EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 11 (Final del libro)
Por Fiedrich Weinreb
Ver artículo escrito completo en mi blog:
https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-20/
Undécimo Capítulo:
Néfesh zoméaj – crecimiento y cambio. Ir y venir
La comprobación de la luna nueva, por el Bet din
El mundo está construido sobre jésed, gracia
El crecimiento del trigo: pan y cuerpo
Seorá, cebada
“Cabello” en lugar de “puerta”
El jardín de las manzanas sagradas
El rostro de Dios – la cara del ser humano
El Santo Anciano del principio
La recolección del cereal
Lag ba-ómer, el día 33
El conteo en los sefirot
Shimón bar Yojái
Hemos hablado de rosh jódesh 200-1-300 8-4-300, de la luna nueva. He escogido algunos aspectos, entre otros, el encuentro entre David y Jonatán, que caracteriza los acontecimientos en rosh jódesh. Quisiera añadir algún aspecto diferente. La luna nueva no es solo una aparición astronómica, está en el cielo, porque existe en todas las condiciones. Podríamos precisarlo así: porque existe en la realidad eterna se expresa también en lo astronómico. Algunas veces encontramos relaciones entre lo astronómico y lo otro, en otras ocasiones, no. Personalmente estoy convencido de que, si se buscara e investigara en esta dirección, quedaríamos de tal forma subyugados por todas las relaciones existentes, que tendríamos que añadir: voy a dejarlo, porque lo que descubro no es otra cosa que la confirmación de lo que ya sabía o por lo menos, podría haber sabido, es decir, que el mundo, la creación, es un grandísimo milagro. Y que en todo tiempo habría que saltar y dar gritos de alegría. Si ya no prestamos atención a muchos fenómenos y toda clase de relaciones se nos escapan, no significa que no existan. Y si las encuentras a pesar de todo, dirás: “¡Qué gran hallazgo!” para añadir un poco después: “No, ningún hallazgo, más bien una evidencia, porque la creación es un milagro. ¡Naturalmente! ¿Por qué preocuparse tanto? Naturalmente que es así, tanto si lo veo como si no”.
De la misma manera que el ser humano no se preocupa, o por lo menos no debiera de preocuparse, por el correcto funcionamiento de su cuerpo. No es necesario que diga: ¿Qué relación tienen todas las partes de mi cuerpo? Porque todo cuelga siempre de un hilo de seda. Sin embargo, está convencido de que está bien tal cual. Deja de ver el milagro y cree que es algo natural. Si pensamos así, ya no consideramos toda la naturaleza como un milagro, sino como algo muy corriente, muy natural, muy normal. La luna nueva como fenómeno astrológico expresa el principio del bien. Crecer es cambiar. Crecer en este mundo no significa que los árboles crezcan hasta el cielo, únicamente en la construcción de la torre de Babel se espera llegar tan alto. Crecer significa crecer, llegar a culminación, secarse y morir. Los dos lados van juntos. Nada aquí crece hasta el infinito. Hasta del universo se dice que se expande y se contrae, que se mueve por así decir, en una especie de inhalación y exhalación.
La existencia aquí está sometida a las leyes del cambio. No corre en una sola dirección; sería tonto pensar así. La misma tontería sería decir: “Seguimos viviendo y tendremos 100, 200, 300 años y quién sabe si tal vez lleguemos hasta 1000”. ¿Y luego qué? Bueno, para entonces ya se habrá encontrado una salida, pero de momento, estemos tranquilos. Aunque se sepa muy bien que ese otro asunto vendrá después de los 1000 años. Sin que conozcamos por supuesto todo lo que pueda venir. Todo lo que está bajo la ley de la néfesh zoméaj se expande y se contrae. La néfesh es el alma que se muestra en la esfera biológica, el alma de aquello que se construye aquí, en esta visibilidad de aquí. Todos nosotros somos nefashim y nefashot (masculino y femenino). Hace tiempo se decía que una ciudad contaba tantas nefashim, tantas almas. Esa néfesh zoméaj se expresa en primer lugar en el principio del tercer día, cuando se crea el etz, el árbol. El árbol es una néfesh zoméaj, la primera. Porque la néfesh es la fuerza causante de todo aquello que aparece aquí, para que pueda desplegarse y luego contraerse.
Ningún árbol se queda para siempre. Todos vienen y van, por sí mismos o por una fuerza exterior, como sea. Y aunque el árbol en sí puede parecer que tenga permanencia, las hojas y los frutos vienen y van. En el árbol vemos algo con anterioridad, inexistente en la creación. Todo lo demás queda, pero con la néfesh zoméaj comienzan los fenómenos que vienen y van. Y la propuesta que dice que viene para crecer, solo crecer, es la misma que si de algo que aparece en una dualidad, escogiésemos un lado únicamente. Y ese lado único lo aceptamos y el otro lo negamos. Preferimos ignorar que existe. Así podríamos decir, por ejemplo, que existe únicamente la predeterminación; todo está ya arreglado y la libre voluntad no existe. Vale, pero estás viendo un solo lado. ¿Pero cómo se relacionan los dos lados? No se relacionan. Quien pretenda determinar con lógica, cómo se relacionan la vida y la muerte, convierte el mundo en un objeto mecánico, en un autómata. Desaparece todo lo vivo en el ser humano, todo sentimiento y toda sorpresa inesperada, ese quehacer gratis, por razones totalmente inexplicables. Todo eso desaparece porque se va calculando. Lo que queda es un problema de aritmética.
En nuestros tiempos se está siempre recogiendo todo en fórmulas, siguiendo el ejemplo de las ciencias naturales. Por ejemplo, en la fórmula de la gravitación, con la que quizá podría estar de acuerdo. No se me ha preguntado. Pero imaginémonos que se me preguntase, diría: “Sí, puedo aceptar la fórmula de la gravitación”, añadiendo “pero solo en parte”. Porque no es verdad que todo objeto que esté cayendo, deba seguir cayendo. Existen otras posibilidades; pero no las conocemos. No tenemos ni idea de ellas. Vemos una sola posibilidad. También se hacen fórmulas en otras áreas; yo mismo he tenido que cometer semejantes pecados. Porque a través de la estadística científica, puede recopilarse en fórmulas hasta el comportamiento psicológico del ser humano. Sé que los estudiantes de psicología se quejan siempre de las muchas estadísticas que deben estudiar, es decir, se quejan de la ciencia. ¿Qué tiene que ver con la psicología? ¡La psique, por supuesto! Se piden fórmulas, porque se buscan seguridades. También en las ciencias empresariales. Y siempre hay diferencias de opinión. “Hay ciencias empresariales y ciencias del espíritu, y estas no admiten fórmulas”. No sé si conocen los trabajos del profesor Huizinga.
Son libros muy interesantes, quisiera recomendarlos para su lectura. Rechaza la idea de ver la historia como el recorrido de una ley, algo predeterminado, un ciclo. Opina contrariamente a Oswald Spengler, que propone en sus libros, que la historia es el transcurso de una determinada ley. O, como se hace de vez en cuando, se calcula el final de los días con ayuda de Daniel y Ezequiel. Si de verdad pudiera hacerse, no encontraríamos ningún sentido en nuestros quehaceres. Podríamos cometer equivocaciones sin más, porque la salvación no vendría hasta esta o aquella fecha. ¿Qué sentido tiene hacer el bien? Todos estos intentos vienen del hecho de querer ver un lado nada más de la néfesh zoméaj, olvidando que existe otro lado igualmente eficaz. ¿Les he contado ya que aquello que consideramos normal, es solo la mitad aproximadamente de los acontecimientos? La otra mitad no es normal. Pero no nos gusta oírlo y suprimimos toda mención, porque molesta a la imagen del mundo que nos hemos construido. El punto más importante es: ten consciencia de que la néfesh zoméaj viene de otro mundo. Porque ¿de dónde viene esta vida?
De la semilla, ese milagro, que se expresa de cierta manera muy determinada y que recibe determinadas formas, colores, rayas y bordes, y con todo aquello que ya está encerrada en la semilla, crea finalmente esa planta específica. Pero si preguntamos por el origen de la vida –ese milagro que vemos aquí– debemos decir al mismo tiempo: observamos que regresa a algún lugar desconocido. Viene y se va. La misma ley de su venida, es la causa de su desaparición. En la astronomía, también es así en muchos aspectos. Lo que crece en primavera y florece en verano, se marchita en otoño y desaparece en invierno. También aquí notamos una especie de respiración. La néfesh zoméaj conoce el venir y también el regresar. La construcción de la torre de Babel –si puedo llamarla así– la haflagá 5-80-30-3-5, se construye y se derriba una y otra vez. Existe una lengua que viene del principio primordial, y existe una multitud de lenguas. La lengua Una contiene un milagro, pero ya no lo comprendemos. También el holandés, el inglés o el alemán contienen un milagro. Ya no lo comprendemos, pero en todo caso debemos saber, que estamos en presencia de un milagro.
La néfesh zoméaj por tanto es algo que no solo crece, sino que también decrece para luego ausentarse. Viene del más allá y regresa allí. Aparece aquí, y su presencia debemos verla como un mensaje de otro mundo. ¡Fíjate en sus detalles! Todo lo que está aquí, también las cosas que llamamos muertas, rígidas, piedras, minerales– vienen de otro lado. No sabemos cómo, pero lentamente iremos comprendiendo. Vienen y van. Esa es la néfesh zoméaj. Se expresa también en las estaciones. También el sol, para nuestro ojo, parece como si fuese viniendo y desapareciendo. Podemos decir por supuesto, que la tierra gira alrededor del sol. Pero para nuestro ojo, para nuestras percepciones, parece que el sol sube y baja entre los solsticios. Y ese subir y bajar del sol, lleva vida en muchas formas y también la muerte en muchas formas, el frío, el regreso. ¿Por qué y cómo? Y allí donde el sol está siempre, en el trópico, también hay un ir y venir, de otra manera. También en la luna reconocemos a la néfesh zoméaj. Por ello, la luna nueva, el rosh jódesh, cuando la luna está oscura y desaparecida, es algo muy especial. Fíjate, decimos, la creación contiene una ley que se expresa en el ir y venir.
Ante todo, aquello que es portador de la forma, viene y va. La sabiduría antigua dice que la luna determina la forma, acuña la forma. La luna es el lado femenino –no la mujer que conocemos aquí– es el lado femenino, es decir, aquello que es perceptible aquí. La luna marca lo femenino y aquello que llamamos “mujer”, en el sentido de que podemos decir que la mujer tiene cosas en común con la luna. También en el nivel orgánico existen relaciones. No se reflexiona mucho sobre eso, porque desdibuja la imagen científica del mundo que nos hemos forjado. Solo causaría confusión admitir que la luna tenga algo que pueda relacionarse con las formas. La luna muestra pues la néfesh zoméaj y por ello, la comprobación de que la luna nueva es especial: no se trata de que digamos, “bueno, astronómicamente, la fecha está fijada ya, puedo decirlo basándome en mi calendario. Lo sé ya de antemano, porque los meses judíos son meses lunares”. La tradición judía dice que la luna nueva no se determina así. Porque no puede darse luna nueva en al mundo, mientras que el Bet din, el tribunal, no la haya proclamado. Din es aquello que es del lado izquierdo. Como he escrito en mi libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo, en la creación existe un lado derecho y un lado izquierdo. Jésed 8-60-4 es el lado derecho y gevurá 3-2-6-200-5 o din 4-10-50, el lado izquierdo. Din es la ley natural. Ley natural en el sentido de que está creada por Dios. No una ley natural que viene de algún lugar, de donde sea, de la explosión inicial de hace millones o miles de millones de años. No. La ley natural es una creación. Toda creación en este mundo muestra una dualidad.
Por un lado, tenemos la ley natural, y por el otro, la posibilidad de romper, traspasar la ley: Din y Jésed. Jésed, la gracia, es aquello que rompe la ley natural, también en el ser humano. Podemos decir que Dios debe conceder la gracia; cierto, pero también el ser humano debe concederla. Debe juzgar cada asunto con jésed, con misericordia y compasión, y con ello rompe la ley natural. Conocerán los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Si está escrito que debes caminar una milla y caminas una milla, se trata de la ley natural. Pero si andas dos millas, rompes la ley. Es decir, puedes hacer más de lo estrictamente demandado. Si tú le pides a alguien 10 Gulden y el otro te da 100, da más de lo estrictamente pedido. Ese “más”, es jésed. Por ello se dice que el mundo está construido sobre jésed. Olam jésed yibané. El mundo está construido sobre la compasión y la misericordia, sobre el hecho de que, una vez tras otra, la ley natural queda invalidada. Porque la ley natural ha sido creada, pero es el lado exterior, y tú lo traspasas porque sabes que lo esencial está dentro. Es el árbol que hace fruto; pero tú también conoces el árbol que es fruto y hace fruto, el árbol de la vida, que derriba toda pared. Eso es lo que se exige de ti. Ahora bien, el tribunal –no es ningún tribunal como lo conocemos hoy en día, es algo de otro mundo– demuestra que el Bet din, que las percepciones del ser humano son inexactas.
Solo percibe trozos de la realidad. El trabajo del Bet din es mostrar que nuestras percepciones son imprecisas y vagas, por las razones que sean. No son ciertas, y no importa lo que haya detrás o debajo. Incluso esas impresiones son inciertas. El trabajo del Bet din consiste en mostrar otro factor determinante, otro motor que propulsa todo, de forma que quede claro que todo sucede de forma diferente, no solo por las causalidades exteriores. Nosotros solo vemos las causas externas: por esta causa ocurre eso, y por la otra, aquello, etc. El Bet din mostrará que también existen otras fuerzas. En los Países Bajos, por ejemplo, el Bet din era el rabinato. Ahora ya no es así. Por ejemplo, si comprabas un pan kosher, tenía una etiqueta que decía: Av Bet din, “Padre (principal) del Tribunal”. Porque del rabinato se espera –no sé si hoy en día sigue siendo así– que explique: la realidad no es la que estás viendo. Siempre hay algo que está detrás. Eso es lo que se espera del rabinato. Por tanto, este Bet din, no es un lugar donde se juzgue a alguien, para ver si ha robado o no. También puede suceder, por casualidad. Pero entonces habrá que intentar demostrar que las pruebas no son sólidas y que, de hecho, hay toda clase de causas detrás. Un ser humano no puede nunca conocer todo aquello que está detrás. Y solo así es posible que se actúe por la gracia.
El Bet din, por tanto, tiene la obligación de determinar la luna nueva, no en el sentido de que su centro logístico esté calculando el momento exacto, y que por la radio se proclame ¡Luna nueva! No. La llegada de la luna nueva es algo relacionado con el ser humano, porque se trata de que descubramos una vez más: Lo que sucede en el ser humano, sucede también en el cielo, en el universo: es un mismo acontecimiento. Hay que reconocer la renovación del universo. Dos testigos que ni se han visto nunca ni se conocen, que proceden de diferentes lugares y que pueden testificar independientemente deben presentarse, lo que es casi imposible. Algo así solo se da, si el asunto tiene relación con el ser humano. En otros asuntos no es necesario que siempre sean dos testigos. Pero en casos que atañen al ser humano, siempre. Porque siempre están los dos lados, el uno y el otro, pezuñas hendidas, rumiante. Por eso siempre debe de haber dos testigos. Estos dos testigos vienen pues, y cada uno dice, independientemente del otro: he visto la luna nueva. ¿Dónde? Allí, detrás de esa colina, cerca de ese árbol la he visto. ¿Y qué había además?, etc. Así es el interrogatorio. Debe contarse con todo detalle. Y el otro testigo debe contarlo también. Se escucha a estos dos testigos para que se den cuenta de que la percepción es un asunto especialmente difícil.
Podríamos objetar que todo el mundo puede ver la luna nueva. No se muestra delante de una sola persona solamente. Cierto. Todo el mundo puede verla, pero a aquel que viene como testigo, se le dice: fíjate, incluso eso es una tarea difícil. La visión de la luna nueva quiere mostrarte el grandísimo milagro de que en el universo sucede exactamente igual que en cada persona, y en cada persona igual que en el universo. Se trata de la renovación, del reconocimiento que un mundo nuevo, un tiempo nuevo está viniendo. No digan, sí, el año próximo. En cada momento, esa renovación extraordinaria, que está presente en cada forma, puede suceder. Porque sabemos que la luna nueva se refiere al ser humano. Puede suceder en un momento, y en otra persona, en otro. Por así decir, durante todo el mes es posible que sea luna nueva. Siempre puede presentarse ese momento del desgarrón, del nacimiento de un mundo nuevo. De ese reconocimiento trata todo, y para eso están los dos testigos. Lo que se ve en el firmamento no es más que la posibilidad de que siempre está al alcance: El reconocimiento del principio de la luna nueva. Sé que existe, sé que existe la néfesh zoméaj. Algo ha desaparecido, y también esto desaparecerá, pero un mundo nuevo ha llegado y quién sabe, quizás esta renovación, esta luna nueva, sea el final de toda circulación normal.
Como lo he dicho ya, en luna nueva se leen los versículos de aquel tiempo en que la luna es como la luz del sol, y el sol como la luz de los siete días de creación. Entonces, el mundo nuevo habrá llegado. Por eso, lo nuevo está presente siempre. En cada flor que vuelve a sacar su cabecita de la tierra, en cada animal que nace y en cada ser humano, es el mismo principio. ¡Quién sabe, si no se producirá el milagro de la grandiosa renovación! Porque cada cosa nueva es un mensaje de otro lugar. La néfesh ha entrado en ella. En la planta la néfesh zoméaj, en los animales la néfesh jayá, el alma corporal, y en el ser humano también está néfesh jayá. Eso es lo que la luna nos dice. La néfesh zoméaj se ve en los árboles así: se dice: ¡Cuántos árboles habrá! Hay tantos robles, hayas, tilos etc., pero en medio están esos dos árboles, el árbol del conocimiento y el árbol de la vida. La tradición dice: los dos están en el centro del jardín. “En el centro” significa realmente, que se trate de un solo y único árbol. Solo depende de tu punto de vista. Si ves aquello que crece, el árbol del conocimiento, hay muerte. Si ves el árbol de la vida, hay vida. No hay dos árboles. Cierto, para nosotros existe la muerte y la vida, pero en definitiva es únicamente la néfesh zoméaj lo que vemos.
Y esa néfesh zoméaj se expresa en siete variaciones. El árbol del conocimiento y el árbol de la vida se expresan, en realidad, en las siete maneras de crecimiento. La primera manera de crecimiento es el trigo, jitá 8-9-5. Así se expresa en primer término. Lo conocemos también en aquello que llamamos pan. Es por ello que el pan es tan importante, es la primera muestra del crecimiento aquí. No hay crecimiento anterior al pan. En ello está el valor del pan. Hoy en día ya no sabemos qué es el pan en realidad. El inteligente escoge el pan integral porque es tan sano, y que no tenga abono químico y qué sé yo. Es decir, debe ser pan sano. Pero es una idea pagana. No se trata de si el pan es sano o no, se trata del milagro del pan. Si no se considera así, el pan se convierte en algo extraordinariamente soso y lo único importante es aquello que se pone encima. Pero justamente el pan es el gran milagro. Y justamente en Pascua se produce el milagro del pan. La elección del pan es importante: Jametz 8-40-90 el pan inflado, el árbol del conocimiento, o Matzá 40-90-5, el pan ázimo, ¿el árbol de la vida? Eso o aquello, de nuevo estamos ante la elección. El pan es el cuerpo. Supongo que conocerán el principio de la última cena. Allí también se dice algo sobre el pan.
Muchas teorías se han construido sobre esa cena. Y como es natural, hay opiniones y teorías en contra. No quiero intervenir en el debate. El pan habla del milagro, que Dios mismo deja que crezca. Dios mismo hace el mundo y Dios mismo acompaña ese crecimiento y la ulterior desaparición. No se trata de una fuerza separada de Dios, que puede hacer lo que quiera. No es así. Dios mismo va con la néfesh zoméaj. Ella tiene su origen en Dios y el secreto del crecimiento y de la ulterior desaparición sucede dentro de Él –y puesto que es el creador, a través de Él–. Por eso el pan es tan extraordinariamente importante. Tirar un trozo de pan es un pecado y si lo haces puedes atraer una desgracia. Pobreza, se dice. Estamos ante una muy antigua creencia, porque en el pan hay mucho más. Todo aquello que aparece como néfesh zoméaj o néfesh jayá, viene y va con un secreto. También un corderito que se coloca en la carnicería, tan limpio y tan blanco, que se puede olvidar que se trata de carne. Para nosotros, es una cuestión de color, de sabor y de vitaminas. Alguna vez he leído que en EEUU hay carnicerías que son tan higiénicas que están decoradas con bellos sofás. A toda costa hay que evitar todo lo que recuerde la sangre y la muerte. Si se ven bellos sofás y muebles, la carne parece otra cosa. Se olvida, como no, que proviene de un animal muerto. Pero realmente, alguna vez ha estado vivo, un corderito, un cerdito, todo viene de alguna parte. Los peces por supuesto también. Ese es el milagro. No puedes apartarlo de tu vida con un empujón.
La primera modalidad de crecimiento, la primera expresión de que la néfesh llegue a la tierra, es jitá, el trigo. Es por este motivo que jitá constituye la primera confrontación con el ser humano, que está ante la vida y dice: “Ahora, la vida está. ¿Árbol del conocimiento o árbol de la vida?” De nuevo estamos ante esta elección. No en un momento festivo en la iglesia o sinagoga o durante una lectura. No. Una vez más ¿Qué lado escoger? ¿A dónde va el viaje? Cada vez de nuevo. Siempre de nuevo viene la elección, y también se va, hasta que finalmente la luna nueva será como el sol y permanecerá. El Bet din en cada luna nueva –también el Bet din dentro de ti– espera que tus propios testigos puedan contar: venimos con el mensaje de que la renovación ha sucedido de verdad. Solo con ese fin son escuchados. De otro modo, el interrogatorio no tendría sentido. Quién sabe, quizás a través de las muchas preguntas penetra el conocimiento, que se trate de algo esencial, extraordinariamente importante. Quizás podamos reconocer que ahora de verdad viene lo nuevo, que desgarra el tejido en este mismo instante. Quién sabe, quizás viene de verdad solo si quieres que suceda. Cada momento está delante y se podría interrumpir. La historia en el Nuevo Testamento deja entrever que lo nuevo al final es traicionado; hace este camino de la desaparición y del regreso, para estar aquí de nuevo, siempre de nuevo. No es algo que haya sucedido alguna vez hace mucho tiempo. Es algo que está siempre.
Siempre de nuevo está delante. Eso es jitá, trigo, la primera modalidad de crecimiento. La segunda modalidad de crecimiento es seorá 300-70-6-200-5, cebada. Es el lado izquierdo, comparado con el trigo que está a la derecha. Con la cebada se puede producir cerveza, pan de cebada etc. Pero ¿qué es la cebada? La palabra hebrea seorá tiene una terminación femenina y contiene la palabra sear 300-70-200, “cabello” y sháar 300-70-200, “puerta”. Y la cebada del lado izquierdo, expresa de hecho lo mismo que “cabello” y “puerta”. ¿Cuál es la relación? El cabello del ser humano está ocupando el lugar donde debiera estar la luz, es decir, la puerta que da acceso a la luz. La luz que le permite ver a través de todos los tiempos y todos los lugares. Esta luz desaparece en la confrontación con la muerte, con el árbol del conocimiento. A partir de ese instante, el cabello es la consecuencia de la pérdida de ese ojo y de la vida eterna. Por el mismo motivo tenemos cabello también allí, donde la creación es utilizada para un solo fin, sin considerar que es un camino de regreso a Dios. El cabello también es usado para fines mágicos, como saben. La parte pagana del ser humano dice: “¡Qué interesante conocer el poder del cabello! Puedo hacer algo, magia, por ejemplo, puedo llegar a algo. Puedo ver ciertas cosas.
Si estoy mirando a alguien, veo una luz alrededor de su cabeza, violeta, amarilla y roja. No voy a mirar los posos del café, veo esa luz, y puedo decir todo de él”. Puede ser que para ejercer la magia no haya que ser tonto, necesariamente. Pero es peligrosa, porque utiliza una técnica. El ser humano no lo hace diciendo: “¡Es un milagro! Pero yo estoy en el camino del regreso. Veo a todos los milagros alrededor, y todos me van a acompañar en mi camino de regreso a Dios”. No. Todo queda pegado a su persona. Eso es sear, el cabello y es sháar, puerta, cuando todo está en orden, cuando aún se tiene la conexión entre esta vida de aquí y la otra. La puerta entonces está abierta. Pero si hay “cabello” está cerrada. Y se produce una acumulación de toda clase de seres alrededor de esta puerta, y eso es “cabello”. Tiene que ver con la puerta. Seorá, el lado izquierdo, también tiene que ver con ella. La palabra hebrea contiene las letras 300-70-200, como sear y sháar. Es el número del cual se dice: allí comienza el 58 del salvador. El final de los días, el final del mundo está caracterizado por el principio jen 8-50 gracia, encanto, compasión, benevolencia. La seorá es también la entrada, la puerta. En el relato de Ruth, paralelamente a la cosecha del trigo, hay también la de la cebada. Cuando las dos cosechas se recogen, estamos ante la puerta del 58.
Por otra parte, la seorá es peligrosa, porque también es sear. Es el tiempo en que la seducción despliega su poderío, cuando los poderes de la técnica, esa magia, están en su punto culminante. También eso sucede en la frontera, en el 57. Por ello, la palabra misbéaj 40-7-2-8, altar, tiene el valor de 57. Es el lugar donde lo quemado se hace visible, son las cuatro esquinas donde verter la sangre. Es el punto decisivo, también en el universo, en el sentido astronómico. La astronomía bíblica dice que ahora estamos en el año 5728 (año 1968 de la era cristiana). Estamos en el siglo bíblico 58. El año 5700 es también importante en sentido astronómico. A mí personalmente no me gusta la astronomía, pero es importante a pesar de ello. En la astronomía bíblica, era el comienzo de la segunda guerra mundial (1940). Fuerzas importantes se desencadenaron. Comenzó una revolución poderosa en el mundo. Y sucedió algo muy particular, diferente de lo esperado. El año bíblico 5700, principio del siglo bíblico 58, ocurrió, por así decir, un golpe de efecto atronador. En muchos libros antiguos, se señala la importancia del paso del 57 al 58. El punto 57 es el momento en el que los poderes del lado izquierdo de seorá y de sear surgen con impetuosidad. El choque entre las fuerzas buenas y las peligrosas es particularmente violento y la diferencia entre las dos es claramente visible.
No es que pueda decirse: bueno, esa otra fuerza es también buena, hasta cierto punto. Hoy en día, a eso se le llama “el pensamiento matizado”. Pero no. No es tan matizado. Es el uno o el otro, no es ninguna mezcla. Esta claridad no gusta, pero en este punto se toma la decisión. Lo importante aquí son las cuatro esquinas del altar, cuando se ofrece el sacrificio. La tercera modalidad de crecimiento es guéfen 3-80-50, la vid. El ser humano crece como jitá, es el principio de su presencia aquí. Crece como seorá, el lado izquierdo del principio. Pero también crece como el guéfen, y así existen siete maneras de crecimiento en el ser humano. Y todas las modalidades son ese único árbol; se divide realmente en siete rostros, pero es siempre el mismo árbol. ¿Estás viendo lo uno o lo otro? La cuarta modalidad de crecimiento es teená 400-1-50-5, la higuera. La quinta modalidad es rimón 200-40-6-50, el granado; la sexta modalidad es sáyit 7-10-400, el olivo. De la historia de la oliva he contado ya muchas cosas. La séptima modalidad de crecimiento es tamar 400-40-200, la palmera, las hojas de la palmera. Se dice que todas estas siete modalidades provienen de un único árbol. Y si se pregunta ¿Qué árbol es? ¿Quizás un manzano? Porque siguiendo todas las imágenes que conocemos, Eva se comió una manzana. Sí. Esa manzana tiene algo muy particular.
A nuestra tierra, en la tradición, se la llama jelkat tapujín, el campo de las manzanas, el jardín de los manzanos. En realidad, se trata de una palabra aramea. Tapúaj es manzana, pero con la manzana ocurre igual que con la luna, algo está detrás. En la tradición, ese jelkat tapujín es una de las tres facetas de Dios. La segunda es Seer Anpín 7-70-10-200 1-50-80-10-50, estas palabras son intraducibles, aunque se dice que significan “El del rostro extendido”, pero obviamente, traducirlo así es destruirlo. La tercera faceta es Atiká kadishá 70-400-10-100-5 100-4-10-300-5, el Santo Anciano del Principio, atiká es “anciano” en arameo. Traducirlo así es convertirlo en algo sin sentido, porque es simplemente incomprensible. La palabra atiká en conexión con Atiká kadishá ha entrado también en el hebreo, quizás de forma inconsciente. Todo lo viejo y rodeado de un aliento de santidad, es llamado atiká. De la misma forma que la ciudad vieja de Jerusalén no se llama ir yeshaná, más bien ir atiká. La palabra normal usada para viejo es yashán, yeshaná. Son pues los tres atributos de la Divinidad, podríamos decir. De verdad es difícil traducirlos. Jelkat tapujín es pues el campo de las manzanas. (En arameo, el plural no se escribe con la letra mem, sino con nun, por ello tapujín y anpín. Tapúaj es aquello que crece, la manzana.
De ahí que la manzana de Eva no está del todo equivocada, porque se trata del principio del crecimiento. Quizás haya comido un higo, porque de la higuera cogieron la hoja para taparse, o una granada, o un trozo de pan. ¿Por qué pues esa manzana? Porque la manzana representa el principio de toda fruta que aparece aquí, que sigue existiendo en el otro mundo. Todo aquello que crece aquí, crece por el hecho de que en el jardín de arriba exista ese jelkat tapujín, ese jardín de las manzanas. Quizás todos esos orbes (manzanas) de oro y piedras preciosas de los reyes, tengan que ver con ello. No lo sé, son suposiciones. Naturalmente que he leído sobre el tema, pero no significa que sea cierto. Sí es cierto que en la manzana desde la antigüedad está atado el recuerdo, de ese jelkat tapujín. En la mitología, es el principio del crecimiento. Ese jelkat tapujín, si podemos expresarnos así, es el jardín sagrado de las manzanas. De allí sale todo crecimiento en la tierra. De ese jardín se cuenta que allí transcurre todo. Es el auténtico Jardín de Edén. De allí que la manzana de Eva sea plausible. El conocimiento de que se trate de una manzana, podría tener su origen en relatos muy antiguos que se hayan cristalizado en la tradición. Veamos también los demás nombres.
El primero, el Seer anpín, una palabra aramea, significa “rostro”. Es una noción de mucho uso en el yiddish antiguo jasídico, que sigue vivo. Seer anpín es “el rostro extendido”. Es el rostro de Dios que acompaña siempre a la creación, que concede duración. La duración es extensión en tiempo y espacio. Significa que su rostro está presente en todo lugar, en todo aquello que llamamos infinito. Siempre está Él. Sea donde sea, está El. Por ello se dice que el rostro humano alargado demuestra que está emparentado con Dios. Vemos también caras que son más bien redondas, pero el principio del rostro humano, del cual habla muy directamente la imagen de Dios, es alargado. Con lo cual, si puedo pronunciarme así, el ser humano lleva la marca de relación con cosas fuera de los redondeados, de los círculos de su presencia corporal. El Seer anpín se entiende también como un Dios que comprende todo, que es misericordioso y que perdona. Porque está en todo lugar. Y luego ese Atiká kadishá. Por supuesto solo puedo resumir, porque podría hablarse durante días enteros sobre el tema. Pero no es nuestra tarea y sería demasiado difícil porque aún estamos en los comienzos. Atiká kadishá es El Santo Anciano de los tiempos primordiales.
La palabra “santo” contiene el principio de “sano”, “entero”; y al mismo tiempo “estar separado”, como único ser frente a los demás. Es el Dios que está desde el principio y que desde los comienzos primordiales contiene todo dentro de Sí, y que, a pesar de todo, está solo. Es una correlación que no conocemos. O se está solo, o se tiene todo. Pero lo extraño es que está solo y que tiene todo. Atiká kadishá es el Santo Anciano del principio primordial, donde todo está presente. Todo aquello que está presente en la creación, está presente allí. Y a pesar de ello, Dios está solo, separado. Estos son los tres principios esenciales, los tres atributos de la Divinidad, como están expresados en el libro de Daniel y quizás en otros lugares de posterior escritura. Estos tres principios insinúan un secreto, una comunicación, de cómo puede imaginarse la Divinidad, expresado en un lenguaje humano y pensado en nociones humanas. Estar siempre presente; estar solo y tenerlo todo dentro de Sí; ser el principio de todas las manifestaciones aquí; ser el principio de todo aquello que viene aquí y que crece aquí. Tenemos el jelkat tapujín, el jardín de los manzanos, que contiene esos siete frutos, esas siete modalidades de crecimiento. Los siete están, pero provienen de un único árbol, se trata del principio del crecimiento. Es un principio conocido.
Si leemos los relatos de la Odisea, leemos que la cama de Ulises tenía una especie de columna, con la forma del tronco de un olivo. La copa del árbol había sido cortada y alrededor, por así decir, se había construido la cama, alrededor del olivo. Y no es porque no conocieran ninguna otra manera. No, aquí se trata de la comunicación, que el olivo, aquello que es importante en el sexto día, juega un papel decisivo: la decisión de aceptar lo amargo, pero con la amargura, la esperanza de lo otro. El olivo pues, como centro de una cama. Así otra vez se encontrarán con esas modalidades de crecimiento, y espero que no piensen que solo se trate de palabras, y a ese árbol, mejor olvidarlo. No. Una vez más debemos intentar ver el milagro que está detrás de todo lo que vivimos, día a día. La oliva contiene un milagro muy grande. Hoy en día se compran en latas provenientes de diferentes países: si vienen de Israel, pensamos que es algo muy especial, igual que el vino que procede de ahí. Ese es el milagro, que algo que esté en la esencia y por tanto está siempre presente, aparezca aquí y que todo lo de aquí, esté conectado con el milagro. Nada está separado. Por esta razón, estas siete modalidades del crecimiento son tan importantes, porque siempre nos señalan que así viene y así va todo, en las siete modalidades. Siempre podemos verlas a nuestro alrededor, y toda la naturaleza está comprendida en ellas.
Ver artículo escrito completo en mi blog:
https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-20/
Elaborado por David Saportas
[email protected]