En esta reevaluación de la religión los hijos de la Nueva Era tendrán que repensar a fondo sus creencias y descubrir sus profundas contradicciones. Algunas de ellas las acabamos de señalar, pero quedan todavía muchas otras que el lector tiene que descubrir por sí mismo. Deberá comparar su fe con otras diferentes para ver cómo coinciden en cosas absurdas y cómo por el contrario se contradicen en cosas básicas. Coinciden, por ejemplo, en la exigencia del dolor, en la personificación de la divinidad, en la humanización de Dios, en la virginidad de la madre del hombre-dios, en su "segunda venida", en hacer de los sacrificios de sangre el centro de la religión, etcétera.
Y en cambio, son contradictorias en cuanto a sus mandamientos concretos y ritos. Ante un cuadro así, uno deduce que no todas pueden ser verdaderas y una sola tampoco, porque esto diría muy poco de la equidad, justicia y providencia de Dios. Un hijo de la Nueva Era tendrá que repensar en particular el más allá que predica el cristianismo, con su resurrección de la carne, sus infiernos eternos y visiones beatíficas en las que no estará la mayor parte de la humanidad que no ha creído ni obrado conforme a las enseñanzas de Cristo. ¿En qué cabeza caben tantos disparates? Por lo tanto, un hijo de la Nueva Era tiene que tener el valor de destetarse de semejantes enseñanzas y perder el miedo a pensar libremente acerca del más allá.
La religión trata a sus fieles como niños que no tienen inteligencia y, en este particular, el catolicismo ha sido el ejemplo perfecto del padre sobreprotector que, a fuerza de defender a su hijo de peligros, lo convierte en un tarado que no puede valerse ni pensar por sí mismo. Las autoridades eclesiásticas prohibieron prácticamente pensar sobre los misterios de la fe. Había que limitarse a oír y a creer lo que a uno le decían. Por eso muy lógicamente prohibieron leer La Biblia, porque su lectura es capaz de quitarle la fe a cualquier persona que reflexione un poco sobre todos los disparates que contiene.
Se puede asegurar con toda certeza que las creencias de cualquier religión son un insulto a la inteligencia humana. Lo malo es que hay muy pocos aún entre las personas cultas con valentía para hacer un examen crítico detallado de todas sus creencias.
LOS MANDAMIENTOS DE LA NUEVA ERA
Entonces, ¿qué religión practicaremos? Si por religión se entiende un conjunto de creencias "reveladas" que nos sirven para alcanzar la salvación y librarnos de un castigo eterno, la contestación es: ¡ninguna!
Puede ser que en otras épocas las religiones les hiciesen falta a hombres que no sabían por qué retumbaban los truenos o por qué el sol salía todas las mañanas. Aunque muy lejos de pensar que ya lo sepamos todo creo, sin embargo, que hoy día ya hemos madurado lo suficiente como para no necesitar esas andaderas.
La única religión que estará siempre vigente será la del amor y la justicia, dándole a cada uno lo que le corresponde, respetando el derecho de los demás y teniendo el corazón abierto y generoso para todo y para todos. Todo lo demás son adornos inútiles e instrumentos de manipulación. Debemos impulsar un amor y una justicia que no estén administrados por nadie que se diga representante de Dios. Todos somos representantes de Dios.
¿Se van a perder entonces todos los valores? Falso. Conozco a gente que no practica ninguna religión y son excelentes personas, y conozco cristianos con todas las de la ley muy fanáticos y muy injustos, con los que no quisiera encontrarme ni en el reino de los cielos.