PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • REFLEXIONES DE CAT YUSTE LOS POLÍTICOS
    Espero —y desespero— al frescor del aire acondicionado. Y, entre tanto, voy leyendo la pila de periódicos que ponen a mi alcance, para que mate el tiempo —ya de por sí muerto—, mientras aguardo mi turno. Y, en los papeles, todos me cuentan lo mismo: fraudes, política y políticos…
    Los políticos… Especímenes a estudiar. Tan correctos, tan educados, tan bien vestidos, tan cínicos, también. Nos estrechan la mano mientras, con la otra, remueven dentro de la caja común para, pellizco a pellizco, ir sacándonos los hígados sin perder jamás la sonrisa.
    Los políticos… Capaces de prometerte el oro y el moro y, cuando llega el momento, hacer gala de su memoria de pez, olvidando lo prometido y cambiando todos los platos del menú, sin consultarnos, por supuesto.
    Políticos con maletín y dientes blanqueados, como sucede con el dinero, de sonrisa artificial, como sus discursos, a los que un grupo de gabinete, publicistas vendiéndonos un producto, les marca el qué y el cómo decirlo. Gente tenaz que no sueltan la poltrona por más que se tire de ellos y que cambian de camisa —y de color— sin despeinarse, con tal de mantener su posición ventajosa.
    Políticos... Que se creen los mejores y, en eso, llevan razón. Son los mejores: los mejores hipócritas, los mejores farsantes, los mejores a la hora de asegurarse el futuro y jodernos el nuestro.
    Bien mirado, no debe estar mal eso de ser político. Con tu cargo y sin cargas, con tu chófer y tu coche oficial, con tu traje y tus dietas que complementen un sueldo abultado ya de por sí. Con la erótica del poder, que eso también es un plus a la hora de decantarte por esta profesión.
    Un buen político, de esos que viven a base de mentiras, que es como mejor se debe vivir; dilapidando el dinero de los demás, que así no duele gastarlo; y pisando cabezas, para avanzar, calzando los zapatos más caros y calzándote a las más caras, que eso ya es una tradición en las altas esferas.
    Y llegados a campaña electoral, vamos a contar mentiras, tralará… Vamos a prometer lo que sabemos a ciencia cierta que no podemos cumplir, tralará… Vamos a ver cómo podemos seguir viviendo del cuento, que ya vendrá otro que solucionará los problemas que vayan surgiendo, tralará...
    Dejo el canturreo. Es mi turno. Soy el siguiente en la ventanilla del paro. Pero ya tengo claro el empleo que deseo solicitar.
    4 min
  • ARTICULO Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua.
    Son muchas las personas que piensan que determinadas tecnologías prometedoras han sido suprimidas por diversos poderes políticos o económicos, generalmente con el propósito de proteger sus inversiones o apuestas y –en los extremos ya más absurdos de la ilógica conspiranoica– por motivaciones siniestras de mucho mayor alcance. Desde que un servidor puede recordar, el motor de agua ha sido la más popular de estas tecnologías supuestamente suprimidas en la mitología social contemporánea.
    En su forma original y más básica, la leyenda afirma que alguien inventó un motor capaz de funcionar usando agua corriente como combustible y éste fue suprimido por el poder mediante una diversidad de medios, según la imaginación del que lo cuenta: adquiriendo y enterrando la patente, comprando al inventor, matándolo, etcétera. El objetivo de esta supresión sería evidente: proteger a las grandes compañías energéticas y a los estados que tienen o puedan tener detrás, privando así al pueblo sencillo de una fuente de energía casi ilimitada, limpia y muy barata o gratuita por completo. Adquiere así características comunes en los mitos sociales, las leyendas urbanas y las conspiranoias.
    Verne, Franco y los cuentistas.
    El origen aparente de la leyenda resulta fácil de determinar: se halla en una obra notable de Julio Verne, La Isla Misteriosa, que ya planteaba en 1875 el problema del agotamiento de las energías no renovables. Entonces, uno de los protagonistas –un inteligente inventor llamado Ciro Smith– realiza las siguientes afirmaciones:
    «Sí, amigos míos, creo que el agua se usará un día como combustible, que el hidrógeno y el oxígeno que la constituyen, utilizados aislada y simultáneamente, producirán una fuente de calor y de luz inagotable y de una intensidad mucho mayor que la de la hulla. Un día el pañol de los vapores y el ténder de las locomotoras en vez de carbón se cargarán con esos dos gases comprimidos, que arderán en los hornos con un enorme poder calorífico. No hay que temer, pues: mientras esta tierra esté habitada, suministrará elementos para satisfacer las necesidades de sus habitantes, los cuales no carecerán jamás de luz ni de calor, como tampoco de las producciones de los reinos vegetal, mineral y animal. Creo que, cuando estén agotados los yacimientos de hulla, se producirá el calor con agua. El agua es el carbón del porvenir.»
    El carácter maravillosamente visionario de muchas de las creaciones de Julio Verne ha conducido a muchas personas a creer a pies juntillas cualquier afirmación que aparezca en las mismas, olvidando que se trata de obras de lo que hoy en día llamaríamos ciencia ficción próxima: tomar elementos ya existentes en la ciencia y la técnica de tu tiempo y forzarlos en el presente o proyectarlos en el futuro hasta que te queda una historia de lo más estupenda y realista. Otro autor muy conocido de este género es Michael Crichton, entre muchos más.
    Sin embargo, a diferencia de lo que se suele creer, Julio Verne no inventó nada. Verne era un escritor capaz con buena cultura científica y muy bien informado de lo que se cocía en su época, pero en sus libros no aparece nada que no se estuvieran planteando ya los científicos de su tiempo aunque fuese como conjetura. Esto le condujo a incontables aciertos y también a algunas –brillantes– meteduras de pata. La más conocida es la del viaje tripulado a la Luna mediante un disparo de cañón, que –además de impráctico– convertiría a los ocupantes en pasta cárnica para hamburguesas debido a la súbita aceleración. Y tiene perfecto sentido, porque cuando Verne escribió De la Tierra a la Luna (1865) aún faltaban casi cuarenta años para que el papi de la astronáutica Konstantin Tsiolkovsky publicara su obra clave La exploración del espacio cósmico por medio de dispositivos a reacción (1903). En cambio acertó plenamente con el lugar del lanzamiento –Florida–, pues en tiempos de Verne los Estados Unidos ya despuntaban como potencia científico-técnica y los matemáticos ya sabían que el lugar idóneo para este tipo de lanzamiento está cerca del ecuador.
    Para este otro caso que nos ocupa, Verne se apoyaba en la hidrólisis del agua realizada por Michael Faraday en 1853. No obstante, en los tiempos de La Isla Misteriosa las Leyes de la Termodinámica –aunque ya conocidas– aún no se comprendían en profundidad ni estaban bien extendidas: la primera y segunda leyes acababan de formalizarse y el descubrimiento de la tercera tendría que esperar hasta principios del siglo XX. En 1875 las Leyes de la Termodinámica eran ciencia tan puntera y abstracta como lo que hoy en día se hace en el LHC; tanto que a Verne se le escapaba un poquito, lo que se plasma en varios otros lugares de sus obras.
    Más intrigante y oscura es la vía por la que este error de Verne pasa a la mentalidad social colectiva en varios países de modo más o menos simultáneo. Parece –parece– que fue más popular en los países del Eje y sus aliados o simpatizantes, en torno a la Primera y Segunda Guerras Mundiales; entrelazándose con la injusticia nacional percibida de que nuestras patrias no dispusieran de recursos energéticos fácilmente accesibles, a diferencia de nuestros enemigos, los aliados (y de manera notoria, los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética). Es conocida la tendencia de la mente humana a inventarse –y creerse– fábulas cuando los hechos no concuerdan con sus miedos, prejuicios y deseos; de hecho, este ha sido siempre el principal motivo creador de mitos y religiones.
    Así, en este tiempo y lugar surgieron numerosos intentos para lograr combustibles alternativos, extendiéndose desde la gasolina sintética nazi –basada en el proceso Bergius y practicable, pero económicamente ruinosa– hasta fraudes ridículos como la gasolina en polvo de origen vegetal que el estafador Albert von Filek le colocó a Franco. Otro ejemplo paradigmático de esta tendencia fueron los vórtices fluidos de Viktor Schauberger, que llegó a reunirse varias veces con Hitler antes de terminar en un campo de concentración o un hospital psiquiátrico, según fuentes.
    Conforme el mundo desarrollado seguía su camino, fue dejando atrás estos sueños de autarquía energética por impracticables o ruinosos (en la foto de la derecha, una planta alemana abandonada de producción de gasolinas sintéticas). Sin embargo, en los países más pobres y menos desarrollados perduraron aún un poco más, apoyándose en el desconocimiento popular de las materias científicas. Así, en fecha tan tardía como 1970, aún tuvimos en España a un personaje llamado Arturo Estévez Varela que alcanzó cierta notoriedad social con exhibiciones de motores de agua más un aditivo secreto. En esta ocasión fue el mismo Franco quien ordenó a la prensa que dejara de darle pábulo, después de consultar al Colegio de Ingenieros Industriales, porque «ya se ha hecho bastante el ridículo».
    Pero, inevitablemente, la idea permaneció en la mitología popular como ejemplo paradigmático de tecnología suprimida. Por ello, cuando los conspiranoicos anglosajones de la energía libre y gratuita comenzaron a dejarse oír en España y otros países latinoamericanos, nuestras sociedades estaban preparadas para darles un inmerecido crédito.
    Los conspiranoicos de la energía libre y gratuita.
    En el mundo anglosajón, la cosa del motor de agua (o con otros combustibles curiosos) fue siempre más propia de inventores particulares fracasados, sin llegar a alcanzar los ámbitos del poder que hemos visto en los entornos continentales. Hay cientos de patentes al respecto: varias oficinas de patentes anglosajonas son conocidas por pantentar todo lo que les presenten. En Estados Unidos, un padre patentó a nombre de su hijo de siete años la manera de balancearse en un columpio; en Australia, un abogado patentó la rueda. Y así, muchas más.
    Estos inventores frustrados y quienes apoyan sus obras han venido a constituirse en un sector significativo del pujante movimiento conspiranoico, una industria muy rentable que deja significativos beneficios a una variedad de editoriales y productoras, por no mencionar a ciertos políticos y periodistas. En esta ocasión, el planteamiento del motor de agua se presenta bajo un aspecto un poco más sofisticado (esencialmente: más lioso) de tal modo que se camuflen mejor sus debilidades; y ha quedado incorporado en el apartado de supuestas supresiones de la energía libre y gratuita, una temática conspi habitual.
    Esta nueva iteración se olvida ya de Julio Verne y de los Seat 600 con motor de agua para adentrarse en la tecnología de células de combustible acuosas de Stanley A. Meyer, que viene a ser lo mismo pero más rimbombante. Después de que un tribunal lo condenara a devolver 25.000 dólares a dos inversores que se sintieron estafados, y sobre todo tras su muerte súbita por aneurisma cerebral, Meyer se convirtió inevitablemente en un ídolo del sector conspi que aprecia estas cosas como verdadero científico asesinado por las fuerzas del mal.
    Todas sus patentes en los Estados Unidos siguen disponibles y accesibles por Internet (5149407, 4936961, 4826581, 4798661, 4613779, 4613304, 4465455 y 4421474 y 4389981). En ellas, lo único que hace es liar por vías cada vez más complicadas un sencillo dispositivo de hidrólisis, que naturalmente consume energía en vez de producirla. Ninguna de ellas explica de qué manera se puede obtener energía en vez de consumirla –más allá de sus propias afirmaciones–, ni mucho menos determina el mecanismo de acción o el balance energético final. Esta ausencia de claridad sobre el mecanismo de acción y el balance energético es característica de las conspis con componente científico, que hemos visto recientemente en las numerosas chaladuras sobre el HAARP. En caso de duda, tú siempre pregunta cómo funciona, cuánta energía entra y cuánta energía final exige el trabajo. Así te mantendrás siempre al calor de las leyes de la Termodinámica. ;-) En la imagen podemos ver uno de los dibujos originales de Meyer, donde el fuel cell water capacitor desempeña la función de cajita mágica para la hidrólisis del agua en hidrógeno y oxígeno; ningún punto de las patentes detalla cómo lograrlo sin consumir más energía de la que se produce.
    En general, los defensores de estas supuestas energías libres y gratuitas ignoran un hecho bastante simple: las regiones próximas a la corteza terrestre son ya muy estables, resultado de miles de millones de años de violentísimas reacciones. Debido a esa razón, han quedado en un estado bajo de energía (y si fuera más alto, nos mataría): ya han generado y consumido la mayor parte de la energía que podían generar y consumir con facilidad. Por eso, sus reacciones son ahora lentas y progresivas; también por eso, nos resulta tan difícil encontrar fuentes cercanas de energía concentrada y fácilmente disponible. Los hidrocarburos son un regalo de Mamá Naturaleza, que no se repetirá pronto.
    Pero entonces, ¿por qué no puede ser?
    La razón fundamental de que el motor de agua no sea practicable es en realidad muy sencilla. Simplemente, el agua ya es el resultado de una combustión, ocurrida durante miles de millones de años, a lo largo de buena parte de la historia del universo. El agua es H2O: o sea, hidrógeno oxidado (quemado con oxígeno). El hidrógeno primordial y el oxígeno estelar se combinaron para formar agua, liberando energía en el proceso: este es el origen del líquido elemento. Al agua, por tanto, no le queda apenas energía química que liberar: se encuentra ya en un estado base muy estable. A todos los efectos prácticos, es una ceniza resultante de la combustión del hidrógeno en presencia de oxígeno a lo largo del tiempo.
    Para transformar el agua de nuevo en hidrógeno y oxígeno capaces de liberar energía al combinarse otra vez, primero hay que desensamblarla –hidrolizarla– aportándole la misma energía que cedió más un porcentaje adicional, con objeto de compensar las pérdidas inevitables. Por muchos trucos que intentemos, por muchos pasos que incorporemos, por mucho que compliquemos el proceso, el balance energético final será el mismo: si quieres que el agua libere energía, tienes que aportársela primero, porque la suya ya la perdió cuando se formaba. Lo contrario implicaría una violación radical de la primera y la segunda leyes de la termodinámica, que en este universo nos vemos obligados a respetar: estaríamos ante una máquina del movimiento perpetuo, imposible por esta misma razón.
    Obviamente, existe una vía para obtener grandes cantidades de energía del agua, o más bien del hidrógeno que contiene: la fusión nuclear. En este caso la cosa cambia, pues saltamos de procesos químicos a procesos físicos, enormemente más energéticos. Por supuesto, no hay en esto violación alguna de las leyes de la termodinámica, dado que hablamos de reacciones de naturaleza completamente distinta: la energía que el agua perdió al formarse durante la larga historia del universo (lo que le impide servir como combustible convencional) era de naturaleza química, no física (lo que, una vez hidrolizada, permitirá su uso como combustible nuclear cuando la fusión esté lista).
    Alternativamente, podría decirse que la energía hidroeléctrica o maremotriz se obtiene del agua, pero evidentemente no estamos hablando de esto. En esta variante, la energía no está en el agua, sino en la energía cinética o potencial de su masa: funcionaría igual con cualquier otra cantidad de materia análoga.
    Pero a nivel químico –que es lo que permite funcionar a un motor convencional, no nuclear– el agua no sirve como fuente energética por el simple motivo de que ya la cedió casi toda durante su formación. No le queda energía para suministrarnos. Y por ello el motor de agua, a pesar de lo muy querido que pueda resultar para la mitología popular, simplemente ni pudo, ni puede, ni podrá ser.
    10 min
  • CONTADME UN SUEÑO LEÓN DE FELIPE
    CONTADME UN SUEÑO LEÓN DE FELIPE
    Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco,
    soy nuevo en la ciudad... Y esto quiero decir:
    Me durmieron con un cuento...
    y me he despertado con un sueño.
    Voy a contar mi sueño, narradores de cuentos.
    Voy a contar mi sueño.
    Es un sueño sin lazos,
    sin espejos,
    sin anillos,
    sin redes,
    sin trampas... y sin miedo.
    Oíd:
    Soñé... ¡Sueño!
    No soy un cuento.
    Vengo de más lejos...
    ¡Soy y vengo del sueño!
    Y digo que soñar es querer, querer, querer, ...
    querer escaparse del espejo,
    querer desenredarse del ovillo,
    querer descoyuntarse de la dulce rosquilla de los cuentos,
    querer desenvolverse... prolongarse...
    soñar es decir 4 veces,
    o 44 veces,
    o 4.444 veces, por ejemplo:
    Yo no quiero,
    yo no quiero,
    yo no quiero,
    yo no quiero,
    verme en el tiempo
    ni en la tierra
    ni en el agua sujeto;
    quiero verme en el viento,
    quiero verme en el viento,
    quiero verme en el viento,
    quiero verme en el viento.
    2 min
  • LA DICHA JORGE LUIS BORGES
    LA DICHA JORGE LUIS BORGES
    El que abraza a su mujer es Adán. La mujer es Eva.
    Todo sucede por primera vez.
    He visto una cosa blanca en el cielo. Me dicen que es la luna, pero
    qué puedo hacer con una palabra y con una mitología.
    Los árboles me dan un poco de miedo. Son tan hermosos.
    Los tranquilos animales se acercan para que yo les diga su nombre.
    Los libros de la biblioteca no tienen letras. Cuando los abro surgen.
    Al hojear el atlas proyecto la forma de Sumatra.
    El que prende un fósforo en el oscuro está inventando el fuego.
    En el espejo hay otro que acecha.
    El que mira el mar ve a Inglaterra.
    El que profiere un verso de Liliencron ha entrado en la batalla.
    He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron a Cartago.
    He soñado la espada y la balanza.
    Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni poseída, pero los dos se entregan.
    Loada sea la pesadilla, que nos revela que podemos crear el infierno.
    El que desciende a un río desciende al Ganges.
    El que mira un reloj de arena ve la disolución de un imperio.
    El que juega con un puñal presagia la muerte de César.
    El que duerme es todos los hombres.
    En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de labrar.
    Nada hay antiguo bajo el sol.
    Todo sucede por primera vez, pero de un modo eterno.
    El que lee mis palabras está inventándolas.
    3 min
  • The Fantastics Benidorm - My Girl\Thinking Out Loud\Let's Get It On MASH UP!!!
    The Fantastics Benidorm - My Girl\Thinking Out Loud\Let's Get It On MASH UP!!!
    The Fantastics Benidorm are a collective of four soul singers that perform in Benidorm Spain.
    The group consists of Carlos Linger from Amsterdam, Holland. Jonathan Hawkins Ohio, America.
    Leroy Smokes and Trevor Worrell both from London, England.
    This video is for promo use only, feel free to comment, like and share.
    ENJOY!
    5 min
  • LA DIETA ALCALINA VAYA TIMO ARTÍCULO
    http://elpais.com/elpais/2016/11/14/buenavida/1479127467_399312.html
    De la alcachofa, del bocadillo, de la cerveza, de la piña… La lista de dietas es casi infinita y elegir la más eficaz puede convertirse en una tarea tan compleja como enfrentarse a uno de los desafíos matemáticos del milenio. El truco para no sucumbir es simplificar (como nos enseñaron en el colegio para resolver los problemas), que trasladado al universo de las dietas equivale a dos principios fundamentales: casi todos estos planes alimenticios carecen de evidencia científica que los respalde, y la velocidad con la que pasan de moda es equivalente a la velocidad de la luz. Un momento, entonces, ¿por qué la dieta alcalina lleva captando la atención del personal desde el siglo XX? ¿Es acaso un acierto?
    Este modo de alimentación, también conocido como la dieta del pH, se construye sobre la creencia de que ciertos alimentos afectan a la acidez de los fluidos corporales. Asume que el cuerpo humano es ligeramente alcalino (el valor del pH oscila entre 7,35 y 7,45), pero sostiene que su grado de acidez varía por el efecto de lo que comemos, provocando un aumento (pH por debajo de 7) o justo lo contrario, es decir, alcalinizando el cuerpo (pH superior a 7). Un incremento de la acidez favorece, según sus defensores, el desarrollo de enfermedades tan habituales como el cáncer, la obesidad o los trastornos cardiovasculares y acelera el envejecimiento. ¿Y qué alimentos empujan a este estado? Las carnes, el pescado, los huevos, los lácteos, los cereales y el alcohol (contienen proteínas y en su degradación liberan iones positivos de hidrógeno que reducen el pH), cuyo consumo animan a minimizar. En el polo opuesto, frutas, verduras, legumbres y frutos secos, ricos en minerales y responsables de la alcalinización del organismo. La reivindicación de estos alimentos (similares a los de la dieta mediterránea) ha sido su tabla de salvación, aquello que ha permitido que la dieta alcalina gane en adeptos a la Dukan u otros disparates similares. Pero sus argumentos juegan en la misma líga psuedocientífica.
    Esa escasa ciencia en la que se apoya la importancia del equilibrio ácido-base en nuestro cuerpo es uno de los pilares sobre los que el americano Richard O. Young, autor de El milagro del pH (2002), ha levantado un próspero negocio, con centro monográfico incluido, ubicado en California. Sin embargo, le ha valido la crítica de la comunidad científica internacional, y alguna que otra demanda en tribunales. Conceptos como “limpiar el organismo con la alimentación”, que este doctor enarbola, resultan poco rigurosos. “No somos piscinas, sino personas. Y afortunadamente tenemos órganos, como los riñones o el hígado, que trabajan en filtrar y mantener nuestro cuerpo como debe”, contó a BuenaVida el nutricionista Aitor Sánchez, autor de Mi dieta cojea. Rubén Bravo, director del Departamento de Nutrición del Instituto Médico de la Obesidad, sostiene que Richard O. Young, gurú de la dieta alcalina, ofrece, además, esperanzas falsas sobre determinadas enfermedades, “y eso no es ético desde el punto de vista un profesional de la salud”.
    Afirmar que “la dieta alcalina garantiza que el pH de la sangre sea óptimo” es el primer gran error que señalan sus detractores. “El pH de la sangre se mantiene en unos límites muy estrechos y nuestro organismo tiene sistemas de regulación del equilibrio ácido-base para que no se produzca ni acidosis (pH menor de 7,35) ni alcalosis (pH superior a 7,45), porque que ocurriera supondría una importante amenaza para la salud humana”, explica la endocrinóloga Nieves Palacios, del Centro de Medicina del Deporte de la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD). Por tanto, pretender alterar el pH sanguíneo a través de la alimentación es poco realista. Lo que sí se puede hacer es alcalinizar o acidificar la orina, por ejemplo, a través de la dieta o con medicamentos (bajo supervisión médica, es una práctica habitual para tratar los cálculos renales y otras afecciones del sistema urinario).
    “Alcalinizar el organismo” es otro término confuso, pues a cada órgano le corresponde un valor determinado de pH para su correcto funcionamiento: la piel es ácida (pH de 4 a 6,5) para protegernos de infecciones; el estómago es muy ácido (pH de 1,35 a 3,5) para la digestión de los alimentos; la bilis es alcalina (pH 7,6-8,8) para neutralizar los ácidos del estómago y el flujo vaginal es también ácido (pH 4,7) para impedir el crecimiento de gérmenes, según datos publicados en Journal of Enviromental and Public Health. Sin embargo, el aspecto más polémico de la dieta alcalina es su asimilación como antídoto para las personas con cáncer, ya que puede impulsar a algunos afectados a abandonar los tratamientos convencionales (quimioterapia) con la esperanza de controlar la enfermedad a través de la alimentación. Para evitar situaciones dramáticas, el Instituto de Investigación del Cáncer de Estados Unidos ha difundido un comunicado desmintiendo la utilidad de la dieta del pH para prevenir o aliviar el desarrollo de tumores. Tampoco beber agua alcalina (con bicarbonato, por ejemplo) es un talismán contra el cáncer, según concluye una reciente revisión de la literatura científica publicada en BMJ Open.
    “Uno de los mayores defectos de esta dieta es que es muy restrictiva, porque retira las proteínas de origen animal y con ella se perderá masa muscular”. —Rubén Bravo, nutricionista
    Por si aún quedaran dudas, ningún estudio ha podido probar hasta hoy los beneficios para la salud de la dieta alcalina. Pero, ¿alcalinizar el organismo trae consigo alguna ventaja aislada? Si el objetivo es perder peso, los defensores del pH básico afirman que este es el camino. En su página web, la empresa Alkalinecare (parte interesada, pues vende productos de esta opción alimenticia) atribuye el sobrepeso a la acidez producida por la dieta y sostiene que la grasa es la respuesta del organismo para proteger la sangre del exceso de acidez. Para revertir la acidez y perder peso, sostienen, es necesario una buena hidratación (“beber mucha agua neutraliza y diluye los ácidos metabólicos”); una correcta nutrición con predominio de alimentos verdes; remineralización con agua alcalina y verduras, algas, legumbres y frutos secos, y, finalmente, desintoxicar el organismo con alimentos alcalinizantes (todo tipo de frutas) y zumos verdes, caldos vegetales y la ingesta habitual de un vaso de agua con limón en ayunas. De nuevo, ni rastro de evidencia, como indica Rubén Bravo, quien continúa: “Uno de los mayores defectos de esta dieta es que es muy restrictiva, porque retira las proteínas de origen animal y con ella se perderá masa muscular”. Con todo, este especialista sí reconoce algún aspecto positivo de esta dieta, que es su fomento del consumo de frutas, verduras y granos integrales, así como su llamada a retirar los azúcares refinados.
    Otro supuesto beneficio que enarbolan sus defensores es que la alcanilización es buena para los deportistas, pero la doctora Nieves Palacio vuelve a ponerlo en jaque. “Tomar frutas y verduras, que son alcalinizantes, es positivo, pero no lo es excluir alimentos que necesitan los deportistas (como son los hidratos de carbono simples y complejos o proteínas), ni tampoco disminuir la cantidad de calorías”, detalla la endocrina del AEPSAD.
    El argumento a favor de alcalinizar a los deportistas se basa, según Palacios, en que el deporte exige un esfuerzo físico intenso que “puede provocar cierta acidosis por la degradación anaeróbica de la glucosa y producción de ácido láctico”. Se trata “de una ligera acidosis que causa fatiga muscular”, de la que el deportista se recupera con una pequeña pausa. “La fatiga es, en cierto sentido, un mecanismo de defensa para no continuar y no provocar más acidosis”, insiste. En esta situación, “los deportistas toman sustancias alcalinizantes [como bebidas específicas]”, una práctica que, ciertamente, es “de sentido común”, pero puntualmente y sin especial relevancia.
    ¿Y para combatir el estrés? Los defensores de la dieta del pH la abanderan como un impulso hacia la vida calma. Pero, ¡sorpresa!, tampoco hay estudios que lo refrenden. Así las cosas, si la dieta perfecta no existe, la alcalina dista la que más de serlo, pues se trata de un lobo con piel de cordero que sobrevive año tras años gracias a su reivindicación de frutas y verduras. Exactamente igual que la dieta mediterránea, que, por contra, sí se aproxima a la excelencia, según ilustran numerosos estudios, pero apuesta por lo verde sin aferrarse a la mentira del ph.
    12 min
  • EL TRUMPISMO BUEN ARTÍCULO
    http://www.eldiario.es/zonacritica/Trump-fin-utopias_6_580651952.html
    " El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos", le dice Ilsa Lund a Rick Blaine en la mítica película Casablanca, bajo el ruido de las tropas nazis que ya entraban en París. A lo largo de la historia las víctimas de todos los conflictos –bélicos o económicos– han sufrido mucho, como mínimo tanto como ahora. Sus reacciones son imprevisibles. En Estados Unidos ha primado el rencor de un sector decisivo de electores. Con motivos pero nada ingenuo: la mochila de Trump viene cargada hasta de algo que se parece al fascismo. El mundo que nunca ve lo que tiene alrededor se muestra atónito con el odio de los votantes que nos han clavado a alguien como Donald Trump en la presidencia del país más poderoso de la tierra. Y con los que en Europa siguen parecidas sendas. La diferencia crucial, ante el dolor, está en la actitud de los ciudadanos.
    El triunfo en las urnas de Trump era el peor de los escenarios posibles y sin duda puede agravarse mucho más si el fenómeno se extiende por Europa. Lo aterrador es que los creadores de Trumps, los responsables de esta situación, no operan ni el menor cambio en sus estrategias y se mantienen atrincherados en las ensoñaciones de un tiempo que se les escapa para mal de todos. Ahí siguen definiendo populismos, atacando contrincantes de su estatus, invocando varitas mágicas que devuelvan las aguas al cauce. A veces de forma tan obsesiva y pueril que roza el patetismo. Olvidan a los ciudadanos y el cóctel maldito que se les ha aplicado: primero el abuso, y, parejo, el entontecimiento.
    Quién nos iba a decir que, tras empobrecer a una gran parte de la población, truncar sus oportunidades y sus esperanzas, educarles en la ignorancia y embutirles basura adormecedora a través de la televisión y otros medios, iba a pasar lo que ha pasado. Ni la más tenebrosa pesadilla llegó a imaginar –alguna película sí– el ascenso al poder de un patán de las dimensiones de Donald Trump. Los indigentes intelectuales han encontrado a su líder. Se han reafirmado y presumen de ello. Es lo que lo cambia todo. En la COPE, cadena de emisoras de la Conferencia Episcopal española, un tertuliano del programa de Herrera dice que Trump ha derrotado a las dictaduras feminazis, medioambientales y "buenistas" que quieren proteger a las minorías. Las personas que "piensan diferente", como él aclara, se sienten muy reconfortadas con los nuevos tiempos.
    Definía el español Ortega y Gasset en 1930 al Hombre Masa, satisfecho de su ignorancia. Unos años antes lo había hecho también el italiano argentino José Ingenieros al alumbrar su Hombre Mediocre. Ése es el modelo que hace furor ahora. A través del tiempo, había sido más habitual el espíritu de superación, la búsqueda de valores, la lucha por lograr un mundo mejor. De hecho, por eso no nos hemos extinguido. Siempre hubo quién lo intentó y logró avances. Enormes en el último siglo. Hoy, la búsqueda del dinero como objetivo máximo ocasiona Trumps. Cuando lo que sueñas son loterías, como nos manda la administración española, caemos en picado hacia las cavernas.
    El pintoresco concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona dio la pauta estos días de la era que se abre. Su delirante discurso contra el compañero de Pamplona En común por querer ampliar el circuito del carril bici arrancaba de considerar las utopías un hecho deleznable. Ya no es que desbarrara en todo el hilo argumental, que lo hizo, es ese inquietante punto de partida. No se ha valorado la importancia de tamaño ensañamiento con el ideal de una sociedad más justa, perfecta incluso, concepto al que dio forma Tomás Moro en el siglo XVI. Fijarse objetivos más altos de lo posible, la utopía, ayuda a conseguir metas superiores a las que andan a ras de suelo. El conservador navarro no hacía sino marcar por dónde camina la nueva derecha, la derecha más cerril que se haya conocido.
    A diario vemos ejemplos de una incultura que deja boquiabierto a cualquier ser humano con cierta sensibilidad. Y sin complejo alguno. Aquí tenemos, por ejemplo, la redefinición del Muro de Berlín que una adolescente se marcó en un programa de gran audiencia en España. Nadie dirá que no pueda emular en su día a Trump. Nuestro ministro de Deportes, Educación, Cultura y portavocía del Gobierno, no sabe –según evidenció esta semana– si los poemas de Leonard Cohen se cantan o se bailan. Miles de anécdotas y una actitud común de rechazo a la cultura. Ni se nos ocurra usar en un texto o en la contraportada de un libro el término "intelectual": provoca urticaria. El conocimiento vive una época crítica. Porque peor aún que no saber es que no querer saber. Sentirse orgulloso de ser un ignorante. Trump y sus electores han venido a reafirmales. A ambos lados del océano atlántico.
    El mundo feliz se impone a la utopía del mundo mejor. El mismo Mundo Feliz que Adouls Huxley escribiera en 1932. Con sus "epsilones", el nivel más bajo de los empleados subalternos destinados a trabajos arduos. Con sus mujeres "neumáticas" y el "soma", un narcótico que evade de la realidad. Las grandes novelas futuristas (ficción distópica) surgidas a raíz de las grandes convulsiones de los años 30 del siglo XX se están cumpliendo con terrible precisión. En todos sus extremos. La imagen se superpone con la realidad actual. Con esa estética hortera del nuevo presidente estadounidense, sus mujeres clónicas, su palacio de oro, y el estado de sus votantes. La manipulación, la neolengua y la permanente vigilancia que planteaba Orwell también se ha dado. Y aún podríamos terminar convertidos en personas-libro para salvar de la hoguera la literatura como aventuró en este caso Ray Bradbury en Fahrenheit 451. La era iletrada y sin escrúpulos ha llegado.
    Lo peor está por venir si todo avanza por el cauce emprendido. Mientras oímos las quinielas sobre cuánto cumplirá Donald Trump de sus promesas electorales, conviene analizar los hechos. Mintió en su campaña y es lógico pensar que lo sigue haciendo ahora. Algunos dirigentes de nuestro país también mintieron y mienten. En estos casos hay que atender a lo que hacen.
    El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, es un ultraderechista nato sustentado por el Tea Party. Extremadamente religioso y conservador, se opuso con firmeza a las políticas sociales de Obama. No "cree" sin embargo en el cambio climático. Contrario al aborto y a los derechos de los LGBT, en su página web como congresista se puede ver aún su deseo de "financiar de forma directa a estas instituciones que asisten a las personas que buscan cambiar su comportamiento sexual". Como Trump, también se hizo popular por su participación en medios.
    Los jueces que apoya el presidente para la Corte Suprema son del mismo perfil. Y además pro-armamentista y anti-regulación (el ultraliberalismo que acabaría ocasionando la crisis financiera de 2008). El nombramiento de Stephen Bannon como jefe de estrategia y principal asesor de la Casa Blanca no ofrece la menor duda: extrema derecha de manual, sin paliativos. Para educación Trump anda pensando en un creacionista. Es decir, los que están convencidos de que los seres vivos han surgido de un acto del creador y que, por tanto, no son fruto de la evolución. Y si alguien cree no hay peligros mayores, déjenle con el botón nuclear en un día tonto. Lo tendrá todos.
    Es fácil deducir cómo quedará la sociedad tras el tratamiento que van a impartir estos dirigentes. En Estados Unidos y en España –dan muchas pistas los nombramientos de Rajoy–. Es cierto que quienes alientan a los Trump de América y Europa no representan a toda la ciudadanía. Y que siempre hubo quien salió adelante pese a todo. Hay quien habla también de una catarsis para regenerarse. Sería partiendo cada vez de más atrás. El problema es la apatía y desprecio al pensamiento que se está imponiendo. El patanismo amenaza con extenderse de forma incontrolable. Apoyado, de forma consciente o no, porque quienes son incapaces de ver lo que sucede de tanto mirarse el ombligo. Frenar esta deriva en objetivo común debería ser una prioridad. Ya que no lo hicieron en el largo proceso que ha derivado en esto, a pesar de todas las evidencias y todas las advertencias.
    Para que no quede ninguna duda, recapitulemos. Ilsa Lund le dijo a Rick Blaine en circunstancias tan terribles como la invasión del primer nazismo y casi pidiendo disculpas por distraer un espacio a la lucha por derrotarlo: "El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos". Ahora, le diría "El mundo se desmorona, vamos a ver qué dicen Inda y Marhuenda".
    12 min
  • La ley de newton lara alvarez
    Preciosa, ahora que estamos los dos,
    acompañando al silencio que vino a este encuentro
    entre tu voz y mi voz...
    Quisiera no equivocar la ocasión,
    busco palabras perfectas,
    entre mi conciencia y lo que está en mi razón...
    Y cuanto más, y más, y más
    intento romper el hielo,
    miro tus ojos frente a mí
    brillando como un caramelo...
    Y quiero dejar de ser y estar,
    y pido a Dios que se pare el tiempo,
    entonces suspiras, te toco y muero...
    Sólo quiero mirarte y olvidar el pasado,
    reducir el espacio entre tu piel y mis manos,
    no digas lo siento, no existe el lamento...
    Quiero todo, todo para mí...
    Te confieso que quise y no pude olvidarme,
    de tu dulce sonrisa y tus pequeños detalles,
    llegado el momento, no existe lamento
    y quiero todo, todo para mí...
    Propongo una tregua entre tú y yo,
    dejemos atrás la batalla, colguemos las armas
    y bandera blanca pa'l corazón, mira...
    Seguro que no saldrá bien la ecuación,
    porque el amor no es perfecto,
    y es que lo perfecto no le va a la pasión...
    Y cuanto más, y más, y más
    intento romper el hielo...
    pierdo la gravedad y siento por segundos que me caigo al suelo...
    Y siento que es verdad,
    que la ley de Newton no se equivoca,
    porque suspiras, te toco y muero...
    1 min
  • ROMEO Y JULIETA ACTO SEGUNDO ESCENA III
    Romeo: ¡Qué bien hace escarnio del dolor ajeno quien jamás ha sentido dolores ...! (Julieta frente a la ventana). ¿Pero qué luz se deja ver allí? ¿Es el sol que sale ya por los balcones de levante? Sal, hermoso sol, y mata de envidia con tus rayos a la luna, que está pálida y ojerosa porque vence tu hermosura cualquier ninfa de tu coro. Por esa razón viste de color amarillo. ¡Qué terco es quien se arree con sus galas marchitas! ¡Es mi vida, es amor el que aparece! ¿Cómo podría yo decirle que es señora de mi alma? Nada me dijo. Sin embargo ¿qué importa? Sus ojos hablarán, y yo contestaré. ¡No obstante qué atrevimiento el mío, si no me dijo nada! Los dos más bellos luminares del cielo le ruegan que los reemplace durante su ausencia. Si sus ojos relumbraran como astros en el cielo, su luz sería suficiente para ahogar los restantes como el fulgor del sol mata el de una antorcha. ¡Tal cascada de luz manaría de sus ojos, que haría despertar a las aves a medianoche, y corear su canción como si hubiese llegado el alba! Ahora coloca la mano en la mejilla. ¿Quién pudiera tocarla como el guante que la cubre?
    Julieta: ¡Pobre de mí!
    Romeo: ¡Habló! Siento de nuevo su voz. ¡Ángel de amores que en medio de la noche te me apareces, como emisario de los cielos a la asombrada vista de los mortales, que deslumbrados te observan cruzar con vuelo muy rápido las esferas, y mecerse en las alas de las nubes!
    Julieta: ¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no renuncias al nombre de tus padres? Y si careces de valor para tanto, ámame, y no me tendré por Capuleto.
    Romeo: ¿Qué debo hacer, continúo escuchándola o hablo?
    Julieta: Acaso no eres tú mi enemigo. Es el nombre de Montesco, que llevas. ¿Y qué quiere decir Montesco? No es pie ni mano ni brazo ni rostro ni fragmento de la naturaleza humana. ¿Por qué no tomas otro nombre? La rosa no dejaria de ser rosa, tampoco dejaria de esparcir su aroma, aunque se llamara de otra manera. Asimismo mi adorado Romeo, pese a que tuviera otro nombre, conservaria todas las buenas cualidades de su alma, que no las tiene por herencia. Deja tu nombre, Romeo, y a cambio de tu nombre que no es cosa esencial, toma toda mi alma.
    Romeo: Si de tu palabra me adueño, llámame tu amante, e imaginaré que me he bautizado otra vez y que he perdido el nombre de Romeo.
    Julieta: ¿Y quién eres tú que, en medio de la oscuridad de la noche vienes a sorprender mis secretos?
    Romeo: No sé de cierto mi nombre, debido a que tú detestas ese nombre, amada mía, y si yo pudiera lo extirparía de mi pecho.
    Julieta: Contadas expresiones he oído de esa boca, no obstante te reconozco. ¿No eres Romeo? ¿No eres de los Montescos?
    Romeo: No seré ni una cosa ni otra, ángel mío, si cualquiera de las dos te molesta.
    Julieta: ¿Cómo has llegado hasta este sitio, y cuál es tu propósito? Los muros de esta puerta son altos y no se pueden escalar; aquí podrías encontrar la muerte, siendo quien eres, si alguno de mis familiares te encontrara.
    Romeo: Con las alas que me dio el amor, salté los elevados muros; además, no le tengo miedo a tus Íamiliares.
    Julieta: Te matarán si te encuentran aquí.
    Romeo: Diosa mía, tus ojos son más homicidas que las espadas de veinte familiares tuyos. Obsérvame sin enfado, y mi cuerpo se hará invensible.
    Julieta: Daría un mundo porque no te hallaran.
    Romeo: El velo lúgubre de la noche me protege de ellos. Sin embargo deseo morir a costa de sus manos, amándome tú, que eludiéndolos y salvarme de ellos, cuando me falte tu amor.
    Julieta: ¿Y quién te condujo hasta aquí?
    Romeo: El amor me dijo dónde vivías. Él me aconsejó; guió mis ojos que yo le había entregado. Sin ser nauchero, te juro que navegaría hasta la playa más lejana para enamorar joya tan estimada.
    Julieta: Si no me cubriera el manto de la noche, el rubor de virgen invadiría mis mejillas, rememorando las palabras que en esta noche me has escuchado. Inútilmente quisiera corregirlas o desmentirlas ... ¡Resistencias inútiles! ¿Me amas? Tengo la seguridad de que responderás que sí, y yo lo creeré. No obstante, podrías olvidar tu promesa, porque comentan que Jove se ríe de las deslealtades de los amantes. Si me amas en verdad, Romeo, manifiéstalo con franqueza, y si piensas que soy fácil y me rindo a la primera súplica, dímelo también, para que me ponga huraña y enfadada, y así debas suplicarme. Te quiero mucho, Montesco, mucho, y no creas que soy ordinaria, antes he de ser más firme y constante que aquellas que parecen altaneras debido a que son astutas. Te confesaré que más fingimiento hubiera guardado contigo, si no me hubieras escuchado aquellas palabras que, sin pensarlo yo, demostraron toda la pasión de mi corazón. Perdóname, y no juzgues como ligereza este rendirme tan pronto. La soledad de la noche lo ha provocado.
    Romeo: Te juro, amada mía, por los rayos de la luna que bañan la copa de estos árboles ...
    Julieta: No jures por la luna, que en su veloz desplazamiento cambia de apariencia cada mes. No vayas a copiar su inconstancia.
    Romeo: ¿Entonces, por quién juraré?
    Julieta: No expreses ningún juramento. Si acaso, jura por ti mismo, por tu persona que es el dios que adoro y en quien he de creer.
    Romeo: ¡Ojalá que la hoguera de mi amor ...!
    Julieta: No jures. Aunque estoy muy alegre de verte, esta noche no quiero escuchar esos juramentos que parecen violentos y muy rápidos. Se parecen al rayo que se apaga, apenas surge. Márchate ahora; tal vez cuando regreses haya llegado a abrirse, excitado por las brisas del verano, el capullo de esta flor. Adiós, ¡y ojalá excite tu pecho en tan dulce calma como el mío!
    Romeo: ¿Y solamente me das ese consuelo?
    Julieta: ¿Y qué otro puedo ofrecerte esta noche?
    Romeo: Tu fe por la mía.
    Julieta: Te la di antes de que tú me la pidieras. Lo que lamento es no poder dártela de nuevo.
    Romeo: ¿Pues qué? ¿De nuevo deseas quitármela?
    Julieta: Sí, para ofrecértela de nuevo, pese a que esto fuera avaricia de un bien que ya poseo. No obstante mi anhelo de ofrecértelo todo es tan profundo y no tiene límites como los abismos del mar. ¡Cuanto más te doy, más quisiera darte! ... Sin embargo escucho ruidos dentro. ¡Hasta luego! No engañes mi esperanza ... Ama, allá voy ... Sé leal conmigo, Montesco mío. Aguarda unos minutos, regreso inmediatamente.
    Romeo: ¡Noche, deliciosa noche! Sola fuente tengo miedo de que, por ser de noche, todo esto sólo sea un hermoso sueño.
    Julieta Asomada otra vez a la ventana): Únicamente te diré dos cosas. Si el propósito de tu amor es desinteresado, si quieres casarte, dícelo mañana al mandadero que te enviaré; dile en qué fecha y cómo quieres realizar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida e iré tras de ti por todo el mundo.
    Ama (Llamando desde dentro): ¡Julieta!
    Julieta: Enseguida voy. Sin embargo si son perversos tus propósitos, te ruego que ...
    Ama: ¡Julieta!
    Julieta: Ya voy ... Te ruego que renuncies a tu propósito, y me dejes a solas con mi pena. Mañana irá el mandadero ...
    Romeo: Por la gloria ...
    Julieta: Que tengas buenas noches.
    Romeo: No lo creo, pues ¿cómo han de ser buenas si no tengo tus rayos? El amor busca al amor como el estudiante huye de sus libros, y el amor abandona al amor como el niño que deja sus juegos para regresar al estudio.
    Julieta (Otra vez frente a la ventana): ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviera la voz del cazador de cetreria, para llamar de lejos a los halcones! Si yo pudiera hablar a gritos, se filtraria mi voz hasta en la gruta de la ninfa Eco, y la ensordeceria repitiendo el nombre de mi Romeo.
    Romeo: ¡Qué cautivante se escucha el tono de mi amada en la plácida noche, defensora de los amantes! Más dulce es que música en oído alerta.
    Julieta: ¡Romeo!
    Romeo: ¡Alma mía!
    Julieta: ¿A qué hora quieres que vaya mi criado mañana?
    Romeo: A las nueve.
    Julieta: Ten la certeza de que irá. Las horas se me harán siglos hasta que ésa llegue. No sé para qué te he llamado.
    Romeo: ¡Permíteme que me quede en este lugar hasta gue lo pienses!
    Julieta: Con la felicidad que me provoca verte cerca se me olvidará perpetuamente en lo que pensaba, recordando tu agradable compañía.
    Romeo: Para que continúe tu olvido no he de marcharme.
    Julieta: Ya amaneció; márchate ... No obstante no quisiera que te apartaras más que el escaso tramo que consiente apartarse al pajarillo la niña que lo tiene sujeto de una cuerda de seda, y que en algunas ocasiones le suelta de la mano, y después lo apresa ansiosa, y lo suelta de nuevo.
    Romeo: ¡Quisiera ser yo ese pajarillo!
    Julieta: ¡Y yo también lo desearía! Pero sospecho que mis caricias te matarían. ¡Hasta luego, hasta luego! Triste es la ausencia y muy dulce la despedida, que no sé cómo desprenderme de los hierros de esta ventana.
    Romeo: ¡Que el sueño inunde tus bellos ojos y la paz colme tu alma! ¡Ojalá fuera yo el sueño, ojalá fuera yo la paz donde se duerme tu hermosura! De aquí me dirigiré adonde mora mi bondadoso confesor, para pedirle que me aconseje en este trance.
    5 min
  • POETA EN NUEVA YORK INTRODUCCIÓN
    “Señoras y señores:
    Siempre que hablo ante mucha gente me parece que me he equivocado de puerta. Unas manos amigas me han empujado y me encuentro aquí. Y hoy no tengo más espectáculo que una poesía amarga, pero viva, que creo podrá abrir sus ojos a fuerza de latigazos que yo le dé. De todos modos hay que ser claro. Yo no vengo hoy para entretener a ustedes. Ni quiero, ni me importa, ni me da la gana. Más bien he venido a luchar. A luchar cuerpo a cuerpo con una masa tranquila porque lo que voy a hacer no es una conferencia, es una lectura de poesías, carne mía, alegría mía y sentimiento mío, y yo necesito defenderme de ese enorme dragón que tengo delante, que me puede comer con sus trescientos bostezos de sus trescientas cabezas defraudadas.
    Y esta es la lucha; porque yo quiero con vehemencia comunicarme con vosotros ya que he venido, ya que estoy aquí, ya que salgo por un instante de mi largo silencio poético y no quiero daros miel, porque no tengo, sino arena o cicuta o agua salada. Lucha cuerpo a cuerpo en la cual no me importa ser vencido.
    Así pues, antes de leer en voz alta y delante de muchas criaturas unos poemas, lo primero que hay que hacer es pedir ayuda al duende, que es la única manera de que todos se enteren sin ayuda de inteligencia ni aparato crítico, salvando de modo instantáneo la difícil comprensión de la metáfora y cazando, con la misma velocidad que la voz, el diseño rítmico del poema.
    Porque la calidad de una poesía de un poeta no se puede apreciar nunca a la primera lectura, y más esta clase de poemas que voy a leer que, por estar llenos de hechos poéticos dentro exclusivamente de una lógica lírica y trabados tupidamente sobre el sentimiento humano y la arquitectura del poema, no son aptos para ser comprendidos rápidamente sin la ayuda cordial del duende.
    De todos modos, yo, como hombre y como poeta, tengo una gran capa pluvial, la capa del “tú tienes la culpa”, que cuelgo sobre los hombros de todo el que viene a pedirme explicaciones a mí, a mí que no puedo explicar nada, sino balbucir el fuego que me quema.
    Todo el teatro sale de las humedades confinadas. Todo el teatro verdadero tiene un profundo hedor de luna pasada. Cuando los trajes hablan, las personas vivas son ya botones de hueso en las paredes del calvario. Yo hice el túnel para apoderarme de los trajes y, a través de ellos, haber enseñado el perfil de una fuerza oculta cuando ya el público no tuviera más remedio que atender, lleno de espíritu y subyugado por la acción.
    Y demostrar que si Romeo y Julieta agonizan y mueren para despertar sonriendo cuando cae el telón, mis personajes, en cambio, queman la corona y mueren de verdad en presencia de los espectadores. Los caballos, el mar; el ejército de las hierbas lo han impedido. Pero algún día, cuando se quemen todos los teatros, se encontrará en los sofás, detrás de los espejos y dentro de las copas de cartón dorado, la reunión de nuestros muertos encerrados allí por el público. ¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro! No vale silbar desde las ventanas. Y si los perros gimen de modo tierno hay que levantar la cortina sin prevenciones. Yo conocí a un hombre que barría su tejado y limpiaba claraboyas y barandas solamente por galantería con el cielo”.
    5 min

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