PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • SABERTE AQUÍ MARIO BENDETTI
    Podés querer el alba
    cuando quieras
    he conservado intacto
    tu paisaje
    podés querer el alba
    cuando ames
    venir a reclamarte
    como eras
    aunque ya no seas vos
    aunque mi amor te espere
    quemándose en tu azar
    y tu sueño sea eso
    y mucho más
    esta noche otra noche
    aquí estarás
    y cuando gima el tiempo
    giratorio
    en esta paz ahora
    dirás
    quiero esta paz
    ahora podés
    venir a reclamarte
    penetrar en tu noche
    de alegre angustia
    reconocer tu tibio
    corazón sin excusas
    los cuadros
    las paredes
    saberte aquí
    he conservado intacto
    tu paisaje
    pero no sé hasta dónde
    está intacto sin vos
    podés querer el alba
    cuando quieras
    venir a reclamarte
    como eras
    aunque el pasado sea
    despiadado
    y hostil
    aunque contigo traigas
    dolor y otros milagros
    aunque seas otro rostro
    de tu cielo hacia mí.
    3 min
  • CONTRA LA INCLUSION DE PSEUDOTERAPIAS Y OTROS TIMOS EN LAS UNIVERSIDADES
    http://www.apetp.com/index.php/peticion-madrid/
    http://magonia.com/2016/11/22/las-tres-sociedades-cientificas-farmaceuticas-espanolas-rechazan-la-homeopatia/
    PETICIÓN CONTRA LA LEGITIMACIÓN DE LAS PSEUDOTERAPIAS EN LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES Y EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
    En los últimos tiempos, las mal llamadas “terapias alternativas” han invadido nuestra sociedad. Estas prácticas dicen poder afrontar la enfermedad por vías alternativas a las de la medicina, a la vez que en su proceso de promoción utilizan terminología médica y científica, sin basarse, por otro lado, en el saber científico ni en el mundo de la medicina. Nos referimos a pseudoterapias como la homeopatía, el biomagnetismo, la bioneuroemoción, la reflexología, la terapia ortomolecular, el reiki o a falsas técnicas de diagnóstico como la iridología.
    Practicar estas pseudoterapias entraña riesgos y peligros para el paciente, además de suponer una infracción del código deontológico médico del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, al retrasar la recepción de atención (artículo 5.4) y vulnerar el derecho del enfermo a la información veraz sobre su enfermedad y tratamiento (artículo 15.1), así como por crearle falsas expectativas mediante publicidad engañosa (artículo 65.3).
    Por todo ello, creemos imprescindible que, ante el fraude sanitario que suponen estas pseudoterapias, la sociedad en su conjunto y, en especial, las universidades y organismos científicos, respondan de manera simple: exigiendo información veraz y otorgándola, respectivamente. No entendemos otra reacción posible por parte de estas instituciones competentes hacia el engaño masivo que suponen las pseudoterapias, puesto que la Universidad representa el amor por el conocimiento y la búsqueda de la verdad.
    Llegados a este punto, ¿qué están haciendo las universidades? Si hay un lugar donde han calado fuertemente los esfuerzos por detener las pseudoterapias ese ha sido el entorno universitario. En él, miles de profesores y alumnos luchan por divulgar a su sociedad que las propiedades médicas que estos engaños dicen poseer no responden a cuestiones verificadas por método científico alguno, y sencillamente, entrañan un peligro sanitario y un perjuicio económico para los pacientes. La ciencia es clara al respecto: las terapias alternativas no funcionan más allá del efecto placebo y afirmar lo contrario es engañar a los enfermos.
    No obstante, algunas universidades han dejado entrar a las pseudoterapias en las aulas, y no como estudio teórico de sus falsas propiedades, sino afirmando que realmente funcionan. De los casos conocidos nos produce especial preocupación lo que está ocurriendo en la Universidad de Alcalá de Henares y la Universidad Complutense de Madrid.
    La primera, la Universidad Alcalá de Henares, ha otorgado el título de Profesor Honorífico a Isaac Goiz Durán, el inventor de la pseudoterapia conocida como biomagnetismo médico y quien afirma, entre otras cosas, haber curado a pacientes de sida y cáncer utilizando imanes. Esta falsa terapia resulta peligrosa, pues además del riesgo de abandono de terapias científicas en el caso de pacientes con enfermedades graves, también supone un perjuicio económico para los afectados y/o sus familiares. Por si todo esto fuera poco, la Confederación Médica Latinoamericana y del Caribe emitió un aviso en febrero de 2007 alertando de que la terapia biomagnética de Isaac Goiz era una estafa médica, y de que los títulos que dice poseer son, en gran medida, falsos.
    Sin embargo, la legitimación de este falso terapeuta por parte de la Universidad de Alcalá, organismo público, no es el único. Un centro de estudios adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, el Real Centro Universitario Escorial María Cristina, lleva años impartiendo un título de Especialista en Par Biomagnético, que enseña como verdaderos los principios pseudocientíficos del biomagnetismo dentro del “Programa Philippus”, todo un compendio de estudios de postgrado “profesionalizante” en las más diversas terapias alternativas (enlace). Todo ello bajo el paraguas de la Universidad Complutense de Madrid, también pública.
    En concreto, bajo el nombre de “biomagnetismo” se esconde una pseudomedicina que basa su hipotético poder terapéutico en la creencia de que los imanes tienen un poder curativo, y que al aplicados sobre el organismo, tendrían la capacidad de modificar el pH del cuerpo. Este falso tratamiento, sin embargo, se dirige a pacientes con cáncer, sida, hepatitis o esclerosis múltiple, entre una multitud de dolencias graves. Es por ello que su legitimación por parte de instituciones educativas y culturales de prestigio es de importante gravedad y supone un peligro enorme por tres aspectos claros:
    A) Cuando un alumno se matricula en la Universidad deposita su confianza en dicha institución educativa, no esperando recibir por parte de sus profesores información falsa como si fuera cierta. Esto redunda en una formación defectuosa que corrompe el sentido mismo de la enseñanza, máxime teniendo en cuenta que no existe debate científico sobre el biomagnetismo: no funciona.
    B) Si un alumno recibe una información defectuosa que pone en riesgo la vida de terceras personas, o bien su salud o su integridad económica, el problema se agrava porque se crea una generación de personas que, sin saberlo, están engañando a su sociedad. La Universidad debería mejorar la sociedad que financia su existencia, no empeorarla.
    C) No olvidemos que las personas depositan en la Universidad un grado de confianza superior al de casi cualquier otra institución. Esto se traduce en que, si la Universidad da credibilidad al biomagnetismo y a su creador, muchísima gente —confiando en lo que la Universidad representa— creerá que esta pseudoterapia funciona, a pesar de ser mentira. Cuando la Universidad imparte pseudociencia en sus aulas, da legitimidad a un problema que se cobra muchas vidas al año.
    Siendo conscientes de estos hechos, desde la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (www.apetp.com) hemos creado esta petición pública. Los firmantes de este texto se ven en la obligación de llamar la atención de la sociedad y pedir a la Universidad Complutense de Madrid y a la Universidad de Alcalá, ambas universidades públicas, las siguientes acciones:
    Una comunicación pública y oficial por parte de estas universidades que informe y ratifique que el biomagnetismo no tiene base científica ni utilidad médica.
    La retirada de las aulas de aquellos contenidos que contravienen los códigos deontológicos de la medicina y ofrecen al alumnado información falaz que, a su vez, perjudica a la sociedad, a los enfermos y al ejercicio científico de la medicina.
    Una reunión por parte de nuestra Asociación con el Rector de la Universidad Complutense de Madrid, el honorable Carlos Andradas, así como con el Rector de la Universidad de Alcalá, el honorable Fernando Galván, con el objetivo de acordar la eliminación de dichos contenidos pseudocientíficos, títulos y programas de sus cartera y aulas. Si no fuera posible, pedimos que esa reunión tenga lugar con el personal al que competa tal decisión.
    Sin nada más que exponer, declaramos que los abajo firmantes respaldan esta petición y sienten la misma preocupación y responsabilidad frente a este problema.
    Hace unos días, la Comisión Federal de Comercio (FTC) de Estados Unidos anunció que exigirá a los productos homeopáticos que adviertan en su etiquetado de que no hay pruebas científicas de que funcionen y de que las afirmaciones hechas por los fabricantes sólo están basadas en teorías “del siglo XVIII que no aceptan la mayoría de los expertos médicos”. Y, en España, el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín, que considera que la homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” que pertenece “al mundo de las creencias”, sostiene que la directiva europea que regula la homeopatía es un “disparate” porque sólo está “movida” por intereses económicos. Es decir, por la presión de las empresas del sector.
    Ahora sólo falta que rechacen este timo las universidades españolas que todavía compadrean con él y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, cuyo silencio resulta inadmisible ante el claro posicionamiento de las sociedades científicas. Además, el Ministerio de Sanidad tendría que dar los pasos pertinentes para sacar esta práctica de las farmacias y dejar claro ante la ciudadanía que confiar en los productos homeopáticos es como hacerlo en una pata de conejo y el agua de Lourdes.
    12 min
  • LA CANCIÓN DEL PIRATA JOSE DE ESPRONCEDA NUEVA
    Con diez cañones por banda,
    viento en popa a toda vela,
    no corta el mar, sino vuela,
    un velero bergantín;
    bajel pirata que llaman
    por su bravura el Temido
    en todo el mar conocido
    del uno al otro confín.
    La luna en el mar riela,
    en la lona gime el viento
    y alza en blando movimiento
    olas de plata y azul;
    y ve el capitán pirata,
    cantando alegre en la popa,
    Asia a un lado, al otro Europa,
    Y allá a su frente Estambul:
    -Navega, velero mío,
    sin temor
    que ni enemigo navío,
    ni tormenta, ni bonanza
    tu rumbo a torcer alcanza,
    ni a sujetar tu valor.
    Veinte presas
    hemos hecho
    a despecho
    del inglés
    y han rendido
    sus pendones
    cien naciones
    a mis pies.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    Allá muevan feroz guerra
    ciegos reyes
    por un palmo más de tierra,
    que yo tengo aquí por mío
    cuanto abarca el mar bravío
    a quien nadie impuso leyes.
    Y no hay playa
    sea cualquiera,
    ni bandera
    de esplendor,
    que no sienta
    mi derecho
    y dé pecho
    a mi valor
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    A la voz de ¡barco viene!,
    es de ver
    cómo vira y se previene
    a todo trapo a escapar:
    que yo soy el rey del mar
    y mi furia es de temer.
    En las presas
    yo divido
    lo cogido
    por igual:
    sólo quiero
    por riqueza
    la belleza
    sin rival.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    ¡Sentenciado estoy a muerte!
    Yo me río:
    no me abandone la suerte,
    y al mismo que me condena
    colgaré de alguna antena
    quizá en su propio navío.
    Y si caigo,
    ¿qué es la vida?
    Por perdida
    ya la di
    cuando el yugo
    del esclavo
    como un bravo sacudí.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    Son mi música mejor
    aquilones,
    el estrépito y temblor
    de los cables sacudidos
    del negro mar los bramidos
    y el rugir de mis cañones.
    Y del trueno
    al son violento,
    y del viento,
    al rebramar,
    yo me duermo
    sosegado,
    arrullado
    por el mar.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    5 min
  • TE QUIERO LUIS CERNUDA
    TE QUIERO - Luis Cernuda (1902-1963)
    Te lo he dicho con el viento,
    Jugueteando tal un animalito en la arena
    O iracundo como órgano tempestuoso;
    Te lo he dicho con el sol,
    Que dora desnudos cuerpos juveniles
    Y sonríe en todas las cosas inocentes;
    Te lo he dicho con las nubes,
    Frentes melancólicas que sostienen el cielo,
    Tristezas fugitivas;
    Te lo he dicho con las plantas,
    Leves criaturas transparentes
    Que se cubren de rubor repentino;
    Te lo he dicho con el agua,
    Vida luminosa que vela un fondo de sombra;
    Te lo he dicho con el miedo,
    Te lo he dicho con la alegría,
    Con el hastío, con las terribles palabras.
    Pero así no me basta:
    Más allá de la vida
    Quiero decírtelo con la muerte;
    Más allá del amor
    Quiero decírtelo con el olvido.
    3 min
  • AMOR CONSTANTE MAS ALLA DE LA MUERTE FRANCISCO DE QUEVEDO
    10. AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE - Francisco de Quevedo (1580-1645)
    Cerrar podrá mis ojos la postrera
    sombra que me llevare el blanco día,
    y podrá desatar esta alma mía
    hora a su afán ansioso lisonjera;
    mas no, de esotra parte, en la ribera,
    dejará la memoria, en donde ardía:
    nadar sabe mi llama la agua fría,
    y perder el respeto a ley severa.
    Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
    venas que humor a tanto fuego han dado,
    medulas que han gloriosamente ardido:
    su cuerpo dejará no su cuidado;
    serán ceniza, mas tendrá sentido;
    polvo serán, mas polvo enamorado.
    2 min
  • EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA FEDERICO GARCIA LORCA
    . EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA - Federico García Lorca (1898-1936)
    Amor de mis entrañas, viva muerte,
    en vano espero tu palabra escrita
    y pienso, con la flor que se marchita,
    que si vivo sin mí quiero perderte.
    El aire es inmortal. La piedra inerte
    ni conoce la sombra ni la evita.
    Corazón interior no necesita
    la miel helada que la luna vierte.
    Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
    tigre y paloma, sobre tu cintura
    en duelo de mordiscos y azucenas.
    Llena, pues, de palabras mi locura
    o déjame vivir en mi serena
    noche del alma para siempre oscura.
    2 min
  • ME GUSTA CUANDO CALLAS PABLO NERUDA
    ME gustas cuando callas porque estás como ausente,
    y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
    Parece que los ojos se te hubieran volado
    y parece que un beso te cerrara la boca.
    Como todas las cosas están llenas de mi alma
    emerges de las cosas, llena del alma mía.
    Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
    y te pareces a la palabra melancolía.
    Me gustas cuando callas y estás como distante.
    Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
    Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
    déjame que me calle con el silencio tuyo.
    Déjame que te hable también con tu silencio
    claro como una lámpara, simple como un anillo.
    Eres como la noche, callada y constelada.
    Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
    Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
    Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
    Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
    Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
    3 min
  • ESE DERECHO OLVIDADO ARTICULO
    HOY, 20 DE NOVIEMBRE, se celebra el Día Universal del Niño, fecha en que la Asamblea General de la ONU proclamó y adoptó la Declaración de los Derechos del Niño. En ella se establecen los derechos inalienables de todos los niños basados en cuatro principios: la no discriminación, la primacía del interés superior del menor, la participación infantil y la garantía a la vida, la supervivencia y el pleno desarrollo. Hoy, desde esta columna que me brinda El País Semanal, me centraré en este último derecho, poniendo el foco en cómo una alimentación saludable contribuye al crecimiento óptimo de los más pequeños
    La malnutrición afecta tanto a los niños que no pueden acceder a comida diaria como a los que tienen acceso a ella pero que, por diferentes razones, abusan de los azúcares y de productos procesados; ellos también están malnutridos y en ambos casos los riesgos para la salud son muchos.
    La sociedad no percibe la obesidad como una enfermedad a tratar, a pesar de ser la patología nutricional más habitual entre los menores de países occidentales. Así lo dice el informe realizado en 2015 por la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad. El motivo principal es que se subestima el sobrepeso de los menores relegándolo a un simple problema estético, por lo que no hay movilización en este sentido para tratar de mejorar la situación.
    LA SOCIEDAD NO PERCIBE LA OBESIDAD COMO UNA ENFERMEDAD A TRATAR, A PESAR DE SER LA PATOLOGÍA NUTRICIONAL MÁS HABITUAL ENTRE LOS MENORES DE PAÍSES OCCIDENTALES
    Es un problema global de salud de nuestro siglo. Los niños con sobrepeso tienen muchas posibilidades de convertirse en adultos obesos y de sufrir a edades tempranas diabetes y enfermedades cardiovasculares asociadas con un aumento de la probabilidad de muerte prematura y discapacidad. De la misma forma, muchos estudios señalan que estos niños u obesidad suelen tener baja autoestima y son con frecuencia víctimas de estigmatización social, de rechazo por el entorno más próximo, de humillaciones, de aislamiento.
    Si la Convención sobre los Derechos del Niño es el tratado internacional más ratificado de la historia, ¿no estamos, por culpa de hábitos sedentarios y malas prácticas alimentarias, privando a las generaciones futuras de este cuarto principio en el que queremos garantizar una vida plena para todos los niños? El Plan de Acción de la Estrategia Mundial para la Prevención y el Control de las Enfermedades no Transmisibles elaborado por la OMS (Organización Mundial de la Salud) constituye una hoja de ruta para el establecimiento y fortalecimiento de iniciativas de vigilancia, prevención y tratamiento de este tipo de enfermedades, entre ellas la obesidad.
    La gravedad del diagnóstico de la obesidad en la sociedad me llevó a poner en marcha la Gasol Foundation para promover y transmitir estilos de vida saludable entre los más jóvenes a través de la actividad física y de una alimentación más equilibrada y sana, elementos clave para luchar contra el sedentarismo y combatir los crecientes índices de obesidad infantil. Mediante talleres nutricionales, sesiones de actividad física y la implicación de los familiares y educadores, nuestros programas promueven que los niños adquieran los conocimientos, las actitudes y los hábitos básicos para su pleno desarrollo.
    Pero por descontado, ninguna intervención por sí sola puede frenar la creciente epidemia de obesidad. Por ello es necesario un enfoque multisectorial, transversal y coordinado: los Gobiernos, la sociedad civil, las familias, los cuidadores, las instituciones académicas y, por supuesto, el sector privado, deben asumir un compromiso.
    Debemos impulsar la actividad física de una manera segura, siendo prioritario que el sistema educativo se tome muy en serio esta disciplina dentro del horario escolar. Debemos incluir clases sobre nutrición en el plan de estudios básico de las escuelas. Y también invertir y trabajar para que los niños se desenvuelvan en entornos escolares saludables. Asegurarnos de que los más vulnerables y desfavorecidos tengan acceso a alimentos sanos y conseguir un impuesto eficaz sobre las bebidas azucaradas.
    Tenemos la responsabilidad moral de trabajar juntos por un objetivo común: lograr que el pleno desarrollo de los niños, incluyendo una alimentación saludable, deje de ser ese derecho olvidado.
    7 min
  • LA DECADENCIA DE OCCIDENTE ARTÍCULO DE MARIO VARGAS LLOSA
    Primero fue el Brexity, ahora, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Sólo falta que Marine Le Pen gane los próximos comicios en Francia para que quede claro que Occidente, cuna de la cultura de la libertad y del progreso, asustado por los grandes cambios que ha traído al mundo la globalización, quiere dar una marcha atrás radical, refugiándose en lo que Popper bautizó “la llamada de la tribu” —el nacionalismo y todas las taras que le son congénitas, la xenofobia, el racismo, el proteccionismo, la autarquía—, como si detener el tiempo o retrocederlo fuera sólo cuestión de mover las manecillas del reloj.
    OTROS ARTÍCULOS DEL AUTOR
    La isla de los tigres
    El ciudadano rabioso
    La paz posible
    No hay novedad alguna en las medidas que Donald Trump propuso a sus compatriotas para que votaran por él; lo sorprendente es que casi sesenta millones de norteamericanos le creyeran y lo respaldaran en las urnas. Todos los grandes demagogos de la historia han atribuido los males que padecen sus países a los perniciosos extranjeros, en este caso los inmigrantes, empezando por los mexicanos atracadores, traficantes de drogas y violadores y terminando por los musulmanes terroristas y los chinos que colonizan los mercados estadounidenses con sus productos subsidiados y pagados con salarios de hambre. Y, por supuesto, también tienen la culpa de la caída de los niveles de vida y el desempleo los empresarios “traidores” que sacan sus empresas al extranjero privando de trabajo y aumentando el paro en Estados Unidos.
    No es raro que se digan tonterías en una campaña electoral, pero sí que crean en ellas gentes que se suponen educadas e informadas, con una sólida tradición democrática, y que recompensen al inculto billonario que las profiere llevándolo a la presidencia del país más poderoso del planeta.
    La esperanza de muchos, ahora, es que el Partido Republicano, que ha vuelto a ganar el control de las dos cámaras, y que tiene gentes experimentadas y pragmáticas, modere los exabruptos del nuevo mandatario y lo disuada de llevar a la práctica las reformas extravagantes que ha prometido. En efecto, el sistema político de Estados Unidos cuenta con mecanismos de control y de freno que pueden impedir a un mandatario cometer locuras. Pues no hay duda que si el nuevo presidente se empeña en expulsar del país a once millones de ilegales, en cerrar las fronteras a todos los ciudadanos de países musulmanes, en poner punto final a la globalización cancelando todos los tratados de libre comercio que ha firmado —incluyendo el Trans-Pacific Partnership en gestación— y penalizando duramente a las corporaciones que, para abaratar sus costos, llevan sus fábricas al tercer mundo, provocaría un terremoto económico y social en su país y en buen número de países extranjeros y crearía serios inconvenientes diplomáticos a Estados Unidos.
    El ímpetu que ha permitido a Trump ganar estas elecciones demuestra que es algo más que un simple demagogo
    Su amenaza de “hacer pagar” a los países de la OTAN por su defensa, que ha encantado a Vladímir Putin, debilitaría de manera inmediata el sistema que protege a los países libres del nuevo imperialismo ruso. El que, dicho sea de paso, ha obtenido victoria tras victoria en los últimos años: léase Crimea, Siria, Ucrania y Georgia. Pero no hay que contar demasiado con la influencia moderadora del Partido Republicano: el ímpetu que ha permitido a Trump ganar estas elecciones pese a la oposición de casi toda la prensa y la clase más democrática y pensante, muestran que hay en él algo más que un simple demagogo elemental y desinformado: la pasión contagiosa de los grandes hechiceros políticos de ideas simples y fijas que arrastran masas, la testarudez obsesiva de los caudillos ensimismados por su propia verborrea y que ensimisman a sus pueblos.
    Una de las grandes paradojas es que la sensación de inseguridad, que de pronto el suelo que pisaban se empezaba a resquebrajar y que Estados Unidos había entrado en caída libre, ese estado de ánimo que ha llevado a tantos estadounidenses a votar por Trump —idéntico al que llevó a tantos ingleses a votar por el Brexit— no corresponde para nada a la realidad. Estados Unidos ha superado más pronto y mejor que el resto del mundo —que los países europeos, sobre todo— la crisis de 2008, y en los últimos tiempos recuperaba el empleo y la economía estaba creciendo a muy buen ritmo. Políticamente el sistema ha funcionado bien en los ocho años de Obama y un 58% del país hacía un balance positivo de su gestión. ¿Por qué, entonces, esa sensación de peligro inminente que ha llevado a tantos norteamericanos a tragarse los embustes de Donald Trump?
    Porque, es verdad, el mundo de antaño ya no es el de hoy. Gracias a la globalización y a la gran revolución tecnológica de nuestro tiempo la vida de todas las naciones se halla ahora en el “quién vive”, experimentando desafíos y oportunidades totalmente inéditos, que han removido desde los cimientos a las antiguas naciones, como Gran Bretaña y Estados Unidos, que se creían inamovibles en su poderío y riqueza, y que ha abierto a otras sociedades —más audaces y más a la vanguardia de la modernidad— la posibilidad de crecer a pasos de gigante y de alcanzar y superar a las grandes potencias de antaño. Ese nuevo panorama significa, simplemente, que el de nuestros días es un mundo más justo, o, si se quiere, menos injusto, menos provinciano, menos exclusivo, que el de ayer.
    No solucionarán ningún problema, agravarán los que ya existen y traerán otros más graves
    Ahora, los países tienen que renovarse y recrearse constantemente para no quedarse atrás. Ese mundo nuevo requiere arriesgar y reinventarse sin tregua, trabajar mucho, impregnarse de buena educación, y no mirar atrás ni dejarse ganar por la nostalgia retrospectiva. El pasado es irrecuperable como descubrirán pronto los que votaron por el Brexit y por Trump. No tardarán en advertir que quienes viven mirando a sus espaldas se convierten en estatuas de sal, como en la parábola bíblica.
    El Brexit y Donald Trump —y la Francia del Front National— significan que el Occidente de la revolución industrial, de los grandes descubrimientos científicos, de los derechos humanos, de la libertad de prensa, de la sociedad abierta, de las elecciones libres, que en el pasado fue el pionero del mundo, ahora se va rezagando. No porque esté menos preparado que otros para enfrentar el futuro —todo lo contrario— sino por su propia complacencia y cobardía, por el temor que siente al descubrir que las prerrogativas que antes creía exclusivamente suyas, un privilegio hereditario, ahora están al alcance de cualquier país, por pequeño que sea, que sepa aprovechar las extraordinarias oportunidades que la globalización y las hazañas tecnológicas han puesto por primera vez al alcance de todas las naciones.
    El Brexit y el triunfo de Trump son un síntoma inequívoco de decadencia, esa muerte lenta en la que se hunden los países que pierden la fe en sí mismos, renuncian a la racionalidad y empiezan a creer en brujerías, como la más cruel y estúpida de todas, el nacionalismo. Fuente de las peores desgracias que ha experimentado el Occidente a lo largo de la historia, ahora resucita y parece esgrimir como los chamanes primitivos la danza frenética o el bebedizo vomitivo con los que quieren derrotar a la adversidad de la plaga, la sequía, el terremoto, la miseria. Trump y el Brexit no solucionarán ningún problema, agravarán los que ya existen y traerán otros más graves. Ellos representan la renuncia a luchar, la rendición, el camino del abismo. Tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, apenas ocurrida la garrafal equivocación, ha habido autocríticas y lamentos. Tampoco sirven los llantos en este caso; lo mejor sería reflexionar con la cabeza fría, admitir el error, retomar el camino de la razón y, a partir de ahora, enfrentar el futuro con más valentía y consecuencia.
    13 min
  • EL AMOR Y LO MÓRBIDO
    El Amor y lo Mórbido: ¿por qué nos fascina la muerte?
    Hace doscientos años Edgar Allan Poe escribió que:
    «La muerte de una mujer hermosa es incuestionablemente el tópico más poético del mundo»
    (The death of a beautiful woman is unquestionably the most poetical topic in the world)
    La frase es tan profundamente cierta como mórbida; sobre todo si tomamos como referencia al propio autor, cuya esposa, Virginia Clemm, murió a los veinticinco años de edad, víctima de la tuberculosis.
    Algunos acusan al poeta de sexista, incluso de misógino, por elaborar esta idea. Sin embargo, para Edgar Allan Poe lo mórbido es menos una elección que un instinto culposo, un apetito. No busca reducir el cadáver de una mujer a un simple objeto de contemplación, de goce estético, y probablemente de deseo. Para él, lo mórbido es el umbral que nos permite acceder a todo un universo de sensaciones oscuras, entre ellas, el amor.
    Más allá de lo perturbador que pueda resultar su frase, Edgar Allan Poe roza allí una idea poderosa, humana y trágica: el amor romántico y la muerte. No ya como elementos aislados entre sí; todo lo contrario: la muerte como detonador para que el amor romántico suceda.
    Aquí se abren dos caminos posibles:
    Por un lado tenemos aquellos romances épicos como Romeo y Julieta (que pocos entienden), es decir, historias de amor que alcanzan su clímax cuando uno o los dos amantes encuentran la muerte en brazos del otro.
    El otro camino, asfaltado por el más puro Sentimiento Mórbido, propone que solo después de la muerte del ser querido se puede alcanzar un grado de amor puro, imperecedero, que se consuma por toda la eternidad.
    Aceptémoslo: las historias de amor en las que al menos uno de los amantes muere son las que más nos atrapan.
    ¿Por qué?
    Quizás porque la muerte impide la degradación del amor, convirtiendo al amante en una perfecta estatua de mármol: fría, distante, inalterable, a la que puede adorarse por toda la eternidad.
    No hay una palabra en nuestro idioma para definir este sentimiento mórbido, esta pulsión por amar incondicionalmente a alguien que ha muerto. Richard Wagner, en su ópera Tristán e Isolda, emplea un interesante término esta macabra necesidad de trascendencia: liebestod, que literalmente significa «amor-muerte».
    El término parece sencillo, incluso un poco infantil, pero realmente da en el clavo.
    Richard Wagner objetiviza aquello que E.A. Poe trasformó en hecho poético en Annabel Lee (Annabel Lee) y El cuervo (The Raven), por ejemplo, y que participa en nosotros mismos como un siniestro instinto: el amor arde con más fuerza cuando el objeto amado es inaccesible.
    El amante puede luchar contra casi todas las adversidades, enfrentarse a enemigos feroces, diferencias de clase, incluso insistir en el rechazo, pero el único sitio realmente «inaccesible» para él es la muerte.
    Cuando la persona amada cruza ese umbral, el fuego de la pasión ya no posee elementos externos que faciliten su combustión. El otro ya no está, su rostro, su perfume, su voz, han desaparecido para siempre. Pero el fuego sigue vivo, y hambriento. Entonces el amante se precipita hacia lo mórbido. Será él mismo quien se deje consumir por su propia pasión.
    Ese tipo de Amor Mórbido solo puede ocurrir en el total aislamiento de la muerte, en esa separación definitiva, irrevocable, pero que no fatiga a la memoria; justamente porque el otro sigue presente en su ausencia.
    A propósito del sentimiento de Amor Mórbido, el poeta John Keats llega a una conclusión notable.
    En el poema: Oda a una urna griega (Ode on a Grecian Urn), un hombre joven está a punto de besar a su amada. La anticipación lo desespera, lo llena de ansiedades. Sus labios se acercan a ella pero no puede alcanzarla:
    Audaz amante, nunca, nunca podrás besarla
    aunque casi la alcances, pero no desesperes:
    marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
    ¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!
    (Bold Lover, never, never canst thou kiss,
    Though winning near the goal yet, do not grieve;
    She cannot fade, though thou hast not thy bliss,
    For ever wilt thou love, and she be fair!)
    Esta es una de las más bellas expresiones del Amor Mórbido: no es que sus labios no puedan alcanzarla, sino la certeza de que millones de besos no podrán marchitar su amor; tampoco la muerte, donde ella permanecerá siempre fiel y siempre bella.
    Ya fuerza del marco poético, el Sentimiento Mórbido puede entenderse de forma más llana en la conocida frase del actor James Dean:
    Vive rápido, muere joven y deja un hermoso cadáver.
    (Live fast, die young, and leave a beautiful corpse)
    El Sentimiento Mórbido no es exclusivo de la poesía. Su siniestra grandiosidad se esparce por todos lados; y en cada rincón nos recuerda aquel axioma de E.A. Poe. De ahí que no haya noticia más suculenta para los periódicos que la muerte prematura de alguien «joven y hermoso».
    Docenas, si no cientos, de celebridades alcanzaron el estatus de ícono después de la muerte, necesariamente prematura y por lo tanto trágica: Kurt Cobain, Janis Joplin, Freddie Mercury, Marilyn Monroe; todos ellos participan de esta obsesión cultural por lo Mórbido. En cierta forma, ninguno de ellos puede «marchitarse», como lo sugiere John Keats. Están detenidos en el tiempo.
    Ahora bien, en este punto resulta justo preguntarnos de dónde procede nuestra fascinación por lo Mórbido.
    Sigmund Freud —Más allá del instinto del placer (Jenseits des Lustprinzips)— arriesga que nuestros dos impulsos primarios son Eros y Thanatos: amor y muerte.
    El Eros no tiene nada que ver con el amor romántico sino con un impulso integral de deseo, pasión, posesión y sexo.
    Thanatos tampoco alude al deseo de morir; todo lo contrario: es un instinto que se evidencia en todos los actos dirigidos a buscar un estado anterior a la vida; desde el más pequeño e inofensivo, como comerse las uñas o rascarse insistentemente en una herida; a otros más peligrosos, como la depresión.
    La definición es compleja, claro, de otro modo no podría explicar algo tan complicado como lo Mórbido. Podemos pensar el Thanatos de forma contraria a la idea del Pothos, el deseo que conduce a la muerte. Es más un impulso hacia atrás, no hacia la muerte futura, sino más bien como una pulsión que busca restablecer un estado previo a la vida.
    El Eros también participa de lo Mórbido. Para Sigmund Freud, el objeto de deseo de un sujeto puede ser de carácter interno. Por esta razón, frente a la ausencia de un alguien externo el objeto amado regresa a ese apego libidinoso por uno mismo.
    Esto explica, en términos más bien groseros, aquel razonamiento de E.A. Poe acerca de que «la muerte de una mujer hermosa es incuestionablemente el tópico más poético del mundo».
    Lo Mórbido radica en que esa muerte no es pura, pero nos permite retroceder hacia un tipo de deseo de extrema pureza: el deseo por nosotros mismos.
    Ya sin la presencia del objeto amado podemos seguir amándonos en su ausencia.
    De ahí que lo Mórbido reclame la soledad, la tristeza, el aislamiento, el sentirse rechazado. Por eso también es un sentimiento culposo.
    En su forma más oscura, lo Mórbido nos impide transferir afecto por las posibilidades del presente. Nos vuelve partícipes de un tiempo sin cronologías, de fijaciones, de anatomías que ya no están.
    ¿De dónde si no proviene nuestra fascinación por los amores de ultratumba?
    Vampiros que se enamoran, licántropos enardecidos, Íncubos, Súcubos y toda una horda de seres del más allá que persiguen el deseo de los mortales. ¿Qué son si no cadáveres animados?
    Se dice por ahí que los amores con final feliz son historias incompletas. Quizás sea cierto. El romance más puro y desgarrador es devoto de la tumba. Halloween, en realidad, es el verdadero Día de San Valentín.
    Pero lo Mórbido también tiene sus peligros.
    John Keats elogia pero también nos advierte sobre ellos. La simple idea de que ella «no pueda marchitarse» es romántica pero también inquietante. La vuelve menos un sujeto de deseo que un objeto de culto, de adoración.
    Este Sentimiento Mórbido no necesariamente se dirige hacia alguien muerto, puede focalizarse en alguien que nos ha abandonado, «que está muerto para nosotros»; o peor todavía, que nos demanda que lo tratemos como a un cadáver: haciendo nuestro «duelo» en absoluta soledad, sin posibilidad de comunicarnos, vernos o hablar.
    Allí advertimos la misma distancia, la horrorosa impresión de la soledad, y la sensación de que nunca, bajo ningún concepto, dejaremos de estar enamorados.
    Cuando esa etapa mórbida transcurre de forma saludable, el tiempo finalmente la erosiona y podemos ver a nuestros «muertos» desde un lugar más saludable. Siguen estando lejos, fríos e inalcanzables; pero nuestra devoción ha cambiado. Ya no les tributamos adoración, sino recuerdos.
    La frontera, en todo caso, es difusa.
    El amor imperecedero por alguien que ha muerto, o que ya no está con nosotros, puede extraviarnos en su ausencia. O lo que es todavía peor, puede enamorarnos de la muerte.
    12 min

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