LA GUERRA ESPACIAL POR EL CONTROL DEL TIEMPO Y EL GPS ENTRE USA VS CHINA
Un nuevo frente de batalla se perfila entre el pulso que mantienen Estados Unidos y China.
Ambos compiten por la supremacía mundial.
Ahora, la rivalidad se ha trasladado al espacio.
Los dos intentan controlar uno de los recursos más valiosos, pero, a su vez, el más efímero: el tiempo.
Los satélites de posicionamiento global son los relojes del cielo.
Son uno de los pilares de la economía global, cada día más digitalizada.
Estos satélites son esenciales para las telecomunicaciones, las finanzas, el transporte o las redes eléctricas.
El diez por ciento del PIB de los países desarrollados, depende de ellos.
El espacio exterior se está militarizando a marchas forzadas.
Y los sistemas GPS se han convertido en el principal objetivo.
Veamos por qué.
El GPS de nuestro móvil o del navegador del coche, necesita triangular una señal, que proviene de la perfecta sincronización, de cuatro relojes atómicos.
Los que viajan a bordo de estos satélites.
Perder esa sincronía puede tener consecuencias devastadoras.
Las señales de radio viajan a la velocidad de la luz y un desfase de microsegundos daría errores inaceptables.
Podrían producir accidentes aéreos y obligar a las Bolsas a suspender la cotización.
Las negociaciones de alta frecuencia, que tienen lugar allí, reciben órdenes de compraventa, que se ordenan cronológicamente, en intervalos de cien millonésimas de segundo.
Menos que un parpadeo.
China ya está previniendo este escenario.
Y ha empezado a construir cientos de estaciones de cronometraje en tierra para controlar la navegación, si sufriera daños en sus satélites.
No serían los únicos desastres.
Afectaría a la agricultura de precisión, a los servicios de entrega y logística, a la investigación científica.
Incluso, a la respuesta ante emergencias o a la supervisión del tráfico.
Todo pivota alrededor del GPS.
Y el mantenimiento de este sistema depende de la buena voluntad entre las potencias.
En que colaboren para que la humanidad no se quede fuera de cobertura.
El sistema estadounidense colabora con el europeo-Galileo, el Chino- Beidou o el indio.
De manera que cualquier dispositivo móvil, por ejemplo una pulsera de fitness, se puede conectar a cualquier lugar del mundo.
Entró en funcionamiento en 1995 y, desde entonces, nunca se ha desactivado.
La detonación de un arma orbital, en el espacio, podría interrumpirlo todo.
Desde las comunicaciones militares hasta las civiles.
El espacio exterior está cobrando más importancia en los planes de los estrategas militares.
Las grandes potencias prueban misiles antisatélite tierra aire.
Y también desarrollan una tecnología para interferir a distancia o suplantar las señales del espacio.
Por ejemplo, para desorientar a los pilotos de combate.
Son tácticas de ciberguerra que ya se están probando en Ucrania.
Pero trasladar el conflicto al espacio es otro nivel.
No pueden llevar un tanque a 19.000 km de altura y liarse a cañonazos.
Pero China ya dispone de un satélite con un brazo robótico dotado con varios tentáculos.
Y son capaces de capturar otros satélites y remolcarlos.
España ya tiene su propia fuerza espacial para la defensa del ámbito ultraterrestre, Mespa- Mando del Espacio.
China ya cuenta con su plan B por si todo falla.
Con los cientos de estaciones de cronometraje que está construyendo en tierra.
Y tendiendo 18.000 km de cable de fibra óptica subterráneo.
Una infraestructura que hará que no dependa de sus satélites espaciales.
Otro riesgo es que aumenta la posibilidad de una colisión en un sector del cielo.
El que está entre los 200 y los 2.000 km de altura.
De momento, ese sector está superpoblado con 34.000 objetos de más de 10 cm.
Por no hablar de la basura espacial.
Como curiosidad, la marina de Estados Unidos ha recuperado la enseñanza de los instrumentos tradicionales de medición a sus oficiales.
Astrolabios, sextantes y cronómetros.
Los mismos que guiaron a los marineros durante siglos, esos no fallan.
Desde el Big Bang, los relojes de cuarzo a los inteligentes.
Hoy el tiempo universal se mide por los relojes atómicos basados en la radiación del cesio.
El tiempo es limitado, por eso medirlo, cada vez con mayor precisión, ha impulsado el progreso.