PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

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By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • LA CONJURA DE LOS IGNORANTES
    http://www.pasosperdidos.org/libros/pdf-43.pdf
    Todos los días, las secciones de opinión de la prensa publican artículos o columnas sobre el estado de la enseñanza. De todas las piezas leídas, la que más me ha sorprendido y disgustado es la de Ricardo Moreno Castillo, catedrático de Matemáticas en Enseñanza Media y profesor asociado en la Universidad Complutense. Se titula “Algunos males del sistema educativo”. Se publicó en El País.
    De su autor ya he hablado en varias ocasiones. Una en un artículo de prensa y otras en este mismo blog: aquí y aquí. En ambos casos, lo hice para deplorar el tono escandaloso que le da a sus escrutinios educativos y para lamentar sus soluciones pedagógicas. Pero qué digo pedagógicas. Para Moreno Castillo, los males de la educación proceden de la pedagogía. Lo decía en el primer libro que dedicó a este tema, lo repite en el nuevo volumen que ahora publica y lo reitera otra vez en ese artículo de El País. Nuestro autor busca dos tipos de lector, principalmente: los padres que se quejan de la educación; y los profesores que protestan por las condiciones en que están obligados a impartir sus clases.
    Los busca diciéndoles lo que, seguramente, esperan oír: que las cosas van mal y que cualquier tiempo pasado fue mejor. En los viejos buenos tiempos, numerosos muchachos estaban instruidos, eran educados, sabían todo lo que había que saber, operaban matemáticamente sin grave dificultad y, como retóricos de la mejor clase, sabían exponer, argumentar, escribir. En cambio, ahora, todo se ha deteriorado. ¿Causas? Las leyes de educación, que han trastornado el aula, su autoridad, su función, su razón. La pedagogía habría sido así el mal de fondo, el que habría inspirado a los ministros tontamente reformadores, y a los profesores engañados por un deseo inocente: el de que los muchachos estudien en mejores condiciones que ellos.
    Lo que me molesta de Romero Castillo es su forma de argumentar: se vale de inventarios imprecisos, de generalizaciones abusivas, de apelaciones emotivas, de descripciones que son acusaciones, de pruebas que no pueden seguirse, casos que no podremos comprobar. Verifiquémoslo en su artículo “Algunos males del sistema educativo”.
    Algunos males del sistema argumentativo de Ricardo Moreno Castillo
    1. El inventario impreciso. “Hay alumnos que acaban la Educación Secundaria Obligatoria incapaces de operar con decimales, ignorando cosas muy elementales de geometría y, en algunos casos, sin saber la tabla de multiplicar”. Hay alumnos. ¿Cuántos? Cuando presentas un hecho objetivo debes describir concretamente el caso, no hacer una generalización con la que no puedes no estar en desacuerdo. Claro que hay alumnos que son incapaces de operar con decimales. Yo me recuerdo operando con dificultades…, no con decimales: simplemente me salvaron estudiar Letras y operar con las calculadoras de Texas Instruments. Desde adolescente he podido sobrevivir con estas graves carencias. Eso sí, antes de librarme de aquello, en clase fui golpeado con una fusta, fui abofeteado, se me repartieron capones. Ah, los viejos buenos tiempos…
    2. La generalización abusiva. “No es insólito que un ‘niño’ vaya con su mamá a matricularse a la facultad, y se han dado casos de alumnos universitarios que han ido a la revisión de notas acompañados de sus padres”, dice Moreno Castillo. Alf llamaba hipergeneralizaciones a este tipo de enunciados. ¿Alf? ¿No lo recuerdan? Era aquel personaje extraterrestre que salía en televisión. Desde mi punto de vista, razona mejor que el catedrático de Matemáticas. ¿Qué probaría que algún “niño” acudiera con su mamá a matricularse? ¿Que el mundo está en declive, que la civilización se derrumba, que la juventud está perdida? ¿Qué probaría que algún alumno revisara las notas acompañado de sus padres? Que España ha perdido madurez, que Occidente ha entrado en un proceso de regresión? Puestos a generalizar a partir de un caso, propongo el mío: yo no me matriculé con mi mamá; tampoco mi hijo. Han pasado más de treinta años, los hábitos familiares se mantienen. Como profesor que imparto clase veintitantos años, puedo decir que sólo una vez acudió una madre con una hija para la revisión de notas. ¿Qué he de inferir de ello? Veo entre mis estudiantes bastante madurez y algo de amor propio: o de vergüenza torera, ¿no?
    3. La apelación emotiva. “Si los efectos de la reforma no son todavía más desastrosos, es porque los profesores hacemos bastante más de lo que estrictamente nos corresponde”, apostilla Moreno. Esa frase, leída por un docente a las 20 horas de un día corriente, sólo puede suscitar aprobación: a esa hora, repasando el periódico, te tropiezas con un artículo que te dice que haces más de lo que debes y que sólo por eso no se derrumba el sistema educativo. Lo suscribes inmediatamente: estás cansado y quien escribe carga en otros la responsabilidad de tu sobreesfuerzo. Es un modo muy curioso, autoindulgente, de granjearse el apoyo de tus lectores. Esa interpelación implícita es demagogia.
    4. La descripción que es una acusación. “Entre los males de nuestro sistema está la proliferación de unos presuntos expertos que, usando un discurso vacío, están empeñados en intervenir en la formación de los docentes”, añade Moreno Castillo. Se refiere, claro, a los pedagogos. ¿Qué quiere decir? ¿Que la pedagogía puede ser una disciplina inútil por sus verbalismos? En el caso de que sea así, lo que le sucede a la pedagogía no sería algo distinto a lo que le ocurre a otras ciencias sociales. Decía Henri Poincaré que “la sociología es una teoría que puede ofrecer el mayor número de métodos y el menor número de resultados”. Y la antropología, y la economía. Y la historia, si mucho me apuran. ¿Vamos a echar la culpa de los malos conocimientos históricos a una historiografía densa?
    5. Las pruebas que no pueden seguirse. Dice Moreno Castillo que los responsables de la pedagogía escolar, de ese mal, son algunos profesores de instituto. En concreto, algunos que habrían “desertado de la tiza y aprendido la jerga pedagógica. No tienen que soportar las consecuencias de sus propias teorías, pero se dedican a dar cursillos a quienes seguimos dando clase. Otros son profesores de Universidad, que jamás han trabajado con alumnos de instituto, pero que hablan del tema con el atrevimiento propio de los ignorantes. Veamos algunos ejemplos”. Pone ejemplos de afirmaciones tontas, pero no identifica a sus autores y el número que representan. Por tanto, impide su verificación: has de creer que lo que te dice es cierto. Un científico aporta las pruebas y deja indicaciones suficientes (las notas, por ejemplo) para que el lector pueda seguir la investigación. De lo contrario, el único crédito de lo que dice es su palabra, la fe que su palabra te inspira: algo inaceptable en una discusión racional con datos y argumentos.
    ¿Sigo? Podemos convenir en que la formación merece un cuidado especial, una atención legal y pedagógica adecuada, unos profesores preparados y motivados, unos alumnos respetuosos que han sido educados por sus padres. Lo que la instrucción pública no merece es el sombrío diagnóstico del apocalíptico de turno. Hace daño y convierte la materia en munición peligrosa.
    ¿Educación? No, gracias
    19 min
  • LA HOMEOPATIA A DEBATE ARTICULO
    La homeopatía, de nuevo a debate
    by Julia Girón Nov. 29, 2016 3 min read original
    Más de 300 millones de personas utilizan la homeopatía en el mundo entero para tratar enfermedades leves tales como gripes, resfriados (52%), ansiedad, estrés e insomnio (39%) o, simplemente, en caso de alergias (29%) o como suplemento para reforzar las defensas (34%), según recogen los laboratorios Boiron en su I Estudio sobre conocimiento y uso de la homeopatía en España. Sin embargo, para muchos otros, esta terapia es considerada como una pseudociencia sin base alguna que no ha conseguido curar a nadie a lo largo de la historia. Entre ellos, algunos organismos como la Comisión Federal de Comercio estadounidense que acaba de anunciar que, a partir de ahora, los preparados homeopáticos en EEUU deberán informar al consumidor de que no hay evidencias científicas de su eficacia.
    homeopatia--
    ¿Ciencia o timo?
    Es lo que el bioquímico y bloguero José Miguel Mulet defiende en su último libro, Medicina Sin Engaños (Destino) en el que desmonta los mitos más extendidos sobre las medicinas alternativas. “En 200 años la homeopatía no ha sido capaz de demostrar que funciona mejor que el placebo. Hemos superado enfermedades como la viruela o la polio gracias a las vacunas, infecciones gracias a los antibióticos, cánceres gracias a la radioterapia o a la quimioterapia. Pero, ¿conocemos alguna enfermedad que se haya superado gracias a la homeopatía? Yo no. Curiosamente su mayor eficacia es con las enfermedades leves, es decir, para esas enfermedades que se van solas te tomes algo o no. Los medicamentos imaginarios funcionan de maravilla con enfermedades imaginarias”, espeta el autor.
    Entonces, si se trata de un fraude, ¿cómo puede ser que la homeopatía haya sobrevivido tanto tiempo entre nosotros desde su invención en 1976 por el médico sajón Samuel Hahnemann? Podríamos pensar que se trata de una simple cuestión de modas, ya que su fama ha ido fluctuando desde entonces dependiendo de la época histórica, sin embargo, también ha contado con el respaldo de buena parte de la comunidad científica , hoy en día, es mencionada en muchos reglamentos europeos.
    ¿Por qué se vende la homeopatía en farmacias?
    De hecho, el colectivo de médicos y profesionales homeopáticos se apoyan en los numerosos estudios y ensayos científicos, como los de la Faculty of Homeopathy, que respaldan la eficacia de sus preparados; así como en el hecho de que éstos estén regulados por la Ley de Garantías y Uso Racional de Medicamentos. Pero, ¿cómo se preparan estos medicamentos homeopáticos? La compañía francesa Boiron incide en este punto. “Cuando hablamos de homeopatía hay que tener claro, en primer lugar, que se trata de una opción terapéutica que trabaja con el cuerpo, potenciando y regulando su capacidad natural para alcanzar el equilibrio. El proceso de fabricación de los medicamentos homeopáticos está sometido a la misma regulación que el resto de medicamentos y, como todos ellos, se dispensan exclusivamente en oficinas de farmacia. También, al igual que en el resto, se utilizan sustancias animales, vegetales y minerales como base para su elaboración. Estas sustancias se someten a un proceso sucesivo de diluciones y agitaciones estandarizadas para obtener los principios activos homeopáticos. Como medicamentos, son recomendados por profesionales sanitarios, y les distingue su gran seguridad ya que, en general, no se presentan efectos secundarios relevantes directamente asociados a su toma.”, explica Miguel Barell, farmacéutico y director de Relaciones Institucionales de Laboratorios Boiron.
    Hoemopatía sin receta
    Sí hay algo, sin embargo, que diferencia a los productos homeopáticos de los medicamentos convencionales y es que pueden ser adquiridos sin receta médica ya que, según Miguel Barrell, se trata de “medicamentos para el autocuidado”. Algo con lo que Mulet disiente profundamente. “La homeopatía, hoy por hoy, está en un limbo legal, ya que no se ajusta a la Ley del Medicamento, sino que solo tiene que demostrar que es inocua, por lo que está al mismo nivel que las gominolas que también venden en la farmacia. Vender algo alegando que tiene unas presuntas propiedades cuando estas propiedades no han sido demostradas es, para empezar, un fraude al consumidor”. No obstante, no todos los farmacéuticos se muestran favorables a incluir los productos homeopáticos en sus estanterías y muchos de ellos critican la categoría de ‘medicamento’ que reciben; tal y como reflejan algunas protestas lideradas por estos colectivos en los últimos años. Aunque, curiosamente, no son los únicos insatisfechos. También desde Boiron apuntan a un cambio necesario en la regulación de los productos homeopáticos para equipararse a países como Francia -donde la homeopatía goza de mayor aceptación-, “en particular en los aspectos relacionados con el registro de los medicamentos y la información al profesional y al público en general”.
    La homeopatía, una tendencia al alza
    Pese a las opiniones encontradas entre defensores y detractores, lo cierto es que cada vez son más los profesionales sanitarios que se interesan y se forman en homeopatía y alrededor de 10.000 médicos integran ya la prescripción de medicamentos homeopáticos, tanto desde las consultas de los médicos homeópatas como desde la atención primaria. “Por ejemplo, en tratamientos de cáncer, los oncólogos la utilizan cada vez más en el cuidado de los efectos secundarios para abordar las náuseas, la sequedad de la boca, la ansiedad o los trastornos del sueño que pueden derivarse de estos tratamientos”, explica el farmacéutico Miguel Barrell, quien subraya que, en este sentido, “la homeopatía suma, añade posibilidades terapéuticas para el médico en beneficio del paciente, sin tener que renunciar a los medicamentos convencionales”. ¿Supone acaso esto una mala praxis del profesional sanitario como apunta Mulet? "A los médicos que compatibilizan las dos prescripciones habría que recordarles su código deontologico cuando dice que tienen que aplicar en sus pacientes todas aquellas terapias respaldadas por la evidencia científica, algo que la homeopatía, sencillamente, no cumple". Como ven, el debate está servido.
    ¿Y tú qué opinas? Te animamos a que compartas tu opinión y experiencia sobre el uso de la homeopatía en la medicina para el tratamiento de algunas enfermedades.
    10 min
  • Homeópatas, arúspices y nigromantes artículo de El País
    En la antigua Roma continuaban existiendo los arúspices, sacerdotes cuya principal virtud era contemplar el futuro en las vísceras de animales muertos. Técnica ésta ya vieja por aquel entonces, proveniente de los etruscos, y a cuyos expertos se les consultaba en privado sobre todo tipo de cuestiones, ya fuese la campaña de Aníbal en Italia o la fertilidad de la casadera de un aristócrata de Brindisi. El arúspice, examinando el color, la forma y el olor de las vísceras del animal en cuestión –sobre todo el hígado– predecía el éxito de la batalla, el estado de la matriz de la mujer o la duración de la vida de un cónsul. Con la llegada del Imperio, la anexión de Grecia y su logos, el arúspice acabó siendo un hazmerreír para individuos cultos.
    El mundo y la vida son pura incertidumbre. Es hasta cierto punto comprensible que la población, tan ignorante en su mayoría, se echase en brazos de la magia para explicar no solo lo inexplicable, sino para no sucumbir al horror cotidiano. Así, una vez desaparecida la influencia de Roma en Europa, vinieron con los pueblos germánicos otros mitos y otras soluciones para soportar lo que era difícilmente soportable, para sobrellevar una existencia penosa y miserable. Roma y sus oráculos dejaron paso a la nigromancia y la brujería. Un Medievo inquisitorial obsesionado con el temor de Dios y la presencia constante del demonio. Más tarde, las hogueras de la Inquisición dieron el testigo a los cazadores de brujas y hechiceros.
    Es una estafa diluida infinitesimalmente. Su único efecto es el placebo, la sugestión, la creencia del que la toma en su sanación
    En Etruria, en Roma, en la Navarra medieval y en la Sajonia moderna había motivos para recurrir a la magia, hoy ya no hay, o no tantos. La vida y el mundo siguen siendo complejos, inexplicables y peligrosos, pero lo son mucho menos cada vez, gracias entre otras cosas al triunfo de la razón, el mayor tesoro que nos dejó la vieja Hélade. La magia, la superchería, no van a dejar de existir mientras el alma humana siga atormentada por su condición de desamparo y sinsentido, pero es bueno que, si ha de seguir, siga como siguió en tiempos de los césares, es decir, proscrita, fuera del Estado, la razón y la ley. Hoy día es así en casi todo y para casi la totalidad de los charlatanes y videntes, que viven en submundos clandestinos y desprestigiados, pero no para la homeopatía.
    La homeopatía es la única de las supercherías mitológicas, acientíficas y pseudomilagrosas que no solo merece las risas de la gente –Catón decía que los arúspices no se podían mirar sin reírse de ellos–, sino que es ejercida por científicos (médicos, farmacéuticos, químicos) y que ha conseguido, sin demostrar absolutamente nada, vender que es una ciencia. La homeopatía no es una ciencia. Dejemos esto claro. Ni una medicina alternativa. Es un invento de un médico alemán a comienzos del siglo XIX de nombre Samuel Hanhemann, que dijo que lo semejante cura a lo semejante. Él no aclaró nada, por supuesto, y sus millonarios sucesores de la industria siguen sin hacerlo. No se sabe cómo actúa, ni si actúa de alguna forma, y no se puede hacer nada con ella atendiéndonos al método científico. Es agua con azúcar, un cuento, una estafa diluida infinitesimalmente. Su único efecto es el placebo, la sugestión, la creencia del que la toma en su sanación, exactamente la misma que la del legionario romano que preguntaba al arúspice si moriría en la batalla de Accio o no.
    Magia y superstición que se prescribe y dispensa por profesionales de la salud con años de estudios científicos, sin que un solo ensayo clínico haya demostrado algo que no sea la fe en un futuro mejor. La homeopatía está actualmente en las farmacias y muchos nos preguntamos el porqué. Se ha dejado en manos de un experto en los medicamentos una cosa que no lo es, de la que la inmensa mayoría recelamos y que no sabemos manejar a tenor de la dificultad en su prescripción, que –por supuesto, como en la vieja Roma– solo conoce el experto prescriptor-arúspice, que a veces es médico y muchas no.
    Tengo entendido que cada vez más homeópatas venden sus pócimas milagrosas diluidas en los consultorios donde tratan con el doliente, y es bueno que así sea, porque así ha sido siempre, desde la noche de los tiempos. Pero que dejen los hospitales, las clínicas y las farmacias para las medicinas, la ciencia y la razón.
    Rafael García Maldonado es farmacéutico y escritor. Su último libro es Cuaderno de incertidumbre (Anantes).
    7 min
  • PEDAGOGÍAS LAS JUSTAS
    Pedagogías, las justas
    Por César Rufino
    Ricardo Moreno Castillo, catedrático de Matemáticas de Bachillerato, profesor asociado en la Complutense hasta su jubilación, y doctor en Filosofía, publicó en 2006 su “Panfleto antipedagógico”, uno de los libros más destacados entre los lamentablemente escasos ‘contestatarios’ contra la pedagogía oficial. El asunto había comenzado algunos años antes con los artículos y libros pioneros de los profesores Rodríguez Adrados y Gregorio Salvador, y la aparición providencial de la editorial Unisón, dirigida por Mercedes Ruiz Paz, a la que debemos no sólo su imprescindible “La secta pedagógica”, sino habernos dado a conocer, entre otros, a Inger Enkvist. Y que no les engañen: la causa de todo nuestro fracaso educativo reside en la pedagogía oficial, implantada por la izquierda, y asumida y desplegada con pasión de conversos por la derecha.
    A Ricardo Moreno Castillo lo han llamado de facha para arriba por denunciar que la pedagogía, entendida como rama del saber, es la gran trola de nuestro tiempo. Lejos de arredrarse por ello, su reciente libro titulado La conjura de los ignorantes (de cómo los pedagogos han destruido la enseñanza) es la evolución natural de otras publicaciones suyas, Panfleto antipedagógico (2006) y De la buena y la mala educación (2008), con las que plantaba ya cara a esta «pseudociencia» y a sus pontífices bajo la acusación de haber arruinado toda expectativa de conseguir que la escuela sirva para algo, de haber creado «un lenguaje vacío» de perniciosos efectos: la negación de la autoridad al profesor, la erradicación del esfuerzo y la aplicación por parte del alumno como elementos reaccionarios, la presunción del derecho del niño al éxito, la creatividad por encima de la adquisición de conocimientos y otros principios han hecho añicos, según el profesor Moreno, toda esperanza del colegial de sacar algún provecho de su paso por las aulas más allá de obtener un pasaje con todos los gastos pagados hacia la frustración.
    En su nuevo ensayo se dedica a recoger lo que considera «estupideces» dichas por los miembros de esa «secta», para ponerlos en evidencia. «Se objetará que también se podría hacer una antología de estupideces dichas por grandes científicos, y es verdad. Un físico, así sea premio Nobel, puede decir muchas tonterías, pero solo cuando deja de hablar de física. Puede equivocarse, ¡cómo no!, pero no decir disparates sobre física que pudiera detectar un lego en la materia. Y esta es la diferencia. Un pedagogo puede decir estupideces cuando habla de cualquier cosa, todos las decimos con más frecuencia de la deseable, lo grave es que las dice cuando habla de enseñanza y educación, el objeto de su supuesta ciencia», escribe.
    En conversación con El Correo, este licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía, catedrático de instituto jubilado y autor de una veintena de obras, comenta que en su opinión «la pedagogía es fruto de antiguos progres con mala conciencia. No podemos ser autoritarios, dicen. Hombre, no podemos tratar a los alumnos a palos, pero, si hay treinta niños, o tú ejerces la autoridad o no hay manera de dar clases. Y lo que es más grave: es una ingenuidad pensar que si el adulto deja de ejercer su autoridad va a haber una alegre camaradería con los niños. Va a ser el abuso del más fuerte sobre el más débil. De hecho, a medida que ha ido disminuyendo la autoridad del profesor aumenta el acoso escolar».
    No le duelen tanto las críticas como la certeza de lo que ello significa: que las raíces de la pedagogía, entendida en esta ocasión como mala hierba, están demasiado agarradas para su gusto. «Yo estuve en la universidad franquista, hice huelgas como todo el mundo, tiré piedras a la policía franquista... que a estas horas me llamen fascista me da igual. Me han llamado de todo: fascista, nostálgico, reaccionario... Cuando yo digo que se trata de que la escuela sea un ascensor social, el niño tiene que aprender y hay que disciplinarlo. Al niño lo que le gusta es jugar con sus amigos, eso es lo normal».
    En su libro recoge un ejemplo estremecedor de discurso vacío. He aquí un fragmento: De acuerdo con este marco, entendemos que para estudiar los mecanismos de influencia educativa que operan en el ámbito de la interactividad es necesario identificar, por un lado, las formas en que se organiza la actividad conjunta y, por otro, los significados negociados por los participantes en el marco de esa estructura de actividad, no solo en lo que se refiere a ‘de qué se habla’, sino también a ‘cómo se habla de aquello de lo que se habla’.
    El análisis se centra, por tanto en las ayudas vehiculadas por el agente educativo a través, por un lado, de una estructura de la interactividad, y por otro, del uso de determinados mecanismos semióticos. Como apunta Moreno Castillo, «he leído este texto una y otra vez y no consigo entender absolutamente nada. Lo más que puedo decir es que me recuerda a aquellos párrafos de los libros de caballerías que hicieron enloquecer a don Quijote».
    Por no hablar de afirmaciones como que a los alumnos no hay que transmitirles conocimientos, sino hacer que sean capaces de aprender a aprender. «Esto es una solemne insensatez», diagnostica el doctor, «por muy prestigiada que esté en ambientes pedagógicos. A aprender se aprende aprendiendo, igual que a nadar se aprende tirándose a la piscina. No hay un algo así comoaprender a aprender a nadar que luego te permita aprender a nadar.
    Además, si para aprender es preciso aprender a aprender, previamente habrá que aprender a aprender a aprender, lo cual nos lleva a un retroceso al infinito de consecuencias metafísicas impredecibles». O afirmaciones como esa de que el alumno tiene derecho al éxito, que raya el «disparate» porque «nadie se educa sin poner mucho de su parte», recuerda el autor de La conjura de los ignorantes. «Pero no solo es un delirio, es también una manera de crear alumnos irresponsables, en el sentido de que no tienen que responder, porque la culpa siempre es del sistema, que no les motiva, que no invierte lo suficiente, que no pone profesores de apoyo. Todos los españoles mayores de treinta y cinco años se han educado y han salido adelante en una época en la que se invertía menos en educación y con un sistema educativo que distaba mucho de ser perfecto. Y si el estudiante cree que no tiene obligación de poner de su parte hasta que las cosas sean perfectas, no solo no saldrá adelante sino que será siempre un inmaduro.
    Estoy de acuerdo con que gran parte del fracaso escolar lo es del sistema porque muchos chicos que quieren aprender no pueden por culpa de quienes boicotean las clases (y en nuestro sistema están más protegidos los que no dejan estudiar a sus compañeros que los que sí quieren aprender. Y porque muchos de los que superan la etapa obligatoria (que se supone no entran en las estadísticas del fracaso escolar) ignoran cosas muy elementales, y muchos de los que acaban el bachillerato llegan a la universidad con unas lagunas imperdonables. Que en las facultades de ciencias haya sido necesario implantar un curso cero donde se explican cosas que antes sabía un estudiante corriente de catorce o quince años es el fracaso del sistema».
    Afirma el profesor que «el responsable de este despropósito ha sido lamentablemente el Partido Socialista». «Yo siempre me he considerado de izquierda; pero la izquierda, esa de la que se supone que la educación pública ha de ser su bandera, la ha destrozado. El PSOE tendría que empezar reconociendo su error, y mientras no lo haga va a ser muy difícil conseguir un pacto por la educación. La izquierda tiene que ocuparse de los pedagogos al igual que la derecha tiene que ocuparse de los curas».
    Es difícil y arriesgado pontificar sobre cuáles son los males y los remedios de la enseñanza, por más que abunden quienes lo hacen sin recato ni perjuicio. Difícil, porque probablemente no haya una sola razón, un germen que se pueda aislar y eliminar; arriesgado, porque todo experimento u ocurrencia que se acometa en este campo puede acarrear trágicas consecuencias en generaciones enteras de jóvenes. Lo que sí parece claro es que propiciar en los jóvenes la capacidad de reflexión es una garantía tanto a efectos educativos como a todos los demás. Sin embargo, ya avisa el autor del libro de que «tanto la creatividad como el espíritu crítico son imposibles sin conocimiento. Un fanático es un ignorante con espíritu crítico». En las redes sociales, en los comentarios anónimos a ciertas informaciones de prensa, en la calle y en la propia escuela se puede ver si esta afirmación es o no exagerada.
    Mientras, los pobres profesores andan enloquecidos confeccionando, para dar una puñetera lección, “objetivos, conceptos, habilidades, destrezas, actitudes, competencias y perfil competencial, criterios de evaluación, estándares de aprendizaje, que concretan los criterios, rúbricas o indicadores de logro, que evalúan los estándares, criterios e instrumentos de calificación, metodología, materiales utilizados y criterios de autoevaluación”, la ingente carga tonticrática bajo la que, aplastados, terminan por desistir de su profesión. Así que luego ya no les quedan ganas de ponerse a estudiar a Unamuno. Que además no sale en la tele ni está en las redes sociales.
    Lean el libro. Al menos, ya que los 'pedabobos' se han cargado la enseñanza, que podamos pasar un “fragmento de ocio corto” divertido con sus desvaríos.
    ENTRE FILOSOFÍA Y MATEMÁTICAS
    Ricardo Moreno Castillo (Madrid, 1950), licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía especializado en historia de las ciencias, ha sido catedrático de instituto hasta su jubilación y profesor asociado en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense. Es autor de una veintena de obras sobre matemáticas y su historia, sobre filosofía (Diccionario semifilosófico y Trece cartas a Dios) y de numerosos artículos de prensa. También ha traducido varios códices matemáticos árabes y ha escrito las obras reseñadas en el texto sobre los efectos de la Pedagogía en la enseñanza y los principales problemas de nuestro sistema educativo. La conjura de los ignorantes está publicada por la editorial Pasos perdidos.
    15 min
  • EL DÍA DEL MAESTRO. REFLEXIONES
    El Día del maestro llega este año en un momento complicado para los profesionales de la enseñanza en España, inmersos en una reforma educativa que parece no ver la luz al final del túnel. A pesar del tiempo que les ha tocado vivir, el Día del maestro tiene su razón de ser. Porque ellos son esos grandes olvidados. Los criticados. Algunas veces hasta los más perseguidos. Y sin embargo los maestros son una de las figuras más importantes en la vida de cualquiera. El Día del maestro les recuerda mientras otros les olvidan. Porque a pesar de que los buenos maestros han cambiado las vidas de millones de imberbes a lo largo de la historia, pocos reconocimientos tienen.
    Mientras Google dedica a los maestros uno de sus doodles, a muchos se les viene a la cabeza alguna de las figuras que pasaron por su historia escolar. Uno de esos maestros que cambiaron su vida de una forma u otra gracias a su saber hacer. Y es que, probablemente, todos hemos disfrutado de algún profesor especial que con su motivación ha conseguido encaminar la rebeldía e ilusión que dominan a los más novatos.
    Solo el saber nos hace críticos
    Por Ricardo Moreno Castillo
    Seguimos discutiendo sobre educación, pero el diálogo será de sordos mientras los mentores de la reforma de 1990 sigan negando la evidencia: que la enseñanza en España está literalmente por los suelos. Todos los grandes humanistas y científicos que conozco están escandalizados por cómo está la educación.
    Escritores como Félix de Azúa, Javier Marías, Eduardo Mendoza, Antonio Muñoz Molina y Arturo Pérez-Reverte; filósofos como Gabriel Albiac, Rafael Argullol, Victoria Camps, Adela Cortina y Fernando Savater; historiadoras como Carmen Iglesias; filólogos como Javier Orrico, Xavier Pericay, Francisco Rodríguez Adrados y Gregorio Salvador, han cuestionado nuestro sistema de enseñanza o han apoyado manifiestos en los que este modelo es severamente criticado.
    Son ya muchas y muy autorizadas las voces clamando contra nuestro sistema educativo como para que quienes discrepamos de él se nos tache sin más de nostálgicos y reaccionarios. Y cada partido ha de asumir sus responsabilidades.Si el PSOE fue el autor del despropósito, el PP no cambió las cosas cuando pudo hacerlo. Cuando éste ganó las elecciones en 2011, algunos tuvimos un asomo de esperanza. Incluso quienes no lo votamos estábamos convencidos de que en educación ya no se podían hacer las cosas peor. Pero la desilusión llegó pronto, y con ella el recuerdo de una amarga lección tantas veces olvidada: que en la estupidez y en el mal hacer nunca se toca fondo. La promesa del bachillerato de tres años fue olvidada, la jerga vacía de los pedagogos fue asumida por las nuevas autoridades, y continuó la desidia frente a las autonomías que no obedecen las directrices del ministerio en aquello en que sí tiene competencia.
    Si nos hemos de entender hablando de educación, hay que aceptar algo obvio pero con frecuencia ocultado: que el objetivo es la transmisión del saber, y que el estudiante que acaba su educación ha de ser una persona más culta e ilustrada de lo que lo era cuando la comenzó. Y esto se oculta bajo una hojarasca de palabras vacías como habilidades, destrezas y aprender a aprender. Y son vacías porque plantean alternativas falsas: la destreza de hacer problemas de matemáticas o de traducir textos latinos se apoya en el conocimiento, no puede escribir bien quien no ha estudiado los contenidos de una ciencia llamada gramática y solo aprendiendo se aprende a aprender.
    También se habla mucho de crear personas críticas, pero sucede que la crítica no controlada por el conocimiento es charlatanería. El último mantra pedagógico consiste en decir que hay que enseñar a tomar decisiones. Pues cuanto más instruido y cultivado sea alguien, más elementos de juicio tendrá para tomar decisiones. Es indispensable pues deshacerse de esta jerga que ha vaciado la enseñanza y hacer oídos sordos a los presuntos expertos que viven de ella.
    ¿Y a quiénes habría que acudir para elaborar las leyes de educación? Existen en España filólogos, escritores, filósofos y matemáticos que son o han sido profesores de instituto que mucho saben y mucho podrían aportar, algunos citados en este artículo. Y ninguno de ellos ha sido consultado. Cuánta sabiduría y experiencia sacrificadas frívolamente en el altar de los dogmas de una pedagogía que, sin ningún rubor, se autoproclama progresista. Pero a los creadores de la reforma este sacrificio les resbala. Sabiendo muy poco sobre estudiantes de bachillerato, desoyendo las voces más autorizadas, y con el atrevimiento propio de los ignorantes, se cargaron literalmente la enseñanza en España.
    Todavía se está a tiempo de arreglar el estropicio, pero el tiempo apremia porque cada día que pasa la situación se hace más difícil de revertir. Si el resultado de las próximas elecciones es parecido al de las anteriores y los políticos optan por una alianza de los partidos constitucionalistas frente a los antisistema, sería una gran ocasión para llegar a un pacto educativo. ¿Tendrán los políticos la altura de miras necesaria como para reconocer sus errores, aparcar sus diferencias y ponerse de una vez a arreglar un problema que, si no se resuelve ya, va a tener consecuencias gravísimas para España?
    Los grandes maestros merecen un día. Porque ellos han sido capaces de cambiarnos. Moldearnos y sobre todo, conducirnos a lo que somos y seremos a lo largo de nuestra vida.
    “Aprender es descubrir que algo es posible” – Fritz Perls
    “Aprender sin pensar es esfuerzo perdido; pensar sin aprender, peligroso” – Confucio
    “El primer paso para lograr es estudiar” – Brian G.
    “El hombre comienza, en realidad, a ser viejo cuando deja de ser educable” – Arturo Graf
    “Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía.”
    El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad. VICTOR HUGO
    11 min
  • ARTÍCULO DE MULET A FAVOR DE LAS VACUNAS
    Cómo vencimos a la viruela | Confidencias
    Nov. 26, 2016 2 min read original
    QUE A ESTAS alturas del siglo XXI todavía tengamos a gente que se permita el lujo de dudar de la eficacia y seguridad de las vacunas y que defienda no ponérselas a sus hijos es una especie de broma pesada. De pocos avances científicos estamos tan seguros de su efectividad como de las vacunas. Si hoy ya no vemos niños con muletas o encadenados a un pulmón mecánico por culpa de la polio, o a otros muertos por sarampión o varicela, es gracias a las políticas de vacunación de las últimas décadas. De hecho, una enfermedad terrible, la viruela, fue absolutamente erradicada de la faz de la tierra durante el siglo XX gracias a ellas. Aunque no fue un proceso fácil.
    La viruela era una enfermedad muy democrática. Afectaba por igual a pobres y a ricos y en todas las partes del mundo. Entre los siglos XVI y XVII fue responsable de la muerte de seis reyes, incluyendo el efímero Luis I de España, Pedro II de Rusia y Luis XV de Francia. Si buscamos en una enciclopedia, veremos que el inventor de la vacuna fue Edward Jenner, que se dio cuenta de que la gente que estaba en contacto con vacas no contraía la enfermedad. Pero, como suele pasar, su trabajo tenía antecedentes: se tiene constancia de observaciones parecidas siglos antes. La belleza de las mujeres que cuidaban vacas era loada en numerosos poemas. En los siglos XIV y XV, la higiene o el cuidado facial no eran valores que cotizaran al alza, menos aún en ambientes rurales. Posiblemente, si estas mujeres llamaron la atención de los poetas fue porque en su cara no existían marcas de viruela, comunes a la mayoría de la población. Por ejemplo, el rector de Vallfogona, poeta catalán del siglo XVII, en un poema titulado A una mossa gravada de verola hace una descripción cruel y descarnada de las señales que dejaba la enfermedad en la cara de una joven.
    El primer tratamiento contra la viruela fue la variolización, de origen oriental e importado a Europa por lady Mary Wortley Montagu. Consistía en inocular a individuos sanos pústulas o polvo de las costras de personas infectadas para que desarrollasen estados más suaves de la enfermedad. Esta práctica se extendió por toda Europa, incluyendo España, y en concreto por la provincia de Guadalajara. En 1768, en el pueblo de Majaelrayo se consiguió frenar una epidemia gracias a esta técnica. Pero en la localidad vecina de Campillo de Ranas la población se diezmó por la oposición del párroco a la variolización, ya que veía en esta práctica una mano demoniaca. Realmente se trataba de una técnica de riesgo, ya que consistía en transmitir el propio germen de la enfermedad. Lo que hizo Jenner fue inocu­lar a personas sanas la viruela de las vacas, que era una patología parecida pero benigna y que inmunizaba contra la enfermedad. La primera vacuna la obtuvo de la vaca Blossom (cuya piel todavía se conserva) y la infundió en James Phipps, un niño de ocho años, hijo de su jardinero. El experimento fue un éxito y pronto nobles inglesas como Lady Duce o la condesa de Berkeley ordenaron hacer lo mismo con sus hijos, lo que creó un efecto imitativo. En 1805, Napoleón mandó vacunar a sus tropas, y en España Carlos IV organizó la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, en la que los médicos Francisco Javier Balmis y José Salvany la propagaron por las colonias españolas. Como en aquella época no había neveras, el sistema utilizado para transportarla fueron niños vacunados, de quienes se extraía el suero que se inoculaba a otros niños. Los primeros 22 menores de este viaje filantrópico fueron huérfanos de la inclusa de A Coruña.
    Mulet (9) – Como vencimos a la viruela-2
    — El virus de la viruela fue oficialmente erradicado en el año 1977. La última víctima fue Janet Parker, quien falleció un año después de que se controlara esta lacra.
    — Trabajaba en la Universidad de Birmingham, un piso por encima del laboratorio de Henry Bedson, que hacía investigación civil con el virus.
    — Un escape por el sistema de ventilación provocó el contagio. Bedson se suicidó días después del fallecimiento de Janet. Un caso que puede servir de ejemplo a los que se oponen o claman por la libertad de vacunación en un país, España, donde ahora mismo es obligatorio vacunar a tu perro, pero no a tu hijo.
    http://www.readability.com/articles/wpztdhce
    8 min
  • AMOR Y SUEÑO
    Amor y sueño.
    Love and sleep, Algernon Swinburne (1837-1909)
    Tendida y dormida entre caricias nocturnas
    vi a mi amor inclinarse sobre mi triste lecho,
    pálida como el fruto y la hoja del lirio más oscuro,
    rasa, despojada y sombría, con el cuello desnudo, listo para ser mordido,
    demasiado blanca para el rubor y demasiado ardiente para estar inmaculada,
    pero del color perfecto, ausente de blanco y rojo.
    Y sus labios se entreabrieron tiernamente, y dijo
    -en una sola palabra- placer.
    Y toda su cara era miel para mi boca,
    y todo su cuerpo era alimento para mis ojos;
    Sus largos y aéreos brazos y sus manos más ardientes que el fuego
    sus extremidades palpitando, el olor de su cabello austral,
    sus pies ligeros y brillantes, sus muslos elásticos y generosos
    y los brillantes párpados daban deseo a mi alma.
    Algernon Charles Swinburne (1837-1909)
    3 min
  • ENEMIGO INTIMO ANTONIO GALA
    Hay tardes en que todo
    huele a enebro quemado
    y a tierra prometida.
    Tardes en que está cerca el mar y se oye
    la voz que dice: “Ven”.
    Pero algo nos retiene todavía
    junto a los otros: el amor, el verbo
    transitivo, con su pequeña garra
    de lobezno o su esperanza apenas.
    No ha llegado el momento. La partida
    no puede improvisarse, porque sólo
    al final de una savia prolongada,
    de una pausada sangre,
    brota la espiga desde
    la simiente enterrada.
    En esas largas
    tardes en que se toca casi el mar
    y su música, un poco
    más y nos bastaría
    cerrar los ojos para morir. Viene
    de abajo la llamada, del lugar
    donde se desmorona la apariencia
    del fruto y sólo queda su dulzor.
    Pero hemos de aguardar
    un tiempo aún: más labios, más caricias,
    el amor otra vez, la misma, porque
    la vida y el amor transcurren juntos
    o son quizá una sola
    enfermedad mortal.
    Hay tardes de domingo en que se sabe
    que algo está consumándose entre el cálido
    alborozo del mundo,
    y en las que recostar sobre la hierba
    la cabeza no es más que un tibio ensayo
    de la muerte. Y está
    bien todo entonces, y se ordena todo,
    y una firme alegría nos inunda
    de abril seguro. Vuelven
    las estrellas el rostro hacia nosotros
    para la despedida.
    Dispone un hueco exacto
    la tierra. Se percibe
    el pulso azul del mar. “Esto era aquello”.
    Con esmero el olvido ha principiado
    su menuda tarea…
    Y de repente
    busca una boca nuestra boca, y unas
    manos oprimen nuestras manos y hay
    una amorosa voz
    que nos dice: “Despierta.
    Estoy yo aquí. Levántate”. Y vivimos
    4 min
  • O CAPITAN, MI CAPITAN WALT WHITMAN EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS
    ¡OH, CAPITÁN! ¡MI CAPITÁN!
    ¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro terrible viaje ha terminado,
    el barco ha sobrevivido a todos los escollos,
    hemos ganado el premio que anhelábamos,
    el puerto está cerca, oigo las campanas, el pueblo entero regocijado,
    mientras sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave.
    Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!
    ¡oh rojas gotas que caen,
    allí donde mi capitán yace, frío y muerto!
    ¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas,
    levántate, por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín,
    para ti ramilletes y guirnaldas con cintas,
    para ti multitudes en las playas,
    por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos:
    ¡Ven, capitán! ¡Querido padre!
    ¡Que mi brazo pase por debajo de tu cabeza!
    Debe ser un sueño que yazcas sobre el puente,
    derribado, frío y muerto.
    Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,
    mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
    la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
    de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
    ¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!
    Mas yo, con tristes pasos,
    recorro el puente donde mi capitán yace,
    frío y muerto.
    Autor: Walt Whitman
    4 min
  • LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO
    Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo,y entonces después de tener otro.
    Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos felices cuando lo sean. Después de eso nos frustramos por que son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esa etapa.
    Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo o esposa le vaya mejor,
    cuando tengamos un COCHE MEJOR o una CASA MEJOR, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados…
    La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que AHORA. Si no es ahora? , Cuando? Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlos y decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases favorita es de Souza, dijo: “Por largo tiempo parecía para
    mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar, entonces la vida comenzaría. Hasta que me dí cuenta que esos obstáculos eran mi vida.
    Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad. la felicidad es el camino.
    Así que atesora cada momento que tienes, y atesórarlo más cuando lo compartiste con “alguien especial”, lo suficientemente especial para compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie…
    Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a la escuela, hasta que bajes 10 kilos, hasta que tus hijos se vayan de casa,hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, hasta el verano, o hasta que mueras, para decidir que no hay mejor momento que este para ser feliz…
    La felicidad es un trayecto, no un destino.
    Pensamiento para la vida: Trabaja como si NO necesitaras dinero, Ama como si nunca te hubieran herido, y baila como si NADIE te estuviera viendo…
    Alicia Mena.
    4 min

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