Ejemplos de animales inmortales que custodian el elixir de la eterna juventud
La inmortalidad se aprecia en la naturaleza.
Los peces búfalo del lago Apache, en el desierto de Arizona han nadado ajenos a las dos guerras mundiales.
Superan el metro de longitud y pesan casi 40 kilos.
Algunos superan el siglo.
Un estudio en Scientific Reports los coloca como la especie más longeva de agua dulce, descubierta hasta la fecha.
La clave de la longevidad de estos animales puede estar relacionada con las condiciones de su entorno.
Y eso que no son originarios de allí, sino del centro de América del Norte.
El gobierno los depositó en su actual localización en 1918.
De ahí bajaron por el Río Salado hasta el lago Apache.
A pesar de su destacable longevidad, el pez búfalo tiene una vida que apenas es un suspiro comparada con la de otros animales.
Por delante se encuentra la ballena de Groenlandia.
Que extiende su existencia a más de 150 años.
O su vecino, el tiburón de allí, que llega hasta los 300 años o el medio siglo de vida.
Y todo gracias a un metabolismo lento, a las bajas temperaturas de su medio y a una extraordinaria regeneración del ADN.
No terminan aquí los casos de los matusalenes de la naturaleza.
A un espécimen de esponja de mar, Monorhaphis chuni, recolectada en China, le han calculado 11.000 tacos.
Y a otra compañera de la misma clase, la esponja volcánica gigante, le han echado 15.000 años.
Aquí, la clave está en su simplicidad.
Son sencillas y poseen todo un arsenal de células madre para reemplazar a las caídas en combate.
Caso aparte, es la conocida como medusa inmortal, capaz de rebobinar su metabolismo hasta las primeras fases de su vida, a pólipo.
Para volver a reiniciar su ciclo, cuando las condiciones sean más favorables.
Existen más tipos de animales inmortales con una vida extremadamente larga y con el super poder de una regeneración increíble.
Muchos conocemos el caso de las lagartijas y su capacidad para renovar su cola.
En el reino animal cabría resaltar a los acelos, capaces de regenerarse casi de la nada.
Tienen tanta habilidad, en este sentido, que se ha conseguido crear un organismo entero a partir de una sola célula.
Y no están solos, las planarias son unos gusanos bastante comunes.
Capaces de que les crezca de nuevo cualquier parte de su cuerpo, incluida la cabeza.
Incluso, si cortamos una planaria en varios trozos, de cada uno brotarán nuevas réplicas.
Jóvenes y completamente sanas.
Sin duda, aún queda mucho por estudiar de estos gusanos inmortales.
Pero la naturaleza nos va marcando el camino.
Su tipo de reproducción es muy determinante.
Los animales con capacidad asexual suelen tener mejor regeneración.
Y los de agua dulce, en general, se regeneran mejor que los de agua salada.
Hoy en día se estudian las planarias para comprender cómo se dividen sus células sin que les produzca cáncer.
Es decir, que sus células se replican de una forma controlada, al contrario que pasa con los tumores.
Además, en situaciones de estrés, alargan los telómeros.
Unas piezas clave en el envejecimiento celular.
Otro ejemplo es la rata topo desnuda, el roedor más longevo de su género.
Puede vivir hasta 30 años.
Lo llamativo es que es inmune al cáncer y no siente ciertos tipos de dolor.
Viven en colonias subterráneas donde el grupo se reparte las tareas al igual que lo hacen las abejas o las hormigas.
Hasta tienen a su propia ‘reina rata’.
La única de la colonia que tiene crías hasta que muere.
Lo curioso es que la reina rata topo no nace, sino que se hace.
Y cualquier fémina de la colonia puede desempeñar este papel.
Aunque si hablamos de resistencia, los campeones son los tardígrados.
Unos animales minúsculos de medio milímetro, los osos de agua.
Son duros de pelar, por eso resisten temperaturas cercanas al cero absoluto o de hasta 150 grados de calor.
También aguantan la radiación espacial.
En condiciones favorables pueden vivir unos dos años y medio.
Pero en situaciones adversas pueden disecarse y aguantar en letargo durante tres décadas.
El truco está en que ralentizan los procesos metabólicos.
El fenómeno de la criptobiosis.
En resumen, todos estos fenómenos del medio ambiente nos sirven de guía a la hora de estudiar el funcionamiento de nuestras células.
Aprendamos de sus truquitos.
Ralentización del metabolismo hasta el límite entre la vida y la muerte.
Regeneración celular perfecta.
Una increíble resistencia ante condiciones adversas.
Existencias que se alargan durante milenios.
Desde luego, el elixir de la eterna juventud ya está inventado en la propia naturaleza.
Ahora falta que podamos sacarle partido.