Podcast Arbol de Vida

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By david saportasReligion & Spirituality
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  • Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Quinta Parte.
    Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Quinta Parte.
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver texto completo en mi blog
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/06/04/estudios-de-tora-25/
    El Secreto del Sufrimiento.
    Enemistad en la raíz.
    El tema es inagotable, porque en cada tiempo, cada ser humano tiene su propia historia de Job. En la tradición judía existen muchísimas interpretaciones diferentes, dependiendo del periodo de tiempo en que surgieron o de la persona que se ocupaba de Job. La enseñanza oral es extremamente flexible, porque en ella se expresa la diversidad de la vida. Al hablar, el silencio queda roto, porque el ser humano ya no es capaz de comprenderlo. Se rompe en letras y palabras, y el hablar, por tanto, es una especie de extravío del ser humano, un exilio: la unidad queda rota. Y si ahora vamos a hablar de Job, espero que algo pueda traspasar la frontera de la palabra. Porque la voz no solo lleva aquello que es acústica audible, es decir, lo que oye mecánicamente con los oídos, sino también muchos tonos superiores e inferiores: lo que sale de la boca del ser humano es su vida, sus miserias o quizás su felicidad. Con las palabras se expresa, al mismo tiempo, el silencio que acompaña. El silencio del que habla se encuentra con el silencio del que escucha y en esos silencios se forja toda comprensión. Si hablamos de Job, debiéramos llegar a un punto de encuentro donde podamos vivirlo conjuntamente. Yo creo que Job puede ser vivido, porque todo ser humano tiene a Job dentro, como parte de su vida. ¿No es cada uno de nosotros Job? En otra ocasión he hablado de las alegrías de Job, esta vez quisiera hablar del secreto del sufrimiento, de aquello que está oculto en el sufrimiento. El nombre Job, según la escritura hebrea, se interpreta como “enemigo”.
    La enemistad, está dicho, es la manera de vivir en este mundo. Siempre estamos frente a oposiciones porque, curiosamente, no podríamos existir sin ellas: lo exterior y lo interior, la vida y la muerte, gusto y disgusto. Estamos constantemente luchando entre dos polos, y siempre frente a un enemigo. Y si Job vive una buena vida y tiene bienestar, la pregunta en el cielo es: ¿Cómo es posible que nunca vea al enemigo? Y viene Satanás. Si encontramos que todo es bueno y bonito, olvidamos que nuestra existencia es un “ser hacia la muerte”, como la filosofía lo expresa. Queda excluida así la pregunta por la muerte. Esta supresión de la muerte en nuestro interior ¿no es ofensiva para la creación y su creador? Y quizás es el comienzo de la lucha contra el enemigo de fuera. Lo mismo vale en cuanto a la maldad. En la sociedad encontramos muchos puntos de conflicto: los capitalistas, la izquierda, los neoliberales, todas imágenes de enemigos, y únicamente para evitar la confrontación con el enemigo de dentro. El ser humano en imagen de Job es alguien que tiene que ver con una enemistad en su interior y con la lucha correspondiente. En Números 21,14, se habla del Libro de las batallas del Señor. Se cree que el libro está perdido, porque es imposible de localizar. Olvidando que todo lo revelado es, de hecho, el libro de las batallas del Señor. Quizás estas batallas dentro del ser humano estén perdidas, porque ya no comprendemos las guerras de Dios y, por tanto, se busca la confrontación en el mundo.
    No comprendemos ya el significado de las palabras del Cantar de los Cantares, de los sesenta valientes que rodean la litera de Salomón, todos con espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo, por los temores de la noche. (Cantar 3,7-8). Si se proyectan estas imágenes al exterior, se estará luchando contra fantasmas. Porque somos incapaces de reconocer lo oculto bajo el velo de lo manifiesto. ¿No sentimos que se trata aquí de imágenes soñadas? Si nos gusta interpretar los sueños humanos ¿por qué esta antipatía hacia el sueño de la Biblia, regalado por Dios al ser humano y por qué nos da tan absolutamente igual? Un principio importante para la interpretación del significado del sueño divino en la Biblia, es el principio siguiente: en la Biblia no hay ni antes ni después. El más allá también tiene una medida de tiempo; pero esta no coincide con nuestra medida, que depende del sol, de la luna y de las estrellas. En el tiempo bíblico, está escrito, las nociones de tiempo son medidas por propiedades del sentimiento. Enfrente del tiempo mensurable, está el tiempo inconmensurable, que puede ir hacia atrás o dar saltos hacia adelante. El tiempo de la salvación es indicado en la Biblia por una medida, que se expresa en misericordia, bondad, sorpresa, que no tiene nada que ver con nuestro calendario. Quien espera la salvación en el tiempo que corre linealmente, queda excluido de ella. Porque la salvación es, justamente, la liberación de la opresión de tiempo y espacio, y solo el salvado sabe que la sorpresa está permanentemente presente y que el mundo está lleno de ella.
    Ahora, de todos los personajes bíblicos se indica un tiempo bíblico en el que hayan vivido, salvo de Job, quien, según la tradición, vive en todos los tiempos. En otras palabras: todos los personajes bíblicos contienen, en todo caso, también a Job. Además, el libro de Job es el único libro en la Biblia que relata una conversación en el cielo. En la Biblia se habla también en otras ocasiones del cielo, pero ahora está escrito que los bné Elokim, los hijos de Dios, se presentan ante el Señor, y entre ellos, Satanás. Se nos traslada una conversación en el cielo, lo que indica que Job es un caso particular; es, por así decir, la presencia más profunda en el ser humano. Cuando Dios tiene el pensamiento, el deseo, quisiera, debo y quiero crear un mundo con el ser humano, ya allí surge la enemistad. En primer lugar, porque de pronto existirían dos, que pueden medirse. La pregunta en el cielo es ¿Para qué crear a un ser humano que haga su propio camino? Nos parece que la unidad es mejor. La misma pregunta de los ángeles en el cielo, se formula ahora en el ser humano: ¿Soy capaz de sacrificar mi paz, para dar algo a los demás? ¿O tengo ya bastante con mis propias preocupaciones? La enemistad comienza en el ser humano mismo. ¿Qué significa “regalar”? Esa es la pregunta, ya en la creación. ¿No regalas porque tú mismo sientes placer al hacerlo? Y otra pregunta: ¿Por qué en primer lugar la tortura, y luego el regalo? ¿Por qué no regalar de inmediato? En el caso del ser humano, la alegría, la satisfacción, de poder ser aquel que regala, el bienhechor. Y en el caso de Job, torturarle y luego regalarle ¿Por qué se piensa en general que es un juego perverso, malo y nada bonito?
    Desde el principio pues, desde la creación, el nombre de Job se expresa en oposiciones, cielo y tierra, libertad y atadura en tiempo y espacio. ¿Por qué se hizo la creación de tal forma que siempre exista una oposición? Es también aquello que la Biblia llama “la servidumbre de Israel en Egipto”. El cielo, sin embargo, conoce la dualidad: lo temporal y la libertad, es decir, no estar sujeto a la atadura de tiempo y espacio. Por ello, “cielo” en hebreo, es shamayim, el término ayim siempre indica algo doble, dos lados en uno. Igual que la palabra “vida”, jayim. Vives aquí y al mismo tiempo allí; el más allá está presente en ti ahora mismo. La palabra “muerte”, met, es clara. La muerte significa el fin de tiempo y espacio y se escribe 40-400. Las dos letras significan el fin de una trayectoria. La muerte es el final de una fase que has pasado, vida, sin embargo, es vida aquí y vida allá. La enemistad surge, como vemos, ya en el principio, en el mundo con Dios: y cuánto más se acerca al ser humano, más se concretiza. La pregunta pues: ¿Por qué? ¿Para qué? significa reñir con Dios y con el destino.
    Nuestro mundo es el cuarto, tres preceden, de igual manera Job es el cuarto, al que acuden tres amigos: Elifas, Bildad y Zofar. Y se muestra que la enemistad queda concretizada en Job, él es el ser humano en la cautividad de tiempo y espacio. Está pues destinado a reñir, a dudar y a no cesar de preguntar. Pero los tres amigos, más cercanos al origen, quieren consolarle y convencerle. Es decir, ya allí donde Dios anhela tener a alguien enfrente, anterior al comienzo, más allá del comienzo, se está cristalizando aquello que Job finalmente representa. Si Dios sueña con alguien enfrente que quisiera amar, que le ame a Él, crea al mismo tiempo la base del odio. Porque el amor, como principio de la creación ya no está claro, único, tiene enfrente el odio. No comprendemos el amor si no hemos vivido el odio. Con la creación, con el hecho de crear, surgen los dos: el amor y el odio, alegría y sufrimiento, gusto y disgusto. Así, la historia de Job comienza, literalmente, en el cielo, vivimos con ella nuestro propio prólogo en el cielo, aprendemos qué relación tenemos con el cielo, qué ocurre allí.
    El enigma de la letra jet.
    Oscuridad en la tet.
    Salomón pierde su anillo.
    El prólogo en el cielo nos informa que allí se considera perturbador que una persona piense que su vida va bien y bonito. En la serie de las 22 letras hebreas, conocemos una letra que, en realidad, cuenta de la salvación del ser humano. Pero su nombre hebreo habla de una valla, un vallado, una reja. Es el secreto de la letra jet, la letra con el número ocho. Se reconoce al salvador, al Mesías, en el ocho, shemoná en hebreo, cuya raíz es la de la palabra shemen, aceite de unción. Se trata pues de una letra de salvación ¿Por qué pues la valla, la reja? Porque el ser humano salvado tiende a protegerse, quiere poner límites, excluir a todo lo demás. Olvida los tiempos anteriores, las personas fallecidas, olvida su vida anterior, en la que ha sufrido mucho. ¿Cómo puede aguantarse que las injusticias del pasado no sean rectificadas? ¿Que hayan muerto seres humanos en la miseria? ¿Que muchas incomprensiones no hayan sido aclaradas nunca? Significa que cuando tienes alegría y vives una buena vida, cuando hay paz, y quizás hay paz en el mundo entero, haces una valla. ¿Pero qué pasa con lo anterior? Durante los miles de años, millones de años, en que parte de la vida era cruel y dura quizás había seres enteramente diferentes ¿es posible que no te importe? ¿Estás contento con que tú y tu familia viváis bien?
    Y porque el ser humano construye una valla, después del ocho viene la letra de la oscuridad, igual que la novena plaga de Egipto es llamada oscuridad. El ser humano es engullido por la oscuridad, por la nada. Tet, la novena letra, tiene otro nombre también, una vieja denominación de “matriz”. Muestra una madre que lleva un niño, es doble. El ser humano se sumerge en la nada, pero la letra dice que ese ser engullido por la nada, va a nacer el mundo. Nacer aquí significa salir de la oscuridad de la matriz. ¡Terrible!, diríamos, ¡este hundimiento en la nada! La lengua, sin embargo, dice lo contrario, dice una cosa sorprendente: en hebreo, la palabra “matriz” es igual a compasión, misericordia. Ser engullido por la oscuridad es un asunto de compasión, es una ayuda, una salvación. De la concepción del ser humano se cuenta en la tradición que el alma, cuando debe entrar en la matriz, grita y clama: ¡no quiero, dejadme en paz, quisiera quedarme en el cielo con los ángeles! Y se le dice: debes ir. Sucede porque el ser humano levanta una valla, queriendo disfrutar de su felicidad para sí, su familia, su tiempo, su mundo. ¿Y todo lo demás? –le pregunta Dios a Job– ¿no te ha interesado nunca? Tú y tu mundo habéis vivido bien. Pero del ser humano a imagen y semejanza de Dios se espera que, como Dios, abandone su paz. Yo solo puedo ser feliz si regalo felicidad, y tú, ser humano, tienes ahora dicha y paz y olvidas a todos los demás seres que en todos los tiempos sufrieron violación de sus derechos siendo inocentes y nadie les ayudó. Decimos: sucedió en el pasado, ¿qué puedo cambiar yo?
    La respuesta que viene del cielo dice: el tiempo puede también correr hacia atrás. ¿Por qué miras en una sola dirección, por qué usas solo el tiempo del cautiverio? Quizás, lo que haces ahora rectifica todo lo torcido de antes. ¿Puedes abandonarlo, solo porque sucedió en el pasado y vivir en paz? ¿No debieras en realidad, morirte de vergüenza, por tanta injusticia del pasado? ¿Y en todo caso, porque sigue sucediendo por doquier? Una afirmación curiosa, casi una imposición: ¡sé divino! ¡Pórtate como un ser divino! ¡Sacrifícate, estate dispuesto a hacer todo para los demás y a pesar de ello afirmar tu vida! ¿Cómo puede hacerse eso? Formula la pregunta, ten la necesidad, sueña que puedas ayudar. En las muchas historias que cuenta la tradición, se le hacen estas preguntas a Job desde el cielo. ¿No ves ninguna necesidad de reflexionar sobre tanta crueldad que hay en el mundo? ¿Qué ha podido suceder para que te hayas olvidado? Yo no puedo olvidarlas, dice Dios, quisiera rectificarlas. – Es un conflicto que eleva al ser humano a un nivel divino. El ser humano debería estar orgulloso por estar a imagen y semejanza de Dios, realmente libre. Porque puede ocuparse como Dios de todos los tiempos y de todos los mundos. Quizás se exprese en su necesidad de viajar mucho, de ver el mundo, en el sentimiento de que todo me concierne, si no, mi vida será pobre e insatisfactoria. Es decir: tan pronto como el ser humano se asienta en paz poniendo una valla alrededor, Satanás le busca y, literalmente, le espanta. La misma historia se cuenta del rey Salomón, hijo de David. El nombre “Salomón”, significa “perfecto”, por tanto “paz”.
    El rey Salomón ha recibido de Dios jokmá, sabiduría; pero no en el sentido de intelectualidad, como podría pensarse: jokmá es un nivel alto de amor, que el ser humano solo conoce si está ante Dios, cara a cara. Es por así decir, un poder superior al amor humano más alto. Ciertamente, un sabio puede tener gran erudición, pero no es lo que le convierte en sabio: la sabiduría tiene otras medidas, diferentes del solo conocimiento y de la intelectualidad. El rey Salomón pues tenía paz y tranquilidad, y como consecuencia, es rastreado y perturbado. Le sucede algo, del todo inesperado, que le conducirá a un camino diferente. Como cuenta la historia, el rey Salomón, en su gran sabiduría, es decir, en un amor indescriptible, expresado solo en el silencio, –que no puede entrar en la consciencia, donde quedaría roto de inmediato– ha atado al diablo para poder edificar la casa de Dios. Es condición previa que Satanás sea capturado y atado, porque quiere evitar que Dios pueda vivir en el mundo, en el ser humano, que sea reconocido en la criatura. Pero la casa de Dios no es una construcción de este mundo; se trata de una casa en el más allá, es el cuerpo, podría decirse, es la vida. Dios vive aquí en la vida humana. Pero no puede vivir aquí mientras persista la voluntad de dar solidez a su presencia mediante el esfuerzo. El esfuerzo y el trabajo duro son instrumentos de Satanás, son instrumentos en tiempo y espacio, donde se habla de retribución y castigo. Si te esfuerzas tendrás éxito y si no serás castigado. Debemos incluir aquí la imagen del cambista, que actúa según la ecuación matemática.
    Y sabemos que los cambistas y los comerciantes son expulsados del Templo por Jesús. En la Torá está escrito: ¡Debes echar al caananí del país! Caananí no significa otra cosa que comerciante. Significa: echa de tu propio lado en el más allá todo aquello que conoce la ecuación, que se orienta por la ganancia o el castigo. Son imaginaciones del aquí que impiden que tengas vida en el más allá. Dios es Dios de aquí y de allá, y nunca puede vivir en una habitación construida por el esfuerzo, de igual forma que en ti nunca puede haber ninguna verdad que haya salido solo del estudio. La verdad puede presentarse si por tu estudio tienes inspiración y entusiasmo, pero nunca solo por un esfuerzo frío, intelectual. Por este motivo, Salomón solo recibe el secreto de cómo construir la casa, sin que se construya, después de que Satanás haya sido capturado y atado. El ser humano, sin embargo, no entiende que sea posible sin esfuerzo. Es un pensamiento profundamente arraigado, pero yo creo que el esfuerzo y la retribución son instrumentos de Satanás, con los cuales domina la psique del ser humano. No olvidemos que Satanás es llamado también “el ángel que piensa en demasía”. Porque obstaculiza, obstaculiza la llegada de la gran paz por todos los tiempos, la unión del cielo y de la tierra y la rectificación de todo lo torcido en la resurrección. ¿Cuál es el secreto que se descubre a Salomón para que pueda edificar la casa? Está escrito que debe capturar un gusano con nombre Shamir. Este gusano tiene la facultad de pulir las piedras brutas a las medidas precisas requeridas. Porque está escrito que las piedras no pueden ser talladas.
    El gusano se desliza sobre la roca y su fuerza las cortas de tal forma que van encajando perfectamente, cada una en su lugar. Seguidamente las piedras, por sí mismas, se juntan y edifican la casa. En el texto bíblico está escrito literalmente: como la casa se construía. (I Reyes, 6,7).El secreto que recibe quiere decir que puede suceder que la case sea edificada en el ser humano. Si hablas, debes “hablar”, no vayas construyendo las frases, las palabras deben encajar mediante el gusano Shamir. Significa que tu consciencia no se inmiscuya, las palabras deben salir por sí mismas, de igual forma que el corazón late sin intervención tuya y que la circulación de la sangre y todo lo demás, funciona por sí mismo. Si tu consciencia comienza a inmiscuirse en el funcionamiento, si quieres verificar que todo vaya bien, podrían presentarse rápidamente trastornos cardíacos, de la circulación o enfermedades del metabolismo. Quieres intervenir con tu esfuerzo, pero la salud es un regalo. Está escrito que Salomón estaba sentado en su palacio mientras que la casa se construía, y enfrente tenía a Satanás, atado. Salomón lleva un anillo que tiene grabado el nombre del Señor, el tetragrama. Con este anillo domina el mundo. Significa que no solo mantiene la paz en su propia vida y en el mundo, sino también en la vida de todos los tiempos, desde el principio mismo, en el sentido de que todo lo que en algún tiempo se haya torcido es rectificado. Porque Dios le da el encargo al ser humano de reinar en todo, con suavidad. (Génesis 1,28). Todo te está esperando a ti, gobierna en todo, ten el sentimiento de que te concierne, no solo exteriormente, sino también en tu corazón.
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    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/06/04/estudios-de-tora-25/
    Elaborado por David Saportas
    2 hr 29 min
  • Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Cuarta Parte.
    Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Cuarta Parte.
    Por Fiedrich Weinreb
    Texto completo en mi blog
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/06/02/estudios-de-tora-24/
    El Problema del Sufrimiento.
    Las preguntas, si nos atrevemos a formularlas. Confrontación con el sufrimiento, como condición de salvación. Sentimientos de culpa y reproches, como trampa. Caminar hacia la unidad. Mediante el libro de Job, queremos acercarnos al tema del sufrimiento, y, ante todo, al sufrimiento que pensamos que es inmerecido. Por ejemplo, pensamos que la muerte del ser humano es inmerecida, y las guerras, enfermedades y golpes del destino le causan gran dolor, sin que tenga culpa ninguna. Es un tema pues, de gran trascendencia. Yo creo que el relato de Job podría decirnos mucho al respecto y darnos alguna indicación en cuanto a dónde buscar la respuesta. ¿Quién pretende estar contento con el destino que le ha tocado? Si hoy las cosas van bien, ¿cómo será mañana, o en cinco años? Nunca se está bien definitivamente. Apartamos cualquier pensamiento respecto a enfermedades, accidentes, muerte o decepciones para que no se nos estropee el día. No quisiera abordar el tema de forma exegética o teológica, más bien quisiera tratarlo como condición general humana. Quisiera recurrir a antiguas comunicaciones que han acompañado al ser humano desde siempre, porque este tema le está confrontando desde siempre.
    Quizás el ser humano mismo tiene capas dentro de sí que podrían contestar a estas preguntas. Porque no puedo aceptar que nada tenga sentido, ni conformarme con que la crueldad sea el sentido de la creación. Porque la creación muestra casi siempre una armonía que nos alegra en los buenos días. Pues si la naturaleza muestra una relación que va hasta el último eslabón, ¿cómo puede ser posible que lo más importante, el destino del ser humano, esté expuesto a una arbitrariedad cruel? Estas preguntas por supuesto, han estado a la orden del día siempre, independientemente del desarrollo científico o técnico. Porque son preguntas que tocan a la esencia misma de la persona. Supongo que conocerán por lo menos el comienzo y el fin del relato de Job, cuando todo queda satisfactoriamente resuelto. La parte amplia de las conversaciones de Job con sus amigos para muchos es difícil de comprender y, por tanto, algo aburrido. Daré pues un resumen corto del relato, de tal forma que notarán enseguida a dónde quiero llegar. Job, en hebreo se escribe Iyov, vive en el país llamado Uts y es, podría decirse, la imagen de una persona ideal. Piadosa, buena y justa. Alguien que se desearía tener como padre o marido. Así podría vivirse, sin nada que moleste. Tiene mujer e hijos y propiedades, es rico y la vida le sonríe.
    Tiene todo lo que es deseable en un estado de bienestar: el ideal de la humanidad. Representando a ese tipo ideal, vive Job en todos los tiempos, como la tradición lo resalta. Y el país Uts es visto en relación con la palabra Etz, árbol. El árbol representa el desarrollo en el tiempo; es decir, vive en un tiempo cuya característica es el desarrollo. Existe pues en todas las fases de la humanidad, independientemente, de cómo el desarrollo se plasme en el ser humano. En el cielo pues se anuncia Satanás ante Dios y argumenta: Es cierto que Job es bueno, piadoso y justo, la vida le trata bien. ¿Pero cómo sería el asunto, si le fuese mal? ¿No abandonaría a Dios –¡si Dios permitiese algo así!– con cierta rapidez? ¿O quizás dirá que tiene que hacer mejoras en el mundo, porque algo no va bien? Dame la libertad de atacarle. Puedes hacerlo, dice Dios, pero déjale su vida. Y Satanás se vuelve activo. Satanás significa “obstaculizador”; aparece siempre como aguafiestas y trastorna la imagen que nos hacemos del mundo. Y es la tarea que Dios le ha asignado, Dios lo permite. Y eso trastoca la imagen del “dios amable”, que ha creado un mundo tan agradable. Súbitamente, ese destructor cae sobre Job, le quita todo lo que tiene y sus hijos mueren. Pero Job permanece fiel: El Señor dio y el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito.
    Durante el segundo acto en el cielo, Satanás expresa el deseo de poder atacar a Job mismo, a su yo, a su persona. También queda autorizado. Y Job se pone gravemente enfermo, tiene dolores, se siente muy desgraciado. Comienza a maldecir el día de su nacimiento y a la madre que le dio la vida. Encuentra que la vida es inaceptable, porque ahora se le ha atacado en el núcleo, en su ser. En este momento vienen sus tres amigos y comienzan a conversar con él. Una conversación larga que no lleva a ningún fin. Más tarde viene un cuarto, Elihú, que tampoco sabe dar ninguna respuesta. Al final viene Dios mismo en la tormenta y habla con Job. Después, Job parece estar plenamente convencido, porque dice: Ahora he visto, ahora he oído, lo que antes solo sabía de oídas; ahora veo que todo está insuperablemente bien. Y como en un happy end, Job recibe todo lo que había perdido devuelto, aun doblemente. ¿Qué nos quiere contar esta historia? El ser humano en la imagen de Job quisiera saber de dónde vienen las cosas y por qué le tocan a él. Si pudiera comprender aceptaría, pero no sabe qué es. Es muy importante comprender este relato del sufrimiento. Quisiera por tanto traducir los antiguos comentarios, a nuestra forma de hablar y de pensar. Ya el nombre de Job, Iyov en hebreo, es explícito, porque se escribe igual que oyev, enemigo.
    Job, está escrito, es la lucha dentro del ser humano, cuando un lado es enemigo del otro lado. No se aguanta a sí mismo, ni tampoco al mundo. Pero el ser humano es esa paradoja, y ese hecho ciertamente necesita una explicación. Cuanta importancia tiene el relato de Job, lo demuestra una costumbre en el Israel bíblico. Una vez al año, el gran sacerdote llega hasta el Santo Santísimo. En la víspera, como preparación, se le da a leer el libro de Job. En la noche previa a su camino al Santo Santísimo, lee precisamente el relato de Job. ¿Por qué Job? Porque nadie puede presentarse ante la faz de Dios, salvo que haya comprendido el significado del sufrimiento, de la injusticia y del destino en el mundo. Solo si se ha comprendido, como Job al final comprende, se es capaz de estar allí. Si no, no puede ni andarse el camino. La pregunta es pues decisivamente importante. Si no nos hemos preocupado por el sentido del sufrimiento, no puede haber ni paz ni salvación. Pero del relato de Job vemos, que no se trata de un asunto fácil. Los tres amigos vienen a hablarlo con él, porque quieren consolarle. Quieren que vea que las cosas estén bien como están, que Dios no pueda hacer ninguna injusticia. La venida de los tres amigos significa, como lo cuenta la tradición, que los otros tres elementos, vienen al cuarto. Porque solo en el cuádruplo, está el mundo completo.
    Y ese cuádruplo se constituye cuando el ser humano va mal, cuando formula la pregunta: ¿Tiene la vida sentido o es un sinsentido total? Para soportarla ¿debo narcotizarme con la política, la ciencia, el estudio, la carrera? Todo ello puede ser opio para el pueblo, como dice Marx, no solo la religión. Cuando se trata de lo decisivo, acuden los tres amigos. Cada uno lleva una corona con los cuatro nombres. Si alguno de los cuatro va mal, su nombre se ilumina y los otros tres acuden de inmediato. En correspondencia sucede en el ser humano. Cuando se trata de algo vital, todos acuden para entablar una conversación. Es un dialogo interno, una conversación consigo mismo, es decir, con los tres amigos. No se expresa en palabras habladas, sino más bien en la llamada “disposición”. Tener buen o mal ánimo es el dialogo. Es imposible hablar consigno mismo con palabras, por tanto, un buen amigo es un tesoro porque puede conversarse con él. Que los tres amigos estén acudiendo, significa que comienza a preguntarse qué pasa con su vida, por qué le suceden estas cosas. Cada persona pasa por este trance, porque a todo el mundo se le quitan muchas cosas. El mundo en que vive es su casa, su realidad, y lo que piensa haber conquistado con su trabajo, puede derrumbarse. Los hijos representan el fruto que va madurando en la confrontación de la paradoja. Lo masculino y lo femenino, lo invisible y lo visible, lo claro y lo turbio se juntan en el ser humano, quieren hablar, desfogarse. Y viene un “hijo”, un fruto.
    Los frutos que ha ganado en la vida –que vinieron mediante dolores– le son arrebatados y no entiende por qué. ¿No ha hecho lo mejor que podía? ¿No eran buenas sus intenciones? ¿Por qué, pues? Los amigos comienzan a hablar: Quizás existe una justicia más alta y, según ella, tú eres culpable, porque nadie delante de Dios puede decir que es intachable. A pesar de todo, soy inocente, repite Job una y otra vez, representando por así decir el prototipo ideal de un ser humano. No he hecho nada malo. Me ha tocado. He tenido las mejores intenciones y me han engañado y tratado mal. Vosotros podéis decir que las cosas concuerdan porque no os ha tocado a vosotros. Job protesta y no deja de protestar, mientras que los amigos intentan explicarle por todos los medios que Dios no puede ser injusto. Pero rechaza sus intentos de apuntar un motivo causal. No hay ninguna razón en mi caso, replica Job. Con ello confirma una sabiduría antigua, muy humana, que desaconseja enérgicamente buscar razones causales en la vida. Porque no son causales. Al bueno como al malo le va mal en algunas ocasiones, y tampoco ser bueno garantiza un buen destino, como tampoco ser malo, un destino malo. Muchos malos tienen buenísima vida y viven largos años, y buenos que tienen un destino severo y que mueren pronto. Cualquier cálculo fracasa.
    El ser humano puede tener una inclinación hacia la autoinculpación y está dispuesto a encontrar una culpa, para mejor aceptar su destino. Pero en la parte opuesta está una voz, su voz de Job, que insiste en no ser culpable. Culparse y reprocharse cosas, por tanto, es siempre injusto. Creyendo tener culpa, se deja de ser una persona libre y se comienza a desarrollar una táctica para no ser castigado y a comportarse de buena forma para que le vaya bien. Pero Job en el ser humano es aquel que está en lucha consigo mismo, que se niega a aceptar ninguna culpa, que rechaza hacerse reproches. Que insiste en que nada concuerda. Así, los esfuerzos de sus tres amigos son en vano. Por tanto, cuidémonos de no aceptar ni culpas ni reproches, porque sería el fin. Job diría a sus amigos: agradezco vuestros argumentos, veo que sí soy culpable en ciertos puntos. Acabo de encontrar la explicación de mi destino. Con golpes en el pecho: he pecado, soy una mala persona etc., convirtiéndose en una especie de súbdito sometido. Olvidando que está escrito que está a imagen y semejanza de Dios, hijo de rey, libre. Si hubiera aceptado las explicaciones de sus amigos, Dios nunca se le hubiera presentado. Dios le habla porque se niega a aceptar explicaciones causales. Entonces, de hecho, Dios acude en grandísima tormenta.
    Tormenta: un movimiento grandioso, un viento fortísimo que viene de otro lugar, ruaj es viento y también espíritu, un mensaje, una comunicación, revolucionándolo todo, desarraigando árboles, destejando techos. Un acontecimiento brutal, un movimiento intenso dentro de la persona; y entonces habla Dios. Existe un mundo a tu alrededor, dice Dios, y es el mismo mundo que aquel al que tú llamas tu Yo. Tu Yo, tu personalidad, está extendido alrededor de ti en una multiplicidad. Por ejemplo, si temes los virus, recuerda que los virus están dentro de ti. O si tienes miedo de animales salvajes, de un león, un lobo, recuerda que estos animales están también en ti. Monstruos que no puedes ni mirarlos, también eso eres tú. El mundo muestra lo que tú mismo eres, también la infinitud que quisieras medir en espacio y tiempo. Tú mismo eres todo eso. Tú, sin embargo, crees que puedes contentarte solo con aquello que es tu forma, tu presencia, tu pensamiento y tus conocimientos. ¿Te has preguntado alguna vez, qué significa la crueldad en el mundo animal? ¿Cómo puede ser que Yo dé soporte a todo y también, que alimente a los animales salvajes? Si te ataca el espanto ante un monstruo marino, recuerda que tú también eres eso. Por el contrario, si te distancias de todo, si contemplas todo como algo que solo está fuera de ti, estás negando la realidad.
    Nos gusta hablar del microcosmos y del macrocosmos. En el átomo descubrimos todo un sistema planetario, y sabemos de las constelaciones estelares en distancias infinitas. Pero no nos atrevemos a seguir este pensamiento y miramos con incomprensión si oímos que todo ello existe también en el ser humano. Sigmund Freud ha descubierto algo, y casi asusta pensar lo que pueda vivir dentro de nosotros. Puede que solo queramos ir hasta donde lleguen las explicaciones de los tres amigos. Más allá, no nos atrevemos. Cuando Job recibe la respuesta de Dios en la tormenta, comprende la unidad, comprende, que, en realidad, su Yo es idéntico al mundo entero. Entre las palabras “Yo” y “mundo” podría colocarse un signo de ecuación. No solo porque el cuerpo humano contiene minerales y vida de plantas y animales, va mucho más allá: el ser humano es el final de la cadena, y todo lo creado anteriormente existe en él. Cuando Job se abre a esta nueva comprensión, recibe devuelto doblemente todo lo que se le había quitado. Significa que Job se había forjado una imagen del mundo con un solo lado, con una sola posibilidad; ahora, sin embargo, se le está abriendo una nueva visión, que también contiene el otro lado. Si, por ejemplo, era una visión del mundo compuesta por verdades científicas, podía mostrar solo ese único lado, porque la ciencia no quiere ni puede ocuparse de lo misterioso.
    A pesar de todo, es una realidad el misterio de los monstruos, de la muerte, de la descomposición. En el mejor de los casos, se investiga cómo ocurre la descomposición, en qué partículas químicas se descompone, pero por qué existe, no es una pregunta de interés. Y, precisamente, sería el otro lado. Job ha entrado en conversación con Dios y ha recibido las dos realidades, porque se rebeló, y porque ha seguido preguntando. El ser humano no debe darse por contento con naderías, creyendo que eso de protestar no es conveniente. Debe preguntar. Lo que puede expresarse de muchas maneras: malestar general, cavilaciones, leer libros curiosos, entrar en la política etc., significa que está buscando respuestas. Toda la vida se convierte en una conversación. Pero si cree que tiene la explicación, está dicho, entonces Dios no ha hablado aún, solo los tres amigos. Si Dios habla contigo, no da explicaciones, sino que tú mismo lo vives, lo experimentas. De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven (42,5). Tal experiencia no puede nunca surgir de explicaciones; es una vivencia imposible de plasmar en palabras, pero, de hecho, es la vida del ser humano. Y el gran sacerdote solo entra en el Santo Santísimo, si, como Job, ha seguido preguntando hasta el amargo final, si ha negado a sus tres amigos y rechazado al cuarto, a Elihú. De no ser así, el ser humano no tiene acceso a la esencia de las cosas. Significa que nunca dejes de buscar la totalidad. Intenta integrar todo, busca la conexión, en lugar de seguir la opinión de una facultad, de una sola dirección.
    El camino largo. Rotura y división, para poder regalar. El milagro del Ser en el devenir. Quisiera intentar ahora algo bien difícil, es decir, quisiera que la respuesta de Dios pueda ser vivida por Vds., y que no sea una simple explicación. ¿Por qué, me pregunto yo, entra Satanás en juego? ¿No podría Job seguir siendo quien es, un hombre bueno y piadoso? ¿Para qué el juego de probarle torturándole si sigue siendo fiel? ¿No es algo bastante sádico? Sin embargo, surge otra pregunta de inmediato. ¿Por qué en el principio mismo del relato bíblico, viene la serpiente y amenaza a la hermosa creación? Según la tradición judía, Dios tiene toda la Biblia como palabra a su lado, creando con ella el mundo. En el principio era el Verbo, está escrito en el evangelio de Juan, significa que la totalidad está desde el principio. Y aquí se convierte en “carne”, es decir, sucede aquí. ¿Por qué pues el acontecimiento con la serpiente? ¿Y por qué mata Kaín a Abel? Siempre cuando las cosas parecen mejorar, algo comienza a molestar. Si se piensa haber encontrado el camino, llega alguna esquela de defunción y la reflexión: ¿cuánto tiempo me queda a mí? ¿Me volveré infantil y terminaré mis días en un hospital?
    Causa horror esa amortización, ese ser borrado de la vida. Si se comienza a pensar un poco, el día se estropea. Tampoco en la mitología encontramos muchos cuentos que terminan bien. Asesinatos y golpes mortales, cosas feas. Casi mejor alguna novela hermosa con happy end. Pero yo no puedo olvidarlo, está y me molesta, Satanás no me deja en paz. Podemos camuflar los cementerios, haciendo que parezcan hermosos parques, podemos reemplazar el entierro por una cremación higiénica y a pesar de todo, la muerte está y la pregunta queda: ¿dónde están los muertos, y qué pasa con ellos? En la Biblia encontramos una comunicación curiosa que debiera de alarmarnos: Cuando allí se habla de la salida de Mizraim, significa como dice la tradición, la liberación del ser humano de la opresión, la salvación de la cautividad en la paradoja. En etapas, el camino irá desde esta liberación al país prometido, al paraíso, al mundo venidero. ¡Aunque sería hermoso, entrar en el paraíso justo después de la salida de Mizraim! Pero en su lugar comienza un largo camino fatigoso a través del desierto, con continuas caídas en pecado de Israel. Piensen en el becerro de oro (Éxodo 32), o en los relatos de los espías (Números 13 y 14). En el camino es golpeado, hay muertes, riñas, muchos episodios dolorosos. Y al principio mismo queda dicho que Dios no lleva al pueblo por el camino corto, sino por el camino largo: Que quizás no se arrepienta el pueblo cuando vieren la guerra, y se vuelvan a Egipto. (Éxodo 13,17).
    ¿Y por qué no el camino corto?, nos preguntamos, ¿por qué el camino largo, que al final, dura cuarenta años? Y cuarenta es la noción de tiempo, de tiempo sin fin, todo el tiempo. La letra mem significa agua, símbolo de tiempo. El agua fluye en nuestro mundo material, como el tiempo fluye en nuestra percepción. Estamos sumergidos en el agua y prisioneros en el tiempo. Pero si vinieron pescadores –pescadores de hombres, como está escrito en el Nuevo Testamento– y si nos pescaran, podríamos deshacernos de ese camino. Es Dios mismo el que quiere el camino largo, Dios mismo provoca el encuentro con la serpiente, Él trae el diluvio y permite la construcción de la torre de Babel, que luego destruye. Y es Dios quien deja mano libre a Satanás contra Job. Hago el bien y creo el mal, dice Dios en el profeta Isaías 45,7. Vemos que la pregunta por el sufrimiento va mucho más allá. Siento que tiene un sentido, pero ¿cuál es? La respuesta dada en la antigua sabiduría, es curiosa. Está dicho que el sufrimiento que el ser humano soporta, es idéntico al sufrimiento de Dios, cuando sacrifica Su unidad, para que el mundo sea. El sufrimiento del ser humano es quedar astillado en millones de fragmentos; el sufrimiento es fundamento del mundo, porque Dios se sacrifica a Sí mismo, a su Unidad.
    Con ello, la pregunta cambia: ¿Y por qué sacrifica Dios Su unidad? Podría dejarla intacta, y así nada de esto sería necesario. ¿Por qué lo hace? En primer lugar, se hace daño a Sí mismo, para luego decir: ¡Vosotros, a mi imagen y semejanza, vais a sufrir como Yo! Pero no es posible que uno solo lo lleve, sino todas las personas en todos los tiempos. El sufrimiento sumado de todas las criaturas daría lo que es el sufrimiento divino. ¿Qué significa ese sufrimiento? ¿Por qué tiene que ser? La unidad, está dicho, es la dicha, la alegría, el júbilo, todo está en relación y nadie puede malinterpretar al otro. Pero –está dicho– la alegría no es completa si no puede experimentarse esta alegría en el regalo de la unidad a otro que no la tiene. El regalo es la dicha mayor. Regalando, el dador se convierte en unidad con el receptor. Es hasta erótico, es la alegría del acercamiento, hasta sentirse en unidad. La unidad pues, consta de dos lados. De un lado la satisfacción y la dicha de la unidad, y de otro lado la exigencia de que se regale al que no tiene, porque en el camino hacia la unidad, se vive una poderosa felicidad. Es hermoso que dure tiempo hasta que la unión se efectúe; si sucediera en el instante mismo, sería aburrido. Debe de tener duración, un tiempo de búsqueda, de conocerse, de encontrarse, viviendo así la dicha del acercamiento.
    Necesitamos que el otro se alegre, y nos alegramos de su alegría. Está dicho que eso es el fundamento del sacrificio. Dios sacrifica su unidad dividiéndose, podríamos decir, en un aquí y un allá. Y con ello comienza el camino de la reunificación. Desde la miseria más grande, el abandono completo, lleva el camino hacia la unificación. Es un camino del aprendizaje, de conversaciones, también de malentendidos, es un arriba y abajo, es obsequiar y ser obsequiado. Ese es el fundamento del sufrimiento. Porque deja que la paz, la totalidad, la unidad se rompa, y ése es el sacrificio. Al contraer matrimonio, es costumbre romper una vasija, lo que significa que el camino comienza. La unidad queda rota, el camino comienza. Es la comunicación pues del largo camino en el que el ser humano, sufriendo, puede sentirse creativo. Porque hermosas obras de arte, grandes poemas han nacido por el sufrimiento. Soledad, decepción, locura, grandes escritores han sufrido y vivido mucho. Y, a pesar de todo, su vida también ha estado llena de grandes alegrías. Dios llama a Israel su hijo primogénito y le envía al exilio. Guerras continuas, casi hasta la exterminación. ¿Por qué trata Dios así a su primogénito, mientras que otros pueblos lo tienen fácil y bien?
    Texto completo en mi blog
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/06/02/estudios-de-tora-24/
    Elaborado por David Saportas
    2 hr 23 min
  • Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Tercera Parte
    La impaciencia lleva al becerro de oro.
    Las Tablas se rompen en pedazos.
    Los colores del norte y el camino en el blanco.
    Debemos acercarnos a la noción de la que hemos hablado ya, también porque Job llega a sus alegrías por ella. Parece que Dios solo habla con Job después de presentar sus muchas reflexiones, hacer preguntas y formular exigencias, y después de expresar su insatisfacción con el destino. No se contenta con la situación para nada. Quien se detiene ante aquello que cree haber reconocido pensando saber lo que es, es similar a un pozo de agua estancada, a una charca que huele mal. Son los sabelotodo que explican todo y saben exactamente como es. Pero el agua corre, el tiempo fluye, el río bíblico corre y el paisaje cambia. Siempre vemos cosas nuevas y de nuevo reconocemos las circunstancias de la vida. Llenos de asombro preguntamos por qué será así. Algunas veces el río pasa por un barranco profundo, oscuro, algunas veces estamos ante grandes remolinos, una cascada, pero siguiendo y siguiendo siempre. Así es la vida de toda persona. Experimenta un camino como Job y realmente ese camino lleva a grandes alegrías y satisfacciones, como el relato lo demuestra. Y comprende que haber seguido el trazado de su anhelo, era lo único y lo correcto que da sentido a la vida.
    Mientras que el pensamiento muestra siempre una alternativa. Debe concordar en sentido lógico y causal. Así se cuentan muchas historias de Satanás y de sus pensamientos. Quisiera recordarles una historia aquí –la he contado ya en mi libro La Biblia, divino Proyecto del Mundo, aunque hoy quisiera relatarla con más detalle–. La historia trata de la revelación de la palabra en el monte Sinaí. El nombre Sinaí significa también “forma” y “luna”, y se refiere a este nuestro mundo. Y aquel que trae la revelación al ser humano, según la Biblia, es un hombre llamado Moisés. La Biblia misma explica este nombre como “aquel sacado del agua”. Debemos verlo como una imagen soñada cuyo significado es: Sacado del tiempo y el espacio, ya no está prisionero en el tiempo y el espacio, ya no está condicionado por el tiempo y el espacio. Liberado de lo condicionado, puede moverse hacia todas las direcciones sin moverse de hecho. Está aquí y allá, en todo lugar. Y es Moisés dentro del ser humano quien le libera de la esclavitud del tiempo y el espacio, porque es sacado del agua, mientras que todos los demás niños se ahogan en el agua, es decir, perecen en el tiempo y se pierden en el espacio. Solo aquel, dentro de cada ser humano, que es sacado del agua, sabe lo que es ser salvado, lo que significa ser libre.
    Este Moisés –es decir Moisés en cada persona– recibe la palabra, la revelación. Y al recibirla, está al mismo tiempo en el cielo. Porque aquel que le revela al ser humano la palabra, está en el más allá. Según la Biblia, está cuarenta días y noches con Dios en el cielo. Cuarenta es una noción soñada, más aún: es una visión, muy claramente del más allá del ser humano, es la expresión en el absoluto de aquello que sentimos aquí como tiempo. Porque los números en la Biblia son valores absolutos, son pues diferentes de lo que son aquí. La noción cuarenta habla del estar-en-el-tiempo y significa “todo el tiempo”. Por este motivo, la Biblia habla siempre de cuarenta días o de cuarenta años, es decir del tiempo, corto o largo, toda una vida, todo un mundo, toda una existencia como sea que se delimite; y ese todo se muestra en el tiempo. Y ahora, el ser humano en el tiempo espera el regreso de aquel que le ha dado esta revelación. En un relato antiguo se cuenta que el ser humano se impacienta, porque el tiempo dura. Es el preciso momento en el que acude Satanás y comienza a calcular con él. Puedo demostrarte, dice, que no volverá, porque es imposible que nada del más allá aparezcan aquí. Está allí y se queda allí. Vosotros debéis consolidar ahora algo en este mundo, algo que os lleve a la libertad, que os marque el camino hacia la liberación de toda opresión. Vosotros mismos lo veis: lo del más allá está en el más allá, pero nosotros estamos aquí.
    Estamos aquí, dice Satanás, comenzad a pensar, a construir, a hacer un plan, convertidlo en la tarea de vuestra vida, esforzaos y cumplidlo, así llegaréis a la libertad. Y convence al ser humano. No se trata de ningún ser peliagudo que nos está forzando, somos nosotros mismos los que nos hablamos así, de esta disposición: ¡hay que hacer algo! Es verdad que existe esta hermosa revelación, pero viene del más allá. Aquí, ¿qué hay que hacer? Debemos actuar. Para convencer al ser humano, hay que actuar. Se forman grupos, se organizan conferencias, se escriben libros o se hace política. Así comienza el proceso. Y de hecho ese hombre Moisés, es decir aquel que es liberado de tiempo y espacio, no es visible aquí, está en el más allá. Y la pregunta es: ¿dónde estoy yo en el más allá? ¿Dónde está mi yo en el más allá? Pero afirmamos que la nada ni existe, hay que actuar aquí. En otras palabras, huimos de nuestro propio yo y quisiéramos ir a la salvación con aquello que nos imaginamos que somos. Así las cosas, el ser humano se dirige a aquel que conduce el camino –también en el ser humano mismo– al sacerdote Aarón. Queremos ir a la libertad. Ese hombre Moisés que puede liberarnos de tiempo y espacio, está en el más allá, es una alucinación. Porque estamos condicionados por las cosas de aquí. Y Aarón dice: Dad lo mejor de vosotros mismos.
    En la imagen soñada, se expresa en “joyas”, regalad el oro y la plata y aquello llamado nesem 50-7-40, arillos (para la nariz), es decir allí donde respiramos, donde inhalamos el soplo de Dios, está el arillo, el circulo. Todo lo que es adorno, lo más hermoso, lo redondo, lo entregamos. Y cuando está purificado aparece un becerro joven, de oro. La palabra hebrea usada allí es éguel, escrita igual que igul, que significa “círculo”. La interpretación de esa imagen soñada del becerro de oro es la siguiente: un círculo, tus pensamientos concuerdan, son redondos como el círculo. El comienzo y el final se tocan, el asunto es correcto, plausible. Como lo dice también el arillo de la nariz: es el recorrido de la respiración que viene de Dios. Es una imagen que concuerda; y la tradición cuenta que ese becerro logra grandes milagros. Mediante el pensamiento se logran grandes cosas y el ser humano siente que es eso lo que nos llevará al país prometido. Ese es tu dios, el otro está en el más allá y no sirve para nada. Y en el momento en que todo concuerda, vuelve Moisés con Josué. Son recibidos por grandes estruendos en el campamento. Un sonoro griterío en el campamento, allí donde el ser humano reposa. Y se preguntan qué tipo de ruido es; no es eco de algazara de fuertes, ni eco de alaridos de flacos, algazara de canto, oigo yo (Éxodo 3,18). Es un estruendo sin razón, sin sentido. Porque el sentido de la vida, lo da únicamente la relación con el más allá, con la nada, con el yo. Lo que Moisés recibe en el más allá, es la imagen completa del ser humano, la imagen de aquí y de allá.
    Si los dos lados tienen relación, es feliz. Nosotros creemos que el cuerpo puede ser dirigido por nuestra voluntad; pero la dirección, está escrito, sucede desde el lado que vive con Dios. Y Moisés entrega esta imagen perfecta del ser humano. Las Tablas que se expresan en forma de corazón: este lado y el otro. Los dos lados forman la unidad. La liberación de tiempo y espacio tiene sentido, el ser humano está en casa, está unido con su Yo. Pero las tablas se rompen en multitud de pedazos, la unidad del ser humano queda hecho trizas, porque cree poder construir esta unidad desde aquí. Lo que se cuenta no es una advertencia del tipo: ¡no hagáis lo que en su día han hecho aquellos! Se cuenta como experiencia en el más allá y significa: En tu camino te encontrarás con Satanás, formarás el círculo, todo concordará; pero cuidado, tú te perderás en ello. Igual que Job, que tiene que contemplar cómo Satanás destruye todo lo suyo: ¿No cree que todo lo suyo está aquí, de este lado, y está contento y feliz con ello? Es cierto, el círculo cierra, es un hombre rico, piadoso y bueno y además cree poder andar así hacia la salvación. Eso no, dice Dios, pero yo amo a aquel que vive en el país de Uts, del tiempo, le amo mucho. En principio no le hagas daño, pero muéstrale el mundo, toda la creación. Lo que es idéntico a la rotura de las tablas en el Sinaí.
    Es un estrellarse en cuatro fases, igual que Job. Toda la vida de Job se rompe en cuatro fases. Ese disgregarse es una experiencia del ser humano en su pensamiento. Y seguidamente en su realidad material. Significa que si el ser humano ha pensado con todo detalle, completamente, llega a esta gran comprensión que dice: desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá, (1,21). De las ganancias terrenales, de las posesiones aquí, nada queda, solo los pobres llegan al cielo. El rico –rico en experiencias, en conocimientos, en inteligencia– no cuenta nada allí. Allí estaré solo, desnudo. Es por su pensamiento por lo que llega a este punto, por las muchas experiencias que le ponen ante la pregunta: ¿De dónde viene todo eso? ¿Qué es en realidad? Aunque no pueda encontrar ni las raíces ni las conexiones. Ahora que su pensamiento le lleva más allá, al punto de morir, Satanás se anuncia por segunda vez y le ataca en su ser. Cuando creemos ser liberados de la esclavitud de la causalidad, de la estancia aquí, cuando esperamos quedar absorbidos en el mar del Ser, viene ahora la tormenta en el Ser. El camino del ser humano se expresa también en el espectro de colores. La luz se divide en gran variedad de colores. Estos colores también representan al camino de toda persona.
    También Noé reconoce el mundo nuevo en el arco iris después del diluvio. Es la estancia aquí con variaciones y diferentes fases. Comienzas con el rojo como Adam –de la palabra hebrea adom, rojo– aunque no olvidemos que Adam significa también yo soy semejante. ¿Semejante a quién? A Dios, porque me crea en su semejanza. (Génesis 1,27). Yo me asemejo a Dios, soy rojo aquí, lo que significa que comienzo un camino. Los colores me muestran el camino: desde el rojo al naranja, amarillo, verde, azul, índigo, rojo púrpura. Todo el camino en la alternativa. Pensando, calculando, se conocen las frecuencias de los diferentes colores. Cuando el final se acerca, bíblicamente, reina el rojo púrpura. Desde el azul, pasando por el índigo llegas al rojo púrpura. El índigo y el rojo púrpura son los colores del rey y del gran sacerdote. Ahora pasas al más allá. Allí ya no hay colores. Este camino a través de los colores, es llamado el camino en el lado del norte. Porque los colores representan los campamentos de Israel en el desierto (Números 2). El rojo en el norte, el amarillo en oriente, el azul en occidente y desde allí, el viraje de nuevo hacia el norte. Significa que los colores solo existen en la mitad norte. El camino del ser humano es el camino del norte. Allí donde el ser humano comienza a quedar atrapado por el cuerpo, se forja el exilio. Y el exilio viene del norte, como lo anuncia Jeremías: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de la tierra, (Jeremías. 1,14).
    El peligro del norte es el frío, el hielo que entumece. El cuerpo se entumece, queda limitado. Pero es un camino maravilloso lleno de colores, es un regalo de Dios para el ser humano. También todo pensamiento comienza en el rojo y termina en el índigo, gira en círculo, no puede nunca traspasar. ¿Traspasar a dónde? A lo otro. ¿Y qué es lo otro? Bíblicamente, en el desierto, es el lugar del campamento del sur. Allí los colores no están en sucesión, uno detrás o al lado de otro. El sur contiene todos los colores en uno, que es el blanco. Si cogemos un disco con todos los colores del espectro en orden sucesivo y lo giramos con rapidez, aparece el blanco. La mezcla de los colores muestra el blanco, el ser puro, ya no hay solo alternativa. Y a pesar de todo se dice que tan solo ese es el camino, el camino hacia el más allá. Allí comienza Satanás a molestarte en tu ser; allí, donde has quedado liberado ya de la esclavitud de Egipto, de esa esclavitud colorida, y llegas al camino del desierto, al blanco. Allí se pone constantemente en tu camino: necesitas agua, el maná no satisface, los espías dicen que el país prometido es insoportable y tú quieres regresar al país de los colores. En el camino blanco –el Ser– Satanás te tortura más profundamente. No se trata ya solo del pensamiento causal, sino también del pensamiento, por así decir, místico. Porque en el blanco, donde tu pensamiento está limpio de los colores, de la alternativa, aún no está la meta.
    Por ello, el que habla en primer lugar con Job es llamado Elifas, lo que significa: mi Dios es oro, fuerza, poder, luz. Y Elifas es de Temán, del sur, del blanco. Él abre las conversaciones diciendo: Allí en los colores, todo debe concordar. ¿Cómo era eso de que en tu vida no has hecho nada mal? ¿No es como el juicio divino? Esa corte no se reúne, como siempre pensamos, después de la muerte, sino continuadamente, porque el día de ayer, el de anteayer y el año pasado, han muerto ya. Significa que reconsideras tu pasado, con tus sentimientos de culpa o de tener-la-razón, o de haber sido tratado injustamente. Así comienza la conversación en el ser humano. Tu blanco te pregunta: ¿qué has hecho? ¿Qué te han hecho? Mientras que tú te quejas como Job: ¿Qué me ha sucedido? ¿Y por qué? Lo he querido para bien, no era posible de otra manera. ¿Quién me ha creado? ¿Acaso he pedido que lo haga? Maldito el día de mi creación. ¿Acaso he querido el mundo así, con estas circunstancias, personas, animales y lugares? Y ahora, además, se me atormenta, se me tortura, ¿qué se quiere de mí? El nombre del segundo amigo, Bildad de Shuaj, significa hundimiento, profundidad, el sepulcro. En otras palabras, las profundidades desagradables en las que desaparecemos. En la conversación con él surge todo aquello que teníamos y que ya no está. ¿Dónde estará? Agresión y sentimientos de culpa.
    Todo el camino del desierto es esta controversia: ¿Qué se quiere de mí? No he pedido nacer aquí. El nombre del tercer amigo, Zofar, significa el velloso, desagradable; pero su origen se encuentra en Naamán, un mundo que según su nombre es bonito y amable. Una contradicción, como si quisiera decir: ¡No quisiera ser así! ¡Se me ha hecho así, pero no soy yo! Con Zofar las conversaciones “pensadas” siguen. Significa que el pensamiento no termina en el mundo de los colores, sigue en el mundo del blanco, llevando a un punto de desesperación. Allí una cuarta figura en ti se despierta: Elihú, “Él es mi Dios”, hijo de Barakel, que significa “bendito por Dios”, de Busí. Esta palabra tiene la raíz en bus, avergonzar, difamar. Curioso: aquel que encontramos como cuarto amigo dentro de nosotros, tiene sus orígenes en las difamaciones y las afrentas. Tengamos cuidado de no vernos como unilaterales, lineales, hay muchas cosas que no comprendemos y que debemos llegar a aclarar en el camino. Lleno de asombro, el ser humano vive ahora el acercamiento de aquello que no es ni color ni blanco, más bien negro profundo, el abismo, fundamento primordial, la nada. Todo aquello que pensábamos que tenía un sentido, desaparece súbitamente, se funde en la nada. Estamos ante un paso decisivo.
    De la misma manera que la liberación de la esclavitud en tiempo y espacio era un paso, viene ahora la liberación del camino, también en un paso. Quien ha andado el camino a través de los siete cielos, los siete por siete palacios, quien ha pasado por las 49 puertas, está delante de la quincuagésima. Moisés lleva al ser humano con la revelación de la palabra a través de las 49 puertas, los 49 palacios. Allí nos encontramos con aquel que nos llevará al futuro: Yeh’shúa o Jesús, quien nos lleva al lugar quincuagésimo, al negro. Lo pasado es la esclavitud en tiempo y espacio, el presente es el camino y lo venidero es esa oscuridad o el futuro claro, desconocido. Temor y alegría. ¿Qué es el paso a un futuro, donde el futuro no es únicamente futuro, es decir venidero, sino, presente?
    Aureola del negro.
    El nudo como discontinuidad de la línea recta.
    Alejandro corta el nudo Gordiano.
    Cambio en la confusión.
    Queremos ocuparnos ahora del paso desde el blanco al negro. Lo negro es todo aquello que no podemos comprender. Job y sus amigos –es decir, también Job consigo mismo– buscan la respuesta a la pregunta relativa a las conexiones. Pero no encuentran una relación que satisfaga. Por ejemplo, la relación entre recompensa y castigo no concuerda, porque se sabe desde siempre, que a los buenos no siempre les va bien y a los malos, no siempre mal; parece existir una especie de arbitrariedad. Porque ocurre muchas veces que a los malos los va bien y a los buenos, mal. Siempre estamos delante de ese abismo inexplicable, ese negro. En el negro nos falta la luz, igual que la oscuridad de la noche asusta. Está dicho que si tienes miedo en la oscuridad, tienes miedo también de tus raíces, de tu Yo. No puedes conciliar el sueño porque tu yo te llama, y no te deja en paz. Dentro del mundo múltiple en que vivimos, somos incapaces de reconocer ninguna conexión. Sentimos que seguramente habrá algún sentido, pero siempre estamos en la frontera, frente al abismo negro. Significa que no vemos, estamos ciegos, no tenemos la vista necesaria para que llegue a cruzar el puente.
    Solo vemos el momento, no lo que era antes ni lo que será después. Y también el momento, solo en el lugar donde estamos. Todo lo demás es negro, oscuro para nosotros. Lo que nos alegra, la luz, de alguna manera no parece tener raíces. Dios mismo dice, por boca del profeta Isaías, que formo la luz y crío las tinieblas, (Isaías 45,7). Significa que la luz se extrae de la oscuridad. Quizás de este motivo viene nuestro temor ante ese más allá que nos es inexplicable. La tradición cuenta, que ese negro es una especie de atributo del ser humano. En Éxodo 13,9 y Deuteronomio 6,8, la
    Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Tercera Parte.
    Por Fiedrich Weinreb.
    Ver texto xompleto en mi blog
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/31/estudios-de-tora-23/
    Biblia habla de un nudo y de los totafot entre los ojos (filacterias). Son cintas ennegrecidas, hechas de la piel de un toro o buey. Las cintas, cortadas de esa piel van alrededor de la cabeza, y en el lugar donde se supone el tercer ojo, llevan una casita negra, con palabras y comunicaciones. En esta comunicación queda dicho que tú, ser humano, llevas un nudo en tu mano izquierda. Significa que lo que haces, solo puedes seguirlo hasta el nudo, es decir, tu vista causal llega hasta el nudo. Más allá del nudo, la cinta sigue; el nudo sin embargo causa una ruptura inextricable de la continuidad. La cinta alrededor de la cabeza llega a la nuca, donde lleva otro nudo inextricable.
    Ver texto completo en mi blog
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/31/estudios-de-tora-23/
    Elaborado por David Saportas
    2 hr 28 min
  • Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Segunda Parte
    Por Fiedrich Weinreb.
    El pecado original…
    Provocación para que el camino sea andado…
    El encuentro con el Salvador…
    Simientes de duda…
    La serpiente enseña el camino…
    Job 1,5: Y acontecía que, habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y santificábalos, y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: quizás habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado a Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días. En un antiguo comentario a Job está escrito que este versículo sea decisivo: Job tiene miedo de que sus hijos pequen. Hoy en día seguramente lo diríamos de otra manera. Se tiene miedo de hacer algo de forma equivocada, de fracasar. Job tiene diez hijos, siete hijos y tres hijas. Las tres últimas, femeninas, representan los tres días venideros después del séptimo día que es el presente: el octavo, el noveno y el décimo. Son días, podríamos decir, aún sin el encuentro con el hombre, aún deben recibir al hombre. Los hijos, en general, representan la cosecha, el resultado de la vida y el temor de que aquello que se ha puesto en el mundo, que aquello que se hace, lo que suceda, de alguna forma pueda ser pecaminoso y equivocado. El ser humano cree no poder abarcar de una ojeada todo lo que sucede, cree que existe arbitrariedad a su alrededor y que por ese motivo puede no actuar correctamente, que puede equivocarse, que puede pecar.
    ¿Pero qué es el pecado? En la sabiduría antigua, esa noción del pecado aparece triple, de la misma manera que se habla de los tres amigos o de las tres dimensiones. No quiere decir que se pueda pecar de tres maneras, más bien, se trata de tres lados de aproximación al pecado. En hebreo existen tres expresiones: jet 8-9-1, avón 70-6-50 y peshá 80-300-70. A esas tres nociones se añade una cuarta: ashám, que se traduce como “culpa”, que se escribe con las tres letras madres o padres del alfabeto: 1-300-40. Que también acuñan el cuerpo del ser humano: shin es la cabeza, álef el corazón y mem el bajo vientre. Ashám es la culpa en el sentido de que se estén haciendo cosas sin intención de hacerlas. Si conociera las consecuencias para mí y para otros, las perturbaciones causadas en mi mente o en mi cuerpo, por supuesto que no lo haría nunca. Pero el ser humano actúa sin intención, y sin saber de dónde viene el impulso. La palabra ashám, constituida de las tres letras principales del alfabeto, señala que hay pecado, simplemente por hablar. Porque también siempre decimos cosas equivocadas. El hablar en sí, contiene ya algo de pecado. Por ello, muchas tradiciones acentúan la postura del silencio, de la retirada, también en el hacer. Todo tu Ser es ashám. Lo que hagas o no hagas, digas o no digas, que puede ser equivocado o bueno y correcto.
    Ashám es una especie de inocencia, un secreto que se siente tan pronto como es posible la palabra, tan pronto como la palabra se piensa, se formula y se habla. En el momento en que las 22 letras del alfabeto se muestran, que sucede su formación, está una culpa conectada con el origen de la palabra, que está con Dios. Otra palabra construida con las mismas letras es shemá 300-40-1, que significa “quizás”, “posiblemente”, “tal vez”. La respuesta a la pregunta es “quizás”, podría ser; es decir, exactamente así no podrá ser. No sé qué lado de la alternativa se escogerá. Como está Job enfrente de sus tres amigos, así está ashám frente a jet, avón y peshá. La unidad del ser humano consta de estos cuatro mundos: mi existencia terrenal está siempre frente a los otros tres mundos, y lo que yo haga o sea no gustará a los otros tres. Vemos que Job, en el principio mismo, tiene ya miedo del pecado. Teme que en los tres mundos, más allá de lo que aparece aquí, haya algo como una serpiente, como un Satanás que podría seducirle. Siente que existen cosas allí que no domina. Al final del relato, Dios habla con él y le pregunta: ¿Cómo es que te preocupas? ¿Sabes acaso que todo en el mundo sucede justamente de manera correcta? ¿Te preocupas por el universo, estando en tu pequeño mundo limitado, con tus medidas limitadas? ¿Nunca te has imaginado que necesitarías otras medidas para abarcar el todo? Limitándote a tu propia vida dices: Sí, si hubiera sabido hace veinte años lo que sé ahora, hubiera actuado de otra forma; –significa que tus medidas cambian; también, por ejemplo, en el encuentro con otras personas, pero el mundo, sigue siendo el mismo.
    Quizás sería bueno preguntarse qué es, en realidad, el pecado, la culpa. Porque hoy en día está de moda querer liberarse del tema y hacer lo que a cada uno le plazca. Aunque, por otra parte, con un sentimiento no demasiado bueno, se va buscando orientación y guía en el camino. También a veces sufrimos un sentimiento de culpa o lo proyectamos a otros, para aligerar el peso. Hemos hablado ya del hecho de que la culpa de Job consiste también, según los comentarios antiguos, en su inseguridad en cuanto al futuro. Y es justamente eso lo que provoca la venida de Satanás. Inicia una provocación, que es comienzo del camino. Igual que en el relato del paraíso con la serpiente, porque el ser humano no hace lo que se espera de él. O también, como Israel en el desierto después de la revelación de la palabra, cuando no obedece y en su lugar construye el becerro de oro. Allí también comienza un camino. Sin ese “pecado”, podríamos decir, todo lo sucesivo no podría tener lugar. Dios le muestra al ser humano el país prometido, lo venidero, el más allá, y como espía explora y aprende sobre su propio más allá; pero le da asco y lo teme. Como consecuencia, renuncia al reino del cielo, quiere el reino aquí, quiere disfrutar aquí. Es poderoso ese reino, dicen los espías en el ser humano, pero insoportable. (Números 13 y 14). ¿Por qué lo hace? Aquí comienza el camino de verdad, el camino largo de 40 años. Sentimos que no es tan fácil aquí.
    El ser humano es malo y es castigado. La pregunta es: ¿Por qué es malo? ¿Qué es, exactamente, lo que le convierte en malo? ¿Por qué no facilitarle la vida? ¿Por qué colocarle ante una elección? – Muchas veces, los sentimientos de culpa y de pecado se expresan en una especie de depresión, una especie de no-poder, no corresponder a aquello que sería posible. Fracasar en todo. En el ser humano vive algo muy poderoso que puede presionarle mucho. Quisiera volver a esa noción del pecado que he mencionado ya. En primer lugar, jet, el pecado que comete, como ashám, una actividad tendente a lo malo, de la que en realidad no es responsable. Y sabe que es malo, que es algo que quizás no debiera haber hecho, que no era necesario, en todo caso. Jet, en la pronunciación está cerca de jitá, trigo, el primer y fundamental crecimiento, el desarrollo. Conocemos las siete maneras de crecimiento, es decir, una multiplicidad en las posibilidades del desarrollo. El primer crecimiento irrumpe en un mundo donde no hay crecimiento, donde todo es “estático”. El crecimiento introduce algo que podríamos llamar “la dinámica”. Crecimiento es un cambio constante de la situación, es decir, es un camino, un movimiento. Y el trigo es la irrupción en lo estático, el motivo de base para el camino. Pensamos de inmediato en las palabras mencionadas: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Y comprendemos que el pan como cuerpo de Cristo tiene un significado mucho más trascendente: Aquí estamos frente a alguien, que posibilita el camino. El camino que va desde el trigo hasta el pan; desde la siembra, el crecimiento, la cosecha y las demás operaciones de trillar, moler, amasar con agua y hornear con fuego, hasta el pan terminado.
    Podríamos decir que se trata de una metamorfosis que se muestra en las cuatro maneras de vivir, los cuatro mundos, también en el camino hacia el pan. Aparece diferente de lo que era, pero el alma es la misma, podríamos decir: en primer lugar la oruga, luego la mariposa. El alma es única, desde su origen en Dios. Jitá – jet. Porque existe el crecimiento, hay un camino, existe el pecado. El pecado es inherente al ser humano en el camino. Porque siempre únicamente ve el trocito de camino que está viviendo, quizás algo, muy poco, del pasado y menos aún del porvenir. Desde la creación del ser humano pues, jet es inherente. Aquel que le ha creado y puesto en el camino sabe que estará descontento, porque es incapaz de alcanzar la meta anhelada. Y se enfada porque no puede ni intuir que en el umbral le espera algo grandioso. Desde arriba, mirando hacia abajo, están sonriendo. ¿No ves, tonto, qué es lo que habría pasado si hubiese sucedido lo que tú querías? ¿No ves cómo todo hubiera ido mal? Y en el camino, siempre también la duda: no puedo abarcar las cosas, no sé lo que se quiere de mí. Dudas, incredulidad, preocupación, a veces rechazo. Que el camino pueda comenzar, tiene que ver con jet. En el mundo Atzilut, el mundo cerca de Dios donde comienza el camino, existe la rebelión de los ángeles que quieren evitar que haya creación. “No la hagas” dicen, “será una catástrofe, deja que vivamos en paz”. “No, regalo el camino, yo bajaré, yo seré el camino” responde Dios.
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    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/31/estudios-de-tora-22/
    Elaborado por David Saportas
    2 hr 42 min
  • Las Alegrías de Job, Una Interpretación del Libro de Job… Primera Parte
    Las Alegrías de Job, Una Interpretación del Libro de Job… Primera Parte.
    Por Fiedrich Weinreb.
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/30/estudios-de-tora-21/
    Cuando la tierra pecare contra mí, rebelándose pérfidamente y extendiere Yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el sustento del pan y enviare en ella hambre, y cortare de ella hombres y bestias; Si estuviesen en medio de ella estos tres varones Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarán su vida, dice Dios el Señor… Ellos entrarán a vosotros y veréis su camino y sus hechos y tomaréis consolación del mal… Ezequiel 14,13-14 y 22.
    Prólogo del editor de la edición alemana:
    Job se cuenta entre los personajes especialmente determinantes en la vida de Friedrich Weinreb. El lema que antepuso al primer tomo de su autobiografía Encuentro con Ángeles y Hombres, está sacado del libro de Job: De oídas había oído de ti, más ahora mis ojos te ven. (Job 42,5). Weinreb está convencido de que todo el mundo podría decirlo, si viviera con Job las experiencias que cuentan los 42 capítulos del libro. De lo que se trata es de que se experimente lo contado, no de un análisis distanciado. Eso es lo que pide el encuentro con Job. Una convivencia de más de 2000 años une al Sr. Weinreb con la tradición judía. Así puede contar de Job –que vive en todos los tiempos– de su propia experiencia vivida, y de primera mano. Con ello abre un capítulo nuevo sobre un libro de la Biblia que puede alterar nuestra existencia y desafiarnos. Friedrich Weinreb traduce las imágenes a nuestra vida actual, de forma que experimentamos a Job como “amigo”, como “hermano”. Rompe la rigidez de muchas explicaciones teológicas. Se pregunta si no podría ser que nuestro destino se ha convertido en sufrimiento porque no somos capaces de creer en la historia de amor, oculta en el relato de Job. El muy insólito lema de Friedrich Weinreb para Job es “alegría”.
    Es la noción que cuenta en el hebreo del “salvador” –lo ha señalado en muchísimas ocasiones–. En el centro de toda vida jasídica está la alegría. Y si Friedrich Weinreb identifica su vivencia de Job con la alegría, reconocemos al mismo tiempo su herencia jasídica. La historia de Job ha ocupado y preocupado a Fr. Weinreb durante toda su vida. La primera vez ha abordado el tema durante tres conferencias en el mes de marzo de 1957: el incomprendido Job; Job en la psicología; enfermedad bajo el signo del complejo de Job. Pero sabemos por Friedrich Weinreb mismo, que sus explicaciones de Job comenzaron ya en la cárcel, en 1943 (comparen el capítulo “Malas noticias en la cárcel”). Tenía intención de escribir un libro sobre Job, pero no pudo ser. Pero ha hablado mucho de Job y en muchas ocasiones en sus 42 años de disertaciones. Su voz, despertada por el amor a la palabra y por la sabiduría antigua del judaísmo, la reúne ahora en este libro “no escrito”, cuyos textos de base están señalados en las primeras páginas. Como autor es aquí toda voz, y necesita lectores que sean todo oído. Para ello la redacción quisiera actuar como una especie de mediador, no más ni tampoco menos. La base son doce conferencias registradas sobre cinta magnetofónica. Tuvieron lugar desde 1974 hasta 1985 como conferencias individuales, seminarios de varias horas o cursos de varios días, en lugares diferentes, ante diferentes audiencias. La regla es que una conferencia tenga una duración de dos charlas de cuarenta y cinco minutos, con una pausa de quince minutos.
    Los doce capítulos principales y la división en subcapítulos corresponden básicamente a las conferencias mismas.Fr. Weinreb habla por principio libremente, también en cursos de varios días, y nunca utiliza apuntes. Su discurso vive de la intuición de las relaciones. Los conocimientos arrastrados se presentan en tal cantidad, que el lector se encuentra muchas veces en paisajes nuevos, perdiendo la visión global. Y puesto que Fr. Weinreb habla con la intensidad de la vivencia momentánea, al oyente con la intensidad correspondiente, se le lleva sin querer, a convivir; algunas veces solo se entiende a sí mismo en las palabras habladas. Ciertamente, tal locuacidad en libertad, que Friedrich Weinreb llama “se habla”, está atada a los límites de toda forma. Pero en la melodía siempre suena algo de aquel silencio universal, que es la base de todo. Tales conversaciones de la boca al oído convierten al dador en receptor y al receptor en dador. Surge algo incomparable, que también sobre cinta magnetofónica, retiene algo de su poder de irradiación. Ahora, al editor que tiene que retener tales vivencias expresadas en la palabra, negro sobre blanco, se le dan posibilidades muy diferentes. La comprensión del texto puede ser una vivencia sorprendente de relaciones, en las que el lector mismo se siente involucrado. El círculo más bien pequeño de oyentes puede ensancharse ahora por la lectura.
    Y quizás, este libro provoque también que surja el deseo de encontrarse con la voz escuchada sobre cinta magnetofónica, que abre muchos lugares que el texto oculta, de la misma forma que el libro puede hacer visible lo no escuchado. Friedrich Weinreb cuenta la historia de Job desde los “sueños despiertos de la tradición” y toca con ello las raíces de nuestra existencia. Así podemos aprender a conocernos desde nuestras raíces. El lado oculto que alimenta y dirige nuestra vida, puede hablar. Sentimos lo que nos falta y con ello aprendemos a ver lo que nos sana. La tradición iguala la “interpretación de sueños” con el “sanar de nuestras enfermedades” y dice que justamente la lectura –la vivencia– de la historia de Job, que Fr. Weinreb cuenta como el relato básico de sanidad, conlleva la crisis que lleva a la salud. Los sucesos del libro de Job son, de alguna manera, un proceso de “beatificación”, en cuyo final Job es elevado a la santidad por Dios mismo. Una de las pocas iglesias dedicadas a Job es la San Giobbe en Venecia. Giovanni Bellini creó allí un retablo (que hoy en día está en la Galleria dell’Accademia) que muestra al Santo Job a la derecha del Salvador. El niño Jesús sentado sobre las rodillas de la Madonna alarga su mano derecha hacia las manos del santo, elevadas en adoración. Job aparece aquí con la alegría del resucitado, esencia de aquello que los comentarios antiguos del judaísmo cuentan como secreto verdadero de este libro.
    Christian Schneider – Agosto del 2006
    Esperando lo peor…
    El sufrimiento egoísta de Job…
    Búsqueda de culpables…
    La quintaesencia, más allá del cuatro…
    Quisiera contar algo de las vivencias de Job, y quizás lo mejor es que comience con aquello que he aprendido en mi vida, que me llevó a poder hablar de Job. Es una historia marco, por así decir. Ya de joven había escuchado y leído de Job. Pero es un libro de difícil entendimiento y yo lo había leído de forma “diagonal”, porque como persona instruida tenía que saber algo de su contenido, para poder mantener una conversación inteligente. Pero leerlo y comprenderlo de verdad, no he podido hacerlo hasta los sucesos de los que quiero hablar ahora. Es decir, vino una situación en mi vida, en que estaba en una celda de la cárcel, con otros. Éramos cuatro, y tres de nosotros estábamos convencidos de que no teníamos mucho más tiempo por delante, porque la sentencia de muerte había sido dictada ya. El cuarto mantenía algo de esperanza, pero todos estábamos abatidos y tristes. Pero uno se acostumbra rápidamente incluso a tiempos difíciles y disfruta del diario casi igual que en tiempos buenos, solo que con diferentes penas y alegrías. Así, para algunos era muy importante que el trocito de pan que recibían, fuese algo más grande que el anterior. Contaba su vida como si contara la vida de otro. Alegría cuando se oía el ruido de aviones que volaban sobre la ciudad, porque podrían ser ingleses o americanos. En muchas celdas entonces se golpeaban las puertas de forma muy ruidosa. Los vigilantes andaban por los pasillos gritando:
    “¡No os alegréis demasiado pronto! ¡Antes de que vengan los americanos, se os habrá fusilado a todos!”. Nosotros también nos reíamos. Uno se acostumbra a los tiempos malos. El ser humano tiene una gran capacidad de adaptarse y la situación deja de ser tan mala, aunque más tarde se leerá en libros o se verá en películas que todo ha sido muy malo. Ciertamente había momentos de gran tensión, tanto en el campo de concentración como también en la cárcel, pero estos momentos existen también en la vida. Hay que preguntarse, sin embargo, como es posible que nos enfademos tanto en la vida normal, si comparamos con el tiempo en la cárcel. Pero el ser humano reacciona así. Se enfada en tiempos buenos y malos, y tiene sus alegrías aquí como también allá. A la vista de la composición de nuestra comunidad de celda, debe de haber sido en febrero o marzo 1943. Éramos tres judíos y un holandés, que habían detenido vendiendo algo en el mercado negro. Se sabía que estas personas iban al campo y no era seguro que volvieran con vida. Para nosotros los judíos, el viaje al “Este” –solo se conocía el nombre de Auschwitz– era seguro. Pero no se sabía dónde estaba ese lugar, en todo caso, no se encontraba en el mapa. No se sabía que se refería al lugar Oswiecim en Polonia. Además, uno de mis colegas y yo estábamos ya sentenciados a muerte. No se conocía la fecha de la ejecución. De hecho, se la esperaba cada mañana, cuando de madrugada se oían en el pasillo los pasos de los vigilantes que iban a recoger presos de las celdas. Si los pasos no se detenían ante la celda, el alivio era evidente.
    Parece que hoy no será, se pensaba. En aquella situación, contaba a mis compañeros de celda muchas cosas de la tradición judía –se ve que soy incapaz de evitarlo–. Así también un día hablamos de Job, porque se asocia ese nombre con las malas noticias. Estábamos sentados, esperando la mala noticia que Job también esperaba. Comencé a contarles que la tradición judía no solo conoce el esqueleto de la historia como lo cuenta la Biblia. La tradición cuenta también del envoltorio del esqueleto, que es carne, músculos y también de las vestimentas alrededor del ser humano, que pueden cambiar. Se dice que el interior, el esqueleto, es el armazón firme, el envoltorio es como el mundo de las relaciones, donde puede suceder de todo. Se tenía miedo y se esperaba una mala noticia. Hoy en día nos preocupamos por una posible guerra atómica, por la explosión en una planta nuclear o por la suciedad ambiental. ¿Qué pasará? En la tradición, la historia de Job cuenta otras cosas. El nombre de Job significa “enemigo”; Job, por tanto, es el enemigo dentro del ser humano. Ningún enemigo de afuera; más bien, yo mismo soy mi enemigo. Y a la pregunta de cuándo ha vivido, se contesta: Job vive en todos los tiempos. Se le encuentra en los tiempos de Adán, luego en el mundo de Noé, de Abraham, en el tiempo del rey David, etc. Vive en el país de Uts, como lo llama la Biblia, y Uts se escribe como ets, árbol.
    Significa que vive en el tiempo del crecimiento, del desarrollo, donde todas las cosas cambian constantemente. Job se preocupa por sus hijos –tiene siete hijos y tres hijas– porque teme que puedan pecar en las fiestas habituales cuando todos los diez se reúnen. Para redimir la situación de antemano, por así decir, ofrece sacrificios. La pregunta pertinente es: ¿No se preocupa por el mundo? ¿Sólo se preocupa de sus hijos? Lo que pasa en el mundo, le da bastante igual. Vive bien, posee grandes riquezas de animales y es un hombre considerado. Pero se preocupa únicamente de su entorno más cercano: sus hijos podrían pecar, y él quisiera que vivieran sin pecado. Una preocupación egoísta, podríamos decir. Y porque vivía así, viene al cielo Satanás, el rey de los demonios, y se presenta ante Dios. Satanás, en hebreo, significa “obstaculizador”. Cierto, Job es un hombre bueno y justo, dice Satanás, pero ¿qué pasará si comienzo a obstaculizar su vida, que fluye de forma tan placentera? La tradición dice que eso significa que se llama la atención al ser humano, que no solo existe esta vida, esta existencia, este mundo, sino que hay mucha más vida y muchas más posibilidades de existencia. Si sufre podría darse cuenta de que también existe eso otro, que la vida no termina y que también puede darse en otros mundos. Que la vida de alguna manera depende del Ser; las palabras hebreas de Ser y de Vida están, etimológicamente, muy cercanas. El pensamiento de que el Ser es algo eterno. Es decir, Satanás no viene para castigar a Job. No, puede leerse en una de las muchas historias antiguas que su venida es para que Job recuerde que existen otras posibilidades, que este mundo no es el único. Se dice que Job es demasiado limitado, que su mundo es demasiado estrecho. Y la estrechez provoca miedo. Job comienza a tener miedo, porque solo existe éste único mundo para él.
    (Cuando contaba este relato a principios del año 1943, para mí también era importante que esta vida fuese un aspecto nada más de la vida en general, una sola de sus muchas formas manifestadas).Y entonces vienen las “malas noticias”. Un mensajero comunica el robo de los bueyes y de las asnas, un segundo la pérdida de las ovejas y los mozos, un tercero el robo de los camellos y el cuarto cuenta el derrumbamiento de la casa y la muerte de sus hijos e hijas. Está ahora enfrentado con la muerte, no puede ya mirar a otro lado. Y con ello se pregunta, si esta vida es la única. La reacción de Job es la de un hombre recto y tranquilo, resignado, podríamos decir. El Señor dio, el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito. (1,21). Mantiene con firmeza su humanidad, soporta la adversidad dignamente. Cuando Satanás se presenta de nuevo ante Dios, Dios le señala que Job, a pesar de las adversidades, sigue siendo un hombre fiel y piadoso. Sí, contesta Satanás, hasta ahora solo se ha tocado a su entorno. ¿Pero si él mismo es atacado? Deja que arremeta contra él. Bueno, dice Dios, obstaculízale en su camino hacia la tranquilidad, pon trabas en su pensamiento de que esta vida sea la única, para que suelte su unilateralidad. Pero su vida, no podrás tocarla. Por estas palabras de Dios, Satanás no puede tomar la vida, solo puede molestar. La vida como Ser, no tiene solo este lado del estar, tiene muchas más posibilidades. La vida en el Ser es la fuente de muchas posibilidades.
    Significa que la vida es doble: lo manifiesto aquí y lo complejo que no vemos, pero que conocemos dentro de nosotros. Sentimos que nuestro Yo es diferente de aquello que se manifiesta concretamente aquí con un nombre; nuestro Yo es eterno. Satanás vuelve pues y golpea a Job con enfermedades. Según la tradición significa que no solo enferma físicamente, sino que se da cuenta de que la base de su existencia puede ser tocada y asaltada. Se da cuenta de que su existencia no se basa en nada seguro. En el mundo, con su búsqueda de paz y bienestar, en algún lugar debe de haber un gusano. Venga como venga, al final está la muerte y la pérdida de todo. A las personas con sus deseos, con sus sueños, con sus esperanzas y sus amores, se les olvida. Se pierden. Es causa de frustración. Ahora vienen los tres amigos a Job: Elifas, Bildad y Zofar. Se dice que cada persona, además de lo que es en sí, tiene otros tres aspectos. Es un cuádruplo. Como también se habla de los cuatro elementos, de las cuatro bases: está la tierra, pero con otros tres elementos inherentes: fuego, agua, y aire. Cuando se presenta la idea de la muerte, sus otros tres fundamentos se anuncian; sus tres amigos con sus nombres. Se inicia una conversación. Ni la vida, ni nada tiene sentido, dice Job, y maldice el día de su nacimiento. Mejor sería no nacer, porque si se nace, habrá que morir. Seguidamente los tres amigos comienzan a hablar con él. Cada uno habla, y cada vez contesta Job. Diez veces va así, de ida y vuelta. Conversaciones difíciles.
    Cuando se trata de la existencia del todo, cuando se piensa que nada tiene sentido, se anuncian los otros tres aspectos del Ser, las otras tres partes del Yo. Podemos resumir las conversaciones diciendo que los tres intentan buscar una razón que justifique los golpes recibidos. Dios no puede equivocarse, tú debes de haber pecado, de allí los golpes. No, dice Job, no he pecado. Es fácil hablar estando sano, yo estoy enfermo. Lo que me sucede es injusto. Soy como todas las demás personas, quizás algo mejor. Las conversaciones vienen y van, y no hay salida. En otras palabras: en la vida aquí, en todos los cuatro elementos de la vida, no hay contestación en cuanto al sentido del sufrimiento. Las explicaciones siempre terminan así: debes de tener culpa. Pero se siente que no es el caso. Aunque estuviese totalmente limpio y libre de pecado, también en este caso existiría la muerte, sería olvidado o juzgado equivocadamente. Es decir, no hay respuesta válida. Al final, una cuarta persona se inmiscuye, Elihú que sentencia que todas las conversaciones carecen de sentido. Terminan por así decir, en un callejón sin salida. Muchas palabras inteligentes, pero ninguna respuesta satisfactoria. Al final, Dios mismo interviene. En la tempestad irrumpe a Job, a él solo, al ser humano, que se da cuenta de que las bases de este mundo, de nuestra existencia están podridas. Las bases que se nos han enseñado, no son tales. Como también lo dije en la cárcel –tenía entonces casi 33 años– lo que se nos enseña, realmente, no tiene valor. Porque ¿qué sucede? Millones de personas luchan entre sí, tiran bombas, hay sucesos terribles, infamias ¿Acaso es así la vida? Lo que hemos estudiado, ¿Acaso ha tenido sentido? Ahora se usa en la guerra, se convierte en técnica.
    Dios mismo habla con Job, con aquel que sufre: ¿Te has preguntado alguna vez qué pasa con toda la demás vida, tú, que solo te preocupas por la tuya y la de tu familia? ¿La vida anterior a la llegada del hombre, la vida de los animales, de las plantas? Todo es alimentado por mí, desde el ser infinitamente pequeño, invisible para ti –pero que vive y tiene voluntad de vivir– hasta el mayor. Dios habla seguidamente del Leviatán y del Behemot, seres primordiales, mitológicos, que son la base de toda la vida en el mundo. A todo eso Yo doy el alimento, dice Dios, y todo tiene relación conmigo. Pero tú solo tienes relación contigo mismo. ¿Te duele ahora la vida en este mundo? ¿Tus hijos, tus bienes, tus riquezas te duelen? ¿Los demás te han importado algo? Si no estaban en relaciones comerciales o sociales contigo, te daban igual. ¿Alguna vez has pensado en todo eso? Dios le explica entonces a Job el sentido de esta vida, en todo lugar y en todo tiempo. No se trata de encontrar explicaciones, más bien, de entablar una relación. El sentido de esta vida es encontrar una relación con toda la creación o, por lo menos, anhelarla. ¿No vive Job en el país de Uts, es decir, en el país del crecimiento? Todo lo que crece tiene vida, lo que significa que en espacio y tiempo se manifiesta algo, que viene de otro mundo. Hay una fuerza, que puede cambiar toda cosa. Solo lo muerto queda como es, tieso.
    Lo que vive puede cambiar, va de fase en fase, siempre diferente Ahora, solo puedes buscar una relación, si vive en ti algo de aquello, que Yo llamo amor. ¿Jamás has amado a tus hijos? ¿O solo has tenido miedo de que no sean buenos, la preocupación de que lleguen a ser útiles, y no molestos? El amor, sin embargo, es absolutamente diferente. Y ¿Tienes una relación con los animales, o son solo algo útil para ti? Matamos animales para el progreso de la ciencia, para las industrias cosméticas y farmacéuticas. De la misma forma que matamos a seres humanos argumentando: ¡son los enemigos! “Enemigo” es el significado del nombre de Job: Iyov 1-10-6-2. Mata todo en su entorno, porque no tiene relación con él. Tú, Job, eres el único que sufre, dice Dios, y justamente por eso te amo. Es por eso que Satanás vino a ti. Tus tres amigos no sufren. Mediante tu sufrimiento, quizás podrás despertar al amor, despertar y tener una relación con toda la vida, con todo el mundo. Reza por tus amigos, sigue diciendo Dios, porque solo conocen este mundo con sus cuatro elementos, mientras que tú estás ahora más allá de ese cuádruplo, estás en la quinta parte, en la quintaesencia. Y ahora comprendes que todos los acontecimientos en el mundo suceden solo para que tú consigas una relación con la vida. Para que veas que la vida es eterna, que el amor no podrá permitir nunca que nada se hunda.
    Si amas a tu perro, no soportas su muerte, debe de estar siempre contigo. Visto así, la vida es eterna, es el Ser. Mi nombre, dice Dios el Señor, es el Ser. La palabra hebrea hové significa Ser, el Ser en el presente. En el Ser está todo, siempre. Tú has limitado ese todo, has visto únicamente a tu familia, tu cuerpo, tus teorías que se hunden, porque todas las teorías se hunden alguna vez. Mientras que, en realidad, se trata de otra cosa: de la dimensión del amor, de la fe. De eso se trata. Después de esta conversación, Job sabe lo que se quiere de él. Solo ahora lo veo, dice, siempre he tenido ojos, pero solo ahora veo. Y siempre creía escuchar, pero solo ahora oigo. He visto también el otro lado. Y Job recibe devuelto el doble de todo lo que ha perdido. No quiere decir el doble en cuantía; significa más bien este lado, el lado de tiempo y espacio, y el otro lado, el lado eterno. Así tiene todo. Después de contar esta historia, nos sentíamos todos muy bien. Aunque teníamos miedo –¿De quién realmente y de qué? – sentíamos que la vida es eterna. Hemos aprendido algo que fortifica la fe: sobreviviremos. Y recuerdo que dije, casi de forma profética: nos volveremos a ver después de la guerra.
    Y curiosamente, hemos sobrevivido. Quizás, porque algo nuevo había entrado en nuestras vidas, relativizando esta vida de aquí de tal forma que lo otro podía surgir fuerte y convincentemente. Quizás como Job, habíamos pasado por todos los mundos. Lo contaba no solo a los demás, también a mí mismo, escuchaba mis palabras. Mientras contaba, me di cuenta de cómo son las cosas de verdad: no importa lo que será o a dónde seremos transportados, viviremos, si no aquí, allá o allá o allá. Porque la vida es Ser. Y el Ser es eterno. Si uno mismo se enfrenta al sufrimiento o lo ve en el mundo, no debería decirse siempre cuán malas y feas son las cosas. Porque quizás solo quiere recordarnos que la vida aquí no es todo lo que hay, que la vida va mucho más allá, que es mucho más: es eterna. Lleva a una conversación en el inconsciente. Porque la conversación de Job con sus amigos y con Dios, es una conversación inconsciente, si se sufre. Es decir, podría ser que suceda en el inconsciente y que quizás esté esperando al ser humano, para anudar una relación con Él. Que podría dejar de buscar pruebas y conocimientos. Que podría comenzar a creer, esperar y amar. Que podría sentir la posibilidad de que la vida aquí no es todo.
    Podría argumentarse que muchas personas han tenido la experiencia del sufrimiento y no han logrado sobrevivir. Entonces digo que la vida sigue también para aquellas personas que ya no están aquí. Como la espiral de la vida lo demuestra: siguen con vida. El sufrimiento aquí libera a los demás aspectos. Job vive en la vuelta más baja de la espiral, los tres amigos corresponden a las vueltas superiores de los demás mundos. El mundo de aquí, donde podemos sufrir, libera a los demás mundos. Por ello, el mundo de aquí es tan precioso. Nuestras conversaciones en la cárcel terminaban con la constatación de que estamos agradecidos de poder vivir, y de vivir en estos tiempos, de estar encarcelados por los nazis en los tiempos de Hitler. Puede que parezca una paradoja, y ciertamente lo es. Pero esta historia se me quedó grabada, y cuando más tarde he hablado de Job, siempre hay algo de lo contado en aquella primavera de 1943. Siempre surge este aspecto que tiene tanta importancia para mí. Es el lema de mi vida, lo siento así, y puedo hablar de él ahora. Comprendí entonces que todo se vuelve a recibir. Igual que Job, que a pesar de sus enfermedades no se pierde, y recupera a sus hijos y todas sus riquezas. Y luego, cuando estábamos sentados allí y de alguna forma, gozábamos de la noche, sucedió algo curioso. En la cárcel era así, a las diez de la noche la luz se apagaba automáticamente. Pero aquella noche, la organización se olvidó de apagarla.
    Tuvimos luz hasta medianoche y nos extrañamos ante el suceso. De pronto se oyeron gritos e insultos de los vigilantes, ¿por qué está la luz encendida? En la central, se habían olvidado de apagarla.
    Job en la Kabbalá…
    Ser enemigo de sí mismo…
    El sacrificio unilateral…
    Experimentar el destino del mundo…
    De Job podría hablarse durante toda una vida. Porque los temas bíblicos no son un acontecimiento histórico, todo lo contrario, tratan de nosotros mismos. También de la propia vida podría contarse sin fin, porque en realidad se viven cosas inagotables. Como todos los relatos míticos, el tema de Job surge de una región del ser humano que llamamos “el inconsciente”. Y saliendo de esa región alimenta a nuestra vida consciente. El nombre de Job, en hebreo, es interpretado etimológicamente como “enemigo”. Habla del ser humano que es enemigo de sí mismo y por ello atrae el sufrimiento. En general se piensa que el sufrimiento viene de fuera. Pero quizás el ser humano sufre porque tiene al enemigo dentro, y con ello atrae al enemigo de fuera. Quizás le vienen los reveses, porque hay algo en él que susurra: puede esperarse en tu vida. En la psicología moderna se ha descubierto que existen ciertas personas que atraen, por ejemplo, accidentes. Casualidad, decimos. ¿Pero qué es la casualidad? No conocemos sus raíces. También hablamos de intuición. ¿De dónde viene? Cae como la casualidad, viene a ti de otra parte.
    La lengua viene de la región del inconsciente, y por ello las palabras que usamos son verdaderas, son de una verdad profunda. Si, por ejemplo, hablamos de cierta disposición, antecede una voz interna. La disposición para oír una voz. La palabra “comprender” tiene que ver con “prender” una cosa, actuar con las manos. Si hablamos de “contar” un cuento, sabemos que tiene también el significado de “contar” números o cosas. Es inherente a la lengua que viene del inconsciente, de la región de donde también vienen nuestros sueños, sin que podamos influenciarlos. La lengua nos muestra en el nombre de Job, que existe un enemigo dentro de nosotros. En la sabiduría antigua, no se sitúan las cosas en el exterior del cuerpo, no se hacen proyecciones, no se proyecta a otro. Porque haciéndolo, nos deshacemos del asunto y rompemos la relación. En ese caso, buscamos una imagen enemiga o un culpable. Pero quizás es así, que tengamos todas estas personalidades de la mitología dentro de nosotros. De la misma manera que en el así llamado complejo de Edipo, nadie piensa ya en el mito griego, sabiendo que se trata de un conflicto dentro del ser humano. Todo lo que viene del mundo del inconsciente, es decir también de la Biblia, vive en primer lugar como aparece en nuestro propio inconsciente, como por ejemplo Job, o Abraham, o Juan. La Biblia misma lo llama Dios en nosotros, y nosotros en Dios. Señala aquello que, junto con todas las palabras, está presente en nuestro inconsciente. Si se habla de la Biblia como un libro “inspirado”, se refiere al espíritu, al Espíritu Santo.
    En el espíritu del ser humano vive el inconsciente, y en el inconsciente vive lo santo: Dios en mí, o dicho con palabras cristianas, Jesús en mí. Y puesto que vivimos en un mundo de muchas personalidades individuales, y cada una puede decir lo mismo de sí, ¿qué puede significar mi relación con las demás personas? Está en mí, pero en los demás también. ¿Para qué necesito al otro? ¿Qué podemos darnos? Podría ser que la gran comunidad de personas del mundo refleje la comunidad bíblica, que en uno juegue Abraham, en otro Moisés, en un tercero Elías, un papel significante. O quizás Esaú, Nabucodonosor o los romanos, con los matices inagotables de todas las figuras y palabras bíblicas. De esta manera, en la humanidad estaría presente siempre la totalidad, oculta en el inconsciente, por supuesto. Puede ser que en el comportamiento de alguna persona algo sea visible, y que otros aspectos nunca tengan expresión en su vida consciente. Job vive en todos los tiempos, como dice la tradición. Allí donde el ser humano no es capaz de tomar una decisión dentro de la alternativa que se le ofrece, Job vive como tirano. No se atreve a decir ni sí ni no a la vida, y tampoco puede decidir qué es más importante: la vida consciente o la inconsciente. Sabe que las dos vidas tienen su realidad, aunque del inconsciente, como dice la palabra, no se sabe nada. ¿Qué se sabe de sí mismo? Y a pesar de todo, se acepta la presencia de un Yo. Aunque tenga miedo de reconocerse y huya siempre de nuevo de su Yo, esperando a pesar de todo, encontrarse a sí mismo un buen día.
    Por otra parte, hay que vivir en el mundo y con el mundo, lo concreto requiere que estemos, no puede refugiarse en los sueños. Así vacila el ser humano entre dos posibilidades. No poder decidirse significa que tiene un enemigo a la vista. Esa es la historia de Job, como la tradición la cuenta del ser humano. Que se diga que Job viva en los tiempos de Adán, de Abraham, Noé, Moisés, David y Salomón, es decir en todos los tiempos, significa que es una presencia dentro de nosotros, que juega un papel importante. Quizás se necesita siempre una imagen enemiga fuera, para anestesiar al enemigo de dentro y para desviar la atención de las debilidades propias. Quizás, enfermar es otra consecuencia de no querer ver al enemigo dentro, sino siempre fuera. En ese caso se anuncia y provoca el hundimiento del ser humano. ¡No puedes vivir así! Es la causa de las enfermedades, visto desde allí. Porque siempre se quisiera saber de dónde viene la enfermedad. Es la constitución, se dice, sabiendo que personas fuertes a veces sucumben y otras más débiles, sobreviven. Se ignora por qué uno sí y el otro no. En el ser humano existe la región del inconsciente, que tiene gran influencia. Pero acerquémonos al relato de Job, como la Biblia lo cuenta y como la tradición lo interpreta. Job es un hombre honesto y bueno, un ciudadano ejemplar podríamos decir, y no lo digo con tono jocoso. Se le describe como recto e íntegro, incluso piadoso, y su vida va bien. Tiene siete hijos y tres hijas, también siete mil ovejas y tres mil camellos; curioso que aquí el siete y el tres se repitan, en los millares. Tiene además quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas.
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/30/estudios-de-tora-21/
    Elaborado por David Saportas
    1 hr 43 min
  • EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 11 (Final del libro) - Néfesh zoméaj – crecimiento y cambio.
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 11 (Final del libro)
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-20/
    Undécimo Capítulo:
    Néfesh zoméaj – crecimiento y cambio. Ir y venir
    La comprobación de la luna nueva, por el Bet din
    El mundo está construido sobre jésed, gracia
    El crecimiento del trigo: pan y cuerpo
    Seorá, cebada
    “Cabello” en lugar de “puerta”
    El jardín de las manzanas sagradas
    El rostro de Dios – la cara del ser humano
    El Santo Anciano del principio
    La recolección del cereal
    Lag ba-ómer, el día 33
    El conteo en los sefirot
    Shimón bar Yojái
    Hemos hablado de rosh jódesh 200-1-300 8-4-300, de la luna nueva. He escogido algunos aspectos, entre otros, el encuentro entre David y Jonatán, que caracteriza los acontecimientos en rosh jódesh. Quisiera añadir algún aspecto diferente. La luna nueva no es solo una aparición astronómica, está en el cielo, porque existe en todas las condiciones. Podríamos precisarlo así: porque existe en la realidad eterna se expresa también en lo astronómico. Algunas veces encontramos relaciones entre lo astronómico y lo otro, en otras ocasiones, no. Personalmente estoy convencido de que, si se buscara e investigara en esta dirección, quedaríamos de tal forma subyugados por todas las relaciones existentes, que tendríamos que añadir: voy a dejarlo, porque lo que descubro no es otra cosa que la confirmación de lo que ya sabía o por lo menos, podría haber sabido, es decir, que el mundo, la creación, es un grandísimo milagro. Y que en todo tiempo habría que saltar y dar gritos de alegría. Si ya no prestamos atención a muchos fenómenos y toda clase de relaciones se nos escapan, no significa que no existan. Y si las encuentras a pesar de todo, dirás: “¡Qué gran hallazgo!” para añadir un poco después: “No, ningún hallazgo, más bien una evidencia, porque la creación es un milagro. ¡Naturalmente! ¿Por qué preocuparse tanto? Naturalmente que es así, tanto si lo veo como si no”.
    De la misma manera que el ser humano no se preocupa, o por lo menos no debiera de preocuparse, por el correcto funcionamiento de su cuerpo. No es necesario que diga: ¿Qué relación tienen todas las partes de mi cuerpo? Porque todo cuelga siempre de un hilo de seda. Sin embargo, está convencido de que está bien tal cual. Deja de ver el milagro y cree que es algo natural. Si pensamos así, ya no consideramos toda la naturaleza como un milagro, sino como algo muy corriente, muy natural, muy normal. La luna nueva como fenómeno astrológico expresa el principio del bien. Crecer es cambiar. Crecer en este mundo no significa que los árboles crezcan hasta el cielo, únicamente en la construcción de la torre de Babel se espera llegar tan alto. Crecer significa crecer, llegar a culminación, secarse y morir. Los dos lados van juntos. Nada aquí crece hasta el infinito. Hasta del universo se dice que se expande y se contrae, que se mueve por así decir, en una especie de inhalación y exhalación.
    La existencia aquí está sometida a las leyes del cambio. No corre en una sola dirección; sería tonto pensar así. La misma tontería sería decir: “Seguimos viviendo y tendremos 100, 200, 300 años y quién sabe si tal vez lleguemos hasta 1000”. ¿Y luego qué? Bueno, para entonces ya se habrá encontrado una salida, pero de momento, estemos tranquilos. Aunque se sepa muy bien que ese otro asunto vendrá después de los 1000 años. Sin que conozcamos por supuesto todo lo que pueda venir. Todo lo que está bajo la ley de la néfesh zoméaj se expande y se contrae. La néfesh es el alma que se muestra en la esfera biológica, el alma de aquello que se construye aquí, en esta visibilidad de aquí. Todos nosotros somos nefashim y nefashot (masculino y femenino). Hace tiempo se decía que una ciudad contaba tantas nefashim, tantas almas. Esa néfesh zoméaj se expresa en primer lugar en el principio del tercer día, cuando se crea el etz, el árbol. El árbol es una néfesh zoméaj, la primera. Porque la néfesh es la fuerza causante de todo aquello que aparece aquí, para que pueda desplegarse y luego contraerse.
    Ningún árbol se queda para siempre. Todos vienen y van, por sí mismos o por una fuerza exterior, como sea. Y aunque el árbol en sí puede parecer que tenga permanencia, las hojas y los frutos vienen y van. En el árbol vemos algo con anterioridad, inexistente en la creación. Todo lo demás queda, pero con la néfesh zoméaj comienzan los fenómenos que vienen y van. Y la propuesta que dice que viene para crecer, solo crecer, es la misma que si de algo que aparece en una dualidad, escogiésemos un lado únicamente. Y ese lado único lo aceptamos y el otro lo negamos. Preferimos ignorar que existe. Así podríamos decir, por ejemplo, que existe únicamente la predeterminación; todo está ya arreglado y la libre voluntad no existe. Vale, pero estás viendo un solo lado. ¿Pero cómo se relacionan los dos lados? No se relacionan. Quien pretenda determinar con lógica, cómo se relacionan la vida y la muerte, convierte el mundo en un objeto mecánico, en un autómata. Desaparece todo lo vivo en el ser humano, todo sentimiento y toda sorpresa inesperada, ese quehacer gratis, por razones totalmente inexplicables. Todo eso desaparece porque se va calculando. Lo que queda es un problema de aritmética.
    En nuestros tiempos se está siempre recogiendo todo en fórmulas, siguiendo el ejemplo de las ciencias naturales. Por ejemplo, en la fórmula de la gravitación, con la que quizá podría estar de acuerdo. No se me ha preguntado. Pero imaginémonos que se me preguntase, diría: “Sí, puedo aceptar la fórmula de la gravitación”, añadiendo “pero solo en parte”. Porque no es verdad que todo objeto que esté cayendo, deba seguir cayendo. Existen otras posibilidades; pero no las conocemos. No tenemos ni idea de ellas. Vemos una sola posibilidad. También se hacen fórmulas en otras áreas; yo mismo he tenido que cometer semejantes pecados. Porque a través de la estadística científica, puede recopilarse en fórmulas hasta el comportamiento psicológico del ser humano. Sé que los estudiantes de psicología se quejan siempre de las muchas estadísticas que deben estudiar, es decir, se quejan de la ciencia. ¿Qué tiene que ver con la psicología? ¡La psique, por supuesto! Se piden fórmulas, porque se buscan seguridades. También en las ciencias empresariales. Y siempre hay diferencias de opinión. “Hay ciencias empresariales y ciencias del espíritu, y estas no admiten fórmulas”. No sé si conocen los trabajos del profesor Huizinga.
    Son libros muy interesantes, quisiera recomendarlos para su lectura. Rechaza la idea de ver la historia como el recorrido de una ley, algo predeterminado, un ciclo. Opina contrariamente a Oswald Spengler, que propone en sus libros, que la historia es el transcurso de una determinada ley. O, como se hace de vez en cuando, se calcula el final de los días con ayuda de Daniel y Ezequiel. Si de verdad pudiera hacerse, no encontraríamos ningún sentido en nuestros quehaceres. Podríamos cometer equivocaciones sin más, porque la salvación no vendría hasta esta o aquella fecha. ¿Qué sentido tiene hacer el bien? Todos estos intentos vienen del hecho de querer ver un lado nada más de la néfesh zoméaj, olvidando que existe otro lado igualmente eficaz. ¿Les he contado ya que aquello que consideramos normal, es solo la mitad aproximadamente de los acontecimientos? La otra mitad no es normal. Pero no nos gusta oírlo y suprimimos toda mención, porque molesta a la imagen del mundo que nos hemos construido. El punto más importante es: ten consciencia de que la néfesh zoméaj viene de otro mundo. Porque ¿de dónde viene esta vida?
    De la semilla, ese milagro, que se expresa de cierta manera muy determinada y que recibe determinadas formas, colores, rayas y bordes, y con todo aquello que ya está encerrada en la semilla, crea finalmente esa planta específica. Pero si preguntamos por el origen de la vida –ese milagro que vemos aquí– debemos decir al mismo tiempo: observamos que regresa a algún lugar desconocido. Viene y se va. La misma ley de su venida, es la causa de su desaparición. En la astronomía, también es así en muchos aspectos. Lo que crece en primavera y florece en verano, se marchita en otoño y desaparece en invierno. También aquí notamos una especie de respiración. La néfesh zoméaj conoce el venir y también el regresar. La construcción de la torre de Babel –si puedo llamarla así– la haflagá 5-80-30-3-5, se construye y se derriba una y otra vez. Existe una lengua que viene del principio primordial, y existe una multitud de lenguas. La lengua Una contiene un milagro, pero ya no lo comprendemos. También el holandés, el inglés o el alemán contienen un milagro. Ya no lo comprendemos, pero en todo caso debemos saber, que estamos en presencia de un milagro.
    La néfesh zoméaj por tanto es algo que no solo crece, sino que también decrece para luego ausentarse. Viene del más allá y regresa allí. Aparece aquí, y su presencia debemos verla como un mensaje de otro mundo. ¡Fíjate en sus detalles! Todo lo que está aquí, también las cosas que llamamos muertas, rígidas, piedras, minerales– vienen de otro lado. No sabemos cómo, pero lentamente iremos comprendiendo. Vienen y van. Esa es la néfesh zoméaj. Se expresa también en las estaciones. También el sol, para nuestro ojo, parece como si fuese viniendo y desapareciendo. Podemos decir por supuesto, que la tierra gira alrededor del sol. Pero para nuestro ojo, para nuestras percepciones, parece que el sol sube y baja entre los solsticios. Y ese subir y bajar del sol, lleva vida en muchas formas y también la muerte en muchas formas, el frío, el regreso. ¿Por qué y cómo? Y allí donde el sol está siempre, en el trópico, también hay un ir y venir, de otra manera. También en la luna reconocemos a la néfesh zoméaj. Por ello, la luna nueva, el rosh jódesh, cuando la luna está oscura y desaparecida, es algo muy especial. Fíjate, decimos, la creación contiene una ley que se expresa en el ir y venir.
    Ante todo, aquello que es portador de la forma, viene y va. La sabiduría antigua dice que la luna determina la forma, acuña la forma. La luna es el lado femenino –no la mujer que conocemos aquí– es el lado femenino, es decir, aquello que es perceptible aquí. La luna marca lo femenino y aquello que llamamos “mujer”, en el sentido de que podemos decir que la mujer tiene cosas en común con la luna. También en el nivel orgánico existen relaciones. No se reflexiona mucho sobre eso, porque desdibuja la imagen científica del mundo que nos hemos forjado. Solo causaría confusión admitir que la luna tenga algo que pueda relacionarse con las formas. La luna muestra pues la néfesh zoméaj y por ello, la comprobación de que la luna nueva es especial: no se trata de que digamos, “bueno, astronómicamente, la fecha está fijada ya, puedo decirlo basándome en mi calendario. Lo sé ya de antemano, porque los meses judíos son meses lunares”. La tradición judía dice que la luna nueva no se determina así. Porque no puede darse luna nueva en al mundo, mientras que el Bet din, el tribunal, no la haya proclamado. Din es aquello que es del lado izquierdo. Como he escrito en mi libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo, en la creación existe un lado derecho y un lado izquierdo. Jésed 8-60-4 es el lado derecho y gevurá 3-2-6-200-5 o din 4-10-50, el lado izquierdo. Din es la ley natural. Ley natural en el sentido de que está creada por Dios. No una ley natural que viene de algún lugar, de donde sea, de la explosión inicial de hace millones o miles de millones de años. No. La ley natural es una creación. Toda creación en este mundo muestra una dualidad.
    Por un lado, tenemos la ley natural, y por el otro, la posibilidad de romper, traspasar la ley: Din y Jésed. Jésed, la gracia, es aquello que rompe la ley natural, también en el ser humano. Podemos decir que Dios debe conceder la gracia; cierto, pero también el ser humano debe concederla. Debe juzgar cada asunto con jésed, con misericordia y compasión, y con ello rompe la ley natural. Conocerán los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Si está escrito que debes caminar una milla y caminas una milla, se trata de la ley natural. Pero si andas dos millas, rompes la ley. Es decir, puedes hacer más de lo estrictamente demandado. Si tú le pides a alguien 10 Gulden y el otro te da 100, da más de lo estrictamente pedido. Ese “más”, es jésed. Por ello se dice que el mundo está construido sobre jésed. Olam jésed yibané. El mundo está construido sobre la compasión y la misericordia, sobre el hecho de que, una vez tras otra, la ley natural queda invalidada. Porque la ley natural ha sido creada, pero es el lado exterior, y tú lo traspasas porque sabes que lo esencial está dentro. Es el árbol que hace fruto; pero tú también conoces el árbol que es fruto y hace fruto, el árbol de la vida, que derriba toda pared. Eso es lo que se exige de ti. Ahora bien, el tribunal –no es ningún tribunal como lo conocemos hoy en día, es algo de otro mundo– demuestra que el Bet din, que las percepciones del ser humano son inexactas.
    Solo percibe trozos de la realidad. El trabajo del Bet din es mostrar que nuestras percepciones son imprecisas y vagas, por las razones que sean. No son ciertas, y no importa lo que haya detrás o debajo. Incluso esas impresiones son inciertas. El trabajo del Bet din consiste en mostrar otro factor determinante, otro motor que propulsa todo, de forma que quede claro que todo sucede de forma diferente, no solo por las causalidades exteriores. Nosotros solo vemos las causas externas: por esta causa ocurre eso, y por la otra, aquello, etc. El Bet din mostrará que también existen otras fuerzas. En los Países Bajos, por ejemplo, el Bet din era el rabinato. Ahora ya no es así. Por ejemplo, si comprabas un pan kosher, tenía una etiqueta que decía: Av Bet din, “Padre (principal) del Tribunal”. Porque del rabinato se espera –no sé si hoy en día sigue siendo así– que explique: la realidad no es la que estás viendo. Siempre hay algo que está detrás. Eso es lo que se espera del rabinato. Por tanto, este Bet din, no es un lugar donde se juzgue a alguien, para ver si ha robado o no. También puede suceder, por casualidad. Pero entonces habrá que intentar demostrar que las pruebas no son sólidas y que, de hecho, hay toda clase de causas detrás. Un ser humano no puede nunca conocer todo aquello que está detrás. Y solo así es posible que se actúe por la gracia.
    El Bet din, por tanto, tiene la obligación de determinar la luna nueva, no en el sentido de que su centro logístico esté calculando el momento exacto, y que por la radio se proclame ¡Luna nueva! No. La llegada de la luna nueva es algo relacionado con el ser humano, porque se trata de que descubramos una vez más: Lo que sucede en el ser humano, sucede también en el cielo, en el universo: es un mismo acontecimiento. Hay que reconocer la renovación del universo. Dos testigos que ni se han visto nunca ni se conocen, que proceden de diferentes lugares y que pueden testificar independientemente deben presentarse, lo que es casi imposible. Algo así solo se da, si el asunto tiene relación con el ser humano. En otros asuntos no es necesario que siempre sean dos testigos. Pero en casos que atañen al ser humano, siempre. Porque siempre están los dos lados, el uno y el otro, pezuñas hendidas, rumiante. Por eso siempre debe de haber dos testigos. Estos dos testigos vienen pues, y cada uno dice, independientemente del otro: he visto la luna nueva. ¿Dónde? Allí, detrás de esa colina, cerca de ese árbol la he visto. ¿Y qué había además?, etc. Así es el interrogatorio. Debe contarse con todo detalle. Y el otro testigo debe contarlo también. Se escucha a estos dos testigos para que se den cuenta de que la percepción es un asunto especialmente difícil.
    Podríamos objetar que todo el mundo puede ver la luna nueva. No se muestra delante de una sola persona solamente. Cierto. Todo el mundo puede verla, pero a aquel que viene como testigo, se le dice: fíjate, incluso eso es una tarea difícil. La visión de la luna nueva quiere mostrarte el grandísimo milagro de que en el universo sucede exactamente igual que en cada persona, y en cada persona igual que en el universo. Se trata de la renovación, del reconocimiento que un mundo nuevo, un tiempo nuevo está viniendo. No digan, sí, el año próximo. En cada momento, esa renovación extraordinaria, que está presente en cada forma, puede suceder. Porque sabemos que la luna nueva se refiere al ser humano. Puede suceder en un momento, y en otra persona, en otro. Por así decir, durante todo el mes es posible que sea luna nueva. Siempre puede presentarse ese momento del desgarrón, del nacimiento de un mundo nuevo. De ese reconocimiento trata todo, y para eso están los dos testigos. Lo que se ve en el firmamento no es más que la posibilidad de que siempre está al alcance: El reconocimiento del principio de la luna nueva. Sé que existe, sé que existe la néfesh zoméaj. Algo ha desaparecido, y también esto desaparecerá, pero un mundo nuevo ha llegado y quién sabe, quizás esta renovación, esta luna nueva, sea el final de toda circulación normal.
    Como lo he dicho ya, en luna nueva se leen los versículos de aquel tiempo en que la luna es como la luz del sol, y el sol como la luz de los siete días de creación. Entonces, el mundo nuevo habrá llegado. Por eso, lo nuevo está presente siempre. En cada flor que vuelve a sacar su cabecita de la tierra, en cada animal que nace y en cada ser humano, es el mismo principio. ¡Quién sabe, si no se producirá el milagro de la grandiosa renovación! Porque cada cosa nueva es un mensaje de otro lugar. La néfesh ha entrado en ella. En la planta la néfesh zoméaj, en los animales la néfesh jayá, el alma corporal, y en el ser humano también está néfesh jayá. Eso es lo que la luna nos dice. La néfesh zoméaj se ve en los árboles así: se dice: ¡Cuántos árboles habrá! Hay tantos robles, hayas, tilos etc., pero en medio están esos dos árboles, el árbol del conocimiento y el árbol de la vida. La tradición dice: los dos están en el centro del jardín. “En el centro” significa realmente, que se trate de un solo y único árbol. Solo depende de tu punto de vista. Si ves aquello que crece, el árbol del conocimiento, hay muerte. Si ves el árbol de la vida, hay vida. No hay dos árboles. Cierto, para nosotros existe la muerte y la vida, pero en definitiva es únicamente la néfesh zoméaj lo que vemos.
    Y esa néfesh zoméaj se expresa en siete variaciones. El árbol del conocimiento y el árbol de la vida se expresan, en realidad, en las siete maneras de crecimiento. La primera manera de crecimiento es el trigo, jitá 8-9-5. Así se expresa en primer término. Lo conocemos también en aquello que llamamos pan. Es por ello que el pan es tan importante, es la primera muestra del crecimiento aquí. No hay crecimiento anterior al pan. En ello está el valor del pan. Hoy en día ya no sabemos qué es el pan en realidad. El inteligente escoge el pan integral porque es tan sano, y que no tenga abono químico y qué sé yo. Es decir, debe ser pan sano. Pero es una idea pagana. No se trata de si el pan es sano o no, se trata del milagro del pan. Si no se considera así, el pan se convierte en algo extraordinariamente soso y lo único importante es aquello que se pone encima. Pero justamente el pan es el gran milagro. Y justamente en Pascua se produce el milagro del pan. La elección del pan es importante: Jametz 8-40-90 el pan inflado, el árbol del conocimiento, o Matzá 40-90-5, el pan ázimo, ¿el árbol de la vida? Eso o aquello, de nuevo estamos ante la elección. El pan es el cuerpo. Supongo que conocerán el principio de la última cena. Allí también se dice algo sobre el pan.
    Muchas teorías se han construido sobre esa cena. Y como es natural, hay opiniones y teorías en contra. No quiero intervenir en el debate. El pan habla del milagro, que Dios mismo deja que crezca. Dios mismo hace el mundo y Dios mismo acompaña ese crecimiento y la ulterior desaparición. No se trata de una fuerza separada de Dios, que puede hacer lo que quiera. No es así. Dios mismo va con la néfesh zoméaj. Ella tiene su origen en Dios y el secreto del crecimiento y de la ulterior desaparición sucede dentro de Él –y puesto que es el creador, a través de Él–. Por eso el pan es tan extraordinariamente importante. Tirar un trozo de pan es un pecado y si lo haces puedes atraer una desgracia. Pobreza, se dice. Estamos ante una muy antigua creencia, porque en el pan hay mucho más. Todo aquello que aparece como néfesh zoméaj o néfesh jayá, viene y va con un secreto. También un corderito que se coloca en la carnicería, tan limpio y tan blanco, que se puede olvidar que se trata de carne. Para nosotros, es una cuestión de color, de sabor y de vitaminas. Alguna vez he leído que en EEUU hay carnicerías que son tan higiénicas que están decoradas con bellos sofás. A toda costa hay que evitar todo lo que recuerde la sangre y la muerte. Si se ven bellos sofás y muebles, la carne parece otra cosa. Se olvida, como no, que proviene de un animal muerto. Pero realmente, alguna vez ha estado vivo, un corderito, un cerdito, todo viene de alguna parte. Los peces por supuesto también. Ese es el milagro. No puedes apartarlo de tu vida con un empujón.
    La primera modalidad de crecimiento, la primera expresión de que la néfesh llegue a la tierra, es jitá, el trigo. Es por este motivo que jitá constituye la primera confrontación con el ser humano, que está ante la vida y dice: “Ahora, la vida está. ¿Árbol del conocimiento o árbol de la vida?” De nuevo estamos ante esta elección. No en un momento festivo en la iglesia o sinagoga o durante una lectura. No. Una vez más ¿Qué lado escoger? ¿A dónde va el viaje? Cada vez de nuevo. Siempre de nuevo viene la elección, y también se va, hasta que finalmente la luna nueva será como el sol y permanecerá. El Bet din en cada luna nueva –también el Bet din dentro de ti– espera que tus propios testigos puedan contar: venimos con el mensaje de que la renovación ha sucedido de verdad. Solo con ese fin son escuchados. De otro modo, el interrogatorio no tendría sentido. Quién sabe, quizás a través de las muchas preguntas penetra el conocimiento, que se trate de algo esencial, extraordinariamente importante. Quizás podamos reconocer que ahora de verdad viene lo nuevo, que desgarra el tejido en este mismo instante. Quién sabe, quizás viene de verdad solo si quieres que suceda. Cada momento está delante y se podría interrumpir. La historia en el Nuevo Testamento deja entrever que lo nuevo al final es traicionado; hace este camino de la desaparición y del regreso, para estar aquí de nuevo, siempre de nuevo. No es algo que haya sucedido alguna vez hace mucho tiempo. Es algo que está siempre.
    Siempre de nuevo está delante. Eso es jitá, trigo, la primera modalidad de crecimiento. La segunda modalidad de crecimiento es seorá 300-70-6-200-5, cebada. Es el lado izquierdo, comparado con el trigo que está a la derecha. Con la cebada se puede producir cerveza, pan de cebada etc. Pero ¿qué es la cebada? La palabra hebrea seorá tiene una terminación femenina y contiene la palabra sear 300-70-200, “cabello” y sháar 300-70-200, “puerta”. Y la cebada del lado izquierdo, expresa de hecho lo mismo que “cabello” y “puerta”. ¿Cuál es la relación? El cabello del ser humano está ocupando el lugar donde debiera estar la luz, es decir, la puerta que da acceso a la luz. La luz que le permite ver a través de todos los tiempos y todos los lugares. Esta luz desaparece en la confrontación con la muerte, con el árbol del conocimiento. A partir de ese instante, el cabello es la consecuencia de la pérdida de ese ojo y de la vida eterna. Por el mismo motivo tenemos cabello también allí, donde la creación es utilizada para un solo fin, sin considerar que es un camino de regreso a Dios. El cabello también es usado para fines mágicos, como saben. La parte pagana del ser humano dice: “¡Qué interesante conocer el poder del cabello! Puedo hacer algo, magia, por ejemplo, puedo llegar a algo. Puedo ver ciertas cosas.
    Si estoy mirando a alguien, veo una luz alrededor de su cabeza, violeta, amarilla y roja. No voy a mirar los posos del café, veo esa luz, y puedo decir todo de él”. Puede ser que para ejercer la magia no haya que ser tonto, necesariamente. Pero es peligrosa, porque utiliza una técnica. El ser humano no lo hace diciendo: “¡Es un milagro! Pero yo estoy en el camino del regreso. Veo a todos los milagros alrededor, y todos me van a acompañar en mi camino de regreso a Dios”. No. Todo queda pegado a su persona. Eso es sear, el cabello y es sháar, puerta, cuando todo está en orden, cuando aún se tiene la conexión entre esta vida de aquí y la otra. La puerta entonces está abierta. Pero si hay “cabello” está cerrada. Y se produce una acumulación de toda clase de seres alrededor de esta puerta, y eso es “cabello”. Tiene que ver con la puerta. Seorá, el lado izquierdo, también tiene que ver con ella. La palabra hebrea contiene las letras 300-70-200, como sear y sháar. Es el número del cual se dice: allí comienza el 58 del salvador. El final de los días, el final del mundo está caracterizado por el principio jen 8-50 gracia, encanto, compasión, benevolencia. La seorá es también la entrada, la puerta. En el relato de Ruth, paralelamente a la cosecha del trigo, hay también la de la cebada. Cuando las dos cosechas se recogen, estamos ante la puerta del 58.
    Por otra parte, la seorá es peligrosa, porque también es sear. Es el tiempo en que la seducción despliega su poderío, cuando los poderes de la técnica, esa magia, están en su punto culminante. También eso sucede en la frontera, en el 57. Por ello, la palabra misbéaj 40-7-2-8, altar, tiene el valor de 57. Es el lugar donde lo quemado se hace visible, son las cuatro esquinas donde verter la sangre. Es el punto decisivo, también en el universo, en el sentido astronómico. La astronomía bíblica dice que ahora estamos en el año 5728 (año 1968 de la era cristiana). Estamos en el siglo bíblico 58. El año 5700 es también importante en sentido astronómico. A mí personalmente no me gusta la astronomía, pero es importante a pesar de ello. En la astronomía bíblica, era el comienzo de la segunda guerra mundial (1940). Fuerzas importantes se desencadenaron. Comenzó una revolución poderosa en el mundo. Y sucedió algo muy particular, diferente de lo esperado. El año bíblico 5700, principio del siglo bíblico 58, ocurrió, por así decir, un golpe de efecto atronador. En muchos libros antiguos, se señala la importancia del paso del 57 al 58. El punto 57 es el momento en el que los poderes del lado izquierdo de seorá y de sear surgen con impetuosidad. El choque entre las fuerzas buenas y las peligrosas es particularmente violento y la diferencia entre las dos es claramente visible.
    No es que pueda decirse: bueno, esa otra fuerza es también buena, hasta cierto punto. Hoy en día, a eso se le llama “el pensamiento matizado”. Pero no. No es tan matizado. Es el uno o el otro, no es ninguna mezcla. Esta claridad no gusta, pero en este punto se toma la decisión. Lo importante aquí son las cuatro esquinas del altar, cuando se ofrece el sacrificio. La tercera modalidad de crecimiento es guéfen 3-80-50, la vid. El ser humano crece como jitá, es el principio de su presencia aquí. Crece como seorá, el lado izquierdo del principio. Pero también crece como el guéfen, y así existen siete maneras de crecimiento en el ser humano. Y todas las modalidades son ese único árbol; se divide realmente en siete rostros, pero es siempre el mismo árbol. ¿Estás viendo lo uno o lo otro? La cuarta modalidad de crecimiento es teená 400-1-50-5, la higuera. La quinta modalidad es rimón 200-40-6-50, el granado; la sexta modalidad es sáyit 7-10-400, el olivo. De la historia de la oliva he contado ya muchas cosas. La séptima modalidad de crecimiento es tamar 400-40-200, la palmera, las hojas de la palmera. Se dice que todas estas siete modalidades provienen de un único árbol. Y si se pregunta ¿Qué árbol es? ¿Quizás un manzano? Porque siguiendo todas las imágenes que conocemos, Eva se comió una manzana. Sí. Esa manzana tiene algo muy particular.
    A nuestra tierra, en la tradición, se la llama jelkat tapujín, el campo de las manzanas, el jardín de los manzanos. En realidad, se trata de una palabra aramea. Tapúaj es manzana, pero con la manzana ocurre igual que con la luna, algo está detrás. En la tradición, ese jelkat tapujín es una de las tres facetas de Dios. La segunda es Seer Anpín 7-70-10-200 1-50-80-10-50, estas palabras son intraducibles, aunque se dice que significan “El del rostro extendido”, pero obviamente, traducirlo así es destruirlo. La tercera faceta es Atiká kadishá 70-400-10-100-5 100-4-10-300-5, el Santo Anciano del Principio, atiká es “anciano” en arameo. Traducirlo así es convertirlo en algo sin sentido, porque es simplemente incomprensible. La palabra atiká en conexión con Atiká kadishá ha entrado también en el hebreo, quizás de forma inconsciente. Todo lo viejo y rodeado de un aliento de santidad, es llamado atiká. De la misma forma que la ciudad vieja de Jerusalén no se llama ir yeshaná, más bien ir atiká. La palabra normal usada para viejo es yashán, yeshaná. Son pues los tres atributos de la Divinidad, podríamos decir. De verdad es difícil traducirlos. Jelkat tapujín es pues el campo de las manzanas. (En arameo, el plural no se escribe con la letra mem, sino con nun, por ello tapujín y anpín. Tapúaj es aquello que crece, la manzana.
    De ahí que la manzana de Eva no está del todo equivocada, porque se trata del principio del crecimiento. Quizás haya comido un higo, porque de la higuera cogieron la hoja para taparse, o una granada, o un trozo de pan. ¿Por qué pues esa manzana? Porque la manzana representa el principio de toda fruta que aparece aquí, que sigue existiendo en el otro mundo. Todo aquello que crece aquí, crece por el hecho de que en el jardín de arriba exista ese jelkat tapujín, ese jardín de las manzanas. Quizás todos esos orbes (manzanas) de oro y piedras preciosas de los reyes, tengan que ver con ello. No lo sé, son suposiciones. Naturalmente que he leído sobre el tema, pero no significa que sea cierto. Sí es cierto que en la manzana desde la antigüedad está atado el recuerdo, de ese jelkat tapujín. En la mitología, es el principio del crecimiento. Ese jelkat tapujín, si podemos expresarnos así, es el jardín sagrado de las manzanas. De allí sale todo crecimiento en la tierra. De ese jardín se cuenta que allí transcurre todo. Es el auténtico Jardín de Edén. De allí que la manzana de Eva sea plausible. El conocimiento de que se trate de una manzana, podría tener su origen en relatos muy antiguos que se hayan cristalizado en la tradición. Veamos también los demás nombres.
    El primero, el Seer anpín, una palabra aramea, significa “rostro”. Es una noción de mucho uso en el yiddish antiguo jasídico, que sigue vivo. Seer anpín es “el rostro extendido”. Es el rostro de Dios que acompaña siempre a la creación, que concede duración. La duración es extensión en tiempo y espacio. Significa que su rostro está presente en todo lugar, en todo aquello que llamamos infinito. Siempre está Él. Sea donde sea, está El. Por ello se dice que el rostro humano alargado demuestra que está emparentado con Dios. Vemos también caras que son más bien redondas, pero el principio del rostro humano, del cual habla muy directamente la imagen de Dios, es alargado. Con lo cual, si puedo pronunciarme así, el ser humano lleva la marca de relación con cosas fuera de los redondeados, de los círculos de su presencia corporal. El Seer anpín se entiende también como un Dios que comprende todo, que es misericordioso y que perdona. Porque está en todo lugar. Y luego ese Atiká kadishá. Por supuesto solo puedo resumir, porque podría hablarse durante días enteros sobre el tema. Pero no es nuestra tarea y sería demasiado difícil porque aún estamos en los comienzos. Atiká kadishá es El Santo Anciano de los tiempos primordiales.
    La palabra “santo” contiene el principio de “sano”, “entero”; y al mismo tiempo “estar separado”, como único ser frente a los demás. Es el Dios que está desde el principio y que desde los comienzos primordiales contiene todo dentro de Sí, y que, a pesar de todo, está solo. Es una correlación que no conocemos. O se está solo, o se tiene todo. Pero lo extraño es que está solo y que tiene todo. Atiká kadishá es el Santo Anciano del principio primordial, donde todo está presente. Todo aquello que está presente en la creación, está presente allí. Y a pesar de ello, Dios está solo, separado. Estos son los tres principios esenciales, los tres atributos de la Divinidad, como están expresados en el libro de Daniel y quizás en otros lugares de posterior escritura. Estos tres principios insinúan un secreto, una comunicación, de cómo puede imaginarse la Divinidad, expresado en un lenguaje humano y pensado en nociones humanas. Estar siempre presente; estar solo y tenerlo todo dentro de Sí; ser el principio de todas las manifestaciones aquí; ser el principio de todo aquello que viene aquí y que crece aquí. Tenemos el jelkat tapujín, el jardín de los manzanos, que contiene esos siete frutos, esas siete modalidades de crecimiento. Los siete están, pero provienen de un único árbol, se trata del principio del crecimiento. Es un principio conocido.
    Si leemos los relatos de la Odisea, leemos que la cama de Ulises tenía una especie de columna, con la forma del tronco de un olivo. La copa del árbol había sido cortada y alrededor, por así decir, se había construido la cama, alrededor del olivo. Y no es porque no conocieran ninguna otra manera. No, aquí se trata de la comunicación, que el olivo, aquello que es importante en el sexto día, juega un papel decisivo: la decisión de aceptar lo amargo, pero con la amargura, la esperanza de lo otro. El olivo pues, como centro de una cama. Así otra vez se encontrarán con esas modalidades de crecimiento, y espero que no piensen que solo se trate de palabras, y a ese árbol, mejor olvidarlo. No. Una vez más debemos intentar ver el milagro que está detrás de todo lo que vivimos, día a día. La oliva contiene un milagro muy grande. Hoy en día se compran en latas provenientes de diferentes países: si vienen de Israel, pensamos que es algo muy especial, igual que el vino que procede de ahí. Ese es el milagro, que algo que esté en la esencia y por tanto está siempre presente, aparezca aquí y que todo lo de aquí, esté conectado con el milagro. Nada está separado. Por esta razón, estas siete modalidades del crecimiento son tan importantes, porque siempre nos señalan que así viene y así va todo, en las siete modalidades. Siempre podemos verlas a nuestro alrededor, y toda la naturaleza está comprendida en ellas.
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-20/
    Elaborado por David Saportas
    55 min
  • EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 10 - Las fases de la luna
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 10
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-19/
    Décimo Capítulo:
    Las fases de la luna
    El juego entre la luz y la oscuridad
    Luna nueva: la alianza entre David y Yeh’natán
    Samuel y Saúl
    Compasión de Saúl con Amalek
    Yehudá y Tamar
    La historia del Talmid jakham y del am ha-árez
    La reunión del Sol y de la Luna
    El secreto de los 70
    El salvador del lado de Yosef y el salvador del lado de David
    El miedo ante el mundo mantiene en vida al mundo
    Yom Kipur katán
    Hablemos ahora de uno de los principios más importantes del calendario, es decir, de cómo calcular los meses. He mencionado ya algunos detalles, cuando hablé del mes decimosegundo y decimotercero. Lo conocen ya, saben también el porqué de un mes decimotercero. Quiero contar ahora algo sobre algunos aspectos diferentes. Para conectar con el tema, comencemos con el concepto jódesh 8-4-300, es decir, con la luna en sí. En su ciclo, la luna vuelve siempre al origen. La luna nueva crece, se llena y decrece. Se repite varias veces en el ciclo del año, pero siempre sigue. Se podría hablar de infinidad de ciclos. Su ir y venir, en todo caso, parece no haber comenzado nunca −o quizás ni siquiera había universo entonces− y tampoco parece que se encamine hacia un fin. Parece ser idéntico a todo aquello que se manifiesta en la naturaleza de todas las formas posibles. La vida viene y va. Vuelve en unas formas casi idénticas, pero no es la misma realidad. Cuando una flor nueva nace de la precedente, es casi idéntica, pero no del todo. Y a pesar de todo, una rosa sigue siendo una rosa y una margarita, margarita. Y si vienen de la misma especie, permanecerán prácticamente iguales.
    Lo mismo sucede con el ser humano, hasta donde podamos ver e investigar. Hoy en día se habla mucho de transmisiones hereditarias. Se conocen bastantes datos y se sabe que las cualidades vuelven, igual que han estado en la semilla, en lo anterior. En la luna vemos la expresión del mismo principio. Sabemos que las fases de la luna muestran un concierto entre el sol, la tierra y la luna, que producen sombras, etc. Mediante ese concierto, la luna se nos aparece así, pero sabemos que la luna permanece redonda, es decir, que el globo entero está siempre. Lo que da luz es solo una parte, algunas veces es mayor y otras, menor, depende de las fases. Haciendo abstracción, la vida real, no la percibimos así, solo vemos lo que aparece. De la luna podría decirse: solo está en parte, lo demás es inexistente; olvidado, desaparecido, absorbido. Pero hoy sabemos más: el globo lunar está siempre entero, aunque veamos una parte nada más. En la vida, sin embargo, no vemos la totalidad de la vida, no vemos el lado oculto. También de la vida decimos que viene y va. Pero no conocemos su totalidad. De la luna decimos que la parte luminosa decrece y la parte oscura crece, hasta que en cierto momento todo esté en oscuridad y del otro lado, ese pequeño trozo de luz nace de nuevo.
    Significa que la luna en lo visible, en lo astronómico, tiene cierta relación con nosotros. Pero en lo astronómico, es decir en lo material, todo es solo el lado exterior, es solo lo visible. Les he dicho ya que no debemos ver solo lo exterior, lo material, sino que debemos ser conscientes de que muchos otros aspectos están involucrados. Hemos hablado del hecho de que la luna puede hablar y que se rebela contra el sol, contra Dios. Hemos hablado también de los zevaot, 90-2-1-6-400, de las huestes celestiales. No se trata pues de un recorrido con una mecánica muerta que muestra siempre el mismo dibujo, se trata de algo vivo. La luz que da la luna, viene del sol. La vida aquí se hace visible, y luego desaparece. La explicación es que se trata de una desaparición de la luz; la vida en si no cambia, a lo largo del tiempo. El globo de la luna queda igual, pero solo vemos el trocito visible, ignorando todo lo demás. Así aparece la vida aquí. Porque la vida aquí, la vida exterior, la determina la luna. ¡No la luna astronómica!
    Nunca deberíamos pensar así, aunque conozcamos muchas relaciones, correlaciones entre los sucesos de la luna y los sucesos en la tierra. Sabemos –lo he explicado con detalle en mi libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo– que el lado izquierdo de la creación es determinado por lo femenino, y que existe una relación estrecha entre lo femenino y la luna. Lo femenino es, como saben, lo exterior, aquello que vemos y que muestra ese crecimiento hasta la plenitud y el decaimiento hasta la oscuridad. Como la luna. La primera luna se llama Nisán, la segunda Iyar. Es la misma luna, aunque no del todo. Porque muchos fenómenos en el universo han cambiado. Y esos cambios en el universo determinan que la luna no vuelva exactamente en las mismas circunstancias. Espero que con estas pinceladas desde la astronomía puedan comprender lo que quiero contarles ahora. Resumiendo: la luna, como la vida, aparece aquí y muestra sus fases de crecimiento. Es el principio del árbol del conocimiento, del árbol que hace fruto. Es el desarrollo. Nunca podemos hablar de la vuelta de una situación idéntica, aunque haya algo que parezca inalterado.
    Fijarse solo en la parte que recibe la luz es un engaño, porque la parte oscura sigue existiendo, aunque sea invisible, y el conjunto es el mismo. La luna no ha desaparecido, solo la parte visible es mayor o menor. La forma, lo exterior –cuando digo “forma” no me refiero únicamente a la forma como la conocemos hoy en día, más bien, me refiero a todo aquello que se muestra aquí en tiempo y espacio– digo pues que la forma está sujeta a la misma ley. Es la parte de un conjunto, y el conjunto está siempre. Se trata de un juego, podríamos decir, entre or, luz y jóshekh, oscuridad. Existe un relato de la luna que muestra su papel determinante. Es el relato de David y Yeh’natán 10-5-6-50-400-50 que conocemos del libro de Samuel. Hasta hoy existe la costumbre de leer ese relato de David y Jonatán el shabat anterior, cuando la luna nueva cae en domingo, es decir, en un primer día de la semana. Cuando lo escuchen espero que puedan comprender lo que la luna significa en este mundo. El relato cuenta que, en cierto momento, David tiene miedo de Saúl.
    No se atreve a estar en presencia de Saúl que aún actúa como rey, mientras que David ya es rey. Sabrán que, en cierto momento, los dos son reyes al mismo tiempo. A Saúl se le quita el reinado, pero él sigue, podríamos decir. David es ungido rey por Samuel, pero no puede actuar como tal. Es rey, pero de hecho debe huir constantemente de Saúl y de muchas otras cosas. Saúl sabe que su reinado ha terminado, pero en la práctica no quiere aceptar esta verdad. El relato cuenta ahora que David tiene una conversación con Jonatán, hijo de Saúl, y le dice: “Tengo miedo de tu padre Saúl, el rey. ¿No podrías enterarte de lo que piensa de mí?” Jonatán se reúne con su padre, justo en el momento de luna nueva. Saúl le pregunta: “¿Dónde está David? Debiera estar sentado aquí en mi mesa, en la mesa del rey”. Comprenderán que no significa únicamente que pueda comer allí. Significa que el mundo tal cual es, es esa seudá 60-70-6-4-5, ese banquete. Y en ese banquete que tiene a Saúl como su comensal principal, donde él tiene el mando, David debería estar presente. Pero no está. Saúl piensa que acudirá el día siguiente, el segundo día de luna nueva. Pero tampoco viene.
    Y entonces surge la conversación entre Saúl y Jonatán, en la que Saúl le reprocha a Jonatán que esté protegiendo a David, pretendiendo no saber dónde está. Como consecuencia, Jonatán se levanta de la mesa y huye, y llega a David que está en el campo, como se cuenta. Sigue el relato con las tres flechas que lanza y de la alianza contraída entre David y Jonatán, también para el futuro. Por siempre serán una unidad. Pueden considerar el conjunto como un relato que, de por sí, es muy dramático. He dado un breve resumen, nada más, pero pueden leerlo en el libro de Samuel. Lo que debe llamar nuestra atención es lo siguiente: aquí se cuenta la historia desde la perspectiva del ser humano, del lado en que la luna nueva importa. Esta luna nueva juega un papel importante. La comida del rey es una comida de luna nueva. Justamente en luna nueva estalla el conflicto, y también la alianza entre David y Jonatán. Voy a contarles algo de esos dos lados, porque seguramente percibirán que se trata de un juego entre el sol y la luna. No en el sentido astronómico, sino en el sentido auténtico. Es el juego entre lo masculino y lo femenino, entre el lado derecho y el izquierdo, de hecho, es un juego entre el bien y el mal.
    Allí donde todos están sentados juntos y David falta, por así decir, es luna nueva. El sol falta, no está. El lugar del sol está vacío, solo hay una sombra. Quiero contarles algo sobre el principio de David-Yeh’natán, y quizás podamos llegar a comprender lo que es la “luna nueva”. Comencemos con Shaúl 300-1-6-30, Saúl. Saúl es el primer rey; antes no había ninguno. Saúl es ungido rey por Shemuel 300-40-6-1-30, Samuel. Habrán visto que los nombres Saúl y Samuel contienen las mismas letras, con excepción de una sola. Existe pues cierta relación entre el principio de Saúl y de Samuel, cuyo nombre significa: “Su nombre es Dios’’. Recordarán cómo viene al mundo Samuel: Janá no tiene hijos y Peniná, la otra mujer, tiene muchos. Como siempre, para la esencia es difícil aparecer en este mundo. Todas las matriarcas tienen dificultades para dar a luz, con excepción de Lea. Raquel lo tiene difícil, y también Rebeca y Sara. He hablado ya de la relación entre las palabras akar 70-100-20 estéril e ikar 70-100-200, asunto principal. Lo esencial, lo determinante, lo decisivo, llama a grandísimas fuerzas mundanas en contra, de tal manera que parece un milagro que pueda traspasar la barrera. También se cuenta que existe la misma oposición para la llegada de la salvación.
    La tierra, el mundo, se resiste a que llegue. Si a pesar de todo llega, es un milagro, y el mundo no puede creerlo, de la misma forma que Abraham y Sara no pueden creer que semejante cosa pueda ocurrir. Allí con Sara, es la primera vez que aparece el principio akará 70-100-200-5 esterilidad, y se cuenta que ellos mismos dicen que “sería de verdad grandioso si pudiera llegar esa novedad, ese otro mundo sorprendente. Pero es imposible. Todo el mundo ve que es un camino imposible”. Es la historia de Abraham que señala a una estrella. No significa que haya calculado un horóscopo, más bien que señala el recorrido del mundo a través de los tiempos. Las estrellas son otot 1-400-6-400 u-moadim 6-40-6-70-4-10-40, señales y tiempos de encuentro, y dicen: el mundo ha sido creado así, su desarrollo es de tal forma que es del todo imposible. La salvación es algo bonito, de lo que se puede hablar bien, pero todo señala a la dirección contraria. Así se cuentan muchos relatos en la tradición, que dicen cómo será el mundo cuando finalmente la salvación llegue, en el “último día”. Todo será de forma que tenga que decirse: “Justamente ahora es imposible que llegue.
    Porque por doquier hay hambruna y, al mismo tiempo, grandes riquezas. La maldad está venciendo. La Torá quedó en el olvido, nadie la conoce ya. Aquellos que deberían enseñar son necios y los que deberían escuchar, tontos”. Todas las evidencias señalan que es imposible e impensable. Las circunstancias muestran otro camino, el del hundimiento. Imposible que venga la salvación. También Abraham se lo dice a Dios: “Quiero creer que pueda venir y estoy convencido que vendrá, pero no aquí y no así, todo va en dirección contraria”. Así es para todo lo esencial en el mundo. No hay ninguna posibilidad. Es desbaratada de inmediato. El mundo mismo no permite que llegue. Porque sabe que es la parte contraria; si crece, la parte de aquí disminuirá. Significa: si llega la salvación, aquello que está, deberá desaparecer, dejar de existir. Y este conocimiento tiene algo deprimente, fatiga como el sueño o la gravitación: “¡Déjalo!” Y ciertamente, en el tiempo de la salvación la fatiga es tal, que debe llegar como un ladrón por la noche. Todo duerme, por así decir. Nadie tiene ya ni la menor idea de cuándo podría venir. Y, además, es imposible que venga, está demasiado lejos.
    Esta situación no es válida únicamente para la salvación, lo saben ustedes. Ya es válida en todos los niveles, por doquier. Cada cosa en el mundo que tenga algún significado, es crucificada de inmediato. Es la ley de la creación. Es una especie de situación que nos hace decir: “Es imposible que llegue. De una manera curiosa e inimaginable, se ignora. Otras fuerzas están involucradas, es incomprensible”. Esta es la situación siempre antes de la llegada de algo esencial, justamente, porque es esencial. Todo lo demás, va por sí mismo. Allí hay siempre resultados, va a las mil maravillas. Peniná, la otra mujer, tiene muchos hijos; pero con Janá todo es difícil. Este es el preludio a la llegada del rey, podríamos decir, porque Samuel, que finalmente nace como hijo de Janá, ungirá a dos reyes. Tanto a Saúl que viene del lado de José, es decir de Benjamín, como también a David, que viene del lado de Judá. Los dos son coronados por él. Ungir es coronar. Se hace con ese muy especial shémen ha-mishjá, el aceite de la unción (Éxodo 29,7). En esta expresión distinguirán mashíaj 40-300-10-8, ungido, el Mesías. Ese aceite de la unción es un aceite especial que, en muy determinada manera, se mezcla con algo diferente. El rey es ungido una sola vez.
    La coronación por tanto no es algo que pertenece a este mundo, muy al contrario, sucede desde otro mundo. Significa ser ungido desde un mundo del que se dice que ese aceite de la unción no es algo que puedas componer tú aquí –ni debes, está escrito más adelante– ni puedes ni debes usarlo. Samuel es pues aquel que unge por primera vez al rey, a los dos lados del rey. El lado de José, Saúl y el lado de Judá, David. En el nombre de Janá 8-50-5 descubrimos la fórmula 50-8 = 58 y ese 58, como he descrito en mi libro La Biblia, Divino Proyecto del Mundo, es siempre el principio del “final de los días”, porque entonces, lo imposible sucede de verdad. Janá no puede concebir este hijo, que ungirá a los dos reyes. El hijo no puede llegar, el mundo ofrece resistencia. Este es el preludio. Y justamente por el encuentro de Janá con Elí el sacerdote –que no podemos discutir ahora porque nos desviaría del tema– Samuel viene a pesar de todo. Samuel: “Dios ha escuchado”. Samuel unge en primer lugar a Saúl. Con Saúl viene aquello que antes solo estaba en el cielo. De ahí la protesta de Samuel: “¿Debéis tenerlo irremediablemente aquí? Dios en el cielo es rey”.
    El mélekh el rey, hasta ahora estaba únicamente en el cielo. En este mundo no. Y entonces el ser humano exige que sea visible también en esta tierra, que ese principio sea expresado en los reyes de la tierra. Porque en el rey hay algo del reinado de Dios, también en este mundo y en el rey de aquí. Tenemos una idea muy equivocada de Saúl, del primer rey. Ha surgido por toda clase de interpretaciones del relato. Si reflexionamos, debemos preguntarnos: “¿Qué es lo que ha hecho mal?” Ciertamente, más adelante se vuelve obstinado y podríamos decir que tiene razones que justifican su actitud. ¿Qué ha hecho mal? Una vez actuó algo equivocado. En la guerra contra Amalek no ha seguido todas las instrucciones hasta la última letra, y ha omitido matar a Agag, rey de Amalek. Pero Agag suplicaba por su vida, prometiendo que cambiaría todo y que llevaría una vida diferente. Tiene compasión de él y le deja con vida. Ese es su único crimen. Y también deja vivir a las mejores piezas del ganado, del cuerpo, no para su propio provecho, sino para llevarlas como sacrificio a Dios. A pesar de que se le haya dicho que todo debe ser exterminado. “Extermina todo aquello que es de Amalek”. Pero Saúl dice: “No, hay cosas tan buenas y tan bellas, que podemos consagrarlas a Dios”.
    Es decir, finalmente solo ha incumplido una parte del encargo que tenía. Eso es todo. Pero forma parte de aquellos de los que se dice: ¡Pobre! Otros pueden pecar mucho. David por ejemplo hace alguna cosa gorda de vez en cuando, y comete un pecado aquí y otro allá, y no puede decirse que sean cosas sin importancia. No del todo terribles, pero ciertamente llamativas. Otros, sin embargo, como Saúl, una sola vez ha desobedecido –en su caso no hay historias como la de Bat Sheva e Uriá– e inmediatamente el reinado se le retira. Y no de forma delicada, como se ve. No es una equivocación retirar el reinado a alguien como él. Vemos lo mismo en el principio “Adán”, el ser humano. Ha comido del árbol del conocimiento, su mujer le dio el fruto y comió. Pero veamos: ¡Dios le dio el cuerpo! Es el cuerpo, la percepción, la visión del mundo que le da ese fruto. Y lo toma. Es algo que cree que está permitido, aunque por otra parte sabe que no está permitido. Pero su comportamiento es decisivo. Tan decisivo que hasta hoy decimos: “¡Si no lo hubiera hecho!” Siempre se ven los relatos como si fueran historia, y por ello se habla así. Pasa una sola vez, y salvo eso, no hay nada negativo que contar.
    Con Moisés es igual: también él ha hecho, una única vez, algo que no debería haber hecho. Es el relato del séla 60-30-70, de la peña que golpea (Números 20) para que el agua fluya. Pero es decisivo. Pensamos: ha hecho tanto, sacrificado tanto, trabajado tanto, ha sido obediente hasta el último extremo, y con tantas dificultades. ¿Cómo puede ser tan importante? Habrán visto que hay ciertos momentos de los que podemos decir: ¡Todo es ciertamente perfecto! Y, sin embargo, aquí hay algo que es imputado gravemente. Se muestra en el caso de Saúl. Más adelante, cuando quiere seguir siendo rey, aunque no lo sea ya porque ya existe otro rey, se convierte ciertamente en un ser humano oscuro. No puede soportarlo. No hace nada malo, pero tiene envidia de David, podríamos decir. De la misma forma que en la historia de la creación, la luna tiene envidia del sol, diciendo: “¿Por qué él? ¿Por qué yo no?” Es lo mismo con Saúl. Pero en el momento en que el reinado le es retirado oficialmente, es incomprensible. Ahora, tanto en el Midrash como en el Talmud se dice de Saúl que es un rey muy piadoso, que nunca ha pecado. Saúl está sin pecado. Por ello también es tan humilde.
    Y se le reprocha. Sabrán que Samuel, cuando le retira a Saúl el reinado, le dice: “Aunque seas humilde y te sientas pequeño, no olvides jamás que eres rey”. Es una especie de reproche. Se cuenta que la caída de Saúl está causada por el hecho de vivir sin pecado. Evita toda confrontación, evita la posibilidad de presentarse en el mundo. Es tan reservado y humilde que olvida que todo trata del ser humano, sea quien sea y dónde esté, que todo depende de él. Saúl olvida al ser humano del lado de José. Así es el ser humano de ese lado. Espero que no lo vean como un personaje histórico. Ciertamente, es histórico, pero esto es una faceta que está también siempre presente, en cada ser humano. Enfrente está David, que hace todo para entrar en conflicto con el mundo. El choque se produce, cae, es seducido. Está en su camino. Porque si Bat Sheva no se hubiera mostrado en el momento que estaba mirando, nada hubiera sucedido. Pero Bat Sheva, por así decir, se pone en su camino. Debe mirar y la ve. Y también se da cuenta de que Uriá ha-jiti es el marido de Bat Sheva, y es seducido a pesar de todo. Se cuenta la misma historia de Yehudá y Tamar.
    Yehudá tiene tres hijos: Er, Onán y Shelá. Er 70-200 significa “despierto”. Despierto hacia el mundo. Dios le quita la vida. Su pecado es usar su vida exclusivamente para este mundo, excluyendo a todo lo demás. Juzga y actúa únicamente según el éxito, el resultado que pueda obtenerse en esta vida. Ese es el comportamiento de Er, y por ese motivo, está destinado a desaparecer. Onán 1-6-50-50 el siguiente, actúa de la misma manera. De hecho, es el hermano con el que Tamar debe casarse. Onán también quiere, pero, antes que nada, quiere disfrutar de la vida aquí. El ser humano siempre se inclina a verlo todo según las medidas de aquí. A la noción Onán, debido a la moderna psicología, se le ha atribuido un sentido extraño. Pero el sentido dado es incorrecto. Sería solo uno de los excesos que también están conectados, pero va mucho más allá. Significa que la semilla muere si es usada solo para este mundo. Porque la semilla vive y se desarrolla, desde aquí hacia otro lugar. Debe crecer; y usarla solo para este mundo, es matarla. Eso vale para toda cosa que es usada únicamente para una finalidad terrenal. Freud (Froid)a menudo ha mezclado todo un poco. Pero ciertamente no es como dice.
    El turno es ahora de Shelá 300-30-5, del tercer hijo, que Yehudá está reteniendo con miedo, diciendo: “Dos han muerto ya, ¿debe morir el tercero también?” Shelá o Shalá en hebreo, significa retirar y también vivir en calma, reposar. El comentarista señala el hecho de que se trate del tercer hijo. Sabrán que el primer mundo es el olam atsilut (el mundo de la emanación) el segundo el olam Briá (el mundo de la creación), el tercer mundo es el olam yetsirá (el mundo de la formación) y en él cae el sexto día de la creación. Ese sexto día es en el que el ser humano pierde el paraíso. Hay gran miedo a ese día, y Shelá es pues retenido, oculto. Pero viene la cuarta fase, la fase del asiá, del actuar en este mundo. Y si se piensa que el ser humano actúa, notaremos rápidamente que no es así, todo lo contrario, “es actuado”. Porque Tamar se sienta como soná 7-6-50-5, prostituta y Yehudá pasa por casualidad; debe ser así, decimos. Es el comienzo de la historia, en cuyo final nace Pérez 80-200-90, la generación del salvador. Es una historia en la que todos actúan equivocadamente. Tamar no debería haberlo hecho, podríamos decir, y Yehudá tampoco. Y a pesar de todo viene Pérez.
    Todo ha sucedido únicamente con esa finalidad. Y puesto que todo termina así, Yehudá reconoce otra causalidad, otro recorrido, totalmente diferente. Sucedió porque tenía que suceder. He pecado de verdad, pero ahora entiendo que pudo pasar, a pesar de todo. Quizás el ser humano se pregunte: ¿Cómo es posible que en mi vida haya desperdiciado tantos años con toda clase de tonterías, y que no haya tenido ni tiempo ni ganas para aquello que es el sentido de todo? ¿Cómo ha sido posible? Les he dicho ya varias veces que, si un ser humano hace locuras, está loco, está enfermo. Debe ser sanado. Aquí sin embargo se trata de otra cosa. No hablamos de bien o de mal, o de cometer faltas en este sentido. Hablamos de la vida como tal. El ser humano malgasta su vida porque únicamente ve las causalidades: he hecho esto, estudiado aquello, por tanto, me he convertido en esto y luego me convertiré en aquello. Piensa siempre que él determina el curso de su vida, y que todo vaya como piensa que debe ir. Y cuando se da cuenta de que nada concuerda, que las causas son del todo diferentes, queda consternado, atónito. Y dice que “Tamar de verdad, tuvo que tener ese hijo”.
    Tamar 400-40-200 significa “dátil”, es el séptimo fruto y también el séptimo día. Debe tener a ese Pérez, hacer esa rotura hacia lo nuevo. Cree que puede controlarlo todo y se mantiene al Shelá oculto. Después del episodio con Onán, todo queda arreglado y controlado hasta el último detalle. Y de pronto es evidente que hay una guía que dirige de forma diferente. Estás en el mundo para adquirir este conocimiento. Debes ser consciente de que tendrás un encuentro con Tamar, y que debe ser así. De otro lado podrías decir: tendré muchísimo cuidado y precaución y seré buena persona. No haré daño ni a una mosca. Cerraré mis ojos ante el pecado y no iré a ningún lugar de fama dudosa. Haré lo imposible para que nunca me toque. Estoy dándoles dos casos extremos. Pero no piensen en los extremos, piensen en la totalidad. Se trata del ser humano que dice: “Tengo buena voluntad, pero no es necesario que me ocupe de todo. No todo es mi asunto. Este, por dar un ejemplo, es su asunto, y este otro, es asunto de ella. A mí no me concierne”. Nos apartamos evitando la confrontación y creemos haber salido airosos. No, es la réplica entonces, estás engañándote a ti mismo.
    Así dejarás de reconocer a Amalek. Tienes compasión con él. Al encontrarte con él, no sabrás que debes matarle, que no puede haber perdón posible. Ya en otro lugar he señalado: no busques a Amalek fuera de ti y no digas: “Ahí está, ¡mátalo!” En primer lugar, búscalo dentro de ti. Todo aquello que es Amalek dentro de ti, puedes exterminarlo sin perdón. Porque es un enemigo al que nunca podrás matar. Hasta el final de los días lucharás con él. En el libro de Éxodo se dice que habrá guerra con Amalek hasta el final de los días. Sé consciente pues, de que es el hecho de que tú puedas andar por aquí, que tengas un cuerpo, que puedas ver y oír. Eso es Amalek dentro de ti. No lo tienes en ti para protegerle o para escapar de él, sino para luchar con él. Hasta el final de los días. El ser humano no viene a este mundo para decir: “Bueno, estoy aquí, pero es una de las equivocaciones de Dios. Ha creado el mundo con bastantes deficiencias. Todo es peligroso y agotador. Voy a retirarme, ser buen ermitaño para no tener dificultades nunca. Entonces todo irá muy bien”. Tal afirmación es una difamación y una blasfemia de Dios, de las peores. No debes comportarte así de ninguna de las maneras.
    Porque si Dios ha hecho la creación y te ha puesto en medio de ella, es que tiene sentido. ¡Es Su creación! Dios no ha dejado caer a un par de seres humanos por equivocación y, como consecuencia, ha surgido este mundo desastroso. Y tú no tienes el encargo de no toparte con él nunca. Con esas ideas en la cabeza, surge la inclinación a evitar todo encuentro a toda costa. Entonces, ¿cómo enfrentarse con el mundo y cómo no? No hay receta que diga: haz esto y evita aquello. Lo único que se te dirá siempre de nuevo es: Acéptalo. Se me ha puesto en medio de un mundo con todas sus singularidades. Cuidado: no para aprovecharte ni explotarlo. Todo lo contrario. Debes preguntarte: ¿Cuál es su sentido? ¿Para qué se me ha puesto aquí, por qué estoy aquí? Pero si siempre estás pensando que debes evitar esto o aquello, terminarás por ser ese ciudadano ejemplar, de los que hay tantos. Olvidarás cuan cruel, cuan vulgar y cobarde pueden ser. Son esas personas cobardes que dicen: ahora he hecho todo lo posible, es imposible que haga más, de verdad. No se trata aquí del hecho de haber actuado mal. No. De hecho, tú mismo siempre piensas de ti que has sido bueno, igual que Saúl lo piensa de sí.
    Existe el principio de Saúl y el principio de David. Son los dos lados, el sol y la luna. Los dos existen. No puedes decir: a ese Saúl voy a apartarle de mi vida, porque no quiero ser como él. Saúl se está creando dentro de ti por sí mismo. Te estás desarrollando de tal manera que ni siquiera te das cuenta de que te has convertido en un ser cobarde, duro y cruel. Más bien piensas de ti que lo has hecho muy bien. Se trata pues de uno de los extremos, la intención de escapar del mundo. El otro extremo es que digas: “Me pongo enfrente. Estoy aquí y todo me interesa. No hay área de la que pueda decir que no sea la mía”. Podrás objetar: es imposible ser zapatero y tejedor al mismo tiempo. Es cierto, pero todo debe interesarte. Un am ha-árez 70-40 5-1-200-90 no es simplemente una persona ignorante, es alguien que no sabe, porque no tiene interés en saber nada. Nada despierta su interés. Semejante ignorancia es inhumana. Así es una persona llamada am ha-árez. El mundo está lleno de ellas. ¿Les he contado ya alguna vez el cuento del talmid jakham (estudioso de la sabiduría) y del am ha-árez? Un talmid jakham es alguien que tiene jokhmá 8-20-40-5 sabiduría.
    No un sabio en el sentido de una gran inteligencia, más bien es alguien que conoce el principio, el principio primordial, mediante el cual Dios creó al mundo. Tales personas no están en ningún registro. Podría ser éste, pero también otro. No son identificables. En su esencia, el cuento dice así: si un am ha-árez ve a un jakham, verlo solamente, es para él como una copa de oro. Pero si ese talmid jakham habla con el am ha-árez, se trasforma en una copa de plata. Y si hace algo para él, se convierte en un recipiente de barro que se rompe y se tira, porque no tiene valor. Podríamos sacar la conclusión de que el talmid jakham no debería hablar con el am ha-árez, y ante todo no hacer nada para él. Sí, pero no puede dejarlo. Esta es la definición de un sabio. ¿No ha creado Dios a este mundo? Podríamos decir que mejor si no lo hubiera hecho, y nunca hubiera recibido un puntapié. Pero Dios ha creado al mundo a pesar de todo. Y por ello, se dice, que el sabio lo hará a pesar de todo. No dejará de hacerlo, aunque sepa con seguridad que tendrá que asumir las consecuencias. Recibir un puntapié no le gusta, ciertamente que no, y aún tiene miedo a la violencia. Pero de nuevo resistirá si así sucede.
    Un ignorante es pues una persona que actúa así, a la que no le importa hacer daño al estudioso de la sabiduría. No se interesa por este mundo; la Torá y la revelación le dan igual. Dios, sí parece que existe, pero no tiene tiempo para él. Este ignorante no quiere saber nada. Y debemos diferenciar bien: esta clase de ignorancia en el ser humano debe ser considerada como un pecado frente a Dios, frente al creador. Porque el ser humano –repitiendo las palabras de Samuel– no debe creerse tan insignificante como para decir: “¿Qué soy? ¡Un polvillo en el universo, un ser que puede ser lastimado!” Todo lo contrario, debe considerarse extremadamente esencial y significativo. Solo así puede llegar a comprender la jokhmá, la sabiduría. Eso se exige del ser humano. Por ello, todo su comportamiento en este mundo debe ser de tal forma que diga: “Aquí estoy. Veo todas esas cosas alrededor, en todos los lugares. ¿Para qué están? ¿Y por qué? No debo ni puedo huir, porque se me están presentando. No puedo decir que no esté en casa en este mundo. Siento que sería incorrecto. Estoy en este mundo”. David, por ejemplo, podría haber dicho: “¡Aquí tenemos a Bat Sheva! ¡No mires!”. No me refiero ahora a la historia exterior, más bien a Bat Sheva, “hija del siete”, de la misma forma que Tamar es del “siete”. “¡No me vaya a quemar los dedos! Prefiero seguir siendo un ignorante”.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-19/
    Elaborado por David Saportas
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  • EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 9 - Sucesos de verano: el 17 de Tamuz
    EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 9
    Por Fiedrich Weinreb
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-18/
    Noveno Capítulo.
    Sucesos de verano: el 17 de Tamuz
    La espera, y la impaciencia al final
    El Dios que se crea a sí mismo
    Ahogarse en el tiempo
    La multitud ocupa Yerushalaim
    La desaparición del tabernáculo de Dios el 9 de Av
    De la exploración del más allá
    Yeh’shúa y Kaleb, con los patriarcas
    Cuando el Templo se quema, nace el salvador
    La lucha de Jacob con Esaú, en el Yabok
    Guid ha-nashé, el punto débil
    Del fin de la muerte, el 15 de Av
    Después de hablar de Sukot, quisiera explorar algunas otras fechas que caen en la fase entre Pentecostés (Shavuot) –la revelación de la Torá en el Sinaí– y el comienzo del ciclo nuevo, del regreso del séptimo mes, de Rosh ha-shaná. Es verano y lo recogido en Shavuot espera su transformación. Entretanto suceden cosas extraordinarias. Nos muestra el tiempo de verano con otra luz nueva, diferente. Hemos conocido a Pesaj y Shavuot como aquello que en la naturaleza llamaríamos la primavera y el principio del verano. En Pesaj comienza la recogida del grano. Antes era el crecimiento, la entrada en la exterioridad. En Pesaj se comienza a cortar el cereal y en Shavuot, la recogida ha terminado. Viene el otoño, tiempo de Rosh ha-shaná, el año nuevo, Yom Kipur y Sukot. Todas estas festividades, en otoño. Y el tiempo entre Pesaj y Sukot, es el tiempo de verano. Hay exactamente seis meses entre estas dos fechas. Pesaj cae en el primer mes, Shavuot en el tercero y Sukot en el séptimo. Y ahora veremos que el calendario muestra algo muy especial. No son momentos como la salida en Pesaj, la revelación de Shavuot o el viraje trascendental de Sukot. Aquí nos encontramos con unos sucesos diferentes, que, a primera vista, parecen trágicos. En primer lugar, quisiera hablar de lo que pasa en el cuarto mes, el mes de Tamuz, y concretamente el día 17 del mes. He dicho en muchas ocasiones que la noción 17 es siempre una señal del final. El 17 de Tamuz pues, es la fecha en que bajan las primeras tablas.
    Una unidad de dos, podríamos decir que una es el perfecto reflejo de la otra, ya que las letras son legibles desde los dos lados. No hay diferencia. La misma letra es legible desde los dos lados. Eso es imposible aquí. Aquí solo tenemos imágenes reflejadas, que son distintas de la imagen original. Estas tablas están hechas por así decir, de material divino. Moisés las recibe en el Sinaí, después de haber entrado en la nube. Nadie en la tierra sabe dónde está. Ha entrado en otro mundo y regresará al final de 40 días, es decir, al final de los tiempos. Se le está esperando, de la misma manera que cada persona espera hasta el último segundo, en su propia vida, que algo suceda que dé un giro radical a todo. Cada uno tiene esta esperanza, que en su vida alguna vez ocurra algo diferente. Aunque… algunos dicen: “No viene y por tanto todo me da igual”. Muchas veces hay algo de miedo detrás de tal pose, o se quiere provocar a ese otro lado, para que dé, de una santa vez, una respuesta satisfactoria. Otros piden, ruegan, esperan, intentan hablarlo, pero no viene nada. Porque ¿cuál es el final de esos 40 días? ¿Quién calcula en este mundo, en este flujo de tiempo, 40 días? Para nosotros, son nociones relativas.
    Los días del verano están determinados por la posición del sol. Están medidos por la astronomía. Pero no es la noción absoluta 40, de la letra mem, porque esta noción absoluta no se puede medir aquí. Puede ocurrir de pronto, pero también puede ser que tarde mucho hasta que llegue a término. Es que no se sabe. Algunas veces se piensa, teniendo 16 o 17 años, que todo está al alcance. Otro piensa que el final vendrá con 60, 70 o 80 años y tiene menos paciencia. Así, cada uno interpreta la fecha del final por sí mismo, en la esperanza de que se cumpla así. De nuevo nos topamos con esos intentos inútiles de medir ese otro tiempo, el principio del tiempo absoluto, dentro de este flujo de tiempo. Se cree poder obtener la fecha del final mediante cálculo, división o multiplicación de toda clase de números. Y de nuevo, nada. Así, el ser humano recorre su tiempo, su vida, esperando; así también recorre las épocas de la humanidad, y sigue esperando. Ve que en su vida pasan muchas cosas: transformaciones, traslados, intervenciones de los padres, guerras y revoluciones, ve cómo el poder es socavado, ve cómo las carreras hacen subir y abruptamente bajar, casamientos y divorcios, nacimientos y muertes, alegrías y tristezas. Y todo eso sucede también dentro del ser humano. Y sigue esperando que quizás se presenten una o dos señales del final, y que quizás pueda decirse: esa era la cima, el punto culminante. Y pasan muchísimas cosas. ¿Pero puede decirse que era una cima? No se sabe.
    El trote diario sigue y de nuevo no es nada. Y así, el ser humano dice siempre de nuevo: ahora sí, ahora llega. Tantas cosas han pasado, tanta miseria, que debe de suceder ahora. Y de nuevo sigue todo igual, no pasa nada. Muchas cosas cambian, pero aquello que se espera, la respuesta de arriba, no llega. En este sentido sube Moisés al Sinaí. Esa ascensión de Moisés, la tiene cada persona dentro de sí. Sabe que algo de dentro ha ido a otro lugar en busca de noticias, y está en espera de la respuesta. También el mundo lo sabe. Moisés ha salido del mundo y el mundo está esperando las noticias de Moisés y siempre tiene la tendencia a decir: “Ahora sí, aquí está”. Pero una vez más viene la vida diaria, esa incomprensión, esas idioteces, y dices: “Puede que todo esté muy bien, pero puede también que todos estemos locos, o que yo esté volviéndome loco. ¿Qué hay de cierto y de qué se trata en definitiva?” También existen aquellos que pretenden estar ya allí, haberlo alcanzado. Pero también sufren desgracias, quizás son tontos y están cansados. Y se ve que tampoco es. Y a pesar de todo, se sigue pensando: Moisés volverá, la respuesta de arriba vendrá, ciertamente, con seguridad. Ha prometido volver al final de los días, de los tiempos, al final de esos 40 días. Esa subida es el gran milagro de la revelación: que Dios baje al Sinaí.
    Moisés sube diciendo: bajaré a este mundo la respuesta que Dios ha prometido. Me está llamando hacia arriba y me dice: Regresarás y le aportarás al ser humano aquello que espera, su estructura eterna, el árbol de la vida. Eso es lo que le aportarás, y entonces habrá vida, felicidad y gran gozo, con las medidas del ser humano y de Dios, y no será ninguna ilusión y ninguna tentación pasajera. Lo auténtico volverá a la tierra. Se había ausentado del ser humano, del mundo, pero se está esperando su regreso. Y ciertamente hay expectativas que parecen anunciar la meta. El momento de decir: ahora debe llegar de verdad, se acerca. Hemos adquirido tantos conocimientos y entendimientos, y llegamos a tales profundidades, que ahora es el momento idóneo. Ahora debe bajar del cielo. Ahora comienza una vida nueva para nosotros, y ahora será todo visible. Le veremos. Conocerán la historia: no pasa absolutamente nada. Se murmura, calcula, demuestra, se habla y se escribe. Pero nada. Surge entonces la gran necesidad dentro del ser humano y de la humanidad, de acercarse a Aarón y Jur, a esos dos que se han quedado, para contestar a todas las preguntas y necesidades del pueblo de Israel. Y se les pregunta: “¿No ha llegado ahora verdaderamente el momento? Hay muchas coincidencias. Fijaos solamente en lo que el mundo es capaz de hacer. Nunca antes se han visto semejantes inventos.
    Suceden cosas de las cuales nunca hubiéramos ni soñado que pudieran pasar. Ahora es el tiempo”. Pero Aarón y Jur también buscan, y no saben. Parece ser el momento y el final debe llegar. Pero de hecho no llega, y no se sabe por qué. Simplemente no ocurre nada. Y entonces dice Aarón: “Bien, traedme lo mejor que tengáis”. Piensa que la gente quizás no lo hará, que quizás sea algo más precavida. Pero el ser humano sacrifica todo, para forzar la respuesta de arriba, porque quiere tener un dios, quiere verle y que le acompañe. Pueden releer el relato en Éxodo 32.Quisiera poner énfasis en el hecho de que lo mismo sucede dentro de cada ser humano. Y, ante todo, hay que considerar el tiempo como algo absoluto, no puede decirse que en tal o en tal otra fecha sea el final de los tiempos. Cada momento –ahora mismo– es el final de los días. En cada momento –ahora mismo– todo ello sucede. Porque nunca hemos llegado más allá que el ahora mismo. Este momento es el último, y nadie sabe lo que vendrá. Y así viene el momento en que se quiere construir por sí mismo a ese Dios que no llega, a esa respuesta que no es dada. Con los resultados de las investigaciones y la ciencia, y de todo aquello que se llama sabiduría, se quiere construir a Dios. Y no se ahorra en dádivas. Se entrega todo lo que se tiene, para alcanzar la meta.
    Es la impaciencia de aquellos que no tienen fe. “Aquel que tiene fe, no tiene prisas”; pero lo contrario es cierto también: “Quien no tiene fe, tiene prisas”. ¡Fíjate en todo lo que hemos alcanzado! Ahora debe de llegar. ¡Qué posibilidades se están abriendo! Hoy en día tenemos un ordenador para todo, y no hay que tener miedo ya de nada. Todo está bajo control. Y por supuesto que no es todo: existen muchas más posibilidades y de verdad podemos decir: Ahora que tenemos todo eso, podemos construirlo. Toda la ciencia queda involucrada, y el mundo se sacrifica con grandes gestos. Y entonces sucede algo decisivo: Aparece un dios, aparece un poder delante del ser humano que es tan impresionante, que le da todo lo que quiere. El ser humano encuentra el paraíso en la tierra, como se suele llamar. Bienestar como nunca antes, el dominio de las enfermedades, etc. Se cree de verdad haberlo alcanzado. Lo que sigue es una enorme relajación de las costumbres. ¡Todo el mundo puede ver que lo hemos alcanzado! Todo con las mejores intenciones, y se dice honestamente: ¡Este es el dios que nos llevará al país prometido! Siempre habíamos esperado, sin comprender que lo teníamos que hacer nosotros mismos, que se nos estaba esperando, se estaba esperando nuestra sabiduría, nuestros conocimientos y nuestras capacidades. ¡Y fíjate, lo hemos conseguido!
    Por eso, ese dios se llama igul 70-3-30, círculo y también éguel (mismas letras hebreas), becerro. Se trata del becerro hecho de oro. El oro es el primer material que aparece aquí en la tierra. (Las siete manifestaciones de la materia son: oro, plata, hierro, mercurio, estaño, cobre y plomo). Como el primer fruto es el trigo, jitá 8-9-5 que está en el lugar de la luz, del comienzo de la vida aquí. Y de esta manifestación, de esta primerísima manifestación aquí, está hecho ese dios. Ese dios se hace a sí mismo, como el relato lo cuenta simple y llanamente: Aarón solo arroja todo el oro y todos los regalos al fuego, y ese “becerro” sale del fuego, todo terminado. Vive, funciona. No se trata de un becerro muerto. Sigue funcionando hoy en día. Si el ser humano actúa como está descrito, el mundo está a sus pies. El mundo entonces dice de verdad: Yo te reconozco, ¡oh hombre!, como soberano y rey. ¡Me has conquistado! Todo eso es un suceso de verano, del cuarto mes, y el punto más importante es que ese éguel de verdad da todo. Profetiza y hace aquí en la tierra lo que se esperaría que Dios hiciera. Se trata de un anti-Dios, podríamos decir, de un anti-Salvador. Hecho por el ser humano mismo, llamado a la existencia por su impaciencia, por su incapacidad de esperar.
    “Necesito tenerlo hoy, no me da la gana de esperar hasta mañana”. No tiene paciencia, ignorando que aquello que se llama existencia, vendrá de una dirección totalmente diferente. Quiere tenerlo ahora mismo, no esperar hasta mañana. Quiere que las cosas vayan adelante y está dispuesto a empujar, de ser necesario. Todo sucede sin malas maneras, todo lo contrario, de la forma más noble y distinguida. El ser humano tiene las mejores intenciones. Según la tradición, Jur 8-6-200 es el único que se niega a seguir y que repite sin cesar: “¡No es eso! ¡Deteneos, tenéis a satanás delante! ¡Habéis conjurado un grandísimo seductor, y grandes obstáculos! Lo que habéis hecho hará sucumbir al mundo. No podéis inventaros la perfección aquí. No es posible. Si decís que todo está predeterminado en el tiempo, no es verdad. Y si decís que todo es por la libre voluntad, tampoco es verdad. Todo es muy diferente. Hemos abandonado la casa paterna y aquí en el exilio, vemos solo la mitad. La otra mitad está allí”. Según la tradición, ese Jur es asesinado. En general, damos poca importancia al sacrificio de Jur. “Bueno, han pasado tantas cosas, y ese Jur simplemente, ha tenido mala suerte. Si no hubiera abierto su boca, nada hubiera sucedido”. Pero Jur es aquello en el ser humano, siempre y cuando sea amado, seguirá diciendo: ¡No puede, ni debe ser! ¡Lo que sucede aquí no es bueno! Pero Jur es asesinado.
    El ser humano no soporta que sea solo ilusión todo lo que emprende. Debe ser auténtico: el estado del bienestar, el dominio de las enfermedades, la locura no existe, la muerte tampoco. Hay que admitir que en el mundo todo va de mil maravillas y que seguimos avanzando hacia nuevas y mejores metas. Hasta el punto en que digamos: ahora lo hemos alcanzado. En este punto, cuando el mundo dice que lo hemos alcanzado, cuando la curva sube en línea recta hacia arriba, en el otro lado también sucede algo. Moisés baja con las tablas. Viene con el ser humano nuevo, con el árbol de la vida. Sí, se puede comprender muy bien. Y sucede lo mismo que en el jardín Edén, donde el árbol del conocimiento y el árbol de la vida están frente a frente y uno al lado de otro. Si allí abajo en el mundo se toma del árbol del conocimiento, el árbol de la vida baja. Y a mitad de camino está Yeh’shúa, esperando a Moisés, para seguir con él. Porque Yeh’shúa no participa en el caos del mundo, él no vive allí, más bien espera pacientemente la llegada del hombre nuevo. Sabe que vendrá. Moisés está pues bajando y le alcanza –podemos imaginárnoslo vivamente– ese enorme alboroto, ese bullicio sin contenido. No se trata de la alegría del vencedor ni tampoco de la tristeza del perdedor, es simplemente estruendo, locura, ruido demoníaco.
    Demonios, shedim, shed 300-4, (demonio en hebreo) son todos aquellos seres que no pueden concretarse en la realidad aquí. En esta tierra pueden aparecer como mucho, como una especie de pompas de jabón, para desaparecer seguidamente. No pueden conseguir un cuerpo. Su proceso de creación no está terminado, quedan suspendidos en algún lugar. Aunque parecen ser algo, y el mundo está lleno de ellos, pero es solo un estruendo sin sentido. Y se dice: “No puedo salir, estoy en medio del sistema, no hay escapatoria, debo participar”. Al escuchar ese ruido y al producirse ese encuentro, es decir, cuando Moisés ve ese becerro desde lejos, ese mundo en el que se está persuadido de que todo es perfecto, cuando ve a los seres humanos con rostros lisos y doctos, caminando con dignidad, pretendiendo saberlo todo con total perfección, queda en evidencia que ya no se trata de un mundo confuso. Se trata de un mundo en el que todos están convencidos de que todo está muy bien. El mundo ha llegado a superarse y se ha hecho tan radical que existe una gran conformidad. Y el acuerdo consiste en afirmar: ¡Lo hacemos nosotros mismos! ¡Tonterías y pamplinas eso de querer ser especial! ¡El mundo está en nuestras manos! Y sucede lo mismo que en la creación: las tablas se rompen. Se le arrancan de las manos a Moisés, por así decir.
    Comienzan a tener vida propia y se rompen en mil pedazos. La unidad no puede existir en el ser humano, que ha encontrado el círculo, lo redondo. Seres humanos que dicen: “He calculado todo, y todo es perfecto. Tengo aquí un libro sobre teología y, véalo usted mismo, coincide. Así es”. Se demuestra todo. Se citan versículos: “Así es, fíjese usted mismo. Y no haga caso a los demás versículos, porque entonces sufrirá el destino de Jur, le tocará a usted también. Lo que yo diga, hay que creerlo, así será fácil. Los demás versículos no se citan”. Persuadido que de esta forma todo coincide. Se sabe con exactitud. Y todo llega como está previsto que llegue. La cara más lisa aún. Más seguridad. Con mucho aplauso, porque de verdad todo va muy bien. Pero estos dos mundos no pueden convivir. Si el ser humano es así, se rompe en su interior la unidad, ese ser único, que justo entonces hubiera podido restaurarse. Se convierte realmente en ese juguete roto, fracturado, que conocemos hoy: neurótico, loco, satánico. La unidad del ser humano se ha roto. Y ese ser humano único ha dejado de existir, se ha perdido. Ese es el suceso del 17 de Tamuz. Pero sucede también otra cosa: El 17 de Tamuz, Nóaj envía por primera vez a la paloma, yoná.
    Sabrán que no encuentra nada en su primer vuelo, ningún lugar para posarse. De la misma manera vienen las primeras tablas y no encuentran lugar en este mundo. Conocerán el relato de Jonás, que aquí es la paloma, que es enviada y vuelve. Pero la paloma es realmente aquello que se envía desde el arca, la tevá en hebreo, la palabra, para traer noticias si este mundo es un buen lugar para que la palabra germine. Que todo aquello que está contenido en la palabra pueda exteriorizarse. Toda la vida está contenida en el arca, representada por las cuatro parejas: Nóaj, Shem, Jam y Yafet con sus mujeres, junto con todo lo demás que existe en la creación de animales, etc. Los dos lados están, masculino y femenino, este lado y el otro. Y todo está esperando convertirse en carne, poder mostrarse en este mundo. Y la primera vez que la paloma es enviada –la paloma es aquello que siempre vuelve- vuelve sin nada. A Jonás le sucede lo mismo, también él es enviado y en contra de su voluntad, debe regresar para anunciar la palabra de Dios en Nínive. La segunda vez la paloma vuelve con una ramita del olivo. Y esa ramita cuenta: ahora sé para qué existe el mundo. Es lo amargo. Ese sexto día será amargo. El séptimo día la aceituna se prensa, y el octavo día es aceite para la unción del rey y del gran sacerdote. La paloma lleva la ramita de ese olivo que ya existe en la tierra. Y entonces se dicen las palabras siguientes: “Conozco ese sabor amargo”.
    Lo dice la paloma, la yoná, y también el profeta Yoná 10-6-50-5, Jonás, que luego se traslada a Nínive. La tercera vez, la paloma se queda en tierra, como sabrán. Entonces todo está terminado. Entonces la palabra que se ha abierto, puede de verdad entrar en el mundo, es decir, en el ser humano, para quedarse. Pero el 17 de Tamuz, la paloma coge el vuelo y cuando vuelve, vuelve sin nada. Debe volver con la noticia de que aún no hay nada. Todo sigue cubierto por el agua, por el tiempo. Los seres humanos están ahogándose en el tiempo, tienen tanto, que ya no tienen. Están completamente locos. Aún no hay nada. No puedo reposar en este mundo, voy a volver. “Y no halló la paloma lugar de reposo, manóaj 40-50-6-8, y volvió al arca” (Génesis 8,9). En esta palabra manóaj, lugar de reposo, está contenida la palabra Nóaj 50-8, Noé. Designa un lugar donde poder reposar, que aún no existe. Es idéntico al suceso del 17 de Tamuz, el momento en que las tablas se rompen. La paloma vuelve sin nada, porque el mundo sigue cubierto de agua. Los seres humanos están enterrados bajo grandes cantidades de tiempo, grandes avalanchas de eventos, es imposible sacar la cabeza. Es el ahogamiento en el tiempo, en el mabul 40-2-6-30, el diluvio.
    La confusión babel 2-2-30 es total. No hay ningún interés para nada más, tampoco se busca nada más. Existe un único objetivo: trabajar para ese igul, para ese círculo, esa redondez. Y aún hay otro evento el 17 de Tamuz: Yerushalaim, el lugar llamado Yerushalaim, es conquistado. Shalem significa, sano, santo, entero, y con la terminación aim nos indica que se trata de dos lugares, aquí y allá, dos. Un lugar solo no existe. Yerushalaim existe en un lugar doble. Están los dos lados. Existe un solo Yerushalaim, aquí y allá, en el mismo lugar. No hay separación entre el aquí y el allá. De la misma forma que tus dos ojos constituyen una unidad. No es que un ojo esté aquí y el otro en el cielo. Es una unidad. Significa que es doble, el lugar donde Dios y también el mundo habitan. Y ese lugar donde Dios habita, donde se encuentra lo extraordinario, que está en el cuarto cielo, ese lugar dentro del ser humano, es conquistado por la multitud, como se cuenta. La traducción dice que “los pueblos” han conquistado ese lugar, eso significa que la multiplicidad entra y elimina al Uno. También las tablas se rompen en múltiples pedazos. Viene una gran multitud, y nadie sabe ya con certeza qué pueblos existen, donde están, quiénes son y cómo son. Cuando Jerusalén es ocupado por la multitud, existe grandísimo peligro para el bet ha-mikdash, el Santuario, la Casa de Dios que es invisible, podríamos decir, y a pesar de todo, está en el centro.
    Está siempre presente, pero puede perderse. Pero puede quedar devastada, hacerse invisible de forma que solo siga existiendo en la memoria. Pero también, puede seguir existiendo de verdad. Se quiere tener a ese dios que se ha fabricado y se sigue diciendo: nos llevará al país prometido. Es decir, se sigue buscando ese país prometido. Solo falta la paciencia, se sigue buscando y por ello, ese bet ha-mikdash, ese santuario, puede que siga existiendo. Pero se acerca el peligro, porque en la ciudad, en el mundo donde se ubica ese lugar, ha entrado la multitud. Cualquier cosa que suceda, puede destruir también a ese lugar. Ese es el momento del 17 de Tamuz. Es el momento de la conquista de Yerushalaim. Deberían ustedes considerar los eventos de la historia, como la expresión en el tiempo de algo esencial. La “historia” sucede de forma continuada, y por supuesto, ha sucedido también alguna vez en el tiempo: lo esencial siempre coincide con el tiempo. Es así también dentro del ser humano. Cuando sucede lo que acabo de describir, el Yerushalaim de dentro es ocupado por los pueblos, por la multitud. Reina la multitud, la masa. Se mide con la medida de la masa, con el éxito del mundo. Esa es la toma de la ciudad. Y al mismo tiempo, es la rotura de las tablas.
    Moisés, que ha bajado esas tablas, las rompe y las tira al agua, al tiempo. Y de esa agua bebe el ser humano. Bebe cada pequeño trocito: y así se crea el mundo con su grandísima multitud. Viene ahora un mundo nuevo, roto. Y lo lógico sería que ahora se produjera el hundimiento total. Pero vemos lo que cuenta la Torá y cómo se expresa en el calendario: en ese momento, en ese 17 de Tamuz, Moisés sube de nuevo al Sinaí. Va por segunda vez, como la paloma que es enviada por segunda vez. Y en esa segunda vez –de nuevo 40 días, de nuevo una eternidad– dicho con nuestras palabras, ruega a Dios el perdón para el ser humano. El hombre es así. Es malo, es “normal” que caiga, que peque. Y nadie puede distanciarse diciendo que todo lo que sucede está muy bien, aunque haya pecado. Nunca puede decirse semejante cosa, en el momento en que ocurre. Nunca debemos dar por bueno algo que está en conflicto con la dignidad humana, con el reconocimiento de Dios, diciendo: seguramente saldrá algo bueno. No es tu asunto. Si debe salir algo bueno, saldrá, sin importar lo que tú opines, o que hayas o no, colaborado. Tú, aquí, tienes que hacer una sola cosa: De la misma forma que tu cuerpo al tomar el alimento diferencia entre lo bueno y lo malo, eliminando lo que no debe ser parte del cuerpo y preservando lo bueno, de esta misma forma tú, como ser humano, debes diferenciar entre el bien y el mal. De no ser así, te perderás.
    Imagínate que tu cuerpo diga: “Toda esa diferenciación no importa en absoluto. Comeré hoy gusanos, ranas y ratones y mucho más que me apetece, toda clase de productos químicos, porque no importa lo que entra en la boca”. Tendrías un rápido final. Para el cuerpo pues, es muy importante que diferencies. No es necesario que sigamos con otros ejemplos. Solo quiero decir lo siguiente: el ser humano conoce la diferencia entre el bien y el mal. Diferenciar es su tarea aquí, y así es su esencia. En su encuentro con las cosas, las santifica y las salva tomando el bien, pero debe rechazar el mal: “No es nada para mí. Lo que sucederá con ello, es otro asunto. Recorrerá su camino, pero no es para mí”. Así, en los segundos 40 días sucede la conversación con Dios sobre el ser humano. Sucede también dentro de cada ser humano. El Moisés propio de cada uno habla con Dios, y entonces dice: “¿Por qué lo he hecho? ¿Para qué? ¿Cuál era el sentido? No está bien y no volverá a suceder. Quiero despertarme y comprender el sentido del mal”. Esa conversación dura los 40 días completos.
    Y después de esos segundos 40 días, sube una tercera vez. Como he contado ya, sube el 1 de Elul y baja el 10 de Tishri –el día de Yom Kipur– y con él las tablas. Ese primer día del mes de Elul, cuando sube, es un jueves y el 10 de Tishri, cuando baja, es un lunes. Por esa razón existe la costumbre de las oraciones especiales los lunes y los jueves. Ese conocimiento se ha conservado durante miles de años. Y la tercera vez, Dios deja que la palabra permanezca y germine en la tierra. Se abre la tevá, la palabra, y todo sale al exterior. Todo recibe una existencia en esta tierra, y un sentido. Lo mismo sucede en el tercer vuelo de la paloma. Las tablas pues, se quedan aquí. Comprenderán ahora cuán grande es la importancia del ser humano. Juega un papel decisivo. No puede decir: “Me están empujando las leyes astrológicas, todo viene como tiene que venir”. No. Lo muy especial, extraordinario y espectacular del ser humano es que se espera de él que haga cosas aquí, que haga la diferenciación, y que no adore ningún “becerro”. Se espera de él, aunque haya participado en ese éguel, que también sea esa otra cosa. Que dialogue con Dios: ¿Por qué ha sucedido? ¿Cómo ha sucedido? De la misma forma que también Adán toma del árbol del conocimiento, y como consecuencia entra en conversación con Dios. ¿Cómo he podido hacerlo? ¿Cuáles han sido las causas? ¿En qué me he equivocado?
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/28/estudios-de-tora-18/
    Elaborado por David Saportas
    58 min
  • Antisemitismo Talmúdico, Anti Sionista y Dispensacionalista Cristiano
    Antisemitismo Talmúdico, Anti Sionista y Dispensacionalista Cristiano.
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/12/antisemitismo-2/
    Hay muchas formas de abordar este tema que bien podría subdividirse de maneras específicas en muchas facetas y aspectos demostrables. En el encabezado que decido dar a este artículo menciono sólo tres facetas para empezar. El propósito de esta mención con énfasis triple específico, a saber, talmúdico, sionista y cristiano es escogido debido a su integración cada vez más sutil en la cabeza y corazón infecto de las masas con mentiras amalgamadas, que en las condiciones ignorantes y maliciosas de corrupción que se verifican de formas masivas públicamente, propagan el antisemitismo y la distorsión de la realidad, la historia y la verdad de formas aberrantes y aceptadas en aumento, difíciles de descifrar a estas alturas de confusión, y adhesiones infernales en todo el planeta.
    La hipocresía, malicia y autoengaño sedicioso es lastimosamente el diagnóstico más acertado que describe nuestros tiempos actuales y a las masas en casi su totalidad. Quien haya leído artículos míos anteriormente, seguramente confirmará que es un asunto repetitivo en mis disertaciones. Y es que es imposible para mí quedarme callado y no hacer las aclaraciones pertinentes y respectivas a la invasión de mentiras, cinismo y desfiguración de la realidad, en prácticamente todo lo que nos atañe como vida. No se trata de mi opinión, se trata argumentación y sustentación de la misma con el concurso de la evidencia, la lógica y el sentido común, para defender la verdad y la justicia, frente a la osada y generalizada creencia de las masas con sus convicciones, y que lejos están de pasar como derechos, sin que dejen su rastro de destrucción y muerte a su paso. La defensa es obligada. El infame se acostumbró a abrir su boca con toda clase de injurias y falsedades sin ningún tipo de freno y sin que nadie le reproche o lo calle. Prácticamente no tiene oposición a su atrevido asalto. Infectan y pervierten al mundo y no obstante, además lo hacen con presunciones de derecho, convencidos de sus mentiras en el mejor de los casos (¿o peor?) Y si en algo se puede ver la evidencia más dramática y patética, es en el antisemitismo y sus innumerables caretas.
    Veamos un ínfimo ejemplo de dichas difamaciones que malignamente traen a colación todas estas infames masas que menciono. Por ejemplo, se ven de manera generalizada en redes, videos y conclusiones falseadas y solapadas, desfiguradas y enmascaradas con ínfulas de conocimiento y defensas hipócritas de valores y principios, calumnias satánicas al Talmud como las siguientes (y son por miles):
    El Talmud… Pederastia y Necrofilia.
    ● Se permite tener reIaciones sexuaIes con una niña de tres años y un día de edad. Sanhedrín 55b, página 376.
    ● El coito con una mujer casada no es adulterio siempre que el miembro esté fláccido; el coito con una mujer muerta aparentemente se permite. Yebamót 55b, página 371.
    ● Si un hombre comete sodomía con un niño menor de nueve años, no son culpables de sodomía. Sanhedrín 54b, página 371.
    ● El coito con un niño menor de ocho años no es fornicación. Sanhedrín 69b, página 470.
    ● El coito con una niña menor de tres años “no es nada.” Ketubót 11b, página 58.
    Las mentiras sobre estas citas serán explicadas detalladamente más adelante en este artículo. Pero primero se harán disertaciones que son necesarias para abordar con contundencia las explicaciones respectivas. Igualmente se harán menciones sobre otras de las muchas que hay. Estas infames citas se pueden encontrar en la web simplemente googleando cualquiera de las mencionadas. Aparecen como evidencia incuestionable y que deben ser creídas como verdades de lo que hay detrás del “satánico Talmud” y de los “infernales rabinos”. Para rematar los mismos antisemitas que se tragan con gusto toda la ignorante calumnia, argumentan que ellos no son antisemitas y que por el contrario son amigos de “buenos judíos”, a los cuales indultan y eximen de cualquier culpa rebajando su sentencia y el juicio de su calumnia a su mismo nivel de ignorancia y malicia irresponsable. Si claro… Que decencia que se deja por anticipado a sus conclusiones. ¿Como no? Como si fuese así de sencillo e imbécil el tema. Es mucho lo que tocaría criticar y exponer sobre sólo esa “insignificante” apreciación. Muchísimo que demostraría irrefutablemente la maldad y cinismo engañoso, mojigato y farsante que hay detrás de dicha apreciación. El antisemita con igual equivalencia de forma y esencia indudablemente, no solo aceptará la sentencia, sino que será replicador de toda la infamia subyacente. Esto no es cualquier cosa… Es algo criminal, pues el pueblo judío ha sido perseguido, asesinado y masacrado por siglos hasta hoy día por esas “pequeñas sutilezas”.
    Acaso creen que todas y cada una de estas citas o ejemplos que se traen como evidencia falsa de acusaciones sobre el Talmud y el pueblo judío, ¿no tienen explicaciones demostrables y extensas sobre la mentira y calumnia que se pretende vender como verdad y revelación? Se tienen respuestas para todas y cada una de estas; tanto las que se citan con referencias verdaderas (pero salidas maliciosamente de contexto), como de las inventadas que son por miles. Anteriormente publiqué un artículo sobre dichas invenciones. Podrá verificarlo en el siguiente enlace:
    Y esto no es nuevo… Es milenario y evidencia del accionar de las huestes satánicas que llenan el planeta. Si… Huestes Satánicas. La realidad invertida como es la costumbre. Pero primero habría que entrar a redefinir todo el lenguaje acorde a la revelación divina y saber qué es satánico. Así que no se crea muy especial y bueno para empezar, cuando evidentemente usted está asociado con la mentira, engaño y la maldad por default. Y no es palabrería como la misma que se usa en estos niveles de infamia. La verdad y el bien tienen definiciones muy exactas que son contrarias a todo lo que indudablemente se verifica es el accionar de todo el mundo inmerso en la mentira, el engaño y la maldad. Y más temprano que tarde sus consecuencias serán más que visibles para todos. Empiece por diagnosticar los tiempos que vivimos.
    Siguiendo esta línea de pensamiento, comienzo estas aclaraciones abordando el tema con el típico y generalizado pensamiento antisemita que se tiene acerca de lo que es el Talmud. Cualquiera emite su opinión frívola y vulgar sobre el Talmud acorde a sus prejuicios y malicias ignorantes. Esa es la norma irresponsable, barata y banal expectorante de todo antisemita y de muchos que justifican sus sutilezas camufladas antijudías. Estos últimos se esconden detrás de su mediocridad e incompetencia. Y por supuesto, no pueden faltar todas aquellas masas religiosas cristianas que de una u otra manera se disfrazan con los valores que han adquirido de las mismas escrituras judías, siendo dispensacionalistas, deformadores y timadores de las mismas escrituras; que son difamadores, hipócritas y profundamente incultos (por no decir analfabetas) de la cultura hebrea, del judaísmo y de los secretos de la Torá.
    En este último aspecto religioso es mucho y mas bien inconmesurables (literalmente) las elucidaciones que podrían traerse a colación sobre las demostraciones del desconocimiento que hay al respecto sobre lo que es la Torá y el Talmud para empezar. Sólo este aspecto evidenciaría de forma irrefutable las incoherencias que se desprenden de las mismas exponencialmente. Pues la misma Torá escrita se fundamenta en la revelación oral de la Torá, es decir el Talmud. O lo que es lo mismo, es completamente absurdo disociar la Torá en toda su extensión revelada por los sabios de Israel por más de 3300 años del mismo Talmud y las interpretaciones rabínicas del mismo. Esto es demostrable e inobjetable hasta la saciedad y siempre. Sólo el pueblo judío ha abordado dichas dilucidaciones por miles de años… Y esto incluye a las mismas escrituras neotestamentarias (así el mismo judaísmo oficial rabínico no lo acepte o reconozca aún). Sería imposible traer dichos estudios y verificaciones en un artículo. Se necesitarían décadas de estudios intensos para hacer explícitas tales demostraciones.
    No pretendo presentar aquí explicaciones sobre lo que es la Torá Oral, es decir, el Talmud. Ya se dijo… Sería imposible en un artículo. Sin embargo sí es necesario recalcar que las demostraciones existen y aportan lo más maravilloso de lo que es verdaderamente la Torá. Algo que es imposible imaginar y sospechar sin el concurso del estudio intenso de toda una vida. Y aún así, ni siquiera es el trabajo completo que se nos demanda el alma. Hay infinidad de secretos que sólo se infieren con la sabiduría que se desprende de dichos estudios y que se complementan con toda la literatura de otros textos sagrados de la kabbalá, como el Zohar, así como de diferentes tipos de énfasis igual sagrados que aportan textos revelados y probados en el crisol de fuego del entendimiento, provenientes de los Targumim, la Hagadá, el Jasidismo, el Tania, la Halajá y miles y miles de textos de sabiduría que sólo el judío conoce. No en vano al pueblo judío se le denomina el “pueblo del libro”. Más de 3300 años de dedicación al estudio de la Torá testifican de ello. Es el único pueblo del planeta que se ha dedicado a un mismo estudio y a ello como objetivo de vida de forma constante e ininterrupida. Algo completamente opuesto en contenido y asunto a las difamaciones adjudicadas en los falsos “Protocolos de los Sabios de Sión”. Esto es tan evidente como colosalmente grotesco y ridículo.
    Cualquiera puede cotejar por su propia cuenta lo que dicen los textos del los “Protocolos de los Sabios de Sión” y compararlos con los incontables textos de estudio del judaísmo o los SABIOS DE ISRAEL. No encontrará equivalencia alguna entre el adefecio de libro publicado por la Rusia zarista (y que es copia de textos del mismo Maquiavelo) para justificar la matanza de judíos y los miles y miles de libros sagrados del judaísmo. Tampoco encontrará ninguna afinidad, ni paralelo con el testimonio a través de la historia entre la evidencia de vida de los judíos y lo que se les imputa. Más bien es completamente exacto y a la inversa la evidencia sobre como es a las mismas naciones que se les verifica lo descrito en dichos protocolos… Empezando por los rusos. El pueblo judío ha dado su vida por buscar y defender la integridad revelada de la Torá y sus infinitos significados de VIDA y BONDAD que vienen aparejados con el entendimiento de ella, para que se le calumnie que se dedican a la maldad satánica a la cual si se dedican las naciones. Ese es el default de la ignorancia de los pueblos sin Torá.
    Así que hablando del Talmud, si examináramos los métodos de enseñanza de las distintas instituciones educacionales veríamos que la instrucción se basa, usualmente, en material escrito al que se le agrega una explicación oral. La lección escrita no puede, por sí misma, presentar la substancia de un modo totalmente carente de ambigüedad, ni puede agotar efectivamente todas las posibilidades que ofrece la explicación oral. Por consiguiente, nuestra Ley (la Torá) nos fue dada del modo más efectivo combinando los preceptos escritos concisamente con una amplia y detallada explicación oral tendiente a ilustrar la implementación de los preceptos en uso. Además, puesto que la Torá es una Ley viva, que liga al judío a cualquier sociedad en la que viva, aquélla debe ser claramente entendida a la luz de las civilizaciones cambiantes y las distintas sociedades.
    Ejemplo… ¿Qué requiere la Ley en distintos sistemas de comercio? ¿cómo nos orienta para vivir en una era tecnológica de avanzada? ¿cuál debe ser nuestra posición moral en vista de los efectos del avance tecnológico sobre la sociedad? ¿Cuál es la actitud de la Ley respecto de la polución ambiental, los derechos de privacidad o los precios exorbitantes? ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia los numerosos artefactos eléctricos? ¿Puede el hígado ser asado sobre un artefacto eléctrico en lugar de serlo sobre fuego? ¿Puede cumplirse el precepto de la bendición después de la comida haciendo uso de un micrófono? ¿Los platos de carne o leche tratados químicamente son kasher? Estos son ejemplos minúsculos en la superficie de lo que significa estudiar la Torá. A las naciones les parecen ridículos estos estudios, pues sólo están interesados en aspectos pragmáticos depredativos de la existencia. No hay aspiraciones a la verdad, ni la trascendencia (así digan que sí). Los religiosos a lo sumo sólo les interesa jugar hipócritamente a la religión. Difícilmente hay entendimiento de cómo es el sistema operativo de la existencia y la realidad para acceder a la verdadera vida. Todo es imaginación y especulación justificativa. Esto es demostrable… He escrito extensamente acerca de esto.
    Todo aquél que se dirige a un rabino o a un maestro respecto de algún problema contribuye a la continua creación de la Ley oral. Se entiende, también, que muchos de esos asuntos exigen un estudio cuidadoso de lo que fuera escrito por las generaciones anteriores y una explicación pormenorizado en una forma comprensible para nuestra generación. Más aún, al poner a consideración actualmente nuevas cuestiones cumplimos el precepto de la Torá consignado en Devarim (deuterononomio) 17, 8-11: «Cuando alguna causa te fuera oculta en juicio entre sangre y sangre, entre causa y causa, y entre llaga y llaga, en negocios de litigio en tus ciudades; entonces te levantarás y recurrirás al lugar que el Señor, tu Dios, te escogiere. Y vendrás a los sacerdotes y levitas, y al juez que fuere en aquellos días, y preguntarás; y te enseñarán la sentencia del juicio. Y harás según la sentencia que te indicaren los del lugar que el Señor escogiera, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifestaren. Según la ley que ellos te enseñaren, y según el juicio que te dijeron, harás: no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la sentencia que te mostraron».
    Algunos o muchos argumentarán que la anterior ordenanza no era eterna, está caduca o el pacto fue roto, que y a la Torá que ellos mismos argumentan citar o «defender» no se le puede agregar o quitar (con el fin de descalificar la Torá Oral y al judaísmo), en este caso si aplica ignorar los versículos citados. El cínico doble estandard malicioso y corrupto más xeplícito no puede ser. Pero que esto no nos asombre… Practicamente esa es la generalidad del dispensacionalismo y antisemitismo cristiano (perdón por la redundancia). La explicación que nos fuera dada por Dios con la Torá nos capacita para comprender Su intención y nos orienta de tal modo que podemos cumplir los preceptos en la actualidad. Sin esta explicación no entenderíamos, en realidad, la intención subyacente de gran parte del texto, ni sabríamos cómo llevar a la práctica los preceptos de la Torá. El ignorante y religioso cristiano dispensacionalista ataca inmediatamente la LEY o instrucción dialéctica divina como una imposición de esclavitud.
    Argumentan desfigurando sagaz y de forma taimada con los textos de las escrituras neotestamentarias (que sí hacen parte de la Torá) como prueba de sus descalificaciones y distorsionan absolutamente todo el carácter eterno de la revelación, denigrando a los mismos planos de la creación y su infinita sabiduría. Inventaron una nueva religión falsa, supuestamente derivada de la Torá llamada cristianismo, haciendo lo Eterno y Sagrado tan pequeño y limitado como sus mismas existencias limitadas y corruptas. Una cosa son las escrituras judías neotestamentarias (así el judaísmo oficial aún no las reconozcan, siendo este otro tema muy complejo), y otra muy distinta, la distorsión llamada cristianismo. Y esto NO es sectarismo, ni descalificaciones imaginarias irrespetuosas. Si quiere darse una minúscula idea de lo que estoy hablando recomiendo estudie y lea mis muchos artículos de mi blog. Empezando por aquellos del capítulo del menú denominado “por qué creer en la Torá”. Le llevara cientos de horas examinar el material. Y miles de horas entenderlos. Los argumentos son aportados por si acaso. No son las mismas afirmaciones irresponsables que denuncio y critico de la contraparte.
    Razones de Entendimiento Para La Verdadera Vida
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/12/antisemitismo-2/
    Escrito y Elaborado por David Saportas
    3 hr 1 min
  • Falsa Virtud e Hipocresía - La Invasión de Rusia a Ucrania
    La tolerancia es la última virtud de una sociedad depravada. Cuando tienes una sociedad inmoral que ha violado abierta y orgullosamente todos los mandamientos de Dios, hay una última virtud en la que insisten: la tolerancia a su inmoralidad. Uno que no sabe distinguir entre el bien y el mal, no reconocerá entre el bien y el mal. El que no distingue el bien del mal no reconocerá entre lo útil y perjudicial. Uno que no sabe entre lo útil y lo dañino no reconocerá a un depredador engañoso, ni verá el peligro inherente. Uno que sepa distinguir el bien del mal, podrá intuir y ver todo, y así evitar trampas engañosas. Uno que no sabe diferenciar entre el bien y el mal nunca dejará de ser víctima del engaño, daño, enfermedad y sufrimiento.
    Se necesita valor para ver la verdad. Se necesita resolución para enfrentar lo que está mal en nuestro propio medio. Se necesita tenacidad para mantener la buena pelea, para destacarse contra la multitud, y hacer todo lo posible para detener a las masas cegadas; se necesita valor para volver a pasar por el acantilado proverbial que nos trae dolor y sufrimiento sobre todos nosotros. Se necesita actuar correctamente ahora, o enfrentar las consecuencias más tarde.
    Y ya que se referencia el valor, dudo que alguien entienda el verdadero significado de esto, y mucho menos que lo sufra en carne propia. Cada día se constata como no sólo todo el mundo concluye y actúa más irracionalmente, sino que cada vez dicha irracionalidad nos toca más de cerca por caminos y con personas insospechadas, en absurdos sutiles que pasan desapercibidos a las masas cercanas y lejanas a kilómetros de distancia. Que reto infinito lo que representa el entendimiento que proporciona la Torá.
    En el pasado todavía teníamos una intuición benigna que guió a nuestros corazones a distinguir el bien del mal. Pero tal cual como se perdió dicha intuición, también se perdió la capacidad de protegerse. Ahora, los ciegos caminan sin rumbo fijo con el lobo con piel de oveja que conduce al camino de la perdición. Sin saber distinguir el bien del mal las ovejas no saben que están siendo preparadas para el matadero. Los lobos siempre matan a sus ovejas antes de devorarlas. A nadie le gusta escuchar las incómodas verdades. No hay suficientes dispuestos a hacer nada al respecto. Y así, los lobos serán lobos, y ovejas serán ovejas. Todo porque las ovejas se niegan a mantenerse erguidas y ser “hombres”.
    El mal existe, no hay duda al respecto. Dios creó el mal para probar a los fieles. Resistir el mal define lo que es bueno. El bien es hacer lo correcto, hacer lo correcto es el significado de ser justo. Siendo justo significa luchar contra el mal. Luchar contra el mal es bueno, luchar contra el mal es justo. Rendirse al mal o ser pasivo ante el mal, es ser parte del mal.
    El mal existe, no hay duda al respecto. Aquél que es silencioso o pasivo frente al mal, eventualmente será vencido por él. Los silenciosos y pasivos siempre terminan convirtiéndose en agentes del mal o en víctimas del mal. No hay escapatoria de esta verdad inevitable.
    Los utópicos dicen frases como las siguientes: La guerra no trae jamás la paz. La paz no se hace a través de la violencia.
    ¿Que clase de frases idiotas son éstas?
    Alguien en ocasión reciente con referencia a la invasión criminal de Rusia a Ucrania en un chat hizo el comentario siguiente referente a lo que acontece y en referencia a mi explícita posición anti-rusa de condena al genocida Putin y sus seguidores. Así me contestó:
    "No se trata de poner a uno bueno y a otro malo...todo aquél que avala la violencia es negativo y hará que todo el mundo caiga en la trampa, acá ya no hay más vueltas... no tiene sentido nada más que la paz... si no se llega a ella es que no tenemos remedio... y la paz no es hacerla a través de violencia, sino del sacrifico por la paz. Un ejemplo vivo Gandhi."
    Mi respuesta a este comentario fue el siguiente:
    De nuevo estoy en desacuerdo. Si existe lo bueno y hay lo malo. Hacer la separación de lo bueno de lo malo es una obligación. Esto requeriría de interminables elucidaciones. Es el mismo secreto de la sabiduría y el entendimiento de árbol del conocimiento del bien y del mal. Imposible abordar este tema en un chat. Y de nuevo... Tampoco concuerdo con las apreciaciones sobre Gandhi. Tema igualmente complejo y que obviamente no está disociado del entendimiento del bien y el mal.
    El pacifismo persé es sólo otra faceta del mal. El abanico de engaños perpetrados con la palabra paz es infinito. Las agendas de manipulación tanto con Gandhi como con figuras del panteón de falsos ídolos orientales tipo Dalai Lama, Deepack Chopra, Majarashis y gurús de todo tipo es abundante en evidencias de rastro y adhesión a las agendas de engaño del nuevo orden mundial. Para entender lo dicho se debe haber transitado profundamente y muchos años en los conocimientos dialécticos de manipulación. Pero por sobre todo, conocer las profundidades de la Torá.
    Se que esto no es para todo el mundo. Quien no lucha por el bien es cómplice del mal. Y el ignorante no puede ser bueno. Y eso es definitivo. Es demostrable redundantemente. Sin rechazar el mal de forma explícita, el criminal y el mal conquista y arrasa a su paso. Y no se puede rechazar el mal, ni combatirlo cuando ni siquiera se reconoce. Mucho peor cuando se le considera bueno y todo se invierte.
    Si no se comprende la naturaleza de nuestro enemigo y las armas que usa no podremos combatir a ese enemigo. No podremos luchar la batalla, estando, lo queramos o no, en medio del mismo campo de guerra. Y quién no esté preparado simplemente estará perdiendo la guerra. Será al final víctima y perderá su vida y alma.
    La salud del alma es la clave para la redención humana y la salvación de todas las enfermedades. ¿Cómo procurar la sanación del alma cuando ni siquiera se reconoce que exista el alma?.. Y aún si se reconociese que tengamos alma, ¿cómo se puede curar el alma? Ciertamente el alma enferma no puede discernir nada. Y por ello la humanidad busca remedios en vacunas salvadora, medicinas, farmacéuticas, gurus y nada entienden. Como borregos se dirigen al sacrificio. Conviene sanar el alma si se quiere entender. Y sólo entendiendo nos salvaremos de la muerte. Pero ¿Cómo sano mi alma?
    El primer paso es examinar el alma y luego diagnosticar exactamente cuál es la naturaleza de la enfermedad. Así como el cuerpo físico puede sufrir una serie de dolencias, también puede sufrir el alma. Diagnosticar la enfermedad del alma es un requisito previo para su curación y mantenimiento de la salud. El secularismo es la negación arrogante de las realidades naturales. La naturaleza desprecia al necio y castiga severamente al arrogante. La gente dice que Dios es amor. ¡No tienen idea de lo falso que es esto desde las perspectivas de la imaginación y la fantasía!
    La gente dice que todos deberíamos unirnos en paz. Pero su definición de unidad y paz deja fuera tanto a Dios como a los que le temen. El secular, el arrogante y el tonto, todos se pertenecen juntos y se merecen el uno al otro. No saben nada de lo que aprueban o lo que abrazan. Y lo que aprueban y abrazan al final envenenará su mente y corromperá su resolución innata del alma.
    Sepárese del mal. No luche contra eso. Es decir, no nos corresponde erradicar el mal. Ese es el trabajo de Dios. Y Dios sabe castigar a quienes perturban la paz y el crecimiento de nuestra Tierra y sus pueblos. Ahora es el momento de actuar por Dios, porque ellos, los malvados, anulan Su Torá todos los días. No pertenezca al bando de los malvados. Se debe luchar, pero primero hay que entender en qué consiste nuestra lucha.
    Deje que Dios haga lo que Dios hace mejor. Luchamos contra el mal cuando lo identificamos, lo rechazamos y nos alejamos de él. Entramos en batalla contra el mal por obligación moral, pero es Dios quien obtiene la victoria, siempre y cuando nosotros hagamos nuestra parte. Por cierto, el castigo de Dios no es un castigo en principio. Es simplemente una corrección para realinear la forma natural. Dios no es amor en nuestra concepción humana del amor. Dios no es un ser humano reducido a nuestra imaginación y limitaciones de entendimiento y percepción.
    Dios es lo que Dios es, y es Dios quien está a cargo. Que los que niegan y se burlan sigan su camino. Veamos dónde terminan. Lidiar con la verdad del Camino de Dios ahora es nuestra responsabilidad o enfrentaremos las consecuencias cuando Dios mismo restablezca el equilibrio de la naturaleza.
    Recordemos... El mal existe, no hay duda al respecto. Dios creó el mal para probar a los fieles. Resistir el mal define lo que es bueno. El bien es hacer lo correcto, hacer lo correcto es el significado de ser justo. Siendo justo significa luchar contra el mal. Luchar contra el mal es bueno, luchar contra el mal es justo. Rendirse al mal o ser pasivo ante el mal, es parte del mal. Aquél que es silencioso o pasivo frente al mal será vencido por él. Los silenciosos y pasivos siempre terminan convirtiéndose en agentes del mal o en víctimas del mal. No hay escapatoria de esta verdad inevitable.
    ¿Cómo se enfrenta el mal? ¿La guerra no trae jamás la paz? Es obvio que la guerra es lo opuesto a la paz. Desde este punto de vista la frase no es sino un definición utópica incoherente de fantasía que no se corresponde con nuestra realidad por distópicos que queramos ser. La realidad se nos estrella en la cara y con aforismos y slogans no vamos a enfrentar a un asesino que nos ataque para quitarnos la vida o la de un ser querido. Ud podrá invocar al fake Gandhi, pero eso depende del asesino que ud tenga al frente.
    ¿Qué se debe hacer cuando la guerra es obligada? ¿Qué es obligado?... Por ejemplo la defensa personal, las causas justas, lo inevitable y mucho más que sólo la sabiduría puede anticipar. La ignorancia no es más que un sinónimo de hipocresía y maldad. Así que no saque pecho como juez cuando no tiene ni idea de cómo discernir el bien del mal. Y eso lo coloca a ud de forma inmediata y automática del lado del mal. Los eventos actuales han demostrado esto hasta la saciedad.
    Entonces... ¿Cómo se enfrenta lo inevitable en estos aspectos? ¿Cuándo se va a la guerra y por quién? Si ud nunca se ha esforzado por separarse del mal, ud jamás podrá imaginar una respuesta en su ignorancia. Pues para separarse del mal se necesita conocimiento. De otra forma ud se verá arrastrado a lo inevitable a pesar de su hipocresía. Empiece por ud, ese es sólo el principio. Quizás los acontecimientos lo arrastren, como le ha sucedido al pueblo Ucraniano. Que los acontecimientos no lo arrastren a estar del lado equivocado.
    Dios es bueno y experimentamos Su bondad mejor cuando nosotros mismos somos buenos. Esta es otra inevitable verdad. Su misericordia perdura para siempre y nos convertimos en conductos de Su misericordia duradera sólo cuando nos alejamos del mal y hacemos el bien. ¿Pero qué es hacer el bien? El ignorante NO puede ser bueno.
    Entender la correlación de estos últimos párrafos es la clave para abordar a las demostraciones que de esta línea de reflexiones se desprenden como decodificaciones de la misma Torá que nos traen hasta aquí.
    Se concluye que el mal es parte de nuestra existencia, que debemos luchar contra el mal, que sólo los justos dan la batalla, que para ser justo se requiere la instrucción e internalización de la Torá como herramienta de corrección y discernimiento, que la adecuada actitud hacia nuestra vidas y la responsabilidad por estar vivos está en el entendimiento de la realidad y su mal inherente, que si no entendemos somos víctimas del mal y por consiguiente estamos en el bando equivocado, que los tiempos finales que vivimos nos exigen más que nunca nuestro total involucramiento como soldados de guerra al servicio de las huestes celestiales y que sólo esta batalla nos proporciona salvación y gracia.
    Entendemos y concluimos que si se pertenece al otro lado (el lado del mal que lo avala y lo defiende) estamos día con día descendiendo más y más a niveles de impureza que pueden cauterizar nuestras conciencias sin posibilidades de retorno, que jugar a la religión no es sino otro engaño más de guerra en el que muchos caen como víctimas, que el enemigo no descansa jamás para lograr nuestra perdición y que la gracia divina sólo puede merecida, no obstante las ayudas inmerecidas nunca faltan.
    Que nuestra imaginación no es garantía de nada. Que la exigencia es alta a pesar de nuestras presunciones de simplificar nuestro reto existencial, así seamos super devotos y “creamos” en Dios con prácticas color de rosa de “buenos sentimientos”, predicas de “confianzas” y “sumisión” al cielo melodramáticas, artificiales y fingidas continuamente, haciendo a Dios al mismo tiempo una caricatura de nuestro limitado entendimiento y negaciones de la realidad y el conocimiento mismo.
    Como ya lo he mencionado... Muchos afirman como gran exhortación que "la paz no se hace a través de la violencia".
    Otra frase más de las innumerables que requieren ser analizadas y aclaradas antes de darle su interpretación correcta. Como todo en nuestra realidad, se tienen dos posibilidades de conexión o validación. ¿Cuándo se hace verdadera esta sentencia? ¿Cuándo NO?
    Si.... Hay una extensa justificación a dicha afirmación que la verifica. Pero dicha confirmación NO se corresponde con los status de guerra contra las fuerzas del mal. No me voy a referir a la verificación positiva de dicha frase, pues no es el tema que quisiera aclarar. Por el contrario... La afirmación en cuestión es completamente falsa cuando se trata de la defensa de lo correcto, del bien, de la verdad, de lo justo y se requiere detener a las fuerzas del mal, como se detiene la propagación de algo mortal.
    Nunca debe haber ningún tipo de debilidad frente a la maldad. Nunca se debe mostrar, ni debe haber locura estúpida frente las fauces de las huestes malignas. Nunca debe haber vacilación frente al mal. La debilidad, la locura y la vacilación son las semillas plantadas por las fuerzas del mal para destruír a sus enemigos, los poderes de bien. ¿A qué bando pertenece ud? Con demasiada frecuencia el mal ha salido victorioso, simplemente porque las fuerzas del bien no fueron lo suficientemente firmes en su resolución para oponerse VIOLENTAMENTE al mal en todas sus formas.
    Las multitudes anti-guerra y los liberales predican el amor y la dicha. Pura fantasía disociada de la realidad. Puro negacionismo idiota. Quieren «paz». Quieren negociaciones con psicópatas (tal cual se hizo en Colombia con degenerados violadores de niñas, pedófilos, genocidas). Sienten que no hay necesidad de la guerra. Igual al sentimiento ridículo que precedió la segunda guerra mundial y en donde el genocida Hitler no dudo en aprovecharse de la debilidad del bloque occidental y seis millones de judíos inocentes lo pagaron con sus vidas, además de otras decenas de millones adicionales.
    O los poderes del bien aplastan a las fuerzas del mal, o las fuerzas del mal se levantarán para aplastar a las fuerzas del bien. ¿A qué bando pertenece ud? Una llaga supurada sólo empeora mientras no se trabaje rigurosamente en ella una vez que se nota por primera vez. Qué le vamos a hacer.; así funciona la realidad que se nos ha impuesto por Voluntad Divina.
    ¿Acaso no lo ha constatado usted de primera mano? ¿no lo ha experimentado? ¿no lo ha vivido en su carne, en su salud? ¿va a seguir negando la realidad? Si usted no ataca la infección con antibióticos con la debida anticipación, esta lo matará a usted; quizás usted sea de aquellos que prefiere vociferar hipócritamente que mejor desea ser pacifista y misericordioso con el cáncer en su cuerpo; con un virus mortal; con bacterias que amenacen su vida. Puras mentiras y autoengaño. Quizás usted piense que estos ejemplos en la microbiología no se ajustan a otras realidades. Esto sólo denota su muy triste ignorancia. La Biblia no está escrita como una guía para la guerra. Al contrario está escrita como guía para la vida.
    Desafortunadamente la guerra es parte de la vida. Si fallamos en reconocer esta realidad y así fallamos en desarrollar y ejecutar nuestros deberes Divinos ordenados, en vez de heredar la vida, vamos es a heredar la muerte. Claro, todo aquél al que le repugna la sola insinuación de deberes Divinos, querrá disfrazar su soberbia ingrata y rebeldía egocéntrica corrupta con posturas autoengañozas pacifistas y de falso amor al prójimo. Todas las palabras aquí expuestas serán un atentado a su integridad que sólo pretende justificar el bando al cual desde hace mucho se unió.
    Reconocer la realidad; Entender Los significados de la guerra acorde a la Voluntad de Dios.; esta es una de las paradojas Divinas que Dios ha ordenado. La guerra que trae muerte, finalmente trae vida; mientras que la evasión a una guerra necesaria que aparentemente salva vidas, al final produce mucho más muertes. Así de pifiados están los pacifistas. Al final terminan siendo los responsable de las muertes masivas que genocidas ejecutan de parte de las fuerzas del mal.
    Nuestra responsabilidad Divina no es el cuestionar el por qué en estos aspectos; nuestra responsabilidad y deber es más bien el hacer y callarnos acerca del por qué. ¿Acaso podemos abrogarnos ser más inteligentes que quien nos dió la inteligencia?
    La única estrategia victoriosa consiste en servir a Dios, conocer Su Voluntad, Su Palabra. Busque , exponga y elimine las fuerzas del mal. Luche contra ellas y derrotelas dentro de ud, o ya habrá perdido la lucha; no sólo la lucha por la libertad, sino la lucha por su alma.
    Ver artículo completo en el siguiente link
    https://verdadyrealidad1.blogspot.com/2022/05/falsa-virtud-e-hipocresia.html
    David Saportas
    1 hr 26 min

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