que se endurece por momentos, termina. Aunque también puede gustar, porque está escrito que mucha gente disfruta de la esclavitud de Egipto. No está tan mal. Y solo aquellos que gimen reciben allí la señal tav, pero en realidad se trata de una pequeña minoría. La mayoría encuentra que el mundo va de maravilla. Televisión en color, deporte de invierno y de verano y pronto también de primavera y de otoño, etc. Gran diversión y gran disfrute con este mundo. Pero todo eso se acaba cuando nace el ser humano el 1 de Tishri. Por eso, Adam nace el 1 de Tishri. Todo da un giro radical y de hecho entramos en un mundo nuevo. Comprenderán que ahora se establece otra lógica. Podría replicarse: ¿Y dónde encuentro en la Biblia la fecha de la liberación de José? No hay fecha. Lo único que se cuenta es el cumpleaños de Faraón. ¿Y cuándo es el cumpleaños de Faraón? ¿Y de cuál de los Faraones? El Faraón es la creación en su desarrollo. En este momento se produce la dualidad, porque Faraón ve una oposición. Ve siete vacas gordas y siete vacas flacas, y las flacas se comen a las gordas y permanecen flacas ¡cómo puede ser, nada concuerda ya! La vida entra en el mundo y despliega su poderío. Luego viene la muerte y de la vida no queda nada, y poco después incluso eso queda en el olvido. A veces se dice:
    “Sí, cierto, aquella persona ha vivido alguna vez, me alegro de que lo digas, lo había olvidado”. Todo lo de aquella persona ha desaparecido y solo ella sabe lo que ha experimentado, nadie más tiene interés en saberlo. Ha desaparecido sin más. Las siete vacas flacas se han comido a las siete vacas gordas. El mundo de los seres humanos desaparece y se repite; en primer lugar, en el mundo de los animales, luego en el de las plantas –las siete espigas llenas y las siete marchitas–. El mundo no comprende nada; solo el verdadero ser humano, José, el Adam Kadmón, el hombre primordial lo sabe. Él es el único que puede dar una respuesta. Y el copero mayor, sar ha-mashkim 300-200 5-40-300-100-10-40 en hebreo, habla de ello: “En otro mundo me ha pasado algo. Con los huestes celestiales, me he encontrado con algo, con un ser humano. Debe nacer ahora”. Y sale José de la fuente, del pozo. Nace. Es éste el día de su llegada. Y este ser humano da respuesta y dice: el sentido es que, en esta vida, en estos años de abundancia, queda sellado el destino de los demás años. Si tú en los años abundantes sabes para qué están, si no los olvidas o arrinconas, entonces los años de escasez –lo flaco– no es flaco. Entonces hay continuidad y en lo flaco pueden pasar muchas cosas. Los hijos de Israel entonces bajan, todo el mundo baja. Y verás lo que sucede.
    Es el ser humano el que da esta respuesta, el que hace la unión entre uno y otro, entre Canaán y Egipto, por así decir, con lo cual responde e imparta justicia. José da respuesta en cuanto al conflicto entre la vida y la muerte, el bien y el mal. Cada oposición tiene su origen dentro de este marco. Su llegada significa esto. Por este motivo la cautividad cesa cuando llega el ser humano, todo desarrollo cesa. La tradición no fija las fechas por casualidad, sino que señala un conocimiento claro, una sabiduría que no es de este mundo, que viene de otro lado y que se revela aquí. “Ahora que lo conozco, puedo decir que es así”. Mientras que no lo sabía, nunca podría haberlo imaginado. Nadie podría haberlo imaginado si no hubiese sido revelado. Hubiéramos quedado en la duda o en la suposición, diciendo: esta hipótesis me parece válida. Otro pensaría que otra hipótesis encaja mejor. Y nunca hubiéramos avanzado en ninguna clase de seguridad. Aquí se está revelando una sabiduría, como acaso un niño aprende a leer. ¿Cómo un niño, un ser humano, aprende a hablar? Hacemos ciertos ruidos y otro que los escucha, ríe o llora. Por ejemplo, si escuchas hablar en turco, te preguntarás cómo es posible que alguien pueda llegar a reír o llorar mediante semejantes expresiones.
    Es para ti completamente incomprensible. El turco es una lengua muy difícil. Yo mismo he tenido que escucharla durante tres años y sigo sin comprenderla. ¿Cómo llega un ser humano a hablar? Les he contado ya de los llamados tefilim, filacterias, que se ponen alrededor de la cabeza y de la mano izquierda. En la cabeza están cuatro partes, cuatro partes separadas pero unidas. Cada parte lleva un texto con letras negras sobre pergamino y en la mano está atada una parte, con el mismo texto. Lo que en la cabeza está dividido en cuatro partes, en la mano es una sola. Y el texto dice lacónicamente: en el negro, en aquello que es invisible aquí, es decir, no localizable aquí, la palabra ya está presente; no lo busques, porque nunca lo encontrarás, lo negro es lo contrario de todo aquello que puedes encontrar aquí. Y únicamente porque la palabra está ya presente allí, se puede aquí hablar y escribir. La palabra viene pues de arriba abajo. Ese es el punto relevante, “el puntito sobre la i”, la letra yod con que todas las letras comienzan. De allí viene la posibilidad de que el ser humano hable y escriba aquí. El secreto de su hablar y escribir está allí, porque allí están esas letras. La tradición puede afirmarlo tranquilamente, porque para ella es evidente. Y si tú conoces el mundo, dices: Naturalmente, ¿cómo si no podría hablar y emitir todos esos sonidos? Viene del negro.
    Que las letras sean negras significa que no vienen del lado de la luz sino del lado de la oscuridad, de la no-materia. De allí vienen. Deben ser negras, del negro de la agalla, de la nuez de agalla, porque ese fruto contiene el negro, de la misma forma que la oliva contiene lo amargo y el aceite para ungir al ungido. Es el milagro que puedes ver todos los días: el milagro de la oliva –no se trata del producto de exportación de Israel o de España– es el milagro de la oliva que podría recordarte la paloma yoná, de Jonás, tiene que ver conmigo, se me empuja para que, en el octavo día, el gran sacerdote y el rey sean ungidos por mí. Así, la agalla contiene el milagro del negro, es una especie de encarnación de ello. Es un fruto inadvertido. Si se pregunta dónde estará el salvador en el final de los días, se dice que está sentado como un mendigo leproso delante de las puertas de Roma. Esperarías, sin embargo, que se presentara como político importante, o en todo caso, como un iniciado lleno de sabiduría. Pero no, leproso, y todo el mundo evita tocarle por temor a las consecuencias. Para ganar dinero es inútil y no puede entrar en esa grandiosa ciudad que es Roma. Estas son las características del salvador. ¿Y esa agalla? Si hay algo importante que anotar, podría hacerse mejor con la tinta del cedro, porque es un árbol grandioso, o de una palma de dátiles, que también es algo especial. ¿Por qué pues la tinta de la agalla?
    Porque del negro, de la oscuridad viene la escritura. La agalla representa en el mundo de las plantas ese gran milagro. Escribe, está dicho, exclusivamente con esa tinta. Todo lo demás es también escribir, pero no es esa escritura negra, esa escritura anterior a la luz. La escritura de ese otro mundo solo se presenta aquí por medio de la nuez de agalla. Significa que el ser humano llega a hablar y escribir porque lo otro está en él. Mediante lo otro puede expresarse, porque las palabras están allí, y desde allí caen a este mundo. Las encuentra alrededor de la mano izquierda. En la cabeza y en el pensamiento están divididas en cuatro partes, en la mano, en el brazo, sin embargo, como una unidad. La acción por tanto es una palabra más fuerte, más alta, que la palabra hablada, pero lo uno no va sin lo otro. Los tefilim están arriba y abajo, alrededor de la cabeza y de la mano. No pueden separarse. También aquí una dualidad: unidad en la mano, cuatro partes en la cabeza. Juntas constituyen el ser humano. Cuando se cuentan semejantes cosas, solo comprende aquel que tiene ya conocimientos anteriores. Dirá, ciertamente, es evidente. No es tan difícil y no hay que buscar mucho. Una vez que se ha encontrado el camino y se va andando cierto trecho, el camino sigue por sí mismo, sin que nadie tenga que llevarte.
    Y lo importante es que reconozcas ese camino conscientemente. Dirás entonces: sí, ya anteriormente he estado aquí. Te acuerdas de algo de hace quizás un millón de años, o quizás de hace un año o un día –no sé cómo puede recordarse, porque es siempre el mismo pasado– pero te acuerdas de un camino y sabes que es el correcto y que de allí viene la comunicación. Así son las comunicaciones sobre los acontecimientos en este día. Tengo más facetas anotadas, en realidad, muchas más. Pero solo daré una más, si no, no avanzamos.*Lo que doy no es más que un leve toque en los puntos cardinales del camino. Ustedes mismos deben leer y aprender a encontrarse con las cosas, porque podría seguir hablando un año sobre el 1 de Tishri. Pero es imposible y por tanto, deben aprender un camino diferente, más rápido. Un aspecto más, pues. El 1 de Tishri es el día en que todos los pueblos –“todos los pueblos”– se congregan para luchar contra Yerushalaim. No piensen en una guerra militar, aunque también podría ser. Como prueba de que las luchas en nuestro interior están siempre también presentes en el exterior, para recordarnos que nada ha llegado a su fin y que, a pesar de todos los buenos propósitos, siguen agitándonos. Mientras que haya pan, léjem en hebreo 30-8-40, habrá guerra, miljamá 40-30-8-40-5.
    Dense cuenta de que se trata del concepto de la dualidad que el cuerpo conlleva. El pan sale del primer crecimiento, del trigo, jitá 8-9-5. Es la fuente del pan y también del cuerpo. Tiene que ver con esa lucha. Y la subida de los pueblos contra Yerushalaim es, de hecho, el momento de la creación. Porque cuando el ser humano entra en la creación, entonces sucede. Entonces se da esa subida de los pueblos contra él y contra Yerushalaim. Porque allí el ser humano está al final de su desarrollo. Todo ocurre con increíble velocidad. Todo explota en multiplicidad. Y entonces el ser humano dice de repente: No, así no. La palabra tefilim tiene que ver con tofel relativizar. Aprender que lo de aquí no tiene tanta importancia. Se trata de algo totalmente diferente. Solo será importante si lo relacionas con otras medidas, no con aquellas que tienes ahora. Lo sabe el ser humano y se “viste” con esa relatividad. Es el atributo que tiene al estar hecho a imagen de Dios. Como él se viste, así se viste Dios. Es aquello en lo que el ser humano es idéntico a Dios, en lo que se asemeja a Dios. Y aquí es lo negro, aquello que no se ve, que es del otro lado. En ello se asemeja a Dios y está en su imagen. Y es el punto en que se dice: “Sí, en la creación es así”. ¿Pero qué es el final de los días? ¿Por qué siempre se dice: ¿al final de los días, todo sube contra Yerushalaim?
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/01/08/estudios-de-tora-15/
    Elaborado por David Saportas
    59 min
  • Estudios de Torá 14 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 5 - El séptimo día
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 5
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/01/07/estudios-de-tora-14/
    El séptimo día.
    Quinto Capítulo:
    La entrega del animal como sacrificio a Dios.
    Pentecostés o el día 50.
    La cosecha y el sobrante.
    La palabra toma forma en el Sinaí.
    El poder de la palabra.
    Kaín y Abel.
    Guilgul, el regreso de la forma.
    Seres demoníacos al final de los tiempos.
    Concepción como revelación.
    Sinaí, el milagro del monte verde.
    El nacimiento de los patriarcas el 2 de Tishri.
    Akar como ikar, esterilidad como asunto principal.
    La liberación de Yosef de la cárcel.
    Yosef como Adam Kadmón.
    Quisiera ahora abordar el mes de Siván, porque en este mes cae el suceso llamado Pentecostés. Pentecostés ocurre, como lo dice ya su nombre, 50 días después de Pascua y ustedes. saben que el concepto 50 indica una nueva fase, una nueva condición, en un mundo venidero. Esta, nuestra realidad, la que percibimos con nuestros sentidos, se llama en esta terminología el séptimo día, la séptima fase. Después del séptimo no hay nada que podamos percibir con los órganos. Aunque lo invisible siempre ha acompañado al ser humano. Recordarán que el ser humano es el octavo acto de creación, el séptimo son los animales. Por ello, los animales no nos son extraños. Aquello que percibimos mediante nuestros órganos de hecho, es la realidad del animal. El “animal” no es solo un ser vivo, es también nuestro mundo visible aquí. Si se mira a un ser humano superficialmente, podría pensarse que se tratara de un animal. Si pudiéramos captar lo que es un ser humano de verdad, de inmediato percibiríamos “otra cosa”. La definición es difícil. Si el ser humano fuese simplemente un número para la estadística, para el registro municipal, entonces de hecho, sería solo un animal. Esta es la realidad de nuestra existencia aquí y debemos acostumbrarnos a ella. Quizás comprendan lo que significa el korbán, el sacrificio: es llevar el animal ante Dios. Es el destino del animal; debe cesar de existir como tal.
    Y es el ser humano quien debe darle ese destino. Debe terminar con su existencia, debe integrarlo. Porque el korbán es comido en muchas ocasiones, lo que significa que tú lo llevas a su cumplimiento y que se cumple contigo. Y una gran parte del animal se lleva al Santo Santísimo o al Santuario, es decir, allí donde Dios es visible. Es decir, no se mata al animal para luego tirarlo a la basura. “Matar el animal” en lo esencial significa, para nuestra realidad física de aquí, que debemos terminar con sus deseos, porque condiciona nuestra realidad y nuestra apariencia. De una manera muy especial, que está de acuerdo con la estructura de la creación, del mundo. No de manera arbitraria: Quiero matar a ese animal, voy a entrar en trance, voy a poner todo al revés y, con un poco de suerte, se mata a sí mismo. No. Se mata de otra forma, de acuerdo con su dignidad. Porque el animal es portador de dignidad, de la misma forma que lo es el ser humano. Es pues una actuación muy especial. Es por ello que la tradición cuenta tantas cosas sobre este proceder. Es decir, la realidad del séptimo día es, como queda descrita arriba, la realidad que conocemos. Pero, en cualquier contacto con otro ser humano, debe sentirse su otro aspecto divino también, si no, se le está ofendiendo.
    De no ser así, se le está tratando como si fuese un animal. Todo contacto con otro ser humano debe ser de tal forma, que se sienta y reconozca lo humano en él. No se puede ofender a nadie a este respecto. Por ejemplo, se ofende al ser humano si se dice: “Yo solo te trato desde la medicina, lo demás es para el sacerdote”. No. Hay que cuidar la esencia humana, la unidad de la persona. Este séptimo día se cumple y se termina en la tierra, cuando el siete se ha encontrado con el siete. Entonces hemos vivido 49 situaciones. Son los 49 días que se cuentan desde el primer día de Pascua. El segundo día después de la salida comienza el conteo, y sigue durante 49 días. La tradición cuenta que el grano está siendo cortado. Significa deshacer, desatar la unión con la tierra. Aunque sea algo extraño. El grano se ha unido con la tierra y recibe de ella su alimentación. Vive, florece, tiene buen aspecto. ¿Por qué cortarlo ahora? ¿No es una crueldad? En un primer momento podría pensarse que sí lo es. Pero es una lástima que no reflexionemos más. Y ya casi nunca reflexionamos. Quizás lo pensemos así en el caso de una flor, pero en el caso del grano, ni se nos ocurre. En el momento en que comienza a deshacerse la atadura a la tierra, comienza el conteo. Ese conteo pertenece a cierto mundo. Allí se cuenta de verdad, a partir de Pascua.
    La Biblia lo dice y es la costumbre que se diga que hoy es el primer día, mañana el segundo, etc. hasta que los 49 días hayan pasado. Se cuenta conscientemente, porque este mundo del séptimo día es un mundo de relación, de proporción. Cada día hay otra situación. La situación 44 es diferente de la 45. Algo se ha desplazado. Y cada día se corta el grano, hasta el día 49.El día 50, la cosecha está terminada. Queda un sobrante, de la misma forma que al final del séptimo día, queda un sobrante. Por eso se dice que no está permitido segar un campo hasta su última espiga. Algunas veces se aportan argumentos sociales o agrarios para tal proceder. Es posible que tengan su justificación, no lo sé. Lo que sí sé es que, de acuerdo con lo esencial, no está permitido segar todo, porque al final del séptimo día, también queda un sobrante. El mundo nunca desaparece hasta sus últimas consecuencias. Siempre queda un resto, y el resto que queda se encuentra preferentemente en las esquinas del campo, allí donde “se hace la esquina”. Kanaf 20-50-80 en hebreo, “esquina”, y también “ala”. Allí donde “se hace la esquina” existe la posibilidad de utilizar el “ala”, para unir lo de abajo con lo de arriba. “Hacer una esquina” significa dar un cambio radical a tu comportamiento, a tu diseño de vida. No es un cambio gradual, en el sentido de que cambies lentamente de dirección.
    No, haces algo que en realidad no existe en este mundo: una esquina. Porque la esquina tal cual no existe en este mundo. Cada esquina aquí tiene algo, muy poco, de redondez. Se espera del ser humano que haga algo que en realidad es imposible, que haga esa “esquina”, que dé un giro radical a su vida. Y allí donde hace esta esquina, al final del camino, allí queda ese sobrante. También queda aquel sobrante que ha permanecido por casualidad, que ha sido olvidado. Tampoco ese sobrante debe recogerse. Debe permanecer. Quiere decir que existe un paso de este mundo al otro, y en las cuatro esquinas queda algo. La desaparición total no existe. Y vale para todo, para toda la creación, toda la humanidad y también para todo ser humano. Por esa ley de la creación, ningún ser humano perece o se pierde por completo, ni aquí ni en ningún otro lugar. Siempre queda ese sobrante, sheerit 300-1-200-10-400 en hebreo. Es aquello que queda hasta que venga lo otro, que es capaz de pasar al otro mundo. Por esta razón, siempre hay algo de esta vida que pasa a la otra. No siempre todo, pero algo de esta vida acompaña siempre. La destrucción total no existe. ¿Y qué es lo que queda? Aquello que en cada ser humano es y era, esa esquina. Cada persona ha hecho una esquina en su vida. Y estas cuatro esquinas permanecen.
    Significa: en el día 50 viene lo otro. En el libro de Éxodo se cuenta que Dios baja a la tierra, al monte Sinaí. La palabra Sinaí 60-10-50-10 contiene la noción de “creación de forma”, formación en aquello que está en el lado izquierdo, en el mundo de la luna. Y en ese mundo de formas, Dios se revela, se plasma. Allí, la palabra se crea, aquello que aquí, en nuestro mundo de las formas, es la palabra. Se trata de un secreto que también existe en otro lado, pero como palabra solo puede existir aquí, entre nosotros, porque viene de otra parte y porque se convierte en forma aquí. Una palabra es forma, y no importa si se escribe, lee o piensa. Es forma, lleva consigo una imagen, un sentimiento que tiene que ver con esta tierra y con esta vida. “Revelación” significa pues, que la palabra es bajada a la tierra. Se llama matán Torá, 40-400-50 400-6-200-5, la entrega de la Torá, de la enseñanza, de la instrucción de todo aquello que es el sentido de la vida, el significado de este mundo. Todo eso se revela en la palabra y se entrega con ella. Cierto que puede existirse sin esa palabra –y de hecho se existe–. No quieres tener nada que ver con ella, está muy lejana a ti, no hay relación. Puedes hacer tus suposiciones, entrar en trance y reflexionar, intentando que la relación llegue.
    Puedes comportarte como quieras y buscar en todas las direcciones, pero lo que viene, viene como palabra. Es entregada aquí, explícitamente en una forma fija, como todo aquí tiene su forma fija. Cada flor tiene su color propio. Cada animal tiene sus manchas propias en el pellejo y su propio aspecto, de forma que pueda distinguirse de entre todas las demás especies. Cada persona es diferente, hasta en la huella dactilar. Cada persona es única. En todos esos miles de años, desde que existen los seres humanos, nunca ha existido un ser idéntico a otro. Todo eso es creación de forma, revelación de una estructura fija. Y así es también con la palabra. Alguien nace con una joroba porque debe ser así. Una palabra aparece con una letra de menos porque debe ser así. No añades la letra para completar la palabra, viene como viene y es bueno que así sea. Alguna vez comprenderás por qué es como es, y entonces dirás: Increíble que el creador también haya pensado en eso. Si se ve a alguien con aspecto deformado, existe la costumbre en la tradición de decir una alabanza a Dios, pero sin pronunciar Su nombre. Por ejemplo: “Alabado sea aquel que da a las criaturas una forma diferente”. O también: “Alabado el creador del universo que lo ha hecho así”. No se pronuncia el nombre de Dios porque si se pronunciara, el ser humano de todas formas no lo comprendería y quizás pensara algo malo:
    ¿No podría haberlo hecho de forma más aceptable? Pero se dice una alabanza para acompañar a la creación, estando despierta como persona humana y diciendo: “Sé que tiene un sentido, nunca hubiera llegado a tomar forma si no tuviera su sentido. Dios no ha sido desatento. Debe ser así”. Así cada cosa tiene su forma fija. Y también la revelación en la palabra es un hecho firme. No puede decirse: “Voy a interpretarlo de tal o de tal otra forma y digo que debe leerse así”. No. Está firme. ¿No es un milagro increíble, que algo que no tiene nada que ver con una forma se sacrifique, convirtiéndose en forma, con el fin de acompañarnos en este mundo? Comienza con la palabra que viene hasta aquí. Justamente, cuando los 49 días han pasado, en el día 50, la palabra viene a este mundo. Ni un día antes. Y cuando esta palabra viene, algo de otro mundo viene hacia aquí. Es un grandísimo milagro que algo de otro mundo pueda expresarse aquí. La palabra contiene una fuerza extraordinariamente poderosa. Es la misma fuerza, pero mucho más poderosa y quizás diferente, que la fuerza que está en toda manifestación y también en los componentes materiales. Conocemos la energía atómica y pensamos que es algo extraordinario. Pero la misma energía está en mucho mayor medida en la palabra.
    Si ves que un trozo de tiza está aquí en la mesa, dices: “Es tiza, escribe en color blanco”. Pero si supieras cómo liberar la energía de los átomos que componen la tiza, podrías hacer que todo Ámsterdam saltase por el aire, con ese trocito de tiza. Es la energía que está dentro de la materia y el ser humano tiene un interés extraordinario en descubrirla. Esta fuerza está también oculta en la palabra, como milagro poderoso de otro orden. Su energía es mucho mayor y por ello, la palabra tiene tal fuerza. La verdad es que no notamos que al hablar toda clase de sonidos salen de la boca, alguien pueda reír o llorar, alegrarse o entristecerse. Nos llama la atención solamente si oímos hablar en un idioma, del que no entendemos ni palabra. ¿Cómo es posible que personas, ante tal parloteo, comiencen a llorar? En principio, no vemos ninguna relación. Solo más tarde percibimos que un idioma es mucho más que el ruido que alguien pueda hacer. Contiene una fuerza que está oculta en la palabra. La palabra revelada es pues algo muy especial. Una letra que no está, no debe estar. Y allí donde está una letra de más, es que debe estar de más. Debe ser así. El día 50 está en relación con el concepto “revelación”, con aquello que en realidad enseña la entrada en el octavo día. El billete de entrada al octavo día. Porque el séptimo día se cumple con el 49. Sucede en el día 50.
    Ahora, es curioso que la tradición cuente que en el día 49, es decir, al final del séptimo día, que es el quinto día de Siván, cuando debe venir el sexto día de Siván, el de la revelación, Hevel 5-2-30, es decir, Abel, es asesinado. Recordarán que la relación Kaín-Abel es la relación de la oposición que vivimos por doquier. Kaín es el hombre brillante, visible, calculable, poderoso y Abel es todo lo contrario. Hevel significa nada, nadería, vano, ilusorio, nada que tenga valor aquí. Es la situación del alma divina aquí. El libro del Predicador o Ecclesiastés comienza con las palabras havel havalim, vanidad de vanidades… que tenemos siempre enfrente, como oposición. Estamos siempre ante la elección: ¿Debo tomar eso o aquello? Y siempre estamos dispuestos a echar la culpa a alguien muy alejado en la historia. “Nosotros lo hubiéramos hecho diferente”. La Biblia, sin embargo, habla de una realidad permanente, y la elección sucede en cada momento. Así que no es que el ser humano, en algún momento lejano de la historia, se haya decidido por el árbol del conocimiento. No. Lo hace en cada momento. Siempre puede decirse que debería haberse elegido de otra manera. El ser humano elige siempre lo erróneo. Pero, por otra parte, hay que decir: ¡por suerte! Porque de no ser así, el mundo no se hubiera originado. Por suerte seguimos equivocándonos.
    De otra forma el mundo no podría seguir existiendo. Es una elección que no podemos evitar. Siempre elegimos el árbol del conocimiento, el lado de Kaín. La elección es importante, pero más aún es lo que hacemos después de elegir. Se trata de la reacción del ser humano después de haber actuado. ¿Se hace como está descrito en Ezequiel 9,4? “Claman por todas las abominaciones que se hacen en medio de Jerusalén. ¿Quién podrá salir airoso de allí? Aquellos que gimen y que claman”. Aquellos que no se encuentran a gusto en esos tiempos, que no participan, que no promueven los espectáculos. Por otra parte, están los que se creen tan tremendamente importantes, que les encantan los tiempos que corren, aunque ciertamente no van a ser determinantes. De aquellos que gimen se dice que llevan una señal en la frente. Se trata de la letra tav, es decir la cruz, la última letra del alfabeto hebreo. También la unción del rey y del gran sacerdote se hace con la cruz. Significa “Acepto todo este mundo, con sus sufrimientos y gemidos”. – Únicamente aquel que clama, recibe la señal. Quien participa en los festejos, no. Esa es la unción, con ella es señalado el ser humano, porque está gimiendo. Es el mélekh ha-mashíaj, 40-30-20 5-40-300-10-8 el rey ungido, y el kohén ha-mashíaj, (kohén 20-5-50) el sacerdote ungido.
    El sacerdote es intranquilo y gime, y quisiera dar una patada a todo. Pero no puede, por supuesto. Es decir, ésa es la señal que viene. La elección del ser humano es casi siempre terriblemente absurda. Pero de lo que se trata es de ese gemido. Por ello está dicho: “Todo está en las manos del cielo, salvo la veneración del cielo”. Ha-kol be-yad shamaim, todo en las manos del cielo. Significa que verdaderamente todo está atado ya y firme. Porque la Biblia viene de otro mundo y contiene ya toda la historia. Imaginémonos que Adán hubiese sido muy bueno y no hubiese aceptado el fruto ofrecido por Eva. La Biblia hubiese terminado allí. La historia no hubiera seguido; no podrían haber sido expulsados del paraíso, y nadie más podría haber nacido. Ni Kaín, ni Abel, ni Noé, ni los patriarcas. Pero por fortuna, la historia sigue. Se cuenta hasta el final, ese final aparentemente amargo. El relato está firme y al mismo tiempo no lo está. La pregunta es: ¿Cuál es tu posición ante él? Por ejemplo, ¿dices que este o aquel están en todo su derecho de pegarle muy fuerte a ese otro? Entonces, toda la historia es para ti únicamente la demostración de que tenías razón en cierto punto, que tú eres mejor que este o aquel. ¡Yo estoy salvado y tú no! Si usas la Biblia para eso, está perdida ya para ti.
    Si, por el contrario, la usas para estar alegre cuando Dios está alegre, y triste cuando Él está triste, entonces tienes aquello que se llama “veneración de Dios, del cielo”. Si echamos un vistazo al relato de Kaín y Abel, Kaín, a todas luces, debe matar a Abel. En la tradición se habla de una misericordia curiosa. Porque, de hecho, en su lucha con Kaín, Abel vence en un primer momento; le tiene en sus manos. Pero Kaín suplica por su vida, dice que tiene el derecho de vivir. Pide gracia, misericordia. Y Abel, durante un instante, tiene compasión de Kaín. Y Kaín aprovecha este instante para matarle. Está escrito que esa compasión es la causa de la muerte de Abel. En realidad, tenemos compasión con algo dentro de nosotros, existen circunstancias que impiden que demos el golpe decisivo. Y sucede continuamente, hoy mismo; porque Kaín es lo exterior, es este mundo. Dije más arriba: el mundo debe existir. Se trata de ese extraño secreto de la maldad, que reconocemos claramente dentro de nosotros y a pesar de todo y sin querer, la mantenemos en vida, por compasión. No se trata de la maldad en otra persona, que acaso deba juzgarla cada uno por sí mismo, cada uno es una creación de Dios, se trata de la maldad dentro de ti, de mí. Por ejemplo: ¡Debo ganar dinero! ¡Debo llegar a cierta posición! ¡Es imposible que no ejecute esos planes que tengo!
    Se trata siempre de la compasión que tenemos con el ruego de este mundo, de reconocer su sentido y su significado. Esta autocompasión, este momento de lloriqueo, es el momento en que perdonamos la vida a Kaín. Y si Kaín vive, como gran fuerza y poder natural, es imposible detenerle, va y mata a Abel. Queda eliminado. De pronto ya no está. Están hablando, está escrito, y de pronto Abel ya no está. La conversación en sí, sin más añadido, destruye a Abel. Todo eso sucede en el día 49, es decir, hoy. En este mismo instante. El 49 es siempre el presente. La ausencia de Abel significa que lo invisible, lo divino, no tiene éxito aquí, que es arrinconado y no cuenta. Al ausentarse, surge una situación dramática en el mundo: el desarrollo sin freno, cada vez con mayor énfasis. Kaín se convierte en constructor de ciudades, en fundador de todo aquello que llamamos cultura, ciencia y técnica. Es un desarrollo del mundo por amor al mundo. Nadie pregunta ya por la esencia. Se pregunta únicamente: ¿Quién es importante? ¿Me favorecerá? Hay que ser importante en la sociedad, si no, se te cuenta entre los fracasados. Esta es la realidad al final del séptimo día. Y de ahí, ese desarrollo enorme, explosivo.
    Nadie puede imaginarse a dónde va; pero en todo caso, aparentemente, hacia mayores y más hermosas posibilidades. Es la característica del final del séptimo día. Abel está muerto. Y tú te encuentras en la frontera, allí donde queda ese sobrante, en la frontera con el grandísimo milagro del otro mundo. No es por nada que la tradición sabe que, en este mismo día, Abel es asesinado. No sucede en algún lugar en el principio de la historia como podría pensarse, no, sucede hoy, al final de los días. Es hoy cuando se produce esta explosión. Es casi inimaginable que pueda suceder con tanta velocidad. Algunas veces se escucha: “Lo que hemos vivido en los últimos 20 años, no existía hace 100 años. Pero lo que existía hace 100 años no ha cambiado en 4000 años”. Va ahora a tal velocidad, que es inútil hablar de cómo va a ser en 10 años. En todo caso, es todo mucho más loco de lo que pensamos, y seguramente es todo mucho mayor. Porque de hecho nos estamos acercando a ese otro mundo. Ese otro mundo comienza también exactamente en este mismo punto, pero desde el otro lado. El octavo día, por así decir, explota de la nada. El día 49 no termina en ningún lugar. De pronto viene lo nuevo, existe ya desde siempre. De pronto –no se sabe dónde, en todo caso no en esta realidad– sucede el encuentro. Todo aquello que hoy en día llamamos avances científicos y técnicos, son señales de otro mundo, pero son señales invertidas, como la imagen reflejada en el espejo.
    Pueden cansar al ser humano, desconcertarle o marearle, o quizás le hacen feliz y dice: “es el país de jauja, hemos vuelto al paraíso”. El ser humano anhela el paraíso. Pero todos estos avances le convierten en adicto; deberá contemplar su propio hundimiento, su propia pérdida, porque no es el paraíso. Lo que sí viene es ese golpe, ese instante de verdad, ese paso, en que lo otro, a pesar de todo, vuelve. Y llega el día siguiente –el día 50–. Es el día de la revelación, pero suceden más acontecimientos en este día especial. Se cuenta, por ejemplo, que Yokhébed queda embarazada del niño al que luego se llamará Moisés. ¡Cuán extraño! Justamente en el día de la revelación. ¿Qué relación puede tener con ese evento? ¿Puede que se trate de niveles diferentes? De ninguna manera. Sucede al mismo tiempo. En este instante se recibe algo aquí, se acepta algo que se convierte en forma, que tiene que ver con la palabra revelada. Porque el nombre Moshé40-300-5 significa: “sacado del agua, sacado del tiempo”. Y ese “sacado del agua” es el otro lado, podríamos decir. En el mismo instante, ese “sacado del agua” es concebido aquí en la tierra, para que crezca. Según la tradición, son necesarios 271 días para el desarrollo del niño, desde la concepción hasta el día del nacimiento.
    Aproximadamente nueve meses. La tradición también cuenta que en ese niño, cuando nace, entra aquello que es llamado un guilgul 3-30-3-30. Hoy en día se diría “reencarnación”, pero es una palabra destrozada por diferentes corrientes y opiniones modernas. Sin embargo, contiene una sabiduría antigua y muy profunda. Pero efectivamente, muchas palabras han sido destrozadas y por ello, ya no tienen sentido. Guilgal significa repetición en gal 3-30, forma. Es la repetición en la forma, un retorno continuo de la forma, como una rueda que gira. En este instante podría decirse, la neshamá de Abel entra en la posibilidad corporal que Yokhébed está preparando, y Moisés es creado. La neshamá de Abel entra en ese cuerpo. Abel es aquello que no cuenta en este mundo. Es asesinado, pero renace en el otro mundo y es criado allí. Por ello se dice que Moisés es el guilgul de Abel. Se ha desarrollado desde aquí hacia allá, si quiere considerarse el asunto “en el tiempo”. Quizás nos preguntemos qué haya hecho entretanto, porque el intervalo de tiempo parece considerable. Pero no, no es considerable; de hecho, es el día siguiente. El día 49 se va y el día 50 regresa. El día 49 se pierde. Casi podría decirse que esta pérdida es una condición previa, porque la explosión de la que hablábamos, nunca podría haberse dado en presencia de Abel.
    Los acontecimientos hubieran sido diferentes, los seres humanos hubieran dicho: “Todas estas novedades son realmente seductoras”, pero no hubiera sido posible seducirlos. Pero la explosión viene porque Abel, por decirlo así, tuvo que morir. Lo que debemos hacer es gemir y clamar por esta situación: ¿Qué es lo que pasa en la mente de los seres humanos para que se comporten de una forma tan idiota? Se encierran en una cápsula y viajan a la luna. ¿Qué pasa en sus cabezas? ¿A dónde vamos? Pronto comenzarán a colonizar la luna. ¡Solo hay que darse cuenta de las posibilidades que existen allí! Cuesta miles de millones. ¿Para qué? Porque quizás se encuentre un mineral desconocido, para seguir haciendo toda clase de suposiciones. Al principio era del todo aceptable, aún había cierto idealismo en juego. Pero hoy en día ya no tiene nada que ver con el idealismo. ¿A dónde pues nos lleva todo eso? Es la condición previa a lo venidero. En primer lugar, debe crearse la condición para la muerte de Abel, para que su neshamá pueda volver en Moisés. Se llama a esta opción “la redención de la chispa, que está en la maldad”. Porque si no ¿cómo salvar la maldad? Puede salvarse por el hecho de que se comprenda que era bueno que existiera. Así la salvas. No participar diciendo: “comprendo este loco tiempo muy bien. Queda solo esperar, estamos ya en la frontera del nuevo día”. No. Es más bien así: “Sé que todo lo que tenemos es posible únicamente porque el alma, aquello que no cuenta y que es despreciado, Hevel, se fue.
    Y no se trata del alma psicológica, sino del alma divina que está enfrente de este mundo. Comprendo ahora por qué tuvo que irse, pero es terrible vivir en un tiempo así, porque no puedo hablar ya con nadie. Alguien que no tiene alma, no puede comprenderme. Aunque puedo intentarlo otra vez. Pero asiente con la cabeza, bosteza y se duerme. Solo está pensando ¿cómo salir de esta situación? ¡Si se callara de una santa vez! Y eso es lo peor, que ya no puede hablar con nadie. Es como si se hablara en turco con alguien que no comprende ni palabra de turco. Es una incomprensión total”. Si experimentas lo descrito, comprendes que se trata de este tiempo. Sabes de dónde viene y que las cosas están mal. Por eso también se dice que al final del tiempo es muy difícil encontrar un solo ser humano entre miles de millones, porque de hecho existen muy pocos. Porque lo otro ya no está, se ausentó. Solo queda lo exterior, la cáscara, y es lo único que cuenta. Se están criando generaciones que solo conocen ese exterior. Se educan en las escuelas así, y de antemano, no valen para mucho más. ¿Qué criaturas serán? Se trata de criaturas del final, demonios que están vagando por aquí, que quieren estar aquí. Se trata de seres que son muy fuertes y no saben hacer otra cosa que ir detrás del éxito mundano. Es lo demoníaco del final de los tiempos. Pero debe existir para que el día siguiente pueda nacer.
    Por esa razón se dice que es el día en que comienza el embarazo –la concepción– de aquel que se convertirá en Moisés. Es el comienzo de su entrada en la forma. Significa que el paso del 5 al 6 de Siván es, de hecho, idéntico que el paso del día 49 al día 50. Es de nuevo una faceta del gran conjunto, que nunca debe contemplarse aisladamente. Ese sexto día, cuando sucede lo inesperado, significa para muchos el fin de un mundo. La tradición cuenta también que en el momento en que Dios pronuncia la primera letra, el ser humano que escucha –aquello que allí se llama Israel– salta de un extremo del mundo al otro. Tal es el espanto, el horror de que algo así pueda suceder. Y se cuenta en el Midrash, que después de haber sucedido, se le pide a Moisés que en lo sucesivo haga de intermediario para que no tengan que escuchar a Dios mismo. La primera letra que Dios pronuncia, es la álef de la palabra anokhí 1-50-6-20-10. Cuando esta letra es pronunciada, una sacudida violenta se expande por el mundo y por el ser humano y, en lo sucesivo, es Moisés quien habla. Por esa razón, la álef no es la primera letra de la Torá. Comienza con la bet. La palabra que comienza con una álef, si se pronuncia, provoca una condición insoportable en el ser humano.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/01/07/estudios-de-tora-14/
    Elaborado por David Saportas
    55 min
  • Estudios de Torá 13 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 4 - Janucá, Navidad y Paganismo.
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 4
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/22/estudios-de-tora-13/
    Janucá, Navidad y Paganismo.
    Cuarto Capítulo:
    El regreso dentro del ciclo.
    Realidad bíblica y realidad perceptible.
    Janucá y Navidad: 25 de Kislev y 25 de diciembre.
    Paganismo como componente de la vida.
    El exilio de Yaván: Yaván y Jonás.
    Jasmoneo dentro del ser humano: El aceite y el ocho.
    El milagro de la luz.
    Los Macabeos.
    Sión, el cambio hacia la unidad.
    Lo inesperado en los sucesos de Navidad.
    La estructura de la salvación.
    Lúaj: El calendario de piedra.
    Bet-léjem: La casa del pan.
    Quisiera hablar ahora de todo aquello que tiene que ver con la Navidad. Debemos averiguar cómo todo puede encajar en el conjunto. Porque si no hay conjunto, siempre hay algo que va mal. O no vemos con claridad, o algo queda deformado o malogrado. Debemos ser capaces de hablar de forma honesta, preguntándonos por qué algo es como es y cuál es su causa. Al hablar del calendario, me ha parecido importante señalar, en cuanto al tiempo, que realmente debiéramos ahogarnos en él. ¿Por qué? Por ser infinitamente vasto. Sin ayuda, nos encontraríamos perdidos en su océano infinito, como pequeños puntitos en una línea recta sin fin, tanto en el tiempo como en el espacio. Por eso quise ponerles el calendario delante, para que no vieran el tiempo como una línea continuada, sin comienzo ni fin –idea espantosa– sino como algo que se manifiesta con repeticiones perpetuas, como expresión de una presencia eterna, divina, inmutable. El regreso de cada día, cada semana y cada año. El universo parece haber sido creado de forma que exista un regreso, un ciclo, en el que las cosas se repiten sin cesar. Sin embargo, de nosotros mismos pensamos que no nos repetimos. Surge la idea dentro de nosotros de que se trata de cierto número de eventos que hayan sucedido en algún año y nos acordamos de algunos de ellos. Recordamos la creación, la salida de Mizraim (Egipto, lo estrecho, la dualidad, la forma), y así, de muchos días.
    Para la mayoría, si nos acordamos de cierto día, es algo que solo puede tener un efecto de utilidad. Y puede que lo hayamos olvidado del todo. Y nos preguntamos por qué nos acordamos de sucesos del pasado, mientras que entretanto, cosas mucho más importantes han sucedido en nuestra vida. ¿Por qué pues recordar cosas del pasado? He intentado resaltar que esos días no son solo para el recuerdo, lo importante es el hecho de que siempre regresen. En el ciclo del tiempo, cierto momento regresa siempre. El momento de la creación del ser humano vuelve siempre, y el ser humano es creado cada vez de nuevo. De la misma forma que cada día sucede la creación de nuevo, así cada ser humano es creado de nuevo, en un punto determinado. El ciclo del año es el ciclo mayor que conocemos, a excepción del de nuestra vida, que no lo conocemos. En la vida no vemos ningún ciclo, creemos que pasa en línea recta y que desaparece. Pero cada día que vivimos en el año, se produce el regreso de cierto acontecimiento. Justo en el momento apropiado, sucede lo mismo. Ese “eterno regreso” deja entrever que la eternidad es algo en el sentido de una multitud en unidad. Si la Biblia dice, por ejemplo: ese es el momento de la salida de Mizraim, entonces esa salida se efectúa realmente. Y no deberíamos acordarnos solo para recordar que sucedió alguna vez, hace algo así como tres mil trescientos años, suponiendo que el conteo de los años sea correcto, lo que no es seguro.
    De eso hace tanto tiempo, que entre tanto han sucedido muchas cosas más importantes. Además, ¿dónde han quedado las personas de entonces? ¿Y sus descendientes? ¿Quién sabe dónde están? Muchas se han integrado en otros pueblos, han emigrado a otros países. Puede preguntarse si existe alguien, hoy en día, que pueda decir en justicia que sus antepasados hayan tenido que ver con el acontecimiento. Nadie lo sabe. Pero la Biblia como creación, como expresión en la palabra de algo cierto y seguro en la esencia, y por tanto aquí presente y siempre de regreso en el ciclo, señala fechas que son destinadas tanto para la eternidad como para el tiempo. Son fechas reales, justamente porque suceden en el tiempo bíblico, que está más allá de nuestro tiempo. Solo que en algún lugar se originó una rotura, en la cual –si puede hablarse de arriba y de abajo– hemos caído hacia abajo o hemos sido empujados hacia arriba. No se sabe cómo describirlo. Hemos transitado a otro mundo y este mundo solo puede percibir el mundo bíblico en una especie de interpretación. No se trata de la misma realidad. Por ello, los sucesos bíblicos son realmente irreales para nosotros. Y si intentamos convertirlos en realidad, mediante películas o fotos, sentimos de inmediato: no, así no. Sobre todo, si se nos quiere presentar esa realidad como “natural”: vivió en una tienda, subió a una montaña, etc. Ciertamente se habla de una montaña, y seguro que subió. Pero hay otra cosa importante que nos desvía del sentido, algo que la Biblia y la tradición cuentan con insistencia y que no solemos tomar en consideración.
    Si la Biblia cuenta que por cierto acontecimiento, la tierra se alejó 400 parsas de su lugar, no es un relato para que entremos en pánico. Significa que se distanció todo lo posible, porque una distancia más allá de 400 parsas no existe. Y se cuenta literalmente: la tierra saltó 400 parsas. Aunque puede que nos deje absolutamente indiferentes. Veamos: la tierra quedó en su lugar, no es posible que en algún momento saltase del lugar asignado en el sistema solar. ¿Y de saltar, a dónde? El universo se hubiese desintegrado. Y luego viene la pregunta de si ese salto de la tierra puede ser comprobado en lo astronómico. Quizás se esté hablando de un salto mucho más esencial, mientras que la tierra en el lugar de siempre, sigue girando tranquilamente. Si hemos llegado a cierta situación, siempre nos parece eterna, como si nunca hubiese sido diferente. Puede pensarse hacia atrás y decir que hace miles de años era así y en millones de años será diferente. Por ejemplo, hemos caído en un pozo, marchamos a lo largo de los muros del pozo pensando que es todo lo que hay y que fuera no hay nada. Así también piensa el pez que nada en el agua, que es su mundo y que no hay más, hasta que el pescador lo saca a tierra seca.
    Entonces quizás se dé cuenta: “Pensé que mi mundo era todo. Pero parece que existe otra cosa también”. Un suceso así se resume siempre en una misma imagen: la tradición cuenta que la distancia entre el cielo y la tierra cambió. Lo que significa: cambió la capacidad de comprensión de la persona, frente a las cosas del cielo. ¿Qué es el cielo, en definitiva? No podemos percibirlo con nuestra visión terrenal. Pero en otro orden de cosas, el cielo está a tanta distancia y puede acercarse o alejarse. Acercarse significa que, en toda la estructura de nuestro sentir, ver, pensar y vivir, algo esencial cambia. Alejarse significa que el cambio es tan radical que seremos incapaces de comprender el suceso. De ahí que se hable de una ruptura entre el tiempo bíblico y nuestro tiempo. En el Nuevo Testamento se cuenta que la tierra tembló. Bueno, decimos, pasa con regularidad; en ciertos países tiembla mucho. Añadimos que la gente de entonces era primitiva y se dejaban impresionar por tales sucesos. Pero hoy en día podemos medir la magnitud, se rescata a heridos y muertos y se vuelven a construir las casas. El daño se eleva a tantos millones, y más allá de las cifras, no es nada especial y se olvida pronto. También tenemos el relato en el libro de Josué, cuando el sol se detuvo.
    Eran personas ignorantes las que pensaban eso. Hablamos así porque nos gusta apartar lo incomprensible de nuestra vida. Se nos ha educado de tal forma que solo existen cosas que pueden medirse y calcularse. Y si algo no coincide, es ridículo hablar de ello. Pero la verdad es que podemos constatar que suceden tantas cosas que llamaríamos incomprensibles o maravillosas como cosas absolutamente normales. Pero las cosas incomprensibles preferimos ignorarlas. La consecuencia es que vienen a nosotros dando rodeos, produciendo, por ejemplo, una apetencia irracional por el secreto o la mística. Las personas se vuelven locas, porque la maravilla apela a nuestro inconsciente: “Quisiste apartarme. ¿Cómo te lo explicas ahora?” Obligándonos a tomar nota, pero por otro camino. Luego se adhieren a alguna secta y nos preguntamos cómo una persona sensata puede comportarse de forma tan extraña. A los intelectuales les gusta participar en las cosas más variopintas. Tienen una inclinación hacia las cosas más raras y extrañas, porque han excluido el misterio de sus vidas. La norma es que tengamos una vida aburrida, monótona, uniforme, en la que todo el mundo lleva el mismo traje. Así debe ser y todo lo demás no existe. Y muchas veces pasa que personas que se llaman científicas se enfadan cuando sucede algo inexplicable, un milagro. Les molesta. El paciente debiera de estar muerto y sigue vivo. No se quiere tomar nota, pero existe a pesar de todo.
    Lo inexplicable y los milagros son verdad hoy, pero en otro nivel. Son hechos que no pueden ser probados ni verificados. No intentes hacerlo, porque nunca lo conseguirás. Te extraviarías, te volverías loco. Existen, pero no en nuestra realidad; por ello tampoco debes mencionarlos. Hay muchas cosas de las cuales no debes hablar con mucha gente. Quizás con uno, pero nunca con más. Dos o tres son ya demasiados. Estamos hablando de una realidad que es diferente. En el Nuevo Testamento se habla de la tierra que tembló y de la cortina que se rasgó. Piensen en el libro Y la Biblia tenía razón. ¿En qué tiene razón? Ese libro ha convertido a la Biblia en la misma realidad aburrida, una realidad en la que todo coincide con nuestras percepciones. Así la Biblia está muerta. Pero la Biblia tiene razón, aunque de manera del todo diferente. Intentemos imaginarnos que existe un mundo que tiene el mismo aspecto que el nuestro, pero que tiene otra dimensión. Podríamos comprender que la noción del tiempo allí es diferente y que las fechas tienen otro significado. Por ello, el regreso de una fecha aquí debiera despertarnos, para que viéramos que sucede ahora mismo, en este mismo instante. No sucedió alguna vez en algún lugar hermoso donde las estrellas brillaban. No.
    Quisiera rogarles, por tanto, que vean la realidad bíblica como una realidad que está presente siempre, aquí. Y nosotros, dentro de nuestra propia realidad, debemos intentar que esa otra realidad bíblica vuelva a la vida, aquí. Para eso existen tanto el calendario como los días. Vamos a ocuparnos ahora con otra fecha del calendario, que siempre se repite. He dicho ya que intentaré que veamos la unidad en todo. No quiero colocar nada fuera de esta unidad y tampoco quiero excluir nada que tenga que ver con este mundo. Sería falta de honestidad y yo sería el primer engañado. Además de hacer justamente lo que acabo de censurar: dar bombo a una imagen hecha por mí mismo. Siempre de nuevo vienen personas que me dicen: “Si debo creer eso, todas mis convicciones en este campo se tambalean”. ¿Y por qué no van a tambalearse? Si eres honesto, ¡qué se tambaleen! Y si no quieres, quédate tal cual. Nadie te está obligando. Yo no enseño esta o aquella dirección. No hay dirección, solo hay unidad. Y debemos intentar verlo todo dentro de esta unidad. Existe una humanidad, y todos los seres humanos son parte de esta humanidad. Seres humanos que deberían saber que forman parte de ese gran conjunto.
    Cada partícula tiene su lugar y está en relación con él. Pero siempre hay que dirigir la mirada hacia ese conjunto, esa unidad. Quiero que veamos ahora cierta parte del calendario, cierta fecha determinada. Si me lo permiten, hablaré en el sentido “en esa fecha cae ese día”, mientras que, en verdad, es una gran unidad. Se trata del día 25 del mes de Kislev 20-60-30-6. Del 25 de Kislev, desde siempre, se cuenta algo muy concreto. No me refiero al contenido de rollos que se hayan encontrado, sino al gran complejo de la Torá escrita y hablada, a ese gran conjunto. Sin ir más lejos, pensamos de inmediato en el 25 de diciembre, también en el día 25 de cada mes. ¿Cómo puede el 25 estar aquí y al mismo tiempo allá? ¿Y por qué justamente el 25? Más extraño aún, ¿por qué ese 25 de Kislev tiene que ver con luz y con velas, como diríamos hoy en día, y el 25 de diciembre también? Los historiadores dicen que se trate de una copia. Nosotros somos los primeros, o quizás vosotros. Pero eso es un juego que se juega en tiempos triviales. No es un asunto de copia, más bien un asunto de coincidencia en la fuente. Porque está o no está. Y una costumbre que sigue viva en la humanidad, tiene ciertamente su significado, aunque pensemos que esté o no equivocada o mal interpretada. ¿Pero por qué pedir siempre tantas explicaciones?
    Quiero llegar al núcleo del asunto. Podría contarles el relato de Navidad, pero en primer lugar quiero contarles ese otro relato, desde el punto de vista del otro mundo. Supongo que conocen muy bien la historia de Navidad. Y espero que cada uno la haya vivido a su propia manera. Lo que quiero contar es esa misma historia, desde otra realidad, pero de tal forma que dirán: “Solo ahora, muchas cosas comienzan a tener vida. Ahora puedo verlas como unidad”. De la misma manera cuento y escribo muchas otras cosas, esperando que Vds. mismos rellenen los huecos. Porque si se escribe todo, se vuelve aburrido y muere. Hay que dejarlo vivir, de manera que cada uno pueda encontrar algo nuevo en las frases y entre las líneas para que forme su propia vida. Una historia debe siempre quedar viva. Si se cuenta todo, hasta los detalles más pequeños, muere. Quiero pues contar desde una realidad determinada algo de ese 25 de Kislev. Seguramente conocen la historia, pero quizás, erróneamente. No es culpa de nadie, es culpa del desarrollo histórico –teología, patriotería, nacionalismo y muchos otros asuntos paganos que arrastramos en nuestra vida–. De la misma forma que arrastramos a nuestro cuerpo con pelos, uñas etc. Pero también lo pagano pertenece a la vida, nunca podrá ser eliminado.
    En el transcurso del tiempo lo pagano se asimila, lo consumimos por así decir, y se convierte en una unidad con nosotros. Y sucede durante todo el tiempo de que dispongamos. Consumimos ese paganismo y menos mal que existe, porque si no moriríamos de hambre. Y cuando ese paganismo entra en el cuerpo, espero que notemos la diferencia entre el bien y el mal, de la misma forma que el cuerpo, al recibir la comida, dice: “Esto se convertirá en parte de mí y aquello quedará eliminado”. Debe ser así. Aquello que es eliminado no es malo, pero es algo que recorrerá otro camino, para convertirse en otra cosa, en otro lado. Los rosales tienen rosas, porque la tierra ha sido abonada con estiércol. El estiércol tiene una función específica. No hay vida sin él, es una condición indispensable para todo crecimiento. No podemos decir pues que aquello que es eliminado vaya a la condenación eterna. Eliminación significa que ciertas cosas van a tener otra función, fuera del cuerpo. Transitan a través de nuestro cuerpo y aceptan luego una función que fomenta nueva vida. De la tierra vienen y a ella vuelven. No sabemos por qué vienen y cómo van, pero siguen ese camino a través del cuerpo. Una parte es incorporada y otra no. Así es también con el paganismo. Está alrededor, está siempre. Es una parte indispensable de la vida.
    Si la Biblia cuenta que estando aún en el desierto, es decir, antes de la llegada al país prometido, era necesario que los siete pueblos de Canaán fueran exterminados pensamos en espadas, cuchillos y cañones; y hoy en día también en armas nucleares, para que la eliminación sea lo más eficaz posible. Es siempre lo mismo: hacemos una línea recta, una continuidad en el tiempo y creemos que el tiempo de aquí, es el mismo que el tiempo de allá. Pero no. Está dicho que aquí en este mundo no puede tocarse ningún ser humano, ni hacer mal de ninguna otra manera. No se le puede ofender o rebajar en su estima, por no hablar de golpear o matar. Que vuelva a ocurrir de nuevo a pesar de todas las advertencias, es otra cosa. Pero no puede hacerse. Existen cosas que suceden en contra de nuestra intención y voluntad. Nadie quiere estar enfermo y, a pesar de todo, se enferma. Y nadie quiere morir y, a pesar de todo, se muere. Si alguien dijera que quiere estar enfermo o morir, sería curioso, por lo menos. Pero se sabe que, aunque no quiera, pasará. Así, por ejemplo, se dice que los pueblos de Canaán deben ser exterminados “poco a poco”, m’at m’at 40-70-9. Y es así, para que los “animales salvajes”, los jayá 8-10-5 no puedan coger el mando del país. (Deut. 7,22). ¡Qué explicación más extraña! ¿Cómo llegan esos animales salvajes al país, si se extermina a los cananíes? Extrañas palabras. Pero dicen que el paganismo de alrededor permanecerá hasta el final.
    Desaparece si lo “consumimos”, akol 1-20-30, significa “atar al 1” (Deut. 7,16 texto hebreo). No de golpe, sino poco a poco; es el trabajo de toda la vida. Justamente el hecho de que el paganismo, es decir los pueblos, existan, da al ser humano la posibilidad de vivir. Si no fuese así, desaparecería de la tierra. Entonces de hecho, la tierra quedaría dominada por seres que no son seres humanos, sino jayá vida según la manera del animal. El ser humano solo puede existir aquí, por esta mezcla continuada con el paganismo. Es el fundamento de este mundo, de esta vida. Lo uno no puede existir sin lo otro. Ahora bien, se dice que puede darse el caso de que este proceso de diferenciación entre el bien y el mal –como también sucede en nuestro cuerpo– se atasque. Ya no se elimina correctamente, es decir, no se diferencia entre el bien y el mal como sería necesario hacerlo. Como consecuencia, el paganismo invade el lugar llamado Casa de Dios, el Templo. No se trata de un edificio que podría construirse en la tierra. No puede construirse en este mundo. Las condiciones indicadas en la tradición a tal efecto ya no pueden cumplirse. Pero no debemos decir: “Bueno, no podemos hacerlo, lástima”. Nos indica simplemente que la construcción de una casa es diferente de la construcción del Templo.
    No significa, sin embargo, que debamos sentarnos y esperar a que aparezca. Debemos tomar consciencia de que este Templo llega a la tierra por un camino enteramente diferente. Si se cuenta, pues, que algo pagano entra en el Templo y lo ocupa enteramente, debemos preguntarnos qué sucede realmente dentro de nosotros. ¿Cuál es nuestra condición si algo así sucede? ¿Cuándo y cómo puede pasar algo así dentro de nosotros? El relato que contamos tiene lugar en el tiempo del tercer exilio. Como saben, distinguimos entre cuatro exilios. El primero es el exilio de Babilonia, el segundo el de Persia y Media, el tercero el de Javán y el cuarto, el exilio de Edóm. Yaván es “el griego”. No es el griego que podemos ver por aquí y del que leemos de vez en cuando en el periódico. Quizás tenga algo que ver, pero muy lejanamente, prácticamente nada. Porque el verdadero griego está dentro de cada ser humano. El griego aquí es una señal de que el concepto Yaván tiene significado hasta aquí, hasta en la materialidad más densa. Yaván 10-6-50 es la palabra masculina de yoná 10-6-50-5, que significa “paloma”. La paloma, esa criatura que se envía y que regresa siempre. Noé, por ejemplo, la manda al mundo y ella regresa al arca.
    El cuervo, orev 70-200-2 –la palabra significa también “reconocimiento”– no vuelve; por el contrario, la paloma regresa. El exilio de Yaván significa que se conoce un mundo, una realidad, con una especie de movimiento de respiración de ir y venir. Esa respiración de ir y venir es la señal de la yoná de la paloma. Es también el mundo del profeta Jonás. Para su sorpresa, regresa exactamente al lugar de donde salió. Quiso ir a Tarshish, ciudad muy alejada, pero regresó exactamente al punto de partida. Ahora, el relato del 25 de Kislev cuenta que debido a la ausencia de Yaván, se produce un importante trastorno del metabolismo. La diferenciación entre el bien y el mal no funciona correctamente y suceden cosas extrañas. Y, si la distancia es mucha, ocurre que, en lo esencial, en la Casa de Dios, se instalan los ídolos, es decir, la multiplicidad. Y dentro de esa multitud de dioses, es imposible saber si puede existir algo más. Se trata de una avalancha de multitudes que nos coge desprevenidos, nos tira hacia todos los lados y nos arrastra a lo imprevisible. Imposible encontrar un camino de regreso. Todo eso sucede en el exilio, en el galut 3-30-6-400, en el exilio de Yaván. Y entonces, en ese exilio, se presenta un hombre llamado Jashmonái8-300-40-6-50-1-10, en traducción vulgar: Jasmoneo.
    Ese nombre contiene como raíz la palabra shémen300-40-50, aceite; y también la palabra shemona300-40-50-5, ocho. Shemona es la palabra femenina de shémen. “Aceite” y “ocho”, en hebreo, son palabras idénticas. Son palabras que se refieren a otra realidad. Es decir, existe un ser humano –aquí es algo en su interior– que se llama Jashmonái, de la misma forma que algo vive en el ivrí, el hebreo, el del más allá. Y aquello que dentro de nosotros es Jashmonái dice: “A pesar de todo lo que suceda en el mundo y a pesar del hecho de que en la Casa de Dios, en el centro, en lo esencial, la multitud domine y que la relación con el otro mundo haya sido interrumpida, volveremos a establecer la unidad”. Ahora el ser humano, dejado solo, no puede restablecer la relación, puesto que la multiplicidad domina. Solo quedan pedazos. A este estado de cosas se le llama “la profanación del Templo”. Lo que domina es la multitud de ídolos. Es laavodá sará, la idolatría, la servidumbre en la periferia, en el exterior, en el ser 7-200, en el borde. El borde exterior es siempre la multitud. La relación con el cielo está interrumpida. No existe posibilidad de unión. Es la misma situación que cuando Jonás es engullido por el pez. Salta al agua y dice: “En realidad tenía intención de viajar a Tarshish”. La palabra hebrea de “navío, barco” que utiliza, es oniá 1-50-10-5, y esta palabra viene de la otra palabra aní 1-50-20, “yo”. Realmente utiliza su “yo” para ir de viaje, alejándose del destino, mientras que de ti se exige que vuelvas al origen. Sin embargo, se hace todo lo contrario. Sería demasiado incómodo, vas corriendo.
    Regresar al punto de partida significaría tener que admitir que la muerte está a un paso. Pero no somos capaces de ello. Preferimos huir. Es decir, Jonás huye. Le sobreviene la tormenta y finalmente debe abandonar esa oniá, ese barco, ese “yo”. Se tira simplemente al agua, a ese tiempo infinito. Cree que se ahogará, sin embargo, es engullido por el dag 4-3, el pez; está desesperado, perplejo y convencido de que nunca saldrá de esa situación terrible. En otra realidad, de verdad sucede así: allí, Jonás es engullido por un pez. Pero no en este nuestro mundo. Tales peces no existen aquí. Es decir, claro que existen, pero no los vemos aquí. Aquí en este mundo te estás ahogando en el tiempo. Estás terriblemente lejos de casa, perdido y perplejo y no sabes qué hacer. Y, a pesar de todo, Jonás tiene el sentimiento de que alguna vez volverá a la casa de Dios. Siempre existe este sentimiento en cada ser humano, ese sobrante, ese pequeñísimo sobrante. Viene el momento en que ese Jashmonái dice: “Parece del todo imposible. La gente se está riendo e intenta matarme. Y a pesar de todo, quiero restablecer la unidad en el centro, en ese punto esencial. Milagro o no milagro, algo nacerá. No sé cómo será, pero lo acepto”.
    ¿Quién es ese Jasmoneo en el mundo? Nadie sabe quién es. No tiene descendencia, o en todo caso, no se conoce. ¿Era un gran sacerdote? Entonces hubiese sido rey al mismo tiempo. ¿Quién es en realidad? Se sigue contando: para que ese centro, esa casa de Dios vuelva a la vida, es necesario el shémen, aceite. Shémen 300-40-50 tiene como valor numérico 390, como Shamaim 300-40-10-40 cielo. El aceite en cuestión es el aceite de la oliva, del sexto fruto (de las siete) del país (Deut. 8,8). De la oliva se dice que se prensa en el séptimo día, para obtener el aceite. En el octavo día, está listo. También eso es solo válido en otra realidad, porque aquí no existe oliva del sexto día. Esa oliva por tanto es recogida el viernes, apretada y prensada el sábado, para que el aceite esté listo el domingo, el octavo día. Ese aceite es necesario para volver a restablecer la Casa de Dios. ¿Pero cómo bajarlo a la tierra? No existe relación entre el aquí y el allá. La verdad es que algo de este aceite está aquí, pero para prepararlo es necesario el tiempo completo de siete días. En el octavo día estará listo, sí, pero no podemos esperar a que llegue ese octavo día. ¿Cómo pues hacerlo? Algo de aceite hay. Siempre queda un resto.
    Tenemos algún sentimiento de relación. Algo sabemos, un par de milagros hemos visto ya. Los hemos descubierto, están en nuestras vidas. Es decir, algo de este aceite, algún sobrante hay. Y entonces se te dice: enciende ese sobrante y déjalo arder. ¡Deja que dé luz y calor! Sí, pero después de un día estará consumido. Hay solo para un día. ¿Cómo entonces puede producirse una relación, antes de que llegue ese octavo día y que el aceite nuevo esté listo? Y entonces viene Jasmoneo y sucede lo extraordinario. Porque tiene esa cualidad inhumana que dice: ¡Es imposible y nunca tendrá éxito, pero lo hago a pesar de todo! Y sucede lo inesperado, el milagro, podríamos decir: el aceite de un solo día, arde hasta el octavo día. Cuando en el octavo día la preparación del nuevo aceite termina, el viejo aceite sigue ardiendo. No es posible, no había bastante y, a pesar de todo, ha ardido hasta el octavo día. Lo que sucede, pues, el 25 de Kislev es lo siguiente: es del todo imposible, no debes esperar nada, nunca habrá bastante para llegar a la meta. Pero el hecho de actuar a pesar de todo, aunque sea del todo imposible, provoca que algo del todo diferente intervenga. El otro lado, del que pensamos que ni siquiera existe, interviene. Y gracias a ese otro lado, el aceite disponible, arde durante siete días hasta el octavo día. Y entonces –Dios sea alabado– la Casa de Dios está de nuevo entre nosotros.
    Porque gracias a la existencia de ese shémen 390, todo lo demás ha desaparecido. En realidad, es lo mismo que la vuelta de Jonás, que nunca hubiera creído posible. Y a pesar de todo, vuelve al lugar de origen. Es la señal de la yona, de la paloma, también llamada “señal de Jonás”. Jonás huye y piensa que es imposible volver, del todo imposible, sin ninguna esperanza. Y, a pesar de ello, sucede porque transita por un camino diferente, impensable. Es el suceso del 25 de Kislev. Y el aceite de verdad arde durante ocho días. El aceite que se quema, tiene que ver con “el regreso”. Algo que pensabas que era imposible que se presentase aquí, se presenta. Es un cambio, de la misma forma que el sol cambia: ha ido hasta el límite y vuelve. No es casualidad, es la creación que impulsa que el sol vaya hasta el límite y vuelva. Y justamente cuando sucede, todo lo demás también sucede. Es la sensación de que todo se vuelve frío y más frío, alejado y más alejado, pero de pronto cambia y regresa. De la misma forma que la noche en cierto momento cambia y el día vuelve a apuntar. Teníamos el sentimiento de hundirnos en la miseria. Pero era solo un sentimiento, de hecho, vuelve el día. Así, el relato muestra el regreso, un nuevo nacimiento.
    En cuanto a los sucesos exteriores del 25 de Kislev, los encontrarán en el libro de los Macabeos. Hay grandes luchas. Las mismas que son necesarias para exterminar a los cananíes. Pero en todo caso no tienen nada que ver con las luchas y combates de aquí. Hoy se habla de los macabeos como si hubiesen sido maestros en la lucha y grandes deportistas. De hecho, la historia de los macabeos en el judaísmo pagano, o paganismo judío, se ha convertido en un evento deportivo importante. Se ha degradado lo santo para que encaje en este mundo, y cuando se hace tal cosa, las consecuencias son siempre fatales: patadas, violencias, asesinatos. En todo lugar donde se rebaja un suceso de allí a una especie de exclusividad aquí, diciendo: “nosotros sí y vosotros no”, se está rompiendo la unidad del ser humano. Hay que tener mucho cuidado con esa actitud de “yo sí y tú no”. Todos los seres humanos tienen el mismo valor; aunque, por supuesto, cada uno es diferente. Y es diferente porque en el gran conjunto cada uno tiene su propio lugar. Por este motivo cada cual es diferente y debe serlo. De la misma manera que la huella dactilar es única. Nos asemejamos en ciertos momentos, pero en otros, más bien no. Pero como seres humanos somos iguales, tenemos el mismo valor y el mismo sentido. Hay pues que estar muy atentos para no dividir y romper, diciendo:
    “Esta es mi exclusividad y aquella la tuya”. Así se destroza cualquier conjunto. He dado a propósito el ejemplo de los macabeos, pero sabemos que lo mismo sucede con la Navidad. También allí se dice que “nos pertenece”. Con ello rompemos la unidad del ser humano. Si algún asunto es solo para algunos y no para otros, la unidad ya está rota. De la misma forma que la revelación es dada a todo ser humano, al mundo y a toda la creación, así todo lo demás es dado a todos. No podemos hacer ninguna diferencia en esto. Debemos reencontrarnos con la unidad. Solo entonces recorreremos el camino de regreso. Desde diferentes lados se accede al centro, alguno viene del sur y otro del este. Quizás pienses que los caminos son muy diferentes, pero cuanto más te acercas al centro, más te das cuenta de que es el mismo paisaje. Lo reconoces. Ciertamente, si alguien viene de una dirección completamente distinta, y si se comparan los puntos de partida, habrá que admitir que existen grandísimas diferencias. Pero si se está mirando desde el norte, el sur, el este o el oeste al mismo lugar, se ve siempre ese mismo lugar. Por eso también se dice: ¿Cuál es tu dirección? ¿A dónde estás mirando? Entonces puedes estar situado tranquilamente en un lugar diferente sabiendo que todos marchan hacia el centro común.
    Un chino sale de otro punto de partida que un español. Es diferente. Pero puede mirar en la misma dirección; y lo mismo vale para el indio y para el americano. Lo importante es a dónde se esté mirando. Y cuanto más nos acercamos al centro, tanto más se reconoce el paisaje a que pertenece cada uno. No puede decirse: “tu lugar no es bueno, el mío es mejor”. En un lugar hay desierto, en otro, bosque. ¿Es lo uno mejor que lo otro? Estas ideas hay que eliminarlas para poder regresar al centro. Estoy mirando a ese punto central. Por eso se dice siempre, también lo dicen los profetas, que nos reuniremos en Sión 90-10-6-50. Sión es la seña, la marca de lo esencial. Es el lugar donde existe la unidad. Estar andando en dirección a Sión significa, ir en dirección al centro. “Sionismo” en principio, no quiere decir otra cosa. Luego, por desgracia, ha degenerado en un nacionalismo pagano, de la misma forma que del lado árabe hay otro nacionalismo pagano. El uno no es mejor que el otro. Es trágico que tenga que ser así. Pero la palabra Sión en sí, no significa otra cosa que dirigirse a la unidad, al centro. Ya existía, por supuesto, antes de que surgiera ese paganismo. Así también en los relatos de Navidad es determinante que estemos mirando en la misma dirección. ¿Qué está sucediendo? Un milagro. Llega algo que nunca hubieras esperado que pudiera llegar.
    Así se explica la salvación: Algo que no coincide con tus esperanzas, con aquello que debiera de haber sucedido según tu pensamiento casual, científico. Podrías esperar, por ejemplo, que llegase un hombre muy fuerte, increíblemente eficaz e imposible de sobornar. ¿Pero alguien tan eficaz y tan fuerte no sería sencillamente insoportable? Pero supongamos que viene alguien que de verdad es así: insobornable, eficaz y bueno; y que nunca se quemara los dedos en ningún asunto. De tal ser humano se espera pues la salvación. Y si un hombre solo no bastara, que viniera un equipo de muchos hombres eficaces, que se reuniesen en un palacio imponente y que todos juntos aportaran la salvación. Es justamente lo que los seres humanos buscan: la multitud, lo roto. Aunque dentro del ser humano hay algo que se rebela y que dice: “No sé, pero insisto, no quiero esta multitud. Aunque no soy infalible, nadie me escucha. Hablo y escribo sobre toda clase de cosas, pero ¿qué sentido tiene? Lo que digo no se escucha ni en la China ni en el Congo”. Parece pues totalmente sin sentido y no lleva a nada, de la misma manera que aquel aceite, tampoco parecía llevar a nada. Cuando el salvador nace en esta tierra, se pregunta: ¿Dónde dices que ha nacido? Es el relato del nacimiento entre los animales en el establo. ¿Qué cosa buena puede salir de allí?
    Pues justamente allí donde no lo buscas y no lo esperas, está aquello que piensas es imposible, que no cuenta, pero que finalmente prevalece. Y siempre vuelve a suceder así. No es que haya sucedido solo una vez –aunque ciertamente haya sucedido aquella vez– sino que de nuevo vuelve a suceder siempre. Y esta es la cuestión. El calendario es la expresión de una voluntad, y demuestra que siempre vuelve a suceder. No puede decirse, por tanto: alguna vez pasó que… No. Es aquí y ahora. Por ello existe en el judaísmo la vieja costumbre de no contar los años, de no decir: vivimos en el año 5728 según el calendario bíblico. No se cuenta así. Solo se dice: 728. Se eliminan los 5000, porque no se quiere contar. De hecho, se cuentan, pero se olvida la cifra de inmediato, porque siempre vuelve a suceder. La palabra hebrea de “calendario” es lúaj30-6-8. En realidad, significa “tabla”, tabla de piedra, como aquellas lujot que Moisés recibió en el Sinaí. El calendario es pues incambiable, tiene una estructura fija, es inamovible. Porque la voluntad que está detrás es inamovible. Cada año vuelve esta misma estructura. No cambia; no cambia su forma nunca. Puede entrar en el olvido, como sucede hoy en día, pero está firme por toda la eternidad. Y porque estas tablas son de una estructura firme y esa misma estructura vuelve siempre, es por lo que ese evento del nacimiento del salvador es idéntico a la salida de Mizraim (Egipto).
    Les he dado ya ejemplos de salvación, como ocurren en Mizraim. Conocen la historia: Faraón mata, ahoga a todos los niños porque tiene miedo del salvador. Pero lo mejor de la historia es que está criando al salvador en su propia casa. El mismo relato lo conocemos de la tradición sobre Abrám. El rey Nimrod sabe que el salvador está a punto de nacer. Curiosamente, la misma historia y ¡también con las estrellas! Se enfurece terriblemente contra todos los niños, no quiere darles la oportunidad de estar aquí. Pero en casa de Téraj, su consejero más próximo y más importante, nace Abrám. Nimrod ni se imagina que se encuentre en la más cercana proximidad. Siempre la misma historia. El representante del mundo, del ser humano, no lo acepta, se ríe del solo pensamiento, lo encuentra insignificante y sin valor. Y justamente bajo estas condiciones, viene. No significa naturalmente que no podamos festejar esos días con luces, velas y canciones. Pero a mí personalmente, me ponen siempre nervioso, y no me suelo encontrar muy bien. Debemos despertar y saber qué es la salvación. Es algo que nunca hubieras pensado que fuera exactamente así y que viniera de esa dirección. Porque además ¡es imposible! De hecho, está en oposición con lo normal. Pero finalmente debemos constatar que todo lo normal se desvanece, mientras que lo nuevo se asienta y permanece.
    Así es la salvación. Por este motivo, el relato del 25 de Kislev es un relato de ocho días, porque dura ocho días, no siete, va hasta el octavo día. ¡Y el octavo día es el gran día! He señalado ya que el octavo día después de Navidad es el 1 de enero. Ese día, para nuestro calendario –casualidad, dirán muchos– es el primer día del año nuevo. Comienza una nueva cuenta, un nuevo mundo. El octavo día es, como sabrán, el día de la circuncisión. En muchos calendarios está escrito: Circuncisión del Señor. El año nuevo comienza con la retirada del envoltorio. Lo nuevo llega, ha irrumpido. Por tanto, la cuenta desde el 25, es importante. Desde allí puede reconocerse la estructura de la salvación. La estructura, en primer lugar, muestra una perplejidad, una huida, un desarrollo que va en dirección contraria, porque el mundo no quiere ser salvado, quiere salvarse a sí mismo. Nosotros debemos explicar, nosotros debemos construir y dirigir el país, la Unión Europea, la OTAN, y la ciencia irá mejorando y solucionará todo. Pero al mismo tiempo, dentro de nosotros existe una desesperación, porque otra voz nos habla: “Con esta eficacia te vas a perder, está claro. A pesar de toda la ciencia y ese bienestar creciente, nunca habéis estado tan inquietos como hoy en día. Viéndoos se piensa: ¿se han vuelto todos locos?”
    Y es verdad que la gente se vuelve cada vez más extraña, a pesar de todos los conocimientos nuevos que surgen. Llega el momento en que ya no sabe a dónde irse. Es cuando Jonás piensa con desesperación: “Me ahogo en la masa, en la multitud. Y nunca llegaré a salir”. Pero otra voz grita: “Y a pesar de todo, entraré en la Casa de Dios”. El pez acaba de engullirte –se muestra en esta imagen– y estás pensando: “Nunca saldré de aquí”. Y la tradición dice que no se trata de un solo pez, más bien es así: un pez engulle a Jonás, otro pez engulle al primero, y el tercer pez engulle al segundo. Así, Jonás como cuarto elemento está envuelto por todos esos peces, hasta el leviatán, que engulle al último pez. Está enteramente perdido en la forma y en la multitud, pero algo dentro de él sabe: “Y a pesar de todo, llegaré”. Es eso lo que enciende la luz en el ser humano, lo que enciende la pequeñísima llama para ese único día, en la confianza de que pueda contener la salvación. Y si hicieras algo tú solo, aunque pareciera que no hubiera ninguna esperanza de nada ¡hazlo a pesar de todo! A veces nos preguntamos: ¿Qué sentido tiene todo eso? Nadie lo sabe. Puede carecer del todo de sentido, o puede tener un sentido apasionante. Pero si supiéramos qué sentido tiene, actuaríamos con la esperanza de una contrapartida y sería una especie de trueque.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/22/estudios-de-tora-13/
    Elaborado por David Saportas
    46 min
  • Estudios de Torá 12 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 3
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 3
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/20/estudios-de-tora-12/
    Tercer Capítulo:
    El 1 de Nisán Hilel y Shamái
    Jódesh: el milagro de la renovación
    Permanencia en el cambio
    El Rey Hiskiá y la consagración del Templo
    La expulsión de las “mujeres extranjeras”
    La exactitud de la revelación
    El signo de Aries
    Año nuevo de los Reyes
    Ibur ha-shaná, el año de 13 meses
    El 7 de Nisán.
    Profecía sobre Faraón
    La muerte de Miriam el 10 de Nisán
    Ocupémonos pues ahora con el mes de Nisán, que en la cuenta de los meses es el primero. La traducción del nombre lo dejo aparte porque nos llevaría demasiado lejos. Como dije ya, el mes de Tishri es el séptimo mes, pero el comienzo del año. Es decir, el año comienza con el séptimo mes. Notarán aquí una coincidencia significativa del concepto “séptimo”, la mitad, el punto en que ha pasado la otra mitad. Porque si Nisán es el primer mes, Tishri es el séptimo y el 1 de Tishri es el año nuevo bíblico. De ese día les he contado que es el día en que el ser humano viene a la tierra. Desde esta fecha se cuenta su presencia en el mundo. Y los meses se cuentan a partir del séptimo mes de la creación del ser humano, es decir, el 1 de Nisán. Los meses son los siguientes:
    1º Nisán – 7º Tishri
    2º Iyar – 8º Jeshván
    3º Siván – 9º Kislev
    4º Tamuz – 10º Tévet
    5º Av – 11º Shevat
    6º Elul – 12º Adar
    Es significativo que comencemos el conteo del año cuando ya estamos en el séptimo mes. ¿Por qué entonces? Sería más normal comenzar con el primer mes. Pero está claro que estamos ante una dualidad. Es la dualidad que nos encontramos una y otra vez, el hecho de que todo tenga dos lados. Es el relato de Jano, del que hemos hablado ya. Jano es también un nombre hebreo. Quizás alguna vez hayan oído hablar del rey Yanái, que es el nombre hebreo de Jano. En el conteo de los años nos encontraremos con él. El valor numérico de la palabra Yanái 10-50-1-10 = 71, muestra esos dos lados: 1 y 70. También el ivrí el hebreo, es siempre 71, porque se trata de los 70 pueblos más el ivrí. Existe un día dedicado a Yanái. El año mismo es una dualidad. Debemos aprender, seguir aprendiendo, que, en cierta manera, nada de lo que aparece aquí, es evidente. Puede también ser otra cosa. Es decir, existe esta vida y también la otra vida. No se trata de la esperanza de otra vida, no. Esta otra vida es una realidad. Existe este mundo y el otro, que siempre están uno al lado del otro, o uno enfrente del otro. Nunca piensen en “uno tras otro”, en el sentido de que “uno termina y ahora comienza el otro”. El tiempo es una especie de velo que envuelve y que deja que creamos: “Existió entonces, pero ya pasó. Es el pasado y ahora nos enfrentamos a otra cosa”. A tal afirmación se opone siempre que esos dos lados existen simultáneamente. Muchas veces el ser humano ve un lado solo, y está bien, porque nada puede forzarse aquí. Pero los dos mundos existen simultáneamente. Por esa razón, se encontrarán siempre con una afirmación que dice eso y otra que la contradice.
    Es terriblemente incómodo para nuestra percepción que pueda ser eso y aquello, pero es la realidad. En el cálculo de las probabilidades, donde no estoy tan cómodo como en la estadística científica, también se encuentra esa dualidad, allí, donde se trata de lo muy pequeño. Puede ser eso y puede ser otra cosa. Y si se pregunta qué es de verdad, un buen estudiante contestaría: “Es eso y lo otro”. Pero a la mayoría le incomoda enormemente; les parece un sinsentido eso de las dos posibilidades. Seguramente habrán oído hablar en la escuela de la geometría euclidiana y la no-euclidiana. Una dice eso y la otra aquello. Y tampoco aquí puede decirse que “trabajaré solo con esta posibilidad, y no con la otra”. De nuevo, esos dos lados. Lo que acontece el primer día del primer mes –y hablamos de una de las opiniones sobre el diluvio, que la tierra se había secado– sucede, según otra opinión, el 1 de Tishri. Así también se dice que el ser humano fue creado un 1 de Nisán, pero de una forma incomprensible para nosotros. Para nuestra realidad vale que el cuerpo que vemos apareciera el 1 de Tishri. Existe también otra postura curiosa en la tradición, que normalmente no es bien comprendida. Se dice que hay dos escuelas filosóficas. Pero no se trata de dos escuelas, sino de dos hombres que vivían al mismo tiempo pero que explicaban las cosas de forma diferente. Se contradecían.
    Una es la escuela de la casa de Hilel 5-30-30, otra la de la casa de Shamái 300-40-10. Cuando Hilel dice que algo es negro, Shamái dice que es blanco. Parece un deporte y suena muy confuso, pero se dice que Hilel está para este mundo, sigue la halajá, el camino, mientras que Shamái está para el otro mundo. Puede preguntarse por qué se molestan viniendo cada vez con una nueva contradicción. Pero no se trata del deseo de contradecir, es simplemente el otro lado de las cosas. Uno dice que el ser humano es un hombre, otro dice que es una mujer. Los dos tienen razón. Es ese Jano, que por un lado parece ser hombre, y por el otro, mujer. En cierta manera, las dos opiniones son verdaderas. Tendremos que acostumbrarnos al hecho de que se diga en cuanto a Nisán: es el comienzo del conteo de los meses, porque, en verdad, los meses contienen una renovación. Jódesh significa “mes” y también “renovación”. Luna nueva: jadashá, “nueva”. Siempre se habla en hebreo de jódesh, refiriéndose al mes. Existe también otro nombre para “mes” o “luna” que es yaréaj 10-200-8, pero no se usa nunca. Los meses indican en nuestro tiempo la posibilidad de la “renovación”. Significa que algo totalmente nuevo puede comenzar, que la vida no tiene por qué continuar como siempre. Se expresa también en el tiempo, todo se expresa en el tiempo, en las plantas, animales y signos astrológicos. El tiempo se expresa en la forma en que vemos la luna. Siempre la vemos apareciendo y desapareciendo.
    Pero en realidad la luna permanece igual. Todo el mundo lo sabe perfectamente y siempre se ha sabido. Pero para nosotros aparece de tal forma que decimos: “Qué extraño, es una parte nada más de la luna. ¿Dónde habrá quedado el resto? Disminuye y desaparecerá del todo”. Por ello se dice de la luna –expresado en el tiempo– que muestra la existencia de un mundo en renovación permanente. Y la primera renovación en la Biblia –en ese libro que está más allá del tiempo–, ahí donde comienza el mes de Nisán, sucede la salida de Mizraim, la liberación de la esclavitud en la dualidad, en la oposición. Si yo digo: Es Nisán y es Tishri, ¿qué es entonces? Es una contradicción. Pero se puede salir de esa contradicción, aunque permanezca. Porque Egipto no desaparece. Aunque solo se puede salir si otro mundo interviene. Dios interviene, y por ello podrás salir. No podrás salir por tu lógica ni por tu mente aguda o por tu reflexión. Hay una frase relacionada que se dice en la fiesta de Pascua, que está escrita en un trozo de la Hagadá: “Y si todos fuésemos grandes sabios, llenos de entendimiento y conociéramos toda la Torá, aún así, nunca seríamos salvados de Egipto si Dios no interviene”. Porque esta salvación no tiene nada que ver con inteligencia, conocimientos o entendimientos. Necesita una intervención de otra parte –que puede suceder en cualquier momento– si se quiere ser salvado. No es posible hacerlo por la propia fuerza. Todo lo contrario.
    Un sabio verdadero sabe que toda la sabiduría que posee, viene de otra parte. No sabe, es sabido. Se le regala para que sepa. Las personas que piensan que ellas mismas construyen y hacen por su propia inteligencia, no son del todo inteligentes. En hebreo, sékhel 300-20-30 es la inteligencia y sakhol 60-20-30 es la necedad, obrar neciamente. Se dice que la inteligencia del ser humano es causa de su necedad. Porque sus conclusiones son causales: de esto sale aquello etc. y siempre se llega a las mismas conclusiones. El intelecto no ve ninguna posibilidad de salir de esa contradicción. Y solo sucede si Dios interviene, en cada momento, en cada ser humano, cuando lo ve. Allí donde comienza la salida de Mizraim, Dios dice a Moisés y Aarón: “En este mes Nisán que viene, y con el trocito de luna que va a aparecer, comienzan las renovaciones”. Y la primera renovación es la salida de Mizraim, la salvación perfecta. Y sentimos que el tiempo de la luna, de la renovación, no es un tiempo que podamos calcular. No cuentes según la luna, porque no está para que tú calcules. Conociendo el recorrido de la luna, aproximadamente 29,5 días, puedes calcular con precisión en qué día va a caer la luna nueva en el año 16.000. Con total precisión y, a pesar de ello, está dicho que no calcules nunca así con la luna.
    La luna es una señal que te dice que hay algo en el mundo y en el ser humano que se renueva constantemente, que puede renacer, completamente nuevo. La forma no es algo que somete, en el sentido de que soy así y así me quedaré, es seguro. No es verdad. En cada momento sucede una renovación de la forma. Por ese motivo, los meses cuentan a partir de Nisán, primer mes, el mes de la renovación. Porque allí se expresa el hecho de que existe una forma que contiene toda renovación, pero que no tiene nada que ver con las propiedades corporales del ser humano. Eso toca en el mes de Tishri. Este propicia el otro lado, el que continúa, el que permanece. Si el ser humano se renovara en cada momento, tendría que morir y renacer en cada momento. Su cuerpo desaparecería cada vez. No, existe la dualidad de lo que permanece frente a lo otro, lo que está en constante cambio. No es solo una permanencia y tampoco solo un cambio. Permanecer y cambiar forman una unidad que no asumimos conscientemente, pero que percibimos muy legítimamente como vida. No tenemos la consciencia de que los dos aspectos sean una unidad. Por esa razón, con Tishri, aparece el ser humano. Su presencia está firmemente diseñada: carne, sangre, huesos. Es pequeño y crece. Es una realidad firme.
    El cuerpo tiene muchas cualidades, de las cuales el ser humano no puede desprenderse. Las lleva consigo. También sus cromosomas y todo lo demás. Y después surge el ser humano también el 1 de Nisán, en el comienzo de las renovaciones. En cada momento es renovado y reconstruido. Los dos lados existen simultáneamente. De ese ser humano en constante renovación, puede decirse que es lo contrario de aquel que permanece, que dice “soy como soy”, y nada puede cambiarse. Enfrente está aquel que dice: siempre hay un nuevo cambio, no permanezco como soy, por fortuna. El milagro es que podamos cambiar. La salida de Mizraim (Egipto, estrechez, esclavitud, dualidad, la forma) es esa renovación, porque realmente, tendrías que permanecer en Egipto para siempre. Es el mundo que tenemos delante, tal cual. Y nunca podrías, ni se te permitiría, salir. ¡Pero fíjate en este grandísimo milagro, esta irrupción, este cambio inesperado, esta salida de la esclavitud! En el relato del diluvio se cuenta también que el 1 de Nisán la tierra está ya seca; y este hecho coincide con el momento de la creación. Los dos eventos suceden el 1 de Nisán. Pero otro dice que sucede el 1 de Tishri. Y la paloma que se ha enviado antes de que la tierra se haya secado por completo –en dos ocasiones– significa que se ha enviado con anterioridad, para traer el mensaje. Antes de la aparición del ser humano, la paloma está ya volando hacia aquí y hacia allá, y también el cuervo.
    Cuando aparece el ser humano, ha sucedido ya. Y solo entonces la tierra se hace visible. Antes, la tierra está, pero cubierta de agua, de tiempo. Ahora queda visible. Es su nacimiento. Un nacimiento doble, dual: el 1 de Tishri y el 1 de Nisán. El ser humano nace en las dos ocasiones. Les estoy hablando de dos conceptos: del nacimiento del ser humano y del secado de la tierra después del diluvio. Momento en que la tevá, 400-2-5 el arca, es decir, la palabra, toma asiento en la tierra y se abre. La palabra toma forma en la tierra. Quisiera mostrarles algunos otros aspectos del 1 de Nisán, para poner énfasis en el hecho de que el ser humano aparece como ese elemento renovador, el que tiene en sí el milagro de la renovación. Se expresa también en las costumbres judías. No quiero contarlo como una especie de folklore, sino para mostrarles desde otro mundo que existe también allí. La mayoría de los judíos no tienen estos conocimientos, ya no conocen el significado de las costumbres. Lo cuento como un conocimiento desde lo más íntimo del ser humano, un conocimiento desde su estado primitivo que le acompaña y le ha acompañado, es decir, que el 1 de Nisán existe la posibilidad de ser salvado por Dios. Porque es a través de Dios como la salvación se hace realidad.
    Un tercer aspecto del 1 de Nisán es que, en los tiempos del Rey Hiskiá, el Templo es consagrado de nuevo. En hebreo, ese nombre es Jiskiahu 8-7-100-10–5-6, “Fuerza de Dios”. La raíz es jasak, “fuerza” o “poder”. No se trata de nuestra fuerza, sino de otra. Cuando Josué es llamado para llevar a Israel desde el desierto a ese otro mundo, se utiliza de nuevo cierta expresión en cuanto a él: jasak ve-emaz 8-7-100 6-1-40-90, que se traduce como “esfuérzate y sé valiente”. Estas expresiones son sinónimas y se usan precisamente con Josué y en ningún otro lugar. Es como si fuese una especie de divisa, un ruego, un deseo, una esperanza: ante todo sé fuerte y valiente. Pero ¿qué se espera del pobre Josué, como para desearle justamente ahora “fuerza”? Se le podría desear a cualquiera. Esa palabra, jasak, está en el nombre del Rey Jiskiahu. De él se cuenta que, realmente, es idéntico al Mesías. Suena algo loco, pero solo quiere decir que algo muy especial pasa en él. Sucede el milagro de su enfermedad y de su curación. Y Jiskiahu –lo ven en el calendario– aparece también el 1 de Nisán. La palabra jasak en su nombre contiene ese saber imponerse, prevalecer en toda circunstancia. Se trata de una fuerza que no presta atención a las circunstancias, que sigue, aunque la situación sea del todo desesperada.
    Parece presunción y obstinación, pero es la capacidad de perseverar y de prevalecer, junto con una fe grandiosa. No es ninguna tontería lo que se exige de Josué, ese traslado al otro mundo. Simplemente, debe creer que puede hacerlo. Y tan pronto como comienza la tarea y cruza el Jordán –Yardén 10-200-4-50 en hebreo–, el maná cesa y parece que todo vaya por un camino equivocado. El río Jordán aquí es una señal de que ese otro Yardén existe, de la misma forma que la luna que vemos es una señal de que la luna verdadera existe. Esa capacidad de perseverar y de imponerse a pesar de todo, es jasak. Jiskiahu tiene en su nombre esa sabiduría de poder imponerse. Se manifiesta también en su enfermedad, porque está mortalmente enfermo, pero no muere. Reza esa oración y de pronto hay un cambio total y recobra todas sus fuerzas. En la vida de Jiskiahu, el 1 de Nisán, es de nuevo consagrada la casa de Dios llamada Templo, el lugar donde habita Dios en la tierra. ¿No es lo mismo que la creación del ser humano? Esa consagración no es ninguna ceremonia que pudiera grabarse en video. Es de nuevo la creación del ser humano, que en la noción de Jiskiahu aparece de nuevo con aquel que es el salvador, y no lo es, porque no sabe cantar. El ser humano no puede cantar, porque cantar significa seguir un orden firme, un camino firme y permanente, como lo muestra una canción y también un poema.
    “Poema” en hebreo es casi la misma palabra que “canción”. No voy a considerar los poemas modernos aquí, porque vienen de otro mundo. Pero una canción puede cantarse solo mediante reglas fijas. Desviarse de lo establecido significa desafinar. Del ser humano que viene a este mundo podría decirse que puede seguir una ruta firme. Está claramente delante de él. Pero desafina, no puede cantar, canta una vez así y luego diferente. Hace cosas del todo absurdas, por decirlo así, y ésa es la conversación de Dios con el ser humano. Pero, por fortuna, su vida no es solo canción y poema, porque de ser así, el mundo no sería mundo. Con Jiskiahu comienza la consagración, la purificación del Templo que estaba “lleno de inmundicia”; no era lugar para que Dios viviera. Más bien caos y confusión, en ese 1 de Nisán (2 Crónicas, 29,5).Si vivimos el 1 de Nisán, que cae en general en el mes de marzo o abril, algo muy determinado está presente y ese punto en el tiempo coincide con el punto en la eternidad. De allí viene hasta aquí. No puede decirse que entonces, hace miles de años, Jiskiahu hizo eso o aquello en el Templo. No. Lo hace ahora. Que tú no puedas ver el Templo es triste, pero tampoco el 1 de Tishri el ser humano es capaz de ver a Elisha.
    Eso también es triste. Si pudieras verle, sabrías, tendrías consciencia de que sucede siempre de nuevo. Y así, cada día suceden cosas. No hay ningún día y ninguna hora que no sean importantes. Luego, un cuarto aspecto que también conocerán de la Biblia. Es un relato aparentemente cruel, está en el libro de Esdras. Los seres humanos que regresan de Babel y que ahora se llaman judíos, tienen todos “mujeres extranjeras”. Y no puede ser, esas mujeres extranjeras deben desaparecer. Y si vives este primer día del mes de Nisán, el comienzo del conteo de los meses, te preguntarás qué pueden significar realmente esas mujeres extranjeras. ¿Son mujeres como las nuestras o se trata de otra cosa diferente del todo? Estamos ante la creación del ser humano. La fase del animal ha pasado. El cuerpo que es un cuerpo de animal, es renovado. Sabrán que el ser humano es el octavo acto de la creación y los animales el séptimo. Significa que el ser humano es creado en lo corporal a partir de aquello, aún está unido con el animal, en el sentido de que sigue subsistiendo una especie de vínculo. Muchas veces se utiliza la Biblia –equivocadamente– como libro de recetas o de citas, del que pueden sacarse ciertas reglas para luego vivir feliz en el más allá. Aquí no se trata de un repudio de mujeres. Entenderlo así sería hacer un uso deshonesto de la Biblia.
    La Biblia no es ningún libro de prescripciones. La Biblia es una revelación, un milagro que es dado al mundo. Si la Biblia dice que las mujeres extranjeras deben desaparecer de inmediato significa que el aspecto físico, que es representado siempre como “femenino”, debe desaparecer. De otra forma, el mundo no puede subsistir. La creación del ser humano corre paralelamente a una lucha gigantesca. Lo válido para el final de la noche y el comienzo del día, es válido también para el mes y el año. Cada día tiene cuatro ciclos y cuando apunta el día es aún de noche y hay oscuridad profunda; todo lo anterior, todo lo demoníaco, debe eliminarse. El ser humano debe liberarse de lo demoníaco. Vierte agua sobre sí y queda liberado. Es lo mismo que las mujeres extranjeras que deben irse. Son arrastradas a otro mundo, a otro tiempo, y el ser humano queda liberado. Es un nacimiento. Suelta lo anterior; de no hacerlo moriría, no podría nacer. Debe soltarse para nacer aquí. También eso es el 1 de Nisán. Aquí hay una gran concentración de eventos. Más tarde nos encontraremos con días que tienen un solo acontecimiento. Lamentablemente no podremos hablar de todos los 365 días del año, necesitaríamos algunos años para hacerlo, y considerando las condiciones difíciles en nuestro estado de bienestar, en el que nadie tiene ya tiempo, es imposible. Aunque por supuesto me gustaría hacerlo, únicamente trataremos algunos aspectos. He anotado todos aquí, porque había un tiempo en que no se hablaba aún de un estado de bienestar. Entonces tenía tiempo de escribir. Haré, pues, una selección; y en todo caso, tendrán una buena idea del año.
    Resumiendo: el 1 de Nisán es el comienzo de las renovaciones. No hay ninguna justificación para decir: “es así y no puede cambiarse”. Siempre puede cambiarse; cada día, cada momento la creación comienza de nuevo. No hay nada fijo para siempre. Aunque sí, el 1 de Nisán está fijo y el 1 de Tishri también. También hay que considerar ese otro aspecto. El ser humano de Tishri, en cierto aspecto, debe esperar al séptimo día, al ser humano de Nisán, para que acontezca la irrupción de la renovación. El 1 de Nisán es también el momento en que los sacerdotes en el Templo toman la madera, para encender el fuego en el altar. Sabrán que este fuego es algo muy especial. El ser humano aporta la madera. Ez 70-90 en hebreo, madera, árbol; et 70-400, tiempo. Las dos palabras son prácticamente iguales en la pronunciación. Esh 1-300, fuego. El ser humano propiamente dicho, lleva su tiempo a un lugar donde su cuerpo se quema. Y si aporta su tiempo a ese lugar, el fuego viene del cielo y la madera comienza a arder. Es difícil de comprender. ¡Supongamos que realmente viniese fuego del cielo, como se cuenta! No he estado y no lo he visto. Pero no es necesario estar para saberlo. Y si alguien preguntase “¿lo has visto?”, respondería: ‘’mucho más que solo verlo’’. Porque no es necesario ver de esta manera.
    Es decir, el 1 de Nisán el “sacerdote” que hay dentro del ser humano, lleva esta madera y le dice al cielo: Deja que el tiempo comience, deja que el korbán, el sacrificio, arda, ese acercamiento a Dios. Sin cantar y sin hacer versos; no pasa nada si se equivoca. Caer y levantarse de nuevo, o también fracasar, hasta el final y siempre de nuevo. Es posible que alguna vez llegue a cantar, pero siempre de nuevo, se equivocará. Y, a pesar de todo, quisiera tanto, quisiera vivir el milagro. Se dice que el 1 de Nisán nacen tanto Abraham como Isaac. Y comprenderán ahora, espero, que no debe entenderse como un acontecimiento histórico. No está escrito así en la Biblia, pero se sabe –el lugar en la Biblia es conocido, y toda la estructura de las palabras y letras involucradas– y la sorpresa una vez más, como todo, coincide. Porque entonces se sabe que, de verdad, los dos aparecen el 1 de Nisán. Y el mismo 1 de Nisán, desaparecen de este mundo. El ciclo está completado. Significa que esos ciclos realmente se encadenan el 1 de Nisán. Siempre están, a través de todo el año. No hay día en que no estén. También ahora están. Cuando de personajes bíblicos se dice que nacen y mueren el mismo día, significa, que siempre están. El 1 de Nisán también habla Dios con Moisés en la zarza ardiente –sné 60-50-5 en hebreo- Significa que ese acontecimiento tiene también que ver con la creación del ser humano. Y por ello, podemos ver esta creación bajo una luz del todo diferente.
    El ser humano es creado, cuando ve que la zarza está ardiendo. Ve la oposición: ese sné, ese arbusto arde, pero no se consume. Representa al ser humano en el mundo. ¿Es Nisán o es Tishri? ¿Es Hilel o es Shamái? ¿Cómo es? La zarza que arde, la renovación del Templo por Jiskiahu, es siempre el mismo acontecimiento, pero desde diferentes perspectivas. Se trata de acontecimientos determinantes en la revelación. Y esa revelación no es nada imprecisa. Tú solo notas imprecisión en tu propia vida. Y es bueno que sea así, debe ser así. Te acompaña en el camino. Hay mucha niebla, la visión es bastante mala, muchas cosas están ocultas. Pero la revelación –y toda la creación–, se da de tal forma que todo, hasta el detalle más pequeño, sea exacto y preciso. Puedes confiar en ello. Si ves una rosa muy hermosa, puedes analizarla minuciosamente, hasta la fórmula química de su color, y encontrarás solo perfección hasta en los detalles más insignificantes. Pero no necesitas comprobarlo, porque sabes que es así. Y en eso consiste la niebla en tu vida: que de antemano asumes que tal como están las cosas, están bien. Imagínate que tuvieras que analizar si cada cosa es o no precisa.
    Es lo que “Frederic van Eden” quiso explicar con su “Doctor Cifra”. No es necesario que analices todo porque todo está bien. Toda revelación auténtica posee esa precisión. Todo es preciso porque se trata de la creación. Lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño están acabados en perfección. Dejan entrever que vienen de otro mundo. En un cuadro moderno, una rosa puede ser una mancha de color. Pero en la revelación hay exactitud hasta en sus más pequeños detalles. Siempre ha sido así, porque se trata de una revelación de otro mundo. Es decir, si encuentras inexactitudes en una revelación, significa que no es auténtica. Como ser humano, puedes ser impreciso. Es tonto aquel que dice que puede ser preciso. Por el contrario, todo lo que viene de otro mundo a este, es preciso y perfecto. Lo mismo vale para el lenguaje. Muestra una exactitud, una legalidad perfecta. Es un grandísimo milagro. El 1 de Nisán sucede también que Dios dice: “Me acordaré de ti” o “me acuerdo de ti”. En hebreo: pakod yifkod 80-100-4 10-80-100-4. Es una expresión firme que siempre vuelve. Por ejemplo, Joseph dice antes de morir: “Cuando te vayas de Egipto, llévame. Porque Dios ciertamente se acuerda”. (Gén. 50,25). Y cuando aparece Moisés y nadie sabe con certeza si él es o no el esperado, Dios también dice: pakod yifkod, me acordaré de ti. La señal es siempre que aquel que viene dice: “Dios se ha acordado de ti”. Es así también en tu vida.
    Si experimentas algo y dices que “lo he planeado así”, ¡puedes olvidarte! Pero si dices: “se me ha dado, ha venido a mí”, entonces todo está bien. Solo si viene de otra parte, puede ser renovador y liberador aquí. De no ser así, no es ni renovación ni liberación. También en el momento de la creación del mundo y del ser humano, Dios dice: “Me acordaré de ti”. Porque en ese momento aún no estás salvado. El asunto solo está empezando, por así decir. Pero Dios ya se acuerda, ya lo sabe. Desde el momento mismo acompaña. ¿Tiene el 1 de Nisán también que ver con la primavera? Ciertamente, es el comienzo de una vida nueva. Hasta la luna comienza su recorrido el 1 de Nisán. Es un cambio, una renovación. Y además se dice que el 1 de Nisán es el momento de la salvación definitiva. También nacerá en esta fecha. Cada año podría decirse y por ello, cada día nace. Significa que no hay que esperar hasta que llegue la salvación, por ejemplo, en el año 2100. No. Está en cada 1 de Nisán y por ello, en todo el año. Siempre existe una coincidencia de todos estos aspectos. El signo astrológico del mes de Nisán es el talé 9-30-5 (cordero, carnero, Aries). Aquello que de verdad es sacrificado. Es la señal en el cielo que se muestra también aquí. Y comprenderán que con “señal en el cielo” no decimos que es la unión de ciertas estrellas para dibujar el contorno de un cordero. Sería un juego de niños. No. Con o sin estrellas, en este lugar, allí en el cielo, se expresa aquello que significa el concepto “cordero”. Y eso se expresa también en la tierra, en el ser humano o en su entorno, en aquello que representa el cordero: suavidad, obediencia. Tiene que ver con lo otro; más aún, es lo mismo. Se expresa en el cielo de esta forma, en el tiempo de aquella, en el reino animal así y en el mundo de las plantas de otra manera.
    Para este primer mes de Nisán, está el primer hijo de las doce tribus de Israel, Rubén. Y ahora nos acercamos a algo curioso en los meses. Les he dicho ya que hay algunos días en nuestro calendario que no pueden nunca caer en cierto día de la semana. La Biblia dice que el ser humano es creado el 1 de Tishri, y ese día bíblico es un viernes. Después nunca más sucede así. El 1 de Tishri nunca más puede caer en viernes. En cuanto al 1 de Tishri terrenal, puede caer solo en ciertos días que son: domingo, martes, jueves o sábado; es decir, el primero, tercero, quinto y séptimo día de la semana. Son días fijos que transitan por todo el año. Sabrán que los meses no llenan un año solar; así, el mes de Adar es ocasionalmente doble. No obstante, el conjunto transita de tal forma que el 1 de Nisán solo cae en los días mencionados. Es una de las estructuras del universo. Firme y perfecto. El 1 de Nisán es llamado también “año nuevo”, aunque no se trate de un “año nuevo” propiamente dicho. Es el año nuevo de los “Reyes”. La palabra hebrea es mélekh 40-30-20. Rey es el ser humano que ha sabido reunir la multitud en sí, y convertirla en unidad. En verdad es rey, quien ha reunificado todo en sí. Conocerán el reproche de Samuel, cuando el pueblo quiere tener un rey (I Samuel 8) ¿No lo teníamos bien hasta ahora? Ahora el rey toma el lugar del ser humano, que desciende un peldaño más bajo.
    Por esa razón se dice que un rey no deba nunca hacer ciertas cosas, porque es algo muy especial. Cuando Salomón se casa con la princesa egipcia, se dice que en el mismo momento se pone la primera piedra, el fundamento del reino de Edóm. En ese momento se produce la escisión del reino y el Templo que Salomón construye queda destruido ya, potencialmente, en el principio. Toda la gente que vive allí, millones, tienen que ver con el hecho de que Salomón toma una mujer de Egipto. ¡Muy injusto! diríamos. Sí. Hoy en día sería injusto. Y si un rey del mundo hiciera algo así, diríamos: ¿Y yo, ¿qué? Pero la noción bíblica de “rey” es diferente. El 1 de Nisán es el año nuevo de los reyes, porque justamente del rey se dice que es portador de la renovación. Con el rey algo revolucionario entra en el mundo. Si el rey Jiskiahu quiere algo, eso sucede por doquier, en todo el mundo. Si el rey Saúl hace algo, también. El rey es determinante para la renovación. Por esa razón, el año nuevo de los Reyes no es el 1 de Tishri donde reina la continuidad. Porque del rey se espera que diga: hasta aquí y no más. Cuando David es rey, todo está en su mano, la vida y la muerte. Todo se somete. Si David decide contar al pueblo, hay muertos (II Samuel 24). Él no muere, pero el pueblo es castigado con una enorme epidemia, como está escrito. El Rey es determinante. La renovación sale de él. Obviamente, no se puede comparar a un rey de hoy con estos conceptos del rey bíblico.
    Ciertamente hay un parentesco, de la misma forma que la luna está emparentada con la luna auténtica. Y depende de cada uno determinar si está cerca o lejos de esa noción de rey bíblico. Estar cerca es una especie de suerte, una elección, para que pueda hacer y ser mucho. El 1 de Nisán es también el año nuevo de los regalim 200-3-30-10-40. Réguel en hebreo es “pie”, “pierna” y el plural, regalim, es la peregrinación al centro tres veces al año. Al lugar de Yerushalaim, donde está el Bet ha-mikdash, el Templo, la Casa Santa, el centro. Tres veces al año, ni más ni menos, sube el ser humano hasta allí. Hay tres momentos en el año y son fijos. Son Pésaj, Pentecostés y Sukot. No es que el ser humano determine que vaya de peregrinación, no, simplemente, es así. Es decir, va o no va. Puede estar allí o no. Desde el otro mundo se puede ver cómo una persona sube allí. Se va sin coche y sin avión a Yerushalaim. No se trata de un viaje turístico. Sucede dentro del ser humano –aunque en otro lugar– pero de forma que está unido con él. Si tiene esa unión, lo vive muy claramente. La subida es una renovación, porque puede que allí cambie completamente. Todo lo que tenga que ver con una renovación tiene allí su año nuevo. Es también el día en que el año ibur se establece. Es el año que tiene trece meses, en lugar de doce, un mes queda intercalado. Conocerán la diferencia entre el año lunar y el solar.
    En el calendario bíblico, ninguna corrección es necesaria, porque corre con perfección paralelamente con el sol. Si cada cierto número de años se intercala un mes decimotercero, es para que todo coincida, hasta la fracción más pequeña del segundo. Es también un milagro que tiene su origen en otro mundo. ¿Cómo es posible que se tengan doce meses –y de vez en cuando un decimotercero– y que todo coincida con total precisión? En el mundo bíblico no hubo nunca un calendario juliano o gregoriano, porque su precisión es tal que nunca necesita ninguna corrección. Pero ese mes intercalado muestra que esa posibilidad existe, porque es el ser humano el que intercala el mes. Y lo curioso es que debe hacerlo basándose en días fijos, determinados, que deben caer en esta o aquella fecha. Y entonces añade ese mes decimotercero, porque si no, todo el asunto se le escaparía de las manos. El intercalado corrige la situación. Se trata aquí de una renovación muy determinante. El año ibur con doble mes de Adar, deja entrever una posibilidad enteramente diferente. Muestra algo que conlleva la renovación. Existe otra costumbre curiosa el 1 de Nisán; curiosa, por lo menos al primer vistazo. Se toma un shékel 300-100-30, una moneda de plata. Su valor numérico es 430, igual que Néfesh 50-80-300. Ese shékel, esa moneda de plata, es aquí la expresión de aquello que aparece del lado lunar, del lado de la forma.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/20/estudios-de-tora-12/
    Elaborado por David Saportas
    50 min
  • Estudios de Torá 11 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 2
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 2
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/18/estudios-de-tora-11/
    Segundo Capítulo.
    1 de Nisán y 1 de “Tishri”
    Paralelas con el mes opuesto: Pascua y Sukot
    La estructura del ser humano y del universo en el mishkán o tabernáculo
    Un techo permeable al cielo
    Hoshana Raba, el séptimo día de Sukot
    Lulav y Etrog
    El paso por el mar
    El cambio de la luna
    Luna nueva y renovación
    El día 50 después de Pascua
    La palabra divina como fuego ardiente
    El becerro de oro
    La devastación del Templo
    He comenzado por contarles algo del calendario, de explicar cómo se ha llegado a fijar ciertas fechas y lo que estas fechas quieren decirnos. Ante todo, he intentado señalar que siempre debemos tener en mente que no hay únicamente un comienzo, sino que siempre existen dos lados. Es decir, es del todo normal que algo muestre una dualidad, y es del todo anormal –es decir incompleto, parcial, no reflejando la realidad– si solo se ve un lado y nada más. Recordarán la puerta que muestra los dos lados. Quiero ahora cerrar estas palabras preliminares y fijar algunos puntos en este ciclo, con los cuales nos vamos a ocupar más en detalle. Comencemos pues con el mes de Nisán, es decir, el séptimo mes –y también el primero–. Y con ““Tishri””, el primer mes –y también el séptimo–. Irremediablemente hay dos puntos de vista: qué es el primer mes, y qué es el séptimo. Debemos acostumbrarnos a las confrontaciones. No hay contradicción y tampoco es que una opinión sea la correcta y la otra sea equivocada. Solo demuestra que estamos tratando con un mundo en el que varias cosas son posibles a la vez. Y de hecho no son “varias cosas”. Para nosotros, todo se expresa como una dualidad, de la misma forma que el bien y el mal se presentan como opuestos y deben ser tratados como opuestos. No se puede decir: “no pasa nada, lo malo es bueno”. No. Lo malo es malo y como tal debe ser rechazado. Aunque, debemos ser conscientes de que esa maldad contiene un secreto y de que tiene un sentido. Sin la maldad el mundo no podría existir.
    Es un componente vital del conjunto. Y solo nos enfrentaremos a ese componente de forma correcta, si siempre señalamos y decimos: “estoy en contra” etc. Es decir, lo malo debe ser rechazado decididamente, siempre. No es correcto decir que también es bueno, que tiene una finalidad buena. No se puede decir eso. Porque demostraríamos no haber comprendido nada. Debemos rechazar, con total convencimiento, la maldad como maldad y el pecado como pecado. No podemos decir: “habrá algo de bueno en ello”, porque entonces dejaría de ser opuesto al bien. Muchas veces filosofamos, por ejemplo: “Estoy por encima de las cosas. El bien y el mal son una unidad, de la misma forma que la vida y la muerte son una unidad. Lo veo con toda claridad”. Entonces demuestras que no has comprendido ni la maldad ni la muerte. Debe irritarte de tal forma, ir de tal forma en contra de tus principios que, simplemente, no puedas aceptarla. Es decir, tampoco andamos solo con una pierna, vivimos en la dualidad. Si nos encontramos con algo malo, debemos aguantarlo y sufrirlo, eventualmente simpatizar, pero nunca debemos decir que “estamos por encima, lo he comprendido bien”. Porque, y me repito, justamente entonces no habremos comprendido nada. Por eso se han mantenido muchas afirmaciones totalmente opuestas en la tradición.
    Uno dice que se trata del mes de Nisán, otro, del mes de “Tishri”. Los dos tienen razón. Si una de las opiniones no fuese correcta, hubiese sido erradicada seguramente en una nueva edición del libro. Hubiese quedado anticuada y la filosofía hubiese demostrado que no tenía lugar. Pero mientras no haya sido revisada ni borrada –en los últimos miles de años– la maldad es una realidad que debemos reconocer. Debemos reconocer que aquí es un misterio, pero que ciertamente en otro lugar tiene su sentido. Aquí suscita oposición, repugnancia y rechazo. Pero no significa que una opinión sea mejor que la otra. Debemos acostumbrarnos y aprender cómo se expresa la dualidad. Les he dicho ya que Nisán es considerado como el primer mes. El primero de Nisán es, por tanto, siguiendo una de las opiniones, el momento de la creación del ser humano. Si seguimos la opinión oficial, la creación del ser humano tiene lugar en el primer día de “Tishri”. Y a pesar de todo, el ser humano es creado también el 1 de Nisán. Y comparando sus contenidos, verán las diferencias que llenan el mes de Nisán y el de “Tishri”. Espero que entonces comprendan lo que pasa aquí. Los dos meses son un comienzo, pero tienen algo que al mismo tiempo está en oposición. Y repito: es así en todo lugar.
    Si oyen hablar del mabul, sabrán que comienza el 17 del segundo mes. Entonces habrá alguien que diga Iyar, y el otro Jeshván, seis meses después. Los dos tienen razón, y las dos opiniones son siempre mencionadas de nuevo y son corrientes. Si se tratara de un error, hubiese sido borrado y eliminado hace tiempo. Y que las dos opiniones sean consideradas correctas no significa que no se supiera cuando era de verdad. Todo lo contrario, significa que seguimos percibiendo cómo es en realidad. Recordarán quizás que hace tiempo, hemos hablado de los órganos del ser humano, en el sentido de que también el corazón muestra esas mismas propiedades. El corazón es el órgano que puede percibir los dos lados. No es el corazón receptor de medicamentos fortificantes, más bien, el corazón del ser humano que lo siente. No comprendo cómo –y me duele tal duda–. Mi corazón me duele de tal posibilidad. Pero obviamente hay algo en otra realidad, donde están los dos lados. Así se cuenta que el primer día del primer mes –que está enfrente del primer día del mes de “Tishri”, la creación del ser humano– se levanta el “mishkán” (Éxodo 40,2). Podría decirse que ese levantamiento del “mishkán” es idéntico a la creación del ser humano. Es una línea paralela.
    Aquel que dice que el ser humano vino el primer día del primer mes, descubre allí ese “mishkán”, ese tabernáculo; y el otro que dice que el ser humano vino el primer día del séptimo mes, se encuentra también con ese “mishkán” enfrente, en la otra mitad. Al mismo tiempo quisiera señalar, que el 15 de Nisán es la fiesta de Pascua, mientras que el 15 de “Tishri” es la fiesta de Sukot. Otra coincidencia. Es verdad que no es lo mismo, pero ¡qué extraño que esté aquí y allá! Me estoy deteniendo tanto tiempo en estos puntos porque quisiera acostumbrarles a reconocer las cosas en su dualidad. Todo lo que aquí es verdaderamente importante, se expresa en una dualidad. No en un solo hecho. De la misma forma que el ser humano siempre piensa: tengo que tener un amigo, o un hombre debe tener una mujer o viceversa. O también, la injusticia debe convertirse en justicia. Sentimos que no puede ser un lado, solo el conjunto es algo correcto. Aquí pues estoy desvelando algo; y con toda intención, lo estoy presentando como “hechos de la vida”. Tengan cuidado, aquí hay conexiones. Sabrán que el 10 de Nisán el cordero debe estar preparado para acogerlo el día 15. He indicado ya anteriormente que esos 10 días, del 1 al 10, están enfrente de los 5 días. Son los conocidos 10-5, las dos primeras letras del nombre del Señor. Y que esos 10 y 5 días van juntos. Y en el séptimo mes, comienzo del año, el primer día es la creación del ser humano y el día 10 es “Yom Kipur” 10-6-40 20-80-200, día del perdón, del regreso.
    Veremos que el contenido es idéntico, paralelo, en los dos lados del ciclo. El cordero es preparado el día 10 para cumplir su destino el día 15. Y el 10 de “Tishri” es costumbre, finalizado Yom Kipur, que se comience con la construcción de la suká60-20-5 (cabaña), que se usará a partir del día 15.¡Es casi imposible pasar por alto semejantes coincidencias! Pero, de hecho, no se ven. Aunque, para quien quiera verlas, hay paralelismos que son llamativos. El primero con el día 1, el segunda con el día 10, el tercero con el día 15. La Pascua tiene una duración de 7 días. Y lo significativo es que después de los 7 días de Sukot viene un octavo día que tiene un nombre especial: “Shemini atséret”, que significa: “el octavo”. Aquí hay algo que no hay en Pascua, pues Pascua termina después de 7 días. Esos 7 días de Pascua contienen por supuesto el patrón de los 7 días de este mundo aquí. El primer día es la salida de “Mizraim” y el séptimo día el paso por el mar, que se divide. Y en el octavo día de la Pascua bíblica, se está en la otra orilla y se está mirando al otro mundo. Se está viendo entonces a este mundo, desde el otro lado. Por eso, en Éxodo 15, la conocida canción de Moisés comienza con la palabra “as” 1-7, significa: 1+7=8. Tenemos un octavo, a pesar de todo.
    Y los comentarios señalan que ese octavo es el cántico de Moisés, en la orilla de allá. Sabrán que “canción” significa que hay una regla fija, que ya no se trata de algo que pueda decirse de esta o de aquella forma. Shir300-10-200, significa “canción”, regla. Es así y no de otra forma. Una canción, pues, significa un final: así es, después de las muchas posibilidades que se daban. El comentario dice que “as yashir Moshé”, “entonces Moisés cantó”, aunque podría traducirse mejor como “entonces Moisés cantará”. Porque ocurrirá en el octavo día. Entonces estaremos en el otro mundo y lo veremos. En el octavo día de la fiesta de “Sukot”, se sale del mundo de “suká”, de la cabaña. La hemos incorporado, por así decir, y ahora entramos en otro mundo. Hasta el día de hoy se ha mantenido la costumbre de terminar en ese octavo día el ciclo de la Torá (del Pentateuco), y de comenzar de nuevo en el principio. Se dice la última parte del Deuteronomio más la primera de Génesis. Se anudan entre sí, porque forman una unidad. El ciclo terminó y comienza de nuevo. Ese paso por el mar –sabrán que el mar es el tiempo, el tiempo que de pronto se detiene, que deja de correr, que se convierte en algo sólido– es algo imposible de asumir, que somos incapaces de imaginar. Se está entonces en el otro lado y se ha pasado mucho miedo. Se ve a todo ese mundo viejo que quiere seguir, pero que no puede. Es también el momento del nacimiento, en que el cordón umbilical se corta.
    Es la llegada al otro lado. Cuando sucede es costumbre leer esas palabras, porque tienen relación con el octavo día. Es la demostración de que se sabe qué pasa en el nacimiento al soltar el niño del cordón umbilical. Sin embargo, el conocimiento de esas conexiones ha ido perdiéndose sucesivamente. Hoy en día hacemos muchas cosas solo porque tenemos la costumbre de hacerlas. Pensamos que debe ser así; igual que muchos gestos que hacemos sin pensar, como mover los hombros, fruncir las cejas, etc., los hacemos de forma inconsciente, sin pensar lo que podría significar tal gesto o tal comportamiento en la vida. Por otra parte, seguramente hacemos también muchas cosas en la vida diaria que sí tienen que ver con lo esencial. Hemos visto que hay un paralelismo muy claro entre el primero y el séptimo mes. Lo que aquí es la creación del ser humano, allí es el levantamiento del tabernáculo. Creo que he contado ya que en el levantamiento del tabernáculo se comunica la estructura del universo. La creación, el mundo, se expresa así en aquello que llamamos “objetos de uso común”. Todos nuestros objetos tienen su forma y su función, porque son la expresión de ese otro, en el aquí. En ningún caso son insignificantes. Tienen la misma importancia que la vía láctea y otras cosas en el universo.
    Todo tiene su lugar y su conexión. Si un objeto de uso no fuese nada más que eso, nos pondríamos enfermos. Pero, es más. Es la expresión de lo otro, aquí. Por eso está escrito con énfasis que la casa se arreglará según tu imagen, literalmente, con una mesa, una luz, un lugar de entrada y un lugar donde no debes seguir, un armario, un techo etc. Es ordenada igual que tu casa, todos esos objetos existen allí. De la misma forma, el tabernáculo contiene la estructura del universo. Y también puede decirse que el tabernáculo, además de la estructura del universo, expresa también la estructura del ser humano. Ya hemos visto en otra ocasión, que la estructura del ser humano en la sabiduría antigua, está relacionada con la estructura del universo. No se trata de dos cosas diferentes, sino que existe estrecha relación entre ellas. Si investigamos de forma lógica no encontramos ninguna relación entre una y otra cosa. Ni se parecen. Sería absurdo pretender que nuestros riñones tengan algo que ver con un trozo de la cortina en el tabernáculo. Es imposible, no puede ser. Analizando el asunto según la ciencia o la biología, debe constatarse que es una solemne tontería. Sin embargo, el sentido es otro. La relación existe por otro camino.
    Los riñones, por quedarme con ese ejemplo, se encuentran dentro del cuerpo humano. ¿Por qué tienen esa forma y están justamente en ese lugar? La contestación es: por utilidad, de no estar allí, no funcionarían. ¿Pero por qué se ha creado al ser humano de tal forma que tenga que funcionar así y que los riñones tengan que estar allí? Son preguntas que podemos formular siempre, hasta el infinito. No hay contestación, y de una pregunta nace otra. Por eso se dice: si estás contemplando únicamente la superficie, solo habrá preguntas. Es igual que la caza de Esaú, que nunca tendrá fin porque nunca podrá cazar al animal definitivo. Pero si comenzaras a escuchar, si dejaras que funcionaran tus órganos de los sentidos y tu propia mente –antes de juzgar– entonces te darías cuenta de cuál es la relación. Debes mirar en primer lugar, y no decir: debo comprenderlo por mí mismo. Se muestra pues la relación: El ser humano tiene la misma estructura que el tabernáculo, que está descrito con sus medidas exactas: de eso tanto y de ese otro, tanto. La tradición sabe que el asunto con esas medidas va mucho más allá. De cada cosa dice: está aquí, a tanta distancia de este objeto y a tanta de este otro. Todo tiene su lugar bien determinado. Son las medidas del mundo, del universo, del ser humano. El tabernáculo es llamado “mishkán” 40-300-20-50, que significa “habitación”, “residencia”. Es la “residencia” que está también en la palabra “Shekhiná” 300-20-10-50-5. Decimos entonces: “Dios reside allí”; y es bastante cómodo porque con ello finiquitamos el asunto y podemos dejar de preocuparnos. Dios queda de nuevo un trocito más lejos.
    Pero el “mishkán” es también el ser humano. Significa que Dios habita en el ser humano. Y el “mishkán”, al mismo tiempo, es la creación, es el universo. Significa que Dios también habita allí. No se trata de un lugar que existió alguna vez, pero hoy ya no, como para decir: Dios ya no vive allí. No, es el ser humano y es el mundo. La noción “mishkán” designa pues mucho más que un edificio. Verán que la llegada del ser humano en el primer día y la construcción del “mishkán”, tienen certera relación. El 1 de Nisán, fecha del levantamiento del “mishkán”, es también el día en que los 12 príncipes, uno de cada tribu, entregan sus regalos. Se cuenta en Números 7,3. El primer príncipe entrega el regalo, el segundo, etc. En ese día pues, algo es entregado. – Algo viene, también se dan las medidas del regalo; aunque podría decirse al leer el texto: ¡qué aburrido! Porque todos dan lo mismo, y siempre de nuevo se cuenta desde el principio hasta el fin. (Números 7,3-88). Debemos darnos cuenta de que algo especial está sucediendo aquí. Esa repetición, en diferentes momentos, mientras que se da siempre lo mismo, muestra algo muy especial. Así, el primer día de Nisán es el día en que se comienza a entregar regalos. Se dice también que es el día del nacimiento de los tres patriarcas. También hay otras opiniones que están en oposición, pero van juntas. Si hubieran nacido en un día, cabría preguntarse qué ha sido de ese otro día. Y, por cierto, se van también en ese día. El 1 de Nisán cierra el círculo. Verán que, en ese comienzo, el 1 de Nisán, pasan diferentes cosas. Siguen los 10 primeros días de Nisán, y el día 10, aparece de pronto ese cordero, ese sé300-5. (Éxodo 12,3). Enfrente, el 10 de “Tishri” nos dice, que ha llegado el momento de abandonar este mundo y de adentrarse en otro. El Yom Kipur es un día en que no hay ningún encuentro con el mundo. No se conoce este mundo. Nos sustraemos y somos sustraídos del mundo. Es casi como la muerte. Sucede el 10 de “Tishri”.
    Enfrente de esa salida, aparece el cordero. Sin duda debe de existir una relación entre esos dos sucesos. ¿Qué es ese cordero? Se cuenta que al terminar el día del “Yom Kipur” (día del perdón), se comienza a preparar algo. Se comienza la construcción de la “suká”, de la cabaña. Esta construcción dura 5 días. Son los 5 días durante los cuales el cordero espera. En uno de los relatos, en ese día 15, sucede una ruptura enorme. Se sale de un mundo, el mundo de “Mizraim” (Egipto) 40-90-200-10-40, del mundo de la dualidad. Y no precisamente por gusto, es más bien una expulsión, es como un nacimiento. De hecho, todo se opone, todo se intenta bloquear; pero se muestra la sangre del cordero, la sangre de la circuncisión. Esa sangre es una señal allí, donde se sale de “Mizraim”. En uno de los mundos, el de “Tishri”, se sale de la casa y se entra en la suká que tiene un techo, pero que, en verdad, no es un techo cualquiera. Se caracteriza de la siguiente manera: es un techo que se construye como conclusión, pero a través de él, el cielo queda visible. No es el techo conocido que separa, no es una frontera entre el tiempo y el espacio que no pueda superarse o atravesarse; no es un límite a nuestra vida de aquí. Decimos que el techo de la “suká” no tiene esos límites. Es transparente. La definición de una suká es que el ser humano sea capaz de ver las estrellas del cielo; es decir, es una casa que tiene otra dimensión, deja que se vea el cielo. Existe una abertura hacia arriba. La limitación se rompe. Es decir, se sale de una casa y se entra en otra. ¿A dónde? Podríamos decir que el desierto es el camino que lleva al mar. Es la salida de “Mizraim” (Egipto – lo estrecho), que dura siete días, y se anda siempre con el sentimiento: “¿Qué será de este camino? Mizraim (Egipto – la dualidad) intenta alcanzarnos. ¿Cómo terminará todo?” También estamos siete días en la “suká”, esperando acontecimientos.
    ¿Es la casa en que nos encontramos ahora, ya el final? Hasta hoy se repite en la tradición: “Aquel que es misericordioso, levantará para nosotros la “suká” caída de David”. Y se preguntarán: ¿dónde hay una suká caída de David? Pero sentirán que esta suká es algo diferente. Parece que es una especie de casa de David en el mundo y la hemos perdido. Y durante esos siete días, pedimos constantemente por ella. Aquí hay un conocimiento del camino a seguir. Y, de hecho, se avanza. Porque en este séptimo día, desde una perspectiva humana, ocurre una catástrofe enorme. En el mes de Nisán, en el séptimo día de Pascua, se ve de pronto que no hay escapatoria. Está plasmado así: de un lado el mar, el tiempo, donde podrías ahogarte o perderte, y del otro lado viene “Mizraim” al asalto, para capturarte y matarte. Estás desesperado, fuera de ti, porque no hay salida. Estás encerrado. Lo característico es que ese séptimo día de Sukot tiene un nombre particular: “Hoshana Raba” 5-6-300-70-50-1 y 200-2-5. En las letras 5-300-70 reconocerán la noción “hosha”, o “hoshe”, de “Yeh’shúa”, que significa: El Señor es ayuda. “Na” 50-1 es “por favor, te ruego”. Es pues el significado de “Hoshana”, la llamada del ser humano en este séptimo día, en esta realidad: “¡Ayuda, por favor!”. Porque, de hecho, está perdido, y nunca sabe qué hacer. Eso no vale y aquello tampoco. Nunca nada vale. Siempre aprieta el zapato en algún lugar. En este séptimo día tenemos constantemente la sensación: “necesito ayuda”. Aquello de que apriete el zapato, aparece en la Creación de la naturaleza, de Schopenhauer. Y de hecho es así.
    El ser humano busca el error en el zapato que aprieta, sabiendo en su interior, que el mal no quedaría resuelto y por ello está siempre insatisfecho. Esta insatisfacción es la característica del “sacerdote” en el ser humano. Está siempre inquieto porque siente que las cosas no están bien tal cual son. Los seres humanos que no comprenden eso, dicen: ¡Tienes todo lo que necesitas! ¡Y de nuevo esa cara amargada! Sí, felizmente tiene esa cara amargada. Existe algo que le empuja y que no deja que encuentre satisfacción en las cosas concretas. Verdaderamente es la señal de este séptimo día: que nunca podamos estar contentos, siempre queremos más y diferente. ¿No quieres ir a ese otro país, a ese país prometido? Seguramente quieres ir a otra parte, donde las cosas no tengan esa dualidad, esto o aquello, y donde tampoco estén constantemente en oposición. La palabra “raba” significa “mucho”, “Hoshana Raba” es pues la llamada constante, fuerte y poderosa: “¡Ayuda, por favor!”. No son las palabras en sí, es la emoción del ser humano que se expresa así. Solo no puede seguir, todo está en su contra. Ese constante apremio es “Hoshana Raba”. La costumbre entonces es juntar cuatro elementos, tres, con un cuarto. El primer elemento es traducido como “lulav” 30-6-30-2 “hoja de palma”. Luego se habla de un mirto y, finalmente, de un árbol que crece en el agua, de un sauce, como diríamos hoy en día. Esos tres elementos se tienen en la mano derecha; mientras en la mano izquierda se tiene una sola cosa: un fruto, del que se dice que, en realidad, es la expresión del fruto que el ser humano dejó de lado cuando tomó el camino del conocimiento. De manera que hoy nos falta aquel fruto que podría dar respuesta a todo.
    Si tú, ser humano, con tu intelecto tan increíblemente agudo no hubieras querido saber a toda costa, ese fruto te hubiera caído encima, sin esfuerzo. Es decir, tenemos en nuestra mano derecha los tres elementos mencionados y en la mano izquierda, ese fruto. Y el sentido de todo es que ese fruto en la mano izquierda se junte con los otros tres elementos, convirtiéndose en una realidad. Ante todo, sin embargo, debe ser un acto consciente, en el sentido de que suceda también en la realidad. En la realidad, en mi vida, he juntado los tres elementos en mi mano derecha en una unidad. Aquel que está más a la derecha de los tres, aquel que llamamos mirto –que también consta de tres partes– aquel que está en medio llamado palmera, es decir, la palmera de dátiles, la séptima de las siete maneras de crecimiento (Deuteronomio 8,8), junto con aquello que está a la izquierda, es decir, las dos ramas del árbol del agua, del sauce. Ahora, si acercamos el fruto en la mano izquierda a las ramas del sauce, tenemos entonces tres ramas de mirto, una hoja de palmera grande, dividida y dos ramas de sauce. Es decir, 3 + 2 + 1 = 6, y añadimos ese séptimo elemento, el fruto. Es el séptimo que completa el seis. Los 6 se unen con el séptimo día. De entre las seis ramas en la mano derecha, las ramas del sauce están más a la izquierda. Y es con ellas con las que se une el fruto llamado “etrog” 1-400-200-6-3 (610). Los cuatro elementos forman así la unidad. En estos siete días, por tanto, los cuatro hacen unidad y el tres se une con el cuatro. Pero en ese séptimo día sucede también algo tremendo: se toman esas dos ramas de sauce y se añaden otras tres, de manera que se tengan cinco.
    Estas cinco ramas son machacadas, hechas pedazos. Son golpeadas con tal fuerza sobre algún objeto, que las hojas saltan por los aires. De tal forma que en el día de “Hoshana Raba”, en el séptimo día, aquello que crece en el agua, que está más a la izquierda –que de verdad somos nosotros– es destrozado. Significa: en esta vida, tú quedarás destrozado. Y haciendo ese destrozo se usan las siguientes palabras: “Kol mevaser, mevaser ve-omer”. Basar es “carne” y “Besorá” es “mensaje”. La palabra que está con Dios, se hace carne. La palabra se hace mensaje. Ciertamente, podríamos también traducir: la voz kol se hace carne, pero suena algo raro. Mejor es: la voz trae un mensaje. Trae un mensaje y dice: ¿qué dice realmente? Habla, y es el destrozo de las cinco ramas de sauce. La voz que trae el mensaje, es el ir y venir. Tu realidad, tu existencia es destrozada. Este es el mensaje, esta es la voz que habla, y ocurre en este séptimo día. Es un día alegre, este séptimo día, aunque muchas veces sea difícil de comprender. El destrozo no es alegría, y ser destrozado tampoco. Las ramas son de verdad hechas pedazos, las hojas saltan por el aire. Es un auténtico aniquilamiento lo que sucede. Y sucede en esta realidad, en este séptimo día. Todo se desparrama, salta por el aire; y al saltar, se dicen las palabras antes mencionadas. Y a pesar de todo, es un día especial. En este día se está por última vez en la suká, porque en el próximo, el día octavo, no sucede nada. ¿Y qué significa el séptimo día en Pascua? En primer lugar, la desesperación de estar delante del mar y verse obligado a pasar.
    Y entonces sucede algo: Egipto se hunde. ¿Podemos decir entonces: ¡qué bien, el enemigo ha sufrido una derrota, muere, está ahogándose!? ¡No, ciertamente que no! Quizás conocen el relato de la tradición que dice que en el momento en que el Israel bíblico atraviesa el mar, el tiempo, y que los egipcios mueren, los ángeles comienzan a cantar una canción ante Dios. Alaban a Dios, pero Dios dice: “¡Callad! ¡Mis criaturas se mueren!”. Visto superficialmente, podríamos decir, “no es para tanto, la muerte es buena para el ser humano. En este séptimo día viene y se va, sufre tantas miserias. Así que morir es bueno”. “No”, dice Dios, “mis criaturas sufren, son golpeados y perecen. No quiero que se cante”. Y ordena que se callen. Y hasta hoy se mantiene la costumbre de considerar que la Pascua no es un día de fiesta plena. Es solo un día medio-festivo. La alabanza se parte por la mitad, porque Mizraim se hunde. Mizraim es lo corporal, nuestro cuerpo, la base de nuestra existencia aquí. Es idéntico que ese hacer pedazos de las ramas y ese saltar por los aires de las hojas. De aquello que crece en el agua, en el tiempo, el árbol en el agua. Sabrán quizás que el ser humano se ve como el reflejo de un árbol en el agua. Siempre nuevas gotas de agua pasan, reflejando al mismo árbol. El ser humano viene y va, las generaciones se suceden, pero el reflejo del árbol y el árbol en sí, permanecen sin cambio. Es decir, del árbol en el agua se toman las ramas y se despedazan. Es el momento en que se atraviesa el mar.
    La tradición cuenta mucho de ese paso. Y ese atravesar el mar que cada ser humano vive, es un nacimiento. Es una irrupción, como se dice hoy en día. Algo que estaba cerrado, se abre. Algo que pensaba que estaría para siempre cerrado: el tiempo en el que me ahogo. De pronto, este tiempo comienza a cuajar. Al atravesar el mar, se ve todo, todo se ha convertido en cristal. Cada uno de las doce tribus toma un camino diferente, y ve en su cristal el significado, el sentido de la vida. Así se atraviesa el tiempo y se ve a través del tiempo. Y de ese suceso se dice: la persona más insignificante que jamás haya pertenecido a la raza humana y que atraviese ese mar, ve más que todos los profetas juntos, en el momento en que el tiempo se detiene. Es impresionante este instante. Y al mismo tiempo, las ramas son machacadas. Al terminar, se sale de la suká y se entra en un mundo nuevo. Entonces se está en el octavo día y dice: ahora vamos a leer, es decir, experimentar –leer es experimentar, vivir– la última sección de esos cinco libros. Pero no terminamos con esta última sección, porque la frase no tiene fin. Solo parecía que así fuera. Añadimos de inmediato la primera sección del principio. Lo sujetamos como si se tratara de un anillo. Lo último es anudado fuertemente a lo primero, porque es una unidad. Es decir, la última sección de Deuteronomio es anudada a la primera de Génesis, el relato de la creación.
    Ese es el octavo día. Hemos salido de la suká, pero la recordamos muy bien. Aún está allí. Se puede volver a entrar, pero no se vive ya allí. Se dice entonces: de la misma forma que he vivido esto de aquí, así también estará el ser humano en la suká. Así entraré en la casa, hecha de la piel or70-6-200 del Leviatán 30-6-10-400-50. Leviatán es el acompañante del mundo de aquí, en el agua. Sobre leviatán descansa el mundo. Ese leviatán ha sido consumido enteramente, es decir, el tiempo ha terminado. Aquello que ha sido límite de tiempo, se ha convertido en mi nueva casa, donde vivo ahora libremente, ya no consumido por él. Al revés, yo mismo, por decirlo así, lo he integrado. Él es la residencia en la que estoy ahora. Sé que ahora tengo el tiempo enteramente dentro y debajo de mí; no es algo que sufro, más bien, el tiempo me sufre a mí. Se ha convertido en mi posesión. Así es el octavo día. Y también es el “ocho” que conocemos en la canción de Moisés “as yashir”, “entonces cantará”. Porque entonces de verdad, podrá cantarse. Entonces todo habrá terminado y habremos llegado al otro lado. Verán pues que hay un paralelismo claro entre los sucesos de los meses primero y séptimo. Es extraño, una mitad comienza así y la otra mitad, prácticamente igual.
    Como dije anteriormente, el 1 de “Nisán” comienza la cuenta de los meses, y la mitad del año ha pasado ya. El 1 de “Tishri” comienza con la cuenta del año, y la mitad de los meses ha pasado. Vemos cuan entrelazados están los dos inicios, imposibles de separar. ¿Dónde queda el comienzo? Los dos son el comienzo. También otros días son puntos fijos. En “Nisán” y en “Tishri” vemos que se caracterizan por los eventos. Cuando consideremos otros sucesos de “Nisán” y de “Tishri”, comprenderán que ciertos eventos son de “Nisán” y otros de “Tishri”. Porque rellenaremos cada día con otro significado, de modo que Vds. mismos se preguntarán: ¿Qué día es? No es que el evento quede determinado por el día, sino que el día queda determinado por el evento. El día en que se encontrarán con cierto suceso, se convertirá en realidad para ustedes. Ninguna constelación de planetas, más bien una realidad de ese día, que siempre se repite de nuevo. El nacimiento y fallecimiento de Moisés cae en otro mes, en el mes de “Adar” 1-4-200 décimo segundo mes. Se trata del séptimo día del decimosegundo mes. Moisés es llamado “sacado del agua”. Pero “Adar” se caracteriza también por el hecho, de que el Yehudá bíblico se encuentra con el bíblico “Amalek”. El encuentro es llamado “Purim”. Según el relato de Esther, es la vivencia de Pascua. Cuando hayan comprendido el sentido de los días 14, 15 y 16 de “Nisán” verán que también sucede allí. Es lo mismo, es una línea paralela.
    “Purim” no es un suceso de “Adar”, pero termina allí. El suceso en sí, la decisión, cae en el mes de “Nisán”. En mi libro sobre Esther Yo, el Oculto, he señalado que hay muchas cosas que suceden el 15 de “Nisán”, no solo esto, también aquello y aquello otro. Siempre son eventos que señalan que aquí se trata de un cambio universal, aquí estamos ante una decisión revolucionaria. No es lo viejo que sigue creciendo. Todo lo contrario, algo totalmente nuevo aparece y decimos: ¡No es posible! ¡Nunca hubiera creído que fuera posible! Pero ciertamente lo es. En su momento viene, y justamente cuando la desesperación es mayor. De la misma forma que en “Mizraim” viene el momento en que es obligado decir: “nos hundimos. Todo alrededor se muere”. Entonces viene. Recuerdo un relato en el libro de los Reyes, de “Sanjerib”, rey de Asiría, (2 Reyes, 19) que asedia a “Yerushalaim”. Y de pronto “se partió y se fue”. Se pensaba que acabaría con todo y que no había nada que hacer. Y de pronto parte, como si le hubiera entrado el miedo. Y luego el relato de “Hamán”. De repente hay un cambio y el exterminio de los judíos no sucede. Y en el relato de los cuatro y de los cinco reyes, donde “Lot” es capturado por los cuatro reyes, se cuenta: “La noche se divide, es medianoche, y entonces sucede”. Siempre sucede en el momento en que se dice: “así no se puede seguir”. Entonces viene la salvación.
    Y en el relato de “Belsasar”, también sucede a medianoche, en ese momento especial (Daniel 5).Recuérdenlo, por tanto: en la mitad del primer mes, de Nisán, sucede una revolución poderosa. Cuando la luna está llena y podría pensarse que sigue llenándose, entonces sepan: Ahora hay una ley que actúa, ahora todo cambia. Pensamos que es normal, porque más lleno que un círculo no puede llenarse nada. No es posible. El círculo es el límite, desde allí todo retrocederá. Todo aquello que se muestra redondo, es lo extremo de lo material. Por ese motivo, todo aquí se muestra redondo. No conocemos la auténtica esquina. Aquí domina lo redondo porque es lo extremo, y desde el círculo todo retrocede. Hasta aquí sobre el primero y el séptimo mes. Espero que hayan comprendido que siempre deba darse una dualidad. Quizás conozcan la noción “atbash” 1-400-2-300, un lado y el otro, esto y también aquello. Mientras que se trate de una sola cosa, la puerta permanecerá cerrada, y es una lástima. La puerta debe estar abierta, para que el otro lado sea visible.
    Quiero hablar ahora de otro aspecto de la estructura del ciclo. Hemos visto la dualidad y les he contado que esa dualidad está por doquier. Como ejemplo daba el mabul, el diluvio, del cual puede decirse esto y también aquello. Siempre hay dos puntos de vista. Espero que comprendan que es lo correcto. Que dos opiniones sean válidas y que ninguna sea equivocada. Es la señal de algo vivo. La muerte tiene solo un lado. Algo que está muerto puede ponerse debajo del microscopio; pero todo lo vivo tiene numerosas posibilidades. Tú, como ser humano, estás muerto si dices: “Lo uno es correcto, eso otro es falso”. Siempre hay muchas más posibilidades. Lo lastimoso es que no se puedan hacer dos cosas a la vez. Aunque sí se hacen, pero lo curioso es que estamos siempre ante la elección, hasta donde ir con el asunto. Es como la luna, de la que hemos hablado. No puede crecer más que el circulo; quizás quisiera ir más allá, pero hay una ley que dice que debe regresar. El cambio de la luna es un punto muy importante. Hoy en día decimos que ese cambio es en luna llena. Pero antes se pensaba en la luna nueva. Aunque hoy en día, la luna es meramente algo que miramos de reojo, casi con desprecio, como una superstición. No es importante y ya no pertenece a nuestra vida. Está lejos y no tenemos ya nada que ver con ella. En la escuela he aprendido que la luna tiene que ver con las mareas.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/18/estudios-de-tora-11/
    Elaborado por David Saportas
    57 min
  • Estudios de Torá 10 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 1
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 1
    Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/15/estudios-de-tora-10/
    El calendario judío y sus fiestas
    Friedrich Weinreb despliega en este libro su inmenso saber, sus conocimientos recogidos en la tradición judía que, como sabemos, remonta a los tiempos del Sinaí. Tiempos de Moisés, Moshé 40-300-5, se escribe igual que ha-Shem 5-300-40. Curiosa coincidencia. El libro que tenemos en mano es una colección de piedras preciosas, diamantes, rubíes, zafiros, esmeraldas preciosamente envueltas, para que, al desembalar, sintamos el olor y la melodía del mundo de su procedencia. No existe otro mundo de mayor belleza, de mayor alegría, y poder desembalar tal regalo, es ya en sí, un obsequio grandioso. Friedrich Weinreb es uno de los hombres muy grandes del siglo pasado. Su visión de unidad, tan aguda y clara, y sus grandes cualidades de narrativa han permitido que podamos hoy disfrutar de textos y comentarios que hubiese sido muy difícil encontrar, sin él. Él transmite palabras de la tradición judía, de la Torá hablada. A veces, palabras arriesgadas, que se escriben con cierto temor, pero, como él mismo dice, el secreto se protege a sí mismo. Estoy convencida de que así es. El secreto está tapado por un velo, que impide la mirada profana. Deseo pues que el lector sea capaz de desembalar el regalo y de disfrutar de su excepcional contenido. Con la alegría consiguiente.
    Primer Capítulo:
    Comienzo del año bajo el signo de Jano.
    La cara doble del año.
    Tiempos de guerra tiempos de paz.
    Mitos y mitología.
    El calendario como lazo de unión entre lo temporal y lo eterno.
    El tiempo en la Biblia.
    Los dos días de año nuevo.
    Repetición como cambio.
    Creación en la palabra vayyízer.
    La creación del ser humano en el sexto día.
    Rosh ha-shaná, año nuevo y zom Guedaliá.
    El libro de la sucesión de generaciones.
    Nisán en el espejo de Tishri.
    Queremos hablar del calendario; es la estructura, la organización del tiempo. Y quiero comenzar de inmediato con lo práctico; quisiera renunciar a una introducción, sin embargo, debo hacer algunos comentarios preliminares. Pensamos que no hay nada detrás del calendario habitual que utilizamos, el de todos los días. Tampoco nos preocupa demasiado. Por ejemplo, no reflexionamos sobre por qué el año comienza con el mes de enero. No ha sido siempre así. Aún puede verse en el nombre de los meses, septiembre, octubre, noviembre, diciembre que de hecho representan al séptimo, octavo, noveno y décimo mes. Originalmente la cuenta comenzó en primavera, aproximadamente en el mes de marzo. Y tiene que ver con otras razones diferentes de las que ahora suponemos. Si el año comienza en marzo, septiembre es el séptimo mes. Pero si comienza en enero, ese cálculo ya no vale. Vemos pues, que no es tan natural que el año comience con enero. La primera vez que se estableció así fue en los tiempos de los romanos, hasta donde podemos seguir el trazado. En aquel entonces se tomó como primer día del año, el día siguiente a la luna nueva, después del solsticio de invierno. Y puesto que la luna cambia sin cesar, esa fecha no caía en cada año en la misma fecha. Así, en todo caso, sería en un principio. El nombre “enero” tiene que ver con Jano (Januarius es enero), es decir con la cara doble que mira hacia dos lados. No se trata solo de que esté mirando hacia el año nuevo y hacia el viejo, que es verdad, pero hay mucho más.
    El año nuevo se caracteriza ante todo por la dualidad en la creación y, en este punto, se muestra esta dualidad. Vemos que el año nuevo tiene claramente dos caras: “Janus” significa “puerta”, puerta de casa; igualmente “janua”, su forma femenina, significa: en el comienzo del año vemos una puerta por la cual se puede entrar y salir hacia ambos lados. Se cuenta de la puerta principal del Templo de Janus: el Templo era cuadrado y tenía en cada lado una puerta y tres ventanas que normalmente estaban cerradas. Sin embargo, en tiempos de guerra estaban abiertas. Entonces hay un choque, la dualidad se manifiesta. El emperador Augustos se vanagloriaba de que durante su reinado esa puerta estuvo abierta menos tiempo que durante otros reinados. Con ello quería decir que había más paz en su tiempo. Que la puerta se abra significa, por tanto, que el mundo tiene dos direcciones. El comienzo del año nuevo señala ya que, de hecho, hay algo que está en conflicto. ¿Cómo es posible? pensamos. Los griegos lo llamaban “ta adinata”, el momento en que lo imposible se vuelve posible. Nosotros decimos: “cuando Pascua y Pentecostés coincidan…”, lo que es imposible a todas luces. Hay pues algo inusual y nos preguntamos ¿cómo es posible que ya desde el principio haya conflicto? Es el asombro porque este mundo sea así, porque todo sea así. Es la maravilla de que lo nuevo en este mundo de la creación sea así.
    Nos asombramos ante la dualidad, ante el hecho de que la vida y la muerte puedan ser al mismo tiempo. Como la luz y la oscuridad, el cuerpo y el anticuerpo o alma, no importa como se llame, el creador y el mundo que aparentemente está cortado de Él. En una palabra: todo existe al mismo tiempo. El nuevo año trata, pues, del hecho de que la creación se manifieste de nuevo. Por ello, el año nuevo tiene momentos, no importa si lo creemos o no, en los cuales puede decirse: Aquí está presente en el mundo algo que hace posible que la creación sea mientras, de hecho, no podría ser del todo. Que una vaca baile en una cuerda es imposible. Se trata, pues, de cosas que son imposibles. De todas formas ¿cómo podía crearse este mundo? Es del todo imposible. Ese asombro es el momento del año nuevo, la maravilla de la creación. No se trata de ningún asunto de utilidad que tengamos, por ejemplo, un calendario para anotar las reuniones. El calendario era y es expresión de una relación que está preconcebida, en el sentido de que los dos lados de los que hemos hablado, son uno mismo. El asombro del año nuevo consiste en que aquí comienza algo que, desde el inicio mismo, tiene dos lados. Por ello, en la tradición siempre ha sido así, que el año nuevo judío tenga dos días, un día y otro día. Ese segundo día no es un día festivo como en otros casos. No, pero muy claramente se trata de dos días.
    Es la dualidad de la creación que dice: Lo que aquí llega tiene presencia dual. Hay una puerta. Se viene de algún lado y se va a algún lado. Y esa puerta está abierta cuando le sucede al ser humano algo malo, como una guerra, catástrofe, desesperación, malentendido. ¿Cómo puede originarse algo así? En general decimos: si hubiese algo de entendimiento (intelectual), no habría guerra. Pero yo creo que, a más intelecto, más guerra. Es algo que llega porque tiene que llegar. Como todas las cosas en este mundo crecen y tienen su tiempo, caen enfermas, tienen su tiempo de despertar y de dormir, así también debe de existir una noción más correcta de lo que llamamos guerra. En cualquier caso, existiría. Estamos muy inclinados a considerar las guerras como una especie de desgracia. Hubo un malentendido y, en consecuencia, nos avergonzamos. ¿Pero por qué hemos actuado así? El ser humano no propicia ninguna guerra y tampoco puede evitarla. La guerra se origina por los motivos más curiosos. ¿Por qué nos comportamos tan locos, tan rabiosos, para hacer semejantes cosas? Cuando todos los pueblos quieren la paz, siempre surge uno que no está a gusto. Es así y siempre será así en el mundo. Ya sean nazis, rusos, chinos, franceses o escoceses, siempre hay alguien que está dispuesto a atacar y otro a ser atacado. Llevan la zozobra al conjunto y entonces se abre esa puerta.
    Realmente debiéramos decir: la guerra es anormal, es un acontecimiento muy grande. Cuando esa puerta está abierta, se puede echar un vistazo a dos mundos. Si está cerrada, si vivimos años de bonanzas materiales, se ve un lado nada más. Pero también entonces hay dos lados, aunque al lado opuesto no se le presta ninguna atención. Sin embargo, en una guerra, la puerta se abre hacia los dos lados. Por ello, la guerra es diferente de lo que podamos pensar dentro de nuestro esquema de utilidades. Para nosotros es una especie de desviación del sano sentido común. Tampoco una enfermedad es algo causal, en el sentido de que sea consecuencia de una mala vida, un castigo. Puede suceder que alguien viva de la mejor forma posible y a pesar de todo caiga enfermo. Y, por otra parte, alguien puede ser muy malvado y estar muy sano. No tiene nada que ver con ser razonable y vivir una vida correcta. Hay personas que optan a enfermar y siempre permanecen sanas y otras que toman todas las precauciones y enferman en los momentos más inoportunos. Esos acontecimientos tienen otro origen, como también las guerras tienen otras causas. Nos gusta girar en círculos y mediante un pensamiento superficial, construir causalidades que tengan la apariencia de que algo puede suceder o no por nuestra causa. Y nos echamos sermones, como los pedagogos: si solo viviéramos correctamente y si fuésemos razonables, viviríamos más años y en los países subdesarrollados tendrían comida.
    Pero es un intento inútil, es la historia de Sísifo, y todo lo demás son circunstancias que tienen lugar en los mundos inferiores. Nunca sale bien. Lo que se pone de un lado, se pierde del otro. No se puede cambiar. Y las palabras aquellas que dicen ‘hasta el final de los días habrá guerra y rumores de guerra’ no son palabrería vana. Contienen muchísima verdad. También en el ser humano, esa dualidad está siempre. Por ello en los relatos de la Biblia, aquellos con los que Dios habla, como se dice, experimentan mucho. Para ellos, la puerta está permanentemente abierta. Son atacados, deben salvar a otros, tal como es el destino de Abraham. Siempre pasan cosas. Las están pidiendo, dirán. No. Las cosas les están buscando a ellos. Viven de tal forma, que siempre se les encuentra. La puerta para la conversación está siempre abierta. Se ve este y el otro mundo. Jano está señalando constantemente a ese y al otro mundo. Y constantemente ves esta confrontación y te das con la cabeza contra la pared: es imposible, ¿cómo puede ser? ¿Cómo pueden los seres humanos ser así? Es que no son seres humanos, son otras fuerzas, son demonios o gigantes; no sé lo que son. En la mitología son conocidos, pero hoy aquí ya no. Pero están; y están siempre muy ocupados en hacer cosas de las que decimos: es realmente malo lo que está sucediendo.
    No es necesario que dé ejemplos. Cada uno puede encontrarlos por sí mismo y reflexionar sobre cómo van las cosas. Recordemos pues, que en el caso de los patriarcas y de los demás personajes de la Biblia, desde el primer minuto hasta el último hay guerra, ininterrumpidamente. La puerta está siempre abierta. Y la creación mediante la cual esta dualidad entra en el mundo y en cada uno de sus días, está en la imagen de la puerta abierta y señala dos caminos: un rostro mira hacia este lado, y el otro hacia el contrario. Pero nosotros ya no lo percibimos así, estamos divididos, vivimos disociados. Nuestra puerta está cerrada. Podríamos abrirla únicamente mediante cosas especiales, que sucediesen en nuestro pensamiento o en nuestros actos. Entonces la puerta se abriría. Pero actualmente vivimos de tal forma que miramos hacia un lado solo, y con nuestro intelecto, habitualmente, pensamos en un lado nada más. Pensamos de forma causal. Otra forma de pensar nos parecería extraña, sin sentido. Pero ese “sinsentido” se encuentra a veces en aquello que llamamos “arte”. Un poeta, un pintor puede captar ese sinsentido. Y la pregunta sería: ¿cómo ha llegado allí? Es lo que se muestra como “estar despierto”, aquello que dice que tiene dos lados dentro de sí, simultáneamente.
    Podría decir, por ejemplo: eso es verde y tampoco es verde, eso es así y al mismo tiempo diferente, no siempre es lo mismo. Pero en general queremos que esa puerta quede cerrada, y esos años serían “años de bienestar material” para nosotros. Pero ese bienestar es siempre un grandísimo peligro. Conocerán seguramente aquel versículo de la Biblia que dice: y engrosó Yeshurún y tiró coces. Es decir, engordó y se volvió tonto. Así está escrito al final del libro de Deuteronomio. De la misma forma se cuenta de Jacob y Esaú, que Esaú recibe la montaña “Seir” al principio mismo “har seir” 5-200 300-70-10-200 y allí se queda hasta el final de sus días, allí vive. Jacob, por el contrario, vive en muchos sitios y sigue teniendo esa tendencia hacia los cambios. En él no existe la tranquilidad. La noción Jano, que viene de los tiempos romanos, posee ya ese conocimiento. En nuestros tiempos estamos siempre dispuestos a mirar con cierto desprecio a los romanos, en cuanto a sus conocimientos. Eran filósofos y escritores, y eso está bastante bien, pero eran paganos y no sabían nada. La verdad es que sabían mucho. Un pagano no tiene por qué ser ignorante, solo es alguien que actúa de forma incorrecta y saca conclusiones erróneas. Un pagano puede tener muchos conocimientos, de ninguna forma es primitivo o tonto, puede ser muy inteligente.
    Si solo se tratara de una especie de ignorancia, con una enseñanza específica, el paganismo quedaría eliminado. Pero lo que se ve es justamente lo contrario: cuanto más conocimiento, más paganismo. No puede ser la causa, por tanto. También en los tiempos romanos había algo que sigue viviendo dentro de nosotros: el conocimiento de otras cosas. Aún estaba viva la mitología, no se consideraba anecdótica, se creía que se trataba de realidades que existían en una realidad diferente de la nuestra. Hoy en día hemos perdido mucho de esa otra noción. Pero no significa, aunque no tengamos relación con ella, que no siga existiendo. Existe y está muy viva, y de vez en cuando irrumpe en sueños o cosas que hacemos. Se comenta entonces: “esa persona actúa de forma muy curiosa, está totalmente equivocada”. No es casualidad que también en la psicología se hayan introducido nociones de la mitología, porque se piensa que diferentes cuentos mitológicos siguen mostrando verdades del ser humano. El tan famoso complejo de Edipo, por ejemplo, solo es uno de muchos otros complejos. Existen, y de pronto se manifiestan en una persona. Si esto sucede, esa persona vive experiencias que encajan del todo en uno u otro relato de la mitología. He vivido en Indonesia y un psicólogo de allí me contó que lo típico allí es que la gente no viva en el sentido de la mitología griega, sino de la india. Imitan algo o irrumpe algo de lo que vivieron allí. Muchas veces eran personas del pueblo, absolutamente normales, que a veces entraban en un estado extraño. Ese psicólogo me contaba relatos de la antigüedad india y decía que la gente actuaba según ese diseño. Me dijo también que los chinos actuaban según los relatos chinos, que de nuevo eran totalmente diferentes de los relatos griegos o indios.
    Vemos así que también el lugar donde vive la persona, donde ha crecido y tiene durante mucho tiempo relación de la tierra con el cielo, la forma de alguna manera y determina su modo de actuar y de pensar. Que los romanos lo sabían nos indica que poseían cierto conocimiento, que estaba mucho más vivo que hoy. Casi podría decirse −y quizás no me estoy expresando de forma lo bastante científica y quizás tampoco le doy el fundamento psicológico necesario, pero para mí es así− que vivían en estado de vigilia lo que hoy en día solo podemos soñar vagamente. Estando despiertos tenían relación y vivían con muchísimas cosas que hoy en día solo podemos vivir en el sueño, y eso, si nos acordarnos de lo que hemos soñado. Porque al despertar, esa comunicación se mezcla con muchas otras cosas, de tal forma que no es posible decir con exactitud lo que se estaba soñando. Pero se sabe que ese conocimiento existía y sigue existiendo y que se manifiesta de vez en cuando, incluso aquí. Pero hace tiempo, en la vida normal, había una mayor relación directa con esa otra realidad. También sé, por la vieja literatura judía, de personas que sabían ciertas cosas en estado despierto. No en el sentido de que tuvieran visiones o cayeran en trance y luego ya no supieran lo que había pasado. Se trataba de cosas de las que decimos que solo podrían haberlas soñado, porque ¿de dónde si no? El paso al otro mundo era mucho más suave, más fluido, más desfigurado podríamos decir. Se vivía más en ese otro mundo.
    Alguna vez se dijo es una hipótesis y la digo con cierta precaución, sin afirmar que sea así, solo que podría ser así, que cuando la consciencia se volvía más y más hacia lo exterior, hacia la manifestación concreta, pasó aquello que conocen de mi primer libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo. Se trata de la toma del árbol del conocimiento y, con ello, de la apertura de los ojos corporales, mientras, al mismo tiempo, el otro ojo se cerraba. Y en la medida en que miramos las cosas exteriores y sacamos las conclusiones de allí y solo de allí, más las encontramos de suma importancia y nos agarramos a ellas y en esa misma medida ese otro ojo se cierra. Se cierra y el mundo exterior se despliega delante de nosotros. Pensemos en el relato de “Kaín” 100-10-50 que mata a Abel. Es el cuerpo que mata al alma. Y ese cuerpo en lo sucesivo se desarrollará enormemente; “Kaín” se convierte en constructor de ciudades, en hombre de técnica y de cultura. Todo ese mundo se abre, pero lo otro queda cerrado, está muerto. Abel a partir de allí ya no dice nada. Cuando Dios le pregunta a “Kaín”: ¿dónde ha quedado Abel dentro de ti? Te he creado dual, así y también diferente. ¿Dónde ha quedado tu otro lado? Entonces el ser humano se irrita: ¿Y qué? ¿Qué tengo yo que ver con todo eso? Yo no le he creado y no soy su guardián. No, no eres su guardián, pero vives con él. Eres una dualidad. Significa: cuanto más abrimos un lado, más nos falta del otro. Fabricamos rayos láser, centrales nucleares, etc., una inmensa multitud de cosas materiales se imponen. Casi podríamos decir que nos vemos obligados a descubrir todo eso. Son cosas que nos caen, con los ojos cerrados, como en el sueño, nos cogen desprevenidos.
    Es una bendición, pensamos. Sí, pero es una bendición dudosa, porque la otra realidad se retira más y más, y terminamos por vivirla únicamente en el sueño. Y los sueños se vuelven técnicos, soñamos con la construcción de un nuevo coche, por ejemplo. Vamos perdiendo la otra realidad, porque fijamos toda nuestra atención únicamente en la realidad material, en la técnica, en la ciencia. Poseer un coche no quedará impune. Se puede tener, naturalmente, yo también lo utilizo de vez en cuando, si se da la posibilidad de que alguien me lleve. Pero es que nos arrastra. Y tampoco la luz de neón es un asunto sin consecuencias, también esa luz nos arrastra. Sería fácil decir: “bueno, tengo que eliminar la luz de neón y el coche con sus gases contaminantes”, pero la verdad es que no lo decimos. Pero tengamos por seguro que todas las conquistas materiales tienen consecuencias: el otro ojo, la otra realidad se cierra y al final ya ni sabemos que existe. Es cierto que puede llegarse a esa otra realidad en trance, pero es un camino erróneo. Hace poco le decía a una señora que estaba mencionando algunos libros de kabalá 100-2-30-5: “Casi mejor que los dejes de lado”. No conozco esos libros, pero sé que no pueden ser buenos, porque hoy en día no existe ya nadie que pueda comprenderlos. Ya no tenemos acceso a la auténtica kabalá. Y porque hace años he hojeado ciertos libros que se pretenden cabalísticos, puedo decir con fundamento: ¿cómo es posible que alguien escriba semejantes tonterías? No puedo decir otra cosa, sino que son tonterías. Cuando se sabe lo que es la cábala, puede decirse que es pura tontería, insensatez, irresponsabilidad. Aunque hayan sido escritos con la mejor voluntad del mundo.
    No digo que esos libros de pretendida cábala sean un engaño premeditado. No creo que sus autores sean más tontos que Einstein, Freud o Jung. No digo que sean personajes malos o tontos, todo lo contrario, hay personas muy cualificadas entre ellos, pero toda esa área es inaccesible hoy en día para nosotros. A veces, si leo un libro de Einstein, por ejemplo, Mi concepto del mundo, no sé si lo conocen Vds., me pregunto: ¿cómo es posible que ese hombre pueda decir semejantes cosas? Solo queda por constatar que las realidades pueden ser tan distantes, que surgen diferentes mundos. Entonces, uno de esos mundos es la cábala, y el ser humano anhela tener relación; siente que en la vida no hay solamente cosas materiales, que hay mucho más. Y le gustaría tener esa relación, pero se encuentra ante un obstáculo insuperable: el otro ojo está cerrado. Un hueso ha crecido por encima y, además, pelo. Se puede ensayar con algo aquí y allá para abrirlo, pero no es nada seguro, y otro tipo de fuerzas aparecen en el intento. No me gusta la palabra “demonios”, porque ¿qué son los demonios? En todo caso, ciertas fuerzas caóticas que invaden al ser humano, porque el ojo está cerrado y porque debe estar cerrado. Así no puede adelantarse nada. Aunque podría decirse: “Tengo ordenadores, cinta magnetofónica, un coche y todo lo demás; y eso otro también”. Puede, pero en general esas cosas no van juntas. Y no lo digo para reírme de cierta gente o para molestar, y quizás exagero un poco, pero esas cosas no van juntas.
    Un médico que cree que tiene que prescribir inyecciones, quedará imposibilitado para otras cosas. Y no puede decirse: bueno, entonces que no las prescriba, porque en ciertos casos debe hacerlo. Y esa es la desgracia. Necesitamos el coche y el avión. Lo que pasa es que, utilizando estas cosas, otras posibilidades se cierran. Si se me pregunta si debe hacerse esto o aquello, digo que es muy difícil aconsejar en este asunto. La responsabilidad es muy, muy grande. Algunas veces, si conozco a la persona, me permito decir algo, pero en general no lo hago. Tampoco debo hacerlo, podría tener consecuencias desagradables. Solo quiero decir que no puede hacerse lo uno y lo otro. Que el mundo se haya desarrollado así y que todo se haya convertido en lo que tenemos hoy, ha tenido que ser así, si no, no se hubiera dado. Es el camino que estamos andando. En el libro antes mencionado, La Biblia, Divino Proyecto del Mundo, he expuesto cómo siempre de nuevo el mundo va en ese camino. Consideremos, por ejemplo, la generación del diluvio, mabul40-2-6-30, la generación de la construcción de la torre de Babel, “dor haflagá” 4-6-200 5-80-30-3-5 y la generación de Egipto “Mizraim” 40-90-200-10-40, donde se alcanzó la cima del desarrollo. La generación de la torre de Babel, la generación de la confusión del lenguaje era quizás, veámoslo así en el mundo de entonces, mucho más adelantada técnicamente que nosotros, o en todo caso, tanto como nosotros.
    No termina en catástrofe, es decir, no se describe aquella situación como catastrófica, más bien, se va pasando, transitando a otro mundo paulatinamente. Es posible que, en un día soleado de primavera, que haya paz en la tierra, de pronto pase algo con el mundo y con el ser humano. Pasamos a otro mundo, el tren sigue funcionando y el bus llega con puntualidad. Y, visto desde esta perspectiva, no pasa nada de nada. Pero ha sucedido algo enorme. Dirán que quizás debiera haberse notado el estallido de un volcán, fuertes tormentas o similares. Pero no es necesario, puede pasar en el silencio. Puede ser que un paso así suceda y nadie se dé cuenta, porque se da en un mundo que no es solo nuestro mundo. Algo pasa, pero no tiene por qué mostrarse aquí aún. Todo puede seguir tal cual, en la política no ha ocurrido nada extraordinario en esa fecha, a condición de que sepamos la fecha. Es decir, no tiene por qué mostrarse aquí en catástrofes gigantescas. Aunque también es posible, pero no es necesario. Si ahora volvemos al principio del año con ese Jano, vemos cómo el principio muestra esa dualidad, de la misma forma que el árbol del conocimiento y el árbol de la vida están los dos en el centro del jardín. ¿Cómo es posible que dos árboles estén en el mismo sitio? Una elipse, decimos.
    Se trata de esa puerta, abierta hacia este y hacia aquel lado, que da comienzo al mundo. Con el primer día del primer mes en el conteo del tiempo judío, se muestra algo curioso. En la tierra se erige el “mishkán” 40-300-20-50, el tabernáculo, en un solo día. ¿Y qué es este tabernáculo? Es la casa que está en el cielo, en ese otro mundo, y que entra en este, nuestro mundo. ¿Cómo entra? ¿Y, en todo caso, cómo lo aguanta este mundo? Se trata de algo muy concreto. Es una de las características del primer mes. Nos encontraremos con muchas otras facetas en nuestras conversaciones sucesivas, pero esta es una de ellas. El año judío comienza, curiosamente, en dos fechas: el 1 del mes de “Tishri”, el primer día del séptimo mes y el 1 de Nisán, el primer día del primer mes. Sí, pero ¿dónde comienza de verdad? En las dos fechas al mismo tiempo. De la misma forma, dice la tradición que el diluvio comenzó el 17 del segundo mes, “Iyar”; otros dicen que se trata del mes octavo, Jeshván. ¿Por qué se están complicando la vida? ¡Que hagan una encuesta para ver quién tiene razón! ¿Y por qué dos comentarios que dan respuesta a la misma pregunta, uno dice sí y el otro no? No quieren molestar, porque las dos respuestas son correctas, porque se puede mirar hacia dos lados. Si existiera una sola verdad, una persona moderna de la universidad, algo engreída, podría decir: “Lo averiguaré. Uno de los dos tiene razón. No es posible dos verdades a la vez”.
    ¿Conocen la historia del juez turco? Dos hombres tienen un conflicto y ahora están delante del juez. El juez escucha al primero y le dice: “tienes razón”. El otro, protestando, cuenta también su historia y de nuevo dice el juez: “tienes razón”. Los oyentes exclaman: ¿cómo es posible que los dos tengan razón? A lo que el juez contesta: “también vosotros tenéis razón”. Es dual, la razón le pertenece al uno y al otro. En la tradición, es decir en la cábala (kabalá en hebreo, significa ‘recepción’), se da la respuesta siguiente: si uno dice que son las doce de la noche, el otro dice que son las doce del mediodía. ¿Por qué? Porque es cierto lo uno y lo otro. Debemos aprender que ambas respuestas son correctas. Uno dice que la salvación se mostrará así, el otro, que se mostrará de forma diferente. Pero ambas opiniones son verdaderas; y a veces hay más de dos verdades. Pueden abrirse hacia dos lados. Es algo que está muy diferenciado, se trata de una armonía muy diferente de la que conoce nuestro pensamiento lógico causal. Se trata de conexiones totalmente diferentes. Debemos tomar muy clara consciencia de estos hechos, al hablar del comienzo del año nuevo. Consideremos otra faceta del año nuevo. Porque hoy en día tenemos también el 1 de enero, pero este primer día de enero ya no es el primer día después de luna nueva, después del solsticio de invierno. Se trata de una fecha fija.
    Debemos saber cuál es la conexión entre las diferentes fechas dadas. Porque no se trata aquí de un relato histórico, sino de principios. Es peligroso situar algo en la historia, porque se está mirando a un lado nada más, con la consecuencia de que el otro lado terminará por desaparecer de la vista. Entonces solo existirá el tiempo y el otro lado quedará olvidado. Sin embargo, existe el tiempo y existe lo otro. También el tiempo es algo que permanece siempre. ¡Imaginémonos que no existiera siempre! Sería una mentira. Por supuesto que existe el tiempo, pero dentro del tiempo existe también lo otro, aquello que no conoce el tiempo, que anula el tiempo, que no acepta nada del tiempo. Todos conocemos ciertos acontecimientos, que nunca han podido probarse del todo, en los que alguien que muere, en el momento de la transición, se manifiesta en otro lugar, a miles de kilómetros de distancia. Circulan muchas historias de este tipo entre la gente. Serán verdad, seguramente, pero ¿quién puede probarlas? ¿Dónde buscar la prueba? Pero son tan abundantes que algo de verdad debe haber. En todas las vidas hay momentos de esta índole. Pensemos en la telepatía. Los animales muchas veces tienen presentimientos y podemos preguntarnos ¿cómo puede un animal saberlo? Otras veces, nosotros mismos pensamos después: ¿cómo he podido saberlo? Vemos, pues, que hay regiones donde suceden cosas que no tienen nada que ver con el tiempo, pero que son tan reales como el tiempo mismo.
    La educación que recibimos en la escuela es perversa, porque induce a pensar que algo deba ser de cierta forma, solo, porque se nos ha dicho que deba ser así. Si fuese de otra forma molestaría y, como consecuencia, nos hemos acostumbrado a eliminar ese otro lado, echarlo fuera. Si se lee algo en este sentido, se olvida pronto porque molesta a la imagen de la vida que hemos construido. No se quiere saber nada de aquello que pudiera destruir nuestra tranquilidad. Y, a pesar de todo, existen evidencias a nuestro alrededor que dejan entrever que existe el tiempo y la ausencia de tiempo. Que un acontecimiento puede situarse en el tiempo y también fuera de él. Es decir, que no tiene nada que ver con el tiempo. No está atado a un solo instante, más bien domina a todos los instantes y está siempre. Así se dice de algo grande: “Vive y existe”, lo que significa, “vive siempre”. En la tradición judía se dice que David, rey de Israel, vive y existe. Como contrapunto a aquello que dice que ha vivido alguna vez, en el año tal, y luego se murió. Se puede visitar su tumba y con ello el asunto queda finiquitado. Ver solo el lado de la historia es una especie de paganismo. Pero no, está siempre. Es cierto que ha estado aquí, ha vivido aquí, pero de otra forma se manifiesta siempre y por doquier. No se trata de algo que ha ocurrido puntualmente, una sola vez.
    Hay que evitar colocar un asunto únicamente en el tiempo. Lentamente −es la ventaja de tener que acumular mucho conocimiento− uno se da cuenta de que la historia parece ser otra cosa, diferente de lo que se haya pensado y siga pensándose. Tomemos algo del cristianismo: justamente hoy, alguien me contó que había leído cierto pasaje. Se había encontrado o descubierto un rollo de pergamino que demostraba que el signo de la cruz era conocido mucho antes de Cristo. ¡Pero naturalmente! ¡Imaginemos que se hubiera descubierto solo hoy! La cruz es una señal muy antigua. Si se tratara de un descubrimiento histórico, se diría: desde tal o tal fecha existe la cruz. Pero no es cierto. Es tan antigua como el mundo mismo. Es algo que pertenece al ser humano, a su historia, y que está al mismo tiempo fuera del tiempo; no necesita estar en el tiempo para poder existir. Ciertamente está también en el tiempo, pero no solo allí, también está en otro lugar. Fíjate en los dos lados, en este y aquel. Mira hacia los dos lados y mantén la puerta abierta para que la vista pueda abarcar todos los mundos. En el cristianismo, por ejemplo, el 1 de enero está relacionado con cierta costumbre, que tiene que ver con el octavo día después de Navidad.
    En el calendario está escrito: día de la circuncisión del Señor. Se trata de un octavo día, de un mundo nuevo, lo viejo ha pasado del todo. También aquí, la vista hacia los dos lados: los siete días de antes y el octavo en que se abre un mundo enteramente nuevo. Que el 1 de enero esté para fuegos artificiales y comer un menú especial, es otra cosa. Aunque creo que esas explosiones luminosas tienen que ver con la constatación de lo imposible, con ese asombro: ¿cómo es posible? Se siente la unión con otros elementos, otros mundos. Aunque quizás, hoy ya no. Nos hemos vuelto tan técnicos que el 1 de enero es un día libre, sin más. Todo ha cambiado. Y eso es lo malo, que lo de antes haya perdido todo sentido. Hoy en día se hace todo con vistas a la utilidad, también la tendencia de reformar el calendario, simplificándolo. Los días festivos están tan irregularmente distribuidos en el año, que podría reventarse de rabia. Pero puede cambiarse, para que podamos calcular mejor con el ordenador. Lo mismo pasa, por ejemplo, con el mes de febrero, que es un mes molesto para el estadista; imagínense ¡10% más corto que marzo! De ahí que todas las estadísticas bajen en febrero. Un político de la oposición podría señalar aquí: ¡Qué mal lo ha hecho el Gobierno! En enero iba todo tan bien y de pronto este empeoramiento. Hagamos todos los meses con 30 o 31 días. Todo debe estar al servicio de la utilidad, de la técnica, de lo exterior. Se quiere uniformidad, y se va perdiendo lo otro. Se está creando una humanidad que será incapaz de comprender aun las cosas más corrientes del mundo. Echemos un vistazo pues al calendario.
    Ya solo por su forma vemos que no tiene nada que ver con la relación entre el tiempo y lo que está fuera del tiempo, por encima del tiempo, por así decir, que ya no tiene nada que ver con el cielo. La astrología, tal como se utiliza hoy, es un asunto ridículo. Pero si nos ocupáramos de la relación entre el cielo y la tierra, habrá ciertamente algo merecedor de consideración. Hay personas que tienen apariencia de león o de cordero. De vez en cuando ocurre. ¿Cuál será la razón? ¿Cómo es posible que alguien tenga esa apariencia o ese comportamiento? No se trata de un patrón, hay mucho más detrás. ¿Por qué todas las huellas dactilares de todos esos miles de millones de personas son diferentes? ¿Y cómo puede ser que el momento del nacimiento tenga que ver con ello? Hay otras características que también varían de persona a persona, la cabellera, por ejemplo. ¿Por qué? Sería mucho más fácil si todo fuese uniforme. Para la estadística, para la industria de la confección. Hay algo que visiblemente crea unión con otros elementos, pero no queremos que sea verdad. Y las huellas dactilares son utilizadas en la criminología y los diferentes tipos son muy útiles en la búsqueda de personas. Ese tipo, por ejemplo, no llegará nunca a ser director; ese otro será solo subalterno. Otro valdrá para dibujante y aquel para futbolista.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/15/estudios-de-tora-10/
    Elaborado por David Saportas
    1 hr 1 min
  • La Palabra Oculta del Nuevo Testamento – Parte 5 (Final): Pan y vino
    La Palabra Oculta del Nuevo Testamento – Parte 5 (Final)
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/14/estudios-de-tora-9/
    Pan y vino.
    Después del lavado de manos que significa la inmersión de la actuación en el tiempo, viene la bendición sobre el pan y el vino. Y comiendo ellos tomó Jesús el pan, y lo partió, y dio a sus discípulos y dijo: tomad, comed, esto es mi cuerpo. (Mateo 26,26). En Lucas está escrito: Este es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria mía. Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; porque esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada por muchos, para remisión de los pecados. Queremos preguntar qué dicen las palabras de pan y de vino. El pan en su manifestación terrenal viene en principio del trigo y contiene levadura, algo de sal y puede hornearse en diferentes formas. En hebreo es lejem, 30-8-40. Pero echemos un vistazo a su lado oculto. Es la historia del grano de trigo sembrado en la tierra que germina, crece, es cosechado, trillado, molido, mezclado con agua, hecho masa y al final, por el fuego, tenemos el pan. Y se piensa en Raquel, la “madre de la oveja” y su sepultura en el camino a Belén, Bet lejem, Casa del Pan; en Ruth y Boaz, y en David y su casa real. También en Jesús que nace en Belén. El trigo es el primero de los siete frutos de la tierra (Deut. 8,8). Bendecir el pan es alabar a Dios, al Señor, al rey del universo. Bendito seas Tú, nuestro Dios, Rey del Universo, que extraes el pan de la tierra. (Haggadá de Pesaj).
    No el trigo, no, de inmediato el pan terminado. Yo lo comparo con la venida de Jesús. No viene como producto de 42 generaciones, eso podría ser José, más bien viene regalado por el Espíritu Santo a la virgen María. Al bendecir el pan, no se piensa en las muchas tareas realizadas. El pan sale de la tierra terminado, como primer nacido y aparece así en el mundo. La tierra no conoce ningún crecimiento anterior al trigo, es decir, es aún virginal. El pan terminado está con anterioridad. Y si pensamos en las palabras de Dios en Deut. 8,3: Y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido; para hacerte saber que el hombre no vivirá solo de pan, mas de todo lo que sale de la boca del Señor vivirá el hombre. Significa que el primer alimento del ser humano es la palabra de Dios, palabra que sale de la boca de Dios. Y puede ser de tal forma nueva, que el ser humano que la escucha puede estremecerse como una virgen que de pronto siente un niño en su interior. El pan tiene pues el lado manifiesto aquí y, de otro lado, lo que la palabra cuenta de su vida oculta.
    Y el pan − llamado también palabra de Dios − en su lado oculto es modesto, humilde, inadvertido, igual que Jesús. Del pan dice: este es mi cuerpo, que por vosotros es dado. Significa que si conocéis el lado oculto del pan, sabéis qué secretos viven en este pequeño trocito de pan aquí. Pero si el pan es para vosotros solo un alimento físico, aun comiéndolo con expresión piadosa, podría ser mentira o hipocresía ante Dios. Seríais igual a los fariseos y vuestros escribas serían personas ignorantes y presumidas. El pan se parte seguidamente y se entrega un trozo a toda persona que está sentada en la mesa. También compartimos, comunicamos las palabras de Dios, que salen de Su boca. Van a cada uno personalmente, según su manera, según su gusto. Porque el gusto de cada uno es algo que le pertenece únicamente a él. Así comienza la cena. “Yáyin” 10-10-50, vino. Esta palabra hebrea tiene la estructura viva de las dos yod-10, que designan en principio, al Señor “arriba” y “abajo”. Recordarán que el tetragrama consta de un 10 arriba y de otro 10 abajo, éste dividido en 5 5. La palabra “y” es en hebreo la letra vav-6, gancho, gancho de unión. El “nombre” se escribe por tanto como 10 arriba y 5-6-5 abajo.
    En su unidad es 10-5-6-5. La última letra de “yáyin” es la letra nun-50 que significa, como hemos visto ya, “pez”. A Yeh’shúa de la Biblia hebrea se le llama “Hijo de Nun”. La letra nun como última letra, tiene un brazo más alargado que cualquier otra letra, y baja desde arriba hasta las profundidades más hondas. La alabanza a Dios no concierne solamente al vino sino también al viñedo: “guefen” 3-80-50. En esta palabra vemos la estructura 5-8-3 que conocemos de las palabras “serpiente”, “caer” y “nefesh”, pero ahora en sentido inverso 3-8-5. Porque con el vino, producto del viñedo, existe la posibilidad de caer, de caer al mundo de la serpiente, de la “Nefesh”, de la ley. Ese vino lleva a la embriaguez. Pero también puede ser santificado, disfrutar de él − igual que el pan ácimo − de forma prudente. Entonces alegra el corazón del hombre y se es capaz de reconocer el lado oculto de la palabra, lo que de por sí es santificar el vino. El lado oculto nos muestra la libertad del ser humano, su elección. Según la ley, debiera de vivir en la embriaguez permanente. Se refiere a toda clase de embriaguez: el estudio, la ciencia, el dinero, el erotismo, la nicotina, el deporte y mucho más. Está escrito que el ser humano no puede pisar la habitación de Dios si está embriagado (Levítico 10,9). Nada de embriaguez pues.
    Ni la excitación del fanatismo ni la embriaguez del poderío, de la lucha contra el enemigo. Por ello se toman grandes precauciones en el judaísmo cuando se trata del vino. Existe una advertencia decisiva en cuanto al vino “nisak” 50-60-20, derramado. ¿Por qué es tan importante no derramar el vino? Porque no se refiere al vino, rojo o blanco, sino a la sangre derramada. Ese derrame es en realidad derramar a la tierra. Significa que se conoce la palabra solo en su sentido exterior. Pero estoy pensando también en ese asunto feo de “Onán” (Génesis 38,9) cuando vertía la simiente en tierra. Solo busca el placer; que toda semilla contenga vida potencial, le da perfectamente igual. Lo único que importa es el propio disfrute. Derramar el vino a la tierra significa vivir en la embriaguez permanente. La imagen de un ídolo (de metal) en hebreo es “maseká” 40-60-20-5, cuya raíz es la palabra “nasak” o “masak”, verter, derramar. Porque es de metal fundido al que se impide seguir fluyendo, convirtiéndolo en algo rígido. No vertamos pues el vino en este sentido. Evitemos su profanación. Si fuésemos capaces de llegar a conocer estas costumbres mencionadas en el Talmud, también en su lado oculto, obtendríamos gran comprensión del mundo y de la vida como experiencia dichosa.
    La lástima sería si no tuviéramos necesidad de entrar en la habitación de Dios ni de escuchar nada de ningún lado oculto. Sería estar en contra, de forma agresiva y muchas veces depresiva. Buscando únicamente los conocimientos de este mundo para su propia autoridad. Convirtiéndose en enemigo de Jesús de forma casi natural. El pan, la manera de su manifestación, en lo oculto la manifestación de Jesús, es el cuerpo eterno, dado al mundo. Reconoce el lado oculto de la palabra “pan”. Partir el pan significa que todo el mundo recibe su parte. Los doce en nuestra historia son todo el mundo, todas las personas − el 3, el 4 y el 5 − es decir, lo masculino, lo femenino y el fruto de su unidad, el niño. El vino es mi sangre del pacto, la cual es derramada por muchos, para remisión de los pecados. “Dam”, 4-40, sangre, en hebreo, tiene relación con la palabra “damá” 4-40-5, ser semejante, ser comparable. La sangre es pues la semejanza de Dios, en la que el ser humano ha sido creado. Verter sangre es también echar a perder al ser humano, a esa semejanza de Dios.
    Ser visto, por ejemplo, solo como un ser antropológico que desciende de células vegetales o animales. Avergonzar a una persona, en hebreo, es “verter su sangre”. No respetar su semejanza con Dios. La sangre de Jesús se derrama por el nuevo mundo. Él está y sabe que no se le comprenderá. Que se le negará, que se dirá que se sabe mejor, que será perseguido, burlado, ninguneado, avergonzado, puesto en ridículo y al final será crucificado y matado. Dejará que su sangre sea derramada porque sabe que solo así puede llegar el mundo nuevo. Vive y muestra que el amor es diferente del mundo de las leyes, donde se devolvería el golpe, donde su fundaría un partido para poder defenderse y donde, en última instancia, se huye para ocultarse. Él no hace nada semejante. El mundo del amor solo puede ser si se pone frente a todo lo viejo. Es una salida de la ley y esa actitud es nueva. Porque en el mundo nuevo se comprenderá el perdón. No porque se haya sido bueno o piadoso, más bien por la gracia, sin contrapartida. Dios conoce el lado oculto de toda vida, conoce la totalidad de toda vida. La alianza nueva es con el ser humano completo. Todas esas subidas a los montes quieren advertir de la existencia del lado oculto.
    Para el nuevo mundo, Jesús rompe con su vida todas las legalidades inteligentes, estudiadas y dominadas y muestra el camino del amor, de la gracia. En la imagen es el vino derramado, el vino usado para la idolatría. Es derramado para que lo nuevo pueda venir. Jesús acepta todas las consecuencias de tal rotura. El ser humano en el que Jesús vive, dominará su vida de esta manera. Y porque lo vive en el fluir del tiempo, el reconocimiento del amor será para él una alegría inmensa y permanente. Porque en el fluir del tiempo siente la corriente de aquella fuente, en la que todo está cumplido ya. Con profunda certeza espera la venida del salvador, también en el tiempo. Sabe que el regreso del Cristo es la venida de un mundo nuevo también aquí en el tiempo, cuando la muerte, la enfermedad y la agresión han cesado y que todo está muy claro y luminoso. Y que Dios, a su manera amorosa, hará que la justicia prevalezca. Entonces el ser humano sabrá que el amor y la justicia son la misma cosa. Es así desde el principio del mundo.
    Getsemaní.
    Después de la cena salen todos fuera, al Monte de los Olivos. Se trata del sexto fruto, del fruto del sexto día, del viernes. Y es la tarde, el viernes ha comenzado ya. Según el relato de la creación: Y fue la tarde y la mañana el día quinto. Significa que estamos ya en el sexto día. En esta tarde y en la noche siguiente, Jesús comienza a hablar de su final, de un cambio decisivo. El mundo, el ser humano cambiará. La ley recibe el amor como vida nueva. Lo amargo de la oliva se anuncia. Recordemos que era la hoja del olivo la que le anunciaba a Noé el mundo nuevo después del diluvio. La paloma le aportaba la hoja. Y Jesús dice ahora las palabras de “Sakaryá”, del profeta, del portador de las palabras de Dios: Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compañero mío, dice el Señor de los ejércitos. Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas; mas tornaré mi mano sobre los chiquitos. (Zacarías 13,7). Después de la limpieza que menciona Zacarías, el capítulo cierra con las palabras: diré: es mi pueblo; y ellos dirán: el Señor es mi Dios. Jesús anuncia a los doce discípulos: todos vosotros seréis escandalizados por mí esta noche. Seguidamente cita Zacarías 13,7 y añade: mas después de que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea (Mateo 26,31-32).
    Pedro dice seguidamente que nunca se escandalizará. Y Jesús contesta, señalándole la imposibilidad de tal fidelidad: de cierto te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces. Conocemos la historia y sabemos que Pedro no podría haber seguido en vida si no hubiera negado a Jesús. Es como Judas, “uno de los doce” en el ser humano. Y toda persona está muchas veces ante situaciones que le obligan a actuar así. En el fluir del tiempo nos vemos enfrontados con circunstancias que muestran que aquí no se pueden emitir juicios absolutos. Es necesario relativizar. Sin embargo, en el lado oculto Dios puede medir con absoluta certeza. Dios le ve al ser humano en su lado oculto, en su Ser, en su intención, su esperanza, su fe, su amor. Así comienza la noche en Getsemaní, “gat shemaním”, prensa de las aceitunas. Tan pronto llegan, comienza la presión, la transformación del fruto del sexto día. Del fruto del sexto día surge el octavo día, ese día imposible para la ley del mundo. Surge el aceite, el nombre del Ungido, el Mesías, el Cristo. Y el proceso que comienza en ese sexto día es penoso, causa tristeza. Cada persona, aun todo el mundo, conoce tales episodios dolorosos de decepciones, guerras, catástrofes, enfermedades. En breve comienza el sufrimiento y la presión. Son los dolores de parto de una nueva fase de vida.
    Jesús se dirige a Dios tres veces en esta noche con las palabras: Padre mío, si es posible, pase de mi este vaso. Es el sufrimiento de un cambio en el que algo precioso que se ha cuidado atentamente, parece perderse de pronto e incluye aquella certeza de que la vida termina en la muerte. Algo amado que causaba alegrías se va para siempre. Las circunstancias conocidas no volverán nunca más. Se conocen las bondades de Dios, por supuesto, pertenecen a su Ser. Y a pesar de todo, tener que ver cómo sucede, es una presión muy grande. Toda psicología se basa, en realidad, en lo insufrible que es la vida con sus inseguridades, sin saberse a dónde va. Pero por ello el ser humano ha recibido la revelación de la palabra. Y esta palabra divina tiene un lado abierto y otro cerrado, y descubrirlo puede regalarle gran consuelo. Salvo que no sepa, o no quiera saber nada de aquella fuente eterna, en la que todo está cumplido ya, hasta la salvación definitiva, hasta el nuevo mundo eterno, el nuevo cielo, la nueva tierra, ese Jerusalén nuevo. Y esa fuente está cerca, para agarrarla. Ningún desarrollo es necesario, ningún ejercicio y ningún estudio. Está presente en el ser humano mismo, porque vive en el aliento de Dios.
    Tan pronto Jesús se ausenta por un breve tiempo, los discípulos que le acompañan y a quienes comunica su desconsuelo, Pedro y los dos hijos de Zebedeo − cuyo nombre significa “regalo de Dios” − se duerman. Significa que nos es imposible cargar con el sufrimiento del otro, el peso es demasiado grande. Es la reacción en el fluir del tiempo, uno se vuelve apático y se defiende, tomando nota solo superficialmente, desde fuera. En el ser humano Jesús, Yeh’shúa, que tiene en sí la ayuda de Dios, el tiempo se lo acerca todo. Siente cómo transcurre la noche, que se acerca el momento decisivo. La reacción clara se desvanece, entra la resignación. La indiferencia. La “Nefesh” quiere dormir, finalmente descansar. Todos esos son signos preliminares de un cambio, también cuando una fase de la vida termina y otra comienza. Aun cuando se cree, conscientemente, que vaya rápido, demasiado rápido. Pero en el lado oculto del ser humano, el tiempo terrenal tiene otros valores. Allí, la intensidad de una vivencia − que aquí dura quizás solo una ínfima parte de un segundo − puede tener otra, una larga y significativa duración. No puede medirse con las medidas exteriores que usamos. Y en el momento en que se prende a Jesús, todos los discípulos huyen y le dejan solo.
    El camino de todo ser humano se desarrolla según este diseño en la eternidad. Todos los pensamientos, ideales, planes, agresiones, obsesiones se ausentan. Nuevas ideas, nuevos encuentros tienen lugar. El asunto principal es ¿tiene ese ser humano una relación con Dios? No con un dios que solo domina una parte de la vida, eso sería un ídolo. Con el Dios universal, el Eterno, el Único, al que se puede acercar, sintiendo: si yo quisiera regalar cosas buenas, ¡en qué medida increíblemente mayor lo quiere Dios! En el lado oculto del ser humano que tiene esta relación con Dios, viven los personajes de la Biblia. Así, la vida en el tiempo se nutre de la corriente que fluye de la eternidad. Y puesto que en el núcleo todo está ya cumplido, el diseño en el fluir del tiempo lleva ese cumplimiento. Lleva la muerte, sí, pero con la promesa de la resurrección, de la salvación definitiva. Lo importante es saber si se conoce la diferencia entre la santidad, la eternidad, la fuente y el tiempo que fluye de aquella fuente. Quien no la conoce, tiene en su Ser ese gran pecado contra el Espíritu Santo. Para él, los sucesos aquí están unidos con los sucesos de la Biblia de forma lineal. Sentir así es pecado. No comprende su propia vida, por no hablar de la vida del mundo. Solo la “remisión de los pecados” puede ayudarle.
    Ante el Alto Consejo y Pilato Las conversaciones en el Alto Consejo pueden resumirse así: ¿Cómo contestar a alguien que solo conoce las medidas de aquí? Si Jesús dice puedo derribar el Templo de Dios y en tres días reedificarlo ¿está hablando de una demolición material hecha por obreros de la construcción? Dibujan mapas de Palestina y lo llaman Tierra Santa. Están pidiendo aún la revisión del proceso contra Jesús con jueces modernos. ¿Puede darse mayor locura? Lo único que queda es callar y preguntar cómo el ser humano ha podido llegar a tal extremo, cómo es posible que se llamen judíos e Israel en lo exterior, mientras que su Ser es poseído por Satanás. ¿O quizás su exterior se ha separado del interior de tal manera que se trata de dos mundos totalmente diferentes? Luego la pregunta decisiva del gran sacerdote: si es verdad que tú eres el Hijo de Dios. Jesús contesta con las palabras conocidas: Tú lo has dicho. El gran sacerdote y los escribas no saben nada de la santidad, del Ser, ni tampoco del lado profano, temporal. Para ellos es santo aquello que llaman así y lo profano lo definen según sus propias medidas. Ser Hijo de Dios es algo imposible para ellos, una difamación terrible. No pueden saber lo que dice el lado oculto de la palabra.
    No tienen acceso al árbol de la vida porque hablan, actúan y viven según el veneno de la serpiente que se introdujo en ellos, al tomar del fruto del árbol del conocimiento. En el caso de una revisión del proceso en Jerusalén ¡deberían volver a formular esa pregunta decisiva! Aunque hoy dirían que haya sido un rabí poderoso con facultades sobrenaturales, un profeta, un visionario etc.- Un chiste macabro. Estas escenas en el flujo del tiempo, viniendo de la fuente, muestran la trama, el entramado. Y muchos tienen, sin saberlo, gran afinidad con esos escribas, ancianos y grandes sacerdotes. Naturalmente no solo de la parte judía. Creo que los escribas se suelen encontrar en la vida, sin más. La sentencia está dictada de antemano. Se quiere matar a Jesús, crucificarle. El gran sacerdote rasga su vestidura, en señal de duelo. Entregado a Poncio Pilato, este se da cuenta de las emociones hostiles y de la envidia engendrada y propone liberar a Jesús, puesto que en la fiesta es costumbre soltar a un prisionero. Pero el pueblo clama por la liberación de otro, de Barrabás. Ese nombre arameo significa “hijo del padre”. Solo que el arameo es la lengua profana y el hebreo la lengua santa, de la otra orilla.
    La gente entiende a un rebelde normal e incluso pueden encontrarle simpático. Pero a Jesús no le entienden. No quieren ser molestados con visiones de la eternidad, con una abolición de la ley. Quieren una receta para cada paso que dan, seguir en sus trabajos, comer bien y evitar todo lo desagradable. Los escribas tienen también recetas para el ocio, es decir, para matar el tiempo, pasar el tiempo sin más. ¿No conocemos todas estas imágenes de la vida diaria? ¿No se formulan en la vida algunas veces preguntas que solo pueden contestarse con el silencio porque sentimos que no se nos entiende? Pueden referirse a la política, a la literatura o incluso a la Biblia. Se calla, se asiente con la cabeza en el sentido de “si tú lo dices” … Con el sentimiento de que, en realidad, se está solo. En los momentos decisivos, se está solo. Escuchamos a ese Pedro fiel agitarse, retorcerse, para hacer creer, en contra de todas las afirmaciones precedentes, que no le conoce, que nunca jamás ha tenido nada que ver con él. El camino que comienza ahora está descrito en la Biblia solo muy brevemente. Jesús es azotado, repudiado, burlado, le escupen, le ponen en sus manos una copa de hiel.
    Está la esponja empapada en vinagre y el hecho de la crucifixión en sí y los dos ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda. Pensemos que en la historia del mundo se suceden los asesinatos, los robos, las torturas, las burlas sin interrupción. Y había y hay muchas maneras refinadas de tortura. En los campos de concentración, en los diferentes grupos revolucionarios y en la más inmediata cercanía. Algunas veces visibles, otras oíbles, con personas de todas las edades, con niños, con ancianos. Si proyectamos nuestras emociones, impulsos, perversidades y por supuesto también la compasión profunda sobre el sufrimiento de Jesús, puede que sea por motivos totalmente diferentes. Como si no supiéramos quién es Jesús; desde su punto de vista quizás es todo muy diferente. Porque dice varias veces que se levantará en tres días. Se olvida expresamente la victoria en la resurrección, el mundo nuevo, que todo termina más que bien. Si nos abrimos al camino de la pasión de Jesús, puede que comprendamos que está padeciendo este sufrimiento − en el núcleo, en el lado oculto − realmente por nosotros. Pero entonces no deberíamos ser tan poco delicados y tratar de encajar los sufrimientos de Jesús en la serie de nuestras penas terrenales, antiguas o nuevas. Sería la mentalidad de los fariseos y escribas, que quieren discutir con Jesús a nivel de lo terrenal exclusivamente.
    La Biblia habla del camino de pasión en el núcleo. Significa que todo ser humano vive cosas terribles en el tiempo, de muy diferentes maneras. ¿Pero qué significa que Jesús lleva las enfermedades, los pecados, la muerte por nosotros? ¿Cómo lo notamos, cómo puede ayudarnos? Hay que formular estas preguntas porque el sufrimiento del mundo es inimaginablemente grande. Jesús lo sufre allí, en la palabra de Dios. La palabra une el suceso exterior con aquel de la Biblia. Significa de verdad que algo así ha sucedido aquí en la tierra, visible para el ojo. Pero si es posible percibirlo físicamente como la Biblia lo cuenta, depende enteramente de la vida verdadera, de la vida oculta de cada uno. Y esa vida, justamente porque está oculta, no podemos conocerla y por tanto es imposible contarla o describirla según la verdad. Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros y nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas las palabras de la Torá. Pero debemos de leer la Biblia entera, dejar que Dios acabe de hablar y no interrumpirle constantemente. Porque la Biblia muestra que Jesús resucita de verdad y luego está junto a los discípulos. Cuarenta días bíblicos, es decir, todo el tiempo, mientras que haya tiempo. Y que después sube al cielo en la nube. Cincuenta días después de la resurrección en Pascua es Pentecostés. Y en ese día está de nuevo, de tal forma que aprendemos por Él el lado oculto de la palabra, con tal perfección que cada uno pueda entender al prójimo sin importar en qué idioma esté hablando.
    Jesús sufre estas amarguras por nosotros, para mostrar con total claridad que al final está la resurrección. En la palabra de Dios está y podemos creer en ella. Porque quisiera vivir en el Ser de cada persona. Y porque el suceso bíblico entra en el rio del tiempo, también la resurrección está, podemos creerlo, podemos confiar en que así sea, podemos ser fieles. La infidelidad es un final amargo, un final como la muerte. Pero la resurrección no solo puede hacernos creer y confiar, sino también hacer que seamos fieles. El gran regalo es pues que todos nosotros, aunque soportemos muchos sufrimientos − algunas veces un gran sufrimiento − podamos saber de la resurrección, de la eternidad, del mundo nuevo y del gran juicio, donde todo se rectifica, se corrige, donde lo torcido se endereza. Ese es el regalo. Jesús acepta el camino en Jerusalén, para que también allí se pueda hablar del amor de Dios y de la resurrección en la palabra. Y este regalo es para todo ser humano, no importa en qué país viva o de qué cultura sea. Las historias de la Biblia no conocen nuestra manera de vivir en el tiempo. Por ello, en el judaísmo casto, silencioso se dice: No hay antes ni después en la Torá.
    Aunque se cuenta de la resurrección al final, es válida para Adán y para Noé. Para todo el género humano. Así, tampoco el espacio está muy distante, aunque a veces lo parezca. Es decisivamente importante ver lo santo frente a lo profano. Entonces es imposible utilizar a la Biblia como objeto para un estudio sobre quién tiene la razón. Porque en el judaísmo, todo lo que está alejado del sentido y de la finalidad se llama impudicia, deshonestidad. Practicar la deshonestidad con una mujer significa en primer lugar que la mujer no está para eso, ni tampoco tú como hombre. Y se puede ejercer la deshonestidad en muchas áreas, por ejemplo, ¿están los animales para todo aquello que los utilizamos? Así también la Biblia sufre muchas veces esos despropósitos.
    Gólgota y el sepulcro vacío.
    He contado ya diferentes cosas de la cruz y de la crucifixión. Lo vivimos si nuestra vida es clavada al cuádruplo del tiempo. Por ejemplo, si decimos que vivió desde 1496 hasta su muerte en el año 1587. ¿Qué puede significar? ¿No ha estado ya antes, como hijo de Dios, desde siempre en Dios? ¿Y el año 1587 es el final definitivo? ¿No vive siempre, eternamente, en todo lugar? Pero ese es el resultado si se crucifica todo, si se echa todo al cuádruplo, a la noción lineal de tiempo. Es correcto decir que se le crucificó en el año 33 y ahora vivimos en el 1988 d.C. Mejor sería decir que nació en el año bíblico 3760 después de la creación. Puede que el mundo exista, según nuestra manea de percibir las cosas, desde unos veinte mil millones de años desde la Gran Explosión. Por ello, por favor, no hay que clavarlo al tiempo. ¿No dice él mismo que Dios no es Dios de un Abraham muerto? ¿Que la expresión Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es la prueba de que todos están vivos? La cruz, tal como se utiliza, me entristece. La crucifixión tiene lugar en el Gólgota, que se suele traducir como monte Calvario o lugar de la calavera. Pero la palabra hebrea de Gólgota dice otra cosa. Recordemos: gal, la forma que fluye, de ahí viene Galilea. Y “gat”, prensa, que figura en la palabra Getsemaní.
    Mientras que allí se prensan las aceitunas, aquí se aprieta la forma. La transformación sucede allí. Quien cree que ha muerto está inmerso en un considerable malentendido. Parece que solo estáis observando lo exterior, llamáis “vida” a lo que veis, a lo que tocáis. Pero yo digo que sigue viviendo entre vosotros. Y vosotros, dentro de vuestras estrecheces, de vuestro corto entendimiento, no lo habéis ni notado. Y seguramente vive de forma inimaginable en el mundo, en vosotros, en los demás. En todo caso, vive. La Biblia habla de gal 3-30, de la forma. Y conocéis el “galut” 3-30-6-400, el destierro, el exilio en la forma, y la “gueulá” 3-1-30-5, la salvación de la forma. La palabra gal es también una onda en el agua, en el tiempo. Así, el nombre Galilea contiene ya la noción de esta transformación en el tiempo. Y entendemos de pronto por qué Jesús dice que volverá a ver a los discípulos en Galilea (Mateo 26,32). También la palabra Gólgota contiene ese gal. Milagros de la palabra, si comenzamos a percibir su santidad. Viene luego José de Arimatea. El lugar de su procedencia se llama “Ramatayim”, en hebreo, “lo doblemente elevado”. “Ram” 200-40, elevado.
    Del trono de Dios se dice que es “ram”, elevado. Y el profeta que unge a los dos reyes Saúl y David, por su padre “Elkaná”, es de “Ramatayim Tsofim” (I Samuel 1,1). Es la dualidad de aquel que es elevado: Dios en el cielo, Dios en la tierra. El nombre “tsofim” significa “de los observadores”. El monte Scopus en Jerusalén se llama en hebreo “har ha-tsofim”, “el monte de los observadores”. “Elkaná” significa Dios ha comprado. La Biblia nos entrega en sus palabras una invitación a entrar en el palacio. El hombre que va a Poncio Pilato para pedir el cuerpo de Jesús se llama José, “el Señor dé más, añada”. Como en el Salmo 81,6: “Ho-saf”. El Señor añade. Da su sepulcro nuevo para ello. Los nombres José y “Ramatayim” contienen ya el hecho de la resurrección. Lo doble, lo que se añade. La vida aquí y la vida allá. En cuanto a las controversias sobre si los discípulos de Jesús no podían robar el cuerpo de Jesús para luego decir que había resucitado, entendemos ahora que solo pueden surgir en la mente de un fariseo o de un escriba o de aquellos que escudriñan la Biblia científicamente.
    Porque el sepulcro está vacío. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lucas 24,5). La vida no termina en el sepulcro. Aunque ciertamente, según la ley natural debe de haber fosas y cementerios. ¿Pero buscar allí a los que viven? ¡Que los muertos entierren a los muertos! Aquel que hace el camino sabe a dónde va: al país prometido, al paraíso, a la eternidad. Jesús va delante a Galilea. Los discípulos y también otros no reconocen a Jesús en primer lugar. Y los discípulos de Emaús solo le reconocen cuando “partió el pan” con ellos. Partir el pan y repartirlo, lo sabemos ya, es la comunicación de la palabra de Dios, viniendo de Su boca. El pan no solo como alimento, sino conociendo su lado oculto y aquello que comunica de la palabra divina.
    La pesca después de la resurrección.
    En Juan 21 se habla de la pesca después de la resurrección. Los discípulos no le reconocen. Cuando Jesús les pide algo de comer, dicen que no tienen nada. Les aconseja echar la red a la mano derecha del barco. No habían cogido nada en la noche anterior. Pero ahora la red está tan llena, que no podían en ninguna manera sacarla, por la multitud de los peces. Y esta vez se cuentan los peces y son exactamente 153 grandes peces. No debemos pasar sin más por encima de este número mencionado después de la resurrección. Porque puede decirnos mucho de lo que significa la resurrección para nosotros, que estamos en el fluir del tiempo. Se puede entender este número mejor desde el lado hebreo. La palabra “bien, bueno” es tov 9-6-2. Aparece varias veces en el relato de la creación, en Génesis 1. Cada día en que Dios observa su obra está escrito: Y vio Dios que era bueno, y al final del sexto día está escrito: he aquí que era bueno en gran manera. Es decir, muy bueno. Y cuando se habla del árbol del bien y del mal, también “bien” es siempre “tov”. La palabra habla, en su lado oculto, de la noción 17, como se deduce del valor de las letras 9-6-2. Solo se puede considerar un número como perfectamente cumplido si todas las fases del camino para llegar a ese número se toman en consideración.
    Porque, ¿qué pasa si se ha llegado a la meta y se ha olvidado toda la historia del camino, o si solo queda un recuerdo melancólico o, quizás, alegre? Si solo quedan pensamientos nostálgicos de un hermoso pasado que entristecen. La noción 17 aparece muchas veces en la Biblia, siempre al final de una fase. Como por ejemplo al final de un día de creación. O cuando el diluvio pone fin a todo un mundo, estamos en el año bíblico 1656, es decir, el siglo xvii. Puede calcularse fácilmente por la edad de aquellas diez generaciones primeras. Y cuando los hermanos venden a José y una nueva fase comienza para todos, José tiene 17 años (Génesis 37,2). Es decir, es bueno, aunque en el momento pensaríamos todo lo contrario, como lo pensamos también del diluvio. Y el pecado con aquel becerro dorado (Éxodo 32) sucede en un día 17 del cuarto mes. Tanto la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia − igual que mucho más tarde por el romano Titus − sucede en un día 17 del cuarto mes. Además, la tradición cuenta que Moisés, cuando tenía 17 años tuvo que huir de Faraón, es decir, su vida principesca en el palacio llegaba a su fin. Si la vida ha transcurrido y es bueno, es decir 17, puede preguntarse a justo término: ¿Y por qué he fallado el examen en aquel día?
    Porque había mucha preocupación por el asunto. O quizás se piensa en el día del fallecimiento de una persona querida. O en días pasados, hermosos pero pasados. Solo puede ser realmente bueno si todo lo desaparecido y todo lo torcido estuviese de nuevo rectificado, enderezado, corregido. Significaría que en el 17 estuviese también la fase 16, que quizás es la fase de ayer, y por supuesto también las fases 15 y 14, hasta incluso el primer comienzo, las fases 2 y 1. Ahora, si toda la vida debe estar presente junto con el 17 del final, del último paso, resulta justamente el número 153, como puede calcularse fácilmente por sí mismo. Que la pesca pues tenga exactamente 153 peces quiere decir que Jesús, después de su resurrección, vuelve a recoger a cada una de sus fases vividas. Se recogen del agua, se sacan del tiempo. Y llega la comida. Todo está ya preparado, el carbón, el pan y los peces. Toda su vida está presente, concretamente. Nada se ha olvidado, nada se ha pasado por alto. Porque es realmente bueno, si no solo el final es bueno, sino si nos damos cuenta, llenos de asombro, de que todo desde siempre ha estado bien. Y que solo nosotros, teniendo nuestra mente fija en las cosas exteriores, juzgamos con ligereza, criticamos, dramatizamos y malentendemos. Pero ahora vemos que todo está bien. Todo está nuevo, rectificado, explicado. El diluvio, la venta de José, la huida de Moisés, el becerro dorado, Nabucodonosor, Titus etc.
    Jesús habla allí, con los peces sacados del agua, del verdadero significado de Judas, de Caifás, de la samaritana. En la resurrección, están todas las fases de la vida. Quién le busca en el sepulcro, está pensando que la vida sigue en algún lugar de alguna forma. En el sentido de los libros de los Muertos de aquellas comunidades que no conocen el regalo de la Biblia. Estoy incluyendo a los espiritistas. Pero podemos estar en Galilea, descubrir la palabra en la forma y liberarla de la funda, de la envoltura. La funda es buena para su protección, igual que la piel de una fruta, o la cáscara alrededor del grano de trigo. De no ser así, no tendríamos nunca pan, ni tampoco la Casa del Pan. Es igualmente bueno en el caso de las instituciones. Protegen lo interior, lo santo. Y por esta protección puede el grano precioso crecer y convertirse en pan. Bajo esta protección puede vivir mucha gente, conocer la dicha y, en su silencio, convertirse en grandes y santas figuras. Sin esta envoltura, lo delicado, lo interior hubiera muerto quizás hace tiempo. Para ello, Dios le da al ser humano la piel, su envoltura. Pero al final ya no la necesita. No reconocen a Jesús en su vestidura nueva. Tampoco aquellos que le han visto y han hablado con él hace solo tres días. El parecido está, naturalmente, pero también está la expresión de cada momento vivido, también de lo interior, de lo que anteriormente estaba oculto.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/14/estudios-de-tora-9/
    Elaborado por David Saportas
    54 min

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