El mundo depende de lo más pequeño sin poder cambiar el chip.
En términos geopolíticos, son ya más importantes que el petróleo.
China gasta más dinero en importar chips que lo segundo.
Más de la mitad del PIB mundial lo generan productos que dependen de semiconductores.
Las capacidades militares están condicionadas por ellos.
En resumen, dependemos de miles de chips para nuestra vida diaria.
De los que están en nuestros ordenadores, teléfonos, coches o cafeteras.
Sin embargo, no todos conocen a TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo.
Esta pequeña empresa de Taiwán es una de la que nos facilita esos cientos de actividades rutinarias.
Ahora mismo, el recurso estratégico más preciado se concentra en unas pocas manos.
Y es el que causa los peores desequilibrios.
Actualmente, la isla de Taiwán está bajo la órbita de Washington.
Si hubiera algún problema en Taiwán a la hora de suministrar semiconductores al resto del mundo, nos enfrentaríamos a un grave problema.
Afectaría a toda la producción de bienes manufacturados.
Interrumpiendo la fabricación de ordenadores, coches, lavavajillas…
El mundo entero depende de Taiwán.
Es el centro de la nueva pelea por la hegemonía, la nueva Guerra Fría.
Si China se hiciese con su control cambiaría el escenario geopolítico mundial.
Desde Pekín tratan de hacerse con ese pedazo del pastel buscando otras fórmulas.
Sin tener que invadir la isla.
El objetivo es tener acceso a los chips más avanzados, los que entrenan los sistemas aéreos.
Además, la famosa inteligencia artificial se basa en los chips producidos por la empresa TSMC.
Por eso, Estados Unidos intenta prohibir que los chips militares más avanzados se vendan a China.
Aunque muchos gobiernos del mundo ya aplican la IA a sus sistemas militares.
Así están las cosas, aunque la batalla por los chips ya forman parte de una vieja historia.
Todo comenzó en Estados Unidos, luego Silicon Valley estuvo a punto de perder su liderazgo.
Japón se lo quitó durante un tiempo.
Ahora, la gran potencia que entra en escena por su control es China.
Países como Japón, Corea del Sur y Holanda han entendido la posición que juegan en este desafío.
Con todo, el gobierno Chino ya ha invertido una gran suma de dinero para fabricar sus propios chips.
Primero, levanta fábricas en su territorio.
Después compra acciones en empresas extranjeras para adquirir todas las compañías de semiconductores que pueda.
Así es como avanza en su conquista silenciosa.
Y cuenta con instrumentos de amenaza bastante contundentes.
Por ejemplo: Más de una vez ha amenazado con reducir las exportaciones de galio y germanio, dos minerales fundamentales para la fabricación de semiconductores.
Pero esta medida acabaría afectando a su propia economía.
Se le volvería en contra, por eso no ha reaccionado con fuerza ante las prohibiciones por parte de Estados Unidos.
Lo malo es que Europa está prácticamente fuera de juego en esta partida entre dos.
Sólo se salva por la producción de la empresa holandesa ASML.
Ya que no se pueden fabricar chips avanzados sin sus máquinas.
Por desgracia, Europa no tiene industrias tan potentes que necesiten de millones de chips para seguir creciendo.
Lo contrario es lo que ocurre en Estados Unidos.
Empresas como Apple, Nvidia o Qualcomm, compran enormes cantidades de chips muy complejos.
Y cada vez, más pequeños.
Europa sigue regulando la inteligencia artificial mientras que China piensa alimentarla sin prohibiciones para aprovechar toda su capacidad.
Estos chips con clave en la guerra de precisión.
Occidente adelantó a la Unión Soviética porque produjo barcos, tanques y misiles más inteligentes.
La prueba tuvo lugar durante la guerra del golfo Pérsico en 1991.
Estados Unidos demostró que presionando un simple botón podía dirigir un misil, desde cientos de km, hacia un objetivo con bastante precisión.
Por otro lado, dentro del mundo tecnológico, todos conocemos a Bill Gates, Steve Jobs o Mark Zuckerberg.
Pero los fabricantes de chips son nombres casi desconocidos.
Rescatemos el caso de Gordon Moore.
Fue uno de los cofundadores de Intel, la mayor empresa de chips de Estados Unidos.
Y acuñó su propia ley en 1965.
La que dice que la potencia de los chips se duplicaría cada dos años.
Hoy en día, los chips son 1.000 millones de veces más potentes desde que se inventó el primero.
Es decir, que su progreso ha sido extraordinario.
No se puede comparar con el de ninguna otra industria.
Otro punto fundamental es la asociación.
La combinación del I+D de Estados Unidos junto al ensamblaje y embalaje del este de Asia.
Para llevar sus ventas por todo el globo.
El espionaje también sigue imperando en nuestros días.
Hasta el telégrafo se usó para eso.
Todos los países usan su tecnología para espiar al resto.
La verdad es que es mejor que nos espíen ciertos países aliados, que no otros.
En esta guerra por lo más diminuto es imposible cambiar el chip.