PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

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By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • LA VIDA ES SUEÑO CALDERON DE LA BARCA VOZ
    Es verdad, pues: reprimamos
    esta fiera condición,
    esta furia, esta ambición,
    por si alguna vez soñamos.
    Y sí haremos, pues estamos
    en mundo tan singular,
    que el vivir sólo es soñar;
    y la experiencia me enseña,
    que el hombre que vive, sueña
    lo que es, hasta despertar.
    Sueña el rey que es rey, y vive
    con este engaño mandando,
    disponiendo y gobernando;
    y este aplauso, que recibe
    prestado, en el viento escribe
    y en cenizas le convierte
    la muerte (¡desdicha fuerte!):
    ¡que hay quien intente reinar
    viendo que ha de despertar
    en el sueño de la muerte!
    Sueña el rico en su riqueza,
    que más cuidados le ofrece;
    sueña el pobre que padece
    su miseria y su pobreza;
    sueña el que a medrar empieza,
    sueña el que afana y pretende,
    sueña el que agravia y ofende,
    y en el mundo, en conclusión,
    todos sueñan lo que son,
    aunque ninguno lo entiende.
    Yo sueño que estoy aquí,
    destas prisiones cargado;
    y soñé que en otro estado
    más lisonjero me vi.
    ¿Qué es la vida? Un frenesí.
    ¿Qué es la vida? Una ilusión,
    una sombra, una ficción,
    y el mayor bien es pequeño;
    que toda la vida es sueño,
    y los sueños, sueños son.
    3 min
  • LA VIDA ES SUEÑO CALDERÓN DE LA BARCA
    Es verdad, pues: reprimamos
    esta fiera condición,
    esta furia, esta ambición,
    por si alguna vez soñamos.
    Y sí haremos, pues estamos
    en mundo tan singular,
    que el vivir sólo es soñar;
    y la experiencia me enseña,
    que el hombre que vive, sueña
    lo que es, hasta despertar.
    Sueña el rey que es rey, y vive
    con este engaño mandando,
    disponiendo y gobernando;
    y este aplauso, que recibe
    prestado, en el viento escribe
    y en cenizas le convierte
    la muerte (¡desdicha fuerte!):
    ¡que hay quien intente reinar
    viendo que ha de despertar
    en el sueño de la muerte!
    Sueña el rico en su riqueza,
    que más cuidados le ofrece;
    sueña el pobre que padece
    su miseria y su pobreza;
    sueña el que a medrar empieza,
    sueña el que afana y pretende,
    sueña el que agravia y ofende,
    y en el mundo, en conclusión,
    todos sueñan lo que son,
    aunque ninguno lo entiende.
    Yo sueño que estoy aquí,
    destas prisiones cargado;
    y soñé que en otro estado
    más lisonjero me vi.
    ¿Qué es la vida? Un frenesí.
    ¿Qué es la vida? Una ilusión,
    una sombra, una ficción,
    y el mayor bien es pequeño;
    que toda la vida es sueño,
    y los sueños, sueños son.
    3 min
  • EL MUNDO ENTERO ES UN TEATRO WILLIAM SHAKESPEARE
    William Shakespeare
    Como gustéis (fragmento)
    " El mundo entero es un teatro, y todos los hombres y mujeres simplemente comediantes. Tienen sus entradas y salidas, y un hombre en su tiempo representa muchos papeles, y sus actos son siete edades. Primero, es el niño que da vagidos y babea en los brazos de la nodriza; luego, es el escolar lloricón, con su mochila y su reluciente cara de aurora, que, como un caracol, se arrastra de mala gana a la escuela. En seguida, es el enamorado, suspirando como un horno, con una balada doliente compuesta a las rejas de su adorada. Después, es un soldado, aforrado de extraños juramentos y barbado como un leopardo, celoso de su honor, pronto y atrevido en la querella, buscando la burbuja de aire de la reputación hasta en la boca de los cañones. Más tarde, es el juez, con su hermoso vientre redondo, rellene de un buen capón, los ojos severos y la barba de corte cuidado, lleno de graves dichos y de lugares comunes. Y así representa su papel. La sexta edad nos le transforma en el personaje del enjuto y embabucado Pantalón, con sus anteojos sobre la nariz y su bolsa al lado. Las calzas de su juventud, que ha conservado cuidadosamente, serían un mundo de anchas para sus magras canillas, y su fuerte voz viril, convertida de nuevo en atiplada de niño, emite ahora sonidos de caramillo y de silbato. En fin, la última escena de todas, la que termina esta extraña historia llena de acontecimientos, es la segunda infancia y el total olvido, sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada. "
    4 min
  • DIVORCIADO ARTURO PEREZ REVERTE ARTICULO
    La merienda del niño
    Nov. 14, 2016 3 min read original
    Divorciado. Mi amigo Paco –lo llamaremos Paco para no complicarle más la vida– es divorciado desde hace tiempo, de ésos a los que la mujer, un día y como si no viniera a cuento, aunque siempre viene, le dijo: «Ahí te quedas, gilipollas, porque me tienes harta», y se largó de casa. Al principio, como tienen un hijo de ocho años, la cosa funcionó en plan amistoso, pensión de mutuo acuerdo y demás, tú a Boston y yo a California. Pero la ex legítima, cuenta Paco, se juntó con unas cuantas amigas también divorciadas que empezaron a crear ambiente. Cómo dejas que ese hijoputa se vaya de rositas, sácale los tuétanos, y cosas así. Lo normal. Además, una de las compis era abogada, así que Paco lo tenía claro. Su ex lo pensó mejor, se le puso flamenca, y al año de separarse le había quitado la casa, el coche, el perro, las tres cuartas partes del sueldo y la custodia del niño. «Y no me quitó la moto -dice Paco-, porque me arrastré como un gusano, suplicando que me la dejara».
    Desde entonces, un día a la semana, mi amigo va a recoger a su hijo al cole. En Madrid. Se trata, me cuenta, de uno de esos colegios pijoprogres de barrio ídem, por Chamberí, con papis modernos y enrollados –«como lo era yo, te lo juro, hasta que esa zorra me dio por saco», matiza Paco–, donde a las criaturas se les quita horas de Lengua, de Historia y de Ciencias para darles Valores y Buen Rollito, Estabilidad Emocional, Dinámica de Grupo, Gramática de Género y Génera, Convivencia de Civilizaciones, Acogida a Refugiados y otras materias de vital importancia.
    Paco tiene mala imagen en el cole de su hijo. Seguramente se debe a que el curso pasado, en la fiesta de Halloween, o de Acción de Gracias, o del Ramadán, una de ésas –Navidad o Reyes no eran, seguro, pues no se celebran para no ofender a los padres y niños no creyentes–, donde el asunto para disfrazar a los niños eran los piratas del Caribe, a Paco se le ocurrió vestir a su hijo, que le tocaba en casa ese día, con un parche en el ojo y una espada de plástico. Y cuando la profesora vio llegar al niño de la mano de su padre, lo primero que hizo fue quitarle el parche y la espada. El parche, dijo indignada, porque podía herir la sensibilidad de las personas con alguna minusvalía de visión ocular; y la espada de plástico, porque en ese colegio las armas estaban prohibidas. Y cuando Paco argumentó que los piratas llevaban armas para sus abordajes y masacres, la profe zanjó el asunto con un seco: «También había piratas buenos».
    Pero la peor fama de Paco en el colegio de su hijo, piratas y parche aparte, viene de la cosa alimentaria: la merienda. No hay una sola madre con hijo allí que no sea una talibán de la alimentación sana; y como el gran enemigo de las madres progres son la harina refinada y las bebidas carbonatadas, cuando acuden a buscar a los niños todas van provistas de fruta ultrasana, zumo de papaya virgen, pan de pipas, pan integral con levadura madre enriquecida con semillas, jamón york ecológico, queso de leche de soja o tortilla de huevos de gallinas salvajes que viven en libertad, igualdad y fraternidad. Los carbohidratos, naturalmente, sólo se consienten en los cumpleaños; y según cuenta Paco, basta pronunciar la palabra Nocilla para ganarte una oleada de miradas asesinas. Al principio, dice, esperaba a su hijo en la puerta del cole con la moto y un donut o un bollicao. «Y como los otros críos miraban al mío con envidia, no puedes imaginarte el odio con el que me trataban algunas madres. Como si fuera un terrorista. Hasta dejaron de invitar a mi hijo a los cumpleaños y fiestas de pijamas». Alguna, incluso, hasta se ha chivado a la del niño: «Deberías vigilar lo que le da de comer tu ex marido».
    Así que, en los últimos tiempos, Paco y su vástago han pasado a la clandestinidad en cuestión de meriendas, utilizando entre ellos una jerga en código que los protege de la Gestapo materno-escolar. Cuando el enano sale de clase con los compañeros, ya está adiestrado para preguntar a su padre cosas como «¿Qué hay de lo que tú sabes?», a lo que Paco responde, tras mirar prudente a un lado y a otro: «Tranqui colega, ahora te lo paso». Entonces el zagal le guiña un ojo y pregunta, susurrando esperanzado: «¿Foskito?». Pero Paco mueve la cabeza: «Hoy toca zoológico», responde. Y mientras suben a la moto, clandestinamente, ocultándolo bajo el anorak de su hijo, le pasa la pantera rosa o el tigretón.
    9 min
  • LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA ARTICULO DE PEREZ REVERTE
    Y ahora, ya de nuevo y por fin en esa gozosa guerra civil en la que tan a gusto nos sentimos los españoles, con nuestra larga historia de bandos, facciones, odios, envidias, rencores, etiquetas y nuestro constante «estás conmigo o contra mí», nuestro «al adversario no lo quiero vencido ni convencido, sino exterminado», nuestro «lo que yo te diga» y nuestro «se va a enterar ese hijo de puta», cuando disponemos de los medios y la impunidad adecuada, y sumando además la feroz incultura del año 36 y la mala simiente sembrada en unos y otros por una clase política ambiciosa, irresponsable y sin escrúpulos, vayan haciéndose ustedes idea de lo que fue la represión del adversario en ambos bandos, rebelde y republicano, nacional y rojo, cuando el pifostio se les fue a todos de las manos: unos golpistas que no consiguieron doblegar con rapidez la resistencia popular, como pretendían, y unos leales a la República que, sumidos en el caos de un Estado al que entre todos habían pasado años destruyendo hasta convertirlo en una piltrafa, se veían incapaces de aplastar el levantamiento, por muchas ganas y voluntad que le echaran al asunto. Con la mayor parte del ejército en rebeldía, secundada por falangistas, carlistas y otras fuerzas de derecha, sólo las organizaciones políticas de izquierda, en unión de algunas tropas leales, guardias de asalto y unos pocos guardias civiles no sublevados, estaban preparadas para hacer frente al asunto. Así que se decidió armar al pueblo como recurso. Eso funcionó en algunos lugares y en otros no tanto; pero la confrontación del entusiasmo popular con la fría profesionalidad de los rebeldes obró el milagro de igualar las cosas. Obreros y campesinos con escopetas de caza y fusiles que no sabían usar mantuvieron media España para la República y murieron con verdadero heroísmo en la otra media. Así, poco a poco, entre durísimos combates, los frentes se fueron estabilizando. Pero a esa guerra civil se había llegado a través de mucho odio, al que venía a sumarse, naturalmente, la muy puerca condición humana. Allí donde alguien vencía, como suele ocurrir, todos acudían en socorro del vencedor: unos por congraciarse con el más fuerte, otros para borrar viejas culpas, otros por ambición, supervivencia o ganas de venganza. Así que a la matanza de los frentes de batalla, por una parte, a la calculada y criminal política de represión sistemática puesta en pie por el bando rebelde para aterrorizar y aplastar al adversario, a la ejecución también implacable -y masiva, a menudo- por parte de los republicanos de los militares rebeldes y derechistas activos que en los primeros momentos cayeron en sus manos, o sea, a todo ese disparate de sangre inmediata y en caliente, vino a añadirse el horror frío y prolongado de la retaguardia. De ambas retaguardias. De aquellos lugares donde no había gente que se pegaba tiros de trinchera a trinchera de tú a tú, que mataba y moría por sus ideas o simplemente porque la casualidad la había puesto en tal o cual bando (caso de la mayor parte de los combatientes de todas las guerras civiles que en el mundo han sido), sino gentuza emboscada, delincuentes, oportunistas, ladrones y asesinos que se paseaban con armas a cientos de kilómetros del frente, matando, torturando, violando y robando a mansalva, lo mismo con el mono de miliciano que con la boina de requeté o la camisa azul de Falange. Canallas oportunistas, todos ellos, a quienes los militares rebeldes encomendaron la parte más sucia de la represión y el régimen de terror que estaban resueltos a imponer; y a los que, en el otro lado, el gobierno republicano, rehén del pueblo al que no había tenido más remedio que armar, era incapaz de controlar mientras se dedicaban, en un sindiós de organizaciones, grupos y pandillas de matones y saqueadores, todos en nombre del pueblo y la República, a su propia revolución brutal, a sus ajustes de cuentas, a su caza de curas, burgueses y fascistas reales o imaginarios. Eso, cuando no eran las autoridades quienes lo alentaban. Así que cuidado. No todos los que hoy recuerdan con orgullo a sus abuelos, heroicos luchadores de la España republicana o nacional, saben que muchos de esos abuelos no pasaron la guerra peleando con sus iguales, matando y muriendo por sus ideas o su mala suerte, sino sacando de sus casas de madrugada a infelices, cebando cunetas y tapias de cementerios con maestros de escuela, terratenientes, sacerdotes, militares jubilados, sindicalistas, votantes de derechas o de izquierdas, incluso simples propietarios de algo bueno para expropiar o robar. Así que menos orgullo y menos lobos, Caperucita.
    9 min
  • Poemas sensuales al ritmo de self control
    LUJURIA:
    Cuando murmuras con nervioso acento
    tu cuerpo hermoso que mi cuerpo toca
    y recojo en los besos de tu boca
    las abrasadas ondas de tu aliento.
    Cuando más que decir, romper intento
    una frase de amor que amor provoca
    y a mí te estrechas delirante y loca,
    todo mi ser estremecido siento.
    Ni gloria, ni poder, ni oro, ni fama,
    quiero entonces mujer. Tú eres mi vida,
    ésta y la otra ,si hay otra; y sólo ansío
    gozar tu cuerpo, que a gozar me llama,
    ver tu carne a mi carne confundida
    y oír tu beso respondiendo al mío.
    ERÓTICA:
    Cayó sobre tu espalda
    la llama de tu pelo
    quemó la blancura
    su ondulación de fuego.
    Entre los áureos rizos,
    por el amor deshecho,
    yo vi calientes, húmedos,
    brillar tus ojos negros.
    Sin desmayas, erguidos,
    redondos, duros, tersos,
    temblaron los montones
    de nieve de tus pechos.
    Y de amor encendida,
    estremecido del cuerpo,
    con amorosa savia
    sus rosas florecieron.
    El clavel de tus labios
    brindaba miel de besos
    y fue mi boca ardiente
    abeja de sus pétalos.
    De la crujiente seda,
    que resbalara al suelo,
    emergió su blancura
    tu contorno supremo.
    Y al impulso movido
    de ardoroso deseo,
    se cimbró entre mis brazos
    y quedó prisionero.
    Me abrasaban tus ojos,
    me quemaba tu aliento,
    y apagó las palabras
    el rumor de tus besos...
    4 min
  • YOU WANT IT DARKER CANCION POSTUMA DE LEONARD COHEN
    Letra en español de la canción de Leonard Cohen, You want it darker (letra traducida)
    Si eres tú quien reparte las cartas, yo estoy fuera del juego.
    Si tú eres el que cura, eso significa que estoy maltrecho y cojo.
    Si tuya es la gloria, entonces mía debe ser la deshonra.
    Quieres más oscuridad,
    apagamos la llama.
    Magnificada, santificada, sé tu nombre sagrado.
    Denigrado, crucificado, en el armazón humano.
    Un millón de velas encendidas por la ayuda que nunca vino.
    Quieres más oscuridad.
    Aquí estoy, aquí estoy (hineni: hebreo)
    Estoy listo, mi Señor.
    Hay un amante en la historia,
    pero la historia sigue siendo la misma.
    Hay una nana para el sufrimiento,
    y una paradoja a la que culpar.
    Pero está escrito en las Escrituras,
    y no es ninguna afirmación inútil..
    Quieres más oscuridad,
    apagamos la llama.
    Están poniendo a los prisioneros en fila,
    y los guardias están apuntando sus armas.
    Yo me revolví contra algunos demonios,
    eran clase media y aburridos.
    No sabía que tenía permiso para asesinar y mutilar.
    Quieres más oscuridad.
    Hinéni, hinéni.
    Estoy listo, mi Señor.
    Magnificada, santificada, sé tu nombre sagrado.
    Denigrado, crucificado, en el armazón humano.
    Un millón de velas encendidas por la ayuda que nunca vino.
    Quieres más oscuridad,
    apagamos la llama.
    Si eres tú quien reparte las cartas, déjame salirme del juego.
    Si tú eres el que cura, eso significa que estoy maltrecho y cojo.
    Si tuya es la gloria, entonces mía debe ser la deshonra.
    Quieres más oscuridad,
    Hinéni, hinéni.
    Hinéni, hinéni.
    Estoy listo, mi Señor.
    Leonard Cohen - Quieres más oscuridad
    No esperes entender el 100 % de la letra de la canción, debes intentar afinar el oído para distinguir las palabras de la letra, aunque no sepas lo que significan en un primer momento, si escuchas varias veces la misma canción te darás cuenta que la letra se va aclarando en tu cabeza.
    Letra de la canción You want it darker, de Leonard Cohen, en inglés (english lyrics)
    If you are the dealer, I'm out of the game
    If you are the healer, it means I'm broken and lame
    If thine is the glory then mine must be the shame
    You want it darker
    We kill the flame
    Magnified, sanctified, be thy holy name
    Vilified, crucified, in the human frame
    A million candles burning for the help that never came
    You want it darker
    Hineni, hineni
    I'm ready, my lord
    There's a lover in the story
    But the story's still the same
    There's a lullaby for suffering
    And a paradox to blame
    But it's written in the Scriptures
    And it's not some idle claim
    You want it darker
    We kill the flame
    They're lining up the prisoners
    And the guards are taking aim
    I struggled with some demons
    They were middle class and tame
    I didn't know I had permission to murder and to maim
    You want it darker
    Hineni, hineni
    I'm ready, my lord
    Magnified, sanctified, be thy holy name
    Vilified, crucified, in the human frame
    A million candles burning for the love that never came
    You want it darker
    We kill the flame
    If you are the dealer, let me out of the game
    If you are the healer, I'm broken and lame
    If thine is the glory, mine must be the shame
    You want it darker
    Hineni, hineni
    Hineni, hineni
    I'm ready, my lord
    Leonard Cohen - You want it darker
    5 min
  • LA MALDICIÓN GITANA CAMBIO DE VOZ
    Dicen que la maldición gitana es una de las más fuertes, sobre todo porque va cargada de odio, frustración, deseos de venganza, impotencia, envidia, maldad... y muchas cosas más. Quien echa una maldición gitana, en realidad lo que está deseando es lo peor para la persona maldecida, incluyendo la muerte, sea de forma inmediata, (rápida, por la vía del asesinato) o de forma prolongada y acompañada de un sufrimiento horrible. Dicen, los que saben de esas cosas, que a quien le echan una maldición gitana, no "levanta cabeza" nunca más, no escapa del maleficio, no tiene paz ni sosiego, pierde el control de sus actos, enloquece, se autodestruye lentamente, nada le sale bien y termina con una muerte violenta.
    Maldición Gitana
    Mal fin tenga tu cuerpo, permita Dios que te veas en las manos del verdugo y arrastrado como las culebras, que te mueras de hambre, que los perros te coman, que malos cuervos te saquen los ojos, que Jesucristo te mande una sarna perruna por mucho tiempo, que si eres casado tu mujer te ponga los cuernos, que mis ojitos te vean colgado de la horca y que sea yo el que te tire de los pies, y que los diablos te lleven en cuerpo y alma al infierno.
    3 min
  • JUSTINE UN RELATO DE CAT YUSTE
    Siempre he pensado que eso del amor está sobrevalorado. Realmente, ¿qué es amor? ¿Quién se encarga de decidir lo que ha de ser para cada uno?
    Hay tantas clases de amor como personas, pero los apasionados de los tópicos y las clasificaciones suelen reducirlo a dos categorías: el amor de mujer y el de hombre. Demasiado básico, demasiado simplista, las cosas nunca son blancas o negras.
    De siempre nos han inculcado que el hombre es más visceral y la mujer más pasional. Y, por eso, muchas se engañan pintando de amor sus pasiones, para no sentirse culpables si, en algún momento, acaban gozándolo contra la pared de un aparcamiento vacío.
    Eso no es malo —lo del aparcamiento—, solo que no es amor sino sexo. Pero muchas temen decir esa palabra en voz alta. Reminiscencias de un estilo de vida ya pasado que no termina de destilarse.
    Yo me he cansado de sostener esa mentira y, desde que él se marchó, he decidido convertir mi vida y mi cama en motel de paso, para cualquiera que tenga tiempo y ganas de prestarme atención.
    Mis amigas piensan que, en el fondo, soy una ninfómana descontrolada que no sabe reconocer su adicción. Lo que no saben es que el amor, el verdadero amor, solo se siente una vez. Y yo ya lo sentí y lo perdí, o mejor dicho me perdió, porque creo que, ese pobre desgraciado, no sabe realmente lo que ha dejado atrás.
    Y le imagino en brazos de alguna intentando centrarse para no pensar en mí, en la resistencia de su cinturón y las gotas de sudor lloviendo la cama, en las cenas románticas que improvisábamos al salir del trabajo, en las tardes de cine clásico en el sofá rojo del salón, …
    Estoy segura que más de una vez ha pensado en mí, como yo pienso en él. Y que más de dos veces se ha tenido que sujetar las manos para no llamarme desde cualquier cabina, en mitad de una noche perdida.
    Pero, por suerte, el tiempo todo lo cura; y ahora él tiene su espacio y yo la cama llena. Y no me siento mal por ello, ni consiento que ningún desgraciado me etiquete con apelativos reservados únicamente para nosotras, porque si yo fuera un hombre, ninguno de los que ahora me escucháis os lo plantearíais. Al contrario, aplaudiríais mi actitud (siempre que no fuera con vuestra hermana, claro).
    No considero que los hombres que pasan por mi cama sean pañuelos de usar y tirar, algunos también tienen su encanto, a veces hasta una conversación interesante, solo que no suelo darles tiempo extra. Me gusta dormir sola y una vez me he duchado espero no encontrarles entre mis sábanas.
    Sería divertido ver como uno de esos escritores, que enarbolan la bandera de ser grandes conocedores del alma femenina, se arriesgara a escribir sobre alguien como yo: una mujer con carácter que se cansó de teñir de amor lo que, en el fondo, es simplemente sexo.
    Pero no les veo capaces (por no decir que “les faltan huevos”). Las mujeres como yo les intimidan, les acojonan; y prefieren esconder su cobardía bajo columnas de periódico, donde nos ponen de vuelta y media, y hablan de la decadencia del feminismo o, peor aún, se atreven a inventar conceptos innovadores como “feminismo nazi”, una de sus últimas demostraciones de torrencial ingenio.
    A esos, a los que se creen en poder de la verdad, a los que piensan que conocen el secreto de las mujeres, les reto a que vengan aquí y hablen de mí, una mujer independiente que no necesita amor para seguir adelante, ni tampoco un hombro —de hombre— en el que apoyarse y a la que le gustan los revolcones ocasionales tanto o más que a ellos.
    No vendrán, no, porque en el fondo no soportan ver su reflejo en un cuerpo más perfecto. O quizá sea, simplemente, porque temen sucumbir.
    6 min
  • PROFUNDIDADES UN CUENTO DE CAT YUSTE
    Y en mitad de la sala vacía, cuando las campanas de la iglesia rompieron el silencio, María subió a la superficie de las páginas, dando una tremenda bocanada de aire. Apoyándose en el borde del libro, con esfuerzo, consiguió salir de la marea de palabras que la empapaba.
    Por unos segundos, se quedó sentada en el borde de la mesa, recuperando el aliento, ahora que, por fin, estaba en tierra firme. Se retorció el pelo hasta lograr que cayeran las últimas letras que aún goteaban, formando un charquito de sílabas en el suelo, y sacudió de sus manos frases completas que, como algas pegajosas, se le habían quedado enredadas entre los dedos.
    Se giró y volvió a mirar a las profundidades del libro. Y allí estaban, suspendidos en el último renglón de la página, el Capitán Nemo, a punto de enfrentarse al gigantesco pulpo que, con sus interminables tentáculos, había conseguido atrapar al escurridizo Nautilus.
    Suspiró y cerró el libro, con cuidado, tratando de no empapar, aún más, la mesa de la biblioteca con el agua que se desbordaba por los márgenes.
    Se acercó a la estantería que guardaba todas las obras de Julio Verne y, poniéndose de puntillas, dejó el libro en el hueco que le correspondía, despacio, sin agitar demasiado su interior.
    Y, chapoteando entre historias a medio terminar, dejando tras de sí un reguero de vocales y consonantes, regresó a casa, deseando volver al día siguiente para zambullirse, de nuevo, en las profundidades del libro.
    4 min

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